Hawái.


316. Light In August
mayo 1, 2014, 12:20 pm
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Danny Norbury ©Ryo Mitamura

Light In August

DANNY NORBURY
»Light In August«
FLAU. 2014

En este hemisferio del mundo, la luz que asoma en invierno suele ser tenue y escasa. Su calor no alcanza a abrigar los días de frío y aislamiento, su brillo no es más que una presencia que imprime color desvanecido sobre las paredes desgastadas y resplandor débil en las delgadas películas de la vegetación humedecida. Muchos de los recuerdos, ahora muy encima de la piel, mi piel, son de tardes nubladas donde escasamente un rayo se escapa de los mares condensados en el cielo, mientras las tardes se convertían en oscuridad. Tal vez sea solo que la memoria y su tamaño variable elije ciertos y específicos momentos, como una decisión estética involuntaria al interior de uno mismo. El caso es que en el lado opuesto de la tierra las sensaciones deben ser justo las contrarias. Sin embargo, las asociaciones se dirigen hacia las estaciones que crean paisajes emotivos en el sur del ecuador. Las notas delicadamente desplegadas por el artista Danny Norbury contribuyen a que la atmósfera que rodea el sonido tenga un carácter especialmente evocador. Sucede en su obra, relativamente escasa, como en aquellos otros cuadros donde sus lienzos acompañan otras notas. Danny, quien vive y trabaja en Manchester,además de colaborar con gente como Rafael Anton Irisarri, Nancy Elizabeth, Field Roration o Being, es parte integral de varios proyectos, como Black Elk, junto a Clem Leek, Ian Hawgood y Tim Martin, Kinder Scout, Hawgood más Jason Corder) y Le Lendemain, David Wenngren y él. Sin embargo, muy probablemente su participación más renombrada sea con Andrew Hargreaves y Craig Tattersall, es decir, The Boats, lo que conlleva relacionarse además con todo el universo que los rodea. No obstante, ahora es momento de detenerse en parte de su creación aislada, en las composiciones albergadas desde la soledad que contempla cómo se disuelve la luz.

Estrellas, árboles, campos, noches y atardeceres, el entorno y los puntos que determinan las estaciones de un día, mientras Danny Norbury pausadamente desarrolla su obra, una música que es una añoranza permanente. Primero aparece “Dusk” (Static Caravan, 2007), un CDR de duración breve y de edición limitada y, dos años más tarde, “Light In August” (Lacie’s, 2009), publicado en el pequeño label dirigido por Alice Casey y Andrew Hargreaves (Beppu, Tape Loop Orchestra). Esa es, hasta el día de hoy, la única referencia extensa que Danny ha editado, solo acompañada de instantáneas e inclusiones esporádicas. Así recuerda Michael Holland, director de Ono, editorial responsable de dos trabajos suyos –“Jean Cocteau” (Ono, 2008) y “Noël Nouvelet” (Ono, 2009)– aquel año 2009 de su edición. “Mi amigo Danny Norbury me ha estado enviando sus canciones desde hace bastante tiempo. Un día yo estaba cerca de la casa de Alice y Andrew y decidí que ellos podrían estar emocionados de escuchar una de sus canciones. Entonces procedí a reproducir “The Evening Star” a través de mi teléfono móvil. Desde ese momento estaban ansiosos de conocerlo, y participar en la publicación de este mágico y conmovedor álbum. Es bastante sorprendente que una persona puede cometer en cinta esos momentos mágicos en el tiempo. Desde que conozco a Danny he pasado muchos días con él y su colección de música, películas y libros. Con los años he disfrutado de su maravillosa pasión por la cocina, y hemos compartido muchas botellas de vino barato en el camino. Esta música es una colección honesta, delicada y conmovedora de sus trabajos más recientes; sonidos graciosos que evocan el olor de la niebla y la madera quemada. Escribiendo esto, a miles de kilómetros de distancia en las Montañas Rocosas, con una capa de rocío asentada en mis oídos de mañana, me siento contento de que esta música sea lanzada al mundo. El tiempo pasado con Danny y sus canciones serán momentos llenos de lágrimas en sus vidas ocupadas. Un recordatorio personal para disfrutar de la luz que queda. Flujos y flujos de crescendos llorosos. La fría lluvia viene y va. Péndulo de tiempo a 33/3”. Terminando con el destierro que significaba estar ya fuera de circulación, alejado del mundo y solo atesorado por unos pocos y como un vago recuerdo, es que Yasuhiko Fukuzono restaura las cintas para darles nueva vida, de modo que la madera siga dando calor. Desde Japón y a través de Flau se publica ese trabajo añadiéndole el primer EP, más una pieza recogida desde los sonidos hechos a mano de Wist Rec., conformando una nueva edición que sabe a pasado. Con la única compañía del cello y un piano, Danny desarrolla con pausa y paciencia las piezas que irán formando esta colección de estruendos atemporales. Las cuerdas de una gran caja de madera determinan los esquemas envejecidos sobre los cuales afloran breves desviaciones de sonido surgidas entre los hilos tensados. Ciento trece segundos son suficientes para fijar el ambiente crepuscular de las estrellas por la mañana. Tan fugaz como el reflejo de un acorde en el viento, apenas y transcurre el tiempo y se desvanece la iluminación inicial del comienzo del día, cuando los astros comienzan a desaparecer. Música contemporánea que rememora épocas de hermoso clasicismo ya olvidado en las páginas de la historia dinámica. “The Morning Star” se asoma como el primero de muchos instantes donde reposa la luz débil. Apenas y culmina cuando aparece otro rastro más de remembranzas: “Small Field”, cuando las aguas agitan los bordes de un lago quieto. Un leve movimiento que igualmente parece reposar sus apuntes. El título de una de los fragmentos de esta obra inmediatamente hace que incline la memoria hacia la cortina que golpeaba al elenco, y las estrellas que se aparataban mientras se podían oír su llanto y su muerte. “All The Stars Are Out Tonight”, la intensidad de una instrumentación reducida multiplicada en las diferentes capas de matices similares. Hay muchas ocasiones donde dejarse invadir por las emociones desprendidas de este trabajo. El regreso a la calma profunda de “Love Woke Me Up”, cuando las manos con construyendo la armonía que desciende progresivamente en una escalada de belleza inmaculada, las lágrimas que florecen dentro de “Aspen Trees”. Y esto es solo la primera parte del cuadro original. “Light In August”, las imágenes de una realidad inexistente con recuerdos que aumentan de valor con los años. O “I Turn Off The Last Light And Close The Door”, justo antes, probablemente la pieza más hermosa que he escuchado en mucho tiempo, una postal consumida en las estaciones y la decoloración del paisaje, notas que se pierden en una estructura lineal. El vigor y la vehemencia de “This Night Is for You And For Me” da paso a “The Evening Star”, otro instante de contemplar la caída de la iluminación natural, una manera diferente de ver decaer la luz y descomponerse en tonos de oscuridad acogedora. “Good Night” solo estaba disponible en una edición especial, y ahora es un interludio con su primera obra. “Dusk” es reproducido completamente, sus seis trozos. De un carácter más ermitaño, de igual forma transmite esa sensación de tristeza meditada en la soledad. Desde “Speak, Memory” y el silencio cómodo a “Lullaby”, pequeña e inquietante nana que arrulla la noche con un extraño misterio. En medio de ellas, la melancolía de “From The Lookout”, las cintas desgastadas de “Hoarfrost”, “Pedal” y cajas de música adornadas con cuerdas destempladas y “1983”, una melodía cubierta con polvo y cenizas que no logran tapar la respiración que sale desde el cuerpo de Norbury y que se confunde con el rumor de la habitación. Finalmente, “Fragment 2”, una parte de su contribución a la colección ‘The Book Report Series’ de Wist Rec. a través de “Bluebeard” Wist Rec, 2012): más decaimiento que hiela la piel, como si su intención fuese que las lágrimas fluyan en forma de río caudaloso por el rostro pálido. Cada uno de estos múltiples puntos dispersos comparten una misma finalidad aunque su trama no sea siempre la misma.

“Para mí las ganas de escribir música ocurre muy rara vez, y el deseo de grabar lo que se ha escrito es más raro aún. Escuchando estas piezas ahora es como volver a leer un viejo diario –sentimientos de asombro, de tristeza, de emoción, de enamoramiento–. Una grabación es un documento y, sin duda, para mí esta música es un recuerdo de un tiempo que ha pasado. Estoy feliz de que esté recibiendo una segunda vida en Flau”. Del desgano de Danny Norbury a la hora de registrar sus creaciones individuales ya sabíamos. Pero los sentimientos que antes estaban casi olvidados ahora son recuperados gracias a esta nueva edición ampliada que restaura estas piezas que estremecen como si fuese ayer, un día que también fue pasado. Las estrellas han salido esta noche, la única luz que ilumina las estaciones decoloradas por el ruido del tiempo.

www.flau.jp

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