Hawái.


379. Parallel Landscapes
mayo 1, 2015, 12:20 pm
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Steinbrüchel 01

Parallel Landscapes

STEINBRÜCHEL
»Parallel Landscapes«
12K. 2015

Partículas minúsculas de ruido que se filtran por un tejido sintético, movimientos horizontales que se desplazan por un plano translúcido dibujando líneas de sonido abstracto. Una serie de panorámicas de acústica invisible cubiertas de pequeños eventos sonoros los que van formando retratos tridimensionales a partir de un texto en blanco uniendo frecuencias imperceptibles que dan forma a estructuras de sonido. Sistemas auditivos de una pureza mayúscula. Ruido encriptado que traza diseños de arte microscópico. Una forma de crear obras minimalismo nítido que ha sido casi siempre la manera en que se expresa la música en Steinbrüchel. Sin embargo, en esta ocasión resulta aún más depurada, piezas desarrolladas de modo perfecto, condensando en extractos temporales su concepción del sonido, incorporando fragmentos de naturaleza silvestre. Ralph Steinbrüchel, nacido en 1969 en Bad Homburg, Hessen, Alemania, es un artista electrónico experimental y diseñador gráfico ahora, desde hace mucho, con residencia en Zurich, Suiza. Sus composiciones se encuadran en ese espectro estrecho del microsonido, el que también incluye a Ryoji Ikeda, Carsten Nicolai, Richard Chartier, entre otros. Una de sus obras “zwischen.raum” (Domizil, Zurich, 2002) ganó ese mismo año el premio Max Brand Award for Electronic Music (phonoTAKTIK.02 Festival, Nueva York), reconocimiento a sus tratados de acústica digital, una música que utiliza pequeños objetos sonoros que son dispuestos dentro de una gráfica imaginaria con un extremo cuidado. Ese trabajo es solo uno de los muchos que ha publicado desde hace casi veinte años, desde “Stockwerk” (Stockwerk, 1996), muchos de ellos por su propio label Synchron, otros varios por sellos como Cut, LINE, Atak, BineMusic, Room40, List, and/OAR, Non Visual Objects, Quiet Design, The Tapeworm, Koyuki, Slaapwel o Yugen Art. Además de sus obras individuales también ha publicado varios álbumes con artistas como Korber, Günter Müller, Schurer, Cory Allen, Brusa, Machinefabriek, Kim Cascone y Jason Kahn. Una de ellas es “Status” (12k, 2005), realizada conjuntamente con Frank Bretschneider, el que además es su primera publicación en la editorial de Taylor Deupree, al que se añade tres años después el EP “Mit Ohne” (12k, 2008). Después de más de un lustro vuelve a publicar una obra por el sello de Pound Ridge. “El trabajo musical de Steinbrüchel trata principalmente con texturas y atmósferas de sonido. En el estudio trabaja incansablemente en la creación de nuevos sonidos. La acumulación, colección y arreglo de esos sonidos es revelada durante sus sets en vivo. Los sonidos que uno escucha en su música forman patrones intrincados y paisajes espaciosos. En sus experimentos con sonidos creados electrónicamente, Steinbrüchel retrata un agudo conocimiento de la belleza. Sus producciones siguen una perfectamente sofisticada estética. Fluyendo con calma a través del oyente su música invoca un espacio brillante el cual invita al oyente a viajar dentro del sonido. Las composiciones y arreglos conceptuales de Steinbrüchel lo conectan al género de la ‘nueva música’ más que a la música de club, ubicando su trabajo más en el campo del arte sonoro digital”.

Sonido diseñado de manera artificial. La vasta obra de Ralph Steinbrüchel tal vez impida poder apreciar los muchos ángulos que su música posee, un universo amplio de notas que cruzan diferentes direcciones y van estructurando registros complejos aunque visualmente sencillos. Este álbum, sin embargo, puede ser visto como un punto y aparte, una colección unificada de piezas que condensan su arte, un punto destacado dentro de la su extensa cartografía auditiva. Y lo es no tan solo en lo material sino también en lo superficial. “Parallel Landscapes” es una impresionante obra de ruido digital presentada en una marco impecable de imágenes y texturas que forman un set único de sonido y formas. ‘Parallel Landscapes’ es el primer álbum solista del artista suizo Steinbrüchel para 12k, a pesar de su relación con el sello y apariciones en compilaciones, colaboraciones (‘Status’, con Frank Bretschneider), y lanzamientos breves (‘Mit Ohne’). Parece que Steinbrüchel estaba esperando para lanzar tan ilustre álbum, el cual no es solamente una edición de música sino también arte visual. ‘Parallel Landscapes’ consiste en un disco compacto en una funda para CD y un hermosamente impreso libreto de sesenta páginas a color con una cubierta estarcida con láser, conceptualizado y diseñado por Steinbrüchel, presentando fotografías de Taylor Deupree y un ensayo de Lawrence English. El libreto y la funda del CD están guardados en un estuche impreso dentro y fuera en blanco y negro en papeles contrastados”. Masterizado por Giuseppe Ielasi, este trabajo es un hermoso ensayo acerca del arte sintético, música creada a partir de datos que van conformando cristales resplandecientes. Steinbrüchel fabrica piezas de un reflejo diáfano. Construidas con archivos generados al interior de circuitos, estos rastros destacan por la limpieza de sus acabados, los que igualmente se encuentran rodeados de pequeñas interferencias como si fuesen manchas de polvo blanco enquistadas en el complejo entramado de tangentes. “La música de ‘Parallel Landscapes’ fue creada con el proceso creativo en mente. Steinbrüchel se comprometió a sí mismo con ideas de “diseñar” música en lugar de crear o escribir música, y con la importancia de la música existiendo con (o sin) una mejora visual. Las ideas de paisajes, a pesar de no ser nuevas en el mundo musical, fueron predominantes a través del proceso creativo. Música versus paisaje, música como capas horizontales dibujando nuevas curvas (paisajes) sobre archivos sonoros, acomodando un paisaje sobre otro y escuchando / viendo los resultados. Sin embargo, el álbum no es sólo acerca de combinaciones horizontales sino también intermedios verticales. ¿Qué sucede de un evento al otro? ¿Qué sucede cuando eventos son combinados? ¿Cómo la adición de un objeto (audio, visual) redefine otro objeto cercano a él? ¿Qué le ocurre a la mesa cuando una silla es colocada en frente de ella?”. Registros acústicos producidos dentro de una red de cables, esta obra contiene imágenes virtuales de una enorme belleza, ocho registros identificados numéricamente que mantienen una misma idea que se desarrolla en múltiples direcciones, a veces imperceptibles. “Parallel Landscapes”, líneas que se cruzan en una panorámica transparente, puntos diminutos que se posicionan dentro del espacio conformado por rectas infinitas. El músico alemán erige sus piezas con elementos que emiten un delicado brillo, una luminiscencia temporal que genera visuales visibles desde la distancia, pequeños cuadros de energía generando impulsos intermitentes en una delgada pantalla. Un ligero murmullo va dando forma a un paisaje de ínfimas señales, timbres metálicos que se mueven con calma a través de la superficie, una lámina es el fondo donde se sitúan de manera aislada estos objetos microscópicos. “01”, el primer esquema que sienta las bases de lo que es este trabajo, un estudio de electrónica frágil trazada con extrema minuciosidad. “02”, otra muestra de la claridad que emana de este álbum, un resplandor constante que se suspende en el aire, una luz eléctrica que crea un campo de fuerza leve intercalado por segmentos de interferencia sonora. Incluso existe una cierta rítmica oculta, golpes que parecen envueltos en un brumoso manto de color gris, apenas apreciable, como el que transcurre detrás de “03”, tras los ruidos encontrados. Toda esta obra está cubierta de cuerpos que en cierta manera contaminan la pureza original, aunque en el fondo comparten la misma composición, más bien parecen distintas gradaciones de una misma estructura nuclear. “04” se encuentra repleto de esas imperfecciones, al igual que “05”, un mar de tonalidades pálidas que transita con gran tranquilidad y que de todas maneras contiene esos estallidos mínimos. Además de todos estos elementos, en medio de todas estas angostas directrices, de manera casi fortuita emergen armonías, melodías cristalinas de una enorme levedad, notas ingrávidas flotando en la dilatada espacialidad. Se pueden percibir en “06” como en todos los otros registros. A veces puede parecer que no existen diferencias entre un tramo y otro, que cada pieza es la misma. No obstante, existen múltiples detalles, infinitas variaciones que alteran cada panorama. Ocurre en “01” como en “07”, y sus burbujas de líquido límpido, y en “08” mutación intangible de esta. Los tonos puros preservan la coloración tenue de “Parallel Landscapes”, delicados paisajes de electrónica detallista.

“Hay una gran cantidad de ideas exploratorias detrás de ‘Parallel Landscapes’ que hacen de este uno de los más ambiciosos proyectos de Steinbrüchel hasta ahora. Su música se ha vuelto cada vez más refinada, pero manteniendo siempre su marca sonora. Todavía empleando ideas de ondas senoidales y tonos puros pero ahora suavizadas con el tiempo, su paleta se amolda a través de la electrónica en una variedad de fuentes acústicas encontradas. Tonos de campana están en el frente, intercalados con crujidos de ruido y estática. Tonos son estirados a lo largo de un plano visual, como una campana siendo llevada a través de la tierra duplicándose a si misma por siempre. ‘Parallel Landscapes’ es cautivador y reflexivo, y fija un nuevo estándar en la producción creativa de Steinbrüchel”. Exhibiendo una estructura musical que posee una delicada pureza, este trabajo presenta una forma de sonido transparente, sistemas de audio donde se cruzan líneas sutiles en una gráfica inmaterial. Son muchos los segmentos que intervienen en este álbum, los que resultan en retratos diáfanos del paisaje exterior, segmentos que tienden a desaparecer en la claridad del diseño creado por Ralph Steinbrüchel. Esa claridad, la misma que está presente en el impecable artwork, en las preciosas fotografías de Taylor Deupree, hasta en el fino papel que sostiene los ínfimos píxeles irradia una luminosidad asombrosa. “Parallel Landscapes” es una impresionante obra construida por estruendos microscópicos que forman planos de ruido, con leves crujidos que se estremecen en el blanco paisaje. Electrónica minúscula formada por múltiples vectores de acústica digital.

www.12k.com, www.synchron.ch


378. Yellow Bell
mayo 1, 2015, 12:10 pm
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Yellow Bell

JASMINE GUFFOND
»Yellow Bell«
SONIC PIECES. 2015

A broad spectrum of musicality, floating within hazy electronics, lost vocals, and ambient dimensions”. Ruido electrónico y fragmentos de sonido, una pared cubierta de trazos largos y perlas diminutas, palabras que se extravían en medio de un entramado de acordes fantasmas. Ruido y electrónica que confluyen en composiciones complejas que parecen simples, estructuras microscópicas que se trenzan para formar directrices horizontales que se evaporan en los climas, una voz que se convierte en un eco distante perdido en la panorámica difusa. Jasmine Guffond nació en Australia en 1972, de madre suiza y padre francés. Su primera banda fue un trío llamado BA-KA, seguido de Alternahunk, agrupación de electrónica/rock donde tocaría el bajo. Más tarde vendría Minit en 1997, posteriormente Hiss, dúo de ambient improvisado, y otro par de aventuras (Organ Eye, Supercute Bye Bytes). Hasta finalmente llegar a Jasmina Maschina, el nombre que emplearía para desarrollar sus exploraciones individuales, proyecto personal con el publicaría un split con Golden Diskó Ship, “City Splits N°1 Berlin” (Monika Enterprise, 2010), y dos trabajos más, “The Demolition Series” (Staubgold, 2008) y “Alphabet Dream Noise” (Staubgold, 2011). Este es el antecedente directo de esta obra, la primera que emplea su nombre propio, un inicio para una historia sonora que se inició hace casi veinte años.

“Jasmine Guffond es una original creadora de sonido conceptual. Este primer trabajo bajo su propio nombre es su propio estudio, y si has escuchado sus anteriores proyectos Jasmina Maschina o Minit, no deberías sorprenderte con las diferentes fuerza motriz y fresca estructura de sonidos detrás de esta nueva aventura. Sin embargo, si estás esperando venas limpias, folk melódico o electrónica experimental pura, deberías cambiar tus expectativas”. Ignorando ese pasado esparcido en varias partes y direcciones, solo queda entrar a descubrir las muchas aristas que encierra este trabajo. “Yellow Bell” es otro producto más de esa boutique llamada Sonic Pieces, una interesante presentada con la delicadeza habitual del label berlinés, con una imagen en su interior de Ilan Katin y el impecable diseño de Torsten Posselt (FELD), más el hermoso packaging con tela hecho a mano por Monique Recknagel. En su interior, piezas que transitan por un estado hipnótico, un sueño constante donde las figuras pierden su definición, donde la realidad se distorsiona en espejismos visuales, un mar de notas que olvidan su certeza y se tornan imágenes borrosas. Jasmine Guffond construye piezas que se movilizan al ritmo de olas imprecisas, generando una confusión que adormece los sentidos hasta que uno ingresa en un trance auditivo. Compuesto, grabado y producido por la artista australiana, posteriormente masterizado por las hábiles manos de Nils Frahm en Durton Studio, esta obra presenta seis ensayos de acordes extendidos que de desplazan por planos suspendidos en el aire, un sonido inmaterial que penetra la sensibilidad interior hasta provocar un agradable adormecimiento. Folk ambiental disgregado en capas etéreas de electrónica expansiva, notas que se esfuman en la corriente cálida, piezas delicadas que provocan una sensación de letargo por medio de su minimalismo atmosférico. ‘Yellow Bell’ presenta un amplio espectro de musicalidad, flotando dentro de electrónica brumosa, voces perdidas y dimensiones ambientales. El balance entre sintetizadores digitales, loops, voces procesadas y guitarras crea un meticuloso paisaje sonoro que a la vez intriga y calma. Con su delicadeza e inmediatez, ‘Yellow Bell’ distorsiona la percepción del tiempo y crea un ambiente para el compromiso y entendimiento. Mientras crea su propia dinámica memorable, ‘Yellow Bell’ resuena con las capas infinitas de Grouper o lovesliescrushing, y resuena sobre los primeros sonidos electrónicos de la música concreta”. Ambas referencias aluden a formas ambivalentes. Jasmine Guffond elabora una música indefinida, ideas vagas que se retiran como lentas olas de las costas del ruido ambiental, composiciones que a partir de sonidos extensos van construyendo su estructura, dejando que su avance paulatino vaya internándose por los órganos sensitivos, una tonalidad universal de coloración amarilla. Un delicado susurro se desplaza de manera pausada, una planicie amplia de acordes que parecen estirarse a través del espacio, mientras caen pequeñas gotas que resplandecen al ser atravesadas por la luz. Un paisaje onírico que deja entrever voces escondidas en la lejanía, entre las múltiples láminas de electrónica tersa. “Yellow Bell”, siete minutos y cuarenta y dos segundos, solo una muestra de estos registros ambiguos, de la misma manera que “Elephant”, un resplandor eléctrico apartado: Guffond parece construir su música de acumular formas y colocarlas en un lugar separado, dejando percibir una idea de ellas, una impresión nublada de su materia. “Core Notions” mira hacia las estrellas, una recreación de un cielo ancho de fondo negro mientras astros oscuros, un sonido que se proyecta por todo el espacio, ese tono al que hace referencia el nombre de este disco. “El título ‘Yellow Bell’ proviene de una antigua tradición china a la que llegué mientras buscaba ideas / mitologías que conectaran el sonido con sistemas de armonía y estructura universal… La idea general de un tono fundamental que se relaciona con un lugar de la sociedad en el orden cósmico y la idea de que este tono debiese ser ajustado de vez en cuando está presente en toda la historia. Una explicación de la leyenda comienza en el tercer milenio antes de la Era Común. El Emperador envió a su matemático a las montañas occidentales y lo instruyó para que cortara tubos de bambú a partir de los cuales los fundamentos de la música podrían derivar. El tubo de bambú sobre el cual todos los otros tonos y medidas se basarían fue llamado el Timbre Amarillo, que fue considerado como un tono exacto que representaba un principio divino en armonía con las fuerzas del universo. Desde ese tiempo, cada siguiente dinastía con su nuevo fue obligada a recalcular la longitud del Timbre Amarillo. Este nuevo tono debiera redefinir el sistema completo de manera que fuera la mejor fundación matemática y espiritual posible, de esa manera trajera a la nueva dinastía en armonía con el orden natural del universo”. Cada nueva pieza es una nueva afinación, manteniendo un patrón común que se desarrolla a lo largo de este trabajo. Las pausas cadenciosas de “Useful Knowledge” conservan ese carácter sedoso, una suave fase climática donde los acordes más que ser pulsados son deslizados, siendo la voz de Jasmine un acorde más dentro de las muchas capas. Una canción que se desvanece en la piel, recuerdo de un sueño que se pierde en el brillo de la mañana. “Lisa’s Opening” reduce la velocidad, dejando vislumbrar sus formas en la superficie: electrónica ilusoria. “RR Variation”, en el epílogo, confunde diferentes materiales, una aleación de piedras preciosas que se funden con un calor abrasador que forma una gradiente ascendiente de ruido repetitivo incrustado de trozos minúsculos.

“A meticulous soundscape that both intrigues and calms… Distorts the perception of time and creates an environment for engagement and understanding”. A partir de trozos de sonido en bruto esta artista construye estas composiciones, empleando materia prima básica que se va desgastando hasta acabar en diamantes de un tenue resplandor. Jasmine Guffond crea en “Yellow Bell” hermosas piedras de ensueño, cristales disipados de acústica desvanecida.

www.sonicpieces.com, www.jasminamaschina.com


377. Hold
mayo 1, 2015, 12:00 pm
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Hold

JAMES WELBURN
»Hold«
MIASMAH. 2015

Like watching a massive twisting fire slowly fading into the open skies…”. Como una masa densa de una materia viscosa, como un fluido espeso que con su avance lento adquiere una estructura rocosa. Trozos de metal fundido y un líquido concentrado desplazándose por un suelo áspero, dejando manchas imborrables en la superficie, mientras el eco de una nota cubierta en óxido permanece resplandeciendo con su oscuro brillo en la noche pálida. Drones, acordes suspendidos y un ruido constante que permanece detrás de una arquitectura derruida. Con una historia musical todavía reciente, James Welburn entrega la que es su primera obra desarrollada de manera más personal, aunque con la participación de un segundo elemento primordial para la realización de sus composiciones. Antes, junto a Brendan Dougherty, Dave Symes y Tony Buck forma Projekt Transmit, con quienes hace varios años ya publica un trabajo homónimo, Projekt Transmit “Projekt Transmit” (Vitamin, 2008). Pasaría largo tiempo donde James desplegaría en escenarios y salas su fuerza y la intensidad de un ruido abrasivo, sets donde la pureza era contaminada por pequeños fragmentos que distorsionan el sonido hasta convertirlo en una energía agotadora. Un tiempo igual de prolongado era el necesario para terminar por destruir los bordes de esta obra de acordes abrasadores.

“Como observar un gigantesco fuego serpenteante desvanecerse en los cielos abiertos, acompañado por una sección de tambores tan repetitiva a la vez que muy compleja que no estás seguro si alguna vez se detendrá. Así es como comienza ‘Hold’, dejándote recuperar el aliento antes de que el álbum siquiera ha llegado a su segundo track”. Grabado y mezclado por James Welburn en Berlín , Oslo y Lillehammer, entre el 2012 y el 2014, masterizado posteriormente por LUPO en el invierno de 2014, “Hold” resume las primeras aproximaciones individuales al sonido, una reconstrucción de un material ensayado durante horas y horas de exploración al interior de un murmullo ensordecedor. “James Welburn se adentra en las cenizas cubiertas en drones y ruido junto con su compañero en la batería Tony Buck (The Necks), produciendo un álbum debut terriblemente épico. Proveniente del Reino Unido, ahora establecido tanto en Berlín (Alemania) como en Lillehammer (Noruega), James ha estado en un camino para atrapar el drone perfecto a lo largo de los últimos años, tocando una gran cantidad de sets de drone subterráneo y noise en Berlín y Noruega. Esto se puede escuchar en ‘Hold’, aunque dispuestos en un marco extraordinariamente producido, más cercano a los recientes trabajos de Swans que al crudo ruido de aquellos primeros shows en vivo”. Es Tony Bucks, quien fuera su compañero en Projekt Transmit quien nuevamente esta junto a él, detrás de él, construyendo los ritmos que Welburn se encarga de destruir. Acordes recubiertos de óxido, notas que se mantienen en la atmósfera aumentando su densidad, patrones rítmicos que refuerzan el vigor que enana de las cuerdas metálicas, una intensidad que absorbe, consumiendo el oxígeno, tornando el ambiente irrespirable, como una nube de polución que congestiona las vías respiratorias. “Es difícil etiquetar demasiado el álbum en un estilo, tanto como se mueve en partes inspiradas por todo, desde el shoegaze al black metal, todo desarrollado en un estado de repetición interminable”. Efectivamente es difícil determinar de manera precisa una personalidad única que pueda encerrar este trabajo. Ruido ambiental expresado en armonías repetitivas que se movilizan sobre estructuras libres a la vez que reprimidas, dentro de unos marcos estrechos que pronto se salen de su curso hasta derribar cualquier edificación que se interponga en el camino. Primero emerge un zumbido desde una región olvidada, enterrada bajo la superficie de la tierra, segundos que emanan desde un torrente subterráneo, hasta que esas formas indistinguibles se vuelven más gruesas, un estruendo silencioso que se convierte en una turbiedad palpable, acompañada del insistente replicar de la percusión. Las líneas que Welburn va dibujando pronto pierden su trayecto, unos rasgos que se deforman por el calor vivo y que, sin embargo, conservan una verticalidad. “Naught”, casi diez minutos de un acorde que se reitera sufriendo pocas alteraciones externas, solo una alteración interna. “Peak” mantine esa indefinición que por momentos invadió “Naught”, un estado de tensión constante y sonidos indeterminados que envuelven los acordes minimalistas, una sensación extraña que se esparce por la habitación generando un miedo a permanecer en ella, ruido claustrofóbico con cristales que emanan un brillo plateado. La cierta calma se quiebra nuevamente con “Shift”, un ritmo incansable rodeado de minerales descompuestos: una nebulosa estructura de metal negro. Solo “Transience” parece tener una forma más normal, solo que inserta en esa red de confusión auditiva, similar en cierto sentido a “Duration”, dos maneras de enfrentar el drone, desde la aceleración contenida y la distorsión sombría, esquemas difusos que provocan un efecto que modifica la percepción de la realidad. Luego de la opresión, los instantes finales insisten en la intensidad, aunque revelada de manera diferente. “Hold”, minutos donde la angustia es más profunda, una herida desde dentro de la piel, hemorragia interior con notas que se derraman en las cavidades bajo la dermis, un resplandor opaco que se desplaza con una letanía que hipnotiza, una traslación lenta de cuerpos que arrastran suciedad y un hermoso ruido.

“James Welburn steps into the ashes covered in drones and noise… It shifts and turns into parts inspired by everything, all set in a state of endless repetition”. Después de haber construido piezas durante las horas bajas, las que después se irían deteriorando, James Welburn, junto a Tony Buck, reconstruye a ciegas paisajes nocturnos, estructuras repetitivas de formas confusas, notas ásperas en la brillante oscuridad. “Hold” es una sustancia densa formada por un ruido de tonalidad opaca.

www.miasmah.com


376. FOLKLORE + 三月十六日
abril 1, 2015, 2:20 pm
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AOKI, hayato & haruka nakamura 03

FOLKLORE

AOKI, HATATO HARUKA NAKAMURA
»FOLKLORE«
»三月十六日«
FETE MUSIQUE. 2015

Un amanecer de colores azules que se destiñen, la decoloración de la oscuridad que va cubriendo el paisaje de una tenue luminosidad. Un atardecer de tonalidades doradas que comienzan su tránsito hacia tintes más opacos, la coloración de las horas y la caída de la luz y su reflejo. La intensidad que queda en ese espacio intermedio queda extraviada, quizás debido a que su exaltación impide apreciar las formas menos evidentes y las superficies más delicadas. Quizás por eso algunos sonidos se adecúan mejor a esos momentos límites, cuando la radiación del sol eses más débil, cuando comienza a brotar desde el horizonte, en el momento que la rotación se aleja de sus líneas de destellos solares. Esos instantes de indefinición horaria son el hogar para una música de texturas tersas, melodías de una belleza inagotable, espacios transitorios en el tiempo que dejan una rastro que no se borra fácilmente. Ruido áureo desgastado que emite un leve fulgor. “AOKI,hayato (born 1978) is a Japanese musician and graphic designer based in Tokyo”. Esta escueta frase resume la biografía del artista japonés AOKI, hayato, músico que él solo ha publicado una serie de trabajos, la mayoría desconocidos, a través de su propia editorial. Entre ellos se encuentran “Guitar Solo #1” (Grainfield, 2007), “Round-Scape” (Grainfield, 2008), “Morning July” (Grainfield, 2008), “Morning October” (Grainfield, 2009), “Atelier” (Grainfield, 2009) y “Equivalent” (Grainfield, 2014), todos ellos presentados de una hermosa manera. Por su parte, haruka nakamura es un compositor nacido en 1982 y originario de Tokio, Japón. De niño haruka aprendió a tocar el teclado y la guitarra por su cuenta. Alrededor del 2006 comienza a desarrollar su carrera con una serie de presentaciones y un primer registro, un demo bajo el nombre de nica llamado “Melodica” (2006). El año siguiente publicaría su primer trabajo oficial, “Afterglow” (Schole, 2007), un split junto a Akira Kosemura. Con el tiempo seguirían otros proyectos como Kadan, LABO, y el encargo para la composición de música para H.P France, PARCO, mame y evam eva. Pero continuaría de forma esporádica la edición de sus delicadas piezas recogidas en otros tantos álbumes como “Grace” (Schole, 2008), “12 & 1 Song” (Kitchen. Label, 2011), este junto a Janis Crunch, “Melodica” (Hyde Out Productions, 2013), “Lamp” (Hyde Out Productions, 2014) y, recientemente, “音楽のある風景” ( Kitchen. Label, 2014). Sin embargo, el recuerdo más vivido que de sus panorámicas sobre el ocaso es con “Twilight” (Kitchen. Label, 2010) [271], ese impecable trabajo, una de los más maravillosas obras publicadas en los últimos años que he podido escuchar, donde “da muestra de como la imagen extendida del sol tenuemente va decayendo, mientras las horas marchan en su avance. Figuras lánguidas se forman cuando los objetos descansan del brillo inagotable, el que se dirige a su lenta letanía… Ambient acústico, jazz contemplativo, música de cámara moderna de temperatura cálida que reconforta el oído, un descanso del movimiento. Su carácter eminentemente instrumental actúa como un refugio a la agitación constante y agobiante de las jornadas interminables. Luego de escuchar demasiadas voces, demasiadas palabras, me he sentido un extraño, algo incómodo. Estas piezas actúan como un hogar que aliviana la carga de la vida… El resplandor del sol, en los momentos en que decae, no deja de iluminar. Pero ese descenso y la desfragmentación de la luz producen un efecto de multiplicar los colores sobre la superficie sobre la cual esta cae, desde la claridad hasta la oscuridad. Una paleta cromática en declive, el ocaso del fulgor y su tintura. Las notas desplegadas por Haruka Nakamura crean también un patrón multicolor en tonalidades apagadas, hermosamente débiles… El crepúsculo y su esplendor desteñido se propagan como destellos en este sueño de los días. “Twilight” es un descanso de las estaciones cuando estas comienzan su decoloración”.

Mientras los días avanzan con su cansancio habitual, unas notas que se aproximan desde la distancia envuelven con un manto de seda el desgano. Canciones nacidas en el viaje, canciones surgidas en estadías pasajeras que se van acumulando junto a recuerdos y aromas. AOKI, hayato y haruka nakamura se encontraron, se conocieron, viajaron. Lugares esparcidos en el territorio, sitios donde reunirse a dejar que los acordes fluyan de manera libre, espacios donde de forma espontánea una nota se va sumando a otra, y esta a otra más, así hasta que composiciones sencillas manan de manera natural, como melodías abiertas que nacen desde el bucólico panorama. AOKI, hayato y haruka nakamura publican su primera obra, una colección de canciones capturadas en el tiempo. “Una pieza musical nacida de algunas canciones y viajes. ‘FOLKLORE’. Con dos guitarras, a veces un piano (y ambiente), un diario de viaje melódico de dos músicos. En 2012, AOKI, hayato y haruka nakamura se encontraron en el recital del tercer aniversario de Ame to Kyujitsu. Los dos decidieron entonces formar un dúo. Su primer álbum ‘FOLKLORE’ fue lanzado por fete musique en otoño de 2015”. Este corresponde a la primera publicación de fete musique, el sello creado recientemente por Masayuki Tanaka. Esta reunión entre los dos músicos japoneses contiene instantes de abrumadora sencillez, acordes que se mueven de manera pausada, como si fueran grandes ramas de árboles ondeadas por el viento. Dibujos acústicos que se desplazan con tranquilidad mientras la vida transcurre aceleradamente en el exterior, apuntes de extrema suavidad que transitan por un costado del camino, por la ribera de una pradera florida. Son piezas que permanecen casi en su estado primigenio, una prístina belleza de la cual se puede percibir todas sus formas, su color, piezas que dejan brotar el olor del barniz, que dejan oír el crujir de la madera. Esos hogares efímeros sirvieron para que estas canciones fueran madurando, hogares que cambiaban de una semana a otra durante meses. Un diario de viaje donde las composiciones afloran de modo no premeditado, mientras se van acumulando al ritmo quieto de las estaciones, al pasar de los climas. “Al igual que en una road movie, los dos han viajado y presentado música, para recolectar lo que han encontrado, los paisajes que han visto, y los sentimientos que brotan en esos momentos. ‘FOLKLORE’ es un registro en desarrollo de su viaje que aún continúa”. Un álbum registrado en momentos extraviados, anotaciones al margen de la cotidianeidad, AOKI y nakamura presentan esta obra donde a partir de estructuras simples se van tejiendo arreglos que realzan el valor de esa simplicidad, decorando de manera elegante los acordes, cubriendo con sobriedad sus formas desvanecidas. Piezas breves que encierran el calor de una tarde despejada, cada uno de estos momentos de musicalidad transmite una agradable familiaridad, música que se puede palpar, sentir con las manos. “AOKI y nakamura registraron este álbum ellos mismos. Han sido piezas construídas una por una por casi un par de años, conjuntamente con sus actividades de presentaciones en vivo. A pedido de ellos, el álbum fue masterizado por Gen Tanabe, de Water Water Camel”. La forma también de entregar esta obra se relaciona mucho con lo que en ella se contiene. Una hermosa caja de cartón con el texto escrito utilizando impresión tipográfica en dorado sobre la superficie granulada del hojas acumuladas,, las palabras resplandeciendo sobre un fondo de texturas orgánicas, los dibujos de AOKI en el interior en color negro ilustrando estos sonidos, el CD dentro de capas de papel que protegen sus notas. Una maravillosa manera de exponer el arte que, según ellos, tiene que ver con lo expuesto, con la forma de percibirlo. “AOKI diseñó él mismo el package del álbum, y además creó el artwork. La fábrica de papel artesanal Takeuchi, quienes manufacturan cajas de papel para YAECA y CLASKA, trabajaron con la caja del CD. A través del concepto del package, AOKI y nakamura intentan transmitir la existencia y textura de su obra. Al abrir las fundas, al sacar el disco, y al tocarlo. AOKI y nakamura firmemente creen que toda esta secuencia de acciones son vitales para aceptar su música”. Luego de abrir la funda, sacar el disco, reproducirlo, empiezan a emerger los depurados acordes, un ruido terso de notas que transitan de manera amable por sus líneas abiertas, un mar pacífico de melodías trazadas en el horizonte tardío cuando la luz desciende. Un segundo y el silencio. Dos segundos y el movimiento de las manos sobre el mástil conjuntamente con las primeras notas que dejan espacios sin llenar antes que surja el impulso que dejará caer la siguiente nota, los dedos sobre las cuerdas esbozando un ruido orgánico. “I”, noventa segundos para entrar en la magia de minúsculos estruendos auditivos, una de las varias composiciones compartidas entre AOKI y nakamura. Otras serán creaciones individuales desarrolladas conjuntamente. Como “days”, a cargo de hayato, que en realidad es una adaptación de la tradicional “Dives And Lazarus”, o como “FOLKLORE”, otra composición de hayato, un instante donde se cruzan las cuerdas formando una trama de puntos que brillan con un una gran nitidez, resplandor cristalino de los hilos de nylon entre los que surgen hermosas melodías construidas de manera casual, una artesanía acústica de tonalidades gastadas como la madera que actúa de soporte a su resonancia dorada. Ese es solo el tercer capítulo de los catorce que comprende “FOLKLORE”. Composición e improvisación, esa es la labor realizada por AOKI, hayato –“guitar / armonica”– y haruka nakamura –“guitar / piano”–, una tarea que parece fluir con naturalidad en sus manos. Las siguientes canciones se suceden una tras otra, formas similares con matices que descubren sobre el paisaje. La lenta tristeza de “call”, la incandescencia nocturna de メア y su reflejo de electricidad a medio encender, el balanceo de “fog”, la lluvia que envuelve con su rítmica fluvial las inscripciones fugaces de “夕べ”, la que permanece por unos segundos durante esa brisa de folk ambiental que es “水声”, gotas de piano sobre cuerdas deslizadas con delgados hilos. もうひとつの時間 regresa al suelo, a la tierra y sus granos húmedos. “TALKING” emplea una partitura del músico  japonés Haruomi Hosono, la serenidad hecha arte. “灯り” multiplica las hebras de sonido mientras que “XII” parece ser solo una reflexión en mitad de la noche. “coda” esta envuelta de una luminosidad borrosa, un lente desenfocado rodeando sus estructuras,  contrario que la melodía cristalina de “g.”, notas diáfanas de una infinita delicadeza. Ese parece ser el final, el epílogo de una obra de sublime sencillez. Sin embargo, por fortuna no lo es. Al interior de la caja de “FOLKLORE” se encuentra otro disco, anterior a este, el número FETE–001 de este novel catálogo. Una carpeta de cartón encierra un CD, FETE—000, álbum escondido que incluye más registros donde extraviar la mirada. “三月十六日”, marzo dieciséis. Tres grabaciones pertenecientes a un mismo día, tres grabaciones extensas donde las estructuras se dilatan aún más, permitiendo que las formas orgánicas se desarrollen con todavía más calma. Notas distendidas que AOKI, hayato y haruka nakamura despliegan con total relajo, formas de audio confortable surgidas en una noche al final del invierno. Como una prolongación de sus estadías pasajeras, los dos músicos se dejan llevar por la debilidad de las horas finales y recogen esta coda donde melodías delineadas retratan la ausencia de luz a través de su recuerdo diluido en colores imprecisos. “三月十六日” es como una pintura de tonalidades que se pierden una en la otra, un paisaje donde el blanco se inmiscuye con el gris, donde el naranja se confunde con el azul marino. 二一時二〇分, veintiún horas y veinte minutos, formas pulsadas con una asombrosa suavidad, arpegios tocados con firmeza pero que, al mismo tiempo, parecen susurrar su canto instrumental, insinuando sus acentos y pausas. 二一時五七分, veintiún horas y cincuenta y siete minutos, fibras de sonido trenzadas durante largos minutos que marchan dejando puntos que resplandecen al igual que las chispas de una fogata. 二二時三八分, veintidós horas y treinta y ocho minutos, guitarra y piano, apuntes después de cuando el atardecer se vuelve sombra, oscuridad externa y refulgencia interna, una refulgencia desde el interior de las cajas de resonancia expulsada en acordes reposados que transmiten una hermosa melancolía. El tiempo se detiene afuera, el reloj del espectador se suspende, el cronómetro interrumpe su movimiento mientras se disipan las horas. La música para de sonar, el tiempo vuelve a transcurrir.

“A piece of music born of some songs and journey… Two of them have traveled around and performed music to recollect whom they have encountered, the scenery they have seen, and the welling up of feelings at those moments… A document in progress of their journey still ongoing”. Una travesía todavía en curso, este trabajo de los dos artistas japoneses es un maravilloso recorrido por lugares y sensaciones alejadas de la convulsión cotidiana, canciones espontáneas surgidas en horas tardías. Esa es la manera en que transcurren los eventos en “三月十六日”, de esa forma acaecen los sonidos que brotan de “FOLKLORE”, una hermosa obra de cuerdas enlazadas, notas al margen elaboradas artesanalmente a partir de hebras trenzadas de manera natural. AOKI, hayato y haruka nakamura retratan el paisaje que declina con la luz solar con notas de ruido terso, conservando su tonalidad áurea entre sus filamentos acústicos.

www.fete-musique.tokyo.jp, www.grainfield.net/aoki, www.harukanakamura.com


375. Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein
abril 1, 2015, 2:10 pm
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Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein

REINHOLD FRIEDL
»Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein«
BOCIAN. 2015

Notas que viajan en el espacio, un movimiento impredecible que provoca una hermosa confusión interior, una organizada desorganización de sonidos transitando en órbitas alrededor de la atmósfera creando un pequeño cosmos de armonías indescifrables. De pronto el silencio se convierte en un complejo tejido de partículas de ruido que se desplazan alrededor de los objetos, un universo en expansión constante con cuerpos celestes dibujando trayectorias imaginarias hacia el vacío, desde un centro inestable hasta una distancia imposible de cuantificar. Reinhold Friedl es un músico alemán nacido en 1964, desde 1987 radicado en Berlín, que estudió piano con Renate Werner, Alan Marks y Alexander von Schlippenbach, y luego matemáticas y musicología. Pese a tener una amplia historia, solo a partir de este milenio comienza a publicar su propia obra, así como interpretaciones de otros compositores, normalmente en colaboración con otros artistas como Michael Vorfeld, Elliott Sharp, Bernard Günter, Marcel Türkowsky, Ensemble Sondarc, Bernhard Schütz, Franck Vigroux, Dirk Dresselhaus, Markus Weiser y Franz Hautzinger, obras publicadas por sellos como Trente Oiseaux, GROB, Emanem, Room40, Happy Zloty, Asphodel, Bôłt, Alamuse y Blume. Uno de sus proyectos más interesantes es el ensamble Zeitkratzer, del cual es su fundador y director, y con el cual ha publicado numerosos trabajos. Solo el pasado año aparecieron dos de ellos, ambos revisados en este espacio. Uno de ellos fue “Lou Reed Metal. Machine Music” (Zeitkratzer, 2014) [340], una reinterpretación de aquel trabajo de Reed donde “la nueva versión/ interpretación/ reconstrucción por parte de Zeitkratzer se erige como una obra nueva que surge de los escombros de una edificación todavía impresionante. Friedl y su ensemble de sonidos crean, a partir de un cuerpo en apariencia indescifrable, una trascripción del concreto y la electricidad deteriorada en extensas e interminables piezas de sonido que se desplazan a través de la acústica del drone infinito, la belleza del ruido encriptado”. El otro fue “Zeitkratzer + Keiji Haino” (Zeitkratzer, 2014) [355], trabajo que forma “una enrevesada trama de sonidos y notas, un plano múltiple de ángulos agudos que configuran una red abrupta de armonías imprevisibles, cada actor contribuye a crear este muro de sonidos cortantes. La instrumentación de Zeitkratzer y, sobre todo, la corporalidad de Haino consumen el espacio y el tiempo en su vorágine en monocromática, como un cuerpo celeste opaco de que envuelve la materia. Una substancia oscura de ruido acústico”.

Dejando aparte por un momento aquella agrupación libre, Reinhold Friedl edita un nuevo trabajo que es una especie de conclusión transitoria de un proyecto que desde hace un tiempo viene desarrollando. Acá podemos apreciar los distintos matices que este artista es capaz de crear, las distintas formas que el sonido puede tomar a partir de un solo instrumento. Friedl exhibe en esta obra toda su teoría sonora desplegada en una impresionante práctica de apuntes que exploran e indagan en la matriz del ruido y sus incontables posibilidades, infinitos eventos acústicos que se propagan en el ambiente formando una constelación de música microscópica. “En abril de 2003, Reinhold Friedl fue invitado por Elke Moltrecht, la anterior curadora musical de Podewil en Berlín para presentar un recital de piano en el Nei–Bechstein. Ella tenía la idea de juntarlo con David Balzer, un constructor de pianos radicado en Berlín, quien posee un hermoso Neo-Bechstein, de los cuales sólo existen diecisiete ejemplares conocidos en el mundo. El concepto de Friedl fue crear un “sonido de orquesta” usando sus técnicas del interior del piano en el Neo-Bechstein. Entre 1929 y 1931 el físico Walter Nernst y su asistente Hans Driescher desarrollaron el piano de cola Neo-Bechstein en el Instituto Heinrich Hertz en Berlín. La idea era construir un instrumento para transmisión de radio en vivo, debido a que micrófonos de buena calidad no existían para este propósito. Este fue, coincidentemente, un tiempo difícil para la industria del piano. Los fabricantes de piano intentaban ser modernos, y Bechstein incluso incluso tenía su propio departamento para instrumentos de música electrónica, y esto parecía ser el futuro. La principal diferencia con un piano tradicional es que, en lugar de amplificar las cuerdas con la ayuda de una caja de resonancia de madera, son transformados por dieciocho pastillas humbucker en señales eléctricas. Estas señales son enviadas a una válvula de amplificador y transmitidas por un parlante mono. Como el piano ya no necesita una caja de resonancia, los tradicionales martillos mecánicos deben ser hechos de manera diferente y mucho más livianos. Muchas sofisticadas transformaciones técnicas fueron hechas”. El futuro fue hace más de ochenta años, el futuro es ahora. Grabado en el Elektronisches Studio der Technischen de la Universidad de Berlín, este álbum presenta una versión condensada en una pieza que muestra las múltiples formas que Friedl extrae de este instrumento. “Su amplificación se ajusta perfectamente con la técnica inside-piano desarrollada por Friedl, debido a que esta forma de amplificación mejora el sonido de las cuerdas… El hecho que las dieciocho pastillas del Neo–Bechstein pueden fácilmente ser convertidas de su salida mono en un sistema multicanal hace de este piano ideal para las composiciones de espacialización sonora”. Con la colaboración de David Baelzer en la construcción y la ayuda directa de Sukandar Kartadinata –fader-board, software–, Friedl desarrolla esta composición que viaja por el aire diseñando líneas de sonido que transforman el espacio. “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” es casi una hora completa de múltiples variaciones de una raíz intervenida, un mismo plano secuencia desde donde emergen millones de radios interrumpidos por otras directrices, una impresionante gráfica de sonidos que van desde un lugar al otro, desde un ángulo a su posición opuesta. Durante los cincuenta y seis minutos por los que se prolonga este álbum podemos percibir infinidad de grados, una escala creciente de tonos que se desdoblan a partir de un punto en la realidad. Momentos de quietud, momentos de violencia, instantes que se suceden desde el vértigo hasta la inmovilidad. Las distintas formas que adopta el sonido permiten capturar en parte la vorágine que supone presenciar directamente esta obra, entrar en sus círculos constantes. “Los canales individuales fueron grabados y micrófonos adicionales fueron colocados en la habitación para registrar la espacialización en doce parlantes. La grabación estéreo de este CD da una impresión de la versión espacial, intercalando los canales de modo que la espacialización es perceptible”. Notas que se extienden generando una red de armonías ininteligibles, Reinhold Friedl crea una una trama enrevesada a partir de los sonidos que separa desde su fuente, desde el piano y los objetos colocados en su interior. Una música que afecta el exterior, alterando su composición, modificando su estructura física. “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” es una composición corpórea, una sustancia real que se filtra por conductos invisibles hasta atravesar la materia y alterar su estructura nuclear. Finalmente una radiación contamina el cuerpo acústico hasta que su luz desaparece en una densa e intensa oscuridad.

Tan solo una aproximación a lo que es su desarrollo en directo, esta adaptación igualmente transmite esa sensación de desvanecimiento, una dinámica compleja que se desplaza por el aire, una transfiguración de la realidad a través de incesante movilidad y silencios que generan canales de vacío entre el plano auditivo. Reinhold Friedl erige en “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” una estructura indescifrable de geometría acústica.

www.bocianrecords.com, www.reinhold-friedl.de


374. The Summoner
abril 1, 2015, 2:00 pm
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The Summoner LP

KRENG
»The Summoner«
MIASMAH. 2015

Sonidos en el límite de la realidad, poemas ininteligibles escritos sobre piedra, las runas de un ruido que solo puede ser visto en las sombras, un ruido visible en la oscuridad. Un estado hipnótico de notas que cortan el aire, una sensación extraña e inquietante que traspasa la luz y transita por el inconsciente. Desde el comienzo la música creada por Kreng habita en los rincones ocultos de la memoria, transitando por una realidad paralela, escondida, creando estrechos pasajes de acordes velados. Kreng es Pepijn Caudron, músico y actor nacido en 1975 en Alost, Bélgica, cuyo interés por los sonidos viene directamente de sus padres, lo que lo llevaría tempranamente a formar parte de varias bandas en su adolescencia, interés luego transformado en el uso de samples. Sin embargo, el cauce se dirigiría posteriormente hacia el teatro y la actuación, lo que no evitó su desarrollo musical, el cual se desplegaría a través de este nombre, Kreng. Luego de dos trabajos breves, “The Pleiades EP” (Fant00m, 2007) y “Zomer (EP)” (Fant00m, 2008), Pepijn Caudron recalaría en Miasmah. El sello noruego-berlinés de Erik Knive Skodvin publicaría la obra posterior de Kreng, el hogar perfecto para acoger su clasicismo opaco. Por ese label aparecerían “L’Autopsie phénoménale de Dieu” (Miasmah,2009), “Grimoire” (Miasmah, 2011), “Works For Abattoir Fermé 2007–2011” (Miasmah, 2012), recopilación para sus creaciones para la compañía teatral del mismo nombre, y otros lanzamientos breves, “Monster” (Miasmah, 2012) y “…And Then In The Morning” (Sonic Pieces, 2013), este en la serie de siete pulgadas del sello de Monique Recknagel.

Después de aquel resumen Caudron vuelve a crear una obra individual y personal, independiente de su relación con las artes escénicas. “The Summoner” es un trabajo que se sumerge en las cavidades más profundas del sueño, música de una enorme carga emotiva que se sumerge en espacios desconocidos. Cuerdas que crean armonías intrigantes, vacíos impenetrables, una inmensidad auditiva comprimida en pasajes irreales. Kreng construye piezas que parten de estructuras clásicas, y que poco a poco van perdiendo luminosidad hasta decaer en las sombras más profundas. Y lo hace utilizando cuerpos reales, una materialidad acústica de la que extrae toda su sonoridad, cuerpos de ruido que expulsan una masa irregular de notas divergentes y energía contenida.‘The Summoner’ llega cuatro años después del último álbum de Kreng, y tres después de la enorme retrospectiva ‘Works For Abattoir Fermé 2007–2011’. Mucho ha sucedido entre medio, y su nueva grabación puede ser vista como una desviación de lo antes mencionado. Su más personal trabajo hasta la fecha, ‘The Summoner’ está basado en las cinco etapas del luto, y fue hecho luego de un año de perder a muchos amigos cercanos. Material con el que costó mucho trabajar, este decidió agregar un sexto estadio, titulado ‘The Summoning’, que fuera capaz de llegar al finalé, ‘Acceptance’. Grabado el pasado año, el último trabajo de Kreng remueve la superficie de la tierra hasta alcanzar el subsuelo, túneles subterráneos por donde se conduce esta energía sombría. “The Summoner” es una obra de solo seis piezas que, a diferencia de sus álbumes previos, a diferencia de la forma original como nació este proyecto, utiliza instrumentos reales que le dan otro matiz a sus composiciones, conservando ese carácter tétrico que se hallaba presente en el comienzo. Escenas perdidas, planos desenfocados, textos manchados con tinta azul petróleo, Caudron crea sonidos desde un punto extraviado en la mente, los que desembocan en un torrente de tensa quietud y éxtasis reprimido. Cada una de estas piezas posee un aura gris, acordes abatidos que se desplazan con un enorme peso sobre ellos, arrastrados sobre un suelo áspero, formas extendidas y desiguales que permanecen en un estado de suspenso constante. “Conjurando el espíritu de György Ligeti, la primera mitad del álbum está hecha enteramente con doce músicos de cuerda, siendo dirigidos para tocar alrededor, hacer clusters de ruido y crescendos, moviéndote entre ‘Denial’, ‘Anger’, ‘Bargaining’ y ‘Depression’. De hecho, The Summoner es el primer álbum de Kreng no hecho de hordas de samples. Música para realmente sumergirse en ella. Siguiendo con la segunda parte del álbum, giros y vueltas se apoderan de él, y es difícil saber dónde exactamente estás. Los órganos encantados de ‘The Summoning’ y las cámaras llenas de humo te llevan a una trascendental muralla de guitarras, baterías y bajos cortesía de la banda de doom belga Amenra. Dejándote en un estado de shock, el álbum cierra en una increíblemente sentida y tranquila forma con la apropiadamente titulada ‘Acceptance’. Seis movimientos, notas que avanzan con una letanía que estalla repentinamente, precedidas de un gran silencio. Una atmósfera que se apodera lentamente del espacio, consumiendo la energía solar hasta quedar el ambiente cubierto por un eclipse estelar. Notas susurradas, armonías insinuadas, una incertidumbre que se apodera de los segundos que se hacen minutos, cuerdas que emiten un sonido invisible mientras objetos de ruido rodean sus formas lineales. Hasta que la quietud se convierte en un estruendo solemne, que pronto volverá a ser inmovilidad aparente, que nuevamente será un estallido acústico. “Denial”, primera fase del sueño. “Anger” nace de la misma idea, variaciones sobre el sonido que avanza con un letargo absorbente, un ruido sofocante que envuelve con sus manchas oscuras expresadas en acordes que parecen no tener figura. Son como imágenes difusas que se ahogan en un mar turbio. Lo mismo ocurre en “Bargaining” y ese grito fantasmal desde el más allá. “Depression” concluye esta primera parte con su solemnidad en negativo. “The Summoning” ocupa casi toda la segunda parte de este álbum, una pieza interpretada por Amenra, banda de doom metal, quince minutos donde la electricidad se acomoda a las formas desarrolladas previamente, donde la fuerza destructiva es encerrada en una cámara hermética de sonidos que se desvanecen y melodías destempladas, luego convertidas en riffs densos y de una inmensa gravedad que los hace descender hacia el calor bajo las capas terrestres, hasta oír las voces del mismo infierno. “Acceptance” es una hermosa composición con piano y murmullos que parecen el tenue aullido del viento, delicados apuntes, soplidos que irradian una luz infinita después de la abismante oscuridad que iluminó esta obra.

Negación. Ira. Negociación. Depresión. Emplazamiento. Aceptación. Pepijn Caudron ha construido un trabajo desde el dolor, el cual es expresado en estas piezas de tonalidad sombría. “The Summoner” es la herida expuesta a través de cuerdas desvanecidas y grandes espacios vacíos. Kreng muestra su propio sufrimiento por medio de notas de una solemne tristeza y el enorme silencio que queda entre medio. Un ruido discreto de acústica opaca.

www.miasmah.com, www.abattoirferme.be


373. They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them
abril 1, 2015, 12:20 pm
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Robert Curgenven ©Lihuen Galli 02

They Tore The Earth And….

ROBERT CURGENVEN
»They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them«
RECORDED FIELDS EDITIONS. 2014

El ruido de la tierra mientras esta se desgarra a pedazos, el estruendo silencioso de las capas subterráneas, un suelo que se erosiona con una velocidad vertiginosa, melodías erosionadas en cuyas estructuras invisibles se esconden minerales convertidos en polvo de estrellas muertas. Por otro lado, la política inmobiliaria crece de manera irracional, dejando vacíos de soledad debajo de sus columnas de acero. Fueron ellos. Somos nosotros. La relación entre la tierra y los desplazamientos humanos vuelve a ser explorada por el artista australiano Robert Curgenven. Antes fueron las migraciones, ahora la colonización. Curgenven desarrolla a través de su trabajo formas auditivas que exploran el impacto que la realidad produce en la tierra, formas que integran sus sonidos capturados y reproducidos sin procesamiento alguno conjuntamente con notas de una enorme fuerza física, a pesar del mutismo en el que parecen habitar. Texturas orgánicas, estructuras mecánicas y ruido natural convergen en composiciones de una corporalidad abrumadora y una poética melancólica. Después de “Oltre” (LINE, 2012), el primer trabajo que de él conocimos, vendría un acercamiento mayor de su obra, la cual no es tan extensa en comparación con otros músicos, pero tanto o más interesante. Sus creaciones normalmente se desarrollan a lo largo de varios años donde cada sonido va tomando su lugar, un lento proceso de adaptación que culmina en piezas de gran impacto sensitivo. Para ello, para poderse permitir esa evolución natural es que existe Recorded Fields, ahora Recorded Fields Editions, para publicar de manera libre su música. A través de esa plataforma es que aparece este trabajo, por medio de ella es que a mediados del año pasado publicó “SIRÈNE” (Recorded Fields Editions, 2014) [337], una impecable obra que estuvo entre lo más destacado de la reciente temporada, un trabajo donde “la historia personal se mezcla con la búsqueda sonora y termina confluyendo en este trabajo que es una especie de recapitulación de su desarrollo como artista iniciado hace mucho tiempo, una búsqueda de sonidos encriptados que fluyen de manera misteriosa por los estrechos pasajes de la música transparente… Las partículas de audio viajan por trayectos desconocidos, trazando vías por las cuales pareciera que la materia prima, el impulso inicial, se transforma en frecuencias comprimidas de un ruido que absorbe el aire… La naturaleza acústica del estruendo primario se transforma al traspasar el brillo de la oscuridad en una membrana indeterminada de ruido espectral. Aún se pueden ver rastros de su origen, vestigios de su prístino carácter, pero solo quedan convertidos en eso, sombras del pasado que ahora reverberan en el espacio abierto como un recuerdo borroso, manchas indefinidas de ese temblor original. El sonido orgánico queda reducido a escombros estrechos de algo que en el trayecto del tiempo y producto de un proceso gradual cambió de estado, de una forma sólida a estructuras líquidas, casi vaporosas, formas desvanecidas… “SIRÈNE” es también una migración en sentido opuesto, si es que algo similar a eso existe, desde el punto de vista geográfico como personal, compositivo y auditivo. El recuerdo enterrado de ancestros que dejaron su suelo para asentarse en nuevas tierras es desempolvado, rastros perdidos que también significan un encuentro con raíces abandonadas en terrenos húmedos junto al ruido del exilio voluntario de siglos atrás”.

Grabado en un período extenso, el nuevo trabajo de Robert Curgenven indaga en las consecuencias de la invasión en terrenos ya habitados, los efectos de la colonización y el impacto que su violento avance produce. Sin embargo, y pese a tener un planteamiento similar, los resultados son bastante diferentes a su anterior trabajo, dentro obviamente de ciertos márgenes. No obstante, al igual que aquel, de esta publicación emergen sonidos que atrapan por la inmensa energía que fluye de sus torrentes de audio transparente, sonidos que se desplazan como corrientes de ruido atravesando la geografía agrietada. A veces será un silencio ensordecedor, otras un flujo constante de acordes comprimidos, diversas formas que desembocan en esta obra sobre la acústica del suelo. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them”, la segunda referencia de su propio sello en su nueva etapa, aparece en vinilo rojo transparente en noviembre del pasado año, un álbum que ahonda en la ocupación forzada y el deterioro que este provoca. “Imagina que has encontrado un nuevo territorio. Para ti y tus compatriotas este nuevo territorio parece vacío. Tal vez existe alguna gente viviendo ahí, pero decides que su cultura es tal vez poco sofisticada. Esta gente ha tenido una larga relación con este aparentemente vacío territorio, por miles de años. Ellos entienden y cuidan su tierra y, seguido, la tierra cuida de ellos. Así, decides invadir / colonizar este territorio. Necesitas limpiar esta tierra vacía para hacerla tuya, lista para que la habites, tal vez incluso hacerla más parecida al lugar de donde provienes. El lugar que dejaste atrás. Esto no solo cambia la tierra sino que también cambia enormemente la larga relación de aquellos que has desplazado. Sin embargo, esta historia no es realmente acerca de “ellos”. Mientras colonizas este nuevo territorio, desplazándote más hacia el interior, pronto descubres lo mal preparado que estás para lo que se vuelve una dura y hostil tierra. Esta historia no termina bien para nadie”. Espacios desiertos, destrucción, vacío, lugares convertidos en nada después de una progresión desmedida, dejando tras suyo un nuevo terreno sin identidad alguna, en un punto intermedio entre el pasado y su historia y el futuro sin conciencia, sin raíz. Un estado en ausencia. “En medio del calor y el polvo, en un paisaje poblado solo por la insinuación de caracteres, la ciega representación de voluntad de colonizadores y la violencia contra y dentro de un cruel interior árido es manifestación de una lucha mortal. El álbum atraviesa las dinámicas históricas de la figura del colonizador a través no de los ojos del invadido sino de los invasores de una tierra dura y remota”. Esta es la base sobre la cual se sustenta el discurso de este nuevo trabajo de Curgenven, una obra que a partir de la historia, o la carencia de ella, construye sonidos que recuperan esos terrenos baldíos, o al menos cuestiona las causas de esa dispersión y desarrollo forzado. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them” se deriva de la instalación sonora para 12 canales “Unsilenced Landscape” (pure field recordings), originalmente exhibida en Biorama Projekt, Joachimstal, Alemania y, más tarde en 2009, en el Centro para el Arte Contemporáneo, Torun, Polonia y la Galería Diapason, Nueva York, como parte de “10ms: Ten Years of Microsound”. Un desarrollo lento durante años en los cuales estas composiciones fueron variando, transformándose en lo que es finalmente este trabajo, piezas de acústica y ruido donde se reúnen distintas capas hasta formar una superficie de sonido. Un murmullo que se desplaza de manera pausada mientras se asientan los acordes, generando una música que se erige a partir de sonidos de naturaleza diversa, convergiendo, encontrándose, enfrentados, distanciados en un mismo plano. Puntos audibles en una gráfica tridimensional: las notas que surgen desde esta obra tienen cuerpo, un volumen y un contorno palpable fuera de los audífonos. Una materia compleja que es expulsada desde los surcos, entrando en el espacio físico que rodea el sistema que los reproduce, alterando ese espacio a través de su radiación infrarroja. Ocurría igualmente en “SIRÈNE” y ocurre también acá. ‘They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them’ es una discusión muy física a través de territorios vaciados por la historia, representada a través de grabaciones de campo recolectadas por más de diez años en más de treinta remotos lugares a lo largo de Australia, junto con nuevo trabajo con órgano de fuelle, feedback de guitarra, dubplates, tornamesas y osciladores de baja frecuencia”. De la galería a este espacio reducido que se amplía al momento de iniciar la propagación de las ondas que surgen desde este álbum. Cuatro piezas, casi cuarenta minutos donde se puede ingresar en esta travesía por las planicies desiertas cubiertas de ritmos naturales y armonías que representan la desolación detrás de la invasión. Un registro documental sobre las ruinas posteriores a la colonización. Como un avance sigiloso el sonido se aproxima desde un lugar quieto, aumentando la intensidad hasta decaer en el silencio, hasta estallar en mitad de la nada, rodeado de melodías capturadas en la inmensidad más apartada. Grabaciones de campo inunda el terreno con lluvia y relámpagos, insectos, tierra desplazada, pueblos desplazados. En mitad de esa ilustración de la realidad brota un leve resplandor eléctrico, un brillo inconstante dede una energía que se manifiesta en tenues melodías intangibles. “Scene 1. Scattered To The Wind, The Fortunate”, la primera secuencia de este relato. Las herramientas utilizadas por Robert Curgenven son las que suele emplear unprocessed field recordings, guitars & bass, piano, bass/ventilators, turntables & dubplates, pipe organs. Ese brillo eléctrico permanece como una presencia inmaterial en “Scene 2. Only The Dogs And The Fires On The Horizon”, dieciséis minutos donde se despliegan formas sobre una estructura variable, un campo de grabaciones, electrónica abstracta y acústica del espacio impenetrable. El ruido del paisaje retratado de la manera más hermosa posible, una belleza inconmensurable que exhibe toda su enorme infinidad en su estado primigenio, solo cubierta de una delgada tela de luz sintética. “Scene 3. The Heat At Their Necks”, ya el lado anverso del LP, ahonda en la descripción de la naturaleza alterada mientras el fuego rodea las notas que parecen estáticas, apenas agitadas desde su centro auditivo. El silencio separa esta pieza de la siguiente. “Scene 4. And When The Storm Came, They Were The Storm”, escena final. Y fueron la tormenta, una sonoridad que invade como una gran masa de ruido ambiental, una entidad que entrelaza capas inalteradas, figuras manipuladas y notas provenientes de la instrumentación mecánica. Todas estas superficies se acumulan formando una maravillosa densidad de armonías indescifrables y texturas que se vuelven homogéneas, luego absorbidas por una cavidad oscura, consumidas por sí mismas.

“This album is dedicated to First Peoples throughout the world, to their to self-determination and to the equitable recognition of their sovereign lands”. Registrando lugares ahora abandonados, capturando el suelo desterrado, Robert Curgenven muestra la panorámica vacía por medio de estas composiciones de arte contemporáneo, las que reflejan la soledad desierta. Curgenven documenta esa realidad a través de su electrónica orgánica, a través de sonidos recogidos en su estado más prístino y otras formas que se adhieren a la superficie, tenues capas de energía estática que atraviesan estas piezas con su fosforescencia incorpórea. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them”, paisajes de naturaleza desvelada, ruido transparente y acústica intangible.

www.recordedfieldseditions.com, www.recordedfields.net


372. Cloudscapes
abril 1, 2015, 12:10 pm
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Cloudscapes

YUI ONODERA & VADIM BONDARENKO
»Cloudscapes«
SEREIN. 2015

Imágenes que se escapan de la mirada a un ritmo lento, imágenes en movimiento real que crean cuadros fugaces. La movilidad del aire hace que un instante en la memoria y en la distancia sea eso, un instante, fotografías transitorias que se suceden una tras otra, solo detenidas por la visión y un deseo arbitrario de preservarlas de algún modo, como un recuerdo que pronto se desvanece. De un modo extraño, de aquellas formas que tienen una existencia más determinada, más permanente, también escogemos ciertos momentos que retenemos por más tiempo, quizás dejando un espacio para que los detalles sobre los que no reparamos se vayan descubriendo con el avance de los días, los años, hasta difuminarse y quedar como ideas vagas. Yui Onodera es un artista japonés con una cantidad importante de trabajos donde desarrolla sus creaciones a partir de estructuras electrónicas. El primero de sus álbumes fue “Entropy” (Critical Path, 2005), editado nuevamente el 2009 por Trumn, al que seguirían otros trabajos como “Rhizome” (Gears Of Sand, 2007), “Suisei” (and/OAR, 2007) y “Generic City” (Two Acorns, 2010), este junto a Celer, más otros para sellos como Mistery Sea, Basses Frequences, Whereabouts o taâlem. Por su parte Vadim Bondarenko es un músico ruso con hasta ahora seis trabajos, la mitad de ellos colaboraciones. Esta es una más en la lista. Una unión impensada que resulta en una hermosa obra donde confluyen notas acústicas y destellos eléctricos.

“Cerebral, minimalista y contenido, ‘Cloudscapes’ es un álbum colaborativo entre el artista sonoro Yui Onodera (Japón) y el multi instrumentista Vadim Bondarenko (Rusia). El acercamiento único al procesamiento sonoro y la composición electrónica de Onodera es incrementado por la interpretación de Bondarenko en el piano y clarinete. Yui no es ningún extraño a la colaboración, habiendo trabajado con artistas como Celer (Spekk), Pjusk (12k) y Stephen Vitiello (12k), así como remezclar regularmente música de otros artistas. Vadim Bondarenko será probablemente un nombre nuevo para la mayoría; viniendo de un background en música clásica, estudió en el Conservatorio de San Petersburgo y, desde 1996, se ha presentado en el Mariinsky Theatre Orchestra como solista en clarinete. Vadim además fundó el trío de improvisación ‘Rushobo’, combinando interpretación y producción en este ensemble”. Uniendo formas diferentes, estos dos artistas crean un trabajo donde las texturas acústicas se ven intercaladas con finas redes de luz eléctrica, notas capturadas al interior de las cuerdas del piano y entre el metal del clarinete que atraviesan un espacio transparente hasta formar parte de un plano de delgadas fibras sintéticas. Yui Onodera y Vadim Bondarenko presentan esta su primera obra donde los elementos dispares terminar por generar un mismo paisaje de capas entrelazadas y figuras cohesionadas, donde destacan principalmente las figuras orgánicas, gracias a la sutil intervención de los sonidos producidos de manera artificial. “Cloudscapes”, CD aún por publicar por el label galés Serein, con una hermosa presentación ya habitual en el catálogo de Huw Roberts, también responsable del impecable diseño. Detrás de las masas de aire surgen estas piezas de un ánimo reflexivo, composiciones de una tonalidad gastada donde circulan corrientes suaves de melodías discretas acompañadas de pequeñas intervenciones que le dan un soporte ligero a esas brisas. Existen momentos donde brota una extraña confusión, no obstante, en general, el tono es de una abismante tranquilidad, un desarrollo pausado de ideas claras que limpian la piel como una lluvia de primavera. “Como muchos de los álbumes solistas de Yui, los tracks de ‘Cloudscapes’ no tienen título. La decisión de dejar todas las piezas atadas al título del álbum de una sola palabra es un obvio indicador de que el álbum debiese ser escuchado como un todo, y además refleja la naturaleza minimalista de la música en sí misma. Con esa palabra dada es imposible no imaginar unos cielos amplios y extensos, con nubes desplegándose lentamente mientras se escucha la música; parece el título perfecto. La pieza inicial establece un tono y un ritmo que es prevalente a lo largo del álbum; el sonido del exterior es capturado y magnificado, pausadas frases de piano aparecen y desaparecen; hay una cualidad abierta y espaciosa en la música. A pesar de los sonidos y procesamiento electrónicos que respaldan los relativamente inalterados instrumentos acústicos, los arreglos se sienten libres y orgánicos como si hubiesen sido capturados en el momento, sin trabajo”. Son once las piezas que integran este álbum, once episodios sin título en los que se desenvuelven con serenidad los sonidos dentro de una gran cavidad, como en un cielo amplio. Los acordes respiran libres, el soplo de una música que reposa sobre una panorámica extendida y sobre un manto de detalles minúsculos que caen lentamente sobre la superficie. Vadim Bondarenko arma delicadas melodías las cuales poseen una entonación melancólica, mientras Yui Onodera a su lado va armando un tejido complejo pero a la vez simple de otras formas que se introducen en la mecánica orgánica de Bondarenko. A veces su presencia resulta más visible, a veces más imperceptible, siempre intercalando sus hilos en elel entramado general. Y nosotros, de forma impredecible, escogemos determinados momentos que van quedando como imágenes vagas, aunque toda esta obra también pudiera parecer una impresión ambigua de un plano más amplio, aún con la nitidez de sus sonidos. Es extraña la manera como se puede percibir la música. Un leve brillo comienza a brotar desde un punto apartado y, antes de él, gotas de lluvia se posan sobre el suelo creando una rítmica natural que tempranamente es seguida de las líquidas melodías del piano. “Cloudscapes 1”, apenas cuatro y medio minutos de una enorme belleza, belleza que emana del repicar del agua y de las bucólicas notas acústicas que dibujan un emotivo cuadro. “Cloudscape 2” plantea otra forma, más abstracta, con pequeños eventos incrustados en las líneas armónicas. “Cloudscape 3” queda en un estado intermedio, una breve pieza de minimalismo ambiental de notas espaciadas en el horizonte. “Cloudscape 4” tiene una cierta reminiscencia al track inicial, quizás en la sensación que produce, ahora con el clarinete en primer plano. En realidad, cada una de estas piezas es diferente, cada una es cubierta de manera distinta y, sin embargo, también todas son iguales. Son distancias leves que las separan y también las acercan. “Aún cuando el álbum alcanza estos momentos más intensos, la sensación de espaciosidad permanece. Creo que esto es en parte gracias a la extraordinaria claridad no sólo de la instrumentación en vivo sino también la electrónica, los sonidos son detallados y matizados, radiantes y armoniosos”. “Cloudscape 5”, una imbrincada red de directrices electrónicas, donde los otros sonidos terminan siendo absorbidos en su trama. La tristeza contemplativa de “Cloudscape 6” y “Cloudscape 9”, los microbios eléctricos de “Cloudscape 7” y “Cloudscape 10”, el romanticismo digital de “Cloudscape 8”, el ruido horizontal y difuso, las anotaciones ligeras y tersas de “Cloudscape 11”, pieza que despide esta obra de crepuscular belleza.

Para mí esta es música de una mañana brumosa e iluminada que se disfruta mejor antes que la mente se ha librado de los últimos vestigios de sueño. Yui y Vadim parecen haber capturado la esencia de ese tranquilo y lánguido estado de la mente”. Cualquiera sea la hora del día en que se propaguen las suaves ondas que nacen desde este álbum, la sensación que genera es de una enorme pasividad. Yui Onodera & Vadim Bondarenko, desde distintos puntos de un mismo escenario, construyen piezas de evocadora belleza, trazos delicados que permanecen en la memoria como imágenes cristalinas a la vez que borrosas, instantes transitorios que persisten como un registro melancólico de las horas que pasan. “Cloudscapes”, notas acústicas y estruendos minúsculos de texturas digitales.

www.serein.co.uk, www.critical-path.info, www.vadimbondarenko.com


371. The Sun Inside
abril 1, 2015, 12:00 pm
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The Sun Inside

TALK WEST
»The Sun Inside«
WIST REC. 2015

El sol interior. El sol en el interior. Paisajes desde la tierra, lejos del mar, notas que crecen campo adentro mientras los minerales pulverizados se desplazan por las rocas estancadas en el suelo desgastado. Las ruinas del pasado producen un sonido de fondo que transmite una cierta nostalgia, una pena por la historia enterrada y convertida en granos de ruido marrón. Cuerdas cubiertas de polvo y armonías desteñidas que traspasan generaciones y generaciones hasta quedar convertidas en imágenes borrosas de una herencia inmemorial. Talk West es Dylan Golden Aycock, músico de Tulsa, Oklahoma que, pese a comenzar hace no mucho tiempo, posee una trayectoria relativamente amplia. Hasta ahora tiene tres trabajos publicados con su nombre real: “Rise & Shine” (Scissor Tail, 2012), “The Blind Fold” (Unknown Tone, 2013) y “Guitar Meanderings I” (Cabin Floor Esoterica, 2014). Sin embargo, un año antes comienza a publicar bajo este otro nombre: primero fue “To Hope Is To Hanker” (Avant Archive, 2011), al que seguirían otros álbumes, mayormente cassettes, para sellos como Tape Drift Records, No Kings, Notice Recordings, Wounded Knife, Marmara y Preservation. Por si no fuera suficiente, Dylan es parte de otros varios proyectos, como Angel Food y Mohawk Park (ambos junto a Brad Rose), The Doldrums, Golden Pawn y Mar, algunos de estos previos a Talk West. Ocupando nuevamente estas dos palabras Aycock retorna, a través de los registros que desde Irlanda nos llegan, a generar ruido orgánico y cintas deterioradas.

“As 1915 dawns, Wist Rec are please to announce a new release by Tulsa’s Talk West. ‘The Sun Inside’ is a flickering collection of vignettes, reflecting luminosity and dusk though pedal steel & electronics”. “The Sun Inside” es una nueva publicación de Wist Rec, la número diecisiete en su serie más formal, lanzada en una edición de 90 ejemplares. El diseño nuevamente está a cargo de Manfred Naescher (Phantom & Son Ltd.), similar al disco de Offthesky & Radere “The Season Of Lost Buttons” (Wist Rec, 2014) [314]. Un libreto impreso y estampado en material y papeles reciclados. Cada copia contiene cuatro únicas fotografías en cyanography, fotografías expuestas a la luz solar en niveles variables de intensidad por más de nueve meses, de dos minutos a seis horas de exposición por imagen, las que fueron extraídas de la Biblioteca d Congreso de Estados Unidos. Eso en la parte gráfica. En lo sonoro, dos CDRs de tres pulgadas que dividen esta obra en dos partes, secciones de una música que integra tradición y formas nuevas, folk analógico y ambient rural. The Sun Inside” es un trabajo que transmite la sensación de calma, la tranquilidad que habita en las afueras de la ciudad, lejos del dinamismo urbano, cerca de la contemplación de la naturaleza indómita. “La música para este álbum fue grabada en un período de cuatro años. La mayoría de las canciones comenzaron como improvisaciones y fueron añadidas lenta y deliberadamente desde el 2011 al 2015”. A lo largo de los cuarenta minutos de este trabajo se aprecian distintas maneras de aproximarse a una misma idea, estructuras desiguales que comparten una misma intención, formas diversas que retratan una misma panorámica, quizás distanciada por los varios estados climáticos que afectan a una determinada región. Dylan Aycock arma canciones por lo general no muy extensas en las que despliega varias herramientas al servicio de configuraciones simples donde, en un primer plano, se ubican notas extraídas de aquella instrumentación, las que son rodeadas de figuras de superficie análoga. Los tracks de esta obra tienen un carácter sencillo, donde se aprecia ese origen en la improvisación, quedando algunas de ellas como meros esbozos, meros trazos que permanecen en una situación de espera. ‘The Sun Inside’ es una colección de viñetas de piano, pedal steel y contrabajo, reflejando luminosidad y anochecer”. “The Sun Inside” son apuntes desarrollados levemente donde circulan melodías diáfanas sobre un piso de ruido suave. “Light Exposure”, primer disco. Ocho registros que van de la claridad del día a las sombras finales, un tránsito por la jornada que se ve afectado por el impacto de la luz solar sobre las extensiones de suelo. En el inicio un leve destello, un resplandor de electrónica de segunda mano que emerge entre la vegetación. Apenas los rayos atraviesan las hojas. “Light At The Beginning”. El comienzo. Luego las horas avanzan de manera tímida. “Palmtrees”, cuerdas eléctricas que repiten un arpegio hasta formar un círculo, solo rodeado por el sopor de la mañana. “I Reside” tiene una fisonomía similar, aunque todavía más expuesta. “Illinois River” también tiene es carácter pausado, como una tarde agotada por el calor. El atardecer se aprecia cuando entra “The Ride Up”, y esos acordes cubiertos de ruido artesanal, como música hogareña capturada de improviso, notas casuales y sonidos encontrados. “Sway” es solo un instante, folk espontáneo que se desvanece con el viento, mientras que “It’s Almost Nothing” posee ese aroma triste de las composiciones de Vini Reilly. “Light At The End” es solo una melodía pasajera que desaparece en la noche. “Dark Exposure”, segundo disco. La exposición a la oscuridad hace que el tono de esta fracción sea todavía más reposado, en una escala de matices apagados, que hacen además que las ideas se desarrollen de manera más lenta. La belleza crepuscular de “Hard Circle (Opening)”, notas de piano sobre cintas desintegradas, música discreta y paisajismo ambiental nocturno. “The Black Adept”, una apariencia similar de arpegios multiplicados uno sobre el otro. La distorsión y la suciedad de “Off Sides” igualmente entran en línea de este trabajo. “Hard Circle (Opening)” cierra esta colección de canciones en medio de capas dilatadas de sonidos que se vuelven vapor en el frío de la noche, cerrando el círculo en la inmensidad y el vacío, en la soledad de la naturaleza alejada del ritmo de la vida.

“A flickering collection reflecting luminosity and dusk”. Esta recopilación de canciones retrata un panorama quieto, un transcurrir lento de las cosas que se desplazan con la misma velocidad que el sol determina las horas. Movimientos fatigados y luces que se disipan lentamente en el horizonte lejano, un calor que retarda el ánimo y produce armonías aletargadas. “The Sun Inside”, trazos dibujados por Dylan Golden Aycock que ilustran en tonos débiles el ruido de la naturaleza silvestre.

www.wistrec.com, www.talkwest.bandcamp.com, www.dylangoldenaycock.com


370. Perpetual
marzo 1, 2015, 2:20 pm
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Perpetual

RYUICHI SAKAMOTO / ILLUHA / TAYLOR DEUPREE
»Perpetual«
12K. 2015

Movimientos pausados, un ritmo que avanza lentamente a medida que el día se convierte en tarde, con la velocidad de la traslación de los planetas. Mientras continúa el flujo constante del tiempo surgen desde un lugar recóndito pequeños sonidos, atisbos de una musicalidad que sobresale de manera sutil de entre la oscuridad creciente, la conjetura de un ruido que parece solo un murmullo en medio de la quieta inmensidad. Quietud, pausas, notas en un desplazamiento sigiloso, melodías introvertidas y acordes impulsados con infinita delicadeza. Acústica discreta emigrando levemente desde el silencio hasta rebasar tenuemente ese límite transparente. Cada una de las formas desarrolladas por cada uno de estos artistas tiende a priorizar la ausencia de sonido que se va cubriendo de modo paulatino de su presencia, largas notas que se extienden y se rodean de manifestaciones de una música microscópica, eventos ínfimos que parecen ser recogidos en su estado natural, grabaciones que afloran de manera espontánea, el ruido de una naturaleza al borde de una movilidad estática. Estos puntos han convergido en puntos separados, en momentos diferentes. Eso hasta ayer, hasta ahora. Ya anteriormente existió una reunión documentada entre Taylor Deupree e Illuha cuando ambos formaron parte de ese proyecto eventual llamado Between, con un impecable trabajo llamado de la misma manera, “Between” (12k, 2012) [232]. Estos, Tomoyoshi Date y Corey Fuller publicaron recién el año pasado esa hermosa e imperecedera obra, “Akari” (12k, 2014) [307], “Un paisaje orgánico retratado con tonalidades grises y blancas, variaciones de un cromatismo que se distancia del anterior nada más que por una partícula de polvo y tizne que ensucia su forma, convirtiéndolo en un matiz irrepetible. Ruido acústico y detalles de luz eléctrica, las líneas del paisaje decorado con detalles de una sutileza extrema. A veces son los sonidos tenues quienes ilustran el ambiente de quietud inquebrantable, a veces es la naturaleza inmóvil quien rodea las melodías estancadas. El día emprende la retirada junto con su iluminación, el crepúsculo avanza y la noche la cubre. Las estrellas ya se han ido pero su luz permanece a millones de años de separación. El blanco es ahora gris obscuro, y el gris negro, y el negro una mancha blanca ennegrecida. Formas únicas e irresolutas de acústica natural desplegada sobre el suelo orgánico imperfecto. Cada paso un avance que significa internarse en los bosques frondosos y la vegetación urbana… Los sonidos retrasados de esta obra inacabada pero inacabable de electrónica orgánica dan forma y fondo a piezas de belleza inmarchitable… “Akari” es luz, brillo y ruido sutil que purifica, el crepitar frágil del paisaje silvestre”. Por su parte, ya han existido unos cuantos encuentros entre el músico norteamericano y Ryuichi Sakamoto, uno de ellos registrado en “Disappearance” (12k, 2013) [280], “Los rastros de electrónica natural se posan como una delgada tela de estática recubierta. Es el murmullo sintético el que cruza líneas imaginarias, trazando un mapa transparente. La melodía que subyace a este tejido espectral se va apoderando de la atmósfera que le circunda. Entre las grietas que generan vacíos quietos comienza a circular ruido ambiente y el crujir de la madera descomprimida por el calor. No es sino hasta que todo resulta absorbido por esta red invisible que las notas sugeridas aparecen tímidamente, entrometiéndose entre las grietas, casi al azar. Es en ese instante que la nieve y su prístino brillo queda expuesto. Son sonidos cazados de improviso, recogidos desde un lugar desconocido, los que adquieren un primer plano desde la sobriedad característica del músico japonés: son más los espacios que se quedan silentes que aquellos en que se percibe un movimiento invariable… De un tono pacífico, pero a la vez lleno de imperfecciones que yacen bajo la capa de limpieza que se ubica encima de ellas, “Disappearance” crea un nuevo y particular paisaje audible”. Los paisajes creados por estos cuatro artistas confluyen finalmente en un mismo punto geográfico, entrelazando sus hebras de sonido en un único telar de melodías sugeridas.

“En el calor húmedo del verano japonés al legendario músico Ryuichi Sakamoto se le unieron en el escenario Taylor Deupree y el dúo de Corey Fuller y Tomoyoshi Date, conocidos como Illuha. El Yamaguchi Center for Arts and Media presentó el evento como parte de su décimo aniversario, el cual además incluía una cautivadora instalación del propio Sakamoto llamada ‘Forest Symphony’. Los días que rodearon el concierto los reunieron alrededor de comidas, conversaciones y exploración. Unas reuniones informales pero significativas que los prepararon para la presentación conjunta”. En julio de 2013 en Yamaguchi, Japón, parte del roster de 12k se reunió en un escenario y frente a una audiencia para desarrollar en directo una música cuyo exterior aparenta no serlo. Notas, acordes, estruendos minúsculos ocurren de manera natural, y el ruido de fondo, lo que se encuentra detrás de la agitación de la vida moderna, se vuelve entonces el sonido principal, pasando a primer plano mientras la vida se detiene por un instante. “Perpetual” presenta una grabación de ruido espontáneo, un registro de un momento donde los espacios se distancian y donde transcurren de un modo inesperado eventos únicos, notas dispersas sobre un jardín de arena inmóvil, flores que brotan con la variación elíptica de la luz solar. Tres movimientos, tres fracciones que integran esta unidad que atraviesa por distintos estadios que comparten una misma intención, un mismo ritmo, una misma movilidad, como un océano pacífico. Un tríptico de sonidos enlazados en el cual se desarrolla una historia sin palabras, un diálogo de formas auditivas que interactúan desde un lado hacia el otro, viajando de forma circular alrededor de un centro quieto. Murmullos, rumores que intervienen de manera tenue encima de un manto de estática frágil. “Perpetual” es música insinuada, una tranquila oleada de melodías que se retiran con una tranquilidad abismante, como vistas desde la distancia. “La presentación, un improvisado set para piano, guitarra, órgano de fuelle y sintetizadores terminó conmoviendo a los artistas profundamente. Los cuatro, no habiendo tocado juntos nunca antes, fueron tomados por sorpresa por el nivel de escucha y control que fluía entre ellos. La audiencia se sentó en un emocionante silencio, la música ofrecía un respiro frente al sofocante aire de Julio. Mientras la última nota susurrada se disipaba en la oscuridad los artistas sabían inmediatamente que había sido un viaje profundo”. Apartado del mundo, su propio lugar en el mundo construyen estos músicos, esquemas invisibles por donde transitan líneas que solo ellos conocen, intuitivamente. Y en cada uno se sus pasajes es posible reconocer, en medio de las ramas, las características suyas, las particularidades que hacen que individualmente sus obras sean fascinantes cuerpos artísticos. Pero, por otro lado, esas individualidades se integran de una manera casi fortuita a esta unidad que es “Perpetual”. Estruendos tímidos que brotan en un momento cuando todo parecía estancado, una calma que se quiebra con leves alteraciones sobre su radio recostado, una horizontalidad imperfecta acompañada de pequeñas anotaciones marginales, planos estructurados conforme se suceden de manera imprevisible estas glosas de sonido. De pronto la estridencia se torna en tranquilidad, de pronto la calma se aproxima a una delicada manifestación de silencio, una representación del espacio callado solo acompañado de una ligera expresión de musicalidad delgada, estrechas capas que se superponen a la superficie. Las formas habituales en la obra de Taylor Deupree adquieren un cierto brillo, una luz que atraviesa gotas de una fina llovizna dejando destellos que se retiran de manera tardía. Es, supongo, las herramientas de Fuller y Date que comienzan a generar una actividad desde sus sistemas análogos. Y en mitad de ambas florecen las estructuras frágiles, quebradizas de Ryuichi Sakamoto. El crepitar de su ruido acústico se filtra por toda la composición, al tiempo que asoman otros elementos que manan de esta configuración de arte sonoro. Las notas se dejan caer ligeramente en “Movement, 1”, millones de gestos de texturas diversas que se funden en una misma concentración, una substancia rica en detalles infinitos que se pliegan en esta materia hermosamente irregular. Otros tantos más aparecen en “Movement, 2”, que extiende aún más los minutos en una maravillosa pieza en la cual resaltan las pulsaciones esporádicas de Sakamoto en el piano, esa manera tan suya y única de crear melodías a partir de puntos repartidos en una gráfica translúcida. “Es un evento afortunado cuando un momento como este es capturado, como fue este concierto. ‘Perpetual’, llamado por la cualidad eterna y sin edad de la música, es presentado en tres movimientos que atraviesan por suaves capas de sintetizadores y guitarras procesadas hacia abiertas y ligeras secciones de piano y silencio, para finalmente llegar a descansar en la más delicada y arrebatadora canción de cuna de un solitario piano, chispeantes objetos encontrados y grabaciones de campo y tonos suspendidos como neblina”. Cuando la bruma permanece en el aire la naturaleza y su canto silvestre surge en “Movement, 3”, la última fracción de esta obra de múltiples accidentes que ocurren de manera casual. Aves y cuerdas de piano, hilos de guitarra y electrónica orgánica, objetos encontrados y notas espaciadas en el vasto y quieto panorama, el sonido de la madera al crujir y el eco de una figura manipulada través de circuitos eléctricos. Son muchas las imágenes que brotan de esta obra, incontables sucesos irrepetibles urdidos de forma natural.

‘Perpetual’ no solo nos rodea y se despliega a través del tiempo, sino que recoge esa extensión en un solo recuerdo, una grabación de un momento breve donde el tiempo se paralizó y cuatro músicos se fundieron en uno”. Grabado y generado de manera espontánea, este trabajo captura un momento irrepetible. “Perpetual” recoge desde el suelo inamovible las partículas de sonido que Ryuichi Sakamoto, Tomoyoshi Date, Corey Fuller y Taylor Deupree pausadamente ordenan de modo aleatorio, fragmentos expuestos sobre una superficie quieta. En medio de este jardín de rocas disgregadas germinan melodías inesperadas iluminadas por un sol en tránsito, notas de ruido sutil que conforman diagramas de acústica desprendida tenuemente del silencio.

www.12k.com, www.sitesakamoto.com, www.illuha.com, www.taylordeupree.com