Hawái.


361. Diario de viaje
febrero 1, 2015, 12:20 pm
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Melodía 03

Diario de viaje 02

MELODÍA
»Diario de viaje«
HOME NORMAL. 2015

Postales de lugares que se vuelven hogares estacionarios, notas recogidas en habitaciones fugaces, acordes registrados en casas extrañas cuyo calor las convierte en propias, grabaciones en el campo. De esa diversidad de espacios físicos y momentos casuales surge un ruido que florece y crece de manera espontánea, mientras se suceden los días, mientras aumenta la distancia con el suelo habitual. Piezas encontradas, un ruido que emerge de entre los objetos acumulados en maletas, apuntes aislados que se transforman en canciones, canciones hechas de anotaciones marginales, composiciones desde fragmentos recopilados junto a sonidos de la naturaleza. De esta forma surgen estos diarios de viaje, canciones fruto de la amistad, dos personas a quienes la eventualidad los llevó a compartir experiencias durante sus expediciones y a dejar que entre ellos fluyeran sonidos esporádicos y murmullos que luego conformarían composiciones imprevistas pero que igualmente dejarían rastros en el camino. Uno de ellos es Tomoyoshi Date, artista japonés quien, además de sus obras en solitario, es también parte de otros proyectos, como Between, como Illuha, estos últimos responsables de una enorme obra la pasada temporada, “Akari” (12k, 2014) [307], “Un paisaje orgánico retratado con tonalidades grises y blancas, variaciones de un cromatismo que se distancia del anterior nada más que por una partícula de polvo y tizne que ensucia su forma, convirtiéndolo en un matiz irrepetible. Ruido acústico y detalles de luz eléctrica, las líneas del paisaje. decorado con detalles de una sutileza extrema. A veces son los sonidos tenues quienes ilustran el ambiente de quietud inquebrantable, a veces es la naturaleza inmóvil quien rodea las melodías estancadas. El día emprende la retirada junto con su iluminación, el crepúsculo avanza y la noche la cubre. Las estrellas ya se han ido pero su luz permanece a millones de años de separación. El blanco es ahora gris obscuro, y el gris negro, y el negro una mancha blanca ennegrecida. Formas únicas e irresolutas de acústica natural desplegada sobre el suelo orgánico imperfecto. Cada paso un avance que significa internarse en los bosques frondosos y la vegetación urbana… “Akari” es luz, brillo y ruido sutil que purifica, el crepitar frágil del paisaje silvestre”. Todavía se puede escuchar el eco de sus estruendos grises. La otra mitad de esta entidad errante es Federico Durand, quien también el año anterior publicó un excelente trabajo, “La estrella dormida” (White Paddy Mountain, 2014) [345], álbum donde “utilizando herramientas que no ocupan demasiado espacio Durand se encarga de extraer sonidos y melodías de una hermosa fragilidad… Un murmullo de sonido rugoso, una superficie desigual que se puede palpar en cada una de ellas, un ruido imperfecto que sirve de suelo donde se apoyan esos acordes. Loops imprecisos sobre un plano borroso, las notas se repiten encima de la acústica delicada formando unas estructuras de cristal roto. A menudo parecen prólogos de composiciones mayores, quedándose en un esbozo de algo que podría ser, dejando una extraña y agradable sensación en el aire… Surgida casi de forma accidental, esta obra de Federico Durand florece como un matorral de hojas que pierden su tinte. “La estrella dormida” es un delicado y frágil ruido de frondosas formas acústicas, melodías fugaces de luminiscencia decolorada”. Y los caminos se vuelven a cruzar, se volvieron a cruzar, y se generó el tiempo para poder desarrollar nuevas ideas durante aquellas estadías momentáneas.

El año 2011 el label luxemburgués Own publica los discos “Otoha” (Own, 2011) de Tomoyoshi Date y “El éxtasis de las flores pequeñas” (Own, 2011) y, en la primavera de 2012 organiza una gira por varios países de Europa, entre ellos obviamente el Gran Ducado de Luxemburgo. Así es como se conocen y así es como deciden colaborar entre ellos. “Tomoyoshi Date hace mucho tiempo ha estado bajo el radar de Home Normal, debido a su maravillosa obra en solitario, así como su trabajo junto a Chihei Hatakeyama (Opitope), Corey Fuller (ILLUHA) y, finalmente, junto a nuestro querido amigo Federico Durand (Melodía). Nacido en Sao Paulo, Brasil, pero actualmente viviendo en Tokio, Japón, Tomo comenzó a trabajar con Fede (este mismo proveniente de un suburbio de la hermosa Buenas Aires, Argentina) después de lanzar trabajos en solitario en el brillante sello Own Records. Después de hacer una gira por Europa en 2012, ellos publicaron su primer álbum como Melodía llamado ‘Saudades’ en febrero de 2013. Luego del éxito del debut de Melodía, así como la creciente popularidad de Federico en Japón, en particular con la ahora clásica publicación de Home Normal ‘El libro de los árboles mágicos’, Tomo invitó a Fede a una gira por Japón. El resultado de grabaciones en habitaciones de hotel, casas de amigos, campos y varios otros lugares es el álbum apropiadamente titulado ‘Diario de viaje’. Tomado tanto de sus grabaciones en Europa y Japón, el álbum encarna perfectamente la tierna y orgánica naturaleza de su trabajo, mientras ellos cuidadosamente extienden capas de los sonidos más frágiles”. Luego de casi dos años de “Saudades” (Own, 2013) Date y Durand vuelven a entregar otra colección de canciones que nacen desde lo casual. “Diario de viaje”, siete piezas de electrónica orgánica y naturalismo folk, cuarenta y tantos minutos que transcurren de manera libre, donde cada elemento suena de forma no premeditada. Acordes y aves que cantan, pianos y ukeleles, juguetes y liras, campanas y cítaras, guitarras y cintas análogas, una maleta de objetos sonoros abierta en medio de un cuarto, en medio del campo. Son distintos elementos que se entrelazan en formas diferentes pero que mantienen una misma idea que se desarrolla en las distintas partes que integran este trabajo, ideas que transcurren con un ritmo pausado, con una métrica que no atiende a la urgencia exterior. Puede ser un acorde que se dibuja en la guitarra por minutos, o más bien sonidos sin estructura que se extraen de la madera de manera sosegada, puede ser los dedos sobre el piano que igualmente dejan espacios vacíos entre una pulsación y otra, que permiten que pequeños metales se introduzcan por las rendijas, entre las fisuras. Un leve ruido y el canto de los pájaros, las cuerdas que trenzan líneas acústicas sobre el sonido de la naturaleza, líneas en volumen bajo para poder percibir la vida silvestre y todo su esplendor floral, y esas grietas que ayudan a que la música respire el aire de los árboles que la rodean. Escasos componentes para una bella pieza de audio orgánico: “Canción de los pájaros (en un bosque de Namêche)”, canción que recibe este álbum. “La luz de la tarde (en Bruselas, Bélgica)” de la misma manera emplea pocos recursos dispuestos de forma sencilla, guitarra, piano y objetos que se desplazan lentamente, dejando que cada nota se posicione con tranquilidad en su lugar. Y de nuevo da la impresión que estas composiciones fueron recogidas más que elaboradas con demasiada premeditación. Son más bien estructuras simples y apacibles que se van cubriendo de cosas a su alrededor, fragmentos efímeros sobre raíces estancadas. Los metales y su leve brillo resplandecen sobre “Un pequeño bote cargado de lirios (en un lugar indeterminado)”, con el crujir de la madera de fondo. “Un instante delicado (en un hotel en Metz, Francia)”, un lento movimiento de arpegios y la respiración que se puede oír junto con esas notas, con el ruido del ambiente externo de la habitación interior. Un fulgor sutil surge de “Luna (en el hotel Am Bad, Tübingen)”, canción donde más claramente se pueden apreciar las distintas sonoridades que son propias de cada uno de los integrantes de este dúo, el piano espaciado y los cuerpos minúsculos de ruido que se filtran por las membranas de notas y los espacios sin llenar. “Una aparición nocturna (sesión en el estudio de Tomoyoshi Date, Tokyo)”, ya desde su título crea la idea de una música nacida en las sombras del día, o cuando el sol se aparta y la energía del mundo se desvanece, con hermosos destellos que se desprenden de su color pálido. “Canción de los pájaros II (en un bosque de Luxemburgo)”, como su primera parte, recoge field recordings que acompañan los golpes acústicos, cerrando este viaje a través de ciudades, aeropuertos y hoteles y que culmina en un bosque junto a la vegetación y las cuerdas que se confunden con las aves y el movimiento de las hojas y el viento, ruido orgánico y notas recolectadas de entre la maleza.

‘Diario de viaje’ is a perfect fit of music through true friendship; a wide-eyed innocent look at the world as it should be”. Quizá debido a la manera en que este trabajo se gestó, a su carácter estacionario, es que las canciones que Tomoyoshi Date y Federico Durand presentan en este álbum tienen un carácter casual, una colección de composiciones espontáneas donde largas pausas dejan espacio a otros sonidos, pequeños gestos que susurran entre la sobria ornamentación de audio orgánico. Notas espaciadas, vacíos y puentes de silencio por los cuales se desplazan objetos. “Diaro de viaje”, postales desde hogares efímeros, una obra donde Melodía recogen hermosas piezas armonías acústicas y ruido análogo.

www.homenormal.com, www.federicodurand.blogspot.com, www.tomoyoshidate.info


360. A False Dawn And Posthumous Notoriety + Koko
febrero 1, 2015, 12:10 pm
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A False Dawn And Posthumous Notoriety + Koko 02

FAMILY BASIK
»A False Dawn And Posthumous Notoriety«
SATOMIMAGAE
»Koko«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2014

Lo que antes era un universo cerrado, un maravilloso cosmos interior de sonidos que admitían leves variaciones a su romanticismo ambiental y a sus extensas texturas de ruido acústico, ese espacio reservado para esa belleza eléctrica ahora permite la entrada de otras formas de belleza, más expresiva, más variable, más expuesta, más extensa. White Paddy Mountain es básicamente la corporación de música celestial que Chihei Hatakeyama utiliza para publicar sus múltiples obras y así poder desarrollar su propio sonido con total libertad. Han existido de todas maneras otros proyectos dentro de su catálogo, como Machinefabriek, Federico Durand, Asuna, Shelling o Suisen, y otros más que han tendido a exceder los límites propios y necesarios de este label con sede en Tokio, sin embargo es con dos de sus últimos lanzamiento, dos obras que quedaron pendientes de la temporada anterior, las cuáles le imprimen otra coloración a White Paddy Mountain. Uno de ellos posee canciones más naturales, el otro con piezas con una mayor decoración. En ambos casos son trabajos con composiciones con estructura más clásica que descubren nuevos horizontes desde la isla del Pacífico Norte.

“Family Basik is a band formed in Tokyo, by siblings Yu Kato and Rima Kato in 2007. They had already written a huge number of songs before they started the band. They finally completed their amazing first full album. Their superb pop songs are reminiscent of Van Dyke Parks, Robert Wyatt, High Llamas, Stereolab, Jim O’Rourke, The Sea And Cake, Yo La Tengo and Sufjan Stevens etc.. Family Basik’s music consists of beautiful melodies, experimental arrangement, exquisite chorus work and twisted lyrics. This is the debut of talent in the 2010’s”. Grabado entre julio de 2013 y julio de 2014, el primer trabajo de Family Basik es una maravillosa colección de canciones donde se encuentran el folk con el pop, todo recubierto como si fueran pequeñas y sencillas sinfonías de bolsillo. Los hermanos Yu Kato y Rima Kato finalmente terminaron de dar forma a las muchas creaciones que desde unos siete años venían gestando. Me imagino que esta es solamente una porción de las muchas más composiciones que deben existir, una pequeña ventana a su mundo particular donde simples canciones se cubren de color y luminosidad. “A False Dawn And Posthumous Notoriety” son diez piezas que a su vez contienen infinidad de sonidos dentro de la uniformidad que se desarrolla a lo largo de todo el disco. Las referencias que antes aparecen citadas se confunden dentro de su propia imaginería, dentro de la magia de arreglos que hacen que los simples acordes parezcan fuera de cualquier época, acordes atemporales revestidos de tonalidades pastel oscuro. “It’s a fine day, today”. Lo primero que se escucha luego de que lo que parece ser una flauta dibuje una melodía sobre otra melodía formada por una sencilla línea de bajo y batería y las cuerdas de nylon. Y aparece la voz de Yu Kato, con una cierta una distancia que transmite calidez, una levedad y falta de vigor en sus palabras que provocan cercanía, hasta que segundos después entre Rima Kato y su lírica susurrada, con su voz quebradiza que convierte las suaves texturas todavía más suaves, aún con ese inesperado giro final que hace que todo afuera sepa a gloria, hasta que los acordes se desvanecen, hasta que luego del silencio surja otro pequeño cristal frágil. “The Last Fine Day Of My Life” es esa preciosa primera pieza, seguida de “Honeyguide Symphony”, con sus explosiones de cuerdas dentro del vigor instrumental y las múltiples variaciones sobre la misma línea argumental, con esa guitarra eléctrica que da unos breves destellos que recuerdan a determinados y muy precisos instantes dentro de “Let’s Go Away For A While”. “Prospectors In Wonderland” se mueve sobre un ligero ritmo que enlaza pop y krautrock, como una versión más reducida de The Notwist. “A Fake Hierarchy Of Chaos” vuelve a crear mundos imposibles detrás de la estela dejada por “Pet Sounds”. La energía de “Business Affairs” contrasta con la delicadeza inicial de “Subliminal Jackson”, la que luego deriva en una movilidad que recuerda a otras bandas, a otras canciones. Esa es la maravilla del pop cuando está bien asimilado: podrán existir muchas referencias, algunas más visibles que otras, algunas evidentes, pero igualmente suena nuevo, fresco, vivo, presente y, a la vez, fuera de tiempo. La tranquilidad aparece en “Cognitive Dissonance” y especialmente en “Boys In Native Dress”, mientras que “Song You Sang In My Dream” mantiene en parte el mismo ritmo. “When My Kids Stop Singing” necesariamente descansa sobre una cierta desnudez acústica hasta el instante que vuelve a sobresalir la voz de Rima, junto con unos exquisitos arreglos, timbres minimalistas y acordes que se multiplican. Detrás de los dibujos de Kenichi Tenmoto, tras lo que parece ser un farol, entre la lluvia y las olas que mueven embarcaciones se esconden mundos de sonidos, sinfonías de miel y canciones de ensueño. Family Basik construyen su propio universo a partir de otros muchos universos ajenos, absorbiendo acordes que los hacen suyos. “A False Dawn And Posthumous Notoriety”, una hermosa selección de piezas creadas por Yu y Rima Kato, tiernas melodías adornadas con delicados y suaves tonos desgastados por el tiempo, como un álbum familiar de sonidos de belleza natural.

“Since Satomimagae’s releasing first album ‘Awa’ from hers independent label in 2012, she have been doing aggressively live performance in Tokyo. hers live style is attracted fielding material on traditional folk of underground Japan. And then many of the audience has been fascinated. this is the acid fork to draw the suburbs of daydream like ‘Grouper’. She have composed for the movie ‘The Woman Lacking Ears’, therefore now work, this album is a lyrical, leaving a vivid impression. By the mix and mastering Chihei Hatakeyama was in charge, and succeeded in forming the core of the sound, a deep Satomimagae world and deep ambience. 10’s ultimate female singer song was born”. Satomimagae es una artista japonesa nacida en 1989 que desde el 2013 viene creando sus propias composiciones, probablemente encerrada en su habitación. Hace unos dos años ella misma publica su primer trabajo, “Awa” (2012) y, dos años más tarde, vuelve a exponer su frágil sonido, esta vez respaldada por el label de Hatakeyama. El hecho que uno desconozca el significado de las letras cantadas en su idioma nativo no impide que estas igualmente transmitan emociones a quien desconoce esas palabras. De una sencillez que abruma, “Koko” es una obra despojada casi de cualquier elemento externo, solo su voz y la guitarra, más algunos otros sonidos que intervienen de manera lateral, apenas decorando la simplicidad de formas que se desprenden de sus canciones. Grabado entre abril y junio del pasado año, estas once piezas surgen desde un lugar en el interior del hogar de Satomimagae, acordes que brotan desde dentro de la vida y los sueños de alguien que deja que se liberen sus pensamientos en forma de arpegios simples pero no descuidados, simples pero envueltos en movimientos alrededor de las cuerdas que le imprimen una belleza mustia a sus sonidos. Folk naturalista, notas de una arquitectura sobria ornamentada con escasos recursos que acompañan el viaje hacia el mundo interior de Satomimagae. Un ruido, la suciedad cubre una voz y frases que solo tienen apariencia. Son solamente catorce segundos. Y la suciedad se pierde en medio de su misma bruma, polvo que se aleja y oculta en la nitidez de los acordes y las palabras pronunciadas con una suavidad y delicadeza únicas. La fragilidad expone la sensibilidad en su estado más puro, mientras las cuerdas se desplazan con rústica elegancia. “Mikkai” es solo una pieza de esta hermosa de música que brota de forma silvestre, como una vertiente de agua en medio de la tierra seca y la hierba. “Chuya” suena todavía más descubierta. En realidad, todas suenan de esa manera. Y cuando una cuerda eléctrica estalla levemente no hace más que iluminar de forma tenue con su brillo la intimidad que se despliega en estas piezas de folk crepuscular. Lo mismo que cuando la voz se repite en un infinito reducido de efectos que extiende su vida por un instante más. Como en “Niji”, un momento especialmente bello dentro de este disco, o como “Mangetsu”, o como los escasos ciento veinticuatro segundos de “Jumon”, como la percusión casi imperceptible que palpita sigilosamente en “Tomodachi”. “Fukurou” parece más reposada, todavía más, terminando en susurros detrás del sonido de la ciudad. “Manekare” sigue una línea similar a “Tomodachi” solo que más apagada que aquella. Son todas variaciones de una misma idea, como “Ishikoro” y “Katachi” también lo son. “Ga” resume todas las formas que se desarrollan durante todo este álbum, aunque igualmente lo hace de manera discreta, conservando la homogeneidad levemente adornada o recubierta de pequeños objetos o soplos de sonido. Son delgadas capas que se superponen unas a otras, sobre la raíz de estas canciones de estruendos orgánicos. Desde la sencillez Satomimagae construye estos acordes de folk espontáneo. “Koko”, con una bella pintura de Natsumi Magae, la joven artista expone sus piezas y el ruido de su intimidad. Notas descubiertas de la electricidad que ilumina la oscuridad desde sus faros de luz blanca, electricidad que es solo el medio por el cual transitan estas notas de hermosa desnudez acústica.

www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.satomimagae.jp


359. Phase Line
febrero 1, 2015, 12:00 pm
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Phase Line

NICKOLAS MOHANNA
»Phase Line«
RUN/OFF EDITIONS. 2015

Una imbrincada red de líneas que atraviesan el espacio, formando un cuadro complejo de estruendos amplificados. Notas extraídas del caos urbano que se cruzan unas con otras, acordes de la vida en la ciudad, el ruido y la ciudad. Fragmentos del movimiento rutinario convertido en piezas de arte que reflejan ese estado de tensión permanente que se vive en las calles, un desorden constante de sonidos que se desplazan sobre el asfalto. Las creaciones de Nickolas Mohanna producen una sensación de movilidad, una confusión producida por la acumulación de capas y capas de sonidos que confluyen en un torrente de formas auditivas, una intrincada tela de puntos infinitos de energía eléctrica. Primero fue “Transmission Hue” (Low Point, 2010), seguido de “Optics” (Slow Flow, 2010), “Reflectors” (Preservation, 2011) y “Control Group” (Metaphysical Circuits, 2013). Ese mismo año presentaría su segundo trabajo para el sello de Gareth Hardwick, “Parallax View” (Low Point, 2013) [239], “electrónica orgánica que se sostiene sobre el suelo por períodos dilatados… Una atmósfera extraña, cósmica, como ajena a este mundo, es la que se genera en este disco. Existe un movimiento constante a lo largo y ancho del álbum, y también dentro de cada cápsula que habita en él… “Parallax View” tiene una visión amplia de la música estelar. Se inicia en el cielo y termina en él. Sin embargo, en su núcleo posee un universo amplio, rico en texturas, como decía al comienzo. El trayecto es único, pero en el hay varias desviaciones de ruta, cambios… Confunde y atrapa, ilumina y enceguece como una pequeña estrella cuya figura se invierte, como un pequeño astro indeciso”.

Dos años después de aquel anterior registro Mohanna vuelve a presentar una obra que fue antes parte de una exhibición, dubplate de 12” utilizando tanto síntesis modular y digital, fuentes sonoras de Internet, el metro de Nueva York, puentes y túneles. “Phase Line” surge de la suma de elementos diversos, múltiples superficies ensambladas en el estudio que generan una masa de audio divergente. Mohanna crea música a partir de la divergencia, notas a partir de la oposición de fuerzas, largos desarrollos desde la confrontación de sonidos que tienen relaciones ocultas entre sí, uniendo los bordes hasta dar estructura a este sistema de ruido abierto. “Comisionado para la exhibición sonora FOAM, esta pieza oscila a través de una variedad de fuentes de materiales saturados. Desde paneles publicitarios electrónicos, quioscos, aparatos de control de tráfico, estas reducciones afiladas son anudadas en arpegios esculturales, para estirar el ambiente y las impresiones espaciales. Dentro de este territorio sonoro el rango de desplazamientos de capas solidifica la composición, manifestado una vivida sensibilidad panorámica. En la yuxtaposición de estos sonidos concretos, la pieza se divide en una expansión detallada con una áspera interacción de rítmicos y también tenues diseños fractales. Estos dos tracks continúan mostrando la paleta de trabajos de Mohanna, dependiendo de la intersección de fuentes sonoras deconstruidas y procesamiento hipnótico. Además de trabajar como artista visual, creando dibujos y videos como acompañamiento para piezas sonoras, Mohanna continúa recurriendo a las interacciones casuales dentro de los ambientes de la ciudad como material sonoro para sus formas texturadas. La grabación fue exhibida en numerosos espacios incluyendo Wysing Arts Centre, Project Number Gallery y ANDOR”. Queda la incógnita de saber cómo se desarrollaba este trabajo dentro de una exhibición sonora, quedando solo su traslación a este registro presentado por Run/Off Editions, una editorial de Nueva York con muy pocas publicaciones hasta ahora. En esa misma ciudad, donde actualmente reside Mohanna fue creado este disco: dos piezas donde una multiplicidad de formas de la realidad se mezclan con planos sintéticos, todos los cuales convergen en esta vorágine de ruido eléctrico. Todavía recuerdo, aunque vagamente, de aquel trabajo antes comentado en este sitio, de cómo una de sus piezas me recordaba en cierto sentido a las oscuras edificaciones en planos inexistentes generadas por Autechre. Y esa sensación, ese estado de la realidad paralela que es el dúo de Rochdale sirve en parte para graficar lo que acá se produce, claro que en forma diferente. Como “Draft 7.30” (Warp, 2003), como “Untilted” (Warp, 2005), timbres que no tienen correspondencia aparente entre sí, ritmos que carecen de un punto de referencia, un flujo de sonidos que van confirmando a través de la superposición una masa de electrónica concreta, casi se diría que por azar. Y en esa colisión de objetos sonoros surge una energía radiante que se desprende la unión de materias, desprendiendo pequeños trozos que se incrustan en el espacio externo. “Split X”, diecisiete minutos, primera parte donde se aprecia la concentración de ideas que parecen adversarias. En realidad la confrontación proviene de la disposición de estas dentro del plano, pues existen momentos donde todo se dirige en una misma dirección. No obstante, lo que queda es una agradable sensación de desconcierto, donde los recursos provenientes de la realidad atraviesan por un proceso que los convierte en líneas de electrónica pura, ruido digital de una enorme nitidez, fuentes sonoras aisladas de su origen y puestas en un contexto distinto, dentro de este discurso de música áspera y nada fácil. Solo al final la intensidad tiende a decrecer, aunque igualmente quedan trozos que son expulsados del cuerpo central. “Interstate”, con una duración similar a la anterior pieza, parte donde culmina esta. Y pronto la tranquilidad será excitación, luces brillantes dentro de un ritmo unidireccional, una agitación cada vez más pronunciada, caos al interior de la ciudad comprimido en minutos de acordes sin estructuras reconocibles, figuras imperfectas entrelazadas en este fascinante desarrollo de música moderna. Al igual que antes, la vehemencia desciende solo cerca de su término, dejando al desnudo las líneas básicas de este sistema sonoro, cuando la energía ya se ha consumido por la sobreexposición.

Desde el espacio público a las paredes de una galería y de ahí a las cinco pulgadas de este disco, “Phase Line” da cuenta de la caótica realidad de las vidas en las urbes modernas y su desorganizada organización, a través de estos sonidos que se contraponen y, a la vez, son enlazados por medio de un sistema que Nickolas Mohanna crea para unir los diversos puntos que sobresalen dentro del infinito universo de posibilidades. Por medio de él Mohanna crea estas estructuras de sonidos discordantes, una maravillosa trama de ruido complejo, paisajes sintéticos y electrónica concreta.

www.runoffeditions.com, www.nickolasmohanna.com


358. Book Of The Folded Forest
diciembre 1, 2014, 2:20 pm
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Orla Wren 02

Book Of The Folded Forest

ORLA WREN
»Book Of The Folded Forest«
HOME NORMAL. 2013

Las palabras bajo el bosque. El ruido bajo las ramas de los árboles, el ruido de los árboles desplegados en un libro de hojas dobladas. La separación de la vida urbana puede provocar una visión de la realidad que difiere de aquellos que están insertos en el núcleo mismo del concreto. Y también de su confrontación surge una nueva percepción que puede traducirse en palabras y notas que toman prestados elementos de distintos suelos para generar acordes y melodías que poseen una extraña naturaleza, aunque finalmente sea una de las realidades la que prime por sobre la otra, dejando que entre las fisuras se filtren otras formas divergentes. En medio de ese proceso brotan piezas que recogen el murmullo de la humedad que corre por las venas de la tierra, canciones manchadas por las cenizas de un incendio violento y por el polvo de la ciudad, electrónica de texturas ásperas y el rumor de la madera añeja. “Orla Wren es Tui. Tui hace música electroacústica que emplea el espacio emocional entre sonidos acústicos y orgánicos y procesamiento digital. Combinando las más antiguas, torcidas y orgánicas de las fuentes sonoras el las moldea en melodías y texturas de puntos detallados, revelando el anticuado aislamiento de los ambientes que lo han inspirado y representando las pequeñeces de la naturaleza en formas sonoras… Tui proviene del norte de Inglaterra y viaja por Escocia en su furgoneta vendiendo sus fotografías y creando música la cual refleja su ambiente, la esencia de un día de verano recostado en un campo, el sonido de los insectos, una ligera brisa…”. Un misterio que puede resolverse en parte al oír algunos de sus trabajos, los cuales no son tantos en realidad. Primero fue “Butterfly Wings Make« (Expanding, 2006), luego “The One Two Bird And The Half Horse” (flau, 2009) y más tarde, hace un año, “The Blizzard That Birthed Her” (Facture, 2013), junto a Aaron Martin e Isnaj Dui, y “85%” (Hibernate, 2013), de nuevo con Isnaj Dui más Offthesky. Eso hasta esta obra –otro álbum vendría esta temporada, pero eso es hablar del futuro–. Una carrera escueta pero llena de pequeñas piezas que esconden sonidos de una belleza desgastada, una tristeza acústica con incrustaciones digitales.

“Unos pocos años atrás decidimos que queríamos que Home Normal evolucionara más hacia un trabajo fílmico junto con nuestros lanzamientos musicales. Ha sido un sueño de varios años la verdad, pero necesitábamos que apareciera el proyecto adecuado antes de que pudiéramos tomar ese riesgo”. Ese deseo resulta en este trabajo que auna audio e imágenes. Un panel de ocho caras que contiene, por un lado, un CD con los sonidos desarrollados por Orla Wren acompañado de otros varios artistas y, como complemento, un DVD con siete videos de varias de las canciones de este trabajo, siete películas musicales creadas por Lumacell, Joey Bania, The New Honeyshade, Tippi Tillvind, Elise Baldwin y Skinofthetree. Eso más varias postales y un póster en A3, todo diseñado por Urban9. Una impecable obra donde convergen notas y fotografías estáticas y en movimiento, sonidos acústicos y electrónica sutil, colores deteriorados e instrumentación restaurada desde un fuego extinguido. Folk y ruido digital, la suma de muchos elementos de dimensiones minúsculas trenzados en piezas que traen abrigo frente al clima adverso. Sobre la parte visual destaca cada centímetro de las imágenes que ilustran este trabajo, desde aquel cazador montado con un ciervo muerto en una panorámica que muestra un bosque destruido, hasta esos niños convertidos en fantasmas que deambulan por los árboles caídos, témpanos insertos en figuras tridimensionales, una joven tomando sol en una playa que en realidad es una pradera, formas en contextos diferentes, todo en color sepia, la decoloración del pasado. Las películas creadas igualmente descubren un universo de tintes oxidados, hermosos desplazamientos de cuerpos y figuras en la oscuridad donde brota la poética ralentizada, inspirada por la rítmica aquietada –entre otros, resalta el video de LUMACELL para el track inicial–. “El trabajo de Orla Wren capturó nuestros oídos, ojos y corazones con su fantástico lanzamiento para uno de nuestros sellos japoneses favoritos: flau. ‘The One Two Bird And The Half Horse’ fue un hermoso álbum de tierna música electrónica producida orgánicamente. Cuando nos escribió un par de años atrás acerca de publicar su última obra con nosotros nos emocionamos. Conforme pasaba el tiempo el proyecto evolucionó a trabajar con un colaborador común Urban9. Previamente había trabajado con nosotros en ambas realizaciones de Nicolas Bernier así como en ‘Enfants Ruraux’ de Ian Hawgood. Rápidamente decidimos que este sería el proyecto”.  Y ese proyecto ansiado es este álbum, una obra de trece piezas donde desde los campos silvestres se escuchan el ruido de la vegetación junto al crujido de la madera, acordes simples ornamentados con cuerdas, cajas de música, el soplido del viento, field recordings, metales delgados y el movimiento de las hojas. Más de una hora de sonidos capturados en el bosque con apuntes añadidos provenientes del rumor de la vida en ciudad, composiciones unidas por una misma y única hebra que conecta los distintos puntos, un hilo que atraviesa todos los pasajes de este libro de páginas con los bordes deteriorados, “written, arranged, produced and masteted by Tui”. Orla WrenWren crea un mundo de fantasía en el que conviven electrónica detallista y acordes pastorales. “Book Of The Folded Forest” está integrado de una rica instrumentación acústica dispuesta de manera sobria, dejando que cada elemento se desarrolle de manera reposada, a su tiempo y en su temperatura. Y en medio florece como hierba salvaje un murmullo de sonidos producidos de forma sintética, arbustos que no interrumpen sino que acompañan a los restantes delicados estruendos. “I know now… that you sang me a love song back then and that you meant it. I can… no longer speak so I sing”. Un silencio comienza a desaparecer con el surgimiento del sonido de láminas de metal y trozos de una resonancia indeterminada. Music box, caja de músicas, cajas de música. “The Words Under The Wood”, una idea de canción que permanece en un estado incierto, sin estructuras, solo divagaciones alrededor de estallidos ínfimos, compuesta de la mano de Paddy Mann (Grand Salvo), quien aparece con su voz y su guitarra, además del cello de Danny Norbury. De inmediato uno quisiera vivir dentro de estas ramas, cuando el último trozo cae sobre el suelo. Y entonces surgen otras fracciones de música, electrónica que se quiebra en muchas partes, entre flautas y clarinetes que quedan cubiertos por el denso follaje, y por la voz de Jessica Constable, luego solo una sombra entre los acordes de cítara. “I Must Live In My Lantern”. Las cuerdas de ese final se unen con la celesta, la guitarra acústica de Lori Scacco y el cello de Aaron Martin, más la voz de Eva Puyuelo (Savath & Savalas) quien solo esparce gestos con sus labios en “The Wintering Box”, una preciosa canción donde nuevamente la idea queda en un punto intermedio. En “Willow Bows and Cats Cradles” Tui está junto a Keiron Phelan (Phelan Sheppard, State River Widening, Littlebow…): no hay palabras, solo la belleza instrumental de las melodías acústicas que se cruzan entre sí, una maravilla de sonidos recopilados junto a la tierra y sus especias, las mismas que se humedecen con la lluvia y el frío de “Four Feathers Few”. En “Shipwreck Seems Sweet To Me In This Sea” y “The Painting Tree” repite Jessica, más la compañía de Katie English. La primera pieza es más borrosa, la segunda más nítida, con la claridad de la voz que ilumina los escondites de la canción. Y esto es apenas la mitad de este trabajo. Todavía quedan los troncos quemados de “Swallowtails And The Story Born”, la brisa helada de “A Lone Flake Of Sail” con Heidi Elva en voz, las cuerdas congeladas de “Things You Cannot Keep”, “Rising Swing Ringing”, otra composición que parece habitar en las costas del invierno junto a las nubes cargadas de lluvia que limpia la piel, mientras que “In A Past Life I Was A Woodcarver’s Knife” se refugia en las ramas y el abrigo del fuego interior. Cuando la llama está a punto de extinguirse aparece de nuevo Paddy Mann con una pieza de una tristeza infinita. O al menos eso es lo que parece salir desde “Ashes From A Long Fire”, las cenizas que cubren con su color oscuro y sus múltiples ruidos diminutos y armonías marchitas el paisaje rural.

“Loss unliked me from you while friends lit fires for me on the upward swing, ringing. I found myself alive, breathing… In my arms… twig by twig. Bough by bough. A nest full of fallen fingers and arms”. Presentado con un elegante diseño visual, la edición número 46 de Home Normal es una de sus mejores publicaciones. Y junto a lo visual están las composiciones creadas por Orla Wren, retazos del bosque enlazados con el rumor urbano el que se escurre por los ríos que unen ambos paisajes. “Book Of The Folded Forest”, una obra donde los fragmentos digitales se filtran entre las hendiduras de la madera noble, un ruido de hermosa acústica silvestre y frágiles notas de una naturaleza decolorada.

www.homenormal.com, www.orlawren.eu


357. Prelude To The Sea
diciembre 1, 2014, 2:10 pm
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Prelude To The Sea

LEMONPUFFS
»Prelude To The Sea«
2014

“Years were lost on the sea”. Los años se perdieron en el mar. La pérdida de las grandes planicies de agua puede provocar un enorme deseo de volver a ellas. La imagen recurrente de su tranquilidad transparente se vuelve casi una obsesión, una idea que permanece en la mente, imposible de ser apartada, una realidad que se convierte en una ilusión constante. Supongo que eso es algo normal, al menos eso espero. Últimamente no dejo de retornar a él con el simple deseo de poder observar su quietud azul, de poder perderme aunque sea por unos segundos en su enorme horizontalidad azul, de tan solo mirar los múltiples pliegues que generan sus marejadas diminutas y contemplar las infinitas tonalidades de color añil. Y también con la intención de capturar parte de su grandiosidad inalterable para recordar con posterioridad lo que antes era tan habitual. Desde la lejanía de una de las islas asiáticas ubicada muy cerca de la línea del Ecuador y en el meridiano 103 este llegan sonidos que también miran hacia el mar, canciones que recuerdan las cristalinas superficies que rodean la caótica realidad. Desde Singapur surge un proyecto que lanza las primeras ideas envueltas en ruido ambiental y nudos de electricidad delicada. De Lemonpuffs solo se conoce quienes son y algunas hermosas imágenes, expuestas en un igualmente hermoso sitio con información escasa. De algún lugar de los que circulan por la red global se puede que Lemonpuffs es un grupo de cinco cineastas quienes decidieron aventurarse en el mundo de la creación musical después de descubrir un interés mutuo en ciertas artes como libros, cine y música. Se sabe además que se conocieron por primera vez en St. John’s Island como parte del equipo de producción de un film local, ‘As You Were’. Sus actividades creativas los llevaron a otra aventura fílmica para ‘Fundamentally Happy’, cuando la banda estaba inevitablemente formada y nombrada por un decorado de galletas de limón de milhojas. Ellos tienen un acercamiento orgánico para escribir originales canciones y han adoptado un estilo que sintetiza sus variadas influencias musicales. Eso es todo. Nada más. Casi no hay pasado del que se pueda saber mucho. Solo presente.

Una vez más, ante la ignorancia solo queda dejarse llevar por las olas de sonido y por las notas que reconfortan con la suavidad de una brisa fresca en días de calor y avenidas desiertas. Aquellos cinco cineastas, luego amigos, luego creadores de canciones, son Vivien Koh, Jingliang Tan, Jerome Chee, Lin Weidong y Looi Wan Ping. Y las piezas que surgieron desde imágenes traducidas a partituras etéreas es esta primera obra, presentada impecablemente en color turquesa. “Prelude To The Sea”, publicado nada más que por ellos mismos es un CD dentro de un sobre de cartón a modo de libro que en su interior contiene fotografías en blanco y negro que ilustran las canciones que vienen dentro del plástico con los archivos de ruido. Un precioso diseño de Parabole (Karen Wai + Jean Paolo Ty) en un exquisito aroma, el aroma del papel. “Prelude To The Sea” son apenas seis partes que atraviesan por diversos estados aunque conservan una misma sonoridad, un clima uniforme en que se desarrollan estas piezas de ritmo contemplativo, como atardeceres que nunca se van o amaneceres que nunca se convierten en mañana. La luz tenue de un sol que recién despierta ilumina estos recorridos por acordes sencillos adornados con sobriedad, a veces permitiendo que las palabras entren en sus delicadas espirales. En este trabajo no parecen haber grandes ambiciones, más que simplemente reflejar en sonidos una vista de las grandes extensiones a través de guitarras que miran el suelo y armonías que observan el cielo. Unas delicadas cuerdas dibujan acordes que se difuminan en el aire, perdidos en la corriente de aire cálido, imaginando el sopor de una jornada que derrite el ánimo. Y detrás un ritmo pausado que viene y desaparece mientras las ondas de electricidad permanecen desfigurándose como si el sol desafinara su figura, creando una atmósfera aletargada. La sencillez instrumental de “Parable I” actúa como preámbulo para este preludio de las costas infinitas, sencillez eléctrica de un brillo ligero. Lo vaporoso del comienzo se vuelve apenas un soplo a medida que los segundos corren sin prisa, a medida que la música se asienta con su peso ingrávido. Cuando el arco de la última estrofa anterior se dobla aparece otro arpegio en medio del silencio, en mitad de un murmullo apenas visible. Y tras ellos la voz de Vivien. “Your face was glowing in the light of the water’s reflection”. Una delicada voz que se balancea con suavidad entre las ramas que se trenzan de manera sobria, aún en los momentos que la estridencia intenta arrancar de la tranquilidad. “By The Lake”, una pieza donde se pasa de la casi inmovilidad a una cierta movilidad sin que se note la diferencia, solo un golpe que separa las distancias cercanas, al tiempo que las frases se esparcen en el suelo de astros rotos, una hermosa canción que se retira a los pocos minutos entre perlas diminutas. “Akureyri” es un retorno a las formas del inicio, añadiendo un poema sobre el remolino de guitarras y sonidos. “The sea is frozed over and the memories were encapsulated. An invisible wave overcame, a reminder of what had existed before”. Cuerdas destempladas que viajan alrededor de palabras recitadas, frases habladas en una escena fija que gira por el desplazamiento de los dedos sobre el mástil y el eco que sigue dejando rastros tras suyo. “Crystalized pieces of me”. Trozos de vidrio, prismas que brillarán de una forma distinta, con la claridad de la mañana, con el fulgor vespertino. Fragmentos de electrónica a punto de ser imperceptible se filtran por la acústica natural, manos desnudas deslizándose por el nylon que imaginan esta pieza de folk de una pureza inconmensurable, la tersa textura de las cuerdas. “Drifting as a silhouette”. Los versos suenan maravillosamente tiernos en los labios de Vivien, una bella fragilidad que se desprende de “Lighthouse”. La fragilidad continúa, expresada de formas diversas aunque similares. “Golden Hour”, notas que emiten un brillo leve que parece flotar, de nuevo con esa voz que vuelve todo ligero. “Stay with me”. Después solo quedarán sonidos vacíos de palabras, el piano que acapara la atención de manera tímida, cubierto de un manto de pequeños ruidos naturales y restos de música esparcida en el terreno débil. La solemnidad de “Prelude II” hace que todo caiga al suelo de un modo grácil.

“Years were lost on the sea, when with a simple goodbye, the words she uttered, so foreign, cold to me blew across the warmth, welcoming a cloud of mist that took a while to clear”. Una nube de niebla que queda detrás del brillo solar el cual atraviesa las corrientes marinas hasta iluminar las costas. Debajo de su simpleza, se oculta un hermoso sonido que fluye con naturalidad. Canciones simples con adornos discretos, una calma general y una ligera estridencia que nunca llega a enturbiar la temperatura de estas piezas desarrolladas por estos cinco creadores de imágenes y sonidos de nombre Lemonpuffs. “Prelude To The Sea”, un preludio al mar, el ruido del mar que recuerda los océanos perdidos y su interminable planicie de olas y texturas transparentes.

www.thelemonpuffs.com


356. Sinfonietta
diciembre 1, 2014, 2:00 pm
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Sinfonietta

MARSEN JULES
»Sinfonietta«
DRONARIVM. 2014

La repetición de una nota, el eco de un acorde que parece inagotable, una melodía que atraviesa un sistema de energía invisible y que se extiende desde un punto determinado hasta una distancia indeterminada. Acústica ambiental y electricidad difuminada, un ruido inextinguible de una belleza romántica, cuerpos que se desplazan como planetas grises en órbita alrededor de una estrella que irradia una luz resplandeciente. El rastro de una melodía que permanece expulsando de su cuerpo intangible una tonalidad desgastada, un momento que se reitera incansable hasta que el exterior termina consumido por la vorágine de su belleza desdoblada. La música de Martin Juhls siempre ha tenido ese carácter, desde sus primeras obras, una música que nace desde un determinado lugar y se propaga hasta una lejanía difícil de alcanzar, aún en sus piezas más breves, notoriamente claro en sus desarrollos más dilatados. Y también siempre han estado presentes vestigios de un clasicismo que es puesto en nuevo contexto, dentro de nuevas formas, una mirada hacia el pasado que retrotrae figuras olvidadas. Muestras de ello son “Lazy Sunday Funerals” (Autoplate, 2003), “Yara” (Autoplate, 2004), “Herbstlaub” (City Centre Offices, 2005) y el impresionante “The Endless Change Of Colour” (12k, 2013) [261]. Incluso también es posible apreciarlo en planteamientos diferentes como “Beautyfear” (Oktaf, 2014) [303] “olas del mar y el hielo que quema la piel. Un paisaje natural digitalizado, vida silvestre convertida en píxeles y datos codificados. Enormes brisas de aire frío que cubren una geografía austral, brisas que se pueden interpretar en sonidos y notas extensas”.

“The long-awaited release of ‘Sinfonietta’ by Marsen Jules crowns the year 2014 for Dronarivm”. Un agitado año para el sello de Moscú dirigido por Dmitry Taldykin que acaba con este primer trabajo por parte de Marsen Jules, antes solo presente con dos de sus piezas en dos recopilatorios, “Aquarius” (Dronarivm, 2013) y “15 Shades Of White” (Dronarivm, 2013). Además este también ha sido ocupado para Juehls: además de dirigir Oktaf, ha publicado el citado “Beautyfear” y “At GRM” (Oktaf, 2014) [350], “una nueva obra reducida donde los sonidos vuelven a estancarse, donde las armonías se expanden todavía más… Una de esas obras donde el tiempo y sus limitaciones no tienen cabida, un punto de acústica que se propaga en el espacio de forma infinita. Capas de sonido que se prolongan aumentando la fracción que hay entre un segundo y otro, como si tomaran los puntos que existen en esa unidad de medida y separaran su dimensión hasta agotar el espacio temporal. Contra la ley de la física… “At GRM” de Martin Juhls es un álbum que precede a su obra desarrollada y ampliada posteriormente, los paisajes de ruido glacial y ardor incandescente e inagotable”. La edición número 28 de Dronarivm presenta esta obra extensa de Jules, un trabajo donde rastros de cuerdas y metales nobles se funden al amparo de un calor que derrite los bordes para unir sonidos, creando un acabado de minimalismo ambiental y acordes que fallecen en una lenta y hermosa agonía. “Sinfonietta” es un álbum donde una misma coloración va tomando distintas formas en un desarrollo pausado y un avance paulatino de notas tardías, un trabajo de electrónica que se traslada a una velocidad reducida mientras se va creando esta panorámica amplia sensaciones abatidas. “Aristóteles se refería al término ‘sinfonía’ como la música de las esferas que abraza el concepto de la armonía etérea. ‘Sinfonietta’, el cual dura 55 minutos, es un primer elemento de la arquitectura cósmica, un modelo del universo en miniatura. Abierto en el tiempo, esta composición autónoma es hábilmente entrelazada con fragmentos sonoros orquestales repetidos en una manera cíclica. Pero no sería suficiente con solo escuchar la música. Marsen Jules ofrece una nuevo sentido de la realidad más allá de las tres dimensiones conocidas, donde el tiempo es no lineal y la percepción es multivariada”. Una sola pieza, cuarenta y cinco minutos y cincuenta y seis segundos, un loop irregular sobre un gran plano de acordes vagos. Al igual que su trabajo para 12k, este también consiste en una misma idea que se desarrolla a lo largo de los minutos, aunque de forma más regular que aquel, sin demasiados quiebres, casi ninguno en realidad. Son solo movimientos dentro de la curva de sonidos, un desplazamiento ondular donde cambia la intensidad y el valor desde un punto cero, generando estas olas de ruido orquestal. “Sinfonietta” es una obra de una magnificencia sobria, apuntes de una música eterna que se despliegan con una enorme tranquilidad, variaciones a partir de un mismo trazo que se tiende en el espacio dejando detrás suyo huellas de majestuosidad auditiva, una estela de armonías inacabables. Por la forma como comienza da la impresión que incluso desde antes ya existe, y lo que vemos es solo una parte, una fracción de algo que es todavía mayor. Ahora, no obstante toda esta linealidad, igualmente es posible percibir ciertas diferencias, formas distintas en este desarrollo homogéneo pero que de todas maneras mantienen dentro de la misma escala. “Sinfonietta” es otra transformación interminable del color, un paisaje infinito de coloraciones tenues y ruido minimalista, un despliegue de notas que se superponen una sobre la otra, dando forma a una bella melodía que varía con un ritmo pausado. Una indefinición amplia donde un sonido se confunde con el otro, donde en la partitura general las anotaciones ocupan más de su propio espacio, invadiendo el siguiente, generando un panorama de armonías que se pierden, sonidos que se extravían en la suma de esos sonidos, quedando como remanentes que persisten en el aire. Martin Juhls crea una sinfonía de ambient pop en la cual las cuerdas quedan reducidas a recuerdos borrosos, imágenes veladas que se trasladan con una métrica estática, y donde la estructura asimétrica se abandona a esta extensa melodía disipada.

“Unwrapping in time, this self-contained composition is skillfully woven out of orchestral sound fragments repeated in a cyclical manner”. Con fotografía de Anders Weberg, que también son figuras que se pierden entre sí, el poeta sonoro Martin Juhls presenta en “Sinfonietta” una obra donde las notas van cambiando de color a medida que los segundos transcurren con una pasmosa lentitud, sonidos que desaparecen en una bruma de armonías, una maravillosa melodía interminable de hermoso ruido minimalista y romanticismo ambiental.

www.dronarivm.com, www.marsenjules.de


355. Zeitkratzer + Keiji Haino
diciembre 1, 2014, 12:20 pm
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Keiji Haino 06

Zeitkratzer + Keiji Haino

ZEITKRATZER + KEIJI HAINO
»Zeitkratzer + Keiji Haino«
ZEITKRATZER. 2014

El ruido de la oscuridad. Un grito en medio del resplandor eclipsado por una estrella opaca. Negro sobre negro. “Shouting, scratching, screaming, piping, chattering, crying, rumbling, oscillating, roaring, clashing, juttering, tinkling, singing…”. El ensemble creado por Reinhold Friedl se enfrenta nuevamente al misterio que vino desde Japón. Zeitkratzer, “el sonido hecho visible, tangible, corpóreo, una verdadera e inolvidable experiencia corporal de música en vivo. La fisicidad del sonido es celebrada a través de técnicas instrumentales extendidas, entendimiento mutuo y amplificación de instrumentos tradicionales. Un punto intermedio entre música instrumental y electrónica que se vuelve más bizarra y sorprendente que cualquiera de estas”. Friedl y el resto de integrantes de esta entidad de acústica amplificada continúa expandiendo su sonido y sus formas imprevisibles. Antes estuvieron otros desarrollos, como su interpretación de una de las más prístinas obras de Lou Reed, ahora reformulada en “Lou Reed. Metal Machine Music” (Zeitkratzer, 2014) [340] –“Lo que parecía indescifrable es finalmente transcrito a notas, a sonidos esquematizados. Pero a pesar de ello, del orden establecido, la confusión persiste, evidenciando la enorme fuerza y el valor incalculable de esta creación, un punto de inflexión de la música contemporánea… Las cuatro caras en que se dividía antes son las cuatro piezas que forman esta obra. La furia incontrolable de unas cuerdas en mal estado son ahora una multitud de formas con una misma substancia. Electrónica imperfecta convertida en acústica que desafía las leyes de lo posible, una red compleja de sonidos, notas, timbres, ritmos, estruendos, silencios, vacíos, espacialidad, afinaciones de lo imposible que convergen todas juntas en una sola entidad de música donde el drone se propaga hacia un lugar en la distancia hasta repetirse en millones de segmentos diferentes… La nueva versión/ interpretación/ reconstrucción por parte de Zeitkratzer se erige como una obra nueva que surge de los escombros de una edificación todavía impresionante. Friedl y su ensemble de sonidos crean, a partir de un cuerpo en apariencia indescifrable, una trascripción del concreto y la electricidad deteriorada en extensas e interminables piezas de sonido que se desplazan a través de la acústica del drone infinito, la belleza del ruido encriptado”–. Y antes también estuvieron otros artistas, desde Carsten Nicolai a Zbigniew Karkowski, de Jim O’Rourke a Keiji Haino. Con este último es que vuelven a compartir escenario y intercalar las partituras de unos con el estruendo indescifrable del otro. Nacido en mayo 3 de 1952 en Chiba, Japón, Haino es uno de los misterios más fascinantes de la música moderna. Con trabajos innumerables, Haino ha desarrollado una historia en donde explora el ruido desde una misma óptica pero con ángulos infinitos. Sin embargo, pese a que sus creaciones son múltiples, tanto en su obra como parte integrante de varios proyectos –Aihiyo, Black Stage, 静寂, Fushitsusha, Kikuri, Knead, Lost Aaraaff, Nazoranai, Nijiumu, Purple Trap, Sanhedrin, Vajra– y otras tantas colaboraciones –Faust, Boris, Derek Bailey, Joey Baron, Peter Brötzmann, Loren Mazzacane Connors, Bill Laswell, Musica Transonic , Stephen O’Malley, Merzbow, Oren Ambarchi, Jim O’Rourke, John Zorn, Yamantaka Eye, Fred Frith–, además de por supuesto sus trabajos personales, su desarrollo artístico y su exposición resulta todavía un misterio asombroso y cautivador. Detrás de sus gafas oscuras y su larga cabellera se encuentran una persona y su creación que se confunden en notas de estridencia inmóvil y silencio asfixiante, una representación de la existencia, la imagen del arte en su expresión más radical.

So, black is myself. Habiendo colaborado en muchas oportunidades, un nuevo encuentro permite poder escuchar otras facetas de esta nueva entidad que emerge como un delgado aullido instrumental. “En su segundo trabajo con Zeitkratzer el enigmático ícono de la escena noise /experimental japonesa Keiji Haino se concentra únicamente en su voz. Nada de electrónica es empleada, excepto para la amplificación. Sin embargo, esta grabación en vivo es aún más radical que la primera (“Electronics”, 2008). Radical es la concentración en el muy limitado pero frenético material musical, resuelto en los detalles, lo cual es rara vez escuchado en el contexto del noise, permitiendo a Keiji Haino ocultarse en él, pasar encima, fundirse o solamente enfrentarse. Los instrumentos amplificados de Zeitkratzer, tocados con técnicas extendidas y desarrolladas por el grupo y destacados músicos por más de una década, y la increíble riqueza de Haino en los timbres de voz y ruidos se complementan el uno con el otro perfectamente”. Al igual que “Electronics” (Zeitkratzer, 2008), esta es una recreación en formato plástico de un registro en vivo donde la fuerza interpretativa del ensemble europeo se une con el enorme poder que fluye de la garganta de Haino. Seis piezas conforman este trabajo en el cual se pueden escuchar distintas variaciones de una sonoridad uniforme pero repleta de matices que aparecen en medio de los sonidos, formas imprevisibles de ruido transitando por entre las grietas de una música que consume la luz. “La colaboración de Zeitkratzer con el músico japonés Keiji Haino comenzó el 2005 con un concierto en Volksbühne en Berlín. Su primer CD juntos y numerosas apariciones en festivales le siguieron. Para el concierto el cual es documentado en este CD, Haino se concentró completamente en su voz, usando solamente su instrumento natural y dos diferentes micrófonos”. La electricidad, por tanto, queda reducida al vehículo por donde transitan estos acordes inescrutables. Grabado en directo en Jahrhunderthalle Bochum, Ruhrtriennale, “Zeitkratzer + Keiji Haino” es interpretado por Reinhold Friedl (piano, dirección), Frank Gratkowski (clarinete), Hild Sofie Tafjord (corno francés), Hilary Jeffery (trombón), Marc Weiser (ruidos acústicos), Maurice de Martin (percusión), Burkhard Schlothauer (violín) y Anton Lukoszevieze (violonchelo), más obviamente la comparecencia de Haino. Un grito contenido, el aire que sale de un cuerpo que encuentra formas extrañas y palabras que tienen un significado desconocido, estruendos que surgen desde los pliegues vocales. Movimiento, contracción, músculos, membranas, vibración, interrupción. Un sistema complejo que en el caso de Haino produce aún más complejos sonidos, un cuerpo extraño de ruidos. Esos mismos comienzan a engendrar notas imposibles de duplicar, las que pronto se confunden con la complicada red de acordes que Friedl crea y es desplegada por los otros cuerpos de sonido. La presencia de Keiji tiene una forma singular, casi irreal, como si transitara entre dos mundos, dos planos opuestos. Eso se manifiesta en “Ghosts”, donde convergen ambas realidades, unidas a una tercera que es Zeitkratzer, configurando un caos que está a punto de explotar, con miles de cuerdas divergentes, notas que se apartan y luego se encuentran provocando hermosas colisiones. La confusión se completa en “Smashine”, estallidos en el paisaje nocturno, una furia que decae en “Roses”, once minutos de belleza monocromática que reposa en una quietud tensa, delicados trazos en el piano junto a la voz que ahora parece frágil, una poética indescifrable en medio de las delgadas líneas de acústica orgánica. El desconcierto retorna con “Birdy” y también con “Wet Edge”, solo que de manera más estática, una relativa inactividad que se quiebra en “Cryogen”, el grito después de un silencio, una descarga de electricidad auditiva que absorbe cualquier otra manifestación de energía. De pronto todo vuelve a ser silencio, aunque con los músculos agotados luego de este estremecimiento de la fuerza audible.

“Zeitkratzer ha colaborado con Keiji Haino por más de ocho años. No sólo es un placer sino que además siempre es un reto en el que concentrarse y re-definir esta colaboración. Un proyecto que es altamente energético, intenso y, por último, poético”. Formando una enrevesada trama de sonidos y notas, un plano múltiple de ángulos agudos que configuran una red abrupta de armonías imprevisibles, cada actor contribuye a crear este muro de sonidos cortantes. La instrumentación de Zeitkratzer y, sobre todo, la corporalidad de Haino consumen el espacio y el tiempo en su vorágine en monocromática, como un cuerpo celeste opaco de que envuelve la materia. Una substancia oscura de ruido acústico.

www.zeitkratzer.de


354. Liminality
diciembre 1, 2014, 12:10 pm
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Liminality

YANN NOVAK + FABIO PERLETTA
»Liminality«
DRAGON’S EYE–FARMACIA901. 2014

Distintas variaciones del ruido y el silencio, y el espacio que queda entre esos dos estados, aquella fracción de sonido que acontece justo en el momento inmediatamente siguiente a la inmovilidad. En el caso de estos dos artistas sonoros la investigación realizada para descubrir la esencia de la música radica en un punto donde el movimiento que esta genera desde una distancia relativamente considerable parece solo una quietud imperturbable. Es en la proximidad donde se percibe el desarrollo de planos auditivos, partículas que se desplazan a con una pasmosa tranquilidad que lentamente van formando secuencias de estruendo subliminal, capas de notas digitales con pequeños fragmentos de luz incrustados en la panorámica aural. Tanto Yann Novak como Fabio Perletta han creado una obra que se extiende a partir de esas formas, largas piezas donde la estabilidad se sobrepone a la actividad. Yann Novak, artista multidisciplinario que a través del uso de sonido, luz y espacio explora cómo estos materiales intangibles pueden actuar como un catalizador para enfocarnos en nuestra conciencia sobre el momento presente y alterar nuestra percepción del tiempo. Fabio Perletta, artista sonoro y multimedia, cuyo trabajo incluye música electrónica e instalaciones de luz y sonido, trabajo que a través de la utilización de computador, generadores de sonido digital y software personalizado explora las intersecciones entre diferentes y a la vez complementarias áreas como física, psicología y percepción humana.

Existiendo una relación que hasta ahora no había sido posible extender hasta campos sonoros, ahora finalmente es posible escuchar una composición donde ambos se desenvuelven en espacios similares. Además, esta misma temporada que ya llega a su término, los dos han entregado impecables obras de ruido minimalista. Por una parte Yann Novak presentó “Snowfall” (Dragon’s Eye, 2010) [301], dentro del relanzamiento del sello. “No es fácil describir el estado material en que se encuentran sus partículas de audio, pues pareciera que existe una tensión permanente oculta bajo un manto de mutismo. Como en sus otros trabajos, existe una linealidad, pero una linealidad que es solo aparente, pues bajo esa movilidad estática se suceden cambios imperceptibles, difíciles de apreciar… Una capa de electricidad tenue permanece durante un período largo, esa electrónica tan propia de Novak que parece más fibras de luz que tiende una red de energía brillante inapreciable. Esa red sufre distintas variaciones de intensidad durante el tiempo por el que se prolonga este trabajo, como diferentes tonalidades de un mismo color, una paleta expresada en hertz cuya altura se mueve en patrones reducidos”. Por su parte Fabio Perletta presentó “Interstitial Spaces” (Farmacia901, 2014) [310], un trabajo donde “el movimiento relativo de su obra anterior se vuelve estabilidad en su siguiente paso. “Interstitial Spaces” supone una estridencia oculta bajo una densa nube de electricidad, un extenso trabajo donde el desplazamiento de partículas adquiere formas intangibles y donde cada uno de los postulados que dirigen Farmacia901 cobran especial significado… Ciencia como música, música como ciencia. El eco del vacío reduce las notas a un esencialismo diáfano, una obra especialmente intensa dentro de su inmovilidad… La limpieza del sonido contrasta con la oscuridad latente, oculta bajo su aspecto impasible, una amplia materia obscura reflectante que más tarde abandonará para derivar en un brillo de suave incandescencia”. Planteado solo como una publicación digital y de edición ilimitada, “Liminality” aparece conjuntamente en las plataformas dirigidas cuidadosamente por estos dos artistas. Una extensa pieza de electrónica microscópica y eventos ínfimos, un desarrollo pausado de ritmos ocultos y armonías imperceptibles. La música de Novak + Perletta reside en un nivel del sonido en que las fracciones que lo componen permanecen en un estado casi incorpóreo. No obstante, es posible distinguir con una gran claridad cómo esas mismas fracciones se despliegan sobre un suelo de estática blanca, cómo se dispersan en una superficie de formas sintéticas. ‘Liminality’ es la primera colaboración entre Yann Novak y Fabio Perletta y es publicada conjuntamente por Dragon’s Eye y Farmacia901. En ‘Liminality’ los artistas exploran diferentes estados de ambigüedad que ocurren en la etapa intermedia del proceso compositivo, antes que su estructura llegue a fructificar. La pieza habita en el umbral entre el descubrimiento sonoro y la composición realizada completamente. ‘Liminality’ explora una paleta similar de sonidos, siempre a punto de convertirse en algo más, pero nunca materializado por completo. ‘Liminality’ contiene grabaciones recolectadas por Fabio Perletta en el Cementerio Père Lachaise, París, el 19 de abril de 2013”. Cuarenta y cuatro minutos, cuarenta y ocho segundos, un plano de electricidad prolongado donde los cambios ocurren de manera sigilosa. Desde el silencio comienza a formarse esta composición estacional, desde la inactividad surgen las primeras notas intangibles las cuales se quedan en un mismo punto, estirando su efecto hasta un limite indefinido. Y en ese lugar de la composición van cayendo sonidos, trozos de él, los mismos aparentemente recogidos por Fabio que se intercalan como pequeñas piedras sobre la nieve, generando una capa densa de ruido. Y así, de pronto, lo que antes era quietud deja de serlo, aunque no de forma explícita sino que más tácita. Un mar de sonidos abrasivos y de aspecto rugoso que se dilata por varios segundos hasta que un brillo refulgurante limpie la superficie convirtiendo todo en luz blanca, una fosforescencia que igualmente terminará por cubrirse de objetos de sonido, cuerpos infinitesimales que se filtran por los intersticios que quedan en la linealidad sonora. “Liminality”, los escombros que quedan, son una materia extraña de formas diferentes que se ocultan en la corriente de notas inmutables, una textura azul pálido.

Liminalidad proviene del latín līmen, que significa amalgama o bien membrana, concepto que se caracteriza por la ambigüedad, la apertura y la indeterminación, una fase intermedia que influye en el sentido de identidad del objeto que aborda. El primer encuentro entre los músicos de Los Ángeles y Roseto degli Abruzzi produce un trabajo momentáneo de sonidos que se descubren detrás de una apariencia vacía. Yann Novak y Fabio Perletta dan forma a una composición llena de detalles minúsculos que se interponen en las notas horizontales, como en la fotografía del propio Novak. “Liminality” es acústica fragmentada dentro de la luminosidad confusa e indefinida.

www.dragonseyerecordings.com, www.farmacia901.com, www.yannnovak.com, www.fabioperletta.it


353. The Pink Caves
diciembre 1, 2014, 12:00 pm
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The Pink Caves

FENSTER
»The Pink Caves«
MORR MUSIC. 2014

“Un mundo de ensueño sonoro de percusiones táctiles espectrales, sedosas armonías vocales y montones de substancia viscosa rosa y ruido”. Desde Nueva York y luego a Berlín, canciones que realizan un trayecto extenso desde ciudades opuestas atravesando no solo el asfalto gastado sino además los espacios ocultos, el subsuelo de sonido y los conductos escondidos de la conciencia. Las apariencias pueden engañar, y de hecho lo hacen. Puede parecer una estructura sencilla, y puede que en realidad lo sea. Sin embargo, detrás de la superficie de normalidad se encuentran otras formas y otras texturas que delinean diferentes configuraciones del sonido, armonías que emergen entre las fisuras visibles, figuras inaprensibles operando en otros niveles. Fenster es Jonathan Jarzyna, JJ Weihl, Rémi Letournelle y Lucas Chantre. Fenster es la manifestación pop deconstruido de Weihl, antes en Estados Unidos, luego en la capital alemana y Jarzyna, originario de la ciudad antes conocida como Cölln, a quienes con el tiempo se le unirían el resto de los integrantes, “uniendo capas de sutil distorsión, acordes melódicos y paisajes sonoros de la ciudad bajo narrativas de sueño. En medio de ese proceso, y luego de grabar algunas canciones, los oídos de Thomas Morr atraparían esta sonoridad onírica, editando primero en uno de sus sellos paralelos el 7” “Oh Canyon / White To Red” (A Number Of Small Things, 2011) y más tarde en su casa de sonidos amables “Bones” (Morr Music, 2012). Ruido y melodía, distorsión contenida y ritmo somnoliento.

Luego de haber pasado dos años de ese primer trabajo Fenster retorna con una nueva colección de canciones que forman una unidad indivisible, un conjunto de piezas que atraviesan por varios estados similares y que conservan un mismo tono, una misma coloración desgastada, pasando de la relativa agitación a la calma. Ondas lentas, adormecimiento, sueño ligero, transición, sueño delta, distintos estados y diferentes fases aunadas que provocan una agradable sensación de sopor que se arrastra como una rítmica materia oscura. “El segundo registro de Fenster ‘The Pink Caves’ es un obscuro cuento de hadas lleno de capas de guitarras tremolo, percusión táctil, suaves sintetizadores análogos y melodías vocales de polvo lunar. Los tracks te llevan en una caída libre en cámara lenta a través de la boca de la madriguera del conejo dentro de un etéreo mundo de paisajes sonoros espectrales, exuberante opulencia pop y minimalismo, sacando inspiración de la ciencia ficción, bandas sonoras francesas de los setenta y misticismo Lynchiano”. A veces puede parecer que existe una abundancia de sonidos que provocan un mareo, otras una escasez de los mismos, una sobriedad de recursos decorados con lujo minimalista que igualmente provocan una sensación de pérdida. Pop retrofuturista y canciones en el museo de animales imaginarios que se desenvuelven con un ritmo pausado y con una libertad que permite que sus partes se desarrollen de manera no forzada, donde las voces se acomodan perfectamente a la instrumentación de satín. “El trabajo sobre ‘The Pink Caves’ comenzó a principios de 2013. Un estudio casero fue instalado en una cabaña en Alemania de Este y toda la casa fue conectada de modo que cada habitación contenía diferentes elementos, montada de una manera en que eran capaces de grabar juntos en vivo. Como resultado ‘The Pink Caves’  se irradia con un intuitivo y espontáneo acercamiento a la experimentación ruidosa. Según dicen la banda usó la casa en que grabaron como un instrumento en sí mismo, usando golpes de puerta, sonando el metal del horno, el tictac de los relojes, los animales en el patio, el agua en el pozo, candeleros, colgadores y fósforos, lo que fuera que llegara a ocurrir. Todo esto fue capturado por el productor Tadklimp, cuyas idiosincrásicas e inimitables habilidades de producción desenredaron las complejidades y texturas del álbum. El nuevo álbum sondea las profundidades con trozos rotos y agrietados”. Existen reminiscencias de otras músicas, especialmente Broadcast, aunque sin los múltiples quiebres y esquinas de estos. No obstante, eso no impide poder apreciar de manera aislada estas composiciones, algo que se hace necesario con prácticamente cada nuevo proyecto que surge. De hecho, alejada solo un poco la mente de recuerdos ajenos se puede descubrir los muchos mundos que habitan en “The Pink Caves”, las muchas formas de un pop con muchos lados, como imágenes reflejadas en espejos rotos que devuelven figuras extrañas. La excitación inicial abre paso a otros sonidos y a la voz que deja escapar palabras que no lo son, junto a notas que se desvanecen, una aceleración que se detiene con una calma suave y a la riqueza de las superficies instrumentales que acompañan la lírica delicada. “Better Days”, alteración luego quietud, la que persiste en “Sunday Owls”, guitarras que se multiplican, notas tersas y de nuevo la voz de Weihl sobre un fondo vaporoso. Más tarde será Jonathan quien balancee las palabras sobre los acordes llenos de pequeños disturbios (“In The Walls”, “Cat Emperor”). Y más tarde aún JJ moverá sus labios al amparo de una caja de ritmos fantasma en “True Love”, dentro de una isla distante de melodías que se desplazan con una calma atrayente, a diferencia de las ondas de “Mirrors” o de la acústica noctámbula de “Fireflies”. Un mismo estado de coma en distintas alteraciones. “On Repeat” y “Hit & Run” parecen más inquietas, algo que en cierta manera ocurre en el krautpop de “1982”. “Creatures” termina con la levedad en se ha convertido la atmósfera de cuerpos que caen con una lenta gravedad.

“Con sus letras sutiles y surrealistas, ‘The Pink Caves’ a menudo se siente como una conversación con un espectro imaginario, a veces anhelando la pureza de la naturaleza y, ocasionalmente, lamentando la futilidad de todo. Temas de amor distópico, apego, distanciamiento y alienación se impregnan, describiendo cosas invisibles en un telón de fondo de un mundo de ensueño subterráneo dónde los malos sueños son finalmente traducidos en buenos en el superior esquema de las cosas. Con este disco Fenster se aventura a nuevos espacios, explorando diferentes técnicas, instrumentación y estructuras de canción. El título del álbum y su estética deriva del concepto de un cielo de fantasía, un lugar al que vas cuando mueres y que solo existe en tu mente”. Avanzando hacia terrenos todavía más recónditos, Fenster construyen canciones detallistas y a la vez borrosas, armonías vocales recubiertas de una instrumentación cargada de una materia extraña. “The Pink Caves” es pop fuera de época, estructuras atemporales donde las palabras transitan por un sueño de sonidos adormecidos, piezas de melodías puras envueltas en celofán, un precioso ruido onírico.

www.morrmusic.com, www.fensterbones.com


352. Bokeh
noviembre 1, 2014, 2:20 pm
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Wil Bolton ©Richard Outram 01

Bokeh

WIL BOLTON
»Bokeh«
HOME NORMAL. 2014

“From very subtle beginnings you are left to uncover wonderful variances, discovering new elements coming to the fore with each listen”. Melodías definidas sobre un fondo de sonidos borrosos, abandonadas en la luz que se difumina con el enorme brillo de la radiación solar. Rastros de electrónica y fragmentos de ruido cubren el desplazamiento suave y tenue de las notas que forman piezas de una emotiva calidez. Música que nace en una dimensión irreal y que desemboca en un plano de la realidad muy cercana a quien está detrás del audífono. Wil Bolton, músico inglés que ya tiene tras suyo unos seis trabajos para varias editoriales dedicadas a recopilar los sonidos de la naturaleza digital, músico al que sin embargo conocimos hace muy poco con uno de sus varios proyectos, Ashlar, junto a Phil Edwards. “St James’ Gardens” (Hibernate, 2014) [309], “melodías relajadas en días que decaen lentamente con el peso y la gravedad del sol tibio, sol de invierno sobre el suelo oscurecido por la lluvia. Folk digital lánguido de tonos que adquieren las formas del atardecer, cuando la luz desaparece con la llegada del frío invisible… Piezas que nacen como una vertiente de agua espontánea, deja que los acordes fluyan naturalmente, adornados por destellos que evaden las sombras: anotaciones registradas al azar, exentas de toda presión posible, de cualquiera exigencia del tiempo que devora lo que se le atraviese. Rastros de sonidos acústicos sumergidos entre trazos cazados dentro del movimiento de la ciudad, la música de Ashlar parece ser recogida de manera opuesta a cualquier pretensión forzada, de la misma manera que se capturan los momentos que ocurren desde sin premeditación detrás del micrófono… Reposo y lentitud. A un costado de los muros que sostienen una ciudad se puede oír el movimiento constante de la misma, un avance de las horas sujeto a una ralentización que disuelve el efecto asfixiante de la agitación”.

Desde la isla de Japón nos llegan estas canciones creadas entre el murmullo eléctrico y la leve estridencia acústica. “Wil ha sido un querido amigo y colaborador por muchos años, incluso un poco antes de que Home Normal llegará a existir. Hemos observado con asombro el desarrollo de Wil desde su trabajo electrónico como Cheju, a dirigir el maravilloso sello Boltfish y, en años recientes, sus geniales lanzamientos en las excelentes etiquetas Hibernate y Time Released Sound”. El nuevo trabajo de Bolton inserta un ruido fraccionado dentro de la sonoridad ambiental, piezas que forman parte del flujo de acordes desarrollados de manera libre en el espacio externo a los circuitos eléctricos y que Wil hace parte suyo. “‘Bokeh’ es uno de esos agradables discos que no te afectan de inmediato para ser honesto. Esa, sin embargo, es la belleza del trabajo de Wil. Desde comienzos muy sutiles quedas para destapar maravillosas variaciones, descubriendo nuevos elementos que salen a la palestra con cada escucha”. Además de los bellos paisajes que contiene este álbum, su presentación es igualmente impecable. “Bokeh” viene en un sobre de cartón y en él una fotografía capturada por Hitoshi Ishihara en papel washi de siete pulgadas de tamaño y, más al interior todavía, el CD acompañado de otra fotografía recogida de algún álbum familiar ya olvidado más una dispositiva Ektachrome, un precioso diseño de togoshi + mondül. “Bokeh” son seis piezas desarrolladas en casi tres cuartos de hora, el tiempo necesario y apropiado para que estas composiciones se asienten, la medida justa para que las armonías y los detalles que las rodean tomen forma en estos trazos de música natural. Como en ese anterior trabajo que hace poco conocimos, al igual que él se puede escuchar el ritmo de la ciudad y los campos externos junto con los acordes creados a partir de esa realidad, formando una misma tonalidad de sonidos que quedan en un estado intermedio. La mayoría de las veces las armonías se quedan estáticas, quietas en un punto determinado, las que se mueven gracias a pequeños destellos de luz que se filtran por las rendijas de esos acordes. Lo que se oye no son precisamente formas con una cierta estructura determinada, sino más bien ideas vagas que se pierden en las ramas de luminosidad y fragmentos de ruido, extraviadas en el entorno y el movimiento cotidiano. De nuevo la luz se presenta como un planteamiento que se esconde detrás de esta obra. “La palabra japonesa ボケ味 (‘boke-aji’) se relaciona con una “cualidad de desenfoque” y es conocida como una técnica fotográfica con la cual puntos de luz fuera de foco son procesados por ciertos lentes. Puedes obtener un buen o mal bokeh lo cual a menudo se refiere al nivel de distracción de la imagen, con la buena por supuesto realzando de alguna manera la imagen en su propia y misteriosa forma. Ciertamente, bokeh se considera una anormalidad óptica. Para robar una cita final: ‘Las anormalidades ocurren debido a que la teoría paraxial no es un modelo completamente exacto del efecto de un sistema óptico sobre la luz, más que debido a las imperfecciones en los sistemas ópticos’. ¿No es esa una maravillosa manera de ver las cosas en la vida misma? Como una suerte de perspectiva bokeh. No existe modelos completamente exactos de cómo vemos las cosas, y ‘Bokeh’ lo demuestra perfectamente en su propia tranquila forma lo individuales y únicas nuestras ópticas son”. Tan pronto como se pueden sentir los primeros sonidos desplegados por Wil, tan pronto como se puede sentir el sonido que la ciudad desprende de manera habitual. Una percusión de metal, el golpeteo de un mineral solidificado se une al motor en movimiento que se desplaza por las calles, todos detalles que se posan encima de una línea de armonía casi inmóvil, un mismo tono que permanece por diez minutos mientras las variaciones van rodeando esta musicalidad vespertina. “Bokeh” tiene el aroma de la mañana, el paisaje urbano que despierta con la luz que lentamente avanza de forma vertical desde el horizonte. El brillo del día pronto se ve envuelto en el clima gris. Al lado de los sonidos de metal frágil se percibe la rítmica perfecta de la precipitación caer sobre el suelo. “Tremadog” es sobre todo la música de la lluvia que tiene su propia estructura auditiva. “1887” persiste en las notas estáticas insertas en la vida que crece en la arquitectura residencial, estruendo que se quedan invariables y las aves sobre las aceras de cemento. Son esos elementos los que le imprimen movilidad a estas creaciones de la existencia diaria, como la voz de la multitud en “Sash”, la hermosa quietud que transita entre el murmullo indescifrable. Las palabras siguen estando en “Pentaprism”, otra hermosa versión del estruendo inamovible rodeado del destello intermitente de luz. Esa es precisamente la estructura de este trabajo: el soplo de la ciudad cubierto de electrónica, un resplandor que tiembla sobre la superficie de estabilidad armónica. “Moonlight (For Sophie)” es aún más tranquila, con una belleza que emana de su naturaleza digital.

“A blur quality”. No depende tanto de la cantidad del desenfoque sino de como este se desarrolle. Una visión imprecisa y subjetiva de la belleza que queda detrás de una imagen cuyos colores se pierden entre sí. “Bokeh” es un trabajo donde Wil Bolton disuelve las formas de acústicas divergentes, las que convergen en una misma textura borrosa. Si bien existen ciertos sonidos que se pueden separar, murmullos que es posible disgregar, la confusión de la vida en la ciudad y objetos que emiten armonías es mayor. El resplandor del ruido digital se enreda con las melodías del bucólico paisaje urbano.

www.homenormal.com, www.wilbolton.co.uk