Hawái.


310. Field: Atom(s) Entropy + Interstitial Spaces
abril 1, 2014, 12:20 pm
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Fabio Perletta 01

Field Atom(s) Entropy + Interstitial Spaces 04

FABIO PERLETA
»Field: Atom(s) Entropy« (2013)
»Interstitial Spaces« (2014)
FARMACIA901

Campo. Átomo. Entropía. Las líneas de sonido crean figuras transparentes, un campo de grabaciones que parecen romper la barrera del silencio de manera sutil. Es el sonido de lo imperceptible, energía eléctrica que genera campos de fuerza que sabemos que están pero no podemos ver. El ruido en su expresión más mínima, reducida a los elementos más básicos, ondas que se desplazan en el vacío generando pequeñas alteraciones en un espacio quieto y volumen bajo, cercano a cero. Es esa electrónica delgada que circula por corrientes paralelas a la perturbación habitual, una que surge de una investigación detallada de las partículas de audio, buscando la raíz última. Una de las plataformas enfocadas en esa búsqueda es Farmacia901, aquel label y red de medios fundada sobre los principios de la belleza como minimalismo, música como diseño y sonido como material maleable, desde la electrónica experimental al sound art y los microsonidos, los mismos que hemos podido apreciar en dos de sus últimas ediciones, “Blue.Hour” (Farmacia901, 2013) [240], de Yann Novak, y “Undefined” (Farmacia901, 2013) [256], del mismo Novak junto a Richard Chartier, dos hermosos trabajos de electrónica microscópica. El director artístico de este sello y quien funda esta extensión del ruido quieto es Fabio Perletta, un artista sonoro y multimedia, además de diseñador, nacido en 1984 y que reside y trabaja, por ahora, en Roseto degli Abruzzi, en las costas de Italia, junto al Mar Adriático. “Usando computador, generadores de sonido digital y softwares personalizados, la búsqueda de sonido de Perletta explora las intersecciones entre diferentes pero a la vez complementarias áreas como la física, psicología y la percepción humana”. Varios trabajos por distintas editoriales (Ripples, Nephogram, Murmur, taalem, Oak), la mayoría utilizando otros nombres, como Nō, al lado de Matteo Meloni y, principalmente,Øe, Por tanto, estas últimas dos impresiones de su propia marca son también los primeros dos trabajos acreditados desde la cubierta con su nombre real, trabajos donde realiza esa exploración del sonido

Como parte de una nueva serie del artista italiano, este nuevo trabajo es presentado con la elegancia habitual del label, en forma similar a uno de sus ediciones previas, “Blue.Hour”, es decir, CD Minimax, con solo tres pulgadas impresas y el resto en hermosa transparencia, todo dentro de una especial caja, Slim CD Clamshell Case, con los bordes redondeados y hecha de polipropileno. En el exterior de la plástica belleza, la información detallada, objetivo, duración, enlaces y croma codificado. En el interior, los archivos comprimidos en aquellos mismos colores antes especificados, Pantone 441 C y Pantone Cool Gray 8 C. Y, aún más en el interior, el audio minimizado en puntos e intersecciones imperceptibles. ‘Field: Atom(s) Entropy’ marca el primer lanzamiento del ‘Color Series Project’, el cual documenta las interrelaciones entre sonido, vectores gráficos y colores. Un sistema cuántico y campo microscópico que consiste en muchos micro-componentes teniendo propiedades distintivas y un período corto de vida. Destinado para uso con audífonos y en una habitación callada. Producido por Fabio Perletta en Roseto degli Abruzzi, Italia entre septiembre de 2011 y mayo de 2013”. Veintiún minutos en una única pieza que enlaza un punto quieto con otro, formando un segmento de música minuciosamente desplegada. El silencio inicial pronto se irá convirtiendo en pequeños estruendos generados artificialmente, enlazados con otros de naturaleza similar. Desde dentro de un objeto indeterminado surgen trozos de suciedad binaria, trozos que se separan de su núcleo estrellándose contra paredes frágiles, generando tonos de calor desperdiciado. Capas inestables sostenidas una encima de la otra, capas que se deshacen acumulando restos de energía que avanza sobre una tonalidad blanca. El sonido se fragmenta en partes infinitas, generando un plano de audio milimétrico, electrónica infinitesimal donde suceden millones de eventos irregulares que parecen iguales desde el cristal en el cual se unen, mientras en su trasfondo fluye una corriente unidireccional sostenida en el aire, inaprensible. Un flujo constante de que conforme avanza aumenta de intensidad hasta que la curva ascendente llega a un punto máximo que se prolonga en un mismo nivel por largos minutos, para descender lentamente en una línea cada vez más oscura. El color atomizado multiplica sus dimensiones, aunque comprimidas, que luego se disuelven concentrándose en un mismo matiz de los muchos que se desprenden de su luz invisible. “Field: Atom(s) Entropy” reduce la música en una panorámica mínima y, a la vez, produce una disgregación en innumerables de segmentos que representan magnitudes con un punto de dirección infinito.

Quedando más direcciones que tomar dentro de esta serie del cual solo conocemos su primera fracción, este año además Fabio lanza una nueva edición que recoge parte de sus investigaciones. El movimiento relativo de su obra anterior se vuelve estabilidad en su siguiente paso. “Interstitial Spaces” supone una estridencia oculta bajo una densa nube de electricidad, un extenso trabajo donde el desplazamiento de partículas adquiere formas intangibles y donde cada uno de los postulados que dirigen Farmacia901 cobran especial significado. Esto es algo que también está muy presente en “Field: Atom(s) Entropy”, pero acá resulta evidente. Electrónica de una nitidez inquebrantable que emana de un centro de sonidos de pureza luminosa. Lo que puede decirse, lo que dijimos sobre las dos publicaciones anteriores de la marca italiana ahora es profundizado al extremo de lo perceptible, llevando la estética del silencio a una expresión casi absoluta. El diseño, del mismo Fabio, impecable: portada de perfecto blanco con los datos impresos en colores idénticos, excepto una variación leve –Pantone 7541 C, Cool Gray 8 C y Black–, en rigurosa Helvetica. “Con este nuevo trabajo Perletta investiga en el fenómeno físico del ‘Espacio Intersticial’, que es el punto en una red cristalina donde la perfección de la estructura atómica es rota o suspendida resultando en espacios abiertos para resonancias inesperadas… Aquí la inspiración subyacente son las anomalías dentro de una estructura atómica como las partículas virtuales y alienígenas dentro de la materia… Inspirado por el yoctómetro, el cual es la medida de longitud equivalente a la cuatrillonésima parte de un metro (0.000000000000000000000001 m), el proyecto ahonda en las relaciones entre lo visible e invisible”. Ciencia como música, música como ciencia. El eco del vacío reduce las notas a un esencialismo diáfano, una obra especialmente intensa dentro de su inmovilidad. Obviamente, la ausencia de murmullo visible es imprescindible para poder apreciar los detalles que afloran de forma gradual. Una vez que la no-presencia exterior aparece –“Intended to be experienced at low volume in a quiet room”, otra vez, ahora sobre todo necesario– es posible adentrarse en su compleja red de moléculas nanométricas y en la heterogénea homogeneidad que yace bajo la inactividad. Dos extensas piezas que delinean un trayecto aparentemente rectilíneo, realmente curvo o, al menos, interrumpido, aunque sea de manera ligera. Igualmente grabado en Roseto degli Abruzzi, entre mayo y octubre de 2013, este trabajo destaca por sobre lo obvio, concentrándose en eventos minúsculos que crean fracciones de sonido dentro de una linealidad prolongada. “Compuesto enteramente utilizando un software auto-construido llamado Seijaku (en japonés 静寂: silencio), el álbum gira en torno a la percepción humana usando frecuencias casi imperceptibles y tonos callados con el fin de investigar sobre una nueva perspectiva dentro del nexo de ciencia y música a través del uso de tecnología”. Desde la nada surgen inestabilidades dentro de un trayecto estable, pequeñas desviaciones de la melodía translúcida unidireccional. “Untitled” es casi media hora en la cual el silencio es interrumpido por irregularidades que conservan el carácter inmaculado de la superficie sobre la cual se asientan. Tienen la apariencia de ser nada más que destellos ínfimos de luz sobre un fondo negro. La limpieza del sonido contrasta con la oscuridad latente, oculta bajo su aspecto impasible, una amplia materia obscura reflectante que más tarde abandonará para derivar en un brillo de suave incandescencia. “Untitled”, con samples grabados en vivo, como parte del Festival Within 01, en septiembre 13 de 2012 en Ex Convento dei Cappuccini en Colli Del Tronto, Italia, comienza con manchas angulares que generan un campo de sonidos divididos, mismos que irán bifurcándose en una estela espaciosa de tonalidades inmateriales contenidas. Permanencia y quietud, una constante de notas débiles. Distintos matices para una misma gradación: la atomización del color de “Field: Atom(s) Entropy”, el vacío fragmentado de “Interstitial Spaces”. La estridencia imperceptible de Fabio Perletta genera hermosos paisajes dentro de su estabilidad transparente y su estética del silencio.

www.farmacia901.com, www.fabioperletta.it


309. St James’ Gardens
abril 1, 2014, 12:10 pm
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St James’ Gardens

ASHLAR
»St James’ Gardens«
HIBERNATE. 2014

En medio de un parque cubierto de vegetación silvestre surgen otros sonidos de texturas desgastadas. Pareciera que a veces es una misma melodía que se repite constantemente, una impresión que solo varía por la debilitación propia del tiempo y que la memoria borra dejando solamente un breve indicio en forma de recuerdo indeterminado, lo que hace de ella una presencia familiar. Hibernate es una de aquellas marcas que atesoran muchas de esas melodías extrañamente cercanas, las cuales crecen encima de los húmedos suelos ingleses, en Haligax, West Yorkshire. El número cincuenta y dos de su catalogo de obras extensas corresponde a un trabajo conjunto entre dos artistas que también han crecido sobre suelo británico. Por un lado, Phil Edwards, más conocido como PJE, con trabajos para U-Cover, Twisted Three Line, October Man y Cathedral Transmissions. Por el otro, Wil Bolton, anteriormente conocido como CHEjU (U-Cover, October Man, Static Caravan, Awkward Silence, Camomille) quien, sin embargo, tiene su primera obra bajo su propio nombre apareciendo en Hibernate, “Time Lapse” (Hibernate, 2010), relación que continuaría con otros dos trabajos, “Under A Name That Hides Her” (Hibernate, 2012) y “Silver” (Hibernate, 2012), esta sentido de sus postcard series, más otras publicaciones para Rural Colours, Distant Noise, Time Released Sound y Cathedral Transmissions. El acercamiento entre personas, notas e imprentas sonoras da como resultado Ashlar, proyecto de melodías consumidas entre Phil y Wil, con una primera aproximación que generó “Saturday Drones” (Time Released Sound, 2012), ahora ensanchada con más tardes de ruido urbano.

Wil retorna al label dirigido por Jonathan Lees junto a los apuntes creados con su compañero de horas decaídas. “St James’ Gardens”, en las tiendas el 14 de febrero, el día de San Valentín, fue grabado durante varias sesiones de tardes de sábado, el que presenta música orgánica de fuentes sintéticas. Melodías relajadas en días que decaen lentamente con el peso y la gravedad del sol tibio, sol de invierno sobre el suelo oscurecido por la lluvia. Folk digital lánguido de tonos que adquieren las formas del atardecer, cuando la luz desaparece con la llegada del frío invisible. ‘St James’ Gardens’ comienza y fue inspirado por grabaciones de campo hechas dentro y alrededor del parque del mismo nombre en Liverpool. Este largo y estrecho parque y cementerio se ubica bajo el nivel del suelo detrás de la Catedral de Liverpool”. Piezas que nacen como una vertiente de agua espontánea, deja que los acordes fluyan naturalmente, adornados por destellos que evaden las sombras: anotaciones registradas al azar, exentas de toda presión posible, de cualquiera exigencia del tiempo que devora lo que se le atraviese. Rastros de sonidos acústicos sumergidos entre trazos cazados dentro del movimiento de la ciudad, la música de Ashlar parece ser recogida de manera opuesta a cualquier pretensión forzada, de la misma manera que se capturan los momentos que ocurren desde sin premeditación detrás del micrófono. Dos piezas extensas y una que opera como interludio entre ambas esbozadas, luego refinadas. Wil –guitarra acústica, sintetizador análogo, piano eléctrico, field recordings, electronics + processing– y Phil –guitarra acústica y eléctrica, pedales, field recordings, electronics + processing– se dejan llevar por el murmullo ciudadano escondido tras los muros inmemoriales. “A pesar de que las pistas son en gran parte improvisadas, los ásperos bosquejos creados por la colección de grabaciones de campo fueron luego trabajados en el estudio próximo de Wil usando una combinación de hardware y software”. Arpegios dibujados por una guitarra interrumpen el desplazamiento de la ciudad, la ciudad se inmiscuye en los ritmos débiles trazados por manos suaves. Cuerdas eléctricas, nylon y un piano, folk recostado encima de un colchón de paisajes urbanos y tonos extensamente abiertos, desentrañando las esquinas ocultas de las calles y sus pasajes interiores, cubiertos de musgo. “Winding Nature” es música de madera sobre estructuras ambientales e ilusiones de luz fabricada, con movimientos ondulados que mecen el cuerpo hasta llevarlo a un estado de tranquilidad superior. De la calma a los sonidos rasgados de “Monuments”, detrás de aves que hablan y el eco fantasmal de la guitarra, con ese mismo aspecto de hermosa imperfección en las formas que cualquier pieza de Loren Mazzacane, cinco minutos de belleza áspera. Lo terrenal de evapora con las etéreas melodías de “The Oratory”. Instantes de notas cuya densidad se pierde en la levedad de su forma, acompañada de los acordes acústicos y puntos levemente electrificados, cada uno perdido en la niebla de una mañana somnolienta. Postales plateadas de una vista grisácea.

Reposo y lentitud. A un costado de los muros que sostienen una ciudad se puede oír el movimiento constante de la misma, un avance de las horas sujeto a una ralentización que disuelve el efecto asfixiante de la agitación. Wil y Phil desaceleran las melodías, reposando sus notas hasta que cae el sol. “St James’ Gardens”, grabaciones de campo en los pastos urbanos enterados con cintas extenuadas.

www.hibernate-recs.co.uk


308. Sprang
abril 1, 2014, 12:00 pm
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Sprang

ERIC THIELEMANS
»Sprang«
MIASMAH. 2014

Ritmo, un movimiento marcado por la sucesión regular de elementos débiles y fuertes, o bien de condiciones opuestas o diferentes, un flujo de movimiento, controlado o medido, sonoro o visual, generalmente producido por una ordenación de elementos diferentes del medio en cuestión. Normalmente se asocia al ritmo con algo que estructura la música, una fuerza dinámica esencial, cuya naturaleza es especialmente subjetiva. En el caso de Eric Thielemans lo segundo resulta evidente pero, además, los sonidos que este crea no son solo la raíz organizativa sino que son la superficie que cubre sus estructuras libres. Forma y fondo se confunden en sonidos independientes que se desenvuelven con total autonomía. Thielemans es un percusionista belga cuyos oídos han sido entrenados en los parámetros del jazz, la improvisación y músicas contemporáneas, lo que deriva en un desarrollo del arte de una manera multidisciplinar. Esto condujo a que sus intereses se vierten en las artes, danza, poesía y teatro, del mismo modo que esas especialidades influyen con sus formas propias en la configuración de su sonido, una retroalimentación de sistemas artísticos. Esta intensa actividad compartida lo ha llevado a ser parte de varios proyectos, como Maak’s Spirit, Ben Sluijs Quartet, i-H8 Camera, Iidlboj, Jozef Dumoulin Trio y Tape Cuts Tape. Sin embargo, la inquietud también ha motivado a crear sus propias composiciones, obras donde puede explayarse dentro de sus ideas y el movimiento incesante de su cuerpo y corazón. Primero fue un LP de una sola cara, “Snare Is A Bell” (Ultra Eczema, 2007), luego “Eric Thielemans Solo” (OORWERK, 2010) y más tarde “EARR Plays A Snare Is A Bell” (Sub Rosa, 2012). No obstante, es en una de sus contribuciones paralelas donde el encuentro entre el artista y Miasmah se produce, de forma superficial. “L’autopsie phénoménale de Dieu” (Miasmah, 2009), el primer trabajo de Kreng, inicia una relación que hoy culmina con un trabajo íntegro.

Ritmo y melodía, las bases de la música se confunden en una sola idea que tiene múltiples derivaciones. “Sprang” son sonidos y golpes de dimensiones insignificantes pero que unidos a otros van formando apuntes libres que deambulan desde un sitio a otro, trayectos impredecibles en sitios vacíos. “El principal enfoque de ‘Sprang’ es volver a la alegría pura de la experimentación sonora y dejarla ir de su punto de apoyo”. Once piezas donde podemos viajar en un segundo a otro de una clase de sonido que luego varía completamente. Sonidos–actores, como también lo puede ser la electrónica acústica de Giuseppe Ielasi. El arte material se traslada al arte inmaterial: ruidos que parecen actuar, notas que danzan en un escenario a oscuras frente a una audiencia silente, melodías que establecen diálogos entre si. “Sprang” forma parte de ese tipo de obras donde las resonancias adquieren vida propia e interactúan con los demás elementos presentes, sean o no fuente musical. Y también es una obra en la cual los ruidos que nacen en él provienen más que de un estudio de una vieja juguetería, donde los artefactos son hechos de madera noble y metal, y no de simple plástico. “Sus impulsos evocan una calma pero a la vez viva atmósfera donde siempre hay movimiento. Los tonos de agua goteando, fijando el rocío, y el florecimiento de las plantas en primavera se yuxtaponen con sonidos inesperados de movimiento, de equipos de fábrica y engranajes de giro”. La labor artesanal de Nils Frahm, encargado de mastetizar esta obra, ayuda a imprimirle un carácter táctil a las cintas originales, otra vez realizando una tarea impecable al manipular los archivos de audio. Los instantes de movilidad se suceden continuamente, y cada una de estos fragmentos contiene además innumerables detalles que se van descubriendo a medida que su reproducción se acrecienta. El silencio inicial, tan habitual en las manos de Frahm, da paso al repiqueteo de la madera y otros tantos sonidos que trazan trayectos en direcciones opuestas, manteniendo una misma atmósfera relajada, aún con la tensión de sus hilos contrarios. “Sprang” es uno de muchos momentos de desplazamientos entre la cadencia desenvuelta. “Rocks” y la efectiva simplicidad de su estructura: detrás de sus formas rústicas se esconde una hermosa armonía. Los inquietantes silencios de “Garden”, aquí donde actúan un ritmo enfrente del otro, interrumpiendo el vacío. El agitado tráfico de metales de diferentes tamaños y figuras de “Tptptptp”. “Afternoon” supone un breve descanso de naturaleza orgánica, antes de más quiebres, como el acero fracturado de “Kkkkrrrrrr”, o la oscura belleza mineral y asimétrica de “Ode To Oxley”, o la melancólica quietud de “Post Soldiers’ Hymn”: los ocho minutos de esta pieza tienen un aire lánguido, una melodía tersa y triste mecida por una corriente espontánea que permiten que sus decaídos apuntes decanten. Nuevamente la rítmica permanente ocupa los espacios libres en “River”, hasta consumirse en el silencio inicial.

La oscuridad cubre un escenario callado, mientras el extra de una obra muda deja los restos entre el decorado. Esos restos establecen diálogos de palabras indescifrables, sonidos que saltan de un punto a otro como si hablaran entre sí, como si se separaran de Eric Thielemans, su creador. “Sprang”, forma y fondo, rítmica y melodías de ruidos minúsculos en una pieza de arte en movimiento.

www.miasmah.com, www.ericthielemans.com


307. Akari
marzo 1, 2014, 2:20 pm
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Illuha 01

Akari

ILLUHA
»Akari«
12K. 2014

Un paisaje orgánico retratado con tonalidades grises y blancas, variaciones de un cromatismo que se distancia del anterior nada más que por una partícula de polvo y tizne que ensucia su forma, convirtiéndolo en un matiz irrepetible. Ruido acústico y detalles de luz eléctrica, las líneas del paisaje decorado con detalles de una sutileza extrema. A veces son los sonidos tenues quienes ilustran el ambiente de quietud inquebrantable, a veces es la naturaleza inmóvil quien rodea las melodías estancadas. El día emprende la retirada junto con su iluminación, el crepúsculo avanza y la noche la cubre. Las estrellas ya se han ido pero su luz permanece a millones de años de separación. El blanco es ahora gris obscuro, y el gris negro, y el negro una mancha blanca ennegrecida. Formas únicas e irresolutas de acústica natural desplegada sobre el suelo orgánico imperfecto. Cada paso un avance que significa internarse en los bosques frondosos y la vegetación urbana. Corey Fuller y Tomoyoshi Date han creado, en un tiempo relativamente breve, una obra personal la cual se nutre se sonidos recogidos en la tierra y el concreto, notas desperdigadas que las van trenzando hasta formar piezas de una belleza inusitada, piezas transmiten una incalculable sensación de paz entre la agitación, templos de introspección. Por separado ambos poseen referencias igualmente interesantes. Por un lado Corey, con unos cuantos trabajos para Dragon’s Eye y Autumn, el label de Greg Davis. Por su parte Tomoyoshi ya tiene tres obras para Flyrec, Own y Baskaru, además de ser parte de dos proyectos laterales, Melodía, junto a Federico Durand, y Opitope, junto a Chihei Hatakeyama. Una atractiva historia que se vuelve aún más fascinante cuando sus caminos entran en intersección, cobijados por Taylor Deupree y su editorial. Ese encuentro produjo “Shizuku” (12k, 2011) [174], “unos sonidos que tienen como imagen perfecta un jardín japonés. Un patio en el que se ubican las islas, rocas dispuestas en medio del recinto en el que se ubican. Y como ellas, forman trazos ondulantes cual arena desde la que se contempla la tranquilidad… un descanso, una parada en el constante movimiento”. Una primera declaración que sentó las bases en voz baja para un futuro esperanzador. Mientras se germinaba su continuación se desarrolló en el escenario aquellas composiciones de su primer libro. La separación fue entonces cercanía. A partir de las exhibición compartida –existe además un CDR destinado a ese tour de nombre “いるは” (2012)– nace “Interstices” (12k, 2013) [265]: “Emociones captadas en directo, que muestran cómo se genera la música. Emociones que avanzan a una velocidad pausada, justo en la forma opuesta a cómo avanza el mundo. “Interstices” son tres piezas que recogen presentaciones del dúo en Japón, pero que bien pueden verse como un trabajo nuevo que reutiliza sonidos viejos… Un intersticio es una hendidura o espacio que media entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo. Este disco, a pesar de ser concebido de esa manera, posee una entidad propia y autónoma. Entre esos espacios se cuela el sonido orgánico que crece de forma natural y espontánea. A veces es el crujir de la madera envejecida, a veces un río entre brotes húmedos, a veces sonidos restaurados que recuperan sus alientos aún vivos, “Interstices” resplandece como una flor en el bosque después de la lluvia”.

Luego de las primeras gotas que cayeron con la llegada del amanecer, y de aquella hendidura que media entre dos cuerpos creativos, el tercer espacio de reflexión audible aparece después de una temporada completa de elaboración, y todavía más, cruzando estaciones. ‘Akari es el primer álbum de estudio donde Illuha grabaron y mezclaron juntos, a lo largo de todo el proceso. El hermoso estudio st–robo en Tokio puso en sus manos una maravillosa colección de equipos, desde micrófonos vintage y equipos externos hasta una amplia colección de instrumentos, tanto acústicos como electrónicos. Sus sesiones de grabación fueron numerosas y largas con los detalles meticulosamente obsesionados por casi un año”. Cinco largas piezas presentadas de manera exquisita componen “Akari”, un fino trabajo de sonidos recolectados que se abstraen del mundo por un instante, creando el suyo propio. Texturas acústicas y naturaleza digital, este trabajo es una delicada obra sobre la fragilidad que se expresa a través de una música discreta envuelta en adornos que parecen dispuestos con una asombrosa espontaneidad. Cada elemento parece que está ubicado como por casualidad, no buscado sino encontrado, como quien descubre piedras gruesas en la arena delgada y las asienta junto a otras rocas, formando figuras fugaces junto a la misma arena desde donde fueron halladas, hasta que el agua salada las reordene. A menudo habían sido el piano, eléctrico –Rhodes, Wurlitzer– y acústico, y la guitarra los artefactos a partir de los cuales construían los rastros artesanales suyos. Ahora, la colección de objetos encontrados en el estudio/casa en la capital de Japón ayuda a enriquecer de forma substancial aquellos rastros. Además de lo antes mencionado: electrónica análoga y tratamientos, prepared + hammered piano, armonio, pianet, vibráfono, bajo, batería + percusiones, field recordings, found objects, cassette tapes, reel to reel tapes, Minimoog, Memory Moog, OP-1, etc. Largas composiciones donde afloran fragmentos desde los puntos más inesperados, escapándose de entre las fisuras que forman su estructura quebradiza. La apariencia de estos encuentros es que son simplemente unos bosquejos lanzados a la tierra fértil donde con el paso del tiempo la hierba crece de manera silvestre, cubriendo su exterior de musgo y vegetación. Sonidos susurrados, ambientes desnudos que permiten apreciar los quiebres contenidos y el soplo en la piel. Sonidos débiles y transitorios, y la discrepancia del polvo con la superficie gastada producen una saturación inconsistente, capturando un momento singular. Las cuerdas del nylon dibujan acordes rotos, una improvisación temerosa que rememora, de forma adyacente, a Derek Bailey, la libertad inagotable. Todo es perceptible, no solo el hilo estirado sino que también los dedos sobre la madera, unido a un estruendo sigiloso. Es la sonoridad de las cosas que se desplazan desde un punto a otro, y la fricción que produce el tránsito de estas. Las cuerdas siguen su curso detrás del fondo imperfecto, detrás de una amplia estructura manipulada y fibras de electrónica delgada. La poética del piano se refugia en todo esta arboleda de sonidos resquebrajados, a veces con figuras sólidas, a veces nada más que un eco de luz. Mientras escribo esto un rayo de sol ingresa en mí, por en medio de la ventana y el espacio que las hojas de una palmera aún joven le permite. El ruido que abriga a las melodías de piano adquiere otro significado, todavía mayor. “Diagrams Of The Physical Interpretation Of Resonance” y los diecisiete minutos absorben el tiempo en su integridad, un lugar de minuciosidad casual escarpada irrepetible. Esta obra fue creada entre abril de 2012 y noviembre de 2013. Los diecinueve meses de desarrollo están contenidos en esta fracción que es solo un instante en comparación. Las músicas recogidas crean un campo para las grabaciones en el cual florecen notas abandonadas y cuerdas que mueven timbres metálicos, un mecanismo de engranajes roídos al amparo del piano eléctrico: “Vertical Staves Of Line Drawings And Pointillism”, pentagramas verticales de armonías horizontales intrincadas. El laberinto tiene salida solo al entrar la fracción siguiente. “The Relationship Of Gravity To The Persistence Of Sound” demuestra que todo tiene un comienzo y un punto de referencia. A partir del ovillo desde el que se bordó “Shizuku” nace una hebra larga que se une a esta sencilla pieza. Guitarra, piano y la paz infinita, música clásica majestuosa que es una fuente viva de tranquilidad. “Structures Based On The Plasticity Of Sphere Surface Tension” se rodea de field recordings, aves que emiten melodías junto a instrumentos que emiten silbidos en medio de las algas bajo el nivel del mar. Los troncos corrompidos por la humedad serán el ritmo sobre el que se sostiene el resto de la estructura: suelo blando bajo materialidad pequeña. La luminosidad inagotable es algo que atraviesa todo este trabajo, luminosidad que se escurre con toda su levedad hasta el epílogo. “Requiem For Relative Hyperbolas Of Amplified And Decaying” Waveforms”, brillo eléctrico y saturación que avanza progresivamente, desde el silencio interrumpido por las cuerdas acústicas de tono crepuscular, llegando a un resplandor infinito que abrasa hasta convertir las hojas en cenizas de gris radiante.

Los sonidos retrasados de esta obra inacabada pero inacabable de electrónica orgánica dan forma y fondo a piezas de belleza inmarchitable. Blanco opaco y negro resplandeciente que se mezclan creando una aleación cromática única en la pintura de Samuel Estlin Fuller, tintes que cubren ambos lados del papel grueso que contiene el hermoso plástico. “Akari” es luz, brillo y ruido sutil que purifica, el crepitar frágil del paisaje silvestre.

www.12k.com, www.illuha.com


306. 15 Shades Of White
marzo 1, 2014, 2:10 pm
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15 Shades Of White

VARIOS
»15 Shades Of White«
DRONARIVM. 2014

El número diecinueve dentro del aún reciente pero floreciente inventario de la editorial rusa Dronarivm es también una celebración de los días más helados del año. Es el frío quien cubre con su quietud las notas desperdigadas sobre el suelo esponjoso, y es el brillo de su luz quien ilumina con su ruido cegador los instantes estancados en los bordes congelados. Dirigido por Dmitry Taldykin, el label con sede en Moscú entrega la segunda de sus obras compartidas, después de “Aquarius” (Dronarivm, 2013) [248], esta vez de nuevo con una idea temática que cruza cada una de las intervenciones. Al igual que aquel trabajo, quien se encarga de reunir las piezas y ensamblar los puntos de unión es Bartosz Dziadosz (Pleq), músico polaco que desde que publicó su colaboración con Philippe Lamy ejerce de curador del sello, luego de muchas conversaciones con Dmitry. “Ahí es cuando pensé que podría ayudarlo a desarrollar el sello. Inicialmente planee trabajar solo para empujar el sello hacia adelante, y se suponía que terminaría al finalizar el 2013, pero en este momento me gustaría continuar con Dronarivm”.

Blanco, aquel color acromático, de claridad máxima y de oscuridad nula, que se percibe como consecuencia de la fotorrecepción de una luz intensa. Aunque existen sustancias de máxima reflectancia, tales como la magnesia y la baritina, ejemplos más específicos, con la materia que más se asocia y asemeja es con el color de la nieve. Y es ella quien ilustra las horas de frío exterior y calor interno. Quince rastros marcados encima del suelo móvil bajo la vegetación inmóvil, enlazados de forma coherente uno tras otro. Un hilo delgado sostiene cada pieza de este resumen que reúne a artistas que se sitúan en los márgenes de la música contemporánea, acústica añejada, electrónica paisajista, folk digital y clasicismo de interiores. “15 tracks que son diferentes en atmósfera y sonido son unidos por un mismo ánimo invernal. El invierno es la temporada favorita de filósofos y soñadores introvertidos, un territorio de recuerdos y reflexiones quietas, donde el tiempo no lineal permite reunir fragmentos desiguales de memorias y crear collages de múltiples capas de piezas del futuro, presente y pasado. Pianos neoclásicos, cuerdas hipnóticas, golpes de luz y suaves voces bajas dejan un sutil patrón musical en el cristal de la eternidad”. Atravesando la línea del tiempo, es posible transitar por cualquiera de los momentos y sentirse refugiado ante la inclemencia. No obstante, la dirección sugerida es la mejor para cruzar los campos de hielo frágil. Cinco segundos de silencio. Dos y medio minutos de tranquilidad y placidez. Notas tocadas con una suavidad extrema y una sobriedad infinita. Desde el interior del piano brotan unos apuntes mínimos que con parsimonia se asoman por sobre el mueble que las contiene, luego rodeadas de una luz eléctrica baja y cuerdas apenas perceptibles entre el ruido quebradizo. “Paths (For Robert)” es un forma inmejorable de comenzar los tonos sobre el color ausente, una hermosa y diminuta obra de ANNE CHRIS BAKKER. Las cuerdas tocadas con timidez se entrelazan con los acordes de folk intimista y aislado de “Etude V”, oculto entre las ramas de distorsión y tonos desvanecidos, otro instante breve a cargo de TALVIHORROS. El misterio habitual de KRENG no destiñe sino que se viste de ritmos repetitivos y percusión rústica. Los tres temas que siguen surgen a partir del clasicismo moderno que descubre el pasado y entierra el futuro. De las cuerdas aflojadas de BEN LUKAS BOYSEN emerge un retrato de los parajes rurales de atmósferas heladas, una mirada a los desiertos fríos de la estepa oriental. AARON MARTIN & CHRISTOPH BERG, ambos toman ese mismo curso en “Until Tomorrow Then”, solo que más adornado, pero conservando la elegancia de sus cuerdas desmayadas. SOPHIE HUTCHINGS & PETER HOLLO retoman la quietud rota momentos antes, otra vez uniendo cuerdas y piano, las primeras (él) apareciendo de forma fugaz e intermitente en un principio, el segundo (ella) con una permanencia inquebrantable, atacando la soledad con el vigor contenido, exaltando la tristeza. La pena es el sentimiento que emana de la copiosa lluvia que se oye en el fondo de “III”, pieza de JACASZEK reformulada por el mismo PLEQ, lluvia y una voz femenina en medio de un violín que llora, cantando dolor, palabras que emiten sonidos indescifrables. Recién hace un mes pudimos escuchar una nueva obra del alemán MARSEN JULES –ahí esta, todavía fresco, “Beautyfear” (Oktaf, 2014) [303]–, ahora restando electrónica y sumando capas de acústica vaporosa que se niega a morir. Un plano horizontal de ambientes de materialidad etérea, que pisa suelo débil en “With Me”, otro momento especial dentro de los muchos que existen. La electrónica espaciosa de IAN HAWGOOD se cruza con los acordes sintéticos de THE GREEN KINGDOM: folk digital y música de cámara recubierta tras capas de suciedad y polvo, polvo y ruido sobre las notas plegadas que se reiteran una y otra vez. “Fibres And Threads”. Fibras e hilos, manchas en la piel de la contribución de ORLA WREN: off-white colour. KABOOM KARAVAN conserva los ambientes exóticos de su anterior trabajo, pero de forma más comedida, mientras que MARCUS FJELLSTRÖM se sumerge en la oscuridad y las sombras, planos y secuencias de opacidad sofocante. STRIË pareciese retornar sobre las texturas y sonidos atemporal, pero es también un punto que se escapa en direcciones nuevas, similares a las de Spheruleus + Pleq, es decir, THE FROZEN VAULTS: músicas del mundo con una cobertura áspera. Finalmente “Chiral”, al acústica melancólica y la nostalgia de las praderas de nieve. El resplandor de una cuerda multiplicada junto con el ruido filtrado entre los espacios de la madera desteñida. La pieza final OLAN MILL no son más que unas cuantas notas que se suceden una tras la siguiente, notas reiteradas que van decreciendo paulatinamente, gris pálido degradado hasta terminar en una claridad mayúscula.

Variaciones en el tono, saturación y matiz. Intensidades leves que forman distintos aspectos de un mismo objeto. “15 Shades Of White”, paisajes que ilustran una estación fría y un estado de quietud interior. Unidas por una misma hebra, las quince piezas de esta obra compartida poseen un mismo fondo de luz que se va desgastando levemente, con las manchas que cubren el clima helado. Brillar, destellar, quemar. Blanco sobre blanco.

www.dronarivm.com


305. Procrastination
marzo 1, 2014, 2:00 pm
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Procrastination

FABIO ORSI & PIMMON
»Procrastination«
HOME NORMAL. 2013

La postergación constante puede incluso llegar a convertirse en una enfermedad, un trastorno del comportamiento que altera la vida y su desarrollo. Aunque en realidad, actualmente, cualquier evento extraño dentro de nuestra mente constituye una enfermedad. La procrastinación es eso, la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables, y que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad, sea psicológico, físico o intelectual. Observando de reojo las historias de ambos artistas involucrados en este proyecto temporal, cuesta creer que algo afecte el desenvolvimiento de su obra. Cada uno posee un extenso catalogo personal, cada uno dentro de su propio universo en expansión. Fabio Orsi es un músico italiano nacido en Taranto, al sur de Italia, al cual recién ahora puedo finalmente conocer, pero del cual tenía ya algunas referencias, gracias a su paso por diversas editoriales como Last Visible Dog, Ruralfaune, Low Point, Slow Flow, Preservation, Students Of Decay, etc. La otra mitad es Paul Gough, artista australiano quien se dio a conocer en aquellos años del glitch, clicks + cuts y la estética del error, sonido que surge a fines del siglo pasado y que trasladaba desde el habitual segundo plano las fallas sistémicas de la música a un punto visible, incrustándola además dentro de formas pop. Su obra se puede apreciar en plataformas como Meme, (K-RAA-K)³, Ritornell, Fällt, Meupe, Preservation, Tigerbeat6 o Crónica, entre muchas otras. “Después de descubrir una admiración mutua por su respectiva obra, los dos deciden colaborar”. Y lo que pudiera entenderse como una contradicción hace que ambas direcciones se crucen de una forma diferente, como una onda que atraviesa líneas diagonales.

“Cuando las ideas flotan en tu mente sin ninguna reflexión o consideración sobre su entendimiento, eso es lo que los franceses llaman ensueño. Nuestro lenguaje carece de una palabra para ello”. Extraña cita de John Locke que aparece en la hoja de prensa de este trabajo que ha visto cómo tiempo avanza más rápido de lo que la mente lo hace. “‘Procrastination’ se ha elaborado a través de un viaje de retrasos mecánicos, procrastinación creativa y espera”. Un lento proceso que lo es más por el desplazamiento que por la excesiva concentración. Rastros que se ven encerrados en un presente que nunca deja de serlo, y un futuro que parece inalcanzable. Y, al igual que su gestación, las notas se retrasan eternamente, un efecto dilatador intervenido por una infección que contamina su superficie pero no su núcleo. “La procrastinación nos ronda. Aún los más estudiosos entre nosotros ocasionalmente se encuentran a si mismos atrapados por un lento sueño o por una visión escapista, una que nos absorbe y nos remueve del momento. Pero la procrastinación a menudo disfraza un industrioso flujo subconsciente. Yo postulo que la procrastinación es un pensamiento profundo desconectado, un subsueño, una imaginación oculta que se escurre en las más profundas cavidades de nuestro cerebro, la cual eventualmente se encuentra con los ríos conscientes de nuestra mente. Es la procrastinación a quien que culpar por la elegancia tectónica escuchada en el primer esfuerzo colaborativo entre Fabio Orsi y Pimmon”. La partida de un sueño que nos envuelve, el mismo sobre la cual se explaya Lawrence English. Un sueño que parece retratar los paisajes amplios de las costas italianas, como también la naturaleza y la inmensidad de las antípodas. Pese a tener un recubrimiento artificial, los sonidos desplegados en este trabajo son en cierto sentido una representación de una vida silvestre que se desarrolla junto a los arrecifes, con el mar golpeando los muros de roca erosionada. Fabio envió una serie de grabaciones a Pimmon, las cuales este sintió que “estaban en mi mente, completamente realizadas”. El australiano entró en una ‘zona de procrastinación’, sin saber cómo resolver el dilema, cómo enfrentarlas, mientras permanecía trabajando en otros proyectos. Dieciocho meses desde que por primera vez Fabio y Paul intercambiaron archivos, recién ahí este último pudo salir del laberinto que su mente construyó. “Repentinamente la procrastinación se quebró, y el cerrojo de falta de dirección se evaporó. Los trucos del subconsciente habían formado ríos, y los ríos se depositaron juntos creando una marea baja de ideas sonoras que vieron a los archivos de Orsi transformados en una rápida sucesión”. Utilizando unos pocos recursos, Fabio construyó unas férreas estructuras que viajaron continentes hasta desembocar en el Pacífico. Guitars, filters, synths fueron las herramientas utilizadas para configurar los extensos paisajes que el italiano generó, aunque aún existe la incertidumbre de cómo es que esas pistas realmente sonaban, sin la intervención posterior. Por su parte, Pimmon utilizó sus propios medios –loops/ synths– para modificar y desentrañar los enredos del subconsciente. Lo que parece el sonido de una lámina metálica pronto se irá sumergiendo en densas capas de humedad, perdida en las corrientes submarinas que atraviesan los océanos. Existe una melodía que hasta pareciese invisible, oculta tras las enormes masas de frío abisal. Notas que desde la distancia pueden percibirse, como una mancha gris dentro de tonos azules y grises. El ruido de las pendientes que cruzan el nivel que separa lo firme de las superficies líquidas, levemente interrumpido por arpegios de cuerdas eléctricas que dibujan un hermoso acorde de repetición eterna. “I Wish You Were In Yallingup” va creciendo lentamente a medida que va avanzando hacia zonas inalcanzables, la primera de las cuatro piezas de este trabajo. Es en la segunda en donde con mayor claridad puede percibirse las manos inquietas del australiano. “Garnacha”, cuando la electrónica imbrincada entrampa la acústica de Orsi, formando una espesura de hojas múltiples. Millones de sonidos microscópicos que forman por acumulación ondas desplazadas. Música contemporánea tejida de hilos eléctricos y errores visibles. “Procrastination” nace como una partitura clásica que con los segundos termina por hundirse entre enormes nubes cargadas de electricidad y estática. El brillo de las partículas de luz invaden las extensas notas hasta dejar un cuadro de una belleza indeterminada y de formas confusas. Los lados se contraponen, yendo en direcciones opuestas, lo que incluso provoca desconcierto, una agradable sensación de perplejidad y un lugar donde escaparse. “Just One More” también parte desde el sigilo que termina por estallar en los oídos. Electrónica inversa y estruendos comprimidos.

Lawrence English continúa hablando. “Las fuentes de las grabaciones se destrozaron a través de la red de devoluciones procesadas por Pimmon, re-arregladas y re-editadas para revelar una enteramente nueva perspectiva sobre la materia sonora de Orsi”. Los archivos almacenados en una carpeta terminaron por ser almacenados en otra diferente, y su contenido manipulado como si un virus contaminara su interior inmaterial. “Procrastination” es naturalismo intervenido por una red de electrónica detallista, vastos parajes de ambientalismo digital y mares de ruido inagotable.

www.homenormal.com, www.fabioorsi.bandcamp.com, www.myspace.com/pimmon


304. Lay-by Lullaby
marzo 1, 2014, 12:20 pm
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Lay-by Lullaby

JANEK SCHAEFER
»Lay-by Lullaby«
12K. 2014

La melodía que se oculta bajo una neblina de ruido en una mañana intangible. Puede que aquello que se superpone a las notas entrelazadas no logre borrar los rastros que se posicionan en un segundo plano siempre presente. No obstante, tienen una forma algo inmaterial, aparecen y desaparecen sin que sea claro el momento en que eso sucede. Quizás sea tanta su energía que terminan por consumirse a si mismas, una fuerza demasiado atrayente que acaba por anularlas. Por otro lado, aquellas notas de polvo dorado y concreto gris son un espectro inextinguible que se desplaza durante todo el trayecto de sonidos rugosos y severos, aún desde mucho antes, aún mucho después. Pareciera que estas piezas áureas siguen sonando a pesar que la electricidad se ha interrumpido y el lector se ha detenido, quedando en el ambiente como una presencia invisible. Esto es aplicable a varias de las obras de Janek Schaefer, pero muy particularmente a esta, la más reciente, impresa en este año 2014, pero cuya fecha real carece de temporalidad determinada. Schaefer es un artista inglés nacido en 1970, de padres polacos y canadienses, cuya historia musical fue fracturada cuando, de joven, su voz se rompió mientras era el corista principal en su colegio. Una década después, mientras estudiaba arquitectura en el Royal College of Art, los ruidos fragmentados de un sonido activaron el magnetófono que viaja de la noche a la mañana por el sistema británico postal terminaron por reestablecer su carrera musical. Eso culminaría en ‘Recorded Delivery’, el comienzo de un trayecto de investigación auditiva y exploración del sonido, que daría lugar a embriagadoras obras como “Migration” (BiP HOp, 2005), “In The Last Hour” (Room40, 2006) y, especialmente, “Extended Play [Triptych For The Child Survivors Of War And Conflict]” (LINE, 2008), un trabajo cubierto tangencialmente en este sitio a través de “Remain” (LINE, 2011) [138] , su reconstrucción en manos de Stephan Mathieu. En ese trabajo es posible apreciar la fuerte carga que poseen sus composiciones, las cuales no son solo pistas aisladas sino que tienen un contexto que se traspasa a los archivos de audio comprimido.

“El próximo CD de Janek Schaefer es absolutamente lo mejor que he escuchado de él, y no lo digo solamente porque esta en 12k”. Como él mismo advierte, estas palabras pudieran ser parte de la campaña de promoción. Sin embargo, rara vez he escuchado a Taylor Deupree lanzar una sentencia de este tipo. Y si lo dice es por que ese debe ser su sentir. Palabras honestas que, si bien son la impresión de una sola persona, tienen mucho significado, sobre todo teniendo en cuenta desde donde provienen. Este trabajo es el primero del artista británico para 12k, uno que forma parte de una historia amplia que se inicia a fines del siglo pasado y, como varios de ellos, traslada una instalación desde una galería de arte hasta un álbum que transforma las paredes en espacios infinitos. Personalmente no me atrevería a aseverar que este sea lo mejor de Schaefer, pero sin duda que su poder es arrebatador. “Lay-by Lullaby” es un sonido imperecedero de acordes que poseen un extraño misterio oculto entre sus rendijas, un viaje al borde de la ciudad, en las afueras de esta, con la extrañeza que yace dentro suyo. “La composición es su más calmada hasta la fecha, y está basada en grabaciones hechas en el medio de la noche sobre la carretera M3, justo en el final del camino donde JG Ballard vivió, a un par de millas del estudio de Schaefer, en la lejana zona oeste de Londres. Ballard escribió sus seminales obras sobre la cultura de los automóviles mientras la carretera estaba siendo construida en frente de su casa en 1973: ‘Crash’ (1973) y ‘Concrete Island’ (1974)”. El sonido de los automóviles, un motor distante, el ruido expulsado desde el asfalto, el vacío. Doce piezas trenzadas, unidas una tras de la otra, y que acaban al llegar el minuto setenta y tres, pero que permanecen todavía más allá. ‘Lay-by Lullaby’ fue creada en 2013 como una instalación para la presentación en solitario ‘Collecting Connections’ de Schaefer en Londres, en la Galería Agency. Un par de conos de tránsito-parlantes reclinados reproducían los paisajes sonoros desde una radio instalada en una pequeña maleta de cuero en un loop infinito”. Primero, la nada. Después, el vacío. El sonido del petróleo en movimiento, el desplazamiento del metal en dirección hacia un destino sin sentido, efecto doppler que desgasta las almas que los mueven. La sensación de perderse delante de un curso que conduce hacia delante sin entender el motivo de seguir conduciendo. La velocidad es imperceptible dentro de una estructura que aparenta fortaleza pero que se destruye al enfrentarse contra otra alma muerta. El significado pierde su valor. Sobre el ruido de las vías horizontales se arrastran los acordes que se disuelven como mineral líquido, escondidos tras el estruendo acallado. Son acordes cuyas terminaciones no están completamente determinadas, o tal vez sus bordes quedan imprecisos a causa de la niebla. Una música distante se logra percibir, una presencia que decora las horas desperdiciadas y la memoria voluble. Una música emerge. Luego desaparece. ¿Está realmente ahí, o sólo es un espejismo? La verdad poco interesa, solo importa el hecho que esos tonos subyacentes adormecen el oído, efecto hipnótico que esta dentro de su naturaleza y se exterioriza como una mirada extraviada. “Radio 101 FM”, un zumbido constante entre armonías inconstantes. “Radio 102 FM”, el zumbido permanece, y una triste melodía se desliza como una mancha de aceite y suciedad en el suelo. “Radio 103 FM”, notas que se extienden hasta formar un plano inmóvil. “Radio 104 FM”, una fantasmagórica orquesta parece haber registrado una balada de luz estática que se repite hasta subyugar por completo, balada triste que se desvía en la ingeniería de un gramófono descatalogado, automóviles y sonidos que pierden su intensidad. “Radio 105 FM”, una ráfaga de partículas contaminadas y calor ensordecedor transmutadas en calma y sosiego, luego decoloración de la belleza. “Radio 106 FM” y aquella orquesta, “Radio 107 FM” y una voz que apenas alcanza a escucharse en medio de una transmisión interrumpida, “Radio 108 FM”… Los trazos de estruendo delineado persisten, los rastros borrosos se niegan a ser un recuerdo extinguido entre el desorden múltiple. “Radio 112 FM”, nueve minutos como pueden ser nueve mil, sonidos dispuestos en consonancia continuando después que la energía se apaga, a la inversa que sus notas desfallecidas arrojadas al pavimento desolado.

Sonidos encontrados, field recordings, acústica manipulada. “Lay-by Lullabye”, un lugar lleno de estática agotada. Las melodías se filtran en medio del ruido estable que ejerce de sonido de fondo para hermosas armonías extinguidas que se desintegran, notas destempladas y tonalidades que pierden su color, confundiéndose con el paisaje, una panorámica extendida de electrónica análoga viajando en medio de una corriente invisible, fragmentada en arrobadoras piezas de melodías debilitadas. La belleza de la decadencia inconsistente que permanece con sus formas espectrales inextinguibles.

www.12k.com, www.audioh.com


303. Beautyfear
marzo 1, 2014, 12:10 pm
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Beautyfear

MARSEN JULES
»Beautyfear«
OKTAF. 2014

Las olas del mar y el hielo que quema la piel. Un paisaje natural digitalizado, vida silvestre convertida en píxeles y datos codificados. Enormes brisas de aire frío que cubren una geografía austral, brisas que se pueden interpretar en sonidos y notas extensas. El ruido congelado de una tecnología ambiental. Piezas que remiten a un paisajismo donde los detalles parecen imperceptibles frente a las mareas de y los trazos vastos de colores claros. Pureza y nitidez blanca en un gran lienzo de acordes desplazados. Desde sus inicios en Autoplate hasta hoy, las obras de Jules han seguido un ritmo aquietado, una traslación de fragmentos orbitando sobre esquemas tradicionales y formas actuales. El pasado año nada más pudimos apreciar cómo se configuraba una composición desde su final hasta su comienzo, cómo una partitura parecía borrarse con la lluvia de otoño. Ese trabajo fue “The Endless Change Of Colour” (12k, 2013) [261]: “El alemán Martin Juhls es un artista que ya desde sus inicios mostró sus inquietudes hacia cierto tipo de electrónica, aquella que se recuesta sobre parajes vastos y capas de tonos que se diluyen lentamente sobre el horizonte y sus líneas sin fin… “The Endless Change Of Colour” es un trabajo cuyas ondas se dispersan sobre la superficie tersa del sonido a un ritmo pausado y sin interrupciones, con la mirada fija hacia un punto lejano, mientras se despliegan las notas inmóviles… Un solo movimiento que se desplaza por las distintas gradaciones cromáticas a través de un lente que convierte la traslación en una acción pausada, una bucólica corriente de tinturas y su decoloración… El cambio infinito del color, “The Endless Change Of Colour”: como arrojar pintura sobre el mar oceánico y mirar tardíamente como sus tonalidades se van decolorando”.

El año 2009 Martin Juhls establece su propia editorial desde la cual publica sus propios trabajos, sea en solitario como con el Marsen Jules Trio, además de otros artistas afines. Oktaf, “a place for authentic music in the field of ambient, electronica, contemporary classic and modern jazz”, un lugar para sonidos plácidos ubicado en el número 65 de la calle Günther en Dortmund, Alemania. “Beautyfear” es la octava obra del alemán, el número siete de su imprenta particular, una nueva oportunidad para dejarse caer sobre las planicies heladas de ruido contemporáneo. Doce piezas cuyo contenido final fue masterizado por Taylor Deupree, estableciendo la conexión con su anterior obra. A diferencia de aquella, donde todo formaba parte de una unidad, acá existe una diversidad mayor, pero conservando cierta línea editorial que también lo une a pasados trabajos y, particularmente, a sus contribuciones al catálogo del label de Colonia, Kompakt, así como su pasado como krill.minima. Ambient, techno y dub contrapuesto a música clásica y minimalismo romántico. De una duración relativamente breve, cada una de las partes de este texto sonoro instrumental parece ser registrado en las partes altas de una cordillera envuelta en nieve, no obstante provenir de las cálidas costas del Atlántico. Nubes espesas, cargadas de electricidad que se explayan no como antes pero que, sin embargo, aparentan tener una dimensión mayor a la real. Una magnificencia comprimida que esta incrustada en el corazón de estos apuntes y que hace que el espacio que los rodea quede pequeño, y que todo parezca insignificante. Hermosos cuadros de una profunda belleza contemplativa cuya temperatura está varios grados bajo cero. El estruendo de una cuerda estirada hasta la eternidad superpuesto a otro sonidos de igual naturaleza van formando una estela concentrada a de luz y brillo polar. Son notas distantes que se van alejando mientras pierden su intensidad, como formaciones de agua condensada en lo alto del suelo diagona, disipadas al entrar en contacto con territorios aéreos más temperados. La entrada de “Beautyfear” es más bien un documental sobre las montañas nevadas en Los Alpes. “I”, título con numeración romana que irá avanzando hasta culminar en “XII”. Esa primera parte posee toda la nostalgia de la serie ‘Pop Ambient’. Espacios vacíos llenos de cuerdas que se desvían, el desvanecimiento de un sonido ingrávido y volátil: ambient/pop de salones deshabitados y jardines imperiales ocultos tras una capa de niebla y nieve. Lo mismo con “II”, ventiscas que vienen y desaparecen, o “III”, con sus superficies texturadas, o la belleza desfallecida de “IV”. El zumbido de los metales perder su centro, perder el foco, genera una agradable sensación de vértigo, como en el caso de “V”. Esta obra fue creada durante una estadía semanal en un teatro sobre uno de los cerros de Lisboa. Es en estos momentos cuando el calor asoma en estos rastros, un calor que derrite la instrumentación, fundiendo el bronce con el aire. Los mares glaciares inundan los acordes en “VIII, “IX” y “X”, mientras que término se ve influenciado por ritmo y repetición constante, permeable a las costas frías: “XI” sigue el sendero fijado por Basic Channel, solo que de forma más sutil, sutileza que acaba por disgregarse en el episodio final, un regreso de los mares y las estructuras minerales a las cumbres borrascosas y el cielo de hielo infinito.

Condensando distintas tonalidades, que se pliegan formando extensos planos de nubosidad etérea, cada una de estas piezas, pese a tener cierta autonomía, también forman parte de una misma unidad. “Es un álbum sobre la fragilidad de la belleza”. Paisajismo ambiental de texturas vaporosas, “Beautyfear” descansa sobre la belleza misma, poemas de electrónica estática y minimalismo que se desvía hacia un escapismo intangible. Este libro audible de Martin Juhls es una fascinante obra de arte que reposa en el ruido desvanecido de su lírica y romanticismo eterno.

www.marsenjules.de, www.oktaf.de


302. Shallow
marzo 1, 2014, 12:00 pm
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Shallow

PORYA HATAMI
»Shallow«
TENCH. 2014

Las delgadas ramas balanceándose lentamente, el mar bajo sirviendo de terreno suave para que las raíces húmedas se expandan y crezcan horizontalmente, el sonido de la marea y el canto de los insectos. Lo que pudiera ser circunstancial se transforma en fundamental, a la par con los apuntes generados sintéticamente en largos desarrollos por los cuales se movilizan pequeños ruidos. Una partitura cuyas líneas son trazadas en medio de las ciénagas, la música de una tierra humedecida, música de aguas pedregosas. Son los acordes naturalistas de Porya Hatami, músico iraní que, desde la lejanía de Sanandaj, en estos dos últimos años ha creado trabajos que con el escaso tiempo han ido creciendo y creciendo. El primero fue “Land” (Somehow, 2012) y el más reciente (en estos mismos días esta por caer una nueva colaboración) es este que tenemos entre las manos, una de las escasas ediciones del label dirigido por Marc Ostermeier, Tench, del cual ya hemos presentado “Collected Dust” (Tench, 2011) [182], a cargo de Marcus Fischer, e “Incidental Music” (Tench, 2012) [207], obra de The Green Kingdom. Esta es la referencia número seis, por ahora la primera de este artista que cruza continentes hasta arribar en suelo norteamericano.

A pesar de su discografía aún en etapa de crecimiento, y aún fresca, ya tuvimos la oportunidad de escuchar parte de su trabajo con una obra que se asienta en medio esos desarrollos más amplios. Fue a través del sello de Gary Mentanko que oímos de él, con esa instantánea llamada “The Waning Branches” (Wist Rec., 2013) [273]. “Desde el silencio y la quietud se construye poco a poco el sonido de la tierra fértil. Porciones diferentes se unen formando estos brazos débiles, los cuales lentamente van cambiando su destino hacia la vida rural, cambiando la intranquilidad por el reposo. Se puede percibir en ese tránsito el olor y el color de la tierra y el polvo aún no contaminado, mientras una melodía que se extiende más allá de su propio límite se confunde con los climas estacionales… Al igual que la mora, su crecimiento es rápido, pero luego se va retrasando hasta alcanzar su forma última. El auge da paso a su caída, un ciclo natural que se ve reflejado en las notas espaciosas e indecisas…”. Los elementos a partir de los cuales se genera “Shallow” son los mismos de siempre: electrónica y sonidos ambientales, acústica procesada, fuentes electrónicas y field recordings. No obstante, el resultado dista de ser idéntico a ese anterior trabajo revisado en estas páginas. Tres extensas piezas que recrean y se nutren de melodías naturales inmersas en la luz eléctrica que surge en estrechos pasajes. El cruce desde un lugar a otro, desde un estado a otro, termina en que ambos se influencien mutuamente. Lo que parte en una geografía rural culmina en un territorio digital, y la interacción de estos dos suelos hace que sea muchas veces imposible de distinguir que espacio es en el que se posan sus sonidos, aunque existan ciertas parcelas más o menos definidas. Grabaciones de campo, en el campo, conviven cordialmente con prolongados planos sintéticos, entrelazados desde el momento primero, haciendo de este un trayecto por parajes originarios, iluminados por estertores extremadamente delicados que paulatinamente se van cubriendo de polvo y piedras pequeñas. Al mismo tiempo se superpone sobre una capa de armonías generadas de forma simulada otra capa de música orgánica, que pese a surgir de manera espontánea también posee cierta estructura de canción, más escondida pero que en el fondo igualmente es posible comprender. Uniendo pliegues es que podemos oír las hojas dentro del agua junto al viento, a criaturas diminutas y su canto al lado de armonías de plástico conducidas por circuitos irreductibles. “Fen” es eso, lo mismo que desde su título podemos intuir: dos notas de electrónica suavemente dispersadas por la superficie inestable que se enredan con el follaje y las aves y sus palabras para nosotros indescifrables, con estructuras indescifrables pero muy cautivantes. Veintiún minutos que pasan del murmullo que prolifera mientras avanza a la electricidad tenue y multiplicada, de ahí a una instrumentación metálica que desemboca en aguas nocturnas y pájaros cantando al calor de horas estivales. La vegetación envuelve las notas digitalizadas. Extintos los últimos silbidos comienza a elevarse unos tonos ambientales de un profundo lirismo evocador. “After The Rain”, después del calor. Notas pulsadas con una levedad casi inconsistente, en el mismo lugar que las planicies altas de espejos. Música de ensueño y quebradiza que nace en los bordes de teclas de un metal estilizado, notas de una enorme belleza que van creciendo como un mar en un océano, y que hacen rememorar porqué es que a veces, muchas veces, es tan placentero descansar sobre los paisajes ambientales. “White Forest” retorna en los cauces de acústica intervenida, con el exterior de sus ruidos más desgastado y con su cobertura más áspera, como cubierta por la arena que queda estancada en la ribera de un río. En el transcurso de los minutos la lírica ambiental de la pieza anterior irá filtrándose en la espesa hierba acuática que ilustra este instante final, una especie de síntesis de las formas desplegadas previamente.

El dorado de la fotografía de William Keckler muestra el calor desde donde surgieron estas piezas –este disco fue escrito y registrado en el verano de 2013 en Sanandaj–, su textura las formas de estos sonidos y las figuras las fuentes de las melodías acústicas. “Shallow”, una obra en los márgenes de un arroyo cuya arena y ruido vegetal van cubriendo pausadamente los tonos orgánicos hasta que las notas quedan ocultas bajo el tranquilo mar.

www.tenchrec.com, www.poryahatami.bandcamp.com


301. Snowfall
febrero 1, 2014, 2:20 pm
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Snowfall

YANN NOVAK
»Snowfall«
DRAGON’S EYE. 2014

Cuando el agua se transforma en vapor que experimenta una alta deposición en la atmósfera a una temperatura menor de 0°C , y posteriormente cae sobre la tierra, eso es lo que se conoce como nieve, la caída de un cielo frío y congelado que pasa de un estado líquido a uno sólido, diseminando sobre el suelo pequeños cristales de hielo y luz blanca, cristales con formas geométricas y características fractales, reunidos en copos. Pequeñas partículas ásperas de material granular que desde la distancia decoran el aire vacío. A pesar de todo, solo en una oportunidad he podido presenciar cómo lo inaprensible se vuelve vidrios suaves precipitándose encima del camino borrascoso, formando una capa esponjosa que atrapa y ahoga, envolviendo el cuerpo hasta llevarlo a convertirse en parte de una panorámica interminable. El color hace del paisaje una inconmensurable mancha inmaculada cubierta de pequeños detalles que a lo lejos se pierden en su inmensidad. Las representaciones sacadas desde la naturaleza pueden replicarse a los paisajes digitales desplegados ampliamente por el artista de audio e imagen Yann Novak, cuya obra siempre deslinda con extensas vistas y planos eternos. Uno de ellos es “Fata Morgana” (Murmur, 2012) [199], junto a Robert Crouch, aquel “cuaderno de viaje fragmentado, deconstruyendo la luz, difuminando el color, borrando la imagen, todo a la vez… Un ruido de fondo que impide ver el fondo, ruido que borra los ejes por los que se conduce la música”. Otro de esos trabajos que se ocultan tras el horizonte es “Blue.Hour” (Farmacia901, 2013) [240], obra breve que explora los altos contrastes creados en el paisaje durante la ‘hora azul’, un “sonido que traspasa a ese mismo sonido no se sobrepone a las imágenes que crea, sino que ayuda a difuminar los límites que entre un tono y otro existen, aumentando sus divergencias. Los escasos veintiún minutos en los que se prolonga esta panorámica hacia el infinito el tiempo, el espacio y la luz se confunden en una postal de colores y sonidos escalados, cuyos puntos de inicio y término ya no son tan nítidos como hace unos instantes lo eran”.

Fundada en 1989 por Paul Novak, Dragon’s Eye tiene una nueva vida cuando es lanzada nuevamente el año 2005 por su hijo, Yann Novak. Esta editorial, con cerca de cincuenta referencias, se erigió como una destacada plataforma dentro del amplio panorama. Electrónica y minimalismo, ruido silencioso y síntesis digital, patrones que estan presentes en muchas de las obras del label de Los Ángeles y, particularmente, en la propia obra de Novak. Sin embargo, problemas de financiamiento llevaron a que el sello estuviera detenido por un par de años hasta que, a mediados del 2013, Novak decide iniciar una campaña en Kickstarter y conseguir fondos que llevan a su relanzamiento, el cual es posible ahora. Y este es, precisamente, uno de los primeros cuatro trabajos dentro de esta nueva fase. “Snowfall”, como es habitual, forma parte de un proyecto mayor, del cual su representación sonora es una parte más, una forma también de prolongar más allá de una galería de arte los sonidos que se esparcían por sus paredes. Y de nuevo nos encontramos frente a una espaciosa muralla de silencio que avanza lentamente hasta un estruendo de armonías contenidas, aunque en su caso la ausencia de música no es tan extrema. No es fácil describir el estado material en que se encuentran sus partículas de audio, pues pareciera que existe una tensión permanente oculta bajo un manto de mutismo. Como en sus otros trabajos, existe una linealidad, pero una linealidad que es solo aparente, pues bajo esa movilidad estática se suceden cambios imperceptibles, difíciles de apreciar. No obstante, esta obra presenta como en ninguna otra una multitud de pequeños detalles que afloran a medida que se van removiendo las capas exteriores. Las notas que parecen no serlo se cubren de minúsculas manchas blancas, polvo que ensucia la nitidez que se arrastra progresivamente, hermosas imperfecciones que van enterrando los tonos neutrales en el suelo débil. La claridad acostumbrada es ahora un lugar difuso, y las superficies ambientales ven como su estructura se contamina de fragmentos orgánicos. “Primero expuesta como una presentación audiovisual en la galería Human Resources en Los Ángeles, California, ‘Snowfall’ explora la silenciosa quietud y aislamiento a veces experimentado durante una nevada. Presentada durante seis horas, la audiencia podía entrar y salir cuando quisiera. Esto permitía al espectador una experiencia más personal con esta pieza a través de la dispersión del público”. Desde ese espacio reducido se pueden percibir las imágenes y los sonidos creados desde la separación, y cómo a partir de ese estado se pueden percibir las diversas incrustaciones que desde el paisaje de un frío desértico se adhieren a la sonoridad lumínica.‘Snowfall’ es presentado como una composición de una hora. Esta versión además es compuesta para funcionar y ser reproducida en repetición para una experiencia más envolvente y para lograr que el oyente tenga la misma libertad que en la presentación original”. Seis horas inmersos en el confinamiento que ahora son solo sesenta minutos, una hora que se sucede de forma imperceptible. Tras la inmovilidad se refugian las delgadas láminas, como finas películas de plástico revestidas de manchas de tinta. La fotografía que ilustra la portada de este CD es un reflejo de cómo es esta extensa pieza, puntos irregulares dispuestos aleatoriamente sobre un fondo negro, donde los tintes no asumen del todo una determinada forma ni luz. Esa imagen se traspasa al sonido invisible que parcialmente comienza a generar un tímido murmullo, un plano extendido que se va desgastando a medida que avanzan los minutos. Una capa de electricidad tenue permanece durante un período largo, esa electrónica tan propia de Novak que parece más fibras de luz que tiende una red de energía brillante inapreciable. Esa red sufre distintas variaciones de intensidad durante el tiempo por el que se prolonga este trabajo, como diferentes tonalidades de un mismo color, una paleta expresada en hertz cuya altura se mueve en patrones reducidos. El aire y su vibración leve se traslada paulatinamente mientras esos detalles que también son visibles se filtran a esta horizontalidad, hielo delicado inmiscuyéndose en medio del tejido con forma de electrónica translúcida. Lo externo sobrepasa al núcleo irreductible, núcleo sobrepasa a esos trozos cuando transcurre un cuarto del trayecto, quedando relegados a un segundo plano que nuevamente comienza a escurrirse por las paredes sintéticas. Primera mitad y las notas han quedado envueltas en la humedad congelada, trasladándose con la quietud de las horas aisladas. Segunda mitad y la estática luminosa es resquebrajada por ruidos que parecen recogidos en la ribera de un río que nace de una cordillera impenetrable, arena de un mar interior atravesando una melodía que en este caso más que presentarse tiende a desaparecer. Sobre esos ruidos y, en general sobre esta pieza, surgen a partir de un invierno dentro de una naturaleza inhóspita.‘Snowfall’ fue construido usando fotografías y field recordings recolectadas en una residencia artística realizada en Jentel en las afueras de Banner, Wyomming, en febrero de 2010”. La acústica deja de ser transparente y adquiere una forma táctil, aprehensible, por más que la estructura del sonido parezca imposible de atrapar de alguna manera. Las grabaciones recopiladas en el campo logran escaparse desde su lugar de origen hasta esta pieza, desplazándola a su vez a ella hasta ese terreno pedregoso pero también frágil. Las grandes extensiones de suelo rociado de agua con formas geométricas y la sensación de sentirse absorbido por la lluvia que limpia el rostro se traspasa hasta esta brisa ambiental que se pierde entre las fotografías escarchadas y el silencio ensordecedor.

El agua cristalizada que cae sobre el frío suelo y las rocas impregnadas de humedad también alcanza al sonido prístino de “Snowfall” y su panorámica invernal. Las manchas de nieve y minerales minúsculos se filtran como ruido de una enorme belleza, incrustándose como perlas blancas sobre la extensa vista neutral. La nieve dispersa y su hielos microscópicos se funden con el paisaje acústico de tonalidades granulares.

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