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AIR
»Love 2«
AIRCHEOLOGY-VIRGIN. 2009
“Camino a la luz del cielo, donde el tiempo no importa”. Nuevo capítulo, el sexto ya en esta serie de discos en que el dúo francés sigue buscando el éter, a través de sus pequeñas canciones, tan oníricas, en algún lugar entre estar despierto y estar soñando. “Love 2”, el nuevo capítulo, implica, en cierto modo, un regreso al pasado, un retroceso en el tiempo hacia 1998, cuando publicaron el lejano “Moon Safari” (Source-Virgin) –“En este álbum volvimos a ser nosotros dos, así que fue una buena manera de hacer la banda más sólida, debido a que habían menos personas involucradas y alrededor nuestro. Cuando comenzamos éramos solo los dos. Con este álbum tenemos la misma sensación”–. Y esto por dos motivos. Por una lado, el sonido; por otro, la reducción del núcleo. En todos y cada uno de sus trabajos existía la presencia de un gran número de colaboradores (instrumentistas, vocalistas), y en los dos últimos contaron con la ayuda en la producción de Nigel Godrich (Radiohead, Beck). Pues ahora, además de Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin, en los créditos sólo notamos la presencia de Joey Waronker (batería), junto a alguien más, alguien no humano: Atlas. Ese es el nombre del estudio que han construido en París. “El tercer miembro fue el estudio. Para cada álbum, hay una nueva colaboración, o algo nuevo, nuevos equipos, una nueva máquina. Siempre hay algo nuevo, y lo nuevo fue el estudio… Es como nuestra nave estelar y nosotros somos los capitanes de esta nave y podemos llevarla a cualquier lugar que queramos”.
Godin, Dunckel y su starship, camino a la luz del cielo, de safari por la luna. “Love 2”, su nuevo destino, se aproxima a ese primer trabajo, en lo aparentemente simple, y en lo evidentemente melancólico, pero sobre todo en la calidez y en la cercanía, que nunca han perdido pero que no siempre es patente. También suena mucho más vigoroso, eso se nota y ellos lo notan. “El álbum es mucho más energético, vivo y suelto. Pensamos que suena fresco y queríamos que todo fuera fresco. No intentamos llevarlo en una dirección consciente, solo tratamos de producir algo que fuera vivo y tuviera energía… Ahora, por primera vez, las canciones nacieron dentro del estudio, asé es que tienen más energía”. Otro pariente cercano, de su propio círculo, es el tristemente infravalorado “10.000 Hz Legend” (Source-Virgin, 2001), un disco duramente criticado al que pocos le vieron el valor que realmente teníay tiene. En él existía, junto con su liviandad ya característica, esa fuerza de la que hablamos ahora, y ya contenía alguna de las ideas que en el futuro cercano plasmarían en sus obras mayores, así como su simpatía por el krautpop (tan solo recuerden “Don’t Be Light”) que aquí se logra oír en varios de los tracks. De esta manera, en su nuevo hogar, más la presencia que se nota y mucho de la batería, y sus muchos sintetizadores y equipos añejos –“we play the machines and the machines play us”– Air construyen doce canciones sin un concepto fijo más que el que han tenido siempre: ser el reflejo de las nuevas ciudades modernas y frías haciendo lo opuesto, construyendo canciones vaporosas y cálidas, de atmósferas evanescentes. “Do The Joy” (“El mundo está al borde/ Al borde de la extinción/ El fin de una era/ El fin de un género/ Alégrate/ Grita/ Llora/ Ríe”: el escapismo como forma de supervivencia) y una marcada línea de bajo, “Be A Bee”, surfeando en un cohete sobre el patrón típicamente alemán, “Missing The Light Of The Day” y un piano muy parecido al de “Pocket Symphony” (Aircheology-Virgin, 2007), una especie de “Once Upon A Time” pero más relajada, el instrumental “Eat My Beat”, el pop pintado de África de “Night Hunter”. Estos son los momentos más despiertos del disco. Del lado de la canción frágil y la melodía quebradiza, “So Light Is Her Footfall” –“ So light is her footfall/ She walks like a bird/ She’s an angel/ Such a familiar stranger/ I wish I could help her/ She’s in danger/ She’s all alone”– o la visión que Air tienen de Inglaterra, “Heaven’s Light” –“queríamos lograr la sensación de escalar alto y más alto dentro de la luz, pero con esta especie de melancolía”–, “Sing Sang Sung”, folk-pop de plástico originalmente destinado al “5:55” (Because Music, 2006) de Charlotte Gainsbourg. Finalmente, del lado del sueño, “Love”, el bajo de Nico paseando de un lado a otro, ruidos selváticos, la voz –especialmente bello el paso del vocoder en la primera línea a las múltiples capas vocales de Jean-Benoît en las restantes– cantando repetidamente “Amor, amor, amor, amor”; “Tropical Disease”, cuya primera parte bien podría pertenecer a los tiempos de “Premiers symptômes” (Source, 1997), cuando se dedicaban a recrear viejas bandas sonoras de filmes de serie B: un cóctel de sonidos vintage, flautas, vibrafónos, saxos, y otra de sus líneas sencillas y de un lenguaje universal, el del pop: “Woman/ Make me feel warm inside” (“No podemos hacer frases complicadas porque de otro modo cometemos errores todo el tiempo”: sinceridad y humildad ante todo), y “You Can Tell It To Everybody”. El poder de la música para transportarnos a donde quiera llevarnos. En un momento estas dentro de una película, y ahora estas unas cuantas millas más al oeste. Una canción de tempo distendido y somnoliento cuya melódica nos lleva de Francia directo hasta Kingston (Jamaica), de hoy a mediados de los setenta, tocada por los labios y las manos de Augustus Pablo.
Dunckel y Godin siguen haciendo música tan elegante, tan llena de coolness como lo han hecho antes, y seguirán siendo menospreciados y mirados como falsos y artificiales por lo mismo. Pero mientras a ellos no les importe todo está bien, y todos lo estaremos. Mientras muchos insisten en ver el suyo como un sonido vacío y sin contenido, que no dice nada, otros vemos algo distinto. Vemos el reflejo del vacío, en donde el fondo ha sido reemplazado por la forma. Pero aún así, negar eso, ese sonido, implicaría en el fondo negar casi toda la música moderna, la seria y la que no lo es tanto. “Love 2” continúa ese sendero, buscando y alcanzando la luz, creando esos ambientes sintéticos pero que logran dar calor, tal vez un peldaño por debajo de “Talkie Walkie” (Source-Virgin, 2004) y “Pocket Symphony”, pero muy por encima del resto de lo que se hace actualmente. Son el arte de hoy. El arte de hacer canciones cremosas: dulces, suaves, pegajosas, tan efímeras que se deshacen en tus manos minutos después de entrar en contacto con ellas. El arte de hacer pop. ![]()
www.aircheology.com │ www.virgin.com/music
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múm
»Please Smile My Nose Bleed«
MORR MUSIC. 2001
En Morr Music, por lo general, todo lo que producen tiene algo de especial. Lo es ahora y lo era aún más en 2001. Todos los trabajos de múm también tienen ese algo mágico, lo tienen ahora y especialmente lo tenían hace ocho años. Después de publicar en sellos como Islensk Talsetning, Leikfélag y Thule, ambos se encontraron, la banda y la marca berlinesa, para dar forma a un pequeño gran disco. Recién hace muy poco había aparecido “Yesterday Was Dramatic – Today Is OK” (Thule, 2001), un clásico instantáneo apenas fue puesto en las estanterías, y se encontraban a un paso del álbum que los consagraría a escala mundial, “Finally We Are No One” (FatCat, 2002).
“Please Smile My Nose Bleed” lo integran dos canciones, un interludio y seis remezclas. El material propio –por lo que el disco ya vale la pena–es de lo más hermoso que han producido jamás. “On The Old Mountain Radio”, con su aroma infantil, un piano de juguete, unos sonidos de un niño pareciese que interactuara tímidamente con el micrófono: electrónica preescolar para aprender a jugar. “Please Sing My Spring Reverb”, menos tímido que el anterior, y favorecido con la voz de una de las gemelas Valtýsdóttir, quien solo produce sonidos mas que palabras, forma una melodía que de tan simple resulta bella, parece musicalizar un juego de vídeo de un chico buscando chica. Ambos temas tienen una calidad mas bien de baja fidelidad, como si los instrumentos fuesen mal grabados, como si los teclados fuesen de segunda mano, lo que le otorga un grado mayor de calidez a estas postales desde el hielo. El interludio, “Flow Not So Fast Old Mountain Radio”, un divertimento de un minuto, propio de Aphex Twin –según el mismo Gunnar Örn Tynes declara, su disco “Selected Ambient Works” (R&S, 1992) fue el que cambio su vida–, aunque quitándole todo componente insano. En el plano de los remixes, cada uno lleva el tema a su terreno, y curiosamente casi todos escogen el segundo track. Arne Van Petegem (STYROFOAM) introduce unas bases de electrónica pop; ISAN hacen destacar el ritmo más característico del tema, cubierto por sus sintetizadores de sistemas análogos, e iluminado con sus luces tras la niebla; PHONEM, meten bases de hip-hop roto, beats muertos que entran, salen, luego vuelven a entrar. Es sin lugar a dudas la más oscura, y la que menos reconocible deja la original, salvo por los coros que mantiene muy en el fondo. Christian Kleine y AROVANE convierten cada uno los temas en unos hits de electrónica bleep muy pop, eso sí que no de hoy, sino de 1996 –Kleine es el único que se atreve con la canción que abre el disco, “On The Old Mountain Radio”–. Para finalizar, B.Fleischmann: las voces angelicales en un primer plano, los ritmos de hip hop de avanzada, glitches decorando el pequeño pastel.
Después de “Finally We Are No One”, ese siguiente paso, las cosas cambiarían. Gyða Valtýsdóttir dejaría la banda –su hermana Kristin Anna lo haría el 2006–. Sus discos no causarían la sorpresa que causaron sus primeros pasos, ya no se estaba tan atento a lo que hacían esto jóvenes venidos del norte, lo que no implica en absoluto que dejasen de hacer buenas producciones –por favor, presten más atención a “Summer Make Good” (FatCat, 2004)–. Este disco, pese a tener varias versiones para una misma canción, pese a ese elemento repetitivo, no cansa. Lo que sucede en muchos discos de remixes no sucede acá, no llega a aburrir, y eso hace que tenga más valor. Este mini LP, muy por el contrario de lo que pudiese pensarse a priori, a cada nueva escucha revela nuevos detalles. “Please Smile My Nose Bleed” los captura en un excelente momento, tanto en el caso de múm como el de sus remezcladores. Un delicado disco, precioso de principio a fin, partiendo por la música, que sin duda es lo más relevante, pasando por el título y llegando hasta el artwork, a cargo de Jan Kruse, que no es lo principal pero de todos modos (nos) importa, y mucho.
“Ahí van los días y noches de la vieja montaña. Por ahora ellos han desaparecido dentro de una cabaña camino arriba. Decían que habían desarrollado una técnica para partir un ruido a la mitad como a una fruta. Y eran niños que solían dormir de noche”. ![]()
www.morrmusic.com │ www.mum.is
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SOY UN CABALLO / TUNNG
»Robin«
NEED NO WATER. 2009
“Conocimos a Soy Un Caballo en una gira por Bélgica y Francia y terminamos bebiendo vino e intercambiando números”. Así cuenta Sam Genders (Tunng) como fue el encuentro y como fue que se conocieron la banda de Londres y este novel dúo belga. Dos años atrás, Aurelie Muller y Thomas Van Cottom se estrenarían con un disco que causó cierta sorpresa, aunque muy tímida. “Les heures de raison” (Matamore, 2007) se llamaba, y contaba con dos atractivos ajenos a la banda: la voz de Will Oldham (Bonnie ‘Prince’ Billy) en dos temas y, por sobre todo, Sean O’Hagan (The High Llamas) en la producción. Esa manera que Sean tiene que ver el pop, tan clásica pero a la vez tan moderna, ayudó a encauzar el talento de la pareja. Pero que hubiese alguien ayudando no les resta mérito, pues mirando más a fondo, en su esqueleto, las suyas son unas buenas composiciones, delicadas y tiernas, únicas pero universales –parece que viviesen en su propio mundo, uno parecido al de, por ejemplo, Psapp–. Tunng, por su lado, ya llevan un tiempo en esto –su primer 7” data del 2004–, y fueron conocidos por su mezcla entre electrónica y folk. Folktrónica lo llamaron, y hasta hoy han dado buenos trabajos –tres LP’s en total–, sobre todo el recomendable “Comments Of The Inner Chorus” (Full Time Hobby, 2006). Pero la atención luego se difuminaría, y ya no provocarían el impacto que antes provocaban. Ya saben, la prensa tan pronto eleva algo como pronto lo hunde.
“Seguimos en contacto y ellos nos pidieron si podríamos hacer una versión en inglés de una de sus canciones para un 7”” nos relata Sam. De ese debut debían escoger los amigos ingleses un tema a cubrir, y eso fue lo que hicieron. “Recordaba ‘Robin’ de verlos tocarla en vivo, y esa era mi favorita”. Sam y su compañero Mike Lindsay tomaron “Robin” y la llevaron a su patio trasero, lleno de hadas y duendes. Cogieron la canción y la hicieron suya, y tal como se aprecia en su trabajo reciente, pasan a hacer simplemente folk, prácticamente sin agregados –muy mínimos los adornos electrónicos, más notorios al final del tema, pero que lo hacen más encantador–, un folk de libro de cuentos infantiles. En la versión original, ubicada en el lado B del single, el folk se viste de ropajes pop, menos campestre que su reverso. Una batería de sonidos e instrumentos colocados en el momento y lugar precisos (para eso está Sean), una paleta amplia de colores vivos, chanson, trompetas a lo Bacharach, palmas, Brasil y la adorable presencia de Aurelie y Thomas en un no menos adorable juego de voces.
Las sonoridades tanto de Tunng como de Soy Un Caballo, si bien no son diametralmente distintas, sí son perfectamente distinguibles. Tienen, como no, elementos en común, el más notorio quizás sea su amor por las melodías bellas, pero varios componentes diferenciables. Pero esas diferencias no importan acá, donde todo desemboca en este glorioso universo pequeño y efímero de menos de diez minutos. A veces se necesita tan poco para llegar a ser feliz, al menos por un instante. ![]()
www.neednowaterrecords.com │ www.myspace.com/soyuncaballo │ www.tunng.co.uk
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RISIL
»Non Meters Volume One«
IMPORTANT. 2009
Risil, o el lugar donde se reúnen un grupo de músicos conocidos y no tanto a crear música nueva y otra que no lo es tanto. Auspiciado por Important, en Risil tenemos a un conjunto de personas provenientes de diversos grupos y proyectos, todos de alguna manera conectados, al menos en un punto: Guillermo Herren (Prefuse 73, Savath & Savalas), Zach Hill (Hella), Alejandra Deheza (School Of Seven Bells), Eva Puyuelo y Roberto Carlos Lange (Savath & Savalas), John McEntire (Tortoise), Tyondai Braxton (Battles), Benjamin Curtis (Ateleia, School Of Seven Bells), Laurence Pike (Pivot), Jennipa Sola Han y Ryan Rasheed. Los mundos de donde provienen también son de lo más diverso: unos del post-rock más clásico, otros del post rock más matemático, unos del pop sin ataduras, otros del hardcore que mira al pop, unos del folk mundialista, otros del hip hop abstracto. Pero ese punto en común, en el que confluyen estas entidades, es quizás la libertad, la libertad para afrontar el sonido en el que se encuentran, reconocer los límites para luego desbordarlos.
Tal como indica el título, este volume one ya anuncia que el disco que nos ocupa es el primero de la serie, que se completaría con dos más. Las sesiones dieron como fruto cerca de 50 canciones en un año, y cada parte está ‘basada en el tiempo en que cada pieza fue hecha y en los músicos que trabajaron juntos la mayoría durante cada período de ese tiempo abierto’. Catorce piezas que dan cuenta de esa apertura y libertad, pero que están más controladas de lo que pudiese pensarse. No hay un marco fijo pero sí hay un camino claro. De “Risil Intro” a “Risil Outro”, cincuenta y siete minutos en una telaraña de sonidos que no producen desconcierto sino que provocan atracción. Momentos de ensueño (“There Has To Be”) dentro de una cuna mecida por las voces de Alejandra y Eva; momentos de descontrol con amarras (“Everyone Else’s World” y “Oxygen Path”), a veces ayudados nuevamente por labios femeninos (“This Air I Breathe”, o la Björk de “Medúlla” (One Little Indian, 2004) remezclada por Four Tet); psicodelia desde el espacio exterior mojada por playas lunares (“Open Rendering”); instantes en que las baterías toman el protagonismo, con destellos de guitarras y percusiones de niño (“Was Once For Zanzo”, esta vez Battles remezclando a Four Tet); electricidad desértica de guitarras destempladas y cantantes fantasma (“Son Of Yucatan” y “Start Slow”); uniones entre el noise, el grindcore y la electrónica pastoral (“Zantra”) y cargada de glitch (“We Were Ruined Before We Started”: Fennesz meets Connors); folk crepuscular con cenizas salidas de un laptop (“Risil Outro”).
Por todas estas palabras vertidas cualquiera podría pensar que “Non Meters Volume One” es un álbum disperso. Muy por el contrario, cada parche esta muy bien pegado. La sensación de continuidad y de unión hace a uno caer con facilidad en su red de ruidos que son música y de mantener pendiente la tensión que supone esperar los restantes dos tercios, para ver y apreciar la obra completa de este colectivo, cuya finalidad es clara: ‘una oportunidad para un gran número de gente de colaborar libremente sin un objetivo fijo por el resultado final o lograr un sonido determinado’. ![]()
www.importantrecords.com │ www.myspace.com/risil13
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JOHN YOKO
»Papa Was A Rodeo«
A NUMBER OF SMALL THINGS. 2005
A partir de una ya habitual forma de referirse al dúo, a partir de una habitual broma, surge el nombre para un proyecto efímero, con un futuro no muy claro, que une a dos personas que estaban unidas hace ya un tiempo: Markus Acher y Valerie Trebeljahr, el núcleo central de uno de los estandartes del nuevo pop electrónico, los alemanes Lali Puna. Y este nuevo proyecto hasta la fecha solo nos ha dado dos canciones, pero solo esas dos canciones han bastado para enamorar a unos cuantos.
Publicado en 2005 por el subsello de Morr Music dedicado a editar sus singles, A Number Of Small Things, y solo en un 7”, esta grande y preciosa pequeñez fue grabada en Munich, justo después de las sesiones para el recopilatorio de la banda madre, el doble “I Thought I Was Over That” (Morr Music, 2005). Y lo que encontramos a ambos lados de este sencillo y entre sus surcos son dos versiones, muy bien escogidas, pero aun mejor trabajadas, y ambas de grandes músicos norteamericanos de las dos últimas décadas: Stephin Merritt y Bill Callahan. En el lado A nos topamos con “Papa Was A Rodeo”, una de las sesenta y nueve canciones del “69 Love Songs” (Merge, 1999) de The Magnetic Fields, y en el lado B se encuentra “Morning Paper”, canción que abre “Red Apple Falls” (Drag City, 1997) de Smog. Ambas reciben un tratamiento similar y delicadamente sencillo: guitarra, bajo, piano, y una suave pero marcada caja de ritmos. La voz principal, en este caso, corre a cargo de Markus Acher –nada nuevo, si ya conocen su otro proyecto, The Notwist–, con esa frialdad tan suya que la hace cercana, y los coros a cargo de Valerie. Comenzando por el final, “Morning Paper”: “El periódico de la mañana esta en su lugar/ Y está lleno de malas noticias en cada página/ Así que lo enrollo/ Y vuelvo a dormir/ El sol de la mañana será tan dulce/ Lo enrollo/ Y tengo esta cosa/ Manzana roja cae”. Todo lo agreste que puede ser el mundo de Bill Callahan, más cercano al folk, todo el cripticismo del texto del personaje tras Smog, se convierte en una minimalista pieza de acústica digital, pop repetitivo, con un simple y hermoso juego vocal chico-chica. Ahora sí, terminando por el principio, “Papa Was A Rodeo”, a pesar de no pertecerles, una de las mejores canciones de la década, si no es que es LA canción. “Me encanta tu torcido punto de vista, Mike/ Me encantan tus cejas interrogadoras/ Has dejado muy claro lo que te gusta/ Solo es justo que ahora te diga que/ Me iré temprano en la mañana/ Y no estaré de regreso hasta el próximo año/ Veo que me besas frunciendo la boca/ Pero tal vez deberías conectarla con una cerveza, porque…”. “Papa Was A Rodeo”, la historia de amor posible entre Mike y una muchacha –o muchacho– cuyo hogar no siempre es el mismo, alguien que no conoce lo que es formar raíces, pero que si sabe lo que es amar. “Papa estuvo en rodeo, mama en una banda de rock’n’roll/ Podría tocar la guitarra y lazar un novillo antes que aprenda a establecerme/ El hogar estaba en cualquier sitio con diesel. El amor estaba en la mano de un camionero/ Nunca atascado lo suficiente para una parada nocturna/ Antes que me beses deberías saber/ Papa estuvo en un rodeo”. Un precioso motivo de piano, seguido por un aún más precioso arpegio de guitarra, una base mínima, un teclado por allá a lo lejos, la voz de Markus de nuevo al frente, la voz de Valerie en el coro, calurosa, cariñosa, más cálida que de costumbre. “La luz reflejando en la bola de espejos/ Luce como mil ojos girando/ Me hacen pensar que no debiera estar aquí/ Sabes, cada minuto alguien muere/ ¿Qué estamos haciendo en este garito?/ ¿Cómo puedes vivir en un lugar como este?/ Porque solo no entras en mi auto/ Y te llevaré, te daré ese beso ahora, pero…”.
A veces alguien desde fuera ve las cosas más claras y mejor que uno mismo. A veces otra persona puede interpretar mejor lo que uno por torpeza no es capaz de decir bien. No sé si sea el caso de este 7”. Las versiones elegidas, en su versión original, ya son buenas, y muy buenas, pero en las manos de dúo alemán toman otra forma, leen lo mismo de manera diferente, lo miran con otros ojos. Normalmente uno tendría a quedarse con la primera copia, pero en este caso, como en casi ningún otro, y perdónenme, escojo la segunda. Es solo que por una curiosa razón, que aún no entiendo muy bien, estas dos canciones me tienen atrapado desde hace ya bastante tiempo, desde hace ya cuatro años, sobre todo la primera, cuya melodía se me viene constantemente a la cabeza, en cualquier momento, en cualquier lugar –como saben, los caminos del pop son misteriosos–. Son estas pequeñas cosas, estas pequeñas canciones y breves momentos, las que nos ahcen soportar todo de mejor manera, las que hacen creer que todo no es tan terrible. Small (pop) is beatiful, and it’s helpful. ![]()
www.anost.net
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RADIAN
»Chimeric«
THRILL JOCKEY. 2009
“Esta pausa fue un paso necesario para dejar cualquier rutina detrás de nosotros, para reestructurar el proceso de trabajo, para repensar el concepto de esta banda y su música”. Efectivamente, una larga pausa ha habido dentro del trío austríaco, tanto en las tiendas como en los escenarios. Tiempos vacíos para reflexionar sobre tiempos futuros, tiempos además donde el post-rock, etiqueta que siempre a estado pegada a cada uno de sus discos, ha estado altamente devaluada. Sin embargo, Radian, cuyos trabajos largos son recién del año 2000, ya entraron en un momento en que dicho cuetionamiento existía, y que alcanzaron, no obstante eso, cierto respeto por la novedosa forma en que lo abordaban, volviendo en cierto sentido a lo que ella era o quería significar en sus orígenes, esto es, algo difícil de clasificar.
Viena, 2006 al 2008. La capital europea fue el testigo y donde tuvieron lugar las sesiones en que John Norman (bajo), Stefan Németh (guitarra, sintetizador) y Martin Brandlmayr (batería, vibráfono y samples) trazarían las líneas de “Chimeric”, el sucesor de “Juxtaposition” (Thrill Jockey, 2004), intentando encontrar otros terrenos inexplorados por ellos. “Siempre fue una fuerza motriz dentro de la banda entrar en nuevos territorios”, aunque a esos territorios de alguna manera ya hayan entrado, pues en este como sus otros tres LP’s existe una marca sonora muy clara, caminando entre el jazz y la electrónica, el rock, el ruido y la improvisación libre. Este último concepto, la libertad, ha estado presente a lo largo de su corta historia, y está presente ahora. ““Chimeric” es mucho más libre. No es un álbum pulcro. Dentro de nuestro contexto es crudo, roto, hasta oscuro a veces”. Pero, aunque hablen, ellos y yo, de una cierta falta de límites, todo parece ser interpretado con una precisión matemática, y eso fue lo que más me llamó la atención de ellos cuando los oí por primera vez, con “Rec.Extern” (Thrill Jockey, 2002). Ese descontrol medido hasta el más mínimo detalle, esa pulcritud y esa forma en que se calibraban todas esas manchas sonoras, dispuestas geométricamente. Y dentro de ese caos y esa exactitud se mueven también este trabajo. “Mucho en este álbum es acerca del control y la pérdida de control. El riesgo del fracaso. Esto probablemente siempre estuvo en nuestra música, pero se mantuvo en una forma muy estable, a veces incluso oculta”. Ahora, más visible que antes, el ruido es protagonista en el inicio, y toma la figura de “Git Cut Noise”, un estruendo que entra y sale por los parlantes. En este tema, como anteriormente lo han hecho, la edición juega un rol principal –cortar, pegar, reordenar–, y que se nota en los abruptos y bruscos cortes que se suceden, algo que no sucede en “Feedbackmikro / City Lights”, su reverso, no por lo tranquilo, pues llega a ser bastante áspero, sino por el método, con su poca o casi nada presencia de manipulación. El resto de los tracks, de un lado u otro y, como suele ser, en el medio: “Git Cut Derivat”, un bajo ensuciado de electrónica; “Chimera”, noise, guitarras con mucho filo y baterías aleatorias…
“El resultado fue algo impredecible e inestable, aún para nosotros”. “Chimeric” es producto mucho más de una sala de ensayo que de un laboratorio, lo que es sino el logro de esos objetivos, como de saber manejar mejor los pocos elementos con los que cuentan y de hacerlo más libremente, lo que no quiere decir que si uno, cual juego de puzzle, pudiera unir todos los puntos, todos los sonidos que lo conforman, la imagen sería una forma perfectamente simétrica. ![]()
www.thrilljockey.com │ www.radian.at
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SAVVAS YSATIS + TAYLOR DEUPREE
»Hourglass«
12K. 2009
El primer encuentro, cuando Savvas conoció a Taylor, fue en 1994. El último, hace dos años, cuando se volvieron a juntar para lo que se llamó “The Sleeping Morning” (12k, 2007) [037]. Aquel EP terminaba con “The Youthful Sea”, una de las canciones de la temporada –por desgracia no estaba en ninguna lista, pero eso no es algo que debiera importar–, folk digital con la voz del griego, o como alguien acertadamente dijo, “que pasaría si Lali Puna decidieran virar de la ciudad al campo”.
Noviembre de 2009, año de la aparición de “Hourglass”, su nuevo trabajo, un 12” también en forma de EP –hasta ahora las distancias cortas les sientan bien–, y con solo cuatro temas dentro de él. Y para esos cuatro temas se dieron un límite de una semana. Siete días refugiados, como la vez pasada, en el estudio-casa de Deupree en Pound Ridge, al norte de Nueva York. Instrumentos acústicos, sintetizadores, muy poco laptop, y por supuesto que la voz humana. Del mar a las nubes. “Clouds” casi que recoge las palabras finales de aquella “The Youthful Sea”, y con una guitarra pixelada, una armónica, un autoharpa y ruidos varios, en menos de tres minutos hacen un ligero pop muy cercano al folk, guiada por la murmurante voz de Ysatis. “Hourglass” por su parte, lleva el difuso ambient de Deupree que ya casi no lo es –o al menos no como lo era antes– a territorios abiertos. Lo traslada hacia unos sonidos expansivos, lo lleva a terrenos rurales resplandeciendo en medio del bosque –pon atención y oye los pájaros cantar y algo que parece ser el crepitar de la madera–, apuntalado por una guitarra poseída por el espíritu de Loren Connors. Fin de la primera parte, comienzo del lado B con “Like Ice On A Summer’s Day”, bello título para una bella canción. Y seguimos en regiones campestres, guitarra al natural, teclados bañados de sol, y una voz aún más susurrante que antes que repite una frase, así como un acorde que se reitera durante esta, otra canción-mantra a las que nos han acostumbrado, a destacar en esta temporada. “Somewhere On Earth” pone fin a esta cara y al EP. Comenzando con un piano y siguiendo con crujidos armónicamente dispuestos, al ritmo de una melodía tan sencilla y a la vez tan evocadora, trayendo a la frágil memoria el feliz recuerdo de esos momentos en que la vida puede ser muy tranquila.
Como cuando esas pequeñas y opacas piedras de río brillan con mayor fuerza al ser humedecidas por el agua que desciende de las montañas, este corto álbum de alguna manera también lo hace, y muestra su esplendor estival, desde algún lugar en la tierra. Cuatro pequeñas piedras de río recogidas y trabajadas por este par de viejos amigos que esperamos sigan en contacto, cuatro diminutas canciones que se derriten como el hielo en un día de verano: el efecto refrescante de la música. ![]()
www.12k.com │ www.myspace.com/savvasysatis
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BRIAN HARNETTY & BONNIE “PRINCE” BILLY
»Silent City«
RUMINANCE. 2009
Hace tres años Brian Harnetty tuvo acceso a los Archivos Sonoros de los Apalaches del Berea College en Kentucky, para trabajar en un proyecto que culminaría en “American Winter” (Atavistic, 2007). Su propia música fundida con estas grabaciones, emisiones de radio en viejas cassettes, field recordings desde dentro de la tierra, armando un puzle entre ambas. Una oportunidad única de entrar en la historia. “Había tanto. Era abrumador”. De esa manera este intruso pudo inmiscuirse en el pasado.
Ahora vuelve a hacer lo mismo, y vuelve a hurgar en esas cintas para crear este collage, pero con más presencia de él en ellas. Más propio y menos ajeno. Pero, junto a lo anterior, es necesario agregar otro factor que sin duda no pasa desapercibido. Mientras oía esas cintas, Brian “seguía escuchando elementos de la voz de Will Oldham en las viejas grabaciones que estaba escuchando”. Intentó que la leyenda viviente de Louisville pusiera su voz en ese anterior disco, pero problemas de agenda lo impidieron. Sin embargo, nunca es tarde, y acá tenemos al Príncipe colaborando en tres de sus doce temas. “Silent City” nace en este lugar, en este pueblo imaginario e imaginado por Harnetty. “Tuve esta visión en mi mente de estar tarde en la noche, y estas en un viejo garito, y es entre estar despierto y dormido. Estas cansado, pero al mismo tiempo estas observando, y es simple pero extraordinariamente bello también”. Esa ciudad callada esta habitada por banjos, acordeones, harmonios, baterías, vibráfonos, trompetas, clarinetes, campanas, pero principalmente por pianos, más obviamente las añejas grabaciones. Por momentos estas se apoderan completamente del track, como en “Sinclair Serenade” o en “Papa Made The Last Verse Up”, o dos mujeres transportadas desde el interior de Estados Unidos hacia el 2009. En otras ocasiones se mezclan ambos mundos, el nuevo y el antiguo –“The Night Is, The Lights Are” y en “Well, There Are”–, pero en general puede verse más o menos bien y de manera clara la mano de Brian. Folk, jazz ligero, música de salón, todos géneros populares antes que naciera(mos), y todas ellas interpretadas como si fuese alguien que llevara años haciéndolo, pero a la vez sin que se aprecie su vejez, sino que por el contrario suenan muy joviales. En cuanto a la participación de Bonnie “Prince” Billy, no importa lo que diga, si las cosas que dice son buenas o malas, su voz siempre será un bálsamo, y esta no puede ser ni es la excepción. Cada una de las letras se armaron de una lista de palabras de Brian –de sus recuerdos del pueblo rural de su padre–, otra de frases extraídas del archivo y otra hecha por Oldham, desde donde este construyo aquello que finalmente cantaría. “And Under The Winesap Tree”, “Some Glad Day” y “Sleeping In The Driveway”, “una canción de amor de un tímido admirador, que mira a su chica dormir en su auto, escuchando la radio muy despacio, sin atreverse a acercarse”. Sobre la suave capa de sonidos que teje Harnetty, las palabras que Will canta se reposan y se esparcen, con una potente ligereza, logrando adecuarse a la perfección y llegando a convertirse en el huésped de honor de esta ciudad. Un desconocido de mas de cien años de edad pintándolo todo color oro.
“Silent City” es un disco que busca en el pasado para trasladar al presente esa maravillosa historia rupestre, y unirse con el hoy, trayendo espíritus tan viejos como las estrellas a nuestros oídos. Some glad day, they all will arrive. ![]()
www.ruminance.free.fr │ www.brianharnetty.com │ www.bonnieprincebilly.com
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JIM O’ROURKE
»The Visitor«
DRAG CITY. 2009
Bastante tiempo ha pasado desde el último trabajo en solitario del norteamericano Jim O’Rourke. Demasiado tiempo, demasiado para alguien como él. Hace casi una década publicó conjuntamente, el año 2001, “I’m Happy, And I’m Singing, And A 1,2,3,4” (Mego) e “Insignificance” (Drag City). Durante este tiempo ha realizado colaboraciones con músicos experimentales, hecho música para películas (Werner Herzog, Koji Wakamatsu), filmado algunos cortometrajes, ha sido temporalmente el quinto miembro de Sonic Youth, producido discos de estos últimos como de Wilco, Beth Orton y otros, formado una banda –Loose Fur, junto a Jeff Tweedy y Glenn Kotche, ambos parte del grupo del ex Uncle Tupelo–, reeditado y sacado del baúl viejas cintas. Pues como se ve, el hombre no ha estado desocupado. Ha hecho muchas cosas, pero hablar de un disco solo y exclusivo de él nada. Eso hasta ahora. La pregunta razonable era como sería este, su nuevo hijo. ¿Estaría o no a la altura del resto?. ¿Cumpliría o no con las expectativas que su propia trayectoria ha generado?. Existen algunas personas en las que se puede confiar casi ciegamente, que siempre están ahí y que contadas veces o nunca llegaran a defraudar. Jim es una de esas personas, y “The Visitor” es uno de los muchos casos que confirma esa regla.
El disco está grabado en la lejana Tokio, ciudad a la que se ha trasladado a vivir a vivir, problemas devisa incluidos, en un pequeño departamento, desde el 2005, muy apartada de su residencia anterior, Nueva York. Y en este nuevo trabajo encontramos guitarras, pianos, órganos Hammonds, sintetizadores, trompetas, cuerdas, banjos, cellos, baterías. Una larga lista de instrumentos. Todos y cada uno de ellos tocados por las manos mágicas de O’Rourke. Se habla que en momentos hay cerca de doscientas pistas, armadas y ensambladas por él mismo –por él también pasaron las cintas del “Ys” de Joanna Newsom (Drag City, 2006)–, con su talento habitual –“Debido a que tenía que tocarlo todo yo en lugar de grabar a un par de interpretes, tuve que grabar cada parte. Un par de ellas, solo grabando la sección de vientos, fueron como treinta pistas, porque tenía que tocar esa parte treinta veces”–. Se nombra mucho como referente a su disco “Bad Timing” (Drag City, 1997), que igual que este es un disco instrumental, nada de palabras –“es solo que no quiero escribir letras más” ha dicho. “No tengo nada sobre lo que cantar”–. Pero, del mismo modo, se puede hablar y citar a sus discos pop, hablo de “Eureka” (Drag City, 1999), “Halfway To A Threeway” (Drag City, 1999) e “Insignificance”. A pesar de lo variado de su discografía, logra verse un hilo que une estos discos, en especial los citados, un hilo que sabe bordarlos a la manera clásica. “The Visitor”, cuyo título hace referencia al disco de Jerome Newton, personaje interpretado por David Bowie en el film “The Man Who Fell The Earth” de Nicolas Roeg, es una verdadera sinfonía folk en variados movimientos. La guitarra acústica dando inicio y marcando la pauta de esta obra. Un corte. Silencio. Cerca del minuto quince la tranquilidad del piano nos invita al sueño, pero al minuto diecinueve entra el banjo, los vientos, unas baterías como las de “Life Goes Off”. En este punto se percibe lo meticuloso que puede llegar a ser. “Hay un par de partes de trombón, y yo no sé tocarlo. Por cerca de un año y medio estaba buscando por otro color de instrumento que pudiera funcionar. Y finalmente fue como ‘tiene que ser un trombón’. Así que compré uno, y practiqué por un par de meses, y llegué al punto en que podía tocar esa parte correctamente. Creo que fueron como diez segundos de trombón allí, pero pasé seis meses en esos diez segundos”. Enseguida aparecen flautas, unos clarinetes por allá. Percusiones unos momentos después. Guitarra, una pedal steel, arreglos de viento, piano. La calma otra vez. Un órgano Hammond y el despertar. Distintos climas para una obra en la que adentrarse con demasiada facilidad, compleja en su interior pero simple en la cobertura, tan simple como para que lo entienda y la disfrute un niño. Por sus características podría llamárselo a esto americana. Si es así, la etiqueta cobraría un nuevo significado. Son muchos los colores que hay dentro de este álbum, muchos los olores, muchas las texturas, mirando siempre a la tradición y menos a la modernidad. Sé que la comparación no le gustará, pero es como un “Eureka” sin voces.
Es de esperar que en el futuro no tengamos que esperar tanto par tener que oír de él. Entre la vorágine actual, con producciones siendo editadas cada día, siempre es necesario volver a los clásicos, y O’Rourke ya es uno de ellos. “The Visitor”, su hijo, también lo es, y lo es además de esa música que desde hace mucho que existe, hijo de ese folklore del norte tan rico y variado, tan lleno de matices. Una travesía de treinta y ocho minutos por Norteamérica de la mano del noble Jim. Nuestro amigo fiel, ese que no defrauda, ya sabemos que nunca se ha ido, que siempre ha estado allí, pero de todas formas agradezcamos que, en cierta manera, lo tenemos de vuelta con nosotros. ![]()
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SOLO ANDATA
»Solo Andata«
12K. 2009
“La historia es para el oyente”. “Solo Andata”, el nuevo disco de estudio del dúo Solo Andata –el primero, “Fyiris Swan” apareció el 2006 por Hefty–, y el segundo para 12k luego de “Live In Melbourne” (2008) [030]–disco en vivo compartido con Seaworthy y Taylor Deupree– tardó dos años en producirse. El tiempo, a pesar de ser cada vez más escaso y de tener un valor cada vez más alto, en ocasiones es necesario para que un trabajo de buenos resultados.
“Solo Andata”, por otro lado, es un disco que se grabó en la distancia. Por un parte, Paul Fiocco en Perth, al oeste de Australia, y por otra Kane Ikin en Melbourne, al este de la isla, además de Nueva York. Sin embargo, la cercanía está en los sonidos. Muy poca raíz electrónica y mucha raíz natural: guitarras acústicas, piano, cello y muchas field recordings. Fuentes orgánicas para un disco orgánico, buscando un equilibrio entre lo real y lo artificial. “Las canciones tratan de desarrollarse y encontrar un balance en sí mismas. Sin embargo, diciendo esto, para nuestro último disco virtualmente todos los sonidos son orgánicos con la excepción de alguna guitarra eléctrica”. La lejanía geográfica se contrapone con esta búsqueda de ruidos que conviven cerca de uno. “Nuestro proceso de grabación está más interesado en encontrar sonidos increíbles que ya están cerca de nosotros, más que en procesar o sintetizar para obtener el resultado que queremos”. Tal es el caso de “Woods Flesh Bone”, donde usó grabaciones de huesos de un pollo, junto con las manos de Paul y un cuchillo deshuesándolo; en “Ablation” se escuchan, además del cello de Louise McKay, gaviotas cantando sobre el pacífico mar –ambos temas ya aparecieron, en sus versiones originales, en el disco de Fiocco “Torsions And Drifts” (Meupe, 2009)–. Los distintos tracks a veces son canciones y en otras un acercamiento del paisaje hacia nuestros oídos, lo que no quiere decir que no sea música. Este es, por ejemplo, el caso de “Hydraulic Fluctuations” y “Beyond This Window”, flujos de agua más allá de nuestras ventanas. Otras están en un punto intermedio, como “In The Light Storming”, un ambiente frío y húmedo atacado por una tormenta eléctrica. Cuando más propiamente son canciones –insisto, las otras también tienen ese carácter–, son tan sutiles que ni siquiera te das cuenta. No se acaba tarareándolas, pero igualmente logran hacer que te atrapen y terminan robándote unos minutos. “Loom”, literalmente un manto construido con un telar, tejido con variadas cuerdas, las de la guitarra y las del cello (otra vez McKay); “Canal Rocks”, o el crepitar dulce u armonioso en un canal y sus piedras, y “Look For Me Here”, la joya, que acertadamente ya apareció como single –con remezclas de Giuseppe Ielasi, quien masterizó el disco, y de Ryuichi Sakamoto–. La pureza del nylon sobre brumas nocturnas, el ir y venir de la marea de una guitarra acústica.
“Las canciones, para nosotros, son imágenes y sensaciones. La historia es para el oyente”. En cierto sentido esta frase de Paul, cómodamente podría invertirse. La historia es de ellos, las canciones, ahora ya nuestras, también nos producen sensaciones, imágenes, evocaciones de ignotos lugares, que siempre serán distintos, siempre serán los mismos. Look for them here. ![]()