Hawái.


104. A Little Big + Music For Lovers, Music Versus Time
julio 1, 2010, 2:30 pm
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BOBBY AND BLUMM
»A Little Big«
SOUND OF A HANDSHAKE. 2010
F.S. BLUMM & NILS FRAHM
»Music For Lovers, Music Versus Time«
SONIC PIECES. 2010

Si en el mundo, si en las radios del mundo estuvieran pobladas por canciones hechas por gente como F.S. Blumm, todo sería diferente, y quizás todo sería mejor. Desgraciadamente no es así, pero aún así este alemán sigue insistiendo, llenando al mundo de melodías para la eternidad. Hoy tenemos dos discos que llevan su firma, dos colaboraciones, cual de ellas más interesante. Bobby And Blumm es Bobby Baby y F.S. Blumm. Bobby Baby es Ellinor Blixt, una sueca nacida en Småland, quien además es parte de It’s A Musical junto a Robert Kretzschmann. Bajo Bobby Baby tiene una serie de EP’s, varios en el netlabel Corpid. El 2007 se traslada de Malmö a Berlín. F.S. Blumm es, como saben, Frank Schültge Blumm. Su historia es un poco más conocida. El 2001 edita su primer disco solista, “Mondkuchen”, en la etiqueta berlinesa Morr Music y, a principios de 2007, el jefe de esta, Thomas Morr, tuvo la ocurrente idea de presentarlos. Un hola, un saludo y, tiempo después, un disco, “Everybody Loves”, en la casa de Thomas. Un par de temporadas más y nace “A Little Big” en un cuarto contiguo a Morr, su subsello Sound Of A Handshake. No sé si todo el mundo ama, probablemente sí,  pero sí sé que las canciones de este ocasional dúo hay amor, o al menos lo tienen todo para que uno las llegue a amar. La preciosa manera que Frank tiene de tocar la guitarra, de tratar con tal cariño las cuerdas tiene como fiel acompañante la voz de Ellinor. En Morr hablan, refiriéndose a esa voz, de que “evoca una dulce melancolía”, alcanzando un punto entre amargura y felicidad, pero inclinando la balanza hacia lo segundo, pues en ningún momento suena abatida. Tampoco puede serlo si lo primero que canta es esto: “Me encuentro a mí misma dentro de tus ojos / Nuestras miradas llenan el vacío / Construimos puentes con nuestras miradas” (“Our Glances”). Aunque, pensándolo bien, esas primeras frases reflejan esa dualidad: hay “encuentro”, pero también hay “vacío”. Para su anterior trabajo nombraban como referente, entre otros, a “Chelsea Girl” (Polygram, 1968), el recordado debut de Nico, referente que en esta ocasión cobra especial fuerza, por esa fría tristeza al cantar que tenía la artista alemana –en este caso es notoriamente menos distante–, como por la sonoridad que alcanza este “A Little Big” –especialmente cercanas son “Pass By” y “The Quiet”–, por lo que esa dulce melancolía sigue estando presente. Como sea, en este disco hay canciones hechas con ternura, y con amor, canciones que extrañan y que recuerdan, con Ellinor y su delicada voz, a veces limitando con el susurro, con la guitarra de Frank, capaz de hacer brillar el objeto más oscuro. Doce canciones en total –destacan sobre todo las construidas a dos voces: “Some Sweets”, “Echo Of Our Days”, “Take a Sip (No. 2)”–, con cierta tristeza, pero esa tristeza que hace que den ganas de abrazar a alguien. “A Little Big” contiene muchas de esas canciones en que parece que te las están cantando a ti. No están sola y simplemente en tus audífonos, están junto contigo, por toda tu habitación.

“Music For Lovers, Music Versus Time” es el fruto de otra colaboración, un estado en el que Blumm se mueve con soltura, ahora con el músico Nils Frahm. Frahm es un pianista alemán, introducido de pequeño en la música clásica. Hasta la fecha tiene unos cuantos discos, para sellos como AtelierMusik, Kning Disk y este Sonic Pieces, una marca también con sede en Berlín con cuidadas y limitadas ediciones –esta, solo con 339 copias en la calle–. Con al ayuda de algunos amigos, como la trompeta de Luca Fadda –con él, Blumm comparte otro buen disco, “Meets Luca Fadda” (Ahornfelder, 2007)–, el piano de Nils y la guitarra de Frank construyen estructuras melódicas, esas a las que este, afortunadamente, ya nos tiene acostumbrados. No hay voz como en el anterior, pero es igual de evocador. Quienes cantan acá son los instrumentos, haciendo duetos entre las cuerdas de uno y las cuerdas de otro, diálogos distendidos entre ambos, conversaciones amenas, tres de ellas solos, el resto con esos otros “amigos” –clarinete, flauta, cello, trompeta, vibráfono, marimba–, entrando como si fuese esto un living familiar –en la canción que abre el disco, “Kugler”, hay hasta el sonido de una pelota de ping-pong¬ al caer–. “Music For Lovers, Music Versus Time” es un trabajo, como el anterior, igual de pop, a su manera claro, e igual de agradable. Un disco hecho con esmero, música de cámara surgida a partir de pequeños detalles. Sea con esa brisa que sale de la boca de Ella, sea con las precisas y preciosas notas que toca Nils con sus manos, detrás de ellas está Frank y su hacer elegante, siempre dispuesto a apoyar a quien tenga al lado. Ambos discos contienen muchas buenas piezas, esas de las que dan ganas de escuchar y que se dejan querer, dejando un sabor grato en los oídos, con algo de melancolía en el primero, pero siempre un sabor grato. Ya lo habíamos confirmado antes, ahora solo lo reafirmamos, y solo podemos decir, parafraseando al debut con Bobby: everybody (must) loves (Frank).

www.sonicpieces.com, www.morrmusic.com, www.bobbybaby.net, fsblumm.free.fr, www.durtonstudio.com
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