Hawái.


337. SIRÈNE
septiembre 1, 2014, 12:20 pm
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Robert Curgenven 05

SIRÈNE

ROBERT CURGENVEN
»SIRÈNE«
RECORDED FIELDS EDITIONS. 2014

La naturaleza acústica del estruendo primario se transforma al traspasar el brillo de la oscuridad en una membrana indeterminada de ruido espectral. Aún se pueden ver rastros de su origen, vestigios de su prístino carácter, pero solo quedan convertidos en eso, sombras del pasado que abora reverberan en el espacio abierto como un recuerdo borroso, manchas indefinidas de ese temblor original. El sonido orgánico queda reducido a escombros estrechos de algo que en el trayecto del tiempo y producto de un proceso gradual cambió de estado, de una forma sólida a estructuras líquidas, casi vaporosas, formas desvanecidas. Los campos registrados de Robert Curgenven se vienen desarrollando desde hace más o menos treinta años, aunque solamente un tercio de bello haya sido cubierto a lo largo de varias grabaciones donde despliega su sonido. Curgenven, nacido en 1974, es un compositor y artista sonoro “inspirado por la fisicidad del sonido, no solo el impacto físico en el cuerpo sino que también la manera en que el audio puede moldear nuestra percepción del espacio y el flujo de tiempo, desde lo arquitectónico a los espacios abiertos. Su trabajo abarca desde órganos de tubo a través de feedback, resonancias inmersivas vía tornamesas y vinilos hechos a medida, así como cuidadosamente detalladas grabaciones de campo de remotas áreas en Australia”. Su primer trabajo publicado fue “Cichaczem” (Privatelektro, 2005). Luego vendrían otras interesantes obras, solo en compañía de otros artistas –Chris Howden, Aña Wojak, Will Montgomery, Jez Riley French, Ludomir Franczak–, para plataformas como Winds Measure, Compost And Height, The Tapeworn, Kaon o Recorded Fields, el label creado por él para publicar sus trabajos. Sin embargo, fue a través de LINE, la editorial de Richard Chartier, el lugar donde primero escuché de él. Primero vino el impresionante “Oltre” (LINE, 2010), y dos años más tarde “Built Through” (LINE, 2012) [204], a medias con Chartier, otra enorme obra, destacada en particular para nosotros, donde “el tiempo, para ellos, avanza de manera diferente, más lenta que lo que se supone que debiera ser. Ha sido así, y seguirá siendo así: su terreno es la música de paisajes de una blancura transparente… Entradas y salidas de ruta, pérdidas y encuentros, desplazamientos en el espacio en una expedición a través del ruido y sus manipulaciones, en procesos que desfiguran el sonido, permaneciendo en el equilibrio de la tranquilidad… La arquitectura acústica de Robert Curgenven y Richard Chartier forma una delimitación del espacio construido a través del desmantelamiento de la constitución de lo interno y externo”. Eso es “Built Through”, la reconstrucción del sonido a partir de unir sus partículas desperdigadas, transformaciones en la superficie del ruido estable y la destrucción del mismo”.

Después de aquel trabajo y un cassette para el label de Phillip Marshall, Curgenven retorna a su hogar, un retorno en diversos sentidos. Primero, un regreso a su propio sello. Luego de cuatro CDRs y un 10”, Recorded Fields es ahora Recorded Fields Editions, “a new & revitalised incarnation issuing new coloured vinyl editions”. Este es el primer lanzamiento de esta nueva fase, publicado en vinilo transparente y masterizado por Rashad Becker (Dubplates & Mastering, Berlín). “SIRÈNE” es también una migración en sentido opuesto, si es que algo similar a eso existe, desde el punto de vista geográfico como personal, compositivo y auditivo. El recuerdo enterrado de ancestros que dejaron su suelo para asentarse en nuevas tierras es desempolvado, rastros perdidos que también significan un encuentro con raíces abandonadas en terrenos húmedos junto al ruido del exilio voluntario de siglos atrás. “Fue el descubrimiento en Australia de una fotografía de 1932 del abuelo de Curgenven, cuyo abuelo a su vez emigró de Cornwall a Australia en el siglo XVII, la inspiración que unió ‘SIRÈNE’. Cinco generaciones después de la primera migración a través del océano, Robert Curgenven ha sido el primero en su línea en retornar a la Península Atlántica después de muchos años viviendo en el norte y centro de Australia. En Cornwall, viviendo entre climas familiares de naturaleza inhabitada, él además ha retornado a su primer instrumento, el órgano de tubos, donde sus ideas sobre la composición, perseguidas desde sus primeras piezas creadas tres décadas atrás, fueron consolidadas a través de horas de grabaciones en iglesias centenarias de Cornish para convertirse en la selección de trabajos registrados en ‘SIRÈNE’. La historia personal se mezcla con la búsqueda sonora y termina confluyendo en este trabajo que es una especie de recapitulación de su desarrollo como artista iniciado hace mucho tiempo, una búsqueda de sonidos encriptados que fluyen de manera misteriosa por los estrechos pasajes de la música transparente. Mezclado en Cornwall (2011–14),Rotterdam (2012), varias locaciones en Australia y en Tšupc, Alemania (2014), “Sirène” recoge grabaciones realizadas en órganos de tubo de 16 pies capturadas en Cornwall en las iglesias de St Paul (Ludgvan), St Winnow (Towednack), St Uny (Lelant), St Wyllow (Lanteglos), St Cyrus y Juliette (St Veep). Unprocessed pipe organ recordings, equalisation only. Additional turntables, acetates & dubplates recorded in Trewellard, Penzance, Trewetha & 4 The Field, Cornwall. Música acústica sin procesar que deriva en una música translúcida, delgados filamentos de electrónica a través de la lenta gravedad. Los sonidos, en este instrumento, se generan haciendo pasar aire por tubos de diferentes longitudes. Las partículas de audio viajan por trayectos desconocidos, trazando vías por las cuales pareciera que la materia prima, el impulso inicial, se transforma en frecuencias comprimidas de un ruido que absorbe el aire. Las composiciones de Robert Curgenven parten desde un punto en la realidad pero en el transcurso derivan hacia otro lugar donde la nitidez se extravía y se confunden las sonoridades, al tiempo que otras capas de naturaleza diferente se adhieren a su superficie orgánica. “SIRÈNE” son solamente cuatro piezas que ocupan ambas caras, cuatro variaciones de una misma forma y arquitectura que varían en detalles surgidos eventualmente en su interior tectónico. “Ressuscitant de l’étreinte de la Sirène”, sección de órgano de tubo de “And Only The Dogs And The Fires On The Horizon” (pronto en “They Tore The Earth And, Like A Scar, It Swallowed Them”), originalmente compuesta en 2012, luego expandida y remezclada en 2014 con ‘momentos de dubplates y tornanesas microtonales’. Casi once minutos de notas que se van plegando, capas de sonidos que tiemblan en su interior y reflectan la luz destellante que surge de la interacción de archivos contrapuestos. Esta primera fracción adquiere una corporalidad a medida que se desplaza por la atmósfera, una forma que trasciende el rango reducido de las doce pulgadas, ampliando su radio de lo intangible a lo físico. El sonido es no solo eso, también es algo más allá de sus límites, un algo que atrapa el entorno donde se origina el estímulo primero. Los quiebres de intensidad y de tono, las distintas direcciones que toma acrecienta ese carácter tridimensional de la música de Curgenven, como ocurre en todo este trabajo: cada segundo es una forma diferente, parte de una misma edificación. “Cornubia”, composición de 2011 y grabaciones en vivo de una difusión de 8 canales en The Exchange –publicado digitalmente como “Live At The Exchange, Cornwall 12th August 2011” (Touch, 2013) dentro de la serie TouchRadio del sello inglés–, incluyendo dubplates y tornamesas microtonales, feedback de guitarra y un ventilador, remezclada y expandida en 2014. Otros diez minutos donde el clima invernal parece habitar cada rincón de este lugar en el sonido vibrante, cual astro distante. Múltiples fragmentos de ruido se entrelazan generando un hermoso caos de arte corporal, formando una intensidad creciente de mareas de audio y notas eternas, un torrente vivo de música repetitiva creada en tiempo real utilizando trozos muertos. La duración relativamente breve de esta primera etapa se opone a la energía derramada. La segunda cara reúne otras dos piezas de distancias diversas. “Turner’s Tempest”, originalmente publicada como “The Internal Meta-Narrative Of Turner’s Tempest As He Is Tied To The Mast In Order To Create The Direct Experience Of The Drama Embodied Within A “Snow Storm – [Wherein A] Steam-Boat Off A Harbour’s Mouth Making Signals In Shallow Water, And Going By The Lead [Is Rendered By Virtue Of The Claim That] The Author Was In This Storm On The Night The Ariel Left Harwich” en “Transfixed” (The Tapeworm, 2013), expandida y remezclada para este álbum. Quince minutos de sonidos que se difuminan como los colores y la pintura en el cuadro de William Turner, ‘Snow Storm – Steam Boat Off A Harbour’s Mouth’, en la contraportada del disco, donde un barco es el centro de un vórtice. Las notas de Curgenven, en un plano similar, crecen hasta desarrollar una vorágine de ruido que estalla en tonalidades grises, el brillo oscuro de la acústica fascinantemente envolvente, un desorden estructurado de notas contradictorias que se consumen a si mismas y al entorno. “Imperial Horizon (For Caliban)”, un registro del segundo movimiento de la sinfonía ‘Eroica’ de Beethoven de fecha desconocida con órgano a tubo, poco más de tres minutos de grabaciones deterioradas, música táctil y ambientes sombríos. La solemnidad atemporal se cruza con un resplandor opaco, un reflejo de un pasado sin memoria y vestigios en decoloración de una instrumentación que extingue el espacio externo desde su energía interna, la física del ruido.

“En medio de esta inmersión elemental, Curgenven se pregunta ¿qué es pertenecer a una tierra, o incluso a un país siempre cambiante?… ‘SIRÈNE’ no es una especie de nostalgia o mirar hacia atrás, ni un mirar adelante en un futuro imaginado, sino que en cambio mira el tiempo, el linaje, el carácter de la nación como un proceso y un continuo de cambio”. A partir de la memoria y su variabilidad permanente, Robert Curgenven edifica composiciones que nacen de un punto en la realidad instrumental y se bifurcan en otras direcciones. La naturaleza orgánica de “SIRÈNE” resulta en un tejido de electrónica acústica que se estrenemece, una agitación telúrica de ruido espectral y materialidad de coloración opaca.

www.recordedfieldseditions.com, www.recordedfields.net


336. The Other
septiembre 1, 2014, 12:10 pm
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The Other

PAUL BARAN
»The Other«
FANG BOMB. 2014

El invierno de nuestro descontento, las nubes que se encapotaban sobre nuestra casa están sepultadas en el hondo seno del océano; nuestras frentes están ceñidas por guirnaldas victoriosas; nuestras melladas armas, colgadas en trofeos; nuestras temibles músicas de marcha, danzas deliciosas. Frases robadas de hace siglos atrás, pasado que hace pensar que la decadencia actual nació mucho antes, que el gigante nació muerto. Justo cuando la crisis se hace más evidente y las grietas de la sociedad comienzan a quedar expuestas, una facción más apartada de la obviedad audible refleja este estado de tensión permanente a través de intrincadas estructuras de ruido acústico. Paul Baran es un compositor, diseñador sonoro electroacústico e improvisador nacido en 1975 y radicado en Glasgow, Escocia que ha colaborado con músicos como Werner Dafeldecker, Ekkehard Ehlers, Keith Rowe y Andrea Belfi. Su primer trabajo fue “Panoptic” (Fang Bomb, 2009), trabajo que tiene su continuación cinco años después a través de la misma plataforma, Fang Bomb, sello fundado en 2006 en Gotemburgo por Petter Ottosson y que hasta hoy ha publicado veinticuatro referencias, entre ellas obras de Wolf Eyes / The Skull Defekts, Dead Letters Spell Out Dead Words, Ronnie Sundin, Martin Birgersson, I Am A Vowel, Wolfgang Müller Séance, Jasper TX, Peter Broderick, Machinefabriek y Kouhei Matsunaga. Baran es uno de los pocos que repite con el label ahora establecido en Londres.

El segundo álbum de Baran es una confusión de sonidos, formas, timbres, figuras contradictorias que se reúnen en piezas relativamente breves de sonoridades que repercuten dentro de un espacio cerrado, expulsadas hacia el espacio público a través de la poética del estruendo inconformista. “The Other” entrelaza errores auditivos y los presenta de una manera que el desorden resulta en fascinantes esquemas de audio poliédrico, una obra de arte que muestra los distintos matices del gris que tiñe la modernidad y hace amable el ruido más áspero y difícil. Y para ello invita a variados músicos que también habitan en los márgenes quienes contribuyen puntualmente en el desarrollo de puntos específicos, como un ensemble abierto de esta música del fin de este siglo que recién comienza. ‘The Other’ es Gran Bretaña, protestas estudiantiles, disturbios, neoliberalismo, miedo, nacionalismo, Haití, ajedrez, juegos de suma geopolítica, Potlatch, celebridades, Obama, el holocausto, amor, impotencia reflexiva, la rueda, inversión, Tarkovsky, La Zona… Al menos si le preguntas al mismo Paul Baran. Para otros puede ser una colección diversa e igualmente desafiante de atmósferas electroacústicas, experimentos rítmicos y maniobras teóricas, no sin tener un toque de funk. ‘The Other’ fue compuesto por Baran y grabado junto a Werner Dafeldecker, Axel Doerner, Lucio Capece, Sebastian Lexer y muchos otros en Glasgow y en los Estudios STEIM en Amsterdam a lo largo de los últimos años”. Diez piezas, diez fragmentos de música moderna donde confluyen varias disciplinas en un cuerpo artístico variado y variable. De la pasividad a la agitación, de lo real a lo ficticio, de un punto en el plano a su equivalente negativo, retratando la situación actual por medio de este tratado de la situación vigente, políticas del desequilibrio en forma de ruido flexible. Al principio todo fue silencio, todo es silencio arrollador. “Time”, ochenta y tres segundos del crujir del metal que arde en una planta de fundición abandonada, preludio para una pieza de embriagadora belleza instrumental y movimientos de vocalización cercana y auténtica. “Himmelstrasse”, cello, violines, objetos, piano, laptop, doce minutos donde las palabras se mecen al ritmo de ruidos incómodos y dóciles al mismo tiempo, convergiendo en pos de una nueva forma de canción, la materialización de una composición de múltiples ángulos. “Dissent”, noise con bajo (Lucio Capece), saxo (Dick Mitic) y trombón preparado (Nicole McNeilly): la incomodidad que resulta en esquemas antagónicos y, aún así, perfectamente oíbles. “Britonia” opera en un nivel similar aunque empleando recursos diferentes (cuerdas + programación electrónica) que ayudan a convertir el enredo en una masa más digerible aunque igual de complicada. El enfrentamiento de posturas sonoras atraviesa todo este trabajo, trasladando la tensión del concreto al estudio. “Celebrity” es jazz cubierto de una capa densa de distorsión y destellos eléctricos en la oscuridad con la colaboración de Werner Dafeldecker (doble bajo), Richard Craig (flauta) y Axel Doerner (trompeta), más la presencia de Gordon Kennedy en programaciones (Kennedy actúa en casi todo el disco, además de ser su co-productor), que le imprimen otros matices, incorporando el brillo oxidado del metal a las superficies de electrónica agotada. “The Human Republic Of Haiti”, una extensa pieza de acústica, voces extrañas, delicadas cuerdas, objetos y golpes industriales, donde el ruido y la suavidad orgánica se encuentran en notas disonantes y plácidas armonías. El lado más cordial de “The Other” se aprecia en “Krom”, donde la simplicidad material se explaya con tristeza sobre la complejidad que la rodea. Por alguna razón Morton Feldman vino a mi memoria. “Time Zone”, más música en los márgenes, probablemente la recreación de ese extraño lugar llamado ‘La Zona’ –Andrei Arsenyevich Tarkovsky ha sido siempre una presencia en mi vida incluso desde mi niñez. Sus ascéticos métodos de trabajo y su habilidad para esculpir en el tiempo y usar el diseño sonoro antes que estuviera de moda han sido una gran influencia para mi”– donde el tiempo se extravía en fuerzas desconocidas. Las divergencias se trasladan a las armonías clásicas en “Looking For Bobby”. Dafeldecker, Doerner y Kennedy repiten en “Potlatch”, misterioso giro final donde un viento helado se posa sobre el suelo asfaltado imaginando una escena de fría monotonía creando una atmósfera espesa, una nube sobre la vida actual.

“Yo lo describiría como un álbum del siglo XXI, y por esto quiero decir un trozado postmoderno. La mayor parte de estas influencias fueron recogidas como consecuencia del valor de décadas de audiencia y lectura. Mi primera lección acústica fue escuchar el viento que silbaba por los espacios de tolva de nuestro apartamento municipal y mi recuerdo de infancia deformó los sonidos y los refractó por un prisma abstracto. En esencia, los sonidos han venido a mí en sueños o recuerdos así como a través de un conocimiento interior de las disciplinas musicales en las que opero”. El otro, lo otro, lo extraño, aquello fuera de las márgenes habitando en suelo extranjero como un sonido desterrado, notas inmigrantes. “The Other” reside en los bordes de la música actual y a su vez se alimenta de muchos de los esquemas y formas de la música contemporánea, haciendo coincidir y colisionar en un mismo punto patrones divergentes, fallas –“Me niego a esconder las imperfecciones porque quiero que haya un fuerte elemento humanista en el trabajo”–, estructuras libres dentro de circuitos cerrados, la inconformidad del espacio público expulsada como ruido molesto y armonías discrepantes de electrónica errática y acústica gris.

www.fangbomb.com


335. The Classics Album + Nu.it
septiembre 1, 2014, 12:00 pm
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Nu.it + The Classics Album 02

WÍEMAN
»The Classics Album«
SAWAKO
»Nu.it«
BASKARU. 2014

Hace solo meses nos sumergimos en parte del catálogo reciente del sello francés Baskaru, aquel polifacético label de electrónica, ruido, pop poliédrico y minimalismo rasterizado que últimamente se ha visto dentro de una vorágine de lanzamientos poco habitual. Contemporary electronic music and sound art. Música de planos en.expansión que en sus variables frecuencias aborda el sonido desde una perspectiva abierta, una búsqueda y una investigación permanente de notas amplias y microscopía sonora, un intento por ampliar los bordes, un intento por ensanchar los márgenes a través de diversos medios. Cada ppublicación es diferente a la anterior, diferente a la siguiente. Dos de ellos se están desdoblando justo ahora, y aún queda otro más a revisar en un futuro próximo.

Wíeman antes fue Zèbra, proyecto de electrónica pop cuya fuente de sonido son exclusivamente samplers extraídos del maravilloso y amplio mundo de la música moderna. Alcanzaron a publicar dos trabajos para Symbolic Interaction, Limbabwe Limbabwe,  Korm Plastics, más dos EPs para Olé y My Own Little Label, antes que una demanda obligara a cambiar de nombre. Así surge Wíeman, idea tras la que se cubren dos activos artistas que vienen desplegando sonidos en infinidad de formas y lugares. Por un lado Frans de Waard –Captain Black, Flow, Freiband, Goem|fdw, Post Destruction Music, Quest, Shifts, Surge–, por el otro Roel Melkoop –*slo-fi , Happy Halloween, Mailcop–, ambos artistas reunidos en otros tantos proyectos –Kapotte Muziek, THU20–, siendo el más interesante Goem –12k, raster–noton, Mutek_rec, Audio.nl, Fällt, Mego, Korm Plastics, Staalplaat…–. Entre los distintos trabajos en los que juntos o separados han estado envueltos debe de haber más de cien referencias, aunque fácilmente sea el doble. Future Classic Meltpop. “‘The Classics Album’ promete ser un álbum clásico de meltpop. ¿No sabes lo que es? Meltpop es lo que Wieman y su encarnación anterior  Zèbra hacen: complejas construcciones que pueden sonar a la vez como pop y/o canciones bailables, hechas enteramente de samples inspirados por un muy específico y determinado corpus. ‘The Classics Album’ contiene solamente samples tomados de canciones que tienen nombres con un dejo de música clásica, palabras como ‘symphony’, ‘rhapsody’, ‘overture’, etc. Estos samples provienen de los mundos del jazz, rock’n’roll, rock progresivo, disco y más. Algunos de ellos son instantáneamente reconocibles, otros son transformados por encima de cualquier identificación”. El resultado son cinco piezas de música fragmentada que pueden llegar a desconcertar a ratos y en otros momentos envolver como un manto de ruido gris. Son las múltiples facetas de la música desarrollada hace décadas condensada en breves minutos de desvaríos y desmayos por los que atraviesa este disco. “The Classics Album” es un viaje por estados contrapuestos, sensaciones contrapuestas, desde el vértigo a la tranquilidad, del movimiento constante a la calma imperturbable, variaciones de ritmo e intensidad cuyo origen está en el exterior. La confusión de notas y timbres se apodera de “With A Lat Of Verve”, un momento donde las estructuras del pop se multiplican en favor de una composición que no elige una única dirección sino que opta por varios trayectos donde circulan los trozos de canciones robadas. Difusión, repetición, perfusión metálica, el estruendo del metal sintético y del ritmo matemático en un baile de retazos armónicos que se desordenan dentro de las muchas variables a elegir. La respuesta inversa es “The King Ist Queer”, jazz reposado y crujidos microscópicos que luego derivan en electrónica pop, IDM segmentada con un apacible loop de fondo como un suelo para restos de glitches y errores digitales. “The Lady Es A Tramp” se queda en una superficie de sonidos sintéticos como si fuesen haces de luz proyectados en un campo artificial, un plano cartesiano computarizado. “Mega Decontructed Live Wish” es todavía más desconcertante: metal estandarizado, minimalismo, síncopas rotas y ambient, la vía que elegirá “Do You Have ElP”, música espectral, silencio musicalizado con escasas notas de una oscura profundidad, diecisiete minutos que se van aproximando lentamente hacia la luz al final del túnel, encontrando refugio en el brillo de la pureza del sonido, la raíz del ruido sintético carente de estructura, solo formas transparentes. De ahí al silencio, de ahí a una misteriosa voz entrecortada. “The Classics Album”, música clásica, pop contemporáneo, electrónica fraccionada. Frans de Waard, Roel Melkoop, dos artesanos digitales que construyen piezas de ruido fragmentado desde la confusión auditiva para el caos de la vida moderna, nada más que un reflejo de ella.

Sawako es Sawako Kato, artista sonora japonesa radicada en Tokio graduada de la Universidad Keio (Japón) donde estudió sonido y otras disciplinas, lo que le ha permitido desarrollar su arte desde diversos puntos, contemplando sus creaciones como obras integrales. Primeramente vino “Yours Gray” (and/OAR, 2004), al que seguirían otros trabajos como “Hum” (12k, 2005), “Madoromi” (Anticipate, 2007) y “Bitter Sweet” (12k, 2008), su última obra propiamente tal, con una idea cohesionada y más personal. Entre medio hay otros trabajos, colaboraciones –Scott Smallwood, Seth Cluett , Ben Owen, Civyiu Kkliu, Hypo, Asuna, Richard Chartier, Shinjiro Yamaguchi– ediciones exclusivamente digitales algunas, publicadas por ella misma y por otros labels como Winds Measure, Aesova, Throat, Community Library o Autumn. Un camino que ha ido progresando de manera paulatina mientras el tiempo ayuda a que sus creaciones florezcan en el momento justo y el clima apropiado. Flores digitales sobre el campo son las piezas que Sawako ha desperdigado en sus trabajos, intercalados con trazos breves y ensayos deliberadamente más libres. Experimental ambient at night. “El campo de la música ambient experimental, si es que existe tal cosa, necesita del toque delicado, mesurado y expansivo de Sawako. ‘Nu.it’ casi parece como la dirección de un sitio web, pero no lo es. Lo que es, sin embargo, es ka perfecta materialización del arte de Sawako: conciso, quieto, además increíblemente rico en significados. Nosotros tenemos la palabra francesa ‘nuit’ la cual significa noche, y este es claramente música nocturna… Esta no es realidad, a menos que sea una nueva forma de realidad, en cuyo caso el título debiera ser pronunciado ‘new it’. El título puede ser leído en otras maneras, en otros lenguajes y su significado, finalmente, depende de ti”. Sawako, quien se describe a si misma como ‘escultora de sonido’ y ‘alquimista de señales’, fabrica en este álbum piezas de extrema delicadeza, frágiles composiciones donde se puede percibir cada mínimo detalle que yace en su interior. “Nu.it”, nueve finas piezas de electrónica acústica, de susurros amplificados sutilmente como si fuesen delgadas hojas de papel que al moverse con el viento generan un ruido amable. Seis años desde su último trabajo para 12k, años donde las notas han germinado durante varias estaciones hasta terminar en lo que es este minucioso registro, hermosos paisajes de orgánica belleza digital surgidas desde un punto en la realidad, llegando a un lugar casi irreal. El piano dibuja una partitura tenue alrededor de la cual rondan pequeños elementos, electrónica detallista que adorna de manera muy cuidada la melodía fragmentada. Parecen notas recopiladas al azar, notas opuestas que sin embargo poseen una mágica coherencia amparada por la discreta estridencia de fondo. “Locus Of Everyday Life”, maravillosos siete minutos iniciales que son solamente una antesala para más maravillosos minutos por venir. De la calma acuática de “Pass.age” a la rítmica pacífica y submarina de “Nostal.noz”, instantes ambos de ambientaciones marinas que amortiguan el efecto del sonido, hipnóticos pasajes bajo la superficie terrestre. “F.light” tiene esa misma placidez infinita, música de corales al ritmo de la vegetación fluvial, electrónica náutica de armonías ensoñadoras que flotan en las corrientes sintéticas y a la vez naturales. “Piano Cote”, minimalismo acústico cubierto de un murmullo suave de texturas análogas, distinto al calor transparente de “O.ver”, digitalismo abrasivo y espacioso, diferente al piano intrincado de “Mind.ight”, un laberinto de armonías apacibles. La leve confusión se desenreda en “In.fini”, pleamar de susurros acústicos que se filtran por la piel de estas estructuras espontáneas y que se retiran con una sedosidad y ligereza únicas en las playas de las armonías interminables, la noche infinita de la levedad auditiva. El tiempo provoca que los recuerdos se pierdan, que la memoria quede almacenada bajo el presente. Olvidada sus anteriores obras, “Nu.it” nos hace valorar esos registros previos pero, sobre todo, apreciar los sonidos recogidos en estas composiciones de belleza natural generadas por la artista japonesa dentro de un plano simulado pero que también convergen con tramas orgánicas. Sawako y el esplendor de su delicadeza acústica se desenvuelven con una discreta quietud como olas de tersa estridencia.

www.baskaru.com, www.fransdewaard.com, www.r0m.nl, www.troncolon.com


334. The Death Of Rave (A Partial Flashback)
agosto 1, 2014, 2:20 pm
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Leyland Kirby 02

The Death Of Rave (A Partial Flashback)

LEYLAND KIRBY Presents V/VM
»The Death Of Rave (A Partial Flashback)«
HISTORY ALWAYS FAVOURS THE WINNERS. 2014

El recuerdo de un pasado que parece haber fallecido, un pasado consumido por el fuego que convirtió en cenizas grises una notas que antes eran de oscura fluorescencia. Un sonido que significaba no solo coordenadas esquematizadas sino también libertad, furia, violencia, amor, un escape a la realidad sin sentido y la cotidianidad sin brillo. El verdadero resplandor estaba en las noches eternas de ritmos y repetición, armonías minimalistas e implosiones de ruido extático. Así recuerda James Leyland Kirby, músico inglés nacido en 1974 en Stockport, ahora radicado en Cracovia, más conocido por sus varios nombres ficticios, los más reconocidos V/Vm, The Caretaker y The Stranger. Con estos y otras más identidades ha publicado infinidad de trabajos, incontables ediciones, muchas de ellas por marcas creadas por el mismo como V/Vm Test, Vukzid e History Always Favours The Winners. Kirby es una personalidad extraña, un creador incontenible que en distintas formas y en diferentes formatos vierte su incansable deseo de exponer ciertos aspectos de su vida, o eso parece. Su silencio, que no es absoluto, la imagen que refleja en sus trabajos, las motivaciones e inspiraciones para cada proyecto, los títulos de sus piezas parecen querer decir algo más sobre él. Desde 1996 que viene publicando sus composiciones, variando su trayecto desde aquel año de estridencias hasta su presente de armonías oscuras y fantasmales, escarbando en los pensamientos ocultos de la mente y las desviaciones de la materia gris siempre tan voluble. Tristemente, el futuro ya no es lo que fue (recuerdos viven más que los sueños).

Capturando el pasado en forma de piezas espectrales, James Leyland Kirby recupera con esta obra una idea perdida y una sensación de pérdida y abandono en manos del ruido y el goce que ahora se vislumbra como recuerdos vagos y desgaste emocional. La vida fue y la existencia se fue en el suelo deteriorado y paredes manchadas. “El proyecto original ‘The Death Of Rave’ era enorme, más de doscientos tracks, usando todos los hits de pista de baile a partir del tiempo y despojando el tema de energía y espíritu, convirtiéndose ellos en sombras y fantasmas. El material precede la obsesión reciente que músicos más jóvenes tienen para recrear texturas y memorias recordadas del rave. Esto no era nostalgia, esto era un himno invertido a un tiempo cuando la música se trataba sobre reunir a la gente para una experiencia compartida. Un tiempo cuando sólo la música, el avance de sonido y aventarse era lo que importaba”. Un proyecto inabarcable para cualquiera, una idea agotadora que suponía sumergirse en casi sesenta horas de música que parecía no tener fin, como aquellas noches eternas de baile y desenfreno y que, sin embargo, hoy parece extinta. El origen y su adición son dos trabajos extensos publicados por él en formato digital: “The Death Of Rave (The Source)” (Vukzid, 2006) y “The Death Of Rave (Additional)” (Vukxid, 2006). La idea de rememorar esos días cuando ahora (ocho años atrás) su renacimiento emergió muerto, a los ojos de Kirby. “La idea para ‘The Death Of Rave’ fue concebida a principios de 2006 después de una visita al Club Berghain en Berlín. En ese tiempo Berghain estaba a punto de explotar sobre la escena internacional de clubes como un templo. Un sentimiento había en el aire de que algo especial estaba sucediendo. Yo fui y vi una sombra pálida del pasado. Beats tristes y aburridos, palpitando sin parar ante una audiencia que sentía que era parte de una experiencia pero que carecía de cohesión y energía. Para mí, personalmente, algo había muerto. Se un espíritu, se un ideal, se una aventura en el sonido. Rave y techno se sintieron muertos para mí… Desde luego ‘The Death Of Rave’ era enorme, demasiado enorme para digerirlo. Estuvo disponible para descarga libre por un número de años a través del sello V/Vm Test. Al final, ‘The Death Of Rave’ se murió cuando el sitio de V/Vm Test fue suprimido por completo en 2008. En los años siguientes varias veces revisité el trabajo. Y así ocho pistas fueron levantadas del proyecto y ahora han sido remastetizadas por Matt Colton como ‘un documento de un pasado muerto’. El desencanto provocó que Kirby produjera esta monumental obra de la que ahora recoge un extracto, una mirada parcial hacia atrás, no solo a la fecha de su concepción sino también la raíz de una sonoridad que en sus manos resulta deformada. “The Death Of Rave (A Partial Flashback)”, solo ocho piezas seleccionadas por él y Shlom Sviri en 2012 de las muchas grabadas como V/Vm en Weichselstrasse en el año 2006. Repetición, ruido, destellos en la niebla densa, movimientos inexactos. Cada milímetro del espacio contenido en estos minutos que resultan ínfimos refleja la idea de un paraíso perdido, abandonado a la suerte de la modernización y la apatía, rastros de un futuro que huele a suciedad y óxido, bajo la limpieza superficial. La música suena estridente y a la vez contenida, una sombra de deseos marchitos. Una brisa suave brota de las horas nocturnas, acechada por el ritmo y esquemas que transmiten un mensaje olvidado. “Monroes Stockport”, el encuentro casi definitivo de mareas ambientales, corporalidad techno y melodías que se desvanecen. “The Death Of Rave (A Partial Flashback)” es una música física que en su sobreexcitación pierde la conciencia, quedando como una estela auditiva. Como es esa pieza inicial, como los vestigios que solamente se pueden percibir en “Moggy & Wearden”“El track-listing es en referencia a los recuerdos más fuertes del rave que tengo a partir de aquellas noches. La gente, los DJs, los automóviles, la violencia y los clubs olvidados. Solamente flashbacks, ahora consignados a mis propias experiencias polvorientas”–. El frío glaciar que exudan estas notas se acerca al hielo de una noche en el desierto, un congelamiento a horas de proximidad de un calor agobiante. Ambos climas parecen convivir juntos. “Machete’s At The Banshee” es en verdad un canto fúnebre, un poema estático donde se oye el metal plateado quebrarse con una lentitud aplastante, actitudes aplastantes enterradas en vidas posteriores sin sentido. Un estruendo abrasivo inunda el entorno aislado: “Acid Alan, Haggis & Scott” y el tiempo que se consume por un brillo que quema la piel y los órganos, corrompiendo el cuerpo en sus desplazamientos constantes, lo mismo que “Marple Libradome ‘91” solo que tapado bajo un manto semi transparente. Y el ritmo repetitivo persiste, una marcha de beats persistentes. “Smithy & Dave The Rave” es solo ruido, hermoso ruido coordinado sobre patrones minimalistas, electrónica de baile agotado, distante pero no tanto de las síncopas industriales de “Big Eddie’s Van – Bowlers Car Park”. Ahora solo restan los escombros de una civilización extraviada, el sonido desfallecido y las armonías decaídas. “XR2 mk1 Sale Waterpark”, el epílogo de una retrospectiva actual a los días donde la vida solo era evadirse en baile y vértigo, en el resplandor oscuro de la energía eléctrica interminable.

‘Ellos bailaron como si nunca lo hubieran hecho antes. Ellos bailaron en la hora más oscura antes del amanecer’. Está muerto ahora, terminado. Larga vida”. De la inmensa cantidad de material disponible antes hoy podemos ver parte de su estructura, los muros de una edificación deteriorada por la edad que parece ancestral. Fue ayer, fueron siglos antes del presente incierto. V/Vm despliega su instrumentación artificial para despojar a la música de cualquier adorno, quedando expuestos los cimientos a la humedad y la erosión. La portada de Ivan Seal, “un veterano de las originales fiestas rave”, refleja esa gloria desterrada en colores que se desintegran, la belleza real. “The Death Of Rave (A Partial Flashback)” es “un monumento a un trabajo perdido, una idea finalmente puesta en piedra a través de un formato físico. Prueba de su existencia”. James Leyland Kirby construye una obra absorbente y que atrapa, que encierra el cuerpo con su enorme fuerza, un sonido físico que traspasa los límites de su continente. Estas piezas son la arquitectura de las ruinas, electrónica que se consume a sí misma. Estos son bloques de concreto, ruido y melodías espectrales de un pasado extinto y desolado.

www.brainwashed.com/vvm, www.leylandkirby.bandcamp.com


333. The Dual Orienteering EPs / двойственное ориентирование
agosto 1, 2014, 2:10 pm
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The Dual Orienteering EPs 01

SASHASH ULZ
»The Dual Orienteering EPs / двойственное ориентирование«
WIST REC. 2014

El paisaje urbano y el paisaje rural. Dos mundos que conviven uno al lado del otro, cada vez el primero restringiendo y expropiando espacios que le correspondían al segundo. La ciudad aglomerada de emociones que fluyen a un ritmo muchas veces demasiado acelerado, alterando con ello el mismo comportamiento humano. El campo y la tranquilidad que funciona como una vía de escape que limpia la piel y el interior repleto de congestión opaca. En Wist Rec. la búsqueda por ese lugar, a veces real, a veces ideal, continúa por parajes alejados del mundo moderno, una travesía de investigación del ruido que escapa a las grandes ciudades, persiguiendo los rastros olvidados de la planificación urbana que entierra bajo suyo los suelos antes fértiles, ahora solo terrenos estériles. Esa búsqueda encuentra melodías fragmentadas en el norte de Europa, en un lugar prácticamente desconocido como también lo es el habitante que crea esas piezas. Sashash Ulz es un músico proveniente de Petrozavodsk, la capital de la República de Carolia, parte de la Federación Rusa, al noroeste de Rusia, en el istmo de Karelia, en una posición intermedia entre la cuenca del mar Blanco y la del mar Báltico, con gran cantidad de lagos y bosques, dentro de la zona de clima continental atlántico. “He lives near the big lake and makes records. Sometimes he goes to Dacha with Lena Kot Kot, where they swim with the ducks”. Más de veinte publicaciones ya tiene en su historia, mayormente cassettes. El primero fue “Cladonia Rangiferina” (Sweat Lodge Guru, 2011). Luego vendrían más para sellos muchos de ellos muy pequeños como Digitalis, Jozik, Full Of Nothing, Cookies ’N Cream, SicSic, Three Legged Wooden Cossack With Black Decoy, Fourth Dimension, Swollen Beam, Flaming Pines, Hooker Vision yy Mineral Tapes. Música limitada desde lugares inaccesibles.

Continuando escarbando en la geografía apartada, el nuevo producto de Wist Rec. presenta a este artista desde Rusia con una nueva edición facturada a mano. Un set de dos discos, dos CDRs de tres pulgadas dentro de una caja de cartón reciclado la que además de sonido contiene muchos otros objetos: mapas de orientación de lugares familiares, cintas de película de cartografía, rutas de aventura personalizadas –una de ellas sugiriendo una viaje desde mi propia casa– y una pequeña brújula. Información detallada de lugares, diagramas estereográficos y fotografías del propio Sabash impresas y estampadas en papel Corona y Atlas y diseñado por Phantom & Son Intl. A partir de lo ignorado me puedo adentrar con total libertad en los sonidos creados en el territorio alejado del mundo, alejado de la realidad temporal. La música que se puede escuchar en “The Dual Orienteering EPs” parece haber sido creada en otro lugar o, más bien en otra época. Como aquellos libros con hojas desgastadas que Glen Johnson suele abrir de vez en cuando, desenterrados de una vieja librería, las melodías de Sashash Ulz parece fuera de tiempo, proveniente de otro siglo anterior. El calendario indica 2014, lo que suena indica una fecha diferente, muy anterior. Los dos discos, de veintiún minutos aproximadamente cada uno utilizan el murmullo exterior, la vida que está allá afuera, pero dentro yace una vida que precede su vida, en particular en el aspecto rural. Melodías que parecen robadas de algún lugar olvidado mezcladas con el ruido generado en cintas mal conservadas e imperfecciones que traspasan el desarrollo de la tecnología desfasada. Samplers, tape loops, found sounds, electrónica análoga para producir música real, perceptible por todos los sentidos, palpable, sensible al tacto. “An appreciation of personal navigation around cities and the countryside”. La cartografía de la ciudad y los pueblos que la rodean, el mapa inexacto cuando los instrumentos de medición capturaban otros aspectos del terreno, dibujando no solo rutas, atrapando a sus habitantes que hoy residen en forma de fantasmas, una población creciente de residentes que están al lado nuestro, detrás nuestro, bajo el suelo. “The Urban Part” recoge los sonidos que fluyen en la urbe moderna, el tránsito y el movimiento de los motores, la ingeniería mecánica entrelazada con notas que parecen no serlo en realidad. Es más la sensación de una pieza, la intención de una armonía que queda atrapada en medio del estruendo ligero de la ciudad y la traslación de trozos de música surgida dentro de una instrumentación en mal estado, electricidad tenue que emite un brillo de baja intensidad. Esa es solo una parte desarrollada durante los extensos minutos. Pronto la rítmica variable de un comienzo irá descendiendo hasta la tranquilidad nocturna de luces en la oscuridad absorbente, y de ahí al reflejo de un resplandor agobiante, acordes indecisos que van creando una confusión leve. Así suele ser la parte urbana, las contradicciones constantes que se reflejan en esta pieza-álbum breve que culmina con el silencio de la mañana. La distancia entre el cemento y la tierra se percibe al entrar en la parte rural. “The Rural Part”, otros veintiún minutos de música queque brota entre la lluvia sobre la hierba y percusiones de metal que más bien parecen herramientas convertidas en instrumentos. Las melodías de esta segunda fracción que en realidad es la primera en descubrirse de la pequeña caja de cartón son como alguna canción extraviada de un libro de cantos infantiles rodeadas de una extraña oscuridad. El entorno húmedo se posiciona como un fondo siempre presente para que estos sonidos comiencen a desplegarse de las páginas rotas de donde se originan. Una caja de música deteriorada es el hogar que alberga esta pieza extensa, engranajes oxidados que a pesar del paso del tiempo todavía conservan las notas que arrullan, tanto como la incesante lluvia que las cubre, una tormenta inundando los metales que producen un armonioso ruido. El campo oculta con su naturaleza silvestre las partituras borradas y las melodías debilitadas por las temporadas y los climas tormentosos.

“Night. Astronomical twilight. Nautical twilight. Civil twilight. Dawn. Sunrise. Daylight. Solar noon. Sunset. Dusk. Civil twilight. Nautical twilight. Astronomical twilight. Night”. Coordenadas temporales que marcan los instantes de cada una de las variaciones de estas piezas. Handly music handmade. Música hecha a mano, electrónica análoga manipulando cintas deterioradas que recuperan las armonías de la ciudad en forma de brillo tenue y las melodías de la vida rural desde siglos anteriores, música interpretada por habitantes fantasmas que emanan un aura de ruido y belleza, notas borradas por las estaciones y lluvia.

www.wistrec.com, www.dvazd.tumblr.com


332. Valya Letters + Just Below The Surface
agosto 1, 2014, 2:00 pm
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Valya Letters + Just Below The Surface 02

ASUNA
»Valya Letters« (2013)
SUISEN
»Just Below The Surface« (2014)
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2013

Estrellas fluyen en la orilla del lago cuando el viento cesó. Chispas cayendo al dorso de un barco azul oscuro. Luna hundida justo bajo la superficie. A veces suelo asociar palabras que quizás no están conectadas, quizás si. No lo sé. Simplemente me agrada unir títulos, frases individuales que plegadas adquieren un cierto significado, una coherencia que se esconde tras la separación numérica, una forma de entender lo que hay detrás de las palabras, detrás del sonido callado. La poética del silencio. En ese lugar de expresiones sin voz habitan la mayoría de las obras publicadas por White Paddy Mountain. Dos de ellas han arribado en tiempos dispares, una hace poco más de un mes, la otra a fines del anterior año, ambas planeando sobre corrientes marinas en el atardecer de los días, una la prolongación de una historia que viene desarrollándose hace varias temporadas, otra un inicio cuyo futuro aún es incierto.

Asuna es Naoyuki Arashi, músico que comenzó a producir sus creaciones en 1999 utilizando principalmente un viejo armonio y electrónica. “Asuna es un artista japonés que vive en la región de Hokuriku Region y que produce alguna de la más hermosamente emotiva música de drones y electrónica desde su debut”. A inicios de la década pasada comienza a editar sus trabajos. El primero fue “ Each Organ” (ao to ao, 2001), seguido de varias publicaciones para sellos como Spekk, and/OAR, Apestaartje, Music Related, Home Normal, Students Of Decay, Headz, Autumn, Lucky Kitchen, Power Shovel Audio, Commune Disc y Senufo Editions. Más de diez discos lanzador por el o a través de colaboraciones con otros artistas afines –Minoru Sato, Shibata, Opitope, Chihei Hatakeyama, Sawako–, una historia personal expuesta en sus reposadas composiciones que tiene en esta su última colección de canciones. “Y ahora ‘Valya Letters’ llega a través de White Paddy Mountain. Asunase inspiró por una escena de una vieja película rusa en la cual una muchacha siempre envía cartas que fallan. Este álbum está compuesto de cinco partes y la electrónica flotante de Asuna lleva al oyente en una especie de sueño. Las fluctuaciones de sonidos son cálidas y cautivantes”. Como un flujo de sonidos que desciende y suben, como una marea de notas, “Valya Letters” es un trabajo de acústica belleza flotando entre las olas del mar. Cinco piezas de electrónica que se nutre de sonidos reales intercalados con el resplandor eléctrico que surge en el interior de archivos digitales. Una frase en ruso sirve de breve prólogo para los acordes dibujados por una guitarra, un loop de melodías inacabadas sumergidas en la neblina de soplidos ambientales que parecen degradar los colores de las cuerdas. Los escasos dos minutos y fracción de “Song In Farthest Harbor” se unen sin que se distingan un espacio del otro con “Stars Flows In The Lakeside When Wind Ceased”, cuando la fuerza orgánica queda tapada bajo las ramas eléctricas que pareciese fuesen recogidas del suelo mismo. Música recopilada de entre la hierba, piezas extraídas de la arena y las rocas ínfimas junto al océano, una corriente de estrellas que arden, que suenan como si ardiesen, quemando las cintas de ruido natural, un ruido intervenido por una especie bits en mal estado en “Sparks Falling On The Back Of Dark Blue Ship”. Las armonías que tiemblan encuentran una calma en “Sea Above, Chubby Plane, Sky Below”, una planicie sintética que descansa sobre la tranquilidad de las aguas de un lago en diciembre. Solo queda el ruido abrasivo de “Lonesome Lark Who I Am Remember”, un magma de fuego absorbido por una armonía indefinida, la naturaleza envuelta en redes de sonido sintetizado. Mar encima, cielo abajo. Compuesto y grabado entre los años 2003 y 2013, “Valya Letters” es un hermoso paisaje marino de Naoyuki Arashi. Estrellas en el lago. El murmullo del mar sobre la arena y el suelo erosionado es el trasfondo en el cual se dejan caer las notas de acústica digital, folk cubierto bajo capas y capas de distorsión contenida que adornan los acordes de electrónica acústica.

Bajo la superficie. Un encuentro producido hace unos años y cuyas semillas florecen recién hoy, después que el tiempo ha cubierto el suelo. Suisen es Darren McClure y Tomotsugu Nakamura. “Just Below The Surface” es su primer álbum para White Paddy Mountain, el primero para cualquier editorial en realidad, el punto de inicio de un proyecto el cual puede dejar más frutos en el camino como también ser solo una reunión efímera que deja un lindo recuerdo para los años que están por venir. “Esta es la primera colaboración entre Tomotsugu Nakamura y Darren McClure bajo el nombre de Suisen. Después de conocerse en una presentación de 12k en Tokio unos años atrás y comenzar una amistad decidieron seguir en contacto y trabajar en nuevo material juntos”. Nakamura es un artista sonoro radicado en Tokio. Su práctica primordial es componer música con instrumentos acústicos y field recordings. Es valorado por gran cantidad de artistas de diferentes géneros musicales. Su obra aún está en desarrollo, y su historia solo habla de dos trabajos “Slow Weather” (Kaico, 2013) y “Soundium” (Kaico, 2014), una trayectoria todavía fresca. McClure es un artista sonoro que vive en Matsumoto, Japón. Su música pliega electrónica, drones y field recordings procesadas para crear piezas de ambientes minimalistas y abstractos. Primero trabajos para netlabels como Standard Klik, 2063music.de, Test Tube o Rain Music, luego sellos físicos como The Land Of, Symbolic Interaction, Flaming Pines, Rural Colours y Éter Editions. Desde las costas de Japón tenemos esta obra de electrónica botánica, hojas de sonido que caen sobre un río de acordes estáticos. Acústica sintética, orgánica acústica de brillo y electricidad delgada, notas desde un cuerpo físico atravesando redes de crujidos inmateriales, un desarrollo gradual donde se van uniendo capas de orígenes diversos formando un trenzado de ruido y melodía, un hermoso jardín de piezas que adornan el espacio entre el sol tenue y el suelo suave. Ocho fragmentos de una misma identidad pero con diferentes matices, casi cincuenta minutos que se abren en segundos de maravillosos destellos de luz como un cristal reflectando cual panel solar. Arpegios de guitarra convertidos en loops que van rodeando el entorno floral, pequeños instrumentos que se dejan caer y forman parte de la dinámica auditiva. Es una guitarra acústica, la forma de su superficie, los dedos sobre la madera los cuales destacan de manera inmediata por encima de los pequeños estruendos entrelazados. “Gradual Education”, folk reposado, electrónica sutil, manchas de sonido que cubren un cuadro que recrea un paisaje natural, magia espontánea que se aproxima a los esquemas trazados por Taylor Deupree. No por nada en un evento de su label fue que se conocieron. “Revolving Sky” aparenta ser más estruendosa pero en verdad es igual e calmada, aún con sus quiebres. “Decoy Fish” insiste con los acordes de guitarra que se repiten incansablemente. De hecho es un solo acorde que es también el motivo principal en el cual circulan las notas espaciosas y los instantes de sonido minúsculo. Música para dormir, para soñar. El clima estival se opone al otoño de “Sunken Moon” y “Open Aperture Metering”. La breve “Just Below The Surface” es solo ruido interior, un incendio de archivos y datos comprimidos que parecen ser el ambiente de una noche en la soledad del campo, la vegetación descansando. “Sonder” bien podría ser una extensión de la anterior pieza, pero prolongando los efectos hasta acabar en un horizonte. “Cascade” es precisamente una cascada de capas que van cayendo lentamente desde un lugar irreal, una escala de planos dilatados que emiten un resplandor que ilumina todo alrededor, el último espacio de luz en medio de la oscuridad exterior. los colores de la fotografía (y diseño) de Tomotsugu Nakamura hacen pensar en llanuras acuáticas. Pero ese verde también puede ser un océano de flores silvestres en la ruralidad apartada. Michael Cottone (The Green Kingdom) sobre este trabajo: “Este álbum tiene tanta claridad y enfoque y al mismo tiempo una increíble calidez. Una abundancia de texturas y melodías emergen después de escuchas repetidas, piezas exquisitamente detalladas de dos maestros artesanos del sonido”. Esta obra. “Just Below The Surface” puede bien ser un evento casual. Pero la belleza acústica de su naturaleza orgánica permanece más allá de la brevedad temporal de su existencia, así como sus melodías digitales y su calma analógica.

www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.darrenmcclure.bandcamp.com, www.tomotsugu.tumblr.com


331. Atlas. 2003–2013 + Los griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres
agosto 1, 2014, 12:20 pm
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Ulises Conti 01

Atlas. 2003–2013 + Los griegos… 04

ULISES CONTI
»Atlas. 2003–2013« (2013)
»Los griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres« (2014)
FLAU

Extrañas luces caen del cielo. Luces, cuartos, distancias, museos, estrellas. Trazando una línea de viaje extraña, cruzando océanos y montes es que llegan los sonidos que se ubican a un costado nuestro, separados solo por grandes extensiones de tierra elevada, una distancia leve en comparación al destino final desde el cual recibimos su elegante eco instrumental. Ulises Conti es un compositor argentino que hasta hoy ha publicado varios trabajos, todos desconocidos por mí, lo mismo que su biografía. Ante el desconocimiento prácticamente absoluto queda pues escuchar con atención como su historia y sus pensamientos nacen justo ahora, al tiempo que oigo las piezas que en más de diez años ha desempolvado de su libro personal, antes de que una nueva y vasta colección de las mismas se entrelacen para dar forma y vida a una nueva obra unida por una misma idea narrativa y auditiva, una especie de nuevo estreno luego de presentarse a si mismo al mundo desde el otro lado del mundo.

‘Atlas’ reúne lo que podrían ser consideradas las grabaciones más distinguidas de Ulises Conti a lo largo de su carrera solista de diez años. La selección revela un gran despliegue sonoro que genera espacios musicales y paisajes de una belleza inusual en la escena actual la cual pone énfasis en los elementos de timbre (piano, corno francés, viola, lap steel, etc.). Esta es solo una breve muestra de sus producciones como músico debido a que su trabajo se expande además a otras disciplinas como cine, artes visuales, danza y teatro, como compositor para bandas sonoras, instalaciones y otros proyectos de búsqueda sonora. Él es uno de los compositores argentinos con mayor potencial y proyección internacional considerando su poderoso e inspirador trabajo”. Desde lo ignorado me acerco a este compendio de sus diez años en los cuales ha ido desperdigando sobre el suelo sus diversos acercamientos a una composición sobria surgida de la apreciación acústica del ruido y la armonía de tonos fuera de tiempo. “Atlas. 2003–2013”, este resumen, aparece publicado a través de Flau, el label de Yasuhiko Fukuzono con sus oficinas establecidas en Tokio. Ha tenido que ser una editorial japonesa quien nos ha descubierto una música que se encontraba mucho más cerca nuestro, solo separada por una cordillera de distancia, por valles interiores de separación, un viaje desde el Atlántico al Pacífico Norte y de ahí de regreso al Pacífico Sur. Este atlas recopila quince piezas de entre dos y siete minutos, partituras escasas que se pasean por diversos lugares y estados, transitando con soltura por épocas diferentes que expresan el crecimiento de un artista, aunque esto quizás no sea más que una apreciación de quien observa desde fuera. Dentro se percibe una misma materia que se desvía a variados lugares, pero el origen sigue siendo el mismo. Un viento solitario parece indicarnos el comienzo de una historia, el prólogo de una fábula olvidada retratada con una solemnidad exterior que contrasta con la sencillez que se vislumbra dentro suyo. Más tarde, cuando los segundos avanzan recibe la compañía de otros aliados que realzan su cándida majestuosidad. “Cañones ocultos entre las flores”, la violencia tras la belleza natural. Un punto entre los quince que hacen que en la memoria afloren sensaciones escondidas por el paso de los solsticios. “Budapest” y el movimiento constante del piano, que forma con “El chico de la moto”, “Manuel” y “West Hollywood” un espacio donde destacan las armonías dibujadas con ese instrumento en parajes de romanticismo y emociones moderadas por la sensatez de la mente. Las cuerdas aparecen con “La sed”, folk de tierras baldías y noches desérticas que hielan, unido de la mano a “Canción de despedida”. Distintos tramos plegados, distintos capítulos de una historia que se desarrolla a lo largo de un territorio amplio. “Playa nevada” y “Extrañas luces caen del cielo” conforman otro fragmento de la travesía, como “Adivinación en lagos”, “Cuarto suspendido” y “Luz de un cuerpo” otro instante diferente pero similar. La isla dentro del mar de cuerdas infinitas es “Preludio”, guitarra acústica que parece comenzar a brillar a medida que avanza entre los otros sonidos vaporosos, una figura repetitiva que se desvanece con las horas comprimidas. Un aparente final interrumpido por otro verdadero, la nostalgia minimalista de “Distancias olvidadas”, múltiples capas plegadas entre sí que forman una sinfonía reducida de música discreta y clasicismo evocador. El viento inicial se cruza con los otros muchos sonidos en este epílogo solemne de ruidos sencillos, el último rincón de este mapa de Ulises Conti y su geografía acústica de armonías elegantemente desplegadas.

La relativa dispersión de “Atlas. 2003–2013”, provocada en parte por la búsqueda desarrollada durante una década completa, se ve concretada en su nueva obra integra y extensa. La presentación hecha por Flau el año pasado nos estaba avisando de los nuevos registros del músico argentino. Es nuevamente la editorial japonesa la encargada de publicar las composiciones de Conti, esta vez una colección inédita de una música inédita, aún más cohesionada dentro de la enorme variedad que este proyecto permite. “Los griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres”, un largo título para un trabajo que intenta ser una representación completa de las múltiples posibilidades del sonido, dentro de unos márgenes propios de un artista, los bordes necesarios que se deben establecer para evitar la inconcreción. Lo excesivo del nombre se equipara a la cantidad de rastros audibles contenidos en él. Veintisiete piezas de entre uno y cuatro minutos, las letras expresadas en ruido amable. “Esta grabación fue pensada como un alfabeto sonoro, incluyendo diferentes tipos de resonancias y haciendo un acercamiento en el proceso de transformación del sonido en si mismo. Incluye manipulaciones acústicas con diferentes métodos, tanto digitales como análogos. El álbum contiene instrumentos musicales, field recordings de la vida cotidiana, donde es posible escuchar desde piezas para piano procesado a susurros de parques de diversiones, niños, juegos de basketball, aviones o campanarios. Sin embargo, todos estos sonidos, tanto instrumentos musicales como objetos sonoros, son procesados en una forma que nuevos sonidos son redefinidos”. Resulta difícil poder medirlas, son muchos instantes donde se esconden otras tantas sensaciones, cada una de ellas es un universo pequeño que encierra sonidos fascinantes, cada universo encadenado al otro como un cosmos de estrellas diminutas. Ánimos que varían, formas que mudan al trasladarse de un punto aislado a su continuación, preservando una linealidad en el fondo que trasciende las diferencias. Tomando como referencia el anterior álbum, este se encuentra notoriamente más desarrollado, cada elemento cosechado en la fecha oportuna, apreciable en los puentes que de manera invisible se tienden en él. Pudiera pensarse que una reproducción aleatoria podría funcionar de igual modo que el orden establecido. No obstante, se aprecia mucho mejor siguiendo los puntos ya demarcados. El coro casi litúrgico de voces que evocan una religiosidad de una pureza infinita, la pureza de la voz impulsada por las cuerdas de los hombres observados por dioses es solo el primer acercamiento a las variadas emociones vertidas en esta obra. “A” es seguida obviamente por “B”, folk reposado entre el resplandor de un piano de cuerdas extremadamente delgadas, mucho más grueso en “C”, diferente al lirismo digital entre manchas de sonido y notas cazadas de “D”. “E” parece recorrer los cielos con una música eterna, mientras que la belleza inconmensurable de “F” se nutre principalmente de los silencios, los espacios vacíos entre las notas dispuestas con extrema delicadeza. El ruido abrasivo de “H” se opone a “I”, de nuevo jugando con las distancias. Desde “J” a “N” el desarrollo se plantea en un plano similar, notas, silencio e intervenciones que se filtran por la acústica como errores diminutos al interior de las cintas. “Ñ” recoge grabaciones de campo de la letra anterior y las suma a las campanas que emiten su propia canción, convertida en un estruendo agradable en “O”. Desde “P” a “T” se vuelve al piano apacible, solo con la excepción de “S” y la electrónica fragmentada, excepción que se vuelve norma en “U”, “V”, “W” y “X”, la penúltima cubierta de cintas gastadas y brillo borroso, la última siguiendo la estética del error digital. “Y” es otro final aparente, por su relación con la pieza inicial, término nuevamente interrumpido por “Z”, falso epílogo que parece más bien notas capturadas de manera espontánea entre el ruido cotidiano, lo que queda cuando en un momento libre después de una jornada intensa. Esta obra, grabada entre Alemania y Argentina y producida por Ismael Pinkler, exhibe el florecimiento del arte de componer pequeñas piezas de arte. El paso desde las antiguas grabaciones a este nuevo trabajo muestra el crecimiento de una música que se desarrolla en forma inversa, eliminando partículas que pudieran ser remanentes que exceden a la presencia esencial del sonido. “Los griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres”, presentado en su exterior con la misma elegancia de su interior, es una impresionante y amplia colección de armonías y vacíos, los polos opuestos sobre los cuales Ulises Conti construye su abecedario de composiciones de ruido análogo.

www.flau.jp, www.ulisesconti.com.ar


330. Tokyo
agosto 1, 2014, 12:10 pm
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Tokyo

MACHINONE
»Tokyo«
FLAU. 2014

Desde la casi completa ignorancia es que me aproximo a unas composiciones de una naturalidad abismante. Conociendo prácticamente nada de su pasado, ni siquiera el presente, solo queda despojarse de toda interpretación para dejarse cubrir por las notas que fluyen en ellas de forma espontánea, maravillosamente espontánea. Aún así, aunque el suelo sea desconocido, existen puntos a los que agarrarse, anclas que permiten entender de donde pudieron surgir, cómo es que las ideas tomaron una dirección y no otra. Aunque quizás nada de eso importe realmente. La única salida, si es que existiese algún dilema planteado, es rendirse ante ellas. Como punto de referencia está primeramente la raíz editorial. El origen de estas piezas, el hogar que alberga los sonidos desplegados en este trabajo, es Flau, el label establecido en Tokio, la capital de Japón, y dirigido espléndidamente por Yasuhiko Fukuzono. Desde ese lugar en el mundo es que hemos podido descubrir y redescubrir obras de The Boats, Danny Norbury, Sylvain Chauveau, 0, Masayoshi Fujita, entre otras. Existen distintos caminos que el sonido puede elegir como vía de escape, pero también existen ciertas uniones que enlazan cada lanzamiento al siguiente, un hilo que cruza muchas de esas obras publicadas por Flau y que de igual manera atraviesa esta última edición del sello japonés. “Una vez más, flau se ha convertido en el hogar para otro excitante nuevo artista. Machinone, el multi-instrumetista quien saluda desde Tohoku, Japón, con su hermoso debut ‘Tokyo’, se ha unido a la siempre expansiva lista de artistas de flau”.

Aún con parte del misterio develado la sensación de estar descubriendo un mundo nuevo sigue intacta. “Tokyo” es el primer trabajo de un artista que exterioriza sus inquietudes en diversas formas, utilizando diferentes medios que desembocan en un idea uniforme, la acústica del ruido natural, el ruido de la acústica abierta. Y eso resulta de la exploración de la ciudad, el reflejo instantáneo de la estructura urbana a nivel personal, cómo lo macro afecta a nivel individual. Así es la historia, relatada por Wei (mü–nest): “Seis años atrás machinone (Daizo Kato), desde Tohoku, se mudó al lado oeste de Tokio y abrió un nuevo capítulo en su vida. Durante esos seis años él se sintió seducido por los fascinantes alrededores del pueblo en que vivía, una maravillosa mezcla de modernización del tiempo actual y vestigios nostálgicos del pasado urbano. Y así, su álbum debut ‘Tokyo’ nació, una colección de los delicados bosquejos de la ciudad de machinone. Usando guitarra preparada, con arco y campana, banjo, clarinete, órgano, juguetes de madera, grabadora de cinta, un pequeño piano y varios otros instrumentos, machinone gentilmente perfiló sus variadas impresiones de Tokio. El suave finger-picking de la guitarra, melodías con una sensación de nostalgia, cálidos toques de ruido de cinta, un ensemble de ricos instrumentos acústicos, field recordings y sonidos ambientales desde fuera de su habitación, encapsulan sus sonidos en una forma única. Este delicado álbum debut de machinone además se hace perfecto con músicos invitados como Takashi Tsuda (Radiosonde), Danny Norbury y Federico Durand, elegantemente masterizado por Naph, quienes todos juntos dan al álbum una maravillosa dosis de belleza y exquisitez”. El álbum presenta diecinueve piezas de orgánica textura, un trabajo de manualidades caseras registradas en un cuarto observando la ciudad desarrollar su propia vida. Y lo que ese espejo del hogar reflecta son trozos breves que contemplan el exterior de un modo pausado y reflexivo, la mirada de una nueva casa amplia en ideas efímeras construidas con las yemas de los dedos, interpretando poemas silentes que desde un lugar en la nostalgia desbordan belleza pura. Conviven en “Tokyo” muchos colores de tonos similares, pero nunca el lienzo final acumula demasiados de ellos. La presencia más notoria, la que parece mover al resto, es la guitarra acústica, trenzando acordes sencillos y prístinos alrededor de la cual se van posicionando los demás intervinientes, decorando con sus ramas al árbol madre, conservando la raíz en la tierra que queda en medio de la ciudad. Entre las múltiples postales recogidas por Daizo Kato resulta difícil inclinarse por una u otra, pues todas tienen un mismo ánimo expresado en un reposo infinito sobre el que descansan estos trazos recopilados, entrelazados por una misma hebra delgada y delicada. Una pequeña campana unida a la guitarra acompaña los acordes que salen desde su caja de resonancia. Madera, lámina de metal frágil, la belleza del nylon temblando como estrellas distantes, con la letanía del tiempo retrasado. “Bell Guitar” parece una adaptación de ‘Ah! vous dirai-je, Maman’ –también conocida como ‘Twinkle, Twinkle, Little Star’ o ‘Estrellita’–, una variación de música para arrullar niños e invitarlos al sueño. Esta es la invitación de Machinone para arrullarnos y dejar descansar nuestra mente en sus composiciones, menos de dos minutos en una existencia fugaz que deja ver la naturaleza acústica de sus piezas y su carácter sencillo. El ruido del entorno se filtra por las rendijas de “Ruoho”, otorgándole ese tono casual, como si fuese un registro recogido al pasar, robado del aire libre. “Tokyo”, la canción, es otro momento de fragilidad de superficie orgánica, los dedos impulsando distintas cuerdas a la vez, haciendo surgir emociones a la vez que brotan recuerdos con la misma claridad de su sonido. El cello de Danny Norbury –por si acaso su memoria es débil, hace solo meses esta misma etiqueta publicó una nueva impresión de “Light In August” (Flau, 2014) [316]– aparece entre los arpegios de guitarra, cuerdas multiplicadas como la agitación interna que se expone con una cierta tensión triste en “Siksy”, en la vereda opuesta de “Driftwood”, la alegría de mirar las imágenes pasar con una felicidad apacible mecida con el viento suave el clarinete, una agradable sensación donde refugiarse por horas. “Flower Stamp” parece poner un cierre que en realidad no es, solo un primer tercio de un álbum con muchas más obras breves por venir. Los sonidos recopilados de “Windwijzer” con la música de fondo que surge en el paisaje externo, la intensidad y los arbustos tupidos de “Haimidori”, el zumbido nocturno de “Michiyuki”, la fauna silvestre de “Vihrea”, la estridencia tierna de “Swallow Song”, clasicismo sobre el ruido de las cintas, la pulcritud inquebrantable de “Tears Of Kivi”, la tersidad melancólica de “Tegami”, la lluvia final de “Aerosol”, las lágrimas alegres de “Juha”, cuando todo el brillo del sol sobre el pavimento comienza a evaporarse, cuando las cuerdas se pierden en medio del murmullo de la arquitectura urbana y la vegetación de la ciudad.

Las estructuras eléctricas que atraviesan las calles y avenidas en el lado opuesto del mundo generan en Machinone un efecto contrario. La agitación se convierte en calma reconfortante, la intensidad en respiro vital y reposado. “Tokyo” es una respuesta contemplativa a los estímulos de la ciudad. Desde hace un breve tiempo que he establecido amistad con alguien que habita suelos cercanos a los de Daizo, una agradable relación nacida de manera imprevista que me permite conocer parte de ese otro lugar en el mundo, conversaciones dilatadas y palabras con desfase que transmiten una sensación similar a los sonidos de Kato, una naturalidad libre que se desplaza con quietud por los acordes transparentes que tienen al ruido de la vida silvestre como el terreno suave sobre el que descansan sus notas de delicada belleza.

www.flau.jp, www.soundcloud.com/machinone


329. Solstøv
agosto 1, 2014, 12:00 pm
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Solstøv

PJUSK
»Solstøv«
12K. 2014

El aliento distante de una masa de aire frío. El soplo de un corazón congelado. El clima afuera es inhóspito y la piel reacciona ante la crudeza erizando los bellos, hilos delgados que parecen mirar hacia arriba como buscando refugio en un sol que solo ilumina, un sol cuyo calor solo crea la ilusión de abrigo. Las imágenes de un paisaje helado rodean ciertos sonidos, las notas parecen provenir de un glaciar de acordes que se cristalizan en el instante posterior a emitir sus ondas expansivas. Sucede con muchos de los sonidos cuyo origen es el hielo. La estética del frío pareciera estar adherida a cada rincón del arte que se extiende desde su superficie alejada, en los polos opuestos al Ecuador. Sucede en los rastros provenientes desde Escandinavia, esa zona apartada de la realidad que el clima ha relegado. Sucede con Jostein Dahl Gjelsvik y Rune Andre Sagevik, dos habitantes de la costa oeste de Noruega que hace varios años materializaron sus inquietudes en Pjusk, dúo de electrónica aislada que evoca con sus piezas ese paisaje de blanco infinito, el ruido del hielo resquebrajado. Primero fue “Blueprints” (12k, 2006), recopilación de la etiqueta dirigida por Taylor Deupree quien introdujo, entre otros nombres igualmente interesantes, a la pareja nórdica dentro del catálogo de ese sello. Al año siguiente lo que fueron simplemente dos piezas dentro de varias pistas extrañas se extendió a un trabajo integro. “Sart” (12k, 2007) es ese otro comienzo que mostraría los rasgos esenciales de la música de Pjusk, luego desarrollada en “Sval” (12k, 2010) y “Tele” (Glacial Movement, 2012). El leve letargo se vio suspendido este año de manera extrañamente prolífica. No solo un trabajo sino dos publicados en fechas relativamente próximas. Desde Moscú aparece primero una colaboración con Sleep Orchestra, y desde Pound Ridge esta nueva edición por 12k. “Drowning In The Sky” (Dronarivm, 2014) [321] todavía permanece en las cavidades auditivas. “Existen melodías que tienden a desaparecer entre el fuerte viento, ritmos estancados en un lago de susurros detenidos, patrones de una música que parecía olvidada, rescatada desde un pasado y convertida en una sombra alargada. Pareciera que estas piezas hubiesen sido interpretadas mucho antes de este presente, quedando el eco esparcido entre las corrientes de aire y la temperatura cercana a cero, las reminiscencias que podemos escuchar luego de atravesados muchas estaciones… La partitura carece de anotaciones, las líneas quedan sugeridas por sonidos que se desvanecen en la extensa panorámica recreada. Rastros sobre el terreno, la estela de un acorde inmaterial, la sensación del frío traspasando la piel, una sensación de libertad y despojo”.

“Con su distante y congelada música ambiental en tonalidades gris y azul pálido, el dúo noruego Pjusk evoca soledad, tiempo y paisaje con su sonido que se extiende lenta, cuidadosa y pacientemente a través del aire”. Cualquier intento de descripción textual de estos sonidos lleva inevitablemente hacia la geografía y el espacio que rodea el momento en que estos se generan, aún cuando su presencia sea solo mental y no real. “Solstøv” habita el suelo sobre el paralelo sesenta, tanto física como emocionalmente. Mientras ciertas formas remiten a una arquitectura urbana lo que yace detrás es una separación climatológica, la sensación de una fría corriente de aire que sopla desde el norte atravesando las partituras estancadas. La superficie electrónica sigue estando presente pero de una forma diferente a como fue antes. Ahora las texturas sintéticas envuelven una acústica de raíz orgánica, cubriendo con un manto nebuloso las notas pulsadas manualmente. Aunque, sin embargo, puede que el trayecto sea justo el opuesto, notas reales envolviendo el brillo eléctrico. En cualquier caso, las piezas quedan atrapadas en un lugar intermedio, un punto donde las formas se confunden. Esta obra reúne diez piezas en casi cincuenta minutos de un ruido interior delicado entre la crudeza exterior. Además en este trabajo confluyen varios intervinientes desde distintos planos, de manera tanto esporádica como estable, inclusiones que aparecen y se desvían, desapariciones puntuales y una presencia permanente, incorporando ese matiz acústico que imprime otra coloración a la paleta de blancos desvanecidos. ‘Solstøv’ es un álbum hecho casi enteramente a partir del sonido de la trompeta, interpretada por Kåre Nymark Jr., tanto natural como procesada. Pjusk la exploró no solo como el delicado instrumento acústico que es sino también como un generador de tonos y fuente de material matizada”. La naturaleza propia de ese instrumento de manera impulsiva provoca determinadas evocaciones, en particular a una música creada en Europa en torno a brisas contemporáneas alrededor de la improvisación y el jazz, mayormente en su acepción más minimalista de marcas como ECM y, más recientemente, Jazzland o Rune Grammofon. Las estructuras libres que se producen en torno a estas editoriales se inclinan hacia un esbozo de estruendo, un murmullo fantasmal de melodías elegantemente distantes. Las sinfonías mínimas de patrones imprevisibles quedan sometidos a un tratamiento que reduce aún más su efecto, quedando abreviado solamente a una estela fría de ese eco primario. El calor hace que los cuerpos se expandan. Supongo que la temperatura opuesta tendrá un efecto opuesto. El espacio se comprime y el metal impulsado por los pulmones llenos de aire seco genera un sonido melancólico con dirección hacia dentro, una emoción de tristeza contemplativa ensimismada. Quizás ese efecto sea causado no solo por la interpretación de Kåre Nymark Jr., tan bucólica, sino también por su procesamiento posterior. “Taylor Deupree fue invitado para proveer manipulaciones sónicas de la trompeta con el sistema de diseño sonoro Kyma, transformándola en pasajes y tonos extrañamente delicados”. Apenas y comienzan a sonar esos primeros tonos e inmediatamente se oye la trompeta de Nymark, desde el segundo cero, como un soplo lejano, una melodía metálica apartada que evoca más sensaciones indeterminadas que estructuras ciertas. Es solo el reflejo de algo que fue y ya dejo de ser, un recuerdo débil transitando entre las ruinas roídas por el tiempo y por la lluvia, entre las partículas y los tonos de electrónica indefinida. Es “Streif”, producido junto a Sleep Orchestra, sus recientes compañeros de ruta, un viento entre ramas artificiales. La música convertida en tan solo un rastro vuelve a surgir de manera vaga, ahora con la compañía de SaffronKeira (Eugenio Cari). “Gløtt”, jazz en medio de glitches que se infiltran en las manchas de melodía. “Diffus” parece retratar el ritmo de la ciudad, como también lo hace “Falmet”, el atardecer temprano con el sol tibio en el horizonte, con la voz de Nicolas Grenie recitando palabras que también son sonido. El temporal de “Demring” antecede a la topografía extrema de “Blaff”, y esta a la inclemencia salvaje y quieta de “Sløret”. Los pequeños tiznes de ruido se inmiscuyen en la panorámica estática. “Trolsk” es un retorno a los parajes de cielos grises y suelo blanqueado, un terreno donde la escarcha cubre las armonías que se mueven lentamente, una agradable sensación de un hielo que cubre la piel mientras la naturaleza emite notas entre las rocas húmedas. Igualmente en “Glød”, intensificado en “Skimt”, ahora junto a Yui Onodera, la idea de un paisaje frío y en decoloración traducido en una pieza de elegancia cristalizada, piezas de atmósfera agreste y de enorme belleza congelada. Lejanía y calor tibio inundando la memoria frágil de un acorde desvanecido.

El sonido de texturas electrónicas del dúo noruego adquiere un tono diferente al sumarse a su paleta desteñida las formas orgánicas de una instrumentación opuesta en principio a sus maneras de generar sonido, expuesta de un modo fantasmagórico, “all accented and wrapped in harmonic movements of the trumpet and its ghosts”. Esa es precisamente la naturaleza de la trompeta de Kåre Nymark Jr. desfigurada por Taylor Deupree, convertida en un fantasma atrapado como fotografías por Pjusk. Un soplido espectral de melancolía entre la geografía silvestre y las horas de luz glaciar. “Solstøv”. Sol/støv. Sol/polvo. Destellos de luz desde el cielo iluminando las melodías de ruido polar.

www.12k.com, www.pjusk.no


328. My Brooklyn
julio 1, 2014, 2:20 pm
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Loren Connors 01

My Brooklyn

LOREN CONNORS
»My Brooklyn«
ANALOGPATH. 2014

El tiene un cuerpo. Y el tiene manos. Y tiene muslos, y piel, y nervios, y músculos, y cabello, y tejidos. Sin embargo, el se desplaza como un fantasma, inclina su cuerpo como un fantasma, mueve sus extremidades como un fantasma, hace que las notas que salen expulsadas desde sus manos hacia el exterior tengan una resonancia fantasmal. Por tanto, él es un fantasma. La figura de Loren Mazzacane Connors siempre me ha parecido intrigante, desde la primera vez que pude oír los sonidos que desde su corporalidad salían como estelas de ruido desfigurado. No recuerdo el momento exacto en que tuve contacto con su aura misteriosa. Pudo haber sido hace quince años atrás, como también veinte, cincuenta, un siglo antes del presente, mucho antes de haber nacido yo, mucho antes incluso de haber nacido él. Es esa extraña figura que Loren representa, una imagen que proyecta no solo una entidad material sino también las sombras que emergen de esa corporalidad. Anteriormente hemos tenido la oportunidad de intentar capturar con palabras lo que surge de las cuerdas de Loren, aunque siempre resultará insuficiente teniendo en cuenta el enorme caudal de sonidos que a lo largo de la historia este artista ha desplegado. Son casi cien obras publicadas desde que hace veintiséis años editó su primer trabajo, “Acoustic Guitar / Gifts” (Daggett Records, 1978), un LP publicado por el mismo como Loren Mazzacane en una de las varias imprentas creadas para realizar su música. En ese entonces tenía veintiocho años, casi tres décadas después de su nacimiento en New Haven, Connecticut, Estados Unidos, un comienzo algo tardío compensado con años de incansable creación en los años venideros, solo interrumpidos con un breve hiato que sirvió además para marcar un nuevo comienzo y una nueva forma de enfrentar la búsqueda de una misma idea, una misma sonoridad que atraviesa toda su vida. “I connect to the blues more than anything, even though I don’t sound real bluesy. It’s where I come from and it’s who I am”. Han existido desde entonces muchas canciones compartidas, encuentros con artistas que de una u otra forma se aproximan a su figura, gente como Keiji Haino, John Fahey, David Grubbs, Darin Gray, Alan Licht, Jim O’Rourke, Christina Carter. Y también han existido voces que han acompañado sus partituras espontáneas: primero Kath Bloom y luego Suzanne Langille, su pareja desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la mayor parte de ellas solo tiene como compañía el espacio que queda entre él y quien escucha, un vacío ocupado por otra clase de voz, una voz inmaterial. El sonido de un alma espectral.

Asumiendo una no tan nueva forma de enfrentar sus trabajos, la mayor parte de sus nuevas publicaciones tienen una misma forma, cual es la de recoger en cintas grabaciones registradas en tiempo real frente a una audiencia en espacios relativamente pequeños. No son reinterpretaciones de canciones de ayer. Nunca lo han sido. Son improvisaciones en vivo, materia oscura donde se generan en directo nuevas creaciones. Desde bastante atrás en el tiempo que suele producir arte sin que este sufra ninguna manipulación posterior. Siempre ha sido así. Las piezas surgen de manera casi silvestre, sin que nada que pudiera provenir de otro sitio altere ese carácter prístino. Puede ser una habitación vacía como una sala con otras almas presenciando la materialización de una obra frente a sus ojos. Es esta última forma la que han adoptado varias de sus últimas publicaciones, como “A Fire” (Family Vineyard, 2013), como “The Light Of The Crescent Moon” (Five Minute Association, 2009) y como este mismo que tenemos en nuestras manos. Desde Fujisawa llega una de las últimas grabaciones de Connors a través de Analogpath, “a record label for analog sound”, sello que ha publicado material de, entre otros, Celer, Brian Grainger, Fabio Orsi, Sparkling Wide Pressure, Stray Ghost, Pillowdiver o Spheruleus. Desde Japón es entonces que tenemos la suerte de poder escuchar un trabajo extenso del músico norteamericano, siendo la comparecencia de otras personas en el momento de su gestación un hecho circunstancial. “My Brooklyn” es una ocasión más de poder sentir la fuerza incontenible de Connors, otra ocasión de ser absorbido por la vorágine de ruido y silencio, por los acordes sin forma y el espacio que queda entre las notas, cuando se asoman esas sensaciones fantasmagóricas. El título es además una especie de homenaje a un lugar, al hogar que acoge a su esposa y él desde hace bastantes años. Existen muchas obras que él ha dedicado a su entorno, lugares olvidados, calles cubiertas de suciedad e historia enterrada, al pasado suyo y de su propia genealogía, a su herencia extranjera manifestada en pequeños tributos. La referencia a Brooklyn no es, por tanto, gratuita. Además, es cerca de esas cuadras donde este disco fue registrado. “My Brooklyn” son tan solo dos piezas de dos momentos particulares de aproximadamente dos y medio años de antigüedad, instantes registrados en salas cuyas paredes devuelven el eco de la guitarra impulsada con una energía misteriosa. Una es The Stone, la otra Zebulon, ahora cerrada, sitios los cuales Connors convierte en una habitación sin luz de sonidos impredecibles, una zona donde en medio de la nada eclosionan notas desperdigadas de manera aleatoria aunque siguiendo una suerte de orden forjado de forma anónima. Es una música inédita, pero los rastros de su pasado afloran en cada segundo, su firma surge inmediatamente apenas las cuerdas comienzan a rasgarse sin que se pueda diferenciar donde termina el cuerpo y donde empieza su sombra. “Loren Connors At Stone Jan. 07. 2012”. Enero 7 de 2012. Dos notas que se repiten igual número de veces. Luego, un quiebre. Nada es igual, nada será igual. Todo es parte de lo mismo, todo lo recuerda a él. Una actuación relativamente breve sirve como escenario para desplegar los acordes indefinidos. Es el sonido fantasmal que emana de su delgado cuerpo, de sus estrechos dedos. La carne que rodea sus huesos se mueve con una tranquilidad insospechada a veces, otras con una violencia única. Son diversos estados que cruzan esta primera pieza, desde esos sucintos apuntes de sus composiciones más efímeras hasta el vigor y la urgencia de sus registros más oscuros. Son armonías irrepetibles que son parte de una misma obra que se repite como un loop desde décadas, desde siglos, y el eco interminable que es la compañía de estas composiciones solitarias. Y está el silencio, el que forma puentes entre los distintos puntos aislados. Esta es una arquitectura libre, una estructura abierta que aún en los segundos de mayor exaltación conserva un ánimo reflexivo, una poesía melancólica y también una energía que traspasa la distancia temporal. Su música tiene una forma, aunque indeterminada, una substancia que se apodera de lo que ronda en el instante de ser reproducida. Es una sensación extraña. “Loren Connors At Zebulon Feb. 26. 2012”. Febrero 26 de 2012. Un mes y medio después. Casi veinticuatro minutos, casi igual que la anterior. Entre los diálogos de la gente comienza a asomar la guitarra de Loren. En realidad una manifestación de ella, temblores de electricidad suave. Son luces que tiemblan en la noche, estrellas que tiritan mientras mueren y los cometas iluminan su camino. El ruido de su guitarra son las estrellas, él el quien ilumina su deceso. Otra forma diferente de afrontar aquello llamado blues, una forma etérea. Cuerdas de metal que generan una distorsión contenida, una reverberación constante y una estela inquieta de sonidos que tienen un reflejo inmediato después de fallecer. Es un instrumento que produce luces y un espejo que reflecta incansablemente su sonido. Y entre los surcos se manifiesta una tristeza contemplativa, esa belleza triste que muchas veces brota de manera natural en sus piezas. Alguien puede reír pero no borrar la pena interior. La vehemencia sucede a la calma, para retornar sobre un punto muerto. Luego, las manos que tantos acordes han creado, vuelven a generar unos estertores diminutos de gran emotividad, hasta desaparecer en medio del murmullo.

La figura de Loren Connors se desdobla al momento que toda su materialidad se expresa a través de notas esparcidas sobre un espacio vacío, incorporando ese espacio en su sonido, integrando el entorno en sus armonías de belleza indefinida. Y ese desdoblamiento provoca que de su cuerpo surja otra forma de expresión, una materia real pero inaprensible. “I have a great love for the physical. I don’t reach for the spiritual – if I reached for that, I wouldn’t get anywhere. I don’t know what spiritual means. But once you understand the physical, everything else falls in place. The notes are physical, the instrument is physical, the eardrums are physical, the motions are physical, the soul is physical. We live in a physical world. Music has to have blood in it”. Loren Mazzacane tiene tímpanos, sus movimientos son físicos, hay sangre que fluye por sus arterias. Y, sin embargo, su proyección está en otro plano. Su existencia cuando integra su realidad con el sonido que es expuesto desde él parece más una apariencia de una fisonomía tangible, una presencia metafísica. Así son los temblores generados en tiempo real de “My Brooklyn”, así es su blues ambiental, así es su ruido espectral.

www.analogpath.com, www.fvrec.com/lorenconnors