Hawái.


322. Flame
junio 1, 2014, 2:20 pm
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Erik K Skodvin ©Monique Recknagel

Flame

ERIK K SKODVIN
»Flame«
SONIC PIECES. 2014

“Awash in its own destructive concept of light”. Inundado por las sombras cuyas dimensiones exceden al espacio que su antítesis ocupa. Es extraña la fascinación que la oscuridad provoca, un atractivo misterioso que hace preguntarse qué hay detrás de aquella presencia de tonalidades opacas. Quizás sea la incertidumbre de lo que no es conocido, la duda de lo que apenas es visible, el miedo a una presencia invisible que puede volverse una materialidad absorbente. La intriga del lado opuesto al resplandor permanece como algo cautivante, una belleza indescriptible que asola los pensamientos escondidos. Existen y han existido diversas formas fe aproximarse a ella, desde las más explícitas a las más sutiles, generando una estética de lo oscuro que es todavía más fascinante. Las expresiones del arte hacia ella crean un interés inusitado, y las diversas gradaciones del color negro son una forma de creación en si misma. “Inundado en su propio concepto destructivo de luz”. La luz siempre ha estado presente en la obra de Erik Knive Skodvin, o más bien la ausencia de la misma. Utilizando mayormente el nombre de Svarte Greiner, sus obras para Type, Digitalis, SMTG Limited, Experimedia o Miasmah, su propio sello, han teñido de negro profundo una música elaborada desde las sombras, armada desde sonidos que hieren dejando cicatrices que, de la misma manera, provocan una extraña atracción. Tal vez sea a causa de la variedad de tonos, a veces más manifiesto, otras más ambiguo. Esto se extiende a trabajos como “Knive” (Type, 2006), “Penpals Forever” (Digitalis, 2008), “Kappe” (Type, 2009) o “Black Tie” (Miasmah, 2013) [251], así como a su.empresa particular Miasmah o a Deaf Center, su proyecto con Otto Andreas Totland. Solo en dos ocasiones ha utilizado su nombre de nacimiento, ambos para Sonic Pieces, ambos formando un díptico que indaga en las raíces de la música americana.

“Erik K Skodvin finaliza con ‘Flame’ su par de álbumes inspirados por una Americana nocturna, el continuador de ‘Flare’ de 2010. Los rescoldos de ‘Flare’ arden pacientemente, buscando para encender la rama viva que se convertirá en la ‘Flame’. Dentro de unos minutos, todo en tu entorno cambia, todo lo que pensaste sería, no es”. La inspiración inicial queda reducida a las cenizas de un cadáver que logra mover su cuerpo dando latigazos como un muerto viviente. Lo que fue, y sigue siendo, ese maravilloso trabajo, “Flare” (Sonic Pieces, 2010), tiene acá su esperada continuación. Pasaron cuatro años para desempolvar su identidad verdadera y enfrentarse nuevamente a composiciones breves que utilizan múltiples recursos esparcidos como desechos en el suelo petrificado. No está demás señalar que, como aquel, esta reciente obra del músico noruego es presentada impecablemente. Diseño de Torsten Posselt (FELD) –precisa elección de los colores y el tipo–, imagen del mismo Erik y cubierta de tela hecha a mano por Monique Recknagel. Grabado en diversos estudios en Berlín entre el 2012 y el 2013, “Flame” contiene nueve piezas que en total apenas pasan la media hora, suficiente para asentar una atmósfera de sonidos en decoloración. “Erik K Skodvin es un amo de envolver al oyente en un mundo que es tanto monumental como misterioso. ‘Flame’ así lo hace sutilmente remendando influencias musicales de todas partes del mapa, centrado alrededor de un montón de instrumentación”. Con una sonoridad que permite acariciar sus formas con la mano como si fuese aún más real –en esto repite la habilidad con las cintas de Nils Frahm y su artesanía en la masterización en su estudio Durton–, el golpe efímero de este disco se construye de trozos desperdigados: solo a ratos las notas se extienden, mientras que el resto serán esbozos a medio terminar que parecen recoger melodías inacabadas. “Passing sun. Days and nights. Reflecting beams. Melting strings. Silence and screams. Reverberating cans. Street corners in dusk”. La belleza inmaculada del piano introduce los ambientes que pronto se irán destiñendo, dibujando una estructura sincopada que comienza a quedar oculta detrás de los ritmos quebrados de la percusión: el estruendo contenido del metal juega al límite, sugiriendo esas atmósferas nocturnas de la América Profunda, un país debajo de otro país, en las cavidades impenetrables de la sociedad moderna. Ritmo y precisión rota, el piano y los hilos de acero sobre minerales delgados, notas que insinúan interrogantes no resueltas. “Shining, Burning”, canción que comienza pero que no parece terminar. El último golpe desaparece. Silencio. Nada. Una aparición, un acorde que nace de una reverberación. Es Erik K Skodvin –“instruments, sounds & objects”– que multiplica sus extremidades para acariciar los elementos de sus composiciones, cada uno de ellos. Y es también Anne Müller (cello) y Mika Posen (violín) quienes contribuyen a aumentar la gama de sonidos, añadiendo cuerdas sobre el metal. “Moving Mistake” persiste en la destrucción de un jazz nocturno. Una intensidad comprimida que tiene desahogo en “Reflecting”, solo en la superficie. De forma más subliminal, esta pieza descansa su oscuridad en espacios sin llenar: las notas quedan más distanciadas una de la otra, quedando los surcos intermedios sujetos a otro tipo de intensidad, una tensión sombría, con un aliento que emerge desde ese vacío, el soplo siempre sugerente de Gareth Davis (clarinete). “Flames”, el aullido de un blues austero, un minuto, un solo de cuerdas eléctricas que conducen otra vez a ningún lugar. Parte de su eco queda como una repetición acompañada de patrones rústicos. “Red Box Curves”, música americana primitiva. “Burned out memory. Hidden bars. Silver smoke. Rural insanity. Blues”. “Corrin Den”, folk fantasmal de pocos acordes y ruidos subterráneos. “Black & Bronze”, otro fascinante acercamiento a una música rural desde el misterio y armonías susurradas: el ritmo quebrado e impredecible, las cuerdas que parecen desvanecerse y un viento que evoca un frío misterio. la senda hacia un territorio olvidado continúa a través de “Cypress Reverb”, el rastro más prolongado de todos, donde confluyen los sonidos desplegados en cada instante de este trabajo con mayor calma, dejando que estos se acumulen lentamente, pasando por diversas etapas hasta descender en un pozo sin fondo, una senda sin retorno. Música clásica destemplada, electrónica análoga y murmullos que insinúan una lírica silenciosa, la recreación de un paisaje desértico y polvoriento. “Cypress Reverb” aparenta ser un epílogo que no es, pero que está pronto a arribar. “Drowning, Whistling” despoja laals rítmicas enrevesadas para quedarse con la opacidad y las imágenes vagas de una escena extraviada en la mitad de la noche nebulosa. Las notas están marcadas nada más que por la distorsión de un metal oxidado transitando por el pentagrama. De nuevo, el silencio.

“Windy yards. Shade. Rapture. Backyard star. Horse tales. Mirrors and confusion. Blue painted leaves. Unknown places. New shirt in paradise”. Historias sin voz de una tierra oculta en la misma historia. “Flame” es América vista a través de los ojos de una Europa nocturna. Erik K Skodvin crea un paisaje oscurecido de timbres resquebrajados y ruido velado que traduce ambientes de luz sombría en notas que escapan del resplandor hacia su reverso opaco.

www.sonicpieces.com, www.miasmah.com/eks

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