Hawái.


317. Reminiscences
junio 1, 2014, 12:00 pm
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Reminiscences

ANNE CHRIS BAKKER
»Reminiscences«
DRONARIVM. 2014

Recuerdo de cosas o momentos que parecen haber quedado casi olvidados. La memoria inconstante elimina pasajes de nuestra vida, queriendo ocultar el pasado, intentando borrar la historia muchas veces triste que nubla los días. No obstante, de una forma misteriosa algo enciende una imagen que hace que los cuadros se muevan hasta lograr que la emoción enterrada vuelva a salir a la luz, entre las nubes, como un rayo de sol estrecho pero radiante. Recuerdo, entonces siento. “Después de tocar por algunos años en una banda slowcore decidí que era tiempo de moverme hacia algo diferente. La música comenzó orientada al post-rock y slowcore pero lentamente evolucionó hacia una música más abstracta y minimalista. En búsqueda de posibilidades de la guitarra comencé a tocarla con un arco de violín más y más a menudo. Después de pasar dos años experimentando con sonidos, comencé a colaborar con el guitarrista experimental Romke Kleefstra y el poeta Jan Kleefstrra. Esta colaboración resultó en unas cuantas presentaciones y en un disco llamado ‘Wink’ el cual fue lanzado en 2009 por Apollolaan Recordings”. Parte de la biografía del músico holandés Anne Chris Bakker que, a partir de ese trabajo, “Wink”, comenzaría a desarrollarse hasta desembocar en su obra particular. Con posterioridad vendría su participación en “Mort aux vaches” (Mort Aux Vaches, 2011) [157], el disco de Peter Broderick y Machinefabriek. Luego aparecerían el cassette “Live March 2012” (Northern Twilights, 2012) y el LP “Griis” (Low Point, 2012) [219], ambos acreditados a Kleefstra | Bakker | Kleefstra. “En 2010 decidí hacer algo completamente por mi cuenta”. Fruto de esa inquietud es que resultan “Weerzien” (Somehow Recordings, 2012) y “Tussenlicht” (Somehow Recordings, 2013), un proceso que culmina, de momento, en este reciente álbum para Dronarivm, el label de Dmitry Taldykin con sede en Moscú.

El que podría considerarse en cierta forma el primer álbum largo de Anne Chris Bakker, luego de muchas relaciones colaborativas, es un punto aparte en su avance a través de los sonidos en cambio permanente. “Reminiscences” nace en la soledad, fuera de la cercanía con el resto de las personas, acompañado más que de las imágenes personales. De igual modo, las sensaciones que produce escuchar son las mismas de contemplar un paisaje desolado, una planicie cubierta por el frío y cruzada por vientos helados que vienen desde la costa borrascosa. Aislamiento escoltado por notas evocadoras y espaciadas: entre cada punto y cada variación en la partitura suceden espacios sin rellenar, una cuenca despoblada que sirve para que circulen las corrientes de aire cristalizado. Reminiscences’ existió sin un plan detallado. Esto es más el resultado de una interpretación y grabación espontánea durante un período de 5 meses usando guitarra, pedales y un arco de violín. Al tiempo que tocaba muchas imágenes llegaron a mi mente, bastante similar al estado de ánimo de duermevela donde las imágenes y situaciones fluyen y se atan de un modo no estructurado. Mientras tocaba y escuchaba al material esto me abrió un mapa de memorias perdidas. Así es como recuerdo. Reminiscencias”. Tres cuartos de hora y seis piezas de duración desigual, entre la prolongación mayor y un suspiro transitorio. Música contemporánea y silencios que ocupan un lugar junto al ruido de fondo, unas composiciones donde importa tanto las estructuras sonoras más comunes como aquello que las envuelve, formando un entramado delicado de materialidad inasible, la impresión de oír algo que no se puede aprehender. Las cuerdas de la guitarra generan un lamento cortante, un sollozo triste que pronto deriva en esa sensación indeterminada. Hay apuntes sobre el mástil, pero resultan reducidos a cenizas que se esparcen en el terreno recostado. De su presencia real queda solo una resonancia irreal, solo la idea de un sonido desparramado en la tierra que se ve lejano, a kilómetros de donde surgieron sus ondas. Los casi once minutos de “Between The Garden And The Lake” crean ese estado mental incierto, y los siguientes dieciséis minutos igualmente permanecerán en una vigilia callada. “I Thought My Heart Was Calm”, voz emitiendo sonidos más que palabras, grabaciones de campo y cuerdas eléctricas trazando vistas crepusculares a punto de estallar: una intensidad latente sujeta a unos brazos que contienen su fuerza directa, dejando que el volumen se exprese de otro modo, más sutil. Hay en ella diversas etapas, todas comprimidas en explosiones sin culminar. Luego de esos episodios amplios, la inmaculada brevedad de “Paths (For Robert)”, pieza inaugural ya estrenada en “15 Shades Of White” (Dronarivm, 2013) [306], que anteriormente comentamos, “una forma inmejorable de comenzar los tonos sobre el color ausente, una hermosa y diminuta obra de Anne Chris Bakker”. Ciento sesenta segundos de un piano y el vacío intermedio, de texturas táctiles y acordes aquietados, la belleza contenida en líneas de una partitura distanciada. Las formas dúctiles continúan bajo la superficie para el clasicismo minimalista de “Norge Svømmer” y las cuerdas que se repiten su efecto de manera incansable, hasta desgastarse por el transcurso de los minutos. “This Garden” es otro interludio de hermosas notas al piano entre el cantar de las aves, entreacto de necesaria tranquilidad y calor ante el hielo estepario. Las hechuras ambientales con terminaciones sin determinar nuevamente crean ese estado de duda, de no percibir estructuras ni figuras ciertas, sino solo saber que se está ya dentro de la canción, habitando en el frío y la neblina de murmullos que tienen como única ancla notas de piano enterradas en un lago de ruido abrasivo, a su vez tapado con una capa de tonalidades mínimas. Serán de nuevo las aves las que recuerden que esto es real.

Mientras tocaba y escuchaba el material este me abrió un mapa de memorias perdidas. Así es como recuerdo”. El proceder de los sonidos genera esa sensación de no saber bien cómo acontecen las horas. Están las armonías, están los acordes, pero lo que queda adherido a la piel son más bien impresiones vagas de melodías. “Reminiscences”, la obra de Anne Chris Bakker, tal como su fotografía –capturada por el mismo y por Luis Alejandro Bernal Romero–, son manchas borrosas de ruido a partir de un paisaje congelado, una sensación de recuerdo debilitado.

www.dronarivm.com, www.annechrisbakker.blogspot.nl

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