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IRON AND WINE
»Around The Well«
SUB POP. 2009
Es habitual, cuando el orden no es algo que uno haga de la mejor manera, cuando el desorden es la forma natural de organización, encontrarse con objetos esparcidos por la habitación. Cuando esos objetos son tantos que llegan a estorbar, es común enviarlos al sótano: the basement tapes. Sin embargo, tarde o temprano, llega el día de archivar esas viejas cintas, dejar que la luz del sol entre por la ventana, limpiar el polvo que el tiempo ha puesto sobre ellas, sacarlas de ese sótano y llevarlas nuevamente a la superficie. From a basement on the hill, from a basement to the hill.
Algo parecido a esto es lo que Sam Beam ha hecho este año. Ha recogido viejas canciones y las ha reunido en “Around The Well”, disco doble –triple LP–, material suficiente para aguardar su nuevo trabajo, posiblemente a editar el 2010. La estructura es claramente distinguible: la primera parte se compone de grabaciones caseras, muchas sin editar, y que reflejan el estilo de grabación que primeramente tuvo Beam, aún con cierto miedo a perder la precariedad de la baja fidelidad –“No estaba nada asustado cuando entré en ese estudio. Lo único que quería era que la tecnología no interfiriera en mis canciones, que no echara a perder la intimidad de sus melodías” comentaba después de registrar, por primera vez en un estudio, su segundo disco “Our Endless Numbered Days” (Sub Pop, 2004)–. La segunda parte, con Brian Deck (Califone) como productor, pasa del amateurismo a la profesionalidad. Pues bien, en esa primera parte están aquellas canciones frágiles, las que nos descubrieron a ese cantautor tradicionista, en esa época todavía con residencia en la soleada Miami, a pesar que el sonido dijera otra cosa, indicara otro lugar: campos de algodones a un costado del Mississipi. Muchas de ellas desembocaron en “The Greek Drank The Cradle” (Sub Pop, 2003), muchas de ellas no. Esas se encuentran en este primer CD, donde la tecnología no interfiere y se conserva la intimidad de las melodías. Canciones como “Morning”, “Hickory”, “Swans And The Swimming”, “Friends They Are Jewels” –“Sirve tu té amargo/ Para nuestro dulce, huésped de licor/ Piedras pulidas y perfectas/ Pero la brisa los golpea a ambos/ Así que baja tu pistola, Granny/ El deber de los hombres nunca te perteneció/ Cuando frunces tus cejas, Granny/ Tus amigos, ellos son joyas, dos veces tan hermosas y pequeñas”–, apropiaciones de bandas ajenas a lo que se supone es el sonido de Iron And Wine, bandas como Stereolab (“Peng! 33”), The Flaming Lips (“Waitin’ For A Superman”) y The Postal Service (“Such Great Heights”), además de una de su primeras composiciones, “Sacred Vision”. “Preferiría estar completamente solo/ El perdón es veleidoso cuando la confianza es un quehacer/ No es cada pecado que sea purgado/ La oí hablar suavemente, luego no la oí más” susurraba Sam. “No hay forma de crecer que no duela/ Ella gruñó desde la estación, luego colgó el teléfono”. Perdón por lo confesional, pero es que, no sé, debo decirlo. En ese momento, al oír esa frase, impulsado por el bostezo del sueño y por la verdad de lo evidente llegué a llorar.
Segundo CD. Una pequeña afirmación: todo músico cree que tiene que crecer y lo necesita. Iron And Wine no es la excepción. Sus primeras grabaciones están bien, muy bien. Pero necesitaba ir un paso más allá. Lentamente fue avanzando. El primer hito fue “In The Reins” (Overcoat, 2005), el mini LP compartido con Calexico –“lo que más me impresionó al trabajar con ellos fue cómo dejan espacio para las contribuciones de los demás y cómo eso hace que las canciones puedan cambiar mucho de una interpretación de otra”–. Su siguiente y gigante paso fue “The Shepherd’s Dog” (Sub Pop, 2007) –residencia: Austin, Texas–, un trabajo donde ritmos tercermudistas se inmiscuyen y se apoderan de su folk de alcoba. El joven ha madurado. Esta segunda parte muestra ese tránsito. “Communion Cups & Someone’s Coat” (“Habla de ayer y ellas te la mostrará/ Hermanos fotografiados en ropas duras/ Di mañana y ella te dirá ‘ven, encuéntrame en la playa, y no habrá luna’/ Pero di hoy/ Y ella besará tu cara/ Y tal vez lo olvidará/ Habla de ayer como una barata de cordones de zapatos/ Ella pateará el auto y encontrará a sus amigas/ Di mañana y luego ella describirá algunas viejas copas de comunión y la chaqueta de alguien/ Pero di hoy/ Y ella podrá mostrarte el camino/ Y guiarte a casa”) y “LoveVigilantes” (New Order), “Belated Promise Ring” y “Sinning Hands”, “No Moon”, “Serpent Charmer” y “Carried Home” –estas tres últimas provienen, claramente, de aquellos días de “The Shepherd’s Dog”–. “The Trapeze Swinger”, el final del camino, desde donde se extrae la frase que titula el disco, esa de “In circles ’round the well and where it spells”, y donde dice otras cosas más –“Por favor recuérdame con cariño/ Oí de alguien que aún eres bella/ Y luego vinieron a decirme que las puertas aperladas/ Tenían un elocuente grafiti/ Y por favor recuérdame como en ese sueño/ Que tuvimos como bebés de alfombras quemadas/ Entre los árboles caídos y fuertemente dormidos/ A un lado de los leones y las damas/ De Dios y Lucifer, un chico y una chica/ Un ángel besando a un pecador/ Un mono y un hombre, una banda de marcha/ Todo alrededor de los asustados trapecistas”–.
“Es posible que mis primeras canciones llegaran de un modo más luminoso y que con ellas buscara una especie de paz, pero incluso eso lo hago a veces… Desde luego, no escribo para huir de la realidad”. La luz y la paz, el encuentro con la realidad, las imprecisiones fruto de una vida de indecisiones hechas suyas. “No hay forma de crecer que no duela”. Todos cantando alrededor del pozo. ![]()
www.subpop.com │ www.ironandwine.com
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SEEFEEL/ AUTECHRE
»Autechre Remix Of Spangle By Seefeel«
POLYFUSIA. 2003
Encasillados dentro de la primera ola de bandas de aquello que se denominó post-rock –término controvertido pero necesario–, Seefeel fueron una no tan rara anomalía en el panorama de principios de los noventa, en donde muchos, a ambos lados del Atlántico, andaban en la búsqueda de su marca particular. Con un pie en al ambient más acuoso y otro en la naciente IDM, crearon en cada uno de sus discos, y en todos ellos en su conjunto, un mundo especial y espacial, nunca jamás repetido, al menos en la forma que ellos lo hicieron. Lo suyo era una mezcla de sonidos cuasi-industriales, ritmos hipnotizantes, dub ártico, beats repetitivos y hermosas melodías. Siempre esas difusas melodías, borrosas y sin líneas fijas, todo muy (ultra)marino. No me imagino como serían las canciones en su origen, tal vez serían como cualquier otra de cualquier otro grupo. Sin embargo, lo que hacían con ellas era realmente mágico. En el proceso de tomar esas maquetas y hacerlas un proyecto real, visibles a todos nosotros y desde todos los lados imaginables, estaba la magia. Todos y cada uno de los elementos los pegaban de una forma en que una cosa se diluía en la otra, las voces se dispersaban, al igual que las guitarras y los sintetizadores. Música líquida, más incluso que la misma agua. Corrijo aquello que dije al principio: Seefeel fueron una muy rara anomalía.
1993. Este fue el año de publicación del que muy probablemente sea su mejor trabajo, “Quique” (Too Pure). Al año siguiente hicieron una remezcla de “Basscadet”, uno de los muchos highlights del primer trabajo de Autechre (“Incunabula”; Warp, 1993), aparecida en “Basscadet Mixes” (Warp, 1994), y publicaron además el EP “Starethrough” (Warp). Es en este último donde aparece la canción “Spangle”. Por su lado, Autechre, en esos años, construían cada temporada un piso más de esa enorme edificación que ha sido su carrera, una edificación en la que si uno ingresa es fácil perderse entre sus laberínticas formas. Nueve años después –Dios sabe donde y porque estuvo guardado tanto tiempo–, ya disuelta esa rareza llamada Seefeel, aparece un remix de este tema en el sello de Mark Clifford, Polyfusia, a cargo del dúo de Rochdale. “Spangle” representa fielmente lo ya dicho sobre la banda inglesa, la dispersión hecha canción, y la versión que Autechre hacen del tema no hace más que ponerlo en evidencia. Afortunadamente no es, y no cabría esperar menos de Booth & Brown, un tomar la canción, agregarle un simple detalle para que parezca diferente, y luego devolverlo así sin más. Por supuesto que no. Autechre eran algo especial –ese mismo 1994 editarían “Amber” (Warp)–, lo siguen siendo, y con la confianza que nos da a quienes hemos entrado en ese edificio suyo, seguramente lo seguirán siendo. Ellos entran en ese mundo, y lo hacen completamente suyo. Es así como en doce minutos toman ese otro universo paralelo y lo expanden en todas las direcciones, directo hacia el infinito. Se diría que incluso lo vuelven en tres dimensiones, palpables no solo al oído. Factores como tiempo y espacio no caben acá. Además, todo lo hacen de una manera muy sutil y muy elegante, nada de estridencias, nada fuera de lugar, todo donde corresponde. Seefeel meets Autechre, un encuentro único, una de esas conjunciones irrepetibles de una vida limitada pero que siguen resplandeciendo después de muertas. ![]()
www.myspace.com/polyfusiarecords │ www.myspace.com/seefeelmyspace │ www.autechre.ws
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ESPERS
»III«
DRAG CITY. 2009
Finalmente, la espera ha terminado. Finalmente el tercer LP ha llegado, el tercero de una de las bandas –si no es LA banda– que de mejor manera ha recogido, en pleno siglo XXI, toda la tradición del folk más ácido de hace décadas. No obstante, entre la edición del anterior disco, “II” (Drag City, 2006), y este pasaron cosas bastante interesantes. Greg Weeks siguió con su extensa carrera solista, junto con la creación de su propio sello, Language Of Stone. Helena Espvall colaborando con gente como Masaki Batoh. Y, quizás lo más recordado, el debut de ese ángel llamado Meg Baird, “Dear Companion” (Drag City, 2007) [029].
El ahora quinteto de Filadelfia exhuma aquellos recuerdos que nadie puede ya recordar, simplemente porque ya no hay nadie con vida para poder hacerlo. El pasado de la vieja Europa, el medioevo, nada que pertenezca al hoy. Nada que alguien haya hecho, a excepción de esa serie de grupos surgidos hacia fines de los sesenta en Inglaterra: Pentangle, Fairport Convention, The Incredible String Band. “Las cosas que nos interesan no están ancladas en un punto concreto de la geografía del globo terráqueo”. Anclado en el ahora, Espers crea, al igual que en “II”, un conjunto de canciones que son solo una, con casi una misma atmósfera. “La banda intentó crear algo que pudiera ser tal vez alegre por momentos, sin embargo esa seña se debe haber perdido”, nos dicen desde el sello. Ciertamente, nadie duda de la profunda e intensa oscuridad que pesaba en “II”, y ese peso no es fácil quitárselo de encima. Las manchas negras son difíciles de borrar. Pero, sin embargo, en este “III” –grabado entre el invierno y la primavera de este año, costa este de Estados Unidos– hay piezas por donde se puede transitar más tranquilamente, y otras donde su fascinante densidad agobia. La primera parte del álbum –este también está pensado en la estructura de un vinilo, con dos caras- se inicia con “I Can’t See Clear”, con ese juego entre guitarras eléctricas y acústicas, y sigue con “The Road Of Golden Dust”, juego entre las voces masculina (principal) y femenina (al fondo), hasta llegar “Caroline” y “Pearl”, cantadas directamente desde el cielo –ya lo dije, Meg es un ángel–, casi como si realmente nos mereciésemos ser salvados. La dulzura hecha voz, la miel cultivada en el pantano. La sombra aparece al final de este lado A, “That Which Darkly Thrives”. Lado B: “Sightings” (precioso el violonchelo de Helena) y “Meridian”, la más potente de todas, por la fuerza con que Otto Hauser toca la batería, por esas guitarras dobladas, mientras Greg y Meg son solo uno –“el resultado de lo juegos de voces y los dúos entre ella y Greg son increíbles. Parecen hechos para cantar juntos y que todo lo demás en las canciones gire a su alrededor”–. “Another Moon Song” podría ser la continuación de “Moon Occults The Sun”. “Colony”, inicialmente pensado como título para el disco, tiene una inspiración en “Aguirre, la ira de Dios” (Werner Herzog, 1972), y esa furia divina logra traspasarse, al igual que en el tema anterior. Nadie quiere despedirse enojado. Espers tampoco. “Trollslända”, folk pastoral desde las praderas del ayer.
Espers lo han hacho otra vez. Han creado un algo mágico y misterioso, delicadamente áspero, como esas telas de hace siglos atrás. Atemporal y eterno. Como aquella vegetación silvestre que nunca dejara de existir. Pasan las vidas y sigue creciendo. That which darkly thrives. Eso que brillantemente perece, eso que oscuramente florece. ![]()
www.dragcity.com │ www.espers.org
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KEVIN DRUMM
»Imperial Horizon«
HOSPITAL PRODUCTIONS. 2009
Hasta la fecha, el norteamericano Kevin Drumm ha editado tres trabajos, las cassettes “Alku Tape” –por el sello barcelonés Alku– y “Malaise” –por Hospital Productions, la discográfica de Dominick Fernow aka Prurient–, y el CD “Imperial Horizon”. Es este último el que sin duda es el más interesante de los tres.
Horizonte, espacio circular de la superficie terrestre, a que alcanza la vista. Horizonte, esa línea que creemos poder tocar pero que la distancia nos lo impide. “Imperial Horizon” es el hermano reconocido de aquel enorme disco que publicó el año pasado, “Imperial Distortion” (Hospital Productions) [035]. En ese caso, era un álbum doble –seis temas– de casi dos horas. En este, la duración es más escasa, solo una hora. Exactamente, sesenta y cuatro minutos y cincuenta y tres segundos, todo condensado en un solo track, “Just Lay Down And Forget It”. A diferencia de otras publicaciones recientes, donde explora el noise más ruidoso, casi como si oyéramos una máquina industrial en mal funcionamiento, una trituradora de carne atorada, en estos discos imperiales busca causar el mismo dolor pero de un modo subliminal. Se oculta algo pero de todos modos se significa algo. La música más pesada sin su violencia más común. Drowned metal, decíamos esa vez, para tratar de explicarlo este sonido. Este también parece serlo. Sin duda que no es metal, pero pareciese que pretende serlo. Muy lejos en el fondo, pero no lo suficiente como para que no podamos notarlo. Otra forma de entenderlo es como un trabajo de ambient expansivo –podría ser una cinta perdida y desintegrada de Basinski–, pero un ambient muerto (y descompuesto) hace ya un tiempo. En este track que lo es todo hay básicamente un mismo sonido que fluye y se desarrolla, sin que el mundo externo pueda afectarle, de forma reposada, lenta. Una misma armadura con mínimas variaciones. Un ruido afectado que solo se interrumpe pasados los primero treinta y cinco minutos, una densa atmósfera ingrávida, espesa, pesada y ahogada durante más de una hora, tensada hasta nunca alcanzar soltarse. Esa malsana perversión que tanto gusta.
Oscurecido por una pureza infernal, “Imperial Horizon”, tal como su predecesor, busca y encuentra en el noise que no suena la fuerza inagotable de la música como creadora de ambientes, formadora de espacios. Pero en la ocasión que nos toca, creando espacios cerrados y claustrofóbicos. El poder perturbador del imperturbable. “Imperial Horizon”, como una línea circular, lejana e infinita, el eco de un imperio extinto, el auge como historia pasada y la caída como un hecho evidente y ya consumado. Drained metal. Solo ríndete y olvídalo. ![]()
www.hospitalproductions.com │ www.myspace.com/kevindrumm
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MAGNOLIA ELECTRIC CO.
»Josephine«
SECRETLY CANADIAN. 2009
Conduciendo un viejo automóvil descontinuado por una larga carretera, explorando los vastos y fértiles territorios de la música tradicional norteamericana, Jason Molina llega a un nuevo pueblo, “Josephine”, a reunirse con sus Magnolia Electris Co. Todo sería igual que siempre. Los viejos amigos, Peter Schreiner, Jason Evans Groth, Jonathan Cargill, Mark Rice, Michael Kapinus, Mike Brenner, Jeffrey Stolz y Wallace Cochran, infiltrándose otra vez en las raíces y los sonidos del país del norte. Pero algo falla, algo no esta bien, algo no encaja. Hay alguien que no está. Evan Farrel, el bajista de la banda, pasó a otra vida en diciembre de 2007.
Antes, cuando Molina publicaba como Songs: Ohia, sus canciones se vertían y casi siempre hacia adentro. Luego, al fundar su nuevo proyecto, se volvió más extrovertido, con Neil Young como modelo. Hoy, con este nuevo trabajo, la energía vuelve a derramarse al interior, pero con la firme fuerza de una banda detrás. Será que eso producen las perdidas: un disco de perdidas, “Josephine”. Grabado por Steve Albini, este álbum conceptual sobre Josephine contiene catorce piezas en donde “cada una es un sincero intento para hacer real las esperanzas de Evan para el disco”. Composiciones sencillas y por lo general breves, sobre una base country y folk. La primera parte es un tanto menos densa musicalmente, la que va desde “O! Grace” hasta “Hope Dies Last”, con momentos incluso bordeando el soul (“Song For Willie”), no obstante la soledad se hace presente en más de una ocasión. “I’ve been as lonesome as the world’s first ghost” es una de las primeras frases; viviendo entre sombras que se confunden con uno (“Looking always over my shoulder; exactly what I wanted to find was already mine/ Josephine, Josephine/ But I saw the horizon and I had to know where it all ends/ I lived so long with the shadows, Lord, I became one of them”). En otra evoca imágenes que ni Ang Lee (“I got my window open in the Southern Cross Hotel/ It’s been my loneliest night I can tell/ By the way, I’m not surprised/ To see the desert cover over paradise”). La segunda parte, el lado B, se inicia con “The Hanging Down”: “Filled with tears and twilight/ From a friend’s dying day”. Explosión de guitarras llenas de lágrimas, Young mirando a través del espejo y asintiendo con la cabeza, a la que sigue “Map Of The Falling Sky” y otras como “Little Knoxville Girl”, “Shiloh” y “An Arrow In The Gale”, folk a cámara lenta, el dolor y la esperanza comprimidas, la alegría contenida, las cuerdas tensadas por el memoria.
Aquello que se fue ya sabemos que no volverá. Al menos tendremos ese tibio consuelo llamado recuerdo. A veces es suficiente, otras no, pero es que simplemente nada más podemos hacer. O tal vez si podamos prolongar ese recuerdo más tiempo. Un ejemplo es lo que hizo Jason Molina, “Josephine”, un mapa de un cielo cayéndose a pedazos, un corazón roto en catorce queridos pasos, hechos con la sentida intención de extender un poco más ese pasado truncado. Que el atardecer de una vida sea el crepúsculo de otra. ![]()
www.secretlycanadian.com │ www.magnoliaelectricco.com
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THE RADIO DEPT.
»David«
LABRADOR. 2009
Aún con el miedo al tercer LP, durante este verano (nuestro invierno) se publican las nuevas noticias del trío sueco. A grandes problemas, simples soluciones. Martin Larsson, Johan Duncanson y Daniel Tjäder continúan con su política de publicar pequeños EP’s, pequeñas colecciones de grandes canciones. Avanzando poco a poco en la consolidación de una carrera que nadie diría sería tan prometedora, no cambiando nada pero afectándolo todo.
“David” le sigue al otro trabajo corto del año pasado, “Freddie And The Trojan Horse” (Labrador), y de nuevo indaga en el mejor gusto musical de estos muchachos que vienen del frío. Dos temas –uno de ellos remezclado– más un instrumental que saben a poco y que se disuelven como el azúcar en los oídos. La pieza titular sigue buceando en las siempre eternas olas de Tennant y Lowe. Una armonía que no te la sacas de la cabeza, electrónica análoga, sintetizadores que ya no se fabrican, y un sencillo solo de guitarra se diría que tocado por el mismísimo Johnny Marr, colaborador habitual del dúo ingles. Fácilmente podríamos decir que esto es 1990, y que esto es “Behavoiur” (Parlophone), de no ser por la voz ahogada de Duncanson, grabada en el fondo de una fría piscina apunto de vaciarse, luego de terminar el verano y pronto a volver al helado otoño nórdico. “Messy Enough”, una base entre moderna y retro, ahora tocada por la mano no de dios, pero sí por la de New Order, en aquellos años en que eran algo así como dioses. Una línea de bajo muy Peter Hook, y un sonido otra vez con una data de casi dos décadas, aunque esta registrado ya no en Ibiza sino que en una isla del Mar Báltico. Antes de que todo acabe, “David”, en un juguetón remix a cargo de Rice Twins, interesante versión que, no obstante, no supera a la original que tiene pasta para convertirse en un éxito de un mundo ideal. Para decir adiós, y sin pronunciar frase alguna –en las despedidas, en muchas ocasiones, las palabras están demás–, “The Idle Urban Contemporaries”, una balada para oír mientras de leen los créditos finales de cualquier film de Sofia Coppola, una balada para después de ver este cortometraje en blanco y negro –ojo con la portada, que por fotografía y colores remite a The Smiths–.
A falta de esa sabrosa torta que esperamos sea el tercer disco largo de The Radio Dept., por ahora nos contentamos con “David”, un pequeño y dulce pastel en forma de canciones pop. La luminosidad, el resplandor y el brillo de la melancolía hecha música. ![]()
www.labrador.se │ www.myspace.com/officialradiodept
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TOMASZ BEDNARCZYK
»Painting Sky Together« (2009)
ROOM40
»Let’s Make Better Mistakes Tomorrow« (2009)
12K
Con solo cinco meses de diferencia aparecen los dos nuevos trabajos del joven músico polaco –solo 23 años– Tomasz Bednarczyk. Nacido en Wroclaw en 1986, casi inmediatamente se ha inserto en la escena electrónica internacional, de la mano de dos de los sellos más respetados, Room40 y 12k.
“Painting The Sky Together”, el primero, aparecido en enero, fue compuesto entre enero y abril de 2007. En este disco, la calma y la tranquilidad toman forma de minimalistas piezas extendidas dentro de un manto de niebla digital, cada cual más etéreo, a veces apoyadas con grabaciones de campo (“Agata’s Film” y “January”), y en otras con el piano Rhodes de Maja Chmurkowska, caso de “Freckled Cheeks”, quizás la mejor de todo el disco, por combinar de muy buena manera lo análogo con lo electrónico. En otros temas también encontramos uniones fructíferas, como las pequeñas intervenciones de piano en “Mi.Ti”. Por cierto que están los mas o menos típicos tracks electrónicos, tales como “Tokyo” o “So Fragile” –por cierto, perfecto título para la canción y el álbum en general–, y que dentro de la secuencia del disco encajan perfectamente.
“Let’s Make Better Mistakes Tomorrow”, editado en junio, de nuevo a partir de un mismo universo sonoro, y sin variar mucho sus postulados, mejora lo ya dicho en “Painting Sky Together”. A eso sin duda que ayuda el paso del tiempo, a concretar mas y mejor las ideas –este fue escrito y producido entre el 2008 y el 2009–. Canciones un tanto más cortas y más precisas. Partiendo por “While”, con la ayuda en la guitarra de Jakub Zublewicz, donde arma un tejido orgánico y confuso con esas seis cuerdas, casi como si no estuviesen allí. Todo acá es una mancha borrosa de una forma extraña e indistinguible. Un sonido inasible y vaporoso que, apenas lo tomas, ya se te escapa de las manos, como en “Shimokita” –con field recordings de la japonesa Sawako– o también “Raspberry Girl”, un loop mojado por una lluvia invernal, la misma que moja a “Autumn”. “The Sketch”, con la ayuda al piano de Adrian Klumpes (Triosk), otra vez casi imperceptible da paso a la incandescente “Kyoto”, el camino hacia el vacío. Todo es un paso más hacia el silencio.
“Painting The Sky Together” y “Let’s Make Better Mistakes Tomorrow” son el segundo y tercer paso en la carrera de Bednarczyk en lo que es forjar e intentar destacar su nombre entre los muchos nuevos nombres que esta dando el ambient del nuevo siglo. ![]()
www.room40.org │ www.12k.com │ www.tomaszbednarczyk.com
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SEELAND
»Tomorrow Today«
LoAF. 2009
El ayer mañana. Hace cuatro inviernos atrás, hace cuatro inviernos ingleses se unieron en Birmingham dos músicos provenientes de dos muy interesantes bandas del pop de avanzada de esta era. Desde Broadcast Tim Felton y desde Plone Billy Bainbridge, a los que se sumo Neil MacAuley. Prontamente editaron sus primeros temas, el 7” “Wander/ Pherox” (2005) y el EP “Crimson” (2006), ambos por el sello de Stereolab, Duophonic Super45s. Pero pasaría un buen tiempo hasta dar con una obra más extensa.
Al igual que los proyectos en los que anteriormente estuvieron involucrados, las reminiscencias al pasado y a géneros pretéritos son más que evidentes: krautrock, space age pop, synth-pop, pop a secas, etc., pero sin que el resultado sea una mera copia. Menos pendientes de las tendencias de hoy, y más pendientes de la música de siempre. Otro punto es que más allá de cómo envuelvan las canciones, lo importante es que ellas se sostengan solas. Si uno hace el ejercicio de imaginárselas más desnudas, éstas de todos modos funcionan. Pero como no es el caso, hay que oírlas así como están, decoradas, y con esa forma tenemos unas buenas canciones de toda la vida y que son tanto o más evocadoras de ese pasado sin tiempo, de ese futuro que no fue tan futurista como imaginábamos. Desde el aeróbico krautpop de “Burning Pages” y hasta llegar a la quietud final de “Pretty Bird”, no sin antes pasar por otras diez piezas, como “Goodbye”, o The Magnetic Fields en la mitad de los noventa; “Colour Dream” y “Station Sky”, o Brian Eno en la mitad de los setenta, “Library”, o Brian Wilson jugando con sonidos electrónicos en el estudio, meses antes de concebir “Pet Sounds” (el de “Today!”); “Static Object”, o los últimos y más sombríos Broadcast; “Call The Incredible”, una canción para dormir a niños de otros planetas.
El mañana hoy. “Tomorrow Today”. Páginas en llamas, sueños coloreados, adioses, objetos estáticos, estaciones del cielo. Fantasías animadas en colores pop. Armonías simétricas entrelazadas en un punto lejano del infinito, similares a los de la portada del disco. ![]()
www.l-o-a-f.com │ www.myspace.com/seelanduk
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JOHN FAHEY
»Red Cross Disciple Of Christ Today«
REVENANT. 2003
John Fahey, sin duda, uno de los más grandes músicos que ha dado el país del norte en el pasado siglo, y uno de los grandes continuadores e impulsores de la música que se hace en esas tierras. Su carrera de inició a mediados de los sesenta, y para hacer posible que todas sus creaciones vieran la luz creó sus propios sellos, primero Takoma, y luego Revenant, hogar también de muchos otros creadores, así como un gran lugar donde rescatar viejos archivos de blues, jazz y folk.
Alejado por mucho tiempo, solo reapareció hace poco más de una década atrás, de la mano de jóvenes talentos como Jim O´Rourke, quien le produjo su regreso, “Womblife” (Table Of The Elements, 1997). “Red Cross Disciple Of Christ Today” era su nuevo trabajo, su última búsqueda y renovación de aquella tradición que siempre lo tuvo y lo tendrá en lo más alto. Originalmente estaba pensado para ser publicado en el 2001, pero, maldito sea el destino, ese mismo año dejó de estar con nosotros, porque él siempre lo estuvo, con nosotros. Fueron 62 años de vida, muchos de ellos armado de su guitarra, componiendo, revisitando, homenajeando, haciendo de la memoria de la memoria de olvidados creadores sin nombre un recuerdo presente.
Finalmente, en el 2003 aparece este su testamento. Grabado entre el 2000 y el 2001. “Red Cross Disciple Of Christ Today” son las canciones de alguien que no tiene que demostrar nada a nadie, que ya lo ha dicho todo y vivido todo, de alguien que simplemente siente la necesidad de tomar su guitarra y poner sus dedos en ella, de hacer lo que siempre ha hecho. Alguien que nunca ha envejecido, pero que, sin embargo, muy probablemente sabe y se reconoce en su final. Hay en este disco mucho de exaltación de la vida, de orgullo, pero también una cierta tristeza escondida entre nota y nota. Hay composiciones propias y ajenas. Entre estas “Remember” original de Irving Berlin y “Summertime” de George y Ira Gershwin, dos versiones, o más propiamente dicho, dos adaptaciones a su universo, recuerdos y tiempos de verano en su vida. También se encuentra una adaptación muy particular, como todo lo que hizo, de una canción tradicional, “Motherless Child”, en su variación número 3. Todas ellas con su guitarra acústica y su típico fingerpicking, además de puntuales intervenciones de guitarra eléctrica. En cuanto a las composiciones de Fahey, una hermosa “Ananaias”, mas de siete minutos dentro de las cuerdas del maestro: reminiscencias al pasado y a una historia musical infinita y perpetua. “Red Cross, Disciple Of Christ Today”, un monumento de ambient rural, dedicado de manera muy especial Guitar Roberts, quien no es otro que el también norteamericano Loren Connors. “Charley Bradley’s Ten-Sixty-Six Blues”, precisamente eso, un blues, uno de los géneros que más le interesó interpretar, muchas veces con el seudónimo de Blind Joe Death, y sobre todo rescatar –ahí están las dos cajas recopilatorias que reunió para Revenant bajo el nombre de “American Primitive”–. Ya hacia el final, “Untitled With Rain” con la colaboración de Rob Scrivner y Tim Knight, un mágico momento del disco, una mirada hacia el pasado y lo que fue, una brillante luz iluminando los extensos campos del norte, y, luego de quince minutos de silencio, una canción escondida, otra poción de aquella magia que salía y brotaba de sus manos, misteriosa a la vez que cercana.
La última voluntad de John Fahey llegó cubierta bajo el nombre de “Red Cross Disciple Of Christ Today”, un sentido adiós al músico de Takoma, que debiese llevarnos a todos a indagar un poco más en su extensa obra, entrar en su búsqueda y renovación de las raíces. Una forma también de despedirse de él. Hasta luego, John. ![]()
www.revenantrecords.com │ www.johnfahey.com
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LOREN CONNORS & JIM O’ROURKE
»Two Nice Catholic Boys«
FAMILY VINEYARD. 2009
Publicado en enero de este 2009, pero grabado hace 12 años atrás, “Two Nice Catholic Boys” es la última de las varias colaboraciones entre estos dos músicos norteamericanos, iniciada con “Hoffman Estates” (Drag City, 1998), disco de Connors junto a Alan Licht, producido por O’Rourke, y continuada con “In Bern” (Hat Hut, 1999), este sí acreditado a ambos.
Sin embargo, su relación se inició antes, en 1997, durante una gira compartida por Europa. Y precisamente de esa época y de ese lugar es de donde provienen estos registros en vivo, pero es recién ahora, en una labor de necesario rescate, cuando podemos conocerlas. Son tres extensas piezas en donde confluyen los particulares mundos de estos dos personajes, las particulares formas de enfrentar la música y de concebir a la guitarra eléctrica, un instrumento que en sus manos aún conserva su enorme potencial. En todas ellas es muy fácil distinguir los estilos de ambos, en particular el de Connors, quien increíblemente lleva décadas tocando de la misma forma y sin perder el factor sorpresa. En “Maybe Paris” O’Rourke comienza muy rudo, pero posteriormente se comienza a relajar y a dibujar acordes más delicados, mientras que por otro lado Connors se mueve tranquilamente en ellos, se inserta con la misma confianza que la que exhibe en sus propias composiciones. “Or Possibly Koln”: el final, la tarde, la luz. La pieza dos es mucho más áspera y oscura que la anterior, y también extremadamente pesada, el verdadero heavy metal. Mientras una de las guitarras parece gritar desesperadamente desde el infierno, la otra cabalga como un espectro incorpóreo, hasta volver a la claridad. “Most Definitely Not Koln”: el desvío de un sueño hacia una estrella congelada. Mientras unos susurros desde la lejanía, espacial y temporal, mientras unos lamentos en baja fidelidad se apoderan de la habitación, una punzante guitarra rasga las paredes de este cuarto sin luz. Oscura es la noche, frío esta el suelo.
“Two Nice Catholic Boys” son tres cuartos de hora con estos dos buenos muchachos católicos, el Loren Connors de siempre, aquel atrapado en su propio sueño, y el Jim O’Rourke más natural, menos preocupado de los arreglos y más dedicado a dejarse llevar por el no-tiempo, y cobijarse en aquellas evocadoras notas que puede sacarle a las seis cuerdas. Dos artesanos labrando instantes de una atemporal melancolía. ![]()