Hawái.


235. Music For Wobbling Music Versus Gravity
febrero 1, 2013, 12:20 pm
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F.S. BLUMM & NILS FRAHM
»Music For Wobbling Music Versus Gravity«
SONIC PIECES. 2013

Un dúo puede ser el más mágico de los eventos, y parece que el encuentro de mentes entre el veterano de Morr Music F.S. Blumm y el amado pianista contemporáneo fue una unión hecha en el cielo. Tan categórica afirmación puede parecer exagerada, una más de las tantas que se redactan desde la distancia en una oficina. Y también puede provocar desconfianza, si es que está en la ignorancia y se desconoce la obra de uno como del otro. Sin embargo, en aquella sentencia no puede haber más verdad, en caso de existir algo llamado cielo. Tanto el amado pianista como el veterano de la casa Morr se han creado una historia que merece la pena ser contada. El primero, a su corta edad, ya ha entregado unas cuantas obras que se elevan por sobre el resto de obras que tienen al piano como su protagonista –entre ellas, “Vintermusik” (Sonic Pieces, 2009), “The Bells” (Kning Disk, 2009) y “Felt” (Erased Tapes, 2011) [167]–. Sobre el segundo, difícil agregar algo con respecto a una persona que de manera sigilosa, casi se diría que tímida, ha construido un cuerpo artístico único, particular e insustituible. Cada pequeña pieza armada por Frank, desde la más breve a la más extensa, desde aquella con una estructura más intrincada hasta la más sencilla, todas y cada una son, en su menudez, obras de arte mayor. Y lo son tanto cuando actúa de manera solitaria como cuando lo hace escudando a otra persona. Todos sus encuentros son hechos en el cielo, como también lo fue “Music For Lovers Music Versus Time” (Sonic Pieces, 2010) [104], un disco que ya comentamos en su momento, y el primer contacto entre los dos músicos. Aunque en general me cueste decidir, ese trabajo sigue siendo mi favorito dentro del encantador catálogo del label berlinés. “Quienes cantan acá son los instrumentos, haciendo duetos entre las cuerdas de uno y las cuerdas de otro, diálogos distendidos entre ambos, conversaciones amenas, tres de ellas solos, el resto con esos otros “amigos” entrando como si fuese esto un living. “Music For Lovers, Music Versus Time” es un trabajo igual de pop, a su manera claro, e igual de agradable. Un disco hecho con esmero, música de cámara surgida a partir de pequeños detalles”.

Grabado el pasado año, “Music For Wobbling Music Versus Gravity” es su segundo disco compartido, y la primera edición lanzada desde Sonic Pieces, lo que no puede ser más auspicioso. Como el resto de las publicaciones del sello, otra vez el diseño es de Torsten Posselt, en esta ocasión invirtiendo los colores y pasando del amarillo al celeste, y la cubierta es hecha a mano, una a una, por Monique Recknagel, como siempre. “Nils te toma de la mano, te encamina hacia un campo abierto y luego te suple con cuadros y posibilidades. Siempre en el momento justo toma giros inesperados, vuela hacia delante y te da la oportunidad de viajar con el, muy cerca. Extraviándose. Maravillándose. En un momento dado de ese concierto miré, mientras estaba improvisando con sus dedos sobre su gran piano, que este pesado instrumento repentinamente comenzó a flotar un poco sobre el suelo por un minuto. Blumm me recuerda al camarógrafo quien, en ese mismo concierto, se quedó justo al lado en el escenario. Nils estaba tocando, la audiencia estaba muy atenta, ni siquiera atreviéndose a estornudar mientras el camarógrafo se enredaba alrededor de le con su cámara, tratando de tener la toma justa, lo cual generó algunos realmente fuertes y sucios chillidos y ruidos de plástico. El justo estaba llevando la atención hacia algo muy cercano mientras la audiencia ya se hallaba en algún lugar, perdidos en el espacio, el estaba lanzando palos entre las piernas de su mente, poniendo al público de vuelta en el piso o, digamos, uniendo al oyente con una pieza de concreto, dándoles de repente, como Blumm, una oxidada ancla en la música interminable”. El disco es una selección de pistas sobrepuestas e improvisaciones editadas, todo grabado con micrófonos. Cada sonido cuenta, desde el que surge de la mente que se dispara hacia el vacío, lo que se encuentra aún más allá, como lo que suena en la habitación donde los instrumentos y los músicos se ubican. Ese lugar es un cuarto en la ciudad de Berlín, y ese cuarto es un sonido en sí. Estoy en mi hogar, cerca, muy cerca, lo más próximo que puedo de los parlantes. Comienzan a rebotar los instrumentos al interior de mis oídos. De pronto, ya no estoy donde estoy. De pronto, me traslado a un lugar físico distinto, a millas de distancia. Ni siquiera alcanzo a cerrar los ojos, tan solo pestañeo y en la milésima de segundo que eso tarda en suceder me encuentro en el mismo sitio que Frank y Nils. Casi siento que puedo entrometerme en el transcurrir de las canciones. Pero no lo haría. En su naturaleza surgida de la espontaneidad son perfectas. Aunque podrían ser diferentes, y realmente lo fueran, seguirían siéndolo. La manera en que Nils desliza sus dedos por encima de las teclas del piano, la forma en que Frank coloca sus dedos por cada costado de las cuerdas de su guitarra, como desplaza su mano a lo largo de ella, fuera de ella. Un segundo, Frahm comienza a pulsar las notas. Veinte segundos, Blumm interviene la tranquilidad que en esos breves instantes ya se ha creado. Y sin embargo, todo fluye me forma natural, aún cuando este se desvía. Sus formas tienen algo particular, encantador, difícil de encontrar en cualquier lado. Puede que su interpretación sea asimétrica a veces, que las notas no concuerden las unas con las otras pero, sin embargo, su encanto permanece intacto, la atmosfera de ingravidez que genera sigue inalterable. Con él la música se vuelve liviana, aérea. Y mientras, yo los observo desde una esquina. Luego de “Gr 1 B”, la primera aproximación a su nueva residencia, “Perff”, al revés de la anterior, parte de los precisos acordes de Blumm, prologo para que Frahm coloque sus apuntes a un costado, apuntes que parece que brincaran de un punto a otro, y luego Blumm, otra vez, introduzca notas al margen, pequeños ruidos que actúan como adornos inesperados: música de cámara, folk, pop y electrónica de bolsillo, todo en uno, todo en instantes breves –contando un par de excepciones, nada supera los tres minutos–. “Pending 1” y “Pending 2”, dos tomas de música intervenida por el murmullo incómodo que se amolda a la perfección entre el follaje tenue de sonoridades calmas. “As If” parte como un Derek Bailey mucho más accesible, aunque toque casi de la misma manera, mientras su compañero hace lo suyo, armando escalas de cristal, escondiéndose entre el sonido que genera el papel al arrugarse. Estas son solo cinco de las canciones que habitan en “Music For Wobbling Music Versus Gravity”, y aún hay diez más. El chirrido del fuego en “Movements & Meetings”, la melancolía compartida de “Exercising Levitation”, el ajetreo de los muebles en “B”, la hermosura sin límites de “Old Friends Inst.”. Acá es necesario detenerse: lo que se inicia con unas manos desplazarse por la madera de la guitarra, luego da paso a las mismas manos deslizarse por sobre las cuerdas de esa misma madera. Las cuerdas de nylon dan paso a cuerdas de metal, sumadas a las anteriores. Y entonces, cuando ya estamos levitando, aparece él escurriendo sus extremidades por el piano eléctrico. Esos tres minutos se vuelven una eternidad comprimida en el tiempo, pero ampliada en los dos restantes –“Silently Sharing”–, solo con Nils acaparando la mirada. Por si fuera poco, todavía restan cinco más: la mezcla de lo eléctrico con lo acústico de “Sip Song”, un carrusel de juguete sonando de fondo, marcando el ritmo durante “I Karussell”, la serenidad enturbiada por mil susurros de “Brehm”, tejidos de metal brillando en medio de arpegios que destellan, y “Ten”, una típica canción de Blumm, que luego el otro alemán interpreta de la misma manera: Frank haciendo de Frank cuando la inicia y cuando incrusta sus ruidos, Nils haciendo de Frank cuando dentro de espacios reducidos aloja muchas notas, y diluyéndose en el silencio.

Los livianos sonidos creados por Frank Schültge y Nils, mezclando tradición con modernidad, melodías audibles con ruido concreto, se sustentan sobre una red muy delgada y, como por acto de magia, no vemos sus soportes, solo los vemos flotar en el aire, levitar en el espacio, contra la ley de gravedad. De tan ligera que es su música, se introduce por la piel, llegando hasta muy adentro del alma. Mientras uno respira “Music For Wobbling Music Versus Gravity” sus canciones oxigenan los pulmones, como un paseo por los bosques campo adentro. Su liviandad restaura el interior y aligera el peso de la vida, sin salir de casa. Suenan sus minúsculas piezas y ahora ya no me encuentro en una habitación mirando sus sonidos. Ahora me encuentro al aire libre, feliz de nadar en viento.

www.sonicpieces.com, fsblumm.free.fr, www.durtonstudio.com

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