Hawái.


382. Can You Prove I Was Born
junio 1, 2015, 12:20 pm
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Shuttle358 02

Can You Prove I Was Born

SHUTTLE358
»Can You Prove I Was Born«
12K. 2015

Líneas de estruendo que resplandecen en mitad de un territorio abierto, melodías que brillan como espigas de cristal en medio de un campo extendido, perlas de sonido digitalizado que parecen ser recolectadas entre la naturaleza silvestre. Formas acústicas y estructuras artificiales que se entrelazan para generar una música que transcurre de manera espontánea, sensaciones de tonos desgastados que colorean sueños de días cálidos, imágenes de otoños floridos. Piezas orgánicas ensambladas a través de circuitos eléctricos que recrean panoramas de la vida en las afueras de la ciudad, al interior de los bosques, a lo largo de los prados. Desde puntos en un gráfico iluminado por una pantalla comienzan a emerger datos, pequeñas luces que emiten señales codificadas las que se transforman en imágenes que luego serán armonías minúsculas, acordes esquematizados en vectores que conforman hermosas composiciones de ruido digital. Archivos encriptados que dan cuenta de paisajes verdes y amarillo, hojas vivas y flores muertas que cubren el suelo todavía húmedo por el baño de la mañana, una vegetación que envuelve la superficie irregular, con delgadas hebras de fibra óptica como rayos de sol penetrando su soberanía infranqueable, su inhóspito reinado de pequeños insectos. “Shuttle358 es el apodo del artista nativo de California Dan Abrams, quien claramente uno de los artistas más admirados y misteriosos de 12k. Algunos señalan que su trabajo fue responsable de humanizar el movimiento del microsonido de comienzos del 2000, y ciertamente lo hizo. El tomó el computador como un instrumento y lo hizo hermoso y personal, esculpiendo un lugar único para el mismo, entre otros artistas. Después de diez años este otoño veremos el lanzamiento de un nuevo álbum de Shuttle358. Los fans de su música inmediatamente reconocerán el sonido, pero no es solo más de lo mismo. El álbum, ahora solo conocido como CYPIWB está resultando una evolución de su marca de minimalismo sintético en un viaje análogo más místico, más profundo…”. Dan Abrams, a pesar de tener un álbum bajo su nombre propio –“Stream” (Mille Plateaux, 2001)–, y otro con el alias de Fenton –“Pup” (Plop, 2006)–, es con Shuttle358 con quien es ampliamente reconocido. Primero fue una pista para el recopilatorio “.aiff” (12k, 1999), seguido inmediatamente, también en número de catálogo, por “Optimal.lp” (12k, 1999). Más tarde vendrían otros trabajos como el impresionante “Frame” (12k, 2000), “Understanding Wildlife” (Mille Plateaux, 2002) y “Chessa” (12k, 2004). Después de eso, un largo silencio solo interrumpido por reediciones digitales por parte de 12k de su obra y, el año pasado, “CYPIWB/12”Lmtd” (12k, 2014), todos adelantando el retorno en gloria de este proyecto de electrónica de interiores.

Habiendo pasado más de una década de su último trabajo con este nombre, Dan regresa con una obra que nos devuelve la fe en una producción creada mayormente con recursos artificiales, a la vez que incorpora otras fuentes a su matriz de sonido. Estos nuevos registros del músico norteamericano suponen una brisa fresca que sopla desde nuestro hemisferio opuesto, una colección de grabaciones generadas en el interior de una máquina, dentro de circuitos y conductos por donde la energía transita de manera misteriosa, un cableado eléctrico y neuronal que confluye en unas pistas de aspecto herbario, de un brillo solar. Una oportunidad más dejarse arrastrar por la brisa que desciende de las montañas hasta derribar el cuerpo sobre el terreno esponjoso, dejarse acariciar por melodías de azúcar que cubren de calorías las suaves mareas ambientales. La espera ha sido enorme, una distancia gigante considerando la manera cómo opera el mundo hoy, con millones de descargas por segundo que muchas veces no logran llenar ningún espacio, más bien ahondan el vacío. Permitiendo que el sonido se desarrolle de manera tranquila Abrams ha ido confeccionando estas canciones hasta que todas tengan una forma similar, distanciadas en las terminaciones. “Can You Prove I Was Born” son hermosas piezas de electrónica sutil, imágenes resplandecientes que se multiplican en un espejo que distorsiona de forma mágica sus contornos. “Creado y masterizado para vinilo con un artwork presentando a la fotógrafa polaca Ada Augustyniak, cuyos paisajes forestales hacen eco de los motivos cósmicos del álbum. La cubierta está impresa hermosamente en papel grueso con incrustación en papel aluminio, y la impresión es en vinilo virgen de 180g.”. Una presentación impecable, un diseño perfecto de este uno de los pocos vinilos publicados por 12k, cuidado en cada detalle desarrollado de manera sobria, desde la cubierta, el material, la fuente (casi siempre fiel a DIN, como este caso) hasta la funda negra, una edición limitada de 500 copias para estos surcos oscuros. En el interior, trazos ambientales dibujados en el aire que se difuminan lentamente, como aerosol que se pierde en la atmósfera dejando tras suyo un rastro de partículas químicas. Un sonido nítido en su origen que se tergiversa en una curva impredecible, estructuras que se erosionan con el clima y que permiten crecer flores en sus grietas. Tomando como referencia sus trabajos anteriores, pero modificando su apariencia, Abrams arma una obra donde destacan por sobre todo las melodías, motivos delicados que sirven de sistema para los demás mantos auditivos, todos plegados en unidades indivisibles. Líneas melódicas que se ven rodeadas por un recubrimiento de pintura desgastada que, en cierta manera, realza su belleza, dándole una mayor significado quizá. No obstante, esos otros elementos también poseen su encanto propio, ahí donde su figura parece deteriorada, donde su acabado no es perfecto. Grabaciones accidentales que cubren una musicalidad esplendorosa, loops que viajan en una elipsis a través del tiempo, acordes que se desplazan por la tierra recién inundada por la lluvia, absorbiendo la humedad y sus manchas orgánicas. “Con los días del minimalismo sintético desvaneciéndose en el horizonte en nuestro retrovisor, nos remontamos a donde ‘Chess’ lo dejó. En su más audaz y experimental trabajo hasta ahora, Shuttle358 (el músico de California Dan Abrams) te lleva a una altamente inmersiva combinación de loops cinemáticos que se encuentran con cálidas presentaciones análogas, fragmentos de carretes de hace mucho tiempo de cintas de mellotron, cuerdas de piano arrancadas, brumosas guitarras procesadas con reminiscencia al proyecto de Abrams Fenton, y grabaciones de campo bajo las estrellas. El primero de muchos diferentes trabajos futuros de uno de los más venerados y respetados artistas de 12k, el largamente esperado nuevo álbum de Shuttle358 ‘Can You Prove I Was Born’ es un melancólico cuento para antes de dormir; un aura familiar. Una cinta de Möbius”. Shuttle358 arma un trabajo que destella aún en el lugar más sombrío, una luz y un reflejo dorado sobre los campos y para ello utiliza una serie de recursos sonoros, herramientas manuales que luego atraviesan una red extensa de circuitos, para generar rastros de electrónica orgánica, inteligencia artificial que le da un nuevo sentido a los componentes artesanales. “Can You Prove I Was Born” se compone de diez piezas, cada una con una identidad propia y un lazo común, un hilo que une sus figuras geométricas, un aspecto semejante que une una esquina con la otra, ángulos adyacentes separados por la línea que divide los bucólicos panoramas. Millones de colores comienzan a formar un arco iris que se va tornando lentamente más y más anaranjada, notas que parecen en realidad una única nota que va tomando la forma de una órbita, iluminación sobre un paraje frondoso de hojas y hierba, un viaje a gran velocidad contenido en minutos, comprimiendo el tiempo, ralentizando las horas en segundos. “Can You Prove I Was Born” posee todas las características de este trabajo, las melodías de oro que se derriten por un calor inmenso, la bruma ambiental de partículas de polvo que envuelve la estructura de la canción, esas figuras que se pierden por la ola estival, la suavidad de las praderas recién emergiendo del suelo, la humedad exterior. Sin embargo, lo que parecía un momento inmejorable es solo un episodio más. Apenas se acaba esa pieza surge otra igualmente esplendorosa. “Imaginary Other” nace de fragmentos infinitos de metal cristalizado golpeando una superficie de plástico, una explosión infinita que se disuelve en las cuerdas de una guitarra procesada. Las ínfimas moléculas de sonido se filtran por las fisuras de “Meteor Heart”, junto a su rítmica indecisa, olas que marean los sentidos, como una marea real, casi idéntico a “Paper Wings”, la belleza de un bucle inagotable moviéndose entre cuerdas extenuadas. Estos cuatro registros cierran la cara A del álbum, algo más extensas que en su opuesto. El ruido de “Burrowed Vows” proviene de la madera quemada, un incendio que irradia una energía envolvente. Las armonías mágicas de “Bent, And Swallowed, And Opened Again”, el ritmo oculto en los arbustos de “Dirty Sunkiss” y los acordes que se amplifican, se multiplican, “Prisms” y su reflejo nítido como una pared de vidrio transparente, la quietud de “A Ground Without A Figure”, un mantra estático que se vuelve extático, las voces anónimas en “Years Later”, field recordings en mitad de las ondas aturdidas. Un sonido derrotado por el resplandor astral, un ruido análogo destrozado, desplomado en el césped verde, cubierto por rayos solares.

“Shuttle358 pulls you into a highly immersive blend of cinematic loops met with warm analogue performances… A melancholic bedtime story; a familiar aura. A mobius strip”. Shuttle358 invita a un viaje donde las armonías se forman por puntos estelares, estructuras en el firmamento que reflectan en los prados, flores resplandecientes, campos que brillan por la luz horizontal. Dan Abrams crea con esta obra paisajes luminosos de una hermosa arquitectura análoga, filtrados por tramas eléctricas. “Can You Prove I Was Born”, ruido dorado y polvo de estrellas que colisionan formando una hermosa ilusión de electrónica acústica.

www.12k.com


381. Moonlit Invocations
junio 1, 2015, 12:10 pm
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Moonlit Invocations

FJORDNE
»Moonlit Invocations«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2015

Iluminado por la luna. Una puesta de sol que queda atrás dando paso a un alumbrado más tenue, luz blanca azulada que solo cubre de energía algunas secciones, segmentos apenas visibles por ese reflejo pálido que es la repetición lejana del resplandor solar sobre la superficie lunar. En ese instante suceden acordes con una rítmica distinta, un patrón diferente, una cadencia que si bien conserva distancias distinguibles posee unas separaciones interiores que aparentan carecer de lógica, movimientos dispares que seducen por su geometría irregular. Armonías libres y caídas vertiginosas, transiciones sobre una tela oscura que se deslizan con suavidad, melodías de seda en medio de la oscuridad. Notas que parpadean levemente en pasillos cubiertos de sombras, belleza urdida en hebras finas y una trama gruesa en su fondo, cintas gastadas solo en su superficie como su fuesen láminas de bronce manchadas aisladamente de color humedad, cuerdas que han perdido parte de su elasticidad originaria, loops minúsculos de sintonías inmarchitables. De todas esas figuras, al amparo de la nocturnidad, cubierto por las sombras diagonales, surgen sonidos restaurados, formas angulares que tiritan en la madrugada con su resplandor opaco y su belleza en blanco y en negro, escenas robadas de filmes olvidados en alguna sala derrumbada, proyectadas frente a una audiencia fantasma, un ruido gris de delicadas y elegante tono espectral. “Radicado en Tokio, Fjordne es el proyecto solista de Fujimoto Shunichiro, nacido en 1980. Enfocado en dos conceptos, ‘textura de sonido’ y ‘tiempo trenzado’, el utiliza una variedad de instrumentos acústicos y transforma sus sonidos en un nuevo espacio de tiempo usando su laptop. Dentro de un año en 2008 Fjordne publicó tres álbumes ‘Unmoving’ (Bélgica), ‘The Last 3 Days Of Time’ (Estados Unidos) y ‘Stories Apart From The World’ (Japón). Este fue seguido por el EP ‘Light Passes On Through A Layer’ (Francia) antes de su cuarto álbum ‘The Setting Sun’ (Singapur) el cual fue lanzado en agosto de 2009”. Una serie de trabajos esparcidos por el mundo, Fjordne inicia su trayecto con “Unmoving” (u-cover, 2007), al que rápidamente siguieron unos cuantos trabajos, “The Last 3 Days Of Time” (Dynamophone, 2008) y “Stories Apart From The World” (Ryoondo Tea, 2008), hasta llegar a la editorial asiática donde publica dos hermosas obras, primero “The Setting Sun” (Kitchen. Label, 2009) y recientemente, en realidad hace cuatro años ya, “Charles Rendition” (Kitchen. Label, 2011), una colección de breves piezas que poseen un frágil aroma. Luego de eso, un descanso donde sus nuevas composiciones tomaron forma hasta terminar en un nuevo álbum de tersos sonidos.

Registrado a lo largo de un tiempo prolongado, Fjordne entrega una nueva colección de canciones, esta vez publicada a través del label de Chihei Hatakeyama White Paddy Mountain. Piezas que se nutren de los esquemas del jazz para forjar diamantes oscuros de un acabado reluciente, una referencia para desarrollar múltiples esquinas del sonido dentro de una misma atmósfera repleta de humo y movilidad aletargada, ritmos adormecidos que poseen una métrica única e irrepetible, trazos instrumentales que parecen voces de metal transitando de manera libre por los surcos invisibles. Ritmos y líneas auditivas enlazados por medio de alambres que unen sus puntos, intersecciones de ruido plateado trasladándose por las vías de la noche y el asfalto frío, las horas frías y el calor del movimiento. “Moonlit Invocations” contiene piezas de exquisita figura, notas que deambulan de manera dócil por las partituras, estructuras maleables que se acomodan a las vibraciones sonoras, un flujo plácido de instrumentos que construyen pausadamente cada uno de estos escenarios donde la visión parece desenfocada y fuera de tiempo. Toda estas secuencias muestran una belleza ya desaparecida, el retrato de una realidad pasada de moda, una moda que conserva su encanto pese al paso de las estaciones, ajena al avance de las décadas, displicente a ellas, indiferente al progreso. “Fjordne lanza su sexto álbum ‘Moonlit Invocations’ en White Paddy Mountain. Este trabajo ha sido producido durante los últimos tres años. ‘Moonlit Invocations’ está expresado con asombro a todo el mundo, incluyendo la belleza y la fealdad. Se enfoca en este álbum en piano jazz contra un giro de un campo de sutil electrónica. ‘Moonlit Invocations’ es un homenaje al jazz de los sesenta. Densas estructuras y hermosas melodías crean una profundidad en sus composiciones y además un profundo sentido de lo personal. Esta vez los colores del sólo de piano son más íntimos, apuntados en una evocativa perfección con cada beat de samples de discos de jazz de los sesenta trayendo su propia textura. Este álbum no solo promete un regalo aural sino que una experiencia visual dentro de un laberinto”. Compuesto y mezclado por Fjordne, masterizado después por Chihei Hatakeyama, este album el cual presenta un artwork de Satoshi Ogawa, y que fue publicado en mayo de este año, incluye nueve rastros donde explora diferentes lados de una sonoridad similar, movimientos ondulares que se dejan caer sobre la superficie con gracia y distinción, piezas de un transitar refinado que se balancean sobre el acero velado. Parecen muestras de grabaciones antiguas, y en realidad son registros nuevos que miran a través del retrovisor al pasado, imaginando cuadros de una acción que ya parecía enmarcada. Cuerpos de sonido que se estiran, músculos que se contraen generando golpes precisos, acordes que flotan en el ambiente denso, estruendos que cruzan una trama sintética, detenciones dentro de la panorámica narcótica. Existe una pauta distinguible, un cierto sentido abordable, pero dentro de él las formas se extravían. Loop imperfecto, metales que se desvanecen, cuerdas de piano que sufren espasmos, ritmos rotos, y una melodía que surge de la unión de todos estos ángulos. “Cloiste”, la belleza en ébano, una marea oscura que oscila en mitad de la noche, cuando solo las almas perdidas están despiertas. La leve intensidad inicial se desvía hacia la tranquilidad de “Rejoice; Moon” y esas caídas tan suaves, y esa guitarra eléctrica que parece aullar dentro de una jaula que comprime su grito desgarrado. “Glati”, y en parte “Reverends”, posee esa cadencia rota tan marcada, impredecible, entre las armonías de viento y la lluvia que es un sonido más que aparece de modo aleatorio, mientras que “Autumn; Wind” multiplica las láminas de bronce creando una explosión de minerales con las gotas del piano de fondo. Incluso parecen robar ciertos diálogos de algún archivo emterrado, primero incorporándolo en la dinámica “Coenbiac”, luego en la romántica “Capsella”, parecida a “Forseen Licht”. “Behind Exquisite, Tragic” cierra este trabajo con una reposada composición donde la movilidad es vencida por la dilación, una casi ausencia de ritmos en favor de la hipnótica melodía iluminada por un resplandor tenue, voces que parecen fantasmas emergiendo en medio de una caja de música, en medio de los engranajes de música nocturna.

“He focused piano jazz on this album against the twist of a field of subtle electronics”. Utilizando sonidos propios y acordes prestados del pasado Fjordne estructura registros que resplandecen en la madrugada. “Moonlit Invocations” y sus cadencias enrevesadas invocan a las horas apagadas para extender su reflejo de plata, metales que estremecen generando temblores y armonías tenues, armonías escalonadas transitando entre pausas hipnóticas. Fujimoto Shunichiro crea una delicada obra de jazz y ambientes grises, melodías iluminadas por un brillo blanco índigo, pálidos reflejos de acústica opaca.

www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.chiheihatakeyama.bandcamp.com, www.fjordne.com, www.fjordne.tumblr.com


380. Moon Ate The Dark II
junio 1, 2015, 12:00 pm
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Moon Ate The Dark II

MOON ATE THE DARK
»Moon Ate The Dark II«
SONIC PIECES. 2015

Parece ayer pero, sin embargo, ya han pasado varias estaciones desde que las primeras sonoridades colectivas fueron reveladas a la luz del día, escapando de su refugio nocturno. Después de muchos días, incontables horas, vuelven a surgir desde su nido nuevas composiciones donde las notas se dejan caer con una asombrosa suavidad, con un carácter más claro que antes, aunque el tono sombrío terminará por vencer al resplandor. Melodías espaciadas incrustadas por pequeños detalles, trazos largos atravesados por hermosas líneas de sonido, una abstracción del tiempo que transporta el cuerpo a otro espacio, a otro lugar. Esquemas complejos presentados de manera sencilla, armonías tersas que se deslizan con delicadeza entre medio del entramado digital, acústica apacible cuando el día se recuesta. Moon Ate The Dark son Anna Rose Carter y Christopher Bailey, ella de Gales y el de Canadá. Ella tiene unas cuantas publicaciones (Dedicated, Schedios, Rural Colours), básicamente una colaboración con Pleq y un par de trabajos cortos reunidos en “Anna Rose” (2010). Eso de manera más individual, pues en agosto de 2011 se reúne con Bailey para grabar unas partituras que venían trabajado desde hace un tiempo. El resultado de esas dos sesiones es “Moon Ate The Dark” (Sonic Pieces, 2012) [198], álbum donde los esquemas dibujados por Anna se mueven en medio de las sobrias estructuras eléctricas de Christopher. “La habilidad de Anna sosteniendo las notas con delicadeza en el piano salta a la vista, a los que se suma la habilidad para trabajar en las sombras de Christopher, creando una perfecta dualidad de personalidades musicales, que buscan la creación en la contraposición. El nombre de este proyecto posee además unas connotaciones noctámbulas, y es precisamente a las horas bajas del día es a las que se remiten sus sonoridades, emparentándose con la oscuridad, no en un sentido oscurantista, sino de una cierta tranquilidad algo perturbadora, en la que, como ocurre en la noche, el silencio reina más que en su opuesto lumínico… Es en la madrugada cuando la única luz es la de nuestro único cuerpo celeste, y es en ella cuando todo se hace más lento, donde las estridencias interrumpen la quietud natural. Las canciones de “Moon Ate The Dark” son en gran medida igualmente respetuosas, considerando que esos son las horas de descanso del mundo… Los cuidados tratamientos de Anna Rose, perfectos y precisos se enfrentan a los tratamientos de Christopher quien, jugando con los micrófonos, pedales y amplificadores, devuelve el sonido nocturno de las cuerdas del piano en tintes más opacos, en ocasiones de un negro profundo. Es en esos momentos en que la luz oscura parece imperar en “Moon Ate The Dark”. Pero en el resto de las piezas, cuando la sensibilidad en lo absoluto ordinaria reina es Carter quien vence a Bailey. Al final, todos resultamos vencidos ante el poder seductor de las sombras y la belleza que descansa entre los silencios”.

Después de aquel álbum debut homónimo solo hubieron un registro como parte de “Hibernate / Home Normal At The Vortex, 22/03/13” (Hibernate–Home Normal, 2013) y el 8” “Molt And Grow” (Brian, 2013), grabaciones desperdigadas que ahora tienen una continuidad más completa con esta segunda obra, tres años después. Nuevamente estas canciones tienen una edición material gracias a Sonic Pieces, con un diseño idéntico al anterior solo que invirtiendo los colores (ahora predominando el azul sobre el rojo), con una imagen, pintura, de Kassandra Lynn Jensen. “Moon Ate The Dark II”, ocho nuevas piezas en las que de otra vez podemos presenciar la habilidad de Carter en el piano, sus acordes navegando en la delicada trama urdida por Bailey, un actor austero moviendo los hilos. “Con su segundo álbum Moon Ate The Dark está dando el siguiente paso en la composición contemporánea con piano. Continuando su bien recibido álbum debut de 2012, ‘Moon Ate The Dark II’ se basa en un extraordinariamente alegre y variado acercamiento a melodías y drones, con una dedicación a sutiles y a la vez complejos detalles. La combinación de la interpretación de Anna Rose Carter en el piano, violín y teclado, y la electrónica, amplificación así como órganos y sintetizadores de Christopher Bailey crean algo que es menos sombrío que su primer álbum, en favor de un más melódico, aún reflexivo, esfuerzo, que logra moverse virtuosamente en la delgada línea de la nostalgia y el optimismo”. Paisajes evocadores, una conmovedora mirada hacia el exterior desde una ventana pequeña. Las cuerdas del piano son quienes forman la estructura de este trabajo, cuerdas que son impulsadas levemente para generar emociones desde la introspección, notas que se arrastran por la superficie con una gran sutilidad. En medio de esas redes se adhieren otras formas de sonido, conservando la serenidad, aún en los instantes donde aparece una cierta suciedad, incluso cuando predomina sobre las siluetas orgánicas. Si bien existen un determinado ánimo más optimista que en su disco anterior, ese brillo a medida que avanzan los minutos se va tornando sombras, como una obra que nace en el atardecer y acaba en la madrugada, un tono más oscuro que se apodera de la música. “Mientras que las piezas breves de este registro se basan principalmente en vivaces melodías de piano completadas con efectivos componentes electrónicos, la atenta “Sleepy Vipers” arrastra al oyente dentro de drones y un violín que con un ritmo lento crean una cautivadora marca alta dentro de las grabaciones del dúo, subrayada por una excelente producción que agarra al oyente hasta las últimas notas de la maravillosa pieza final “Lo”. ‘Moon Ate The Dark II’ es un impresionante logro y una evidencia de cuán divertido un encuentro de dos partes puede ser si se combinan tan perfectamente como acá”. Una cámara oscura parece ser el lugar a partir de donde resuenan las primeras formas, acordes que comienzan a irradiarse desde el mutismo, acordes sigilosos de no entorpecer la quietud de la oscuridad, bellas armonías que tienen como fondo un tímido ruido, el ambiente externo que se escapa hasta incorporarse en su partitura. Y, de pronto, objetos caen sobre el piano, estruendos ínfimos que se trasladan por el suelo, todo quebrado por una nota final y su extenso eco. Todo en poco más de cuatro minutos: “Bashy”. “If Vanishing” comienza con una cierta rapidez, la que luego se diluye en favor de una rítmica más pausada, una tristeza que transcurre entre una ligeramente densa nube de electricidad. “Little Girl Liquid” es una composición sintética que utiliza los sonidos acústicos, armando un puzzle dinámico de puntos que se mueven constantemente, algo parecido a “Ventricles”, con esa atmósfera algo borrosa que la envuelve. “Verse Porous Verse” posee una enorme vivacidad, una intensidad que avanza con un paso acelerado, intensidad absorbida por las masas frías que surgen de los sintetizadores. “Sleepy Vipers” incorpora todos los elementos previos, sumando el cello de Carys Davies, cayendo en la nocturnidad, una serie se capas sonoras que forman una panorámica azul oscuro. “Hush-maker” es quizás la más desnuda de todas, una hermosa pieza de intimidad acústica. “Lo” repite con Davies, de un modo diferente, conservando esa tonalidad opaca.

“The thin line of nostalgia and optimism”. Más inclinado a lo primero que a lo segundo, este nuevo trabajo de Moon Ate The Dark recoge composiciones que nacen en la luz pero lentamente descienden adquiriendo un carácter más velado. “Moon Ate The Dark II” transita entre movimientos vivaces e intervalos un tanto entristecidas, una luz diáfana que se convierte en delicadas pausas, acústica melancólica de leves estruendos tersos.

www.sonicpieces.com, www.moonatethedark.com


379. Parallel Landscapes
mayo 1, 2015, 12:20 pm
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Steinbrüchel 01

Parallel Landscapes

STEINBRÜCHEL
»Parallel Landscapes«
12K. 2015

Partículas minúsculas de ruido que se filtran por un tejido sintético, movimientos horizontales que se desplazan por un plano translúcido dibujando líneas de sonido abstracto. Una serie de panorámicas de acústica invisible cubiertas de pequeños eventos sonoros los que van formando retratos tridimensionales a partir de un texto en blanco uniendo frecuencias imperceptibles que dan forma a estructuras de sonido. Sistemas auditivos de una pureza mayúscula. Ruido encriptado que traza diseños de arte microscópico. Una forma de crear obras minimalismo nítido que ha sido casi siempre la manera en que se expresa la música en Steinbrüchel. Sin embargo, en esta ocasión resulta aún más depurada, piezas desarrolladas de modo perfecto, condensando en extractos temporales su concepción del sonido, incorporando fragmentos de naturaleza silvestre. Ralph Steinbrüchel, nacido en 1969 en Bad Homburg, Hessen, Alemania, es un artista electrónico experimental y diseñador gráfico ahora, desde hace mucho, con residencia en Zurich, Suiza. Sus composiciones se encuadran en ese espectro estrecho del microsonido, el que también incluye a Ryoji Ikeda, Carsten Nicolai, Richard Chartier, entre otros. Una de sus obras “zwischen.raum” (Domizil, Zurich, 2002) ganó ese mismo año el premio Max Brand Award for Electronic Music (phonoTAKTIK.02 Festival, Nueva York), reconocimiento a sus tratados de acústica digital, una música que utiliza pequeños objetos sonoros que son dispuestos dentro de una gráfica imaginaria con un extremo cuidado. Ese trabajo es solo uno de los muchos que ha publicado desde hace casi veinte años, desde “Stockwerk” (Stockwerk, 1996), muchos de ellos por su propio label Synchron, otros varios por sellos como Cut, LINE, Atak, BineMusic, Room40, List, and/OAR, Non Visual Objects, Quiet Design, The Tapeworm, Koyuki, Slaapwel o Yugen Art. Además de sus obras individuales también ha publicado varios álbumes con artistas como Korber, Günter Müller, Schurer, Cory Allen, Brusa, Machinefabriek, Kim Cascone y Jason Kahn. Una de ellas es “Status” (12k, 2005), realizada conjuntamente con Frank Bretschneider, el que además es su primera publicación en la editorial de Taylor Deupree, al que se añade tres años después el EP “Mit Ohne” (12k, 2008). Después de más de un lustro vuelve a publicar una obra por el sello de Pound Ridge. “El trabajo musical de Steinbrüchel trata principalmente con texturas y atmósferas de sonido. En el estudio trabaja incansablemente en la creación de nuevos sonidos. La acumulación, colección y arreglo de esos sonidos es revelada durante sus sets en vivo. Los sonidos que uno escucha en su música forman patrones intrincados y paisajes espaciosos. En sus experimentos con sonidos creados electrónicamente, Steinbrüchel retrata un agudo conocimiento de la belleza. Sus producciones siguen una perfectamente sofisticada estética. Fluyendo con calma a través del oyente su música invoca un espacio brillante el cual invita al oyente a viajar dentro del sonido. Las composiciones y arreglos conceptuales de Steinbrüchel lo conectan al género de la ‘nueva música’ más que a la música de club, ubicando su trabajo más en el campo del arte sonoro digital”.

Sonido diseñado de manera artificial. La vasta obra de Ralph Steinbrüchel tal vez impida poder apreciar los muchos ángulos que su música posee, un universo amplio de notas que cruzan diferentes direcciones y van estructurando registros complejos aunque visualmente sencillos. Este álbum, sin embargo, puede ser visto como un punto y aparte, una colección unificada de piezas que condensan su arte, un punto destacado dentro de la su extensa cartografía auditiva. Y lo es no tan solo en lo material sino también en lo superficial. “Parallel Landscapes” es una impresionante obra de ruido digital presentada en una marco impecable de imágenes y texturas que forman un set único de sonido y formas. ‘Parallel Landscapes’ es el primer álbum solista del artista suizo Steinbrüchel para 12k, a pesar de su relación con el sello y apariciones en compilaciones, colaboraciones (‘Status’, con Frank Bretschneider), y lanzamientos breves (‘Mit Ohne’). Parece que Steinbrüchel estaba esperando para lanzar tan ilustre álbum, el cual no es solamente una edición de música sino también arte visual. ‘Parallel Landscapes’ consiste en un disco compacto en una funda para CD y un hermosamente impreso libreto de sesenta páginas a color con una cubierta estarcida con láser, conceptualizado y diseñado por Steinbrüchel, presentando fotografías de Taylor Deupree y un ensayo de Lawrence English. El libreto y la funda del CD están guardados en un estuche impreso dentro y fuera en blanco y negro en papeles contrastados”. Masterizado por Giuseppe Ielasi, este trabajo es un hermoso ensayo acerca del arte sintético, música creada a partir de datos que van conformando cristales resplandecientes. Steinbrüchel fabrica piezas de un reflejo diáfano. Construidas con archivos generados al interior de circuitos, estos rastros destacan por la limpieza de sus acabados, los que igualmente se encuentran rodeados de pequeñas interferencias como si fuesen manchas de polvo blanco enquistadas en el complejo entramado de tangentes. “La música de ‘Parallel Landscapes’ fue creada con el proceso creativo en mente. Steinbrüchel se comprometió a sí mismo con ideas de “diseñar” música en lugar de crear o escribir música, y con la importancia de la música existiendo con (o sin) una mejora visual. Las ideas de paisajes, a pesar de no ser nuevas en el mundo musical, fueron predominantes a través del proceso creativo. Música versus paisaje, música como capas horizontales dibujando nuevas curvas (paisajes) sobre archivos sonoros, acomodando un paisaje sobre otro y escuchando / viendo los resultados. Sin embargo, el álbum no es sólo acerca de combinaciones horizontales sino también intermedios verticales. ¿Qué sucede de un evento al otro? ¿Qué sucede cuando eventos son combinados? ¿Cómo la adición de un objeto (audio, visual) redefine otro objeto cercano a él? ¿Qué le ocurre a la mesa cuando una silla es colocada en frente de ella?”. Registros acústicos producidos dentro de una red de cables, esta obra contiene imágenes virtuales de una enorme belleza, ocho registros identificados numéricamente que mantienen una misma idea que se desarrolla en múltiples direcciones, a veces imperceptibles. “Parallel Landscapes”, líneas que se cruzan en una panorámica transparente, puntos diminutos que se posicionan dentro del espacio conformado por rectas infinitas. El músico alemán erige sus piezas con elementos que emiten un delicado brillo, una luminiscencia temporal que genera visuales visibles desde la distancia, pequeños cuadros de energía generando impulsos intermitentes en una delgada pantalla. Un ligero murmullo va dando forma a un paisaje de ínfimas señales, timbres metálicos que se mueven con calma a través de la superficie, una lámina es el fondo donde se sitúan de manera aislada estos objetos microscópicos. “01”, el primer esquema que sienta las bases de lo que es este trabajo, un estudio de electrónica frágil trazada con extrema minuciosidad. “02”, otra muestra de la claridad que emana de este álbum, un resplandor constante que se suspende en el aire, una luz eléctrica que crea un campo de fuerza leve intercalado por segmentos de interferencia sonora. Incluso existe una cierta rítmica oculta, golpes que parecen envueltos en un brumoso manto de color gris, apenas apreciable, como el que transcurre detrás de “03”, tras los ruidos encontrados. Toda esta obra está cubierta de cuerpos que en cierta manera contaminan la pureza original, aunque en el fondo comparten la misma composición, más bien parecen distintas gradaciones de una misma estructura nuclear. “04” se encuentra repleto de esas imperfecciones, al igual que “05”, un mar de tonalidades pálidas que transita con gran tranquilidad y que de todas maneras contiene esos estallidos mínimos. Además de todos estos elementos, en medio de todas estas angostas directrices, de manera casi fortuita emergen armonías, melodías cristalinas de una enorme levedad, notas ingrávidas flotando en la dilatada espacialidad. Se pueden percibir en “06” como en todos los otros registros. A veces puede parecer que no existen diferencias entre un tramo y otro, que cada pieza es la misma. No obstante, existen múltiples detalles, infinitas variaciones que alteran cada panorama. Ocurre en “01” como en “07”, y sus burbujas de líquido límpido, y en “08” mutación intangible de esta. Los tonos puros preservan la coloración tenue de “Parallel Landscapes”, delicados paisajes de electrónica detallista.

“Hay una gran cantidad de ideas exploratorias detrás de ‘Parallel Landscapes’ que hacen de este uno de los más ambiciosos proyectos de Steinbrüchel hasta ahora. Su música se ha vuelto cada vez más refinada, pero manteniendo siempre su marca sonora. Todavía empleando ideas de ondas senoidales y tonos puros pero ahora suavizadas con el tiempo, su paleta se amolda a través de la electrónica en una variedad de fuentes acústicas encontradas. Tonos de campana están en el frente, intercalados con crujidos de ruido y estática. Tonos son estirados a lo largo de un plano visual, como una campana siendo llevada a través de la tierra duplicándose a si misma por siempre. ‘Parallel Landscapes’ es cautivador y reflexivo, y fija un nuevo estándar en la producción creativa de Steinbrüchel”. Exhibiendo una estructura musical que posee una delicada pureza, este trabajo presenta una forma de sonido transparente, sistemas de audio donde se cruzan líneas sutiles en una gráfica inmaterial. Son muchos los segmentos que intervienen en este álbum, los que resultan en retratos diáfanos del paisaje exterior, segmentos que tienden a desaparecer en la claridad del diseño creado por Ralph Steinbrüchel. Esa claridad, la misma que está presente en el impecable artwork, en las preciosas fotografías de Taylor Deupree, hasta en el fino papel que sostiene los ínfimos píxeles irradia una luminosidad asombrosa. “Parallel Landscapes” es una impresionante obra construida por estruendos microscópicos que forman planos de ruido, con leves crujidos que se estremecen en el blanco paisaje. Electrónica minúscula formada por múltiples vectores de acústica digital.

www.12k.com, www.synchron.ch


378. Yellow Bell
mayo 1, 2015, 12:10 pm
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Yellow Bell

JASMINE GUFFOND
»Yellow Bell«
SONIC PIECES. 2015

A broad spectrum of musicality, floating within hazy electronics, lost vocals, and ambient dimensions”. Ruido electrónico y fragmentos de sonido, una pared cubierta de trazos largos y perlas diminutas, palabras que se extravían en medio de un entramado de acordes fantasmas. Ruido y electrónica que confluyen en composiciones complejas que parecen simples, estructuras microscópicas que se trenzan para formar directrices horizontales que se evaporan en los climas, una voz que se convierte en un eco distante perdido en la panorámica difusa. Jasmine Guffond nació en Australia en 1972, de madre suiza y padre francés. Su primera banda fue un trío llamado BA-KA, seguido de Alternahunk, agrupación de electrónica/rock donde tocaría el bajo. Más tarde vendría Minit en 1997, posteriormente Hiss, dúo de ambient improvisado, y otro par de aventuras (Organ Eye, Supercute Bye Bytes). Hasta finalmente llegar a Jasmina Maschina, el nombre que emplearía para desarrollar sus exploraciones individuales, proyecto personal con el publicaría un split con Golden Diskó Ship, “City Splits N°1 Berlin” (Monika Enterprise, 2010), y dos trabajos más, “The Demolition Series” (Staubgold, 2008) y “Alphabet Dream Noise” (Staubgold, 2011). Este es el antecedente directo de esta obra, la primera que emplea su nombre propio, un inicio para una historia sonora que se inició hace casi veinte años.

“Jasmine Guffond es una original creadora de sonido conceptual. Este primer trabajo bajo su propio nombre es su propio estudio, y si has escuchado sus anteriores proyectos Jasmina Maschina o Minit, no deberías sorprenderte con las diferentes fuerza motriz y fresca estructura de sonidos detrás de esta nueva aventura. Sin embargo, si estás esperando venas limpias, folk melódico o electrónica experimental pura, deberías cambiar tus expectativas”. Ignorando ese pasado esparcido en varias partes y direcciones, solo queda entrar a descubrir las muchas aristas que encierra este trabajo. “Yellow Bell” es otro producto más de esa boutique llamada Sonic Pieces, una interesante presentada con la delicadeza habitual del label berlinés, con una imagen en su interior de Ilan Katin y el impecable diseño de Torsten Posselt (FELD), más el hermoso packaging con tela hecho a mano por Monique Recknagel. En su interior, piezas que transitan por un estado hipnótico, un sueño constante donde las figuras pierden su definición, donde la realidad se distorsiona en espejismos visuales, un mar de notas que olvidan su certeza y se tornan imágenes borrosas. Jasmine Guffond construye piezas que se movilizan al ritmo de olas imprecisas, generando una confusión que adormece los sentidos hasta que uno ingresa en un trance auditivo. Compuesto, grabado y producido por la artista australiana, posteriormente masterizado por las hábiles manos de Nils Frahm en Durton Studio, esta obra presenta seis ensayos de acordes extendidos que de desplazan por planos suspendidos en el aire, un sonido inmaterial que penetra la sensibilidad interior hasta provocar un agradable adormecimiento. Folk ambiental disgregado en capas etéreas de electrónica expansiva, notas que se esfuman en la corriente cálida, piezas delicadas que provocan una sensación de letargo por medio de su minimalismo atmosférico. ‘Yellow Bell’ presenta un amplio espectro de musicalidad, flotando dentro de electrónica brumosa, voces perdidas y dimensiones ambientales. El balance entre sintetizadores digitales, loops, voces procesadas y guitarras crea un meticuloso paisaje sonoro que a la vez intriga y calma. Con su delicadeza e inmediatez, ‘Yellow Bell’ distorsiona la percepción del tiempo y crea un ambiente para el compromiso y entendimiento. Mientras crea su propia dinámica memorable, ‘Yellow Bell’ resuena con las capas infinitas de Grouper o lovesliescrushing, y resuena sobre los primeros sonidos electrónicos de la música concreta”. Ambas referencias aluden a formas ambivalentes. Jasmine Guffond elabora una música indefinida, ideas vagas que se retiran como lentas olas de las costas del ruido ambiental, composiciones que a partir de sonidos extensos van construyendo su estructura, dejando que su avance paulatino vaya internándose por los órganos sensitivos, una tonalidad universal de coloración amarilla. Un delicado susurro se desplaza de manera pausada, una planicie amplia de acordes que parecen estirarse a través del espacio, mientras caen pequeñas gotas que resplandecen al ser atravesadas por la luz. Un paisaje onírico que deja entrever voces escondidas en la lejanía, entre las múltiples láminas de electrónica tersa. “Yellow Bell”, siete minutos y cuarenta y dos segundos, solo una muestra de estos registros ambiguos, de la misma manera que “Elephant”, un resplandor eléctrico apartado: Guffond parece construir su música de acumular formas y colocarlas en un lugar separado, dejando percibir una idea de ellas, una impresión nublada de su materia. “Core Notions” mira hacia las estrellas, una recreación de un cielo ancho de fondo negro mientras astros oscuros, un sonido que se proyecta por todo el espacio, ese tono al que hace referencia el nombre de este disco. “El título ‘Yellow Bell’ proviene de una antigua tradición china a la que llegué mientras buscaba ideas / mitologías que conectaran el sonido con sistemas de armonía y estructura universal… La idea general de un tono fundamental que se relaciona con un lugar de la sociedad en el orden cósmico y la idea de que este tono debiese ser ajustado de vez en cuando está presente en toda la historia. Una explicación de la leyenda comienza en el tercer milenio antes de la Era Común. El Emperador envió a su matemático a las montañas occidentales y lo instruyó para que cortara tubos de bambú a partir de los cuales los fundamentos de la música podrían derivar. El tubo de bambú sobre el cual todos los otros tonos y medidas se basarían fue llamado el Timbre Amarillo, que fue considerado como un tono exacto que representaba un principio divino en armonía con las fuerzas del universo. Desde ese tiempo, cada siguiente dinastía con su nuevo fue obligada a recalcular la longitud del Timbre Amarillo. Este nuevo tono debiera redefinir el sistema completo de manera que fuera la mejor fundación matemática y espiritual posible, de esa manera trajera a la nueva dinastía en armonía con el orden natural del universo”. Cada nueva pieza es una nueva afinación, manteniendo un patrón común que se desarrolla a lo largo de este trabajo. Las pausas cadenciosas de “Useful Knowledge” conservan ese carácter sedoso, una suave fase climática donde los acordes más que ser pulsados son deslizados, siendo la voz de Jasmine un acorde más dentro de las muchas capas. Una canción que se desvanece en la piel, recuerdo de un sueño que se pierde en el brillo de la mañana. “Lisa’s Opening” reduce la velocidad, dejando vislumbrar sus formas en la superficie: electrónica ilusoria. “RR Variation”, en el epílogo, confunde diferentes materiales, una aleación de piedras preciosas que se funden con un calor abrasador que forma una gradiente ascendiente de ruido repetitivo incrustado de trozos minúsculos.

“A meticulous soundscape that both intrigues and calms… Distorts the perception of time and creates an environment for engagement and understanding”. A partir de trozos de sonido en bruto esta artista construye estas composiciones, empleando materia prima básica que se va desgastando hasta acabar en diamantes de un tenue resplandor. Jasmine Guffond crea en “Yellow Bell” hermosas piedras de ensueño, cristales disipados de acústica desvanecida.

www.sonicpieces.com, www.jasminamaschina.com


377. Hold
mayo 1, 2015, 12:00 pm
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Hold

JAMES WELBURN
»Hold«
MIASMAH. 2015

Like watching a massive twisting fire slowly fading into the open skies…”. Como una masa densa de una materia viscosa, como un fluido espeso que con su avance lento adquiere una estructura rocosa. Trozos de metal fundido y un líquido concentrado desplazándose por un suelo áspero, dejando manchas imborrables en la superficie, mientras el eco de una nota cubierta en óxido permanece resplandeciendo con su oscuro brillo en la noche pálida. Drones, acordes suspendidos y un ruido constante que permanece detrás de una arquitectura derruida. Con una historia musical todavía reciente, James Welburn entrega la que es su primera obra desarrollada de manera más personal, aunque con la participación de un segundo elemento primordial para la realización de sus composiciones. Antes, junto a Brendan Dougherty, Dave Symes y Tony Buck forma Projekt Transmit, con quienes hace varios años ya publica un trabajo homónimo, Projekt Transmit “Projekt Transmit” (Vitamin, 2008). Pasaría largo tiempo donde James desplegaría en escenarios y salas su fuerza y la intensidad de un ruido abrasivo, sets donde la pureza era contaminada por pequeños fragmentos que distorsionan el sonido hasta convertirlo en una energía agotadora. Un tiempo igual de prolongado era el necesario para terminar por destruir los bordes de esta obra de acordes abrasadores.

“Como observar un gigantesco fuego serpenteante desvanecerse en los cielos abiertos, acompañado por una sección de tambores tan repetitiva a la vez que muy compleja que no estás seguro si alguna vez se detendrá. Así es como comienza ‘Hold’, dejándote recuperar el aliento antes de que el álbum siquiera ha llegado a su segundo track”. Grabado y mezclado por James Welburn en Berlín , Oslo y Lillehammer, entre el 2012 y el 2014, masterizado posteriormente por LUPO en el invierno de 2014, “Hold” resume las primeras aproximaciones individuales al sonido, una reconstrucción de un material ensayado durante horas y horas de exploración al interior de un murmullo ensordecedor. “James Welburn se adentra en las cenizas cubiertas en drones y ruido junto con su compañero en la batería Tony Buck (The Necks), produciendo un álbum debut terriblemente épico. Proveniente del Reino Unido, ahora establecido tanto en Berlín (Alemania) como en Lillehammer (Noruega), James ha estado en un camino para atrapar el drone perfecto a lo largo de los últimos años, tocando una gran cantidad de sets de drone subterráneo y noise en Berlín y Noruega. Esto se puede escuchar en ‘Hold’, aunque dispuestos en un marco extraordinariamente producido, más cercano a los recientes trabajos de Swans que al crudo ruido de aquellos primeros shows en vivo”. Es Tony Bucks, quien fuera su compañero en Projekt Transmit quien nuevamente esta junto a él, detrás de él, construyendo los ritmos que Welburn se encarga de destruir. Acordes recubiertos de óxido, notas que se mantienen en la atmósfera aumentando su densidad, patrones rítmicos que refuerzan el vigor que enana de las cuerdas metálicas, una intensidad que absorbe, consumiendo el oxígeno, tornando el ambiente irrespirable, como una nube de polución que congestiona las vías respiratorias. “Es difícil etiquetar demasiado el álbum en un estilo, tanto como se mueve en partes inspiradas por todo, desde el shoegaze al black metal, todo desarrollado en un estado de repetición interminable”. Efectivamente es difícil determinar de manera precisa una personalidad única que pueda encerrar este trabajo. Ruido ambiental expresado en armonías repetitivas que se movilizan sobre estructuras libres a la vez que reprimidas, dentro de unos marcos estrechos que pronto se salen de su curso hasta derribar cualquier edificación que se interponga en el camino. Primero emerge un zumbido desde una región olvidada, enterrada bajo la superficie de la tierra, segundos que emanan desde un torrente subterráneo, hasta que esas formas indistinguibles se vuelven más gruesas, un estruendo silencioso que se convierte en una turbiedad palpable, acompañada del insistente replicar de la percusión. Las líneas que Welburn va dibujando pronto pierden su trayecto, unos rasgos que se deforman por el calor vivo y que, sin embargo, conservan una verticalidad. “Naught”, casi diez minutos de un acorde que se reitera sufriendo pocas alteraciones externas, solo una alteración interna. “Peak” mantine esa indefinición que por momentos invadió “Naught”, un estado de tensión constante y sonidos indeterminados que envuelven los acordes minimalistas, una sensación extraña que se esparce por la habitación generando un miedo a permanecer en ella, ruido claustrofóbico con cristales que emanan un brillo plateado. La cierta calma se quiebra nuevamente con “Shift”, un ritmo incansable rodeado de minerales descompuestos: una nebulosa estructura de metal negro. Solo “Transience” parece tener una forma más normal, solo que inserta en esa red de confusión auditiva, similar en cierto sentido a “Duration”, dos maneras de enfrentar el drone, desde la aceleración contenida y la distorsión sombría, esquemas difusos que provocan un efecto que modifica la percepción de la realidad. Luego de la opresión, los instantes finales insisten en la intensidad, aunque revelada de manera diferente. “Hold”, minutos donde la angustia es más profunda, una herida desde dentro de la piel, hemorragia interior con notas que se derraman en las cavidades bajo la dermis, un resplandor opaco que se desplaza con una letanía que hipnotiza, una traslación lenta de cuerpos que arrastran suciedad y un hermoso ruido.

“James Welburn steps into the ashes covered in drones and noise… It shifts and turns into parts inspired by everything, all set in a state of endless repetition”. Después de haber construido piezas durante las horas bajas, las que después se irían deteriorando, James Welburn, junto a Tony Buck, reconstruye a ciegas paisajes nocturnos, estructuras repetitivas de formas confusas, notas ásperas en la brillante oscuridad. “Hold” es una sustancia densa formada por un ruido de tonalidad opaca.

www.miasmah.com


376. FOLKLORE + 三月十六日
abril 1, 2015, 2:20 pm
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AOKI, hayato & haruka nakamura 03

FOLKLORE

AOKI, HATATO HARUKA NAKAMURA
»FOLKLORE«
»三月十六日«
FETE MUSIQUE. 2015

Un amanecer de colores azules que se destiñen, la decoloración de la oscuridad que va cubriendo el paisaje de una tenue luminosidad. Un atardecer de tonalidades doradas que comienzan su tránsito hacia tintes más opacos, la coloración de las horas y la caída de la luz y su reflejo. La intensidad que queda en ese espacio intermedio queda extraviada, quizás debido a que su exaltación impide apreciar las formas menos evidentes y las superficies más delicadas. Quizás por eso algunos sonidos se adecúan mejor a esos momentos límites, cuando la radiación del sol eses más débil, cuando comienza a brotar desde el horizonte, en el momento que la rotación se aleja de sus líneas de destellos solares. Esos instantes de indefinición horaria son el hogar para una música de texturas tersas, melodías de una belleza inagotable, espacios transitorios en el tiempo que dejan una rastro que no se borra fácilmente. Ruido áureo desgastado que emite un leve fulgor. “AOKI,hayato (born 1978) is a Japanese musician and graphic designer based in Tokyo”. Esta escueta frase resume la biografía del artista japonés AOKI, hayato, músico que él solo ha publicado una serie de trabajos, la mayoría desconocidos, a través de su propia editorial. Entre ellos se encuentran “Guitar Solo #1” (Grainfield, 2007), “Round-Scape” (Grainfield, 2008), “Morning July” (Grainfield, 2008), “Morning October” (Grainfield, 2009), “Atelier” (Grainfield, 2009) y “Equivalent” (Grainfield, 2014), todos ellos presentados de una hermosa manera. Por su parte, haruka nakamura es un compositor nacido en 1982 y originario de Tokio, Japón. De niño haruka aprendió a tocar el teclado y la guitarra por su cuenta. Alrededor del 2006 comienza a desarrollar su carrera con una serie de presentaciones y un primer registro, un demo bajo el nombre de nica llamado “Melodica” (2006). El año siguiente publicaría su primer trabajo oficial, “Afterglow” (Schole, 2007), un split junto a Akira Kosemura. Con el tiempo seguirían otros proyectos como Kadan, LABO, y el encargo para la composición de música para H.P France, PARCO, mame y evam eva. Pero continuaría de forma esporádica la edición de sus delicadas piezas recogidas en otros tantos álbumes como “Grace” (Schole, 2008), “12 & 1 Song” (Kitchen. Label, 2011), este junto a Janis Crunch, “Melodica” (Hyde Out Productions, 2013), “Lamp” (Hyde Out Productions, 2014) y, recientemente, “音楽のある風景” ( Kitchen. Label, 2014). Sin embargo, el recuerdo más vivido que de sus panorámicas sobre el ocaso es con “Twilight” (Kitchen. Label, 2010) [271], ese impecable trabajo, una de los más maravillosas obras publicadas en los últimos años que he podido escuchar, donde “da muestra de como la imagen extendida del sol tenuemente va decayendo, mientras las horas marchan en su avance. Figuras lánguidas se forman cuando los objetos descansan del brillo inagotable, el que se dirige a su lenta letanía… Ambient acústico, jazz contemplativo, música de cámara moderna de temperatura cálida que reconforta el oído, un descanso del movimiento. Su carácter eminentemente instrumental actúa como un refugio a la agitación constante y agobiante de las jornadas interminables. Luego de escuchar demasiadas voces, demasiadas palabras, me he sentido un extraño, algo incómodo. Estas piezas actúan como un hogar que aliviana la carga de la vida… El resplandor del sol, en los momentos en que decae, no deja de iluminar. Pero ese descenso y la desfragmentación de la luz producen un efecto de multiplicar los colores sobre la superficie sobre la cual esta cae, desde la claridad hasta la oscuridad. Una paleta cromática en declive, el ocaso del fulgor y su tintura. Las notas desplegadas por Haruka Nakamura crean también un patrón multicolor en tonalidades apagadas, hermosamente débiles… El crepúsculo y su esplendor desteñido se propagan como destellos en este sueño de los días. “Twilight” es un descanso de las estaciones cuando estas comienzan su decoloración”.

Mientras los días avanzan con su cansancio habitual, unas notas que se aproximan desde la distancia envuelven con un manto de seda el desgano. Canciones nacidas en el viaje, canciones surgidas en estadías pasajeras que se van acumulando junto a recuerdos y aromas. AOKI, hayato y haruka nakamura se encontraron, se conocieron, viajaron. Lugares esparcidos en el territorio, sitios donde reunirse a dejar que los acordes fluyan de manera libre, espacios donde de forma espontánea una nota se va sumando a otra, y esta a otra más, así hasta que composiciones sencillas manan de manera natural, como melodías abiertas que nacen desde el bucólico panorama. AOKI, hayato y haruka nakamura publican su primera obra, una colección de canciones capturadas en el tiempo. “Una pieza musical nacida de algunas canciones y viajes. ‘FOLKLORE’. Con dos guitarras, a veces un piano (y ambiente), un diario de viaje melódico de dos músicos. En 2012, AOKI, hayato y haruka nakamura se encontraron en el recital del tercer aniversario de Ame to Kyujitsu. Los dos decidieron entonces formar un dúo. Su primer álbum ‘FOLKLORE’ fue lanzado por fete musique en otoño de 2015”. Este corresponde a la primera publicación de fete musique, el sello creado recientemente por Masayuki Tanaka. Esta reunión entre los dos músicos japoneses contiene instantes de abrumadora sencillez, acordes que se mueven de manera pausada, como si fueran grandes ramas de árboles ondeadas por el viento. Dibujos acústicos que se desplazan con tranquilidad mientras la vida transcurre aceleradamente en el exterior, apuntes de extrema suavidad que transitan por un costado del camino, por la ribera de una pradera florida. Son piezas que permanecen casi en su estado primigenio, una prístina belleza de la cual se puede percibir todas sus formas, su color, piezas que dejan brotar el olor del barniz, que dejan oír el crujir de la madera. Esos hogares efímeros sirvieron para que estas canciones fueran madurando, hogares que cambiaban de una semana a otra durante meses. Un diario de viaje donde las composiciones afloran de modo no premeditado, mientras se van acumulando al ritmo quieto de las estaciones, al pasar de los climas. “Al igual que en una road movie, los dos han viajado y presentado música, para recolectar lo que han encontrado, los paisajes que han visto, y los sentimientos que brotan en esos momentos. ‘FOLKLORE’ es un registro en desarrollo de su viaje que aún continúa”. Un álbum registrado en momentos extraviados, anotaciones al margen de la cotidianeidad, AOKI y nakamura presentan esta obra donde a partir de estructuras simples se van tejiendo arreglos que realzan el valor de esa simplicidad, decorando de manera elegante los acordes, cubriendo con sobriedad sus formas desvanecidas. Piezas breves que encierran el calor de una tarde despejada, cada uno de estos momentos de musicalidad transmite una agradable familiaridad, música que se puede palpar, sentir con las manos. “AOKI y nakamura registraron este álbum ellos mismos. Han sido piezas construídas una por una por casi un par de años, conjuntamente con sus actividades de presentaciones en vivo. A pedido de ellos, el álbum fue masterizado por Gen Tanabe, de Water Water Camel”. La forma también de entregar esta obra se relaciona mucho con lo que en ella se contiene. Una hermosa caja de cartón con el texto escrito utilizando impresión tipográfica en dorado sobre la superficie granulada del hojas acumuladas,, las palabras resplandeciendo sobre un fondo de texturas orgánicas, los dibujos de AOKI en el interior en color negro ilustrando estos sonidos, el CD dentro de capas de papel que protegen sus notas. Una maravillosa manera de exponer el arte que, según ellos, tiene que ver con lo expuesto, con la forma de percibirlo. “AOKI diseñó él mismo el package del álbum, y además creó el artwork. La fábrica de papel artesanal Takeuchi, quienes manufacturan cajas de papel para YAECA y CLASKA, trabajaron con la caja del CD. A través del concepto del package, AOKI y nakamura intentan transmitir la existencia y textura de su obra. Al abrir las fundas, al sacar el disco, y al tocarlo. AOKI y nakamura firmemente creen que toda esta secuencia de acciones son vitales para aceptar su música”. Luego de abrir la funda, sacar el disco, reproducirlo, empiezan a emerger los depurados acordes, un ruido terso de notas que transitan de manera amable por sus líneas abiertas, un mar pacífico de melodías trazadas en el horizonte tardío cuando la luz desciende. Un segundo y el silencio. Dos segundos y el movimiento de las manos sobre el mástil conjuntamente con las primeras notas que dejan espacios sin llenar antes que surja el impulso que dejará caer la siguiente nota, los dedos sobre las cuerdas esbozando un ruido orgánico. “I”, noventa segundos para entrar en la magia de minúsculos estruendos auditivos, una de las varias composiciones compartidas entre AOKI y nakamura. Otras serán creaciones individuales desarrolladas conjuntamente. Como “days”, a cargo de hayato, que en realidad es una adaptación de la tradicional “Dives And Lazarus”, o como “FOLKLORE”, otra composición de hayato, un instante donde se cruzan las cuerdas formando una trama de puntos que brillan con un una gran nitidez, resplandor cristalino de los hilos de nylon entre los que surgen hermosas melodías construidas de manera casual, una artesanía acústica de tonalidades gastadas como la madera que actúa de soporte a su resonancia dorada. Ese es solo el tercer capítulo de los catorce que comprende “FOLKLORE”. Composición e improvisación, esa es la labor realizada por AOKI, hayato –“guitar / armonica”– y haruka nakamura –“guitar / piano”–, una tarea que parece fluir con naturalidad en sus manos. Las siguientes canciones se suceden una tras otra, formas similares con matices que descubren sobre el paisaje. La lenta tristeza de “call”, la incandescencia nocturna de メア y su reflejo de electricidad a medio encender, el balanceo de “fog”, la lluvia que envuelve con su rítmica fluvial las inscripciones fugaces de “夕べ”, la que permanece por unos segundos durante esa brisa de folk ambiental que es “水声”, gotas de piano sobre cuerdas deslizadas con delgados hilos. もうひとつの時間 regresa al suelo, a la tierra y sus granos húmedos. “TALKING” emplea una partitura del músico  japonés Haruomi Hosono, la serenidad hecha arte. “灯り” multiplica las hebras de sonido mientras que “XII” parece ser solo una reflexión en mitad de la noche. “coda” esta envuelta de una luminosidad borrosa, un lente desenfocado rodeando sus estructuras,  contrario que la melodía cristalina de “g.”, notas diáfanas de una infinita delicadeza. Ese parece ser el final, el epílogo de una obra de sublime sencillez. Sin embargo, por fortuna no lo es. Al interior de la caja de “FOLKLORE” se encuentra otro disco, anterior a este, el número FETE–001 de este novel catálogo. Una carpeta de cartón encierra un CD, FETE—000, álbum escondido que incluye más registros donde extraviar la mirada. “三月十六日”, marzo dieciséis. Tres grabaciones pertenecientes a un mismo día, tres grabaciones extensas donde las estructuras se dilatan aún más, permitiendo que las formas orgánicas se desarrollen con todavía más calma. Notas distendidas que AOKI, hayato y haruka nakamura despliegan con total relajo, formas de audio confortable surgidas en una noche al final del invierno. Como una prolongación de sus estadías pasajeras, los dos músicos se dejan llevar por la debilidad de las horas finales y recogen esta coda donde melodías delineadas retratan la ausencia de luz a través de su recuerdo diluido en colores imprecisos. “三月十六日” es como una pintura de tonalidades que se pierden una en la otra, un paisaje donde el blanco se inmiscuye con el gris, donde el naranja se confunde con el azul marino. 二一時二〇分, veintiún horas y veinte minutos, formas pulsadas con una asombrosa suavidad, arpegios tocados con firmeza pero que, al mismo tiempo, parecen susurrar su canto instrumental, insinuando sus acentos y pausas. 二一時五七分, veintiún horas y cincuenta y siete minutos, fibras de sonido trenzadas durante largos minutos que marchan dejando puntos que resplandecen al igual que las chispas de una fogata. 二二時三八分, veintidós horas y treinta y ocho minutos, guitarra y piano, apuntes después de cuando el atardecer se vuelve sombra, oscuridad externa y refulgencia interna, una refulgencia desde el interior de las cajas de resonancia expulsada en acordes reposados que transmiten una hermosa melancolía. El tiempo se detiene afuera, el reloj del espectador se suspende, el cronómetro interrumpe su movimiento mientras se disipan las horas. La música para de sonar, el tiempo vuelve a transcurrir.

“A piece of music born of some songs and journey… Two of them have traveled around and performed music to recollect whom they have encountered, the scenery they have seen, and the welling up of feelings at those moments… A document in progress of their journey still ongoing”. Una travesía todavía en curso, este trabajo de los dos artistas japoneses es un maravilloso recorrido por lugares y sensaciones alejadas de la convulsión cotidiana, canciones espontáneas surgidas en horas tardías. Esa es la manera en que transcurren los eventos en “三月十六日”, de esa forma acaecen los sonidos que brotan de “FOLKLORE”, una hermosa obra de cuerdas enlazadas, notas al margen elaboradas artesanalmente a partir de hebras trenzadas de manera natural. AOKI, hayato y haruka nakamura retratan el paisaje que declina con la luz solar con notas de ruido terso, conservando su tonalidad áurea entre sus filamentos acústicos.

www.fete-musique.tokyo.jp, www.grainfield.net/aoki, www.harukanakamura.com


375. Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein
abril 1, 2015, 2:10 pm
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Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein

REINHOLD FRIEDL
»Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo–Bechstein«
BOCIAN. 2015

Notas que viajan en el espacio, un movimiento impredecible que provoca una hermosa confusión interior, una organizada desorganización de sonidos transitando en órbitas alrededor de la atmósfera creando un pequeño cosmos de armonías indescifrables. De pronto el silencio se convierte en un complejo tejido de partículas de ruido que se desplazan alrededor de los objetos, un universo en expansión constante con cuerpos celestes dibujando trayectorias imaginarias hacia el vacío, desde un centro inestable hasta una distancia imposible de cuantificar. Reinhold Friedl es un músico alemán nacido en 1964, desde 1987 radicado en Berlín, que estudió piano con Renate Werner, Alan Marks y Alexander von Schlippenbach, y luego matemáticas y musicología. Pese a tener una amplia historia, solo a partir de este milenio comienza a publicar su propia obra, así como interpretaciones de otros compositores, normalmente en colaboración con otros artistas como Michael Vorfeld, Elliott Sharp, Bernard Günter, Marcel Türkowsky, Ensemble Sondarc, Bernhard Schütz, Franck Vigroux, Dirk Dresselhaus, Markus Weiser y Franz Hautzinger, obras publicadas por sellos como Trente Oiseaux, GROB, Emanem, Room40, Happy Zloty, Asphodel, Bôłt, Alamuse y Blume. Uno de sus proyectos más interesantes es el ensamble Zeitkratzer, del cual es su fundador y director, y con el cual ha publicado numerosos trabajos. Solo el pasado año aparecieron dos de ellos, ambos revisados en este espacio. Uno de ellos fue “Lou Reed Metal. Machine Music” (Zeitkratzer, 2014) [340], una reinterpretación de aquel trabajo de Reed donde “la nueva versión/ interpretación/ reconstrucción por parte de Zeitkratzer se erige como una obra nueva que surge de los escombros de una edificación todavía impresionante. Friedl y su ensemble de sonidos crean, a partir de un cuerpo en apariencia indescifrable, una trascripción del concreto y la electricidad deteriorada en extensas e interminables piezas de sonido que se desplazan a través de la acústica del drone infinito, la belleza del ruido encriptado”. El otro fue “Zeitkratzer + Keiji Haino” (Zeitkratzer, 2014) [355], trabajo que forma “una enrevesada trama de sonidos y notas, un plano múltiple de ángulos agudos que configuran una red abrupta de armonías imprevisibles, cada actor contribuye a crear este muro de sonidos cortantes. La instrumentación de Zeitkratzer y, sobre todo, la corporalidad de Haino consumen el espacio y el tiempo en su vorágine en monocromática, como un cuerpo celeste opaco de que envuelve la materia. Una substancia oscura de ruido acústico”.

Dejando aparte por un momento aquella agrupación libre, Reinhold Friedl edita un nuevo trabajo que es una especie de conclusión transitoria de un proyecto que desde hace un tiempo viene desarrollando. Acá podemos apreciar los distintos matices que este artista es capaz de crear, las distintas formas que el sonido puede tomar a partir de un solo instrumento. Friedl exhibe en esta obra toda su teoría sonora desplegada en una impresionante práctica de apuntes que exploran e indagan en la matriz del ruido y sus incontables posibilidades, infinitos eventos acústicos que se propagan en el ambiente formando una constelación de música microscópica. “En abril de 2003, Reinhold Friedl fue invitado por Elke Moltrecht, la anterior curadora musical de Podewil en Berlín para presentar un recital de piano en el Nei–Bechstein. Ella tenía la idea de juntarlo con David Balzer, un constructor de pianos radicado en Berlín, quien posee un hermoso Neo-Bechstein, de los cuales sólo existen diecisiete ejemplares conocidos en el mundo. El concepto de Friedl fue crear un “sonido de orquesta” usando sus técnicas del interior del piano en el Neo-Bechstein. Entre 1929 y 1931 el físico Walter Nernst y su asistente Hans Driescher desarrollaron el piano de cola Neo-Bechstein en el Instituto Heinrich Hertz en Berlín. La idea era construir un instrumento para transmisión de radio en vivo, debido a que micrófonos de buena calidad no existían para este propósito. Este fue, coincidentemente, un tiempo difícil para la industria del piano. Los fabricantes de piano intentaban ser modernos, y Bechstein incluso incluso tenía su propio departamento para instrumentos de música electrónica, y esto parecía ser el futuro. La principal diferencia con un piano tradicional es que, en lugar de amplificar las cuerdas con la ayuda de una caja de resonancia de madera, son transformados por dieciocho pastillas humbucker en señales eléctricas. Estas señales son enviadas a una válvula de amplificador y transmitidas por un parlante mono. Como el piano ya no necesita una caja de resonancia, los tradicionales martillos mecánicos deben ser hechos de manera diferente y mucho más livianos. Muchas sofisticadas transformaciones técnicas fueron hechas”. El futuro fue hace más de ochenta años, el futuro es ahora. Grabado en el Elektronisches Studio der Technischen de la Universidad de Berlín, este álbum presenta una versión condensada en una pieza que muestra las múltiples formas que Friedl extrae de este instrumento. “Su amplificación se ajusta perfectamente con la técnica inside-piano desarrollada por Friedl, debido a que esta forma de amplificación mejora el sonido de las cuerdas… El hecho que las dieciocho pastillas del Neo–Bechstein pueden fácilmente ser convertidas de su salida mono en un sistema multicanal hace de este piano ideal para las composiciones de espacialización sonora”. Con la colaboración de David Baelzer en la construcción y la ayuda directa de Sukandar Kartadinata –fader-board, software–, Friedl desarrolla esta composición que viaja por el aire diseñando líneas de sonido que transforman el espacio. “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” es casi una hora completa de múltiples variaciones de una raíz intervenida, un mismo plano secuencia desde donde emergen millones de radios interrumpidos por otras directrices, una impresionante gráfica de sonidos que van desde un lugar al otro, desde un ángulo a su posición opuesta. Durante los cincuenta y seis minutos por los que se prolonga este álbum podemos percibir infinidad de grados, una escala creciente de tonos que se desdoblan a partir de un punto en la realidad. Momentos de quietud, momentos de violencia, instantes que se suceden desde el vértigo hasta la inmovilidad. Las distintas formas que adopta el sonido permiten capturar en parte la vorágine que supone presenciar directamente esta obra, entrar en sus círculos constantes. “Los canales individuales fueron grabados y micrófonos adicionales fueron colocados en la habitación para registrar la espacialización en doce parlantes. La grabación estéreo de este CD da una impresión de la versión espacial, intercalando los canales de modo que la espacialización es perceptible”. Notas que se extienden generando una red de armonías ininteligibles, Reinhold Friedl crea una una trama enrevesada a partir de los sonidos que separa desde su fuente, desde el piano y los objetos colocados en su interior. Una música que afecta el exterior, alterando su composición, modificando su estructura física. “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” es una composición corpórea, una sustancia real que se filtra por conductos invisibles hasta atravesar la materia y alterar su estructura nuclear. Finalmente una radiación contamina el cuerpo acústico hasta que su luz desaparece en una densa e intensa oscuridad.

Tan solo una aproximación a lo que es su desarrollo en directo, esta adaptación igualmente transmite esa sensación de desvanecimiento, una dinámica compleja que se desplaza por el aire, una transfiguración de la realidad a través de incesante movilidad y silencios que generan canales de vacío entre el plano auditivo. Reinhold Friedl erige en “Golden Quinces, Earthed For Spatialised Neo—Bechstein” una estructura indescifrable de geometría acústica.

www.bocianrecords.com, www.reinhold-friedl.de


374. The Summoner
abril 1, 2015, 2:00 pm
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The Summoner LP

KRENG
»The Summoner«
MIASMAH. 2015

Sonidos en el límite de la realidad, poemas ininteligibles escritos sobre piedra, las runas de un ruido que solo puede ser visto en las sombras, un ruido visible en la oscuridad. Un estado hipnótico de notas que cortan el aire, una sensación extraña e inquietante que traspasa la luz y transita por el inconsciente. Desde el comienzo la música creada por Kreng habita en los rincones ocultos de la memoria, transitando por una realidad paralela, escondida, creando estrechos pasajes de acordes velados. Kreng es Pepijn Caudron, músico y actor nacido en 1975 en Alost, Bélgica, cuyo interés por los sonidos viene directamente de sus padres, lo que lo llevaría tempranamente a formar parte de varias bandas en su adolescencia, interés luego transformado en el uso de samples. Sin embargo, el cauce se dirigiría posteriormente hacia el teatro y la actuación, lo que no evitó su desarrollo musical, el cual se desplegaría a través de este nombre, Kreng. Luego de dos trabajos breves, “The Pleiades EP” (Fant00m, 2007) y “Zomer (EP)” (Fant00m, 2008), Pepijn Caudron recalaría en Miasmah. El sello noruego-berlinés de Erik Knive Skodvin publicaría la obra posterior de Kreng, el hogar perfecto para acoger su clasicismo opaco. Por ese label aparecerían “L’Autopsie phénoménale de Dieu” (Miasmah,2009), “Grimoire” (Miasmah, 2011), “Works For Abattoir Fermé 2007–2011” (Miasmah, 2012), recopilación para sus creaciones para la compañía teatral del mismo nombre, y otros lanzamientos breves, “Monster” (Miasmah, 2012) y “…And Then In The Morning” (Sonic Pieces, 2013), este en la serie de siete pulgadas del sello de Monique Recknagel.

Después de aquel resumen Caudron vuelve a crear una obra individual y personal, independiente de su relación con las artes escénicas. “The Summoner” es un trabajo que se sumerge en las cavidades más profundas del sueño, música de una enorme carga emotiva que se sumerge en espacios desconocidos. Cuerdas que crean armonías intrigantes, vacíos impenetrables, una inmensidad auditiva comprimida en pasajes irreales. Kreng construye piezas que parten de estructuras clásicas, y que poco a poco van perdiendo luminosidad hasta decaer en las sombras más profundas. Y lo hace utilizando cuerpos reales, una materialidad acústica de la que extrae toda su sonoridad, cuerpos de ruido que expulsan una masa irregular de notas divergentes y energía contenida.‘The Summoner’ llega cuatro años después del último álbum de Kreng, y tres después de la enorme retrospectiva ‘Works For Abattoir Fermé 2007–2011’. Mucho ha sucedido entre medio, y su nueva grabación puede ser vista como una desviación de lo antes mencionado. Su más personal trabajo hasta la fecha, ‘The Summoner’ está basado en las cinco etapas del luto, y fue hecho luego de un año de perder a muchos amigos cercanos. Material con el que costó mucho trabajar, este decidió agregar un sexto estadio, titulado ‘The Summoning’, que fuera capaz de llegar al finalé, ‘Acceptance’. Grabado el pasado año, el último trabajo de Kreng remueve la superficie de la tierra hasta alcanzar el subsuelo, túneles subterráneos por donde se conduce esta energía sombría. “The Summoner” es una obra de solo seis piezas que, a diferencia de sus álbumes previos, a diferencia de la forma original como nació este proyecto, utiliza instrumentos reales que le dan otro matiz a sus composiciones, conservando ese carácter tétrico que se hallaba presente en el comienzo. Escenas perdidas, planos desenfocados, textos manchados con tinta azul petróleo, Caudron crea sonidos desde un punto extraviado en la mente, los que desembocan en un torrente de tensa quietud y éxtasis reprimido. Cada una de estas piezas posee un aura gris, acordes abatidos que se desplazan con un enorme peso sobre ellos, arrastrados sobre un suelo áspero, formas extendidas y desiguales que permanecen en un estado de suspenso constante. “Conjurando el espíritu de György Ligeti, la primera mitad del álbum está hecha enteramente con doce músicos de cuerda, siendo dirigidos para tocar alrededor, hacer clusters de ruido y crescendos, moviéndote entre ‘Denial’, ‘Anger’, ‘Bargaining’ y ‘Depression’. De hecho, The Summoner es el primer álbum de Kreng no hecho de hordas de samples. Música para realmente sumergirse en ella. Siguiendo con la segunda parte del álbum, giros y vueltas se apoderan de él, y es difícil saber dónde exactamente estás. Los órganos encantados de ‘The Summoning’ y las cámaras llenas de humo te llevan a una trascendental muralla de guitarras, baterías y bajos cortesía de la banda de doom belga Amenra. Dejándote en un estado de shock, el álbum cierra en una increíblemente sentida y tranquila forma con la apropiadamente titulada ‘Acceptance’. Seis movimientos, notas que avanzan con una letanía que estalla repentinamente, precedidas de un gran silencio. Una atmósfera que se apodera lentamente del espacio, consumiendo la energía solar hasta quedar el ambiente cubierto por un eclipse estelar. Notas susurradas, armonías insinuadas, una incertidumbre que se apodera de los segundos que se hacen minutos, cuerdas que emiten un sonido invisible mientras objetos de ruido rodean sus formas lineales. Hasta que la quietud se convierte en un estruendo solemne, que pronto volverá a ser inmovilidad aparente, que nuevamente será un estallido acústico. “Denial”, primera fase del sueño. “Anger” nace de la misma idea, variaciones sobre el sonido que avanza con un letargo absorbente, un ruido sofocante que envuelve con sus manchas oscuras expresadas en acordes que parecen no tener figura. Son como imágenes difusas que se ahogan en un mar turbio. Lo mismo ocurre en “Bargaining” y ese grito fantasmal desde el más allá. “Depression” concluye esta primera parte con su solemnidad en negativo. “The Summoning” ocupa casi toda la segunda parte de este álbum, una pieza interpretada por Amenra, banda de doom metal, quince minutos donde la electricidad se acomoda a las formas desarrolladas previamente, donde la fuerza destructiva es encerrada en una cámara hermética de sonidos que se desvanecen y melodías destempladas, luego convertidas en riffs densos y de una inmensa gravedad que los hace descender hacia el calor bajo las capas terrestres, hasta oír las voces del mismo infierno. “Acceptance” es una hermosa composición con piano y murmullos que parecen el tenue aullido del viento, delicados apuntes, soplidos que irradian una luz infinita después de la abismante oscuridad que iluminó esta obra.

Negación. Ira. Negociación. Depresión. Emplazamiento. Aceptación. Pepijn Caudron ha construido un trabajo desde el dolor, el cual es expresado en estas piezas de tonalidad sombría. “The Summoner” es la herida expuesta a través de cuerdas desvanecidas y grandes espacios vacíos. Kreng muestra su propio sufrimiento por medio de notas de una solemne tristeza y el enorme silencio que queda entre medio. Un ruido discreto de acústica opaca.

www.miasmah.com, www.abattoirferme.be


373. They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them
abril 1, 2015, 12:20 pm
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Robert Curgenven ©Lihuen Galli 02

They Tore The Earth And….

ROBERT CURGENVEN
»They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them«
RECORDED FIELDS EDITIONS. 2014

El ruido de la tierra mientras esta se desgarra a pedazos, el estruendo silencioso de las capas subterráneas, un suelo que se erosiona con una velocidad vertiginosa, melodías erosionadas en cuyas estructuras invisibles se esconden minerales convertidos en polvo de estrellas muertas. Por otro lado, la política inmobiliaria crece de manera irracional, dejando vacíos de soledad debajo de sus columnas de acero. Fueron ellos. Somos nosotros. La relación entre la tierra y los desplazamientos humanos vuelve a ser explorada por el artista australiano Robert Curgenven. Antes fueron las migraciones, ahora la colonización. Curgenven desarrolla a través de su trabajo formas auditivas que exploran el impacto que la realidad produce en la tierra, formas que integran sus sonidos capturados y reproducidos sin procesamiento alguno conjuntamente con notas de una enorme fuerza física, a pesar del mutismo en el que parecen habitar. Texturas orgánicas, estructuras mecánicas y ruido natural convergen en composiciones de una corporalidad abrumadora y una poética melancólica. Después de “Oltre” (LINE, 2012), el primer trabajo que de él conocimos, vendría un acercamiento mayor de su obra, la cual no es tan extensa en comparación con otros músicos, pero tanto o más interesante. Sus creaciones normalmente se desarrollan a lo largo de varios años donde cada sonido va tomando su lugar, un lento proceso de adaptación que culmina en piezas de gran impacto sensitivo. Para ello, para poderse permitir esa evolución natural es que existe Recorded Fields, ahora Recorded Fields Editions, para publicar de manera libre su música. A través de esa plataforma es que aparece este trabajo, por medio de ella es que a mediados del año pasado publicó “SIRÈNE” (Recorded Fields Editions, 2014) [337], una impecable obra que estuvo entre lo más destacado de la reciente temporada, un trabajo donde “la historia personal se mezcla con la búsqueda sonora y termina confluyendo en este trabajo que es una especie de recapitulación de su desarrollo como artista iniciado hace mucho tiempo, una búsqueda de sonidos encriptados que fluyen de manera misteriosa por los estrechos pasajes de la música transparente… Las partículas de audio viajan por trayectos desconocidos, trazando vías por las cuales pareciera que la materia prima, el impulso inicial, se transforma en frecuencias comprimidas de un ruido que absorbe el aire… La naturaleza acústica del estruendo primario se transforma al traspasar el brillo de la oscuridad en una membrana indeterminada de ruido espectral. Aún se pueden ver rastros de su origen, vestigios de su prístino carácter, pero solo quedan convertidos en eso, sombras del pasado que ahora reverberan en el espacio abierto como un recuerdo borroso, manchas indefinidas de ese temblor original. El sonido orgánico queda reducido a escombros estrechos de algo que en el trayecto del tiempo y producto de un proceso gradual cambió de estado, de una forma sólida a estructuras líquidas, casi vaporosas, formas desvanecidas… “SIRÈNE” es también una migración en sentido opuesto, si es que algo similar a eso existe, desde el punto de vista geográfico como personal, compositivo y auditivo. El recuerdo enterrado de ancestros que dejaron su suelo para asentarse en nuevas tierras es desempolvado, rastros perdidos que también significan un encuentro con raíces abandonadas en terrenos húmedos junto al ruido del exilio voluntario de siglos atrás”.

Grabado en un período extenso, el nuevo trabajo de Robert Curgenven indaga en las consecuencias de la invasión en terrenos ya habitados, los efectos de la colonización y el impacto que su violento avance produce. Sin embargo, y pese a tener un planteamiento similar, los resultados son bastante diferentes a su anterior trabajo, dentro obviamente de ciertos márgenes. No obstante, al igual que aquel, de esta publicación emergen sonidos que atrapan por la inmensa energía que fluye de sus torrentes de audio transparente, sonidos que se desplazan como corrientes de ruido atravesando la geografía agrietada. A veces será un silencio ensordecedor, otras un flujo constante de acordes comprimidos, diversas formas que desembocan en esta obra sobre la acústica del suelo. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them”, la segunda referencia de su propio sello en su nueva etapa, aparece en vinilo rojo transparente en noviembre del pasado año, un álbum que ahonda en la ocupación forzada y el deterioro que este provoca. “Imagina que has encontrado un nuevo territorio. Para ti y tus compatriotas este nuevo territorio parece vacío. Tal vez existe alguna gente viviendo ahí, pero decides que su cultura es tal vez poco sofisticada. Esta gente ha tenido una larga relación con este aparentemente vacío territorio, por miles de años. Ellos entienden y cuidan su tierra y, seguido, la tierra cuida de ellos. Así, decides invadir / colonizar este territorio. Necesitas limpiar esta tierra vacía para hacerla tuya, lista para que la habites, tal vez incluso hacerla más parecida al lugar de donde provienes. El lugar que dejaste atrás. Esto no solo cambia la tierra sino que también cambia enormemente la larga relación de aquellos que has desplazado. Sin embargo, esta historia no es realmente acerca de “ellos”. Mientras colonizas este nuevo territorio, desplazándote más hacia el interior, pronto descubres lo mal preparado que estás para lo que se vuelve una dura y hostil tierra. Esta historia no termina bien para nadie”. Espacios desiertos, destrucción, vacío, lugares convertidos en nada después de una progresión desmedida, dejando tras suyo un nuevo terreno sin identidad alguna, en un punto intermedio entre el pasado y su historia y el futuro sin conciencia, sin raíz. Un estado en ausencia. “En medio del calor y el polvo, en un paisaje poblado solo por la insinuación de caracteres, la ciega representación de voluntad de colonizadores y la violencia contra y dentro de un cruel interior árido es manifestación de una lucha mortal. El álbum atraviesa las dinámicas históricas de la figura del colonizador a través no de los ojos del invadido sino de los invasores de una tierra dura y remota”. Esta es la base sobre la cual se sustenta el discurso de este nuevo trabajo de Curgenven, una obra que a partir de la historia, o la carencia de ella, construye sonidos que recuperan esos terrenos baldíos, o al menos cuestiona las causas de esa dispersión y desarrollo forzado. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them” se deriva de la instalación sonora para 12 canales “Unsilenced Landscape” (pure field recordings), originalmente exhibida en Biorama Projekt, Joachimstal, Alemania y, más tarde en 2009, en el Centro para el Arte Contemporáneo, Torun, Polonia y la Galería Diapason, Nueva York, como parte de “10ms: Ten Years of Microsound”. Un desarrollo lento durante años en los cuales estas composiciones fueron variando, transformándose en lo que es finalmente este trabajo, piezas de acústica y ruido donde se reúnen distintas capas hasta formar una superficie de sonido. Un murmullo que se desplaza de manera pausada mientras se asientan los acordes, generando una música que se erige a partir de sonidos de naturaleza diversa, convergiendo, encontrándose, enfrentados, distanciados en un mismo plano. Puntos audibles en una gráfica tridimensional: las notas que surgen desde esta obra tienen cuerpo, un volumen y un contorno palpable fuera de los audífonos. Una materia compleja que es expulsada desde los surcos, entrando en el espacio físico que rodea el sistema que los reproduce, alterando ese espacio a través de su radiación infrarroja. Ocurría igualmente en “SIRÈNE” y ocurre también acá. ‘They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them’ es una discusión muy física a través de territorios vaciados por la historia, representada a través de grabaciones de campo recolectadas por más de diez años en más de treinta remotos lugares a lo largo de Australia, junto con nuevo trabajo con órgano de fuelle, feedback de guitarra, dubplates, tornamesas y osciladores de baja frecuencia”. De la galería a este espacio reducido que se amplía al momento de iniciar la propagación de las ondas que surgen desde este álbum. Cuatro piezas, casi cuarenta minutos donde se puede ingresar en esta travesía por las planicies desiertas cubiertas de ritmos naturales y armonías que representan la desolación detrás de la invasión. Un registro documental sobre las ruinas posteriores a la colonización. Como un avance sigiloso el sonido se aproxima desde un lugar quieto, aumentando la intensidad hasta decaer en el silencio, hasta estallar en mitad de la nada, rodeado de melodías capturadas en la inmensidad más apartada. Grabaciones de campo inunda el terreno con lluvia y relámpagos, insectos, tierra desplazada, pueblos desplazados. En mitad de esa ilustración de la realidad brota un leve resplandor eléctrico, un brillo inconstante dede una energía que se manifiesta en tenues melodías intangibles. “Scene 1. Scattered To The Wind, The Fortunate”, la primera secuencia de este relato. Las herramientas utilizadas por Robert Curgenven son las que suele emplear unprocessed field recordings, guitars & bass, piano, bass/ventilators, turntables & dubplates, pipe organs. Ese brillo eléctrico permanece como una presencia inmaterial en “Scene 2. Only The Dogs And The Fires On The Horizon”, dieciséis minutos donde se despliegan formas sobre una estructura variable, un campo de grabaciones, electrónica abstracta y acústica del espacio impenetrable. El ruido del paisaje retratado de la manera más hermosa posible, una belleza inconmensurable que exhibe toda su enorme infinidad en su estado primigenio, solo cubierta de una delgada tela de luz sintética. “Scene 3. The Heat At Their Necks”, ya el lado anverso del LP, ahonda en la descripción de la naturaleza alterada mientras el fuego rodea las notas que parecen estáticas, apenas agitadas desde su centro auditivo. El silencio separa esta pieza de la siguiente. “Scene 4. And When The Storm Came, They Were The Storm”, escena final. Y fueron la tormenta, una sonoridad que invade como una gran masa de ruido ambiental, una entidad que entrelaza capas inalteradas, figuras manipuladas y notas provenientes de la instrumentación mecánica. Todas estas superficies se acumulan formando una maravillosa densidad de armonías indescifrables y texturas que se vuelven homogéneas, luego absorbidas por una cavidad oscura, consumidas por sí mismas.

“This album is dedicated to First Peoples throughout the world, to their to self-determination and to the equitable recognition of their sovereign lands”. Registrando lugares ahora abandonados, capturando el suelo desterrado, Robert Curgenven muestra la panorámica vacía por medio de estas composiciones de arte contemporáneo, las que reflejan la soledad desierta. Curgenven documenta esa realidad a través de su electrónica orgánica, a través de sonidos recogidos en su estado más prístino y otras formas que se adhieren a la superficie, tenues capas de energía estática que atraviesan estas piezas con su fosforescencia incorpórea. “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them”, paisajes de naturaleza desvelada, ruido transparente y acústica intangible.

www.recordedfieldseditions.com, www.recordedfields.net