Hawái.


357. Prelude To The Sea
diciembre 1, 2014, 2:10 pm
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Prelude To The Sea

LEMONPUFFS
»Prelude To The Sea«
2014

“Years were lost on the sea”. Los años se perdieron en el mar. La pérdida de las grandes planicies de agua puede provocar un enorme deseo de volver a ellas. La imagen recurrente de su tranquilidad transparente se vuelve casi una obsesión, una idea que permanece en la mente, imposible de ser apartada, una realidad que se convierte en una ilusión constante. Supongo que eso es algo normal, al menos eso espero. Últimamente no dejo de retornar a él con el simple deseo de poder observar su quietud azul, de poder perderme aunque sea por unos segundos en su enorme horizontalidad azul, de tan solo mirar los múltiples pliegues que generan sus marejadas diminutas y contemplar las infinitas tonalidades de color añil. Y también con la intención de capturar parte de su grandiosidad inalterable para recordar con posterioridad lo que antes era tan habitual. Desde la lejanía de una de las islas asiáticas ubicada muy cerca de la línea del Ecuador y en el meridiano 103 este llegan sonidos que también miran hacia el mar, canciones que recuerdan las cristalinas superficies que rodean la caótica realidad. Desde Singapur surge un proyecto que lanza las primeras ideas envueltas en ruido ambiental y nudos de electricidad delicada. De Lemonpuffs solo se conoce quienes son y algunas hermosas imágenes, expuestas en un igualmente hermoso sitio con información escasa. De algún lugar de los que circulan por la red global se puede que Lemonpuffs es un grupo de cinco cineastas quienes decidieron aventurarse en el mundo de la creación musical después de descubrir un interés mutuo en ciertas artes como libros, cine y música. Se sabe además que se conocieron por primera vez en St. John’s Island como parte del equipo de producción de un film local, ‘As You Were’. Sus actividades creativas los llevaron a otra aventura fílmica para ‘Fundamentally Happy’, cuando la banda estaba inevitablemente formada y nombrada por un decorado de galletas de limón de milhojas. Ellos tienen un acercamiento orgánico para escribir originales canciones y han adoptado un estilo que sintetiza sus variadas influencias musicales. Eso es todo. Nada más. Casi no hay pasado del que se pueda saber mucho. Solo presente.

Una vez más, ante la ignorancia solo queda dejarse llevar por las olas de sonido y por las notas que reconfortan con la suavidad de una brisa fresca en días de calor y avenidas desiertas. Aquellos cinco cineastas, luego amigos, luego creadores de canciones, son Vivien Koh, Jingliang Tan, Jerome Chee, Lin Weidong y Looi Wan Ping. Y las piezas que surgieron desde imágenes traducidas a partituras etéreas es esta primera obra, presentada impecablemente en color turquesa. “Prelude To The Sea”, publicado nada más que por ellos mismos es un CD dentro de un sobre de cartón a modo de libro que en su interior contiene fotografías en blanco y negro que ilustran las canciones que vienen dentro del plástico con los archivos de ruido. Un precioso diseño de Parabole (Karen Wai + Jean Paolo Ty) en un exquisito aroma, el aroma del papel. “Prelude To The Sea” son apenas seis partes que atraviesan por diversos estados aunque conservan una misma sonoridad, un clima uniforme en que se desarrollan estas piezas de ritmo contemplativo, como atardeceres que nunca se van o amaneceres que nunca se convierten en mañana. La luz tenue de un sol que recién despierta ilumina estos recorridos por acordes sencillos adornados con sobriedad, a veces permitiendo que las palabras entren en sus delicadas espirales. En este trabajo no parecen haber grandes ambiciones, más que simplemente reflejar en sonidos una vista de las grandes extensiones a través de guitarras que miran el suelo y armonías que observan el cielo. Unas delicadas cuerdas dibujan acordes que se difuminan en el aire, perdidos en la corriente de aire cálido, imaginando el sopor de una jornada que derrite el ánimo. Y detrás un ritmo pausado que viene y desaparece mientras las ondas de electricidad permanecen desfigurándose como si el sol desafinara su figura, creando una atmósfera aletargada. La sencillez instrumental de “Parable I” actúa como preámbulo para este preludio de las costas infinitas, sencillez eléctrica de un brillo ligero. Lo vaporoso del comienzo se vuelve apenas un soplo a medida que los segundos corren sin prisa, a medida que la música se asienta con su peso ingrávido. Cuando el arco de la última estrofa anterior se dobla aparece otro arpegio en medio del silencio, en mitad de un murmullo apenas visible. Y tras ellos la voz de Vivien. “Your face was glowing in the light of the water’s reflection”. Una delicada voz que se balancea con suavidad entre las ramas que se trenzan de manera sobria, aún en los momentos que la estridencia intenta arrancar de la tranquilidad. “By The Lake”, una pieza donde se pasa de la casi inmovilidad a una cierta movilidad sin que se note la diferencia, solo un golpe que separa las distancias cercanas, al tiempo que las frases se esparcen en el suelo de astros rotos, una hermosa canción que se retira a los pocos minutos entre perlas diminutas. “Akureyri” es un retorno a las formas del inicio, añadiendo un poema sobre el remolino de guitarras y sonidos. “The sea is frozed over and the memories were encapsulated. An invisible wave overcame, a reminder of what had existed before”. Cuerdas destempladas que viajan alrededor de palabras recitadas, frases habladas en una escena fija que gira por el desplazamiento de los dedos sobre el mástil y el eco que sigue dejando rastros tras suyo. “Crystalized pieces of me”. Trozos de vidrio, prismas que brillarán de una forma distinta, con la claridad de la mañana, con el fulgor vespertino. Fragmentos de electrónica a punto de ser imperceptible se filtran por la acústica natural, manos desnudas deslizándose por el nylon que imaginan esta pieza de folk de una pureza inconmensurable, la tersa textura de las cuerdas. “Drifting as a silhouette”. Los versos suenan maravillosamente tiernos en los labios de Vivien, una bella fragilidad que se desprende de “Lighthouse”. La fragilidad continúa, expresada de formas diversas aunque similares. “Golden Hour”, notas que emiten un brillo leve que parece flotar, de nuevo con esa voz que vuelve todo ligero. “Stay with me”. Después solo quedarán sonidos vacíos de palabras, el piano que acapara la atención de manera tímida, cubierto de un manto de pequeños ruidos naturales y restos de música esparcida en el terreno débil. La solemnidad de “Prelude II” hace que todo caiga al suelo de un modo grácil.

“Years were lost on the sea, when with a simple goodbye, the words she uttered, so foreign, cold to me blew across the warmth, welcoming a cloud of mist that took a while to clear”. Una nube de niebla que queda detrás del brillo solar el cual atraviesa las corrientes marinas hasta iluminar las costas. Debajo de su simpleza, se oculta un hermoso sonido que fluye con naturalidad. Canciones simples con adornos discretos, una calma general y una ligera estridencia que nunca llega a enturbiar la temperatura de estas piezas desarrolladas por estos cinco creadores de imágenes y sonidos de nombre Lemonpuffs. “Prelude To The Sea”, un preludio al mar, el ruido del mar que recuerda los océanos perdidos y su interminable planicie de olas y texturas transparentes.

www.thelemonpuffs.com

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