Hawái.


367. Too Much Sadness + Mist
marzo 1, 2015, 12:20 pm
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Chihei Hatakeyama 01

Too Much Sadness + Mist 02

CHIHEI HATAKEYAMA
»Too Much Sadness«
HITORRI. 2014
»Mist«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2015

El ruido de la niebla, el murmullo de una tormenta en invierno, melodías invisibles que transitan por el aire dejando un rastro de pequeños estruendos que tiemblan hasta convertirse en largas líneas horizontales de una música que parece no acabar, una misteriosa e inextinguible belleza audible. La obra del japonés Chihei Hatakeyama fluye con un ritmo incansable, con una enorme intensidad debajo de esa letanía que se percibe al exterior de sus composiciones. Primero fueron otras plataformas las que albergaron sus trabajos, sellos como Kranky, Boid, Hibernate, Room40, Home Normal, Own o Soundscaping. Sin embargo, fue con la creación de su propia editorial, White Paddy Mountain, con la cual ha podido desarrollar de manera aún más libre su obra, entregando de manera regular trabajos donde explora el sonido que se expande de forma ilimitada en el espacio. Aunque, igualmente, queda espacio para otros labels que incluyen su nombre dentro de su catálogo, lo que aumenta todavía más su desarrollo artístico. Y sobre él ya hemos podido alcanzar a cubrir parte de su extensa creación, en particular el pasado año, cuando comenzamos a tener una relación más fluida con esa su empresa. Primero “Alone By The Sea” (White Paddy Mountain, 2013) [320], luego “It Is, It Isn’t” (White Paddy Mountain, 2014) [327], junto a Hakobune y, finalmente, “Winter Storm” (White Paddy Mountain, 2014) [341], “muestras de la inagotable fuente de sonidos que emanan de la mente del artista japonés, como también un reflejo de esa idea de perpetuar una melodía a punto inalcanzable mientras la vida se escurre como líquido inaprensible… “Winter Storm” son cuatro piezas que suman todas setenta minutos, más de una hora de un viaje sobre la tranquilidad y los climas que se adhieren a la piel. Y tal como en ocasiones previas, las composiciones se crean a partir de una fuente de recursos limitada que funcionan como una excusa para simplemente dejar que el ruido, una simple anotación musical casi al margen, se desarrolle desde un punto ínfimo hasta su esplendor máximo. Obviamente que esos recursos determinan la forma en que la composición es presentada, pero el proceso igualmente funciona en forma inversa. Las ideas determinan las herramientas precisas para capturar la esencia de una imagen y un sonido visual, las manos escogen los objetos para crear y explorar los tintes difusos de la mente que adquieren el color de las cuerdas y las pulsaciones pensadas teniendo en cuenta esos paisajes audiovisuales imaginados… Mientras la vida se evapora, el tiempo se desvanece y cada instante parece más y más breve, momentos fugaces dentro de extensas planicies de horas agotadas. Cada vez más todo se vuelve nada. Entretanto que eso sucede, podemos abandonarnos a este ruido de belleza análoga y olas de notas níveas”. Ahora nuevamente podemos sumergirnos en los prolongados planos creados por Chihei, planos publicados entre finales del año anterior y comienzos del reciente, a través de dos marcas diferentes, la suya propia y otra igualmente con sede en Japón. Y las notas vuelven a propagarse junto con la estela misteriosa que sigue su rastro.

“Inspired from such beauty of fog like phenomena which reflects the thin light to fine mist”. El más reciente de sus trabajos, hasta ahora, es una colección de canciones donde partes de sonidos de dimensiones relativamente breves se extienden en piezas de paisajismo ambiental, aunque con una duración no tan amplia como en obras anteriores. Sin embargo, y pese a eso. de todas maneras una vez dentro de ellas el tiempo parece tener una existencia mayor. Y el cuerpo se extravía en la inmensidad de su ruido acústico. “‘Mist’ está inspirado por tal belleza de la niebla como fenómeno el cual refleja la delgada luz en la fina llovizna. Superpuesto sobre el drone de capas, llantos de pájaros de Hawaii Oahu, ondas de sonido de la costa de Bellingham y el sonido de la lluvia de Takao-san en Hachioji, todos han sido usados en estas canciones. “Nangoku” ha sido publicado como una instalación en Super Deluxe en diciembre de 2014 por 24chPA system. Este álbum fue producido por solicitud de la marca MIKU FUKAMITSU, la cual fabrica accesorios con colores y materiales naturales”. Este nuevo álbum de Hatakeyama se compone de seis piezas las cuales navegan por ese murmullo prolongado que suele ser característico del músico japonés. Ecos que amplían la mirada hasta evaporarse en una despedida infinita, armonías que tienden a desvanecerse en el horizonte como un mar que no posee bordes, un océano de notas inacabables. Como es habitual, la melodía queda en un lugar lejano, una combinación de puntos dentro del esquema de la composición que se puede intuir desde esa posición lejana a la que queda relegada, tras la neblina de sonidos difuminados. No obstante, su presencia es esencial dentro de la estructura de estas piezas, una presencia misteriosa que acompaña y sirve de faro en medio de la densa bruma que envuelve esta hermosa música. Y esa bruma no es solo una metáfora, es real. Además de los sonidos generados de manera artificial conviven una serie de grabaciones recogidas desde dentro de la naturaleza, field recordings que cubren de humedad estos sonidos empapados. Algo que parece tener una forma defectuosa comienza a reproducirse en la atmósfera, y lo que son segundos luego se convierten en minutos, y lo fugaz es duradero. Repetición incansable de una pequeña estructura que se extiende detrás de un manto de suciedad, esa imperfección producto del tiempo que acá suena a gloria. Y esos tres puntos reiterados son ahora el suelo sobre el cual se sostienen otras melodías nebulosas, las que finalmente se apagan con el canto de la vegetación y los pájaros. “Spherulite”, los diez minutos que nos introducen a “Mist”. “Lone Wolf In A Heavy Snow” vuelve a la realidad creada dentro del estudio de Chihei Hatakeyama, otra vez con esas armonías balanceándose dentro de unas líneas gruesas y difusas, imágenes de la fauna salvaje a través de un lente que confunde los contornos, quedando solo fotografías de una silueta distante. La naturaleza emerge de nuevo con su multiplicidad de formas y colores, la que ahora ella se disuelve en las notas extensas. “Glitter” otra enorme obra breve, al igual que “A Silver Fence To Prevence The Entrance Of Horses” y sus cuerdas que se tornan un flujo de luz. El agua que fluye cuando esta ya desciende a su final es la misma que es lluvia y que brota desde el cielo en “Here And Saphire Day”, maravillosos sonidos recogidos –“field recordings by Chihei Hatakeyama, Oshiro Makoto and Corey Fuller”– que bruscamente se detienen para que su espacio lo ocupe de manera total las sutiles armonías creadas por Chihei. “Nangoku” despide este trabajo donde conviven formas diferentes plegadas en un mismo plano de varias capas: aves y notas sintéticas, rastros sobre el suelo húmedo y armonías borrosas, árboles que se mecen y polvo sobre una superficie de audio indefinido, y todas ellas se encuentran dentro de este registro final como en todo este álbum. La fotografía de Masamitsu Magome ilustra de manera precisa las formas que se despliegan en este disco, ese tono verde unido al amarillo desteñido que se condunde con el celeste que ya es gris. Una niebla de sonidos, notas humedecidas. “Mist”, una hermosa bruma acústica.

“Just as day-to-day memories grow dim, my awareness of “self” gradually fades when I’m playing music. At times I fall into a sort of illusion that my “self” exists in the sound”. Publicado en noviembre pasado, al final del 2014, este otro trabajo de Chihei Hatakeyama nos llegó justo cuando la temporada anterior y lo que fue su resumen habían culminado. Y ahí quedó, un par de meses enterrado bajo un velo de incertidumbre, una incógnita que crecía mientras el verano se trasladaba con sus olas de calor sobre el suelo drenado. El viernes 11 de marzo de 2011, a las 14:26 horas. se produjo un gran terremoto, conocido como el Gran Terremoto de Japón Oriental, con una magnitud de 9,0 MW, creando olas de maremoto de hasta 40,5 metros. Este movimiento de placas en el Pacífico, y su explosión en medio del mar, generó un enorme daño no solo geográfico, como hundimiento del suelo, el desplazamiento de una isla en más de dos metros, alterar el eje terrestre en 10 centímetros y disminuir la duración de los días en 1,8 microsegundos. Además trajo consigo destrucción material y, más importante, una destrucción humana: más de 15,000 muertos, 3,300 desaparecidos y casi 6 mil heridos. Efectivamente, después de ello solo queda demasiada tristeza. “Too Much Sadness” surge precisamente a raíz de esa enorme tragedia, al poco tiempo después que esta ocurrió, cuando los daños aún eran visibles. Probablemente todavía lo sean. Este álbum se registró entre marzo y abril de ese año, posteriormente mezclado y masterizado por él mismo entre el 2011 y 2014. Un proceso de refinación lento que llevó a tener como resultado las tres piezas que conforman este trabajo, donde el sonido pierde su integridad, donde el deterioro del suelo se refleja en esta música surgida desde la materialidad desgastada. Una impresionante y embriagadora obra del artista japonés que transmite la tristeza posterior al movimiento tectónico a estos desarrollos cabizbajos y a sus notas abatidas, las que se extraen de otro disco olvidado, oculto entre los muebles. “Justo cuando mis recuerdos cotidianos se van apagando, la conciencia del “yo” gradualmente se desvanece mientras estoy tocando música. Por momentos caigo en una especie de ilusión de que mi “yo” existe en el sonido. Los tracks en este álbum sucedieron en ese estado. ‘Too Much Sadness’ fue grabado justo después del terremoto de marzo 11. La planta nuclear de Fukushima estaba realmente explotando, y yo me sentía sin esperanza. En un impulso, traté de alcanzar un cierto disco. En momentos como este actúo rápidamente. El mes siguiente estaba creando samples, colocándolos en mi computador y comenzando a tocar. Había comprado ese disco unos diez años atrás y estaba cubierto de polvo, de modo que crujía con la estática. Pero la combinación de estática y el ruido grabado originalmente era exquisita. Me ocurrió que el sonido del polvo podría de hecho ser una forma sonora del tiempo. El álbum entero podría estar cubierto de sombras, pero mientras tocaba pensaba que donde existe sombra siempre existe luz”. A partir de un disco lleno de polvo Chihei arranca los elementos con los cuales elabora estos tracks, una música de segunda mano que se va consumiendo lentamente, una extinción pausada de pequeños trozos entrelazados que van configurando de manera casi artesanal este trabajo. Estática y polvo, manchas de suciedad que se filtran por los surcos, en medio de los canales de materia oscura. Y entre esos espacios, emergen las melodías deterioradas, sumadas a las otras texturas que permanecen en ese mismo estado. “Too Much Sadness” se muestra como una impecable obra, con su belleza triste que brota de los escombros, con las notas agotadas y su ruido espectral que se esparce sobre el suelo, derramando su energía crepuscular sobre un terreno quebrado. Las partículas ínfimas se oyen junto al resto de sonidos, y son una parte esencial del mismo. Y esas notas tiemblan, se estremecen, desplazándose de manera errática, aunque dentro de una cierta línea irregular que se extiende a través de la superficie escarpada. Y las notas vuelven una y otra vez, cansadas ya, dentro de un círculo imperfecto a repetir el ciclo mientras el contacto con la realidad las desgasta en su avance hacia el vacío. “Too Much Sadness”, casi veinte minutos de armonías que poseen un romanticismo afligido, como un cuadro con ojos agotados y la pintura y los colores marchitos, iluminado por un sol tardío, cubierto por una luz nocturna. “In My Mind” son apenas cuatro minutos, sin embargo la intensidad emotiva permanece fluyendo entre el murmullo, acordes insertos en las moléculas minúsculas de ruido. “When I Discovered Sounds” extiende su vida por sobre los diecisiete minutos, un eco de notas que brillan en la oscuridad con una luminosidad opaca, mientras trozos de una música agotada se incrustan en su sistema de fragmentos en repetición. Una música fragmentada dejando marcas, como arena acústica que se desprende lentamente de su figura, como chispas fugaces que brotan de su fuego, desapareciendo en el anochecer de su sonido débil. “The entire album may be covered in shadow, but as I played I was thinking where there’s shadow, there’s always light”. Tras los restos lanzados con violencia sobre el suelo modificado, detrás de la fuerza incontenible de las placas subterráneas, emergen acordes recogidos que se materializan en armonías de gran tristeza. Sin embargo, luego de eso, en medio de la oscuridad, se puede vislumbrar un destello de esperanza, o una ilusión al menos, cubierta de estos loops de ruido ambiental mustio, de estas hermosas melodías de acústica extenuada.

www.ftarri.com/hitorri, www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.chihei.org

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