Hawái.


427. Akagi
marzo 1, 2016, 12:20 pm
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Celer 03

Akagi

CELER
»Akagi«
TWO ACORNS. 2016

La calma infinita y el ruido que se disipa entre las membranas del sueño. Sobre una superficie horizontal se tienden notas que en realidad solo son una, un murmullo que se desplaza con la lentitud del movimiento de las piedras, un mismo tono que varía levemente sobre su mismo eje, formando vastas ondas que avanzan y se recogen. Pasan los segundos, pasan los minutos, adentro todo permanece inalterado mientras afuera la luz ya se ha extinguido. Y el sonido sigue inmutable en su marcha por los rincones inescrutables de la mente, penetrando las cavidades más ocultas. Una vez que esta sonoridad de formas regulares comienza a florecer en la atmósfera, una vez que su honda densidad inicia su trayecto hacia una distancia inabordable, la percepción acerca del tiempo se extravía en algún sitio, el discernimiento sobre lo que acontece allá, afuera, se pierde entre los sonidos que invaden las células por las ranuras que las separan. Porque ahora existen de manera clara esas dos zonas, aquello que ocurre ahí afuera, y lo que sucede hacia adentro, un lugar en el cual se despliegan evocaciones enterradas, momentos que se mantenían en un estado de letargo ahora activados por el ruido que se filtra a través de las fibras y las estructuras orgánicas, impulsos nerviosos estimulados por la quietud de armonías de una serenidad imperturbable. A través de los circuitos y los tejidos que se derraman por dentro de la piel emerge un sonido casi imperceptible, una perturbación ligera que apenas se moviliza a través de los conductos, energía que provoca una reacción descendiente de la fuerza corporal, creando imágenes borrosas que luego se esclarecen con una luminosidad nítida. Después de que esos pulsos eléctricos atraviesan las paredes físicas se forma un nuevo paisaje, plácidas estaciones que transitan por los ojos cerrados, una vista que aparece desde otro estado, un sueño en tránsito. Reflejos distantes y figuras confusas que se vuelven resplandecientes, un mar pacífico de evocaciones prístinas como un tarde soleada detrás de un sol blanco y horizontes celestes. “Many people fell asleep, and seemed to drift off to another place. Sometimes it seemed like they were waking up, but it was only the evolution of the yoga exercise matching the music”. Sonidos que reposan, recostados sobre líneas extendidas. Will Long nuevamente crea retratos donde las figuras se confunden con rectas lejanas, panorámicas constantes que se abstraen de la realidad pero que, a la vez, son una refracción de ella. Reflexiones en forma de ruido insistente que siguen su curso prácticamente inalterable hacia un destino indefinido. Long, de manera puntual, publica obras prolongadas que se nutren de diversas mediaciones, diferentes perspectivas acerca de imágenes que sugieren recuerdos, ideas, todo recubierto de tonos extensos y texturas ambientales. Celer construye obras que evolucionan luego de años que los sonidos se asientan, ideas vueltas a procesar, abandonadas, recogidas, reducidas, ampliadas, traspasando mapas y momentos emocionales determinados. Han pasado, desde la anterior vez que lo tuvimos en este espacio, varios trabajos. Aquel último álbum que volvía sobre viajes y alusiones familiares, tal como también ocurre acá. “How Could You Believe Me When I Said I Loved You When You Know I’ve Been A Liar All My Life” (Two Acorns–White Paddy Mountain, 2015) [392], largo título para un precioso trabajo, donde “los recuerdos del paisaje extendido afloran en el momento en que los primeros acordes surgen en medio de los sonidos archivados, armonías quietas que rememoran estadías temporales por la superficie rocosa y el suelo árido… Como es habitual en su música, las partituras transparentes permiten que el efecto de un solo sonido se propague hasta el borde de lo posible, acordes suspendidos sobre la superficie que alcanzan estadios superiores de conciencia. Celer elabora este trabajo utilizando instrumentación acústica, cruzando circuitos análogos, arrastrando la suciedad de materiales desgastados. Las melodías conservan ese deterioro proveniente del lugar donde se encierran estas formas, polvo circulando en mitad de los sonidos, estruendos contaminados entre los surcos y las delgadas películas de ruido ambiental, los cuales preservan esa belleza casual, exteriorización del esplendor que yace bajo las capas de suciedad. Por momentos el brillo inmanente limpia las impurezas, en otras estas cubren sus tonalidades cítricas. Estas delicadas resonancias de cromo magnético se desplazan esparciendo manchas sobre el suelo, rastros en la arena que desaparecen con las horas, con las olas del viento… Por medio de recursos orgánicos, Will Long produce una música estática, cuatro piezas en tres cuartos de hora que reposan calmas en la línea geográfica, sonidos que luego atraviesan una mecánica deteriorada que corrompe el recubrimiento pero no altera su núcleo armónico… Grabaciones recogidas y posteriormente aunadas en un álbum en el que acordes efímeros se propagan eternamente en la distancia temporal, sensaciones olvidadas vueltas a vivir gracias a formatos de encriptación alterados por el transcurrir de los años”.

Estructuras artificiales creadas con elementos limitados, un método que permite focalizarse en el núcleo del sonido. Will Long publica, a través de su propia editorial, otro trabajo en el cual una onda sutil se expande de manera ilimitada, una grabación procesada y resumida al punto que solo observamos un tímido reflejo de un sonido leve. Celer elabora un álbum profuso y a la vez exiguo, trabajo en donde vuelve a transitar por sonoridades agudas, una escala restringida de resonancias en el cual ahogar la mente y su confusión diaria. Este es uno de los varios registros en el cual desarrolla esta idea en que una sola recta progresa sucesivamente, de manera sosegada, una fuerza exánime que difícilmente sobresale de lo visible. Y, como en su última etapa, empleando herramientas manuales ensamblando sonidos con los dedos para moldear rastros de una música intrigante. Dentro de todos esos archivos de sonidos rescatados –tan solo este año ya han visto la luz varias obras: “Tempelhof” (Two Acorns, 2016), “Two Days And One Night” (Sequel, 2016), “Inside The Head Of Gods” (Two Acorns, 2016), “Symbols” (Duenn, 2016), junto a Duenn, además de “Tetra” (2016), “Nothing But Waving Summits” (2016), “M1” (2016), “Hidden, For Once” (2016) y “Simultaneity” (2016), estas últimas solo en formato digital– tenemos este álbum, un estruendo mínimo que viaja a través del espacio, invocando historias y eventos que parecían olvidados, recuperados por medio de un trance estancado. “Akagi”, editado en enero de esta temporada, un panorama quieto de sonidos que se superponen a las capas cerebrales, formas estáticas orbitando de manera pausada a lo largo de la atmósfera. Unos pocos recursos le bastan a Will Long para producir una configuración de solo unos cuantos sonidos, una forma que se acomoda al entorno y se desliza suavemente a través del tiempo. “Akagi”, grabado durante varios años, resulta en una tranquila y pacífica estructura de ruido incidental, melodías flexibles que absorben la totalidad de la energía exterior para direccionar la mente hacia un estado hipnótico. Un mismo color en transición elíptica espaciado durante un lapso que desconoce los bordes, sin principio, sin final. Diferentes matices que no se alejan del centro del cual se vierte su materia de energía, gradaciones próximas trasladándose con reserva en el aire. “En el otoño de 2012 se me solicitó crear la música para un evento en vivo de yoga en el Templo Yougenji, en el norte de Tokio. La presentación estaba centrada en el instructor de yoga, con el músico tocando detrás de la audiencia, de modo que la música funcionaba más como un soundtrack en directo para el evento. Para ello creé una nueva pieza de música usando dos grabadoras reel-to-reel y dos loops de cintas de teclado con similares estructuras de tiempo, pero cada una con diferentes acordes superpuestos. Ellas suenan simultáneamente, cruzando en diferentes combinaciones y con alteraciones manuales de volumen y ajustes bajo/alto de las máquinas. Mientras cambiaba mantenía el mismo sonido y configuración a lo largo. Durante la presentación mucha gente se quedó dormida y parecía caer en otro lugar. A veces parecía como si estuviesen despertando, pero era solamente la evolución del ejercicio de yoga que se correspondía con la música. Sorprendente, a lo largo de toda la presentación, y desde entonces, dondequiera que escuche esta pieza de música inmediatamente me acuerdo de mi abuela. Cuando tenía seis años de edad me mudé con mis padres a la casa de mi bisabuelo al lado de donde mi padre creció y donde mi abuela todavía vivía. Ella había estado postrada en una cama por varios años en ese entonces, y permanecería así hasta su muerte, cuando yo tenía once años de edad. De alguna manera, esta música vino a llenar mi mente con esos recuerdos, de sentarme en su habitación mirando televisión en la noche con ella mientras mis padres salían a cenar, o los difusos visillos de las ventanas moviéndose con la brisa de la mañana. Recuerdo esa quietud, la calidez de su voz sin ninguna afección, a pesar del aislamiento, y los siempre presentes alrededores que nunca cambiaban. Viendo a la audiencia en estos estados de quietud-vigilia vinieron estos recuerdos a mí, a pesar que no sé por qué exactamente. Sin embargo, debido a esto, a la música se le dió un fondo y una dedicación”. Grabado y mezclado entre el 2011 y 2015 en Tokio y Yokohama, Japón, este trabajo se constituye de un solo track, una misma temática desarrollada durante un período largo. Celer, usando solamente dos grabadoras y un par de loops, tiende esta panorámica de superficies suaves, un murmullo terso que flamea con una fuerza desgastada, un pequeño brillo irradiando una música infinita. Armonía que trae a la mente recuerdos cotidianos de un pasado almacenado en un rincón, mientras se alteran algunos pocos componentes de su estructura lineal. Esa armonía se filtra por las paredes sensitivas creando imágenes, sumiendo al cuerpo en una fase de vacío, un campo magnético que atrae el estruendo exterior. Will Long restaura archivos que la memoria fue consumiendo hasta agotar su resplandor, cintas cubiertas de polvo que ahora transitan en círculo, generando una sensación de calma ilimitada. A través de circuitos análogos y filamentos de carbono sintetizado surge una pieza de ruido minimalista, un rumor silencioso que varía lentamente. Puede que existan en su interior varias armonías, pero solo se percibe un sonido que deambula como una impresión transparente. Diferentes formas que se funden con el suave calor solar, diferentes formas configurando una sola melodía plástica que cambia de apariencia pero mantiene su centro, su polo. “Akagi”, una hora, diecinueve minutos, cuarenta y cuatro segundos, música reflexiva que retrotrae al pasado. Un sonido que atraviesa la corteza e impulsa la memoria, creando una paisaje luminoso de coloración pálida,  evocando el reflejo del sol sobre la atmósfera celeste, radiando un tono blanco sobre días ahora desperdiciados, desvanecidos.

“Somehow this music continued to fill my mind with those memories of sitting in her room, watching TV late at night”. El ruido dúctil de la música que emerge sutilmente de esta obra crea un estado de ensueño, un estado en el cual la mente se duerme, despertando en otro nivel paralelo sensaciones que parecían enterradas. Will Long crea en esta extensa obra lineal un único tono con leves matices, un campo magnético de acústica envolvente que absorbe la energía externa en sus surcos discretos, resonancias tersas que en “Akagi”se extienden infinitamente en el horizonte. “Akagi”, archivos manipulados que emiten rayos de luz sombría reflejados en una estrella blanca, murmullos eternos y loops minimalistas formando sistemas de audio discreto, delgadas láminas metálicas de coloración gris formando paisajes luminosos de acústica resplandeciente.

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www.twoacorns.jp, www.celer.jp


426. Moss
marzo 1, 2016, 12:10 pm
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Moss

KEN IKEDA + CHIHEI HATAKEYAMA
»Moss«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2015

Golpes de dimensiones reducidas generando un sueño suave y placentero, sobre una superficie de sonidos delicados. Formas sencillas que avanzan en una misma dirección, creando un espacio donde la mente descansa de la movilidad y la inquietud constante del día. En ese panorama se asientan una serie de figuras, diferentes, semejantes, homologables, diseño abierto de imágenes abstractas creadas en fracciones de tiempo breves. Desde la otra orilla del planeta aparecen nuevos registros, formas apacibles donde ocurren mínimos eventos que sobresalen a extensiones sosegadas, trayectos amables que dibujan líneas imaginarias y en los cuales los acordes se balancean como olas en un mar quieto. Desde ese lugar misterioso asoman un cúmulo de armonías serenas, ondas situadas de manera disgregada sobre un plano de estruendos llanos, mapas que ilustran la geografía vegetal y las costas espaciosas. Un nuevo encuentro se produce en la isla de Japón, en el extremo nuestro. Dos músicos nacidos en esos territorios por vez primera se reúnen para entregar un trabajo que se ajusta a los patrones habituales que nos llegan de manera regular desde ese lugar. Una de las dos partes es Ken Ikeda, “un compositor y artista nacido en Tokio. Ha exhibido arte sonoro e instalaciones visuales alrededor del mundo, y ha trabajado con John Russell, Paul G. Smyth, Toshimaru Nakamura y muchos otros. Ha colaborado con, entre otros, el pintor Tadanoori Yokoo, el artista Mariko Mori y Hiroshi Sugimoto, y ha compuesto y grabado para el cineasta David Lynch. Se presentó, como parte de Sonic Boom, en la Galería Hayward, en Londres en el año 2000, y como parte de la exhibición ‘Apocalypse’ de la Royal Academy en 2001”. Ikeda tiene hasta ahora unos cuantos trabajos para Touch, Spekk y Baskaru, una discografía limitada en más de quince años. La otra mitad es Chihei Hatakeyama, músico con una obra más que interesante y quien ha aparecido en variadas ocasiones en este sitio. Además, a Hatakeyama es habitual verlo acompañado de otros artistas, entre ellos Tomoyoshi Date, Naph, Asuns,  Good Weather For An Airstrike o Hakobune. Dos de sus últimas colaboraciones incluyen “Frozen Silence” (White Paddy Mountain, 2015) [383], “un álbum compartido dónde ambas formas de sonido se entrelazan en una misma identidad, incorporando las diferentes habilidades en una idea unificada… Trabajo que se compone de grandes piezas de sonido espacioso. Un gran bloque de hielo que se traslada por los mares, notas de ruido ambiental que avanzan de manera pausada por la superficie acuosa, acordes que son más bien el rastro difuso de una configuración más concreta. Estos registros son como estructuras de cristal que fluyen por las corrientes, a veces rompiendo con la intensidad existente mar adentro, insertas en las mareas… Acordes que se trasladan con lentitud sobre el mar, cristales de sonido que avanzan con una enorme quietud entre las rutas acuosas, olas que colisionan con las costas erosionando su exterior sólido”. Su otra reciente cooperación es “Magical Imaginary Child” (White Paddy Mountain, 2015) [404], “una reunión de impulsos diferidos en que conviven formatos orgánicos que emplean energía para poder expresarse, una serie de anotaciones producidas en el transcurso de una estadía breve y que se difunden de modo amplio por las corrientes aéreas. Chihei Hatakeyama y Federico Durand elaboran un trabajo de reverberaciones ambientales que crecen de manera indefinida en el espacio, dejando rastros vaporosos de polvo y partículas ínfimas, piedras pulverizadas flotando, brillando levemente… Grabaciones caseras llenan los vacíos, composiciones espontáneas surgidas de la unión de materiales básicos… Por medio de sus movimientos repetidos se forma una música maravillosa, órbitas minúsculas y notas que irradian calor templado”.

Chihei Hatakeyama otra vez publica un nuevo trabajo de atmósferas ligeras, una nueva colaboración donde se amolda a otras maneras de ver el sonido, y estas a su vez se amoldan a él. Unido a Ken Ikeda elabora un conjunto de piezas calmas en las cuales ahonda en la tranquilidad y los espacios que manan desde un estado dócil. “Moss”, publicado en diciembre pasado, se basa en la acumulación de capas que no sobrepasan una cierta altitud, ejercicios en los que brotan pequeños elementos encima de trazos horizontales vastos. Los dos músicos japoneses parten de una base uniforme a la que añaden melodías de vidrio, tan frágiles como sus paredes transparentes. Los apuntes melódicos resaltan de inmediato en la linealidad basal, simples y hermosos motivos decorando las cadenas de sonido grácil. Ikeda y Hatakeyama, en este álbum, presentan registros que se extinguen de manera rápida en el tiempo, aunque en su interior poseen una vida mucho más prolongada. “Moss” se compone de estrofas de una existencia relativamente efímera que, no obstante, extienden su eco por sobre las limitaciones del tiempo, momentos que trascienden los límites. “Chihei Hatakeyama unido con el excelente músico Ken Ikeda. Éste último actualmente reside en Londres, un músico experimental y artista que produce sonidos ambientales y minimalistas. Su primer álbum, ‘Tsuki’, fue lanzado por Touch. Ahora se enfoca en colaborar con Toshimaru Nakamura y otros muchos músicos de improvisación. ‘Moss’ ha sido seleccionado de sesiones y grabaciones de Hatakeyama e Ikeda en estudios durante dos años y medio. Toda la estructura del álbum es como la vida en la corriente, y es también como los eventos del día, y además parece como los cambios naturales en el año”. Un proceso largo y silencioso ha culminado en una colección de canciones que avanzan con dilación durante los minutos, las horas, los días. Arte sonoro creado con herramientas reales y también con circuitos artificiales, empleados para configurar lienzos de pureza auditiva, motivos diáfanos transmitiendo una sensación de paz. Hatakeyama e Ikeda descubren nueve piezas de electrónica pastoral y texturas ambientales, rastros en que fluye una masa de aire frío adyacente a armonías suaves y ligeras. Algunas de ellas son más llanas que otras, algunas más escarpadas, algunas una unión de ambas. “Koke”, minimalismo exiguo flotando sobre una marea espacial. Esos pocos minutos aunque existen varias más formas, muestra la naturaleza de esta obra, nunca sobrepasando los límites de la tranquilidad. “Hamon”, ritmos regulares que se repiten incesantemente dentro de otros sonidos. “Zehi No Shidai” es una grabación casera, objetos cotidianos hechos una canción, cuerdas acústicas ocultas en el quehacer diario, el mismo ajetreo de “Mujo”. Los tonos estáticos de “Tsuyu To Kie” preceden a la llama eterna de “Inei”, un torrente de ardor que derrite el hielo sobre las costas invernales, exponiendo la hiedra a la luz natural.

“Like the life of the flow… Like the events of the day… There seems also natural changes in one year”. Cada uno con historias diferentes, Chihei Hatakeyama y Ken Ikeda se aclimatan el uno al otro para generar composiciones de música minúscula que navegan en extensiones lineales. “Moss”, armonías que crecen en el suelo, cubriendo los árboles y su superficie, sobre las rocas. Formas apacibles de electrónica húmeda que se crece a espaldas del sol, sobre la geografía vegetal.

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www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.chihei.org, www.dirkserries.com


425. Stop Freeze Wait Eat
marzo 1, 2016, 12:00 pm
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Stop Freeze Wait Eat

IVAR GRYDELAND
»Stop Freeze Wait Eat«
HUBRO. 2015

El contacto de cuerpos de contextura diferente generan un sonido extraño, un rumor subliminal que transcurre debajo de lo que vemos, de lo aparente. Lo que no es palpable de manera evidente ahora se nos enfrenta como un bloque de formas abruptas, estruendos que surgen de la fricción entre los espacios que separan organismos inertes. De la interacción de elementos obtusos se producen figuras singulares, un ruido sutil que parece permanecer en su hábitat separado, encubierto detrás de la realidad aparente. El origen, los objetos, la manera que estos cuerpos se relacionan pudiera sugerir un sonido invasivo, perturbador. No obstante, el proceso aplicado determina una conclusión distinta. Ese carácter agrietado está presente, pero oculto, latente, una tensión constante que amenaza con sobresalir de la línea del suelo. El espacio se desplaza y la materia se dirige en una trayectoria opuesta, una contradicción continua que expulsa una energía velada, paradojas auditivas que atrapan el tiempo, cautivando con sus formas subjetivas. Ivar Grydeland es un músico nacido en 1976 en Trondheim, Noruega. Su obra sr ha desarrollado mayormente al lado de otros artistas con intereses compartidos. “Ivar Grydeland es probablemente más conocido como miembro de bandas se improvisación como Huntsville y Ballrogg, así como Dans les Arbres (ECM), la cual fue nominada para el Nordic Council Music Prize en 2015. Además toca un distintivo poo junto a Hanne Hukkelberg y rock instrumental con la banda Finland, quienes realizaron su álbum debut en Hubro a comienzos del pasado año. Ivar Grydeland toca guitarra acústica y eléctrica, pedal steel y banjo, usando una mezcla de técnicas de preparación, fingerpicking, varios arcos, metal, hélices y electrónica. Ivar enseña en la Norwegian Academy of Music, y es uno de los fundadores del sello Sofa. La personal y original música de Grydeland puede ser percibida como abstracta y desafiante, pero es al mismo tiempo atractiva  atraer al oyente a un rango de paisajes y atmósferas musicales”. Grydeland posee más de una decena de trabajos, la mayoría de ellos colaboraciones con otros artistas entre los que se encuentran Ingar Zach, Philipp Wachsmann, Charlotte Hug, Tonny Kluften, Paul Lovens, Jaap Blonk, Yumiko Tanaka, Thomas Lehn, Marc Pichelin, Xavier Charles, Christian Wallumrød, Leonel Kaplan, Diego Chamy y Axel Dörner. El número crece al contar sus varios proyectos, entre ellos el citado Huntsville, con quienes publicó hace un año “Pond” (Hubro, 2015) [389]: “Entrenamiento musical intenso que determina la forma en como se desarrollan la materia sonora. Huntsville crean en este álbum registros que tienen músculos vivos, vibraciones que palpitan desde el corazón de una instrumentación elemental. En ‘Pond’ las diferentes directrices se cruzan en un campo abierto de series básicas, siendo vitales las variaciones en la intensidad y las curvaturas… Estos tres artistas venidos del norte construyen una música que suena espontánea, ritmos construidos a partir de la práctica permanente en escenarios, un conocimiento de la respuesta del otro que culmina en piezas maleables, acordes que se estiran hasta acomodarse al movimiento siguiente, al cuerpo próximo… Nunca quieto, siempre estable. La música de Huntsville está en un permanente estado de angustia, fluctuando además entre una consistencia y un exterior variable. ‘Pond’ son estructuras rítmicas cortantes sobre métricas angulares. Ivar Grydeland, Tonny Kluften e Ingar Zach, tres vértices que diseñan sistemas matemáticos de acústica corporal”. Separado de ese ente el músico noruego presenta creaciones individuales.

Luego de varios años, más de diez  Ivar Grydeland recién su primer trabajo en el cual el es encargado de realizar la mayoría de las tareas, de ubicarse al centro de la música en la que estaba acostumbrado a rodear. “Stop Freeze Wait Eat” aparece tres temporadas después, un álbum en que los sonidos se confrontan, dando lugar a registros reservados de música física. “Su debut solista, ‘Bathymetric Modes’, fue publicado en 2012 y recibió muy buenas reseñas. El crítico de All Jazz escribió: ‘Grydeland ha entregado un álbum, en su combinación de belleza lírica, atractivos mundos sonoros e interese originales, merece ser situado en el mismo radar internacional junto con sus compañeros noruegos más conocidos’. El álbum ‘Stop Freeze Wait Eat’ teje una fascinante suave y compleja telaraña que conecta categorías y géneros como hi-fi y lo-fi, drones, electrónica abstracta, improvisación y Americana. Loren Connors, Oren Ambarchi y Terry Riley son referencias obvias. El álbum es el resultado de trabajar con un proyecto artístico de doctorado llamado ‘ensemble of me’ en la Academia Nacional de Música en Oslo. Ivar quería hacer posible crear un ensamble de música como un intérprete único. Intentó forjar un ‘extended now’ al improvisar en sonidos que él había creado 10 o 12 segundos antes. ‘Yo trabajo en la misma manera que imagino un artista visual trabaja: dando un paso atrás para reconsiderar antes de regresar a la tela. Me gusta la alternancia entre intuición y reflexión cuando trabajo en el estudio’. Siete canciones integran este segundo trabajo solista de Grydeland, un disco de fragmentos entrelazados y cosas que emiten sonidos. “Stop Freeze Wait Eat”, poco más de media hora en que se reúnen una serie de notas esparcidas a lo ancho y largo de un plano bajo la superficie. Sonidos actores que intervienen en escenas silentes, diálogos callados donde se cruzan distintas tramas creadas manualmente. Grydeland estructura estas piezas donde los ruidos surgen de un choque de un cuerpo vivo con objetos inanimados, un enfrentamiento que es un contacto sutil. Cada instrumento es interpretado con cuidado, procurando mantener la quietud del espacio sombrío. Guitarras, banjo, piano de bolsillo, drum machines, cada uno friccionado y, a la vez, ejecutado con precaución, herramientas empleadas para construir fascinantes registros de sonoridades cubiertas por un estruendo callado que acapara la atención. “Stop Freeze Wait Sing”, el track más prolongado, reúne en sí mismo todas las posibilidades, cada componente, cada porción en la que coinciden en diferentes tiempos esta música circunspecta, estos diálogos formales. Y, entre todo ello, melodías contradictorias y  al mismo tiempo, diáfanas, la pureza de un ruido primigenio, armonías prístinas bajo el manto discreto.

“I work in the same way that I imagine a visual artist works: taking a step back to reconsider before he returns to the canvas. I like that alternation between intuition and reflection when I’m working in the studio”. Sonidos detenidos, esperas entre el movimiento fraccionado. “Stop Freeze Wait Eat”, una obra en la que coinciden una serie de trazos orgánicos, rastros que se encuentran en un mismo plano, disgregados entre el silencio. Ivar Grydeland estructura fascinantes piezas de un ruido prístino y acústica discreta.

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www.hubromusic.com


424. Tag Eins Tag Zwei
febrero 1, 2016, 2:20 pm
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F.S. Blumm & Nils Frahm 01

Tag Eins Tag Zwei

F.S. BLUMM & NILS FRAHM
»Tag Eins Tag Zwei«
SONIC PIECES. 2016

“One part is phrasing an open sentence, the other part picks it up, adds his idea and gives it back a little later… an intimate relay race of ideas. All sounds are captured in the process of becoming and that’s exactly how You hear them now”. Encuentros momentáneos y armonías inmarcesibles, delicadas notas capturadas en la atmósfera durante instantes abiertos, tardes donde las ideas fluyen de manera natural. Días, minutos, horas, momentos registrados que derivan en retratos volubles de una belleza inagotable, verdadera. Junto al mobiliario casero y la madera cubierta de un barniz debilitado comienzan a aflorar apuntes recogidos de manera casual, acordes intrincados y, al mismo tiempo, simples, los cuales brotan de una manera clara y nítida, conversaciones instrumentales y diálogos reposados resultantes en tonos suaves. Rayos de sol tardío iluminan la habitación, sus paredes, los objetos inmóviles, el piso con marcas imborrables, las tablas oscurecidas, un escenario que es el hogar de piezas reflexivas, un ruido moderado que descansa plácido durante esas horas vacías, que se desplaza con la lentitud de aquellos destellos de radiación solar. Ligeros soplos cálidos ingresan a través de las cortinas, leves acordes lánguidos que nacen desde el movimiento apacible del músculo del corazón hasta los músculos del cuerpo, extremidades, manos que impulsan esas notas tersas durante aquellas horas de tardes frágiles. Frank Schültge Blumm y Nils Frahm comenzaron su amistad que derivó en un dúo ocasional hace unos cuantos años, dos músicos que se reúnen de vez en cuando para elaborar de manera conjunta tiernas composiciones, un ruido sutil de armonías serenas y acústica sensible. Blumm y Frahm, dos artistas que esbozan trazos espontáneos de armonías diáfanas, cada uno con obras en las que tienden sus particulares registros, música que florece pausadamente junto a la brisa crepuscular. Empleando diferentes medios, diferentes perspectivas del sonido, la reunión que se produjo hace un tiempo atrás inició una serie de trabajos que comparten una misma sensación, instantáneas acústicas que irradian un brillo especial, luz tenue desprendida de apuntes naturales. Hace seis temporadas los dos músicos alemanes publicaban “Music For Lovers Music Versus Time” (Sonic Pieces, 2010) [104], “un disco hecho con esmero, música de cámara surgida a partir de pequeños detalles”. Ese primer álbum tuvo una continuación, otra maravillosa colección de canciones de texturas orgánicas. “Music For Wobbling Music Versus Gravity” (2013) [235], “una selección de pistas sobrepuestas e improvisaciones editadas… Cada sonido cuenta, desde el que surge de la mente que se dispara hacia el vacío, lo que se encuentra aún más allá, como lo que suena en la habitación donde los instrumentos y los músicos se ubican. Ese lugar es un cuarto en la ciudad de Berlín, y ese cuarto es un sonido en sí. Estoy en mi hogar, cerca, muy cerca, lo más próximo que puedo de los parlantes. Comienzan a rebotar los instrumentos al interior de mis oídos. De pronto, ya no estoy donde estoy. De pronto, me traslado a un lugar físico distinto, a millas de distancia. Ni siquiera alcanzo a cerrar los ojos, tan solo pestañeo y en la milésima de segundo que eso tarda en suceder me encuentro en el mismo sitio que Frank y Nils. Casi siento que puedo entrometerme en el transcurrir de las canciones. Pero no lo haría. En su naturaleza surgida de la espontaneidad son perfectas. Aunque podrían ser diferentes, y realmente lo fueran, seguirían siéndolo. La manera en que Nils desliza sus dedos por encima de las teclas del piano, la forma en que Frank coloca sus dedos por cada costado de las cuerdas de su guitarra, como desplaza su mano a lo largo de ella, fuera de ella… Los livianos sonidos creados por Frank Schültge y Nils, mezclando tradición con modernidad, melodías audibles con ruido concreto, se sustentan sobre una red muy delgada y, como por acto de magia, no vemos sus soportes, solo los vemos flotar en el aire, levitar en el espacio, contra la ley de gravedad. De tan ligera que es su música, se introduce por la piel, llegando hasta muy adentro del alma. Mientras uno respira ‘Music For Wobbling Music Versus Gravity’ sus canciones oxigenan los pulmones, como un paseo por los bosques campo adentro. Su liviandad restaura el interior y aligera el peso de la vida, sin salir de casa”. Otros tres años después regresan con un trabajo de sonidos atentos, jornadas lentas y un resplandor tardío.

Día uno, interludio, día dos, epílogo. Mientras las horas pasan y a las palabras le sigue una contemplación pacífica se forman estructuras simples y a la vez ricas en detalles ocultos a primera vista. En momentos fortuitos provenientes del perfecto conocimiento mutuo surgen una serie de rastros que evitan las perturbaciones del ajetreo externo, rastros que capturan instantes mágicos. Instantes precisos donde, de manera impredecible, nacen hermosas piezas gráciles a partir de la confluencia de objetos e instrumentos diversos. F.S. Blumm y Nils Frahm, después de editar su disco amarillo, luego de su anverso celeste, retornan con un álbum que se separa de los dos anteriores, aunque la manzana nunca cae lejos del árbol. Los músicos alemanes regresan esta temporada con un trabajo publicado nuevamente, como siempre, por Sonic Pieces. Un diseño impecable de Torsten Posselt (FELD), con fotografías de Klaus Frahm y portada hecha a mano por Monique Recknagel. El álbum anaranjado del dúo parte de premisas distintas, con resultados igual de evocadores. “Los seguidores del catálogo de Sonic Pieces ya están familiarizados con F.S.Blumm y Nils Frahm, así como sus aclamados trabajos como dúo. Pero, aún cuando hacen uso de instrumentos familiares, su nuevo álbum ‘Tag Eins Tag Zwei’ consigue añadir un nuevo tono a su ya único lenguaje. Al cambiar sus esculturas de sonido post-procesado con el cual compusieron sus dos álbumes precedentes por íntimas piezas de improvisación, esta colaboración se funde en la más vitalista grabación que los dos han producido hasta ahora. Guitarras y juguetes fluyen junto al piano y el armonio como una combinación orgánica, formando nueve suites que reniegan de cualquier categorización ordinaria. Involucrando influencias de música clásica, jazz y folk, es el genuino uso de trucos y delays quienes elevan estas improvisaciones sobre lo común y las hacen increíblemente relajantes y emocionantes al mismo tiempo. Es casi irónico que al capturar momentos accidentales de una interpretación libre Frank y Nils logran una incluso más impresionante escala que sus ya altamente satisfactorios trabajos previos. El resultado da un perfecto ejemplo de como la inmediatez puede ser la más poderosa forma de abordar al crear música. Basado en el extraordinario conocimiento del estilo del otro la pareja de sesiones que constituyen este álbum muestra a dos artistas vívidos en el punto más alto de su juego: espontaneidad incondicional”. De regreso al hogar, Blumm y Frahm presentan nuevas canciones de notas que se deslizan tiernamente por el espacio, estructuras armónicas creadas en respuesta a las ideas presentadas por el otro. Cuerdas añejadas y delgadas láminas de metal exhalan una energía velada que atraviesa la atmósfera, formas sonoras de una extrema pureza auditiva flotando, reposando, respirando. El modo cómo nacen estos sonidos habla de ruidos producidos de improviso, réplicas a movimientos opuestos, piezas repentinas que determinan un resultado imprevisible. Las palabras que intentan explicar este trabajo pudieran sugerir un caos de figuras ininteligibles, rectas en diferentes direcciones creando una confusión de imágenes. Sin embargo, el entendimiento entre ambos hace que el desenlace de tales ejercicios este lejos de aquello, y lo que tengamos en nuestras manos sea de un sincretismo impecable. Existen ciertos trozos que se disgregan en sentidos antagónicos, pero son solamente fracciones que enriquecen los hermosos trazos generados de manera abierta entre los dos músicos, trazos espontáneos dispuestos meticulosamente dentro de un marco dorado. “En gran medida los dos primeros álbumes de F.S. Blumm y Nils Frahm son producto de un detallista trabajo de post-producción. ‘Music For Lovers…’ y ‘Music For Wobbling…’ fueron compuestos al cortar y amontonar pequeños trozos y partículas de múltiples sesiones de grabación. En esa consideración ellos evocan de hecho las técnicas de collage artístico. Cuando F.S. Blumm y Nils Frahm tocaban en vivo intentaban naturalmente reproducir esas partes artificiales de laboratorio. En su presentación en las oficinas centrales de Sonic Pieces fueron asistidos por la gata del hogar de Sonic Pieces, Mia, quien, en un momento dado, jugó con los instrumentos de juguete de Frank. Mia estaba produciendo música sin la intención de producir música, un concepto de improvisación que a F.S. Blumm le agrada mucho”. El proceso previo de tomar los registros y someterlos a una manipulación posterior, que igualmente daba cuenta del ilusionismo creado en el estudio ahora se pasa a un método distinto, a simplemente capturar un momento específico y preservarlo en ese estado prístino. “Con estos sonidos en su cabeza F.S. Blumm y Nils Frahm regresaron al estudio y parece que entendieron la idea de su propia música, no necesitaban más ningún manual de post-producción, lo aprendieron al escuchar sus propios bosquejos. ‘Tag Eins Tag Zwei’ es el resultado de dos encuentros en dos días en la casa de Nils: comiendo, conversando creando música. Es una compresión del tiempo en donde dos amigos asientan sus pensamientos, sentimientos y consideraciones en las manos del otro. Es improvisación sin post-producción. Una parte frasea una oración abierta, la otra la recoge, añade su idea y la devuelve más tarde… Una íntima carrera de relevos de ideas. Todos los sonidos son capturados en el proceso de ser y eso exactamente lo que escuchas ahora”. “Tag Eins Tag Zwei”, nueve suites de música de cámara de bolsillo, nueve composiciones en las que los dedos se escurren con soltura por los cuerpos de los instrumentos, notas que se escapan y son recogidas por otras manos amigas. F.S. Blumm y Nils Frahm hablan, ríen, descansan y luego esbozan canciones de una calma infinita, canciones que en su origen nacen como inconclusas pero que muestran un acabado perfecto. Frank y Nils hilvanan hebras y pulsan cuerdas, dejan caer objetos y retrasan el efecto de los sonidos que surgen de sus mentes, apuntes esparcidos y reordenados al mismo tiempo, complejas figuras que resultan simples a la vista, acordes naturales rebosantes de detalles minúsculos. Blumm –“jazz-guitar, electric-guitar, classical-guitar, musical-boxes, mbiras, spoons, bells, tools, toys, delays”– y Frahm –“piano, celesta, harmonium, delays”–, extienden elementos sobre el suelo, configurando diagramas descubiertos de estruendos ligeros, dos amigos que se reencuentran para entrelazar fibras y membranas que refulgen con un resplandor tenue cuando la tarde declina. La inconfundible manera de ejecutar de Frank impulsa los primeros acordes, notas de una claridad radiante, ese color único que surge cuando toma la guitarra y comienza a presionar las cuerdas, cuando estira su sonido. De inmediato ingresan otros objetos, cajas que se filtran por las esquinas de la habitación. Y, en medio de todo ese ajetreo tímido, afloran las armonías quietas de Nils, ensambladas maravillosamente en el ambiente de superficies tersas. “Day One One”, primera pieza donde se percibe ese sonido familiar tan propio de ellos, y que es posible palpar en todo el álbum. “Day Two One” parece registrado junto a la cocina, formas cotidianas de ruido doméstico que impregnan cada estrofa, al igual que “Day One Two”. Los matices gastados de “Day Two Two” dan paso a la nocturnidad de “Day One Three”, al movimiento serpentino de “Day One Four”, a los paréntesis de “Day One Three”. Días, números que tienen un par de rastros al margen, nuevas lecturas de recuerdos presentes. “Además están estas dos piezas tituladas de manera diferente que suenan como si te estuvieras cayendo de las escaleras con un disco de Chet Baker en tu bolso, terminando en el suelo, con un saco de trozos y recuerdos nostálgicos. Frank y Nils tocaron estas piezas a propósito sin haberlas ensayado antes, sin ninguna estructura fijada. Las interpretaron simplemente mientras recordaban algunas hermosas melodías, permitiendo toda la fragilidad que hay dentro de esas canciones. ¿Y acaso no es agradable como al final se mezclan estos sonidos, mientras uno está tocando celesta y el otro está tocando una caja de juguetes desarmada?”. La memoria viva de Chet Baker resplandece a lo lejos, el brillo distante de una estrella triste en el cielo. Estas interpretaciones de dos piezas conocidas en la temblorosa voz de Chet ahora tienen otra coloración. “Valentine My Funny” y “Is Love What You Don’t Know”, títulos y acordes reordenados, remembranzas respetuosas y notas suaves que fulguran con silencios y tonos melancólicos. “Stay little Valentine. Stay…” se escucha desde el pasado. “Each dawn with sleepless eyes”. El amanecer indica la despedida de los sonidos, cuando la luz asoma.

“A compression of time wherein two friends are laying thoughts, feelings and considerations in each others hands. It’s an improvisation without post-production”. Piezas creadas de manera recíproca, un entendimiento mutuo que hace que los sonidos fluyan de manera natural. “Tag Eins Tag Zwei” son cuerdas que se trenzan en instantes tardíos, un reflejo pausado de melodías espontáneas. Frank Schültge Blumm y Nils Frahm esbozan acordes al unísono, filamentos acústicos de colores anaranjados en horas exámines, ruido frágil y un resplandor tenue en instantes debilitados.

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www.sonicpieces.com, fsblumm.free.fr, www.nilsfrahm.com


423. Ethers
febrero 1, 2016, 2:10 pm
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Ethers

EMMANUEL MIEVILLE
»Ethers«
BASKARU. 2015

Ruido que surge de manera espontánea desde los sitios más imprevistos, una fuerza sonora fluyendo libremente desde cualquier lugar, la tierra, el suelo, el cielo, los caminos, la arquitectura, afluentes, el movimiento del agua. En cualquier ubicación y en todo instante se puede sentir como esa fuerza invisible se derrama de manera incontrolable por el espacio, impulsos de energía indescifrable que esconden momentos de belleza indómita. Una música que existe de manera paralela a la vida que se desarrolla en la superficie, notas sin estructura fija que subyacen al tráfico incesante, vibraciones que pueden ser recogidas, extraídas desde ese universo equivalente. Un pasaje paralelo que transcurre al mismo tiempo que transitamos sobre él, sin que prestemos atención. Sin embargo, de repente, nos detenemos a observar esas canciones sin forma que simplemente son y están, junto nuestro. Y escogemos ciertos aspectos, de manera aleatoria. Ese proceso de determinar qué es lo que oímos y que es lo que descartamos es incierto, una decisión que excede la razón tal vez, o tiene más de una. Es extraña esa decisión, misteriosa. Emmanuel Mieville es un artista francés que ha decidido realizar su obra teniendo como centro esos sonidos que aparecen desde lo cotidiano, técnicas de grabación que recopilan oscilaciones puras. “Emmanuel Mieville es un compositor nacido en París quien estudió en una escuela de cine en la sección de ingeniería de sonido, y estudió además música concreta en el GRM. Su acercamiento a la música experimental y la composición de paisajes sonoros fue alimentada por la constante escucha de originales programas de radio desde su niñez. Realizó muchos programas de radio para la emisora nacional de Francia (France-Culture y France-Musique), por ejemplo música para shakuhachi, voz y electrónica. Es un invitado estelar a los shows de grabaciones de campo Framework en Resonance FM, producido por Patrick Mc Kinley. Practicó instrumentos étnicos como gamelán javanés por dos años en París. Su interés por la percepción aural y memorias grabadas en ambientes urbanos y salvajes, cosechan composiciones donde los materiales de campos de sonido son extendidos, mezclados y a veces transformados con efectos. El retrato de una locación específica, con sus emociones sonoras borrosas y erráticas, llegando a los oídos, es lo que él intenta, interpretando y componiendo la substancia concreta para transmitírsela al oyente. Mieville ha trabajado con bailarines de Buto, video artistas y músicos en común como Eric Cordier, Guido Huebner y Benjamin Thigpen. Después de apariciones en recopilaciones y álbumes, publicó dos CDs en Malasia (Herbal Records y XingWu), seguido por su primer larga duración en occidente, ‘Four Wanderings In Tropical Lands’ en Baskaru en 2011. Desde entonces ha editado dos álbumes temáticos, ‘Buddha – Anima – Asia’ (Observatoire, 2012), sobre el budismo, y ‘Concret-Sens’ (Crónica, 2014), un homenaje a la antigua música concreta”. Aplicando su metodología al procesamiento de fuentes naturales, Mieville ha creado una serie de trabajos, desde “Balok Night Birds: Tropical Soundscapes With Urban Spirit” (Why Not Ltd/Herbal International, 2005), ahora continuado con una nueva exploración de ondas libres.

“Ethereal and down to earth”. Etéreo y terrenal. Después de “Four Wanderings In Tropical Lands” (Baskaru, 2011), Emmanuel Mieville regresa al sello francés para presentar nuevos registros los cuales son recopilados desde diversos lugares. “Ethers” son cuatro piezas, cuatro movimientos que exhiben una delicada aspereza, el desplazamiento de materiales y el zumbido proveniente de un punto desconocido. El artista parisino se apropia de la atmósfera y sus efectos para ensamblar composiciones que en realidad parecen fruto de alguna maquinaria descontinuada, una configuración creada a partir de partes que se encuentran en su estado primigenio y luego reordenadas. Cuánta intervención existe no es del todo clara, y la duda nace de la forma de estos rastros, una energía misteriosa que emerge del sonido aquí presentado, reunido con paciencia. “Lentamente, pero de manera segura, Emmanuel Mieville está construyendo un impresionante obra donde cada nuevo álbum hace ver al anterior como un pálido reflejo. Y la crítica sería sabia al intentar atraparlo. El hombre es discreto y retraído, pero de esa manera no puede ser desestimado como otro partidario más de las grabaciones de campo. Para Mieville la música es una de las artes más fascinantes para el oído, ahí afuera, en el éter. ‘Ethers’ es el segundo álbum de Mieville para Baskaru y, a pesar que su trabajo previo ciertamente aguanta el paso del tiempo, esta nueva obra sube el listón más arriba, mucho más arriba. En las propias palabras del compositor, ‘‘Ethers’ es un intento de otorgar una cualidad terrenal, una textura densa, a la música de drones, para descenderla desde los cielos’. Mieville primero se formó como ingeniero de sonido y posteriormente estudió música concreta en el GRM. Sus últimos trabajos dan cuenta de una síntesis de todos estos elementos: el atento oído a lo que nos rodea, una aproximación abstracta al sonido un sentido del drama que hace que una composición con grabaciones de campo se apodera de la vida”. Desde “Fertile Drone” a “Island Ferrysm” es posible oír cómo se desarrolla la vida mientras pasamos por ella, ruidos y cuerpos en tránsito constante, la actividad incesante de la ingeniería oculta y la naturaleza que parece absorbida por la modernidad. Mieville recupera del abandono estos sonidos latentes y los ubica dentro de una fracción del tiempo, selecciona y ordena para crear piezas que resultan en una masa multiforme de electrónica natural, alteraciones de la materia que fluye de manera uniforme, un ruido de múltiples aspectos que se homogeneizan en una línea variable. “Fertile Drone”, estática y tráfico urbano, “Sur le pont”, una sinfonía industrial cubierta de lluvia, “Island Ferrysm”, un murmullo subterráneo.

“‘Ethers’ is an attempt to give an earthy quality, a dense texture to drone music, to lower it from the “skies”. A partir de grabaciones recolectadas de la realidad, Emmanuel Mieville edifica un trabajo de ambientes cotidianos, capas que yacen debajo del suelo habitual, sobre ese espacio, paralelo al desarrollo constante. “Ethers” es una obra fascinante de estruendos concretos que emergen de la arquitectura invasiva y los flujos silvestres. Un ruido permanente de electrónica natural.

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www.baskaru.com, emieville.free.fr



422. Hwal
febrero 1, 2016, 2:00 pm
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Hwal

KEDA
»Hwal«
PARENTHÈSES. 2016

El sonido del pasado ancestral y el ruido que surge de la revolución tecnológica. Encuentro de dos mundos. A través de entrelazar diferentes formas de sonido se crea una tercera configuración, cuerdas de fibras orgánicas y superficies procesadas de manera sintética que se cruzan en planos continuos de estruendos descontinuados, acordes naturales extendidos en yacimientos de silicio cristalizado. Siempre ha existido la inquietud de unir dos formas de sonidos diferentes distanciadas por décadas, siglos incluso, buscando la manera de traer al presente un pasado con maneras y costumbres diferentes, opuestas muchas veces, arte fuera de su contexto lógico e inserto dentro de expresiones recientes, una suerte de actualización de sistemas prescritos. No todas las veces el resultado es el mejor, quedando en varias ocasiones en una apropiación irrespetuosa de la historia, un simple ejercicio de marketing con el cual satisfacer determinadas necesidades del mercado. No es, afortunadamente, el caso acá presentado. Dos músicos provenientes de sitios diferentes y de técnicas diferentes reunidos en un proyecto que incorpora una instrumentación arcaica dentro de ordenaciones generadas por medio de circuitos. “KEDA es E’Joung-Ju, música coreana radicada en Francia, maestra del geomungo (instrumento tradicional coreano de madera de seis cuerdas), y Mathias Delplanque, renombrado músico electrónico y compositor nacido en Ouagadougou, Burkina Faso. Desde la formación del dúo en 2010 en el Festival Chantier d’Artistes en Nantes, KEDA ha aparecido en el Musée du Quai Branly en París, en el Lieu Unique y Stereolux en Nantes y en el Odegang By Night Festival en Gent (Bélgica)”. E’Joung-Ju y Delplanque forman este proyecto hace unos varios años, ahora recién con un primer trabajo que exhibe los resultados de esta unión extraña. “E’Joung-Ju, directora artística del Festival Printemps Coréen en Nantes, es una maestra del geomungo, el instrumento tradicional coreano de madera de seis cuerdas, el cual posee una historia de más de 1600 años y cuyo uso es hecho en la música de la corte y popular. Animada por su pasión, E’Joung-Ju busca lograr a través de sus colaboraciones en Corea y otros lugares que la riqueza de su instrumento le permita adaptarse a cualquier género musical, haciendo que los instrumentistas exploren el ámbito de la música del mundo, jazz y electroacústica. Mathias Delplanque es un artista multifacético, compositor de música electrónica, productor, performer, improvisador, diseñador de instalaciones sonoras, crítico de música, compositor para danza y teatro. Dirige el sello Bruit Clair, dedicado a la música electrónica y arte sonoro y ha publicado más de veinte álbumes en varios sellos internacionales como Quatermass/Sub Rosa, Baskaru, Crónica Electrónica y, más recientemente, en Ici d’Ailleurs”. Delplanque, con una historia discográfica más amplia que E’Joung-Ju, se encarga de refinar una serie de grabaciones que este dúo generó de manera conjunta, composiciones de músicas del mundo.

Publicado en febrero de este año por el sello con oficinas en Bruselas, Bélgica, Parenthèses, “Hwal” es un trabajo donde el instrumento de esta artista coreana se compenetra de manera precisa en las formas desarrolladas por Delplanque, acordes que coinciden con su belleza remota en los compases eléctricos. Las estructuras diseñadas por el músico francés son más bien un terreno creado para que se desplacen las figuras creadas por E’Joung-Ju. Las notas que esta delinea suenan puras, nítidas, sin ningún atisbo de artificialidad, nada suena forzado o fingido, las canciones se desenvuelven con soltura, cada elemento situado en su sitio, junto al otro, parte de él. En “Hwal” cada registro es un flujo invariable de una unión auténtica, resaltando las límpidas ondas del geomungo. “Ambos músicos comparten un insasiable deseo de innovación, experimentar y desear la confrontación de sonidos ancestrales del geomungo con texturas, ritmos y tratamientos electrónicos. Más allá del encuentro de dos prácticas instrumentales separadas por siglos, sus creaciones sobresalen como una original forma, extraído del ambient, dub blues, música africana y ruidismo. Hipnótica, cálida, a ratos bailable y meditativa, su música es un imaginario folk, una única e híbrida aventura sonora. ‘Hwal’, cuyo significado es ‘arco’ en coreano, fue enteramente grabado en vivo, luego diseccionado por un año entero por Mathias Delplanque. El resultado de este largo proceso representa el nacimiento de un proyecto con la intención de perdurar; para disfrutarlos tanto en el escenario como en un disco”. Grabado en directo, este trabajo nos muestra como es que se deben de integrar dos culturas diferentes, mezclando distintas sonoridades en la teoría que en la práctica resultan perfectamente acomodables. La música producida por Mathias Delplanque emplea recursos principalmente del dun, insertando un trasfondo de ruido que yace bajo los ritmos constantes. En ese sentido, su acercamiento tiene mucha relación con el trabajo de Moritz von Oswald y Mark Ernestus, esa asimilación de las profundidades de la música electrónica y del ruido que es un reflejo del nuevo escenario en que se desarrolla, la urbe. Delplanque dispone de todo estos ambientes para que E’Joung-Ju se movilice con soltura, armonías pausadas y agitación contenida, trazos de tonalidades ancestrales que navegan dentro de un mar de atmósferas. De la tensa calma de “Dali” se pasa a las sensaciones veladas de “Encore”, cuando el geomungo es simplemente un pulso gravitando junto a los otros sonidos sintéticos. “Eobu Nolae” recién asoma de la rigidez inicial mientras que “Hwal” se asemeja a una ceremonia antigua, perdida. “La Lune de Corée” compagina ambos mundos, las cuerdas rústicas pero delicadas y las texturas ásperas, pieza que tiene su versión sin añadido alguno al final, arcos que generan hermosas armonías pausadas.

“The desire to confront the ancestral sounds of the geomungo to textures, rhythms and electronic treatments”. Una confrontación amistosa, el encuentro registrado en tiempo real de acordes y ritmos subyugantes, formas que cautivan desde su pureza acústica. “Hwal”, obra de tonos dorados oscurecidos, como metal que es cubierto por el paso del tiempo, sonidos creados al unísono por E’Joung-Ju y Mathias Delplanque configurando piezas de acústica y electrónica integrada de una belleza arcaica.

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www.parenthesesrecords.be, www.mathiasdelplanque.com


421. Moccasin Flowers
febrero 1, 2016, 12:20 pm
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Orla Wren 01

Moccasin Flowers

ORLA WREN
»Moccasin Flowers«
silentSEED. 2015

El estruendo débil del bosque, el murmullo de las plantas resquebrajadas por el frío invernal, un verdor que se entrelaza con el dorado de la hierba quemada. En medio de las praderas húmedas y los cielos cubiertos de tintes grises surge ese ruido natural, rastros que brotan de forma espontánea junto al resplandor de la mañana. Entre el panorama cotidiano de la vida junto al campo es que emergen unas melodías pausadas, avanzando con prudencia en los caminos que interrumpen la vastedad del norte, la inclemencia de la atmósfera aislada. Notas que florecen de manera libre, trazando líneas de sonido que parecen brotar del suelo, desde las raíces. Un cúmulo de acordes trenzados forman estructuras simples pero al mismo tiempo complejas, redes amplias atravesadas por miles de detalles que enriquecen la vista, una vista hacia la distancia que se aleja hasta perderse en otras regiones. Lo que puede ser más que el reflejo idealizado de la acústica pastoral es en realidad lo que mana de unas composiciones que no pueden desprenderse del lugar en el que habitan. Las palabras, las interpretaciones, surgen al adentrarse en los acordes que en cierta manera retratan un determinado momento y lugar, acordes naturales extendidos en el territorio, fotografías auditivas expuestas al sol, a la iluminación del día. Orla Wren es Tui. “Tui proviene del norte de Inglaterra y viaja a través de Escocia. El proceso que emplea en su música es el que utiliza en sus fotografías, instrumentos tradicionales, sonidos acústicos y orgánicos encontrados son manipulados en hermosas abstracciones melódicas. La música refleja su ambiente, la esencia de un día de verano recostado en el campo, el sonido de los insectos, una suave brisa, lluvia sobre la lona, siendo atrapado por una tormenta, la banda sonora que acaricia tanto la cabeza como el corazón”. Desde su estreno, “Butterfly Wings Make” (Expanding, 2006), hace unos diez años, Orla Wren ha publicado una serie de trabajos y piezas para sellos como flau, Arbouse Recordings, Air Texture, Eilean Records, Oak Editions, Fluid Audio, Facture, Hibernate, Dronarivm y Home Normal. En realidad no son muchas las obras que ha editado durante una década realizando sonidos, álbumes espaciados, desarrollados con tiempo, jornadas lentas que ayudan a que cada detalle tome forma con el paso de los días. Entre ellas destacan dos especialmente: “The Blizzard That Birthed Her” (Facture, 2013), 10” más CD breve junto a Aaron Martin e Isnaj Dui, obra individual de clasicismo introspectivo en el que cada parte interviene de diferente manera, fragmentos procesados e intervenidos que alteran levemente su escaso pero inmenso contenido, un par de bellas piezas de acústica rústica. “The Blizzard That Birthed Her” no es más que una extensión de ese otro registro, “The Book Of The Folded Forest” (Home Normal, 2013) [358], “una impecable obra donde convergen notas y fotografías estáticas y en movimiento, sonidos acústicos y electrónica sutil, colores deteriorados e instrumentación restaurada desde un fuego extinguido. Folk y ruido digital, la suma de muchos elementos de dimensiones minúsculas trenzados en piezas que traen abrigo frente al clima adverso… Formas en contextos diferentes, todo en color sepia, la decoloración del pasado… Más de una hora de sonidos capturados en el bosque con apuntes añadidos provenientes del rumor de la vida en ciudad, composiciones unidas por una misma y única hebra que conecta los distintos puntos, un hilo que atraviesa todos los pasajes de este libro de páginas con los bordes deteriorados… Orla Wren crea un mundo de fantasía en el que conviven electrónica detallista y acordes pastorales. ‘Book Of The Folded Forest’ está integrado de una rica instrumentación acústica dispuesta de manera sobria, dejando que cada elemento se desarrolle de manera reposada, a su tiempo y en su temperatura… Trece piezas donde desde los campos silvestres se escuchan el ruido de la vegetación junto al crujido de la madera, metales delgados y el movimiento de las hojas”. Ese álbum, uno de los más destacados de esa temporada, permanece en el recuerdo como una impresión vívida, ahora más presente con estas nuevas piezas, distintas pero que nacen del mismo terreno.

Madera envejecida, piedra erosionada. Después de pasado un tiempo Orla Wren ensambla nuevas composiciones que se presentan como pequeños rastros de trozos aún más pequeños, los que se unen por medio de circuitos e hilos delgados. Este reciente trabajo, publicado el pasado año, es una colección semejante de canciones donde desde lo reservado se van formando pliegues de un sonido agrietado, el cual nuevamente se sirve de voces ajenas que introducen colores distintos a su núcleo, acomodadas a él. Tui crea una serie de piezas de ruido minúsculo donde convergen diferentes formas, superficies orgánicas y fibras sintéticas que se ligan por medio de una tarea hecha a mano. “Mocassin Flowers” son partituras de artesanía acústica en las que se despliegan notas y fracciones de sonido, puntos dentro de esquemas escritos con tinta extinta, sobre un plano imaginario. “Mocassin Flowers” es una obra de texturas digitales que recrean un lugar desterrado, hierba que crece de manera artificial sobre un suelo irregular, envuelto por ráfagas tenues que soplan desde el hielo y cubren la tibieza del verano. “Mocassin Flowers” es editado en una hermosa presentación, seis paneles que ilustran cómo el sonido se interna en la piel. “La artista y chelista española Sara Galan (Cello + Laptop) fue invitada a crear los muy hermosos dibujos y cuadros que adornan esta edición especial de seis caras rectangulares de esta caja, la cual fue maravillosamente impresa en cartulina dura mate por MonotypeRec Pressing”. En esas paredes de papel se refugian las distintas tramas, urdidas lentamente hasta germinar en estas flores. “El nuevo álbum de Orla Wren ‘Moccasin Flowers’ comenzó a nacer a finales de 2013 durante las primeras preparaciones de un par de presentaciones en vivo tanto en Jardins Efémeros en Viseu, Portugal y Space Textures en Riga, Letonia. Volviendo a, y explorando más a fondo técnicas de síntesis análoga usada en sus primeros y, en algunos casos, trabajos sin publicar, Tui entonces comenzó a reunir sonidos y buscar y escuchar a quienes mejor podrían contribuir a este nuevo trabajo sonoro. El hermoso e íntimo imaginario del film ‘Two Years At Sea’ de Ben Rivers había sido una gran influencia en este punto, y músicos invitados como Barry Leake, Veroníque Vaka, Brinstaar, Marc Myasoedov, Jura Laiva, Tsumugine, Aaron Martin y Sara Galan confirieron a lo largo del proceso algunas excepcionalmente delicadas partes al ya intensamente detallado y democrático tejido. Regresando a la hermosa e íntima presentación en Jardins Efémeros, y que fue tan importante en la creación de este álbum: ‘Orla Wren es uno de mis chamanes favoritos, uno que puede transformar el sonido en información estética ultra-consciente’. Rui Matoso, 2014”. Este reciente álbum de Orla Wren es, además, el primer lanzamiento de un nuevo sello, label creado por el mismo para en el futuro seguir publicando sus registros. “La realización de este álbum marca un momento muy emotivo tanto personal como creativamente, plegando en sí mismo en el tiempo y de forma natural el inicio del sello silentSEED y en una verdadera autonomía artesanal”. Esa plataforma es el hogar que acoge estas catorce piezas, catorce maneras diferentes que comparten una identidad propia, identidad desarollada durante varios años en los que Tui ha ido depurando su música. Son desarrollos donde explora ideas sencillas cubiertas de ínfimos gestos, acordes que tienen una misma fuente y que se separan levemente por el viento hasta encorvar en una dirección u otra las ramas. La música de Orla Wren es un folk ascético, espartano, por el cual se filtran fibras digitales. Los objetos desgastados expulsan una música agreste pero a la vez tersa, arpegios de hermosa simpleza que están repletos de pequeños cuerpos que se deslizan entre sus ranuras, dando lugar a pistas que brillan en mitad de la enormidad, un sonido reluciente que no esconde sus vestigios. “The Inside, The Outside, The Other”, microscopía digital que con el paso de los segundos se convierte en un manto orgánico. El rumor de los insectos escarbando la tierra produce un encantador sonido que invade los instantes sin llenar, revoloteando alrededor de la suave melodía, rozando las cuerdas del violonchelo de Veroníque Vaka. “Move, Learn, Drink Water”, sobre un superficie de siseo sintético, es limpieza auditiva, armonías cristalinas reflejando los rayos del sol, como a su manera también lo es “Paths Unblocked, Broken Clocks”, o “A Woven Rope Of Woven Hope” y sus capas armónicas. “She Placed A Bookmark In Her Lonely” se adentra en el campo con su silbido infantil, un soplo dulce flotando en mitad del bosque. Cada uno de estos catorce episodios dibuja el ambiente que circunda sus sonidos, hojas que cubren el tránsito tranquilo de un paseo por las extensiones silvestres. “A Mountain Song For My Wordless Son”, acompañado de Hinny Pawsey y Barry Leake, se adentra en la frondosidad, la lluvia que asoma desde lo lejos y atraviesa la tela, empapando la piel. El movimiento incesante de “The Empathy Engine” contrasta con la calma de “Mothering Father, Fathering Mother, Each To Each Other”, aunque ninguna de ellas altera la placidez de la tarde, todas permanecen en un estado de serenidad solo perturbada levemente por esos ruidos mínimos que atraviesan las paredes y las vigas húmedas. Cuerdas añejadas deslizan apuntes nostálgicos cuando el álbum se despide, transitando detenidamente a través del rumor electrónico, anotaciones que se curvan con el cambio de temperatura, como si fuese tallos delgados contra el sol.

“Your head is a living forest full of songbirds”. Residiendo en los mismos parajes, rincones abiertos y una vegetación exuberante, Tui construye cuidadosamente composiciones que descansan sobre un suelo repleto de cosas pequeñas. Su cabeza es un bosque lleno de aves que cantan. Mientras la luz cruza los campos se oyen el ruido de las texturas orgánicas y el rumor defibras electrónicas. “Seek life where it is to be found, in all that is most delicate, in the folds of things”. Pliegues digitales brillando en las esquinas de melodías de madera de un tono apagado.

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www.orlawren.eu


420. Obscured By Beams Of Sorrow
febrero 1, 2016, 12:10 pm
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Obscured By Beams Of Sorrow

HAKOBUNE & DIRK SERRIES
»Obscured By Beams Of Sorrow«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2015

El brillo del sol es ensombrecido lentamente mientras la tarde decae y el día se vuelve noche. Detrás de las montañas el color encendido paulatinamente comienza a cambiar, y las líneas de nubes blancas, confundidas con el azul claro del cielo paso a paso se convierten en un fondo de tonos no distinguibles desde la lejanía. El transitar despacio de la claridad sobre los cerros, el avance pausado de la luz sobre el contorno de las elevaciones del suelo es acompañado de una calma infinita, notas que se dispersan en la atmósfera como estelas vaporosas, aire en movimiento quieto que se desplaza en medio de la panorámica abierta. Acordes invisibles levitando en el calor tibio que deja un día de verano, en el interior del territorio rojizo, estructuras de un candor eléctrico que reposan mientras los objetos distantes pierden su figura. Dirk Serries es un artista belga cuyos primeros y más antiguos trabajos se remontan a mediados de la década de los ochenta, en ese entonces con el nombre de Vidna Obmana, con innumerables álbumes publicados de manera individual y así como muchas colaboraciones. En 2005 adoptaría otro nombre, Fear Falls Burning, con otra larga lista de trabajos. Recién en 2008 es que comienza a publicar como Dirk Serries, registros la mayoría por Tonefloat. Resulta un tanto difícil, casi imposible, poder seguir su rastro a lo largo de más de treinta años de historia. Solo queda seleccionar de entre el listado y apreciar las capas sutiles de su música abstracta. Por su parte, Hakobune es un músico japonés de Kasai, en la prefectura de Hyōgo. Su obra es igualmente extensa, con discos para Constellation Tatsu, U-Cover, Install, Hibernate, Cassauna, Somehow, Patient Sounds Intl., Murmur, Dronarivm o taâlem. “Hakobune AKA Takahiro Yorifuji uses layers of guitar to create the sonic landscapes. Yorifuji is from a small town in Hyogo, Japan and currently resides in Tokyo”. De Takahiro Yorifuji ya pudimos escuchar previamente un trabajo suyo, una colaboración con Chihei Hatakeyama, “It Is, It Isn’t” (White Paddy Mountain, 2014) [327]. “Con un título que oculta algo más, Hatakeyama y Yorifuji se entregan a la creación de densas y a la vez suaves atmósferas con una impresionante economía de recursos. Unas pocas herramientas bastan para construir hermosas piezas de música infinita de un enorme calor interno que lleva a que el cuerpo de desintegre en una realidad paralela, que provoca una sensación de pérdida de la mente. Estos sonidos cansan la visión, dejando una audición que consume la escasa fuerza corporal. ‘It Is, It Isn’t’. Es, no es. Un trabajo espontáneo, unas cintas surgidas de forma natural en un período de tiempo asombrosamente exiguo. Tres piezas que se prolongan indefinidamente, extensos rastros de sonido que parecen no acabar. El tiempo se detiene, el tiempo no existe. Una tarde, una mañana, un atardecer que se vuelve una existencia sin término… Chihei Hatakeyama y Takahiro Yorifuji separan lo que es real de lo que no. Ahora entiendo el título, al menos eso es lo que creo. De cualquier forma, la agradable fiebre de sonidos melancólicos de ‘It Is, It Isn’t’ hace que nos perdamos en las cálidas mareas de su acústica brillante hasta caer en su sueño dorado”. Es precisamente la mitad de ese álbum, Chihei Hatakeyama, quien edita este encuentro de trayectos tardíos.

‘Obscured By Beams Of Sorrow’ is the first collaborative recording between Hakobune and Dirk Serries. Minimalistic electric guitar drone sound melody is pulling the listener into imaginary drone world. This record has atmosphere of a deep bamboo forest with no sense of reality, such as wander. And listener will see hallucinogenic visuals, somewhere to see scenery such as the events in the dream and will feel sustained bass drone sound such as the Freudian obsession”. Publicado hacia fines del pasado año, en septiembre de 2015, este álbum es un manto amplio de acordes que desplazándose con parsimonia por el tiempo, extensos desarrollos en los cuales los sonidos se ocultan tras cadenas montañosas, como la luz del día que acaba. “Obscured By Beams Of Sorrow”, armonías pasando junto al horizonte, escondidas en el brillo disminuido. Takahiro Yorifuji y Dirk Serries construyen cuatro pasajes en el que las cuerdas de la guitarra se mezclan con superficies llanas, creando densas extensiones de drones y melodías flexibles. Visto este álbum como un todo se puede apreciar como si solo existiese una sola pieza, un solo acorde, una misma idea que fluctúa durante largos minutos. Desde el primer instante se puede oír cómo este sonido flamea desde un extremo al otro, una partitura circular que se despliega de forma lenta, dejando que el tiempo se consuma segundo a segundo. No obstante, entre cada uno de estos registros existen matices, aunque se extravíen en la masa de aire que respira este trabajo. “The Slow Movement Of Thought”, doce minutos de una gran tranquilidad, despunte de un sistema armónico en el que reposan las ideas. En este, al igual que los otros tres tracks, las notas se dejan caer sobre el cielo, un avance descendente en la gama de colores que persiste en “Harrowing Surface” y el brillo apagado. “Nocturnal Pillars Of Solitude” continúa explorando diferentes lados de un mismo fondo, texturas homogéneas que se disipan en la temperatura cálida y vuelven a emerger entre las esquinas rocosas de la geografía. La tarde ya es menos tarde y el suelo diagonal se une con la obscuridad del espacio interminable. “Obscured” ya es un paisaje sombrío, cuerdas eléctricas que se tuercen hasta generar una hermosa melodía de ondas indecisas, mientras la luz artificial que no alcanza a invadir el tono de la atmósfera. El ruido se apaga y la noche asoma en lo que antes era el horizonte, ahora solo una mancha indefinida.

“Sonidos minimalistas de drones de guitarra llevan al oyente a un mundo imaginario. Este álbum tiene la atmósfera de un profundo bosque de bambú…”. Las capas sutiles de ruido eléctrico envuelven suavemente los rayos de energía natural, y los acordes se evaporan en la superficie opaca. “Obscured By Beams Of Sorrow”, un primer encuentro y un momento único que se prolonga hasta no terminar, mientras la luz vuelve a nacer en medio de los pliegues de los cerros y el suelo árido de los valles.

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www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.hakobunemusic.jp, www.dirkserries.com


419. Untitled Arpeggios And Pulses
febrero 1, 2016, 12:00 pm
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Untitled Arpeggios And Pulses

TRONDHEIM JAZZ ORCHESTRA / CHRISTIAN WALLUMRØD
»Untitled Arpeggios And Pulses«
HUBRO 2015

Pulsos inesperados que surgen en una habitación con las ventanas abiertas, sonidos que nacen desde la corteza cerebral de una sola persona, un extraño que es un conocido, apuntes desarrolladas por múltiples voces que ingresan desde el exterior al interior, su propia sala, imprimiendo su sonido a estas notas descubiertas pero íntimas. Detonaciones, interludios, ráfagas delicadas, movimiento, quietud, acordes separados, encuentros contenidos. A partir de un trabajo encargado por un ente externo nace una obra de líneas sutiles, multitud de formas que se articulan dentro de una sola pieza que fluye de manera calma a medida que el tiempo se agota. Pulsaciones sin título expresadas discretamente y en donde cada sonido es presentado con meticulosidad, aún en los momentos en los que pudiese escaparse la movilidad del cuerpo. Fragmentos espaciados, partes separadas unidas en distancias que solo logran desviarse al final, cuando la energía comprimida explota ligeramente en rayos de direcciones indefinidas. Esta nueva edición del sello noruego es la reunión de dos entidades que se han encontrado en diferentes ocasiones, en diferentes épocas, una multiplicidad de componentes que se desenvuelven con soltura en un trabajo de ambientes helados. Trondheim Jazz Orchestra y Christian Wallumrød, sonidos desde el país del norte que se entrelazan en este trabajo. “Trondheim Jazz Orchestra es uno de los más importantes y creativos ensambles en Noruega. La orquesta opera como una piscina de músicos, de modo que esta cambia de instrumentación y tamaño de un proyecto a otro. Durante el curso de los últimos trece años la orquesta ha tenido un gran número de con ecxitantes proyectos con músicos de jazz noruegos e internacionales como Chick Corea, Pat Metheny, Joshua Redman, Erlend Skomsvoll, Eirik Hegdal, Vigleik Storaas, Geir Lysne, Bendik Hofset, Maria Kannegaard, Kim Myhr, Jenny Hval, Stian Westerhus, Ståle Storløkken, Albatrosh y Marius Neset”. Con veinte discos publicados ahora interpretan una creación de uno de sus muchos miembros, Wallumrød. “Nacido en 1971, ha sido premiado por muchos años como el más prominente y original talento creativo de la música noruega. El es inmediatamente identificable tanto como compositor como pianista pero, al mismo tiempo, cualquier intento de categorizar su música es un error. Su experiencia está en el jazz y la música de iglesia, y sus cinco discos con miembros de la orquesta en ECM, el ha borrado los límites entre jazz, himnos gospel, música folk, música barroca y música contemporánea, y ha grabado su propio nicho en los corazones y mentes de oyentes y críticos. Paralelo a esto ha trabajado con el cuarteto Dans les Arbres, quien continúa creando su marca en la escena internacional de música contemporánea e improvisación. Wallumrød ha además colaborado con artistas como Sidsel Endresen, Audun Kleive, Susanne Sundfør, Ricardo Villalobos & Max Loderbauer, Karl Seglem, Oslo Sinfonietta y Kim Myhr”. De esa estética de un jazz más estático y paisajes quietos se nutre esta confluencia.

“Untitled Arpeggios And Pulses”, editado por Hubro hace unos cuantos meses, proviene del encargo realizado por un renombrado festival en Noruega. Ante esa solicitud Christian Wallumrød desarrolla una obra, luego segmentada, en la cual despliega sus habilidades y crea una partitura amplia, partitura donde tienen lugar una gran cantidad de elementos que, sin embargo, son dispuestos de manera moderada. Soplos ambientales surcando una instrumentación acústica, objetos que emiten sonidos imprevistos y superficies delicadas. Wallumrød configura un registro extenso que es representado minuciosamente por Trondheim Jazz Orchestra, armonías que avanzan con calma hacia un éxtasis contenido. “Christian Wallumrød ha creado, junto a Trondheim Jazz Orchestra, un nuevo y excitante álbum que confirma sus habilidades como un compositor único y la flexibilidad de su nunca estática orquesta de jazz. Christian Wallumrød fue comisionado para componer un trabajo para Trondheim Jazz Orchestra con ocasión del 50 aniversario del Kongsberg Jazz Festival en 2014 y realmente fue un trabajo con mayúscula el que produjo. ‘Untitled Arpeggios And Pulses’ es una pieza de música de más de cincuenta minutos de duración que debiese ser escuchada de manera continua de un comienzo hasta el final”. Casi una hora en la que se extienden variados timbres los que se deslizan con ligereza por el espacio. “El trabajo consiste en cuatro partes que están conectadas y van desde una acústica retraída a una intensa contundencia. En esta ocasión Trondheim Jazz Orchestra consiste en Wallumrød junto a una selección de sus músicos favoritos. Algunos de ellos ya han trabajado con él por un largo tiempo en otras bandas, mientras que otros son conocidos más recientes: los guitarristas Ivar Grydeland (Huntsville, Dans les Arbres) y Lars Ove Fossheim (Broen, Skadedyr), la pianista Anja Lauvdal (Moskus, Broen, Skadedyr), el saxofonista Espen Reinertsen y el trompetista Eivind Lønning (Streifenjunko y Christian Wallumrød Ensemble), la tuba de Heida Karine Jóhannesdóttir Mobeck (Broen, Skadedyr), los bateristas Fredrik Wallumrød (Brutter) y Siv Øyunn Kjenstad (Chili Vanilla, Thomas Strønen), y, finalmente, el contrabajo de Michael Francis Duch (Lemur). El álbum fue grabado en conexión con el exitoso concierto en el Kongsberg Jazz Festival donde este trabajo tuvo su estreno mundial, y sabemos que esta grabación ha sido muy esperada por mucha gente. El crítico del diario Aftenposten le dió los mejores elogios en su revisión: ‘Wallumrød presenta acá su notablemente bien desarrollada habilidad para recoger inspiración de una variedad de géneros y dejar su inconfundible marca en el resultado’. Las cuatro partes de este trabajo se hilvanan de manera perfecta, pasando desde un estado más tranquilo a una cierta agitación. “Part 1” son unas cuantas notas desperdigadas en el piano, un ruido de fondo y los impulsos tenues que florecen entre espacios, la antesala para “Part 2”, un murmullo sosegado que se traslada con paciencia, dibujando trazos frágiles, incorporando otros componentes. “Part 3” se desborda en cuerpos que se enfrentan, dentro de unos márgenes estrechos, disidencia sonora que estalla en muchas más trayectorias en “Part 4” y los metales pesados invadiendo la pasividad. Pulsos y acordes.

“From the unassertively acoustic to the intensely forceful”. Estructuras débiles formando paisajes fríos. Christian Wallumrød, a través de Trondheim Jazz Orchestra, elabora una obra que avanza desde la quietud al caos reposado, una sucesión de sonidos orgánicos que capturan el tiempo. “Untitled Arpeggios And Pulses”, cadencias sin título e impulsos reflexivos, arpegios, ruido y pausas.

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www.hubromusic.com, www.trondheimjazzorchestra.no, www.christianwallumrod.com


418. 音楽のある風景
diciembre 1, 2015, 12:20 pm
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haruka nakamura 02

Ongaku no Aru Fuukei

HARUKA NAKAMURA
»音楽のある風景«
KITCHEN. LABEL. 2014

“Dead of winter, a hidden chapel, silent prayers echoing”. Luces que se apagan lentamente, iluminación débil que evoca recuerdos olvidados, perdidos en la angustia diaria, sombras que se confunden con las paredes desgastadas, soles tardíos que extienden su brillo anaranjado de manera horizontal sobre el paisaje urbano, meditaciones cotidianas ilustradas con imágenes tenues que se reflejan sutilmente sobre una delgada tela blanca. El color del atardecer, el color del anochecer atravesando lentamente el cristal de las ventanas, disipado mientras las horas decaen hasta volver a cero. Haruka Nakamura, aquel músico de Tokio nacido en 1982 quien, como señala su biografía, aprendió a tocar el piano y la guitarra por su cuenta, cuyo sonido “esta hecho de la puesta de sol y el perfume de la temporada”. Sus creaciones han servido para acompañar otras áreas, marcas como H.P France, PARCO y las etiquetas de moda mame, evam eva y support surface. Además es parte del grupo experimental LABO, proyecto paralelo donde explora aproximaciones diferentes a la creación. Sin embargo, es por su obra registrada por la cual lo hemos conocido mayormente desde este lado del mar. Primero fue el sello de Akira Kosemura quien acogió sus registros: “Afterglow” (Schole, 2007), disco compartido precisamente con el músico japonés, y luego “grace” (Schole, 2008). Más tarde vendrían otros trabajos, como “MELODICA” (hydeout productions, 2013), homenaje a DJ Nujabes y, recientemente, “FOLKLORE” (fete musique, 2014) [376], álbum compartido junto a AOKI,hayato. “Mientras los días avanzan con su cansancio habitual, unas notas que se aproximan desde la distancia envuelven con un manto de seda el desgano. Canciones nacidas en el viaje, canciones surgidas en estadías pasajeras que se van acumulando junto a recuerdos y aromas. AOKI, hayato y haruka nakamura se encontraron, se conocieron, viajaron. Lugares esparcidos en el territorio, sitios donde reunirse a dejar que los acordes fluyan de manera libre, espacios donde de forma espontánea una nota se va sumando a otra, y esta a otra más, así hasta que composiciones sencillas manan de manera natural, como melodías abiertas que nacen desde el bucólico panorama. AOKI, hayato y haruka nakamura publican su primera obra, una colección de canciones capturadas en el tiempo… Una travesía todavía en curso, este trabajo de los dos artistas japoneses es un maravilloso recorrido por lugares y sensaciones alejadas de la convulsión cotidiana, canciones espontáneas surgidas en horas tardías. Esa es la manera en que transcurren los eventos en ‘三月十六日’, de esa forma acaecen los sonidos que brotan de ‘FOLKLORE’, una hermosa obra de cuerdas enlazadas, notas al margen elaboradas artesanalmente a partir de hebras trenzadas de manera natural. AOKI, hayato y haruka nakamura retratan el paisaje que declina con la luz solar con notas de ruido terso, conservando su tonalidad áurea entre sus filamentos acústicos”. A pesar de este recorrido por diferentes editoriales, sería el label de Singapur Kitchen. Label el hogar para varias de sus futuras grabaciones, que integran su trabajo compartido con Janis Crunch “12 & 1 SONG” (Kitchen. Label, 2011) y, en particular, “Twilight” (Kitchen. Label, 2011) [271]. Una obra imperecedera, hermosas postales del crepúsculo, “figuras lánguidas se forman cuando los objetos descansan del brillo inagotable, el que se dirige a su lenta letanía… Ambient acústico, jazz contemplativo, música de cámara moderna de temperatura cálida que reconforta el oído, un descanso del movimiento. Su carácter eminentemente instrumental actúa como un refugio a la agitación constante y agobiante de las jornadas interminables. Luego de escuchar demasiadas voces, demasiadas palabras, me he sentido un extraño, algo incómodo. Estas piezas actúan como un hogar que aliviana la carga de la vida… El resplandor del sol, en los momentos en que decae, no deja de iluminar. Pero ese descenso y la desfragmentación de la luz producen un efecto de multiplicar los colores sobre la superficie sobre la cual esta cae, desde la claridad hasta la oscuridad. Una paleta cromática en declive, el ocaso del fulgor y su tintura. Las notas desplegadas por Haruka Nakamura crean también un patrón multicolor en tonalidades apagadas, hermosamente débiles… El crepúsculo y su esplendor desteñido se propagan como destellos en este sueño de los días. ‘Twilight’ es un descanso de las estaciones cuando estas comienzan su decoloración”.

Luego de haber pasado ya varios años desde la publicación de ese álbum, y de haber realizado una intensa agenda presentando sus hermosas canciones, haruka nakamura regresa al mismo sello para publicar su cuarta colección de piezas, un trabajo que reúne composiciones anteriores con otras que son estrenadas ahora. El artista japonés conforma un ensemble para acomodar sus sonidos a su exposición en directo, y de la unión de elementos y formas surge este disco, registro en vivo de notas surgidas en horas lánguidas, grabaciones acompañadas que se entienden como un nuevo álbum integrado de estruendos desconocidos pero que suenan familiares e interpretaciones inéditas que parecen nuevas creaciones. “Primero presentamos el primer álbum completo, basado en el piano, de haruka nakamura ‘Twilight’ en 2010. El álbum registrado en estudio fue elogiado y aclamado por igual por fanáticos y críticos en Japón. Construido sobre la fuerza y el éxito de su predecesor, haruka nakamura regresa con su cuarto nuevo álbum, una colección de 106 minutos en un doble CD titulada ‘Ongaku no Aru Fuukei’. Grabado en el salón de conciertos ‘sonorium’ en Tokio, el álbum presenta al ensemble formado por ARAKI Shin (saxofón, flauta), Akira Uchida (saxofón), Rie Nemoto (violín) e isao saito (batería). Las raíces de este ensemble tienen su origen en la grabación de ‘Twilight’, cuando haruka nakamura invitó por primera vez a cada uno de los miembros a colaborar en el álbum ‘Twilight’. Desde su edición, y con casi cuatro años de extensa gira tras suyo, el grupo ha desde entonces construido un repertorio y desarrollado un lenguaje musical propio, mezclando el rigor clásico con improvisación contemporánea, tanto formal como libre. Con haruka nakamura dirigiendo desde el piano, ellos producen brillantes sonoridades y emotivas resonancias las que son ricas en detalles y austeramente hermosas”. Este nuevo trabajo de haruka nakamura es nuevamente publicado por Kitchen. Label, presentado además de una manera impecable, habitual en esta editorial, un objeto de arte que encierra una obra de arte. Caja de cartón de 17.0 × 13.5 × 1.2cm de un tintes negro absorbente con su título estampado con lámina dorada. En su interior cartón gris que encierran los dos CDs y un libreto de 32 páginas con preciosas fotografías en blanco y negro capturadas durante las presentaciones por Yatoo Takashi, un elegante diseño de Ricks Ang y April Lee, directores y responsables de este magnífico sello de sonidos que documentan “destellos momentáneos de belleza melancólica en ambientes improbables”. Publicado el 24 de diciembre del pasado año, “音楽のある風景” es un trabajo doble, una extensa obra de registros atrapados en vivo los días 19 de enero, 22 de marzo y 10 de mayo de 2014 en ‘sonorium’, un salón ubicado en el barrio de Suginami, en la parte occidental de Tokio. Y, tal como señalé antes, este es un álbum nuevo, una obra nueva, pese a contener composiciones ya publicadas anteriormente, pese a ser un álbum grabado en directo. Son piezas que admiten apreciaciones posteriores, que permiten indagar en su interior, formas moldeables según el calor externo. Haruka Nakamura y su ensemble van creando una atmósfera que tiende a generar un estado especial, una sensibilidad que aflora de entre los acordes y se transmite por las paredes hasta atrapar con su belleza crepuscular. Líneas de sonido que se mueven con pasividad por la sala, anotaciones leídas por cuerpos que expresan recuerdos con una enorme claridad, ruidos mínimos que impulsan memorias. Apuntes acústicos despedidos con una extrema delicadeza desde una instrumentación dócil. “La relación con la música de cámara y los himnos espirituales es fundamental en la orientación musical de haruka nakamura. Para capturar eso, ‘Ongaku no Aru Fuukei’ fue registrado en la acústica receptiva del salón de conciertos diseñado por Jun Aoki ‘sonorium’, con Katsunori Fukuoka (fly-sound) como ingeniero de grabación. Que el álbum fuera grabado en un salón similar a una capilla, en lugar de un estudio de grabación, tiene perfecto sentido: la naturaleza litúrgica y en forma. de recital de esta colección se alinea cuidadosamente a la belleza austera del espacio mismo. Las presentaciones que emergen son evocativas, íntimas y elegantemente grabadas en tintes sombríos que encuentran a haruka nakamura y el ensemble perfectamente ajustados entre ellos”. ARAKI Shin (responsable de los arreglos), Akira Uchida, Rie Nemoto e isao saito acompañan a haruka nakamura en estas presentaciones, donde cada una de estas composiciones pasan por diversos tonos, todas ellas con un temperamento pausado. Registros breves y otros extensos dónde se desarrollan las diferentes formas concebidas en el papel, estructuras tersas que dejan omisiones para que el sonido respire con tranquilidad, exhalando un aire meditativo. ‘Ongaku no Aru Fuukei’ muestra una combinación de tracks breves y extensas piezas además de una rango de duraciones, mientras el ensemble armoniza pasajes compuestos con libres y sueltas improvisaciones. Presenta las composiciones nuevas ‘SIN’, ‘Shigatsu no Soutei’, ‘Eien’ y presentaciones reelaboradas por el ensemble basadas en piezas de su álbum anterior ‘Twilight’. Momentos cúlmines incluyen el impresionante track titular de diecinueve minutos ‘Ongaku no Aru Fuukei’ y la pieza en forma de himno ‘Hikari’, el cual presenta al reconocido coro femenino de nueve integrantes CANTUS. ‘Ongaku no Aru Fuukei’ es la más definitiva grabación de haruka nakamura hasta la fecha y un disco obligado para todos sus fanáticos”. Los variados instrumentos sirven para darle distintas coloraciones a estos registros, cuerdas, ritmos y vientos que acompañan al piano en estas canciones para los momentos sosegados, cuando los minutos avanzan más despacio. Dos tomos, cada uno con una manera diferente, cada capítulo con maneras diferentes, pero al mismo tiempo un mismo modo desplegado a lo largo de toda esta exposición acústica. “音楽のある風景” es un álbum en el cual las superficies orgánicas se entrelazan formando capas de luz natural cruzando el espacio, hermosos registros de ruido ligero desplazados pausadamente. El avance de los acordes es todavía más lento y los paréntesis mayores, permitiendo que estos se asienten en el lugar, descansando antes de surgir los movimientos siguientes. Un transitar sigiloso por las curvas del sonido, cruces sosegados de instrumentos dejando caer sus efectos sutilmente en el aire. haruka nakamura y su Piano Ensemble balancean los apuntes sobre delgadas líneas, impulsando finamente cada estruendo que brota desde los mecanismos auditivos, con intervalos amplios que posibilitan oír cada mínimo detalle que de otra forma serían invisibles. Las figuras que aparecían en las grabaciones anteriores ahora son más extensas. Casi ocho segundos de silencio antes que surjan las primeras notas, nítidas notas desde el piano que lentamente, muy despacio, se rodean de los otros intervinientes y sus superficies satinadas. Bellos paisajes de coloraciones apagadas emanan de estos acordes callados. 夕べの祈り, composición que inauguraba “Twilight” también estrena esta brillante obra, mientras su resplandor sutil ahora se refleja de un modo diferente, más reposado, con las manos impelidas con elegante letanía. Pausas que son puentes entre estados distintos, de la calma a la movilidad aparente, la que extingue como una llama con la brisa suave. “harmonie du soir” también estaba presente en ese anterior trabajo, ahora descubierta con las texturas que sobresalen de los cuerpos de sonido, jazz ligero de formas ambientales, soplos en medio del mutismo de la noche, metales que destellan en medio de la sobriedad acústica. “dialogo” es la última de las piezas rescatadas de “Twilight”, estirada en intervalos vacíos, nueva aproximación en esperas y glosas desprendidas fugazmente. “nowhere” es recuperada del álbum breve “Nowhere” (Schole, 2012), ahora alargada a más del doble, donde nuevamente es posible apreciar los instantes quietos de los estallidos, y en donde se pueden hasta el crujir de la madera mientras se acomodan a la atmósfera. Pasajes estancados y arrebatos ingrávidos en más de dieciocho minutos. Al final del primer CD dos composiciones presentadas por vez primera, al menos en una publicación, acá. “SIN”, gotas de agua que caen desde el piano, notas apenas pulsadas por las manos de nakamura, paulatinamente acrecentadas por sonidos que intensifican la emotividad revelada, una bella unión de cuerdas y bronces, múltiples acordes enredados, apuntes que vuelan desde un extremo a otro. 四月の裝丁 cierra esta parte con momentos que retratan estancias pacíficas, mecidas por la flauta de ARAKI Shin. La segunda fracción que integra este trabajo solo tiene la mitad de canciones que la primera, vastos desarrollos tendidos con gracia. Omisiones y fragor, espacios inconclusos y leves estridencias que marcan los varios instantes de 音楽のある風景, donde cada acorde respira con enorme tranquilidad hasta emanar ritmos calmos. Cómo un anexo solo disponible de manera digital en “Twilight”, “光” entregaba otra visión de las tardes con mirada hacia el mar. Ahora esa pieza reaparece en este álbum acompañada del coro femenino CANTUS, voces multiplicadas que nacen del silencio y solo estallan cerca del final, cuerdas naturales en medio de la resonancia discreta, alientos leves brotando de la instrumentación y palabras anónimas que escriben un diálogo prístino, un canto sagrado que se desvanece en el aire, que ilumina desde el interior. , hermosa letanía acústica. 永遠 son solamente suspiros flotando, la más tenue quizás de estas piezas, exaltación contenida en armonías veladas, melodías que ondean en cámara lenta sobre el horizonte ya con su color apagado. Sin embargo, lo que parece ser el epílogo no lo es. Igual como antes existe un registro extra, “CALL” –también presente en “Nowhere”–, pieza más dócil, acordes dorados que resplandecen cuando las sombras cubren el asfalto, apéndice para estas imágenes audibles en la quietud introspectiva.

“Glowing sonorities and emotional resonances that are rich in detail and austerely beautiful… The recital-like and liturgical nature of this collection closely aligned to the sound and stark beauty of the space itself”. Registrado en tiempo real delante de una audiencia, este trabajo es una impecable muestra de las composiciones del músico japonés, una exhibición de los sonidos que surgen en su mente al contemplar las imágenes exteriores. nakamura, junto a ARAKI Shin, Akira Uchida, Rie Nemoto e isao saito construyen en directo con templanza melodías de un brillo obscurecido, interpretando las partituras con una rítmica pasiva, ampliando sus páginas con vacíos intermedios. “音楽のある風景”, música de atardeceres iluminados por faros diminutos que tiemblan en la distancia, tonalidades tenues sobre el cielo apagado. “音楽のある風景”, hermosas melodías estáticas de matices débiles, sobrecogedoras letanías de ruido frágil e íntima acústica opaca.

www.kitchen-label.com, www.harukanakamura.com