Hawái.


298. Harmony From The Past + Pinô
febrero 1, 2014, 12:20 pm
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Pinô + Harmony From The Past 04

OTTO A TOTLAND / ERIK K SKODVIN
»Harmony From The Past« (2012)
OTTO A TOTLAND
»Pinô« (2014)
SONIC PIECES

Justo en el momento en que el sol tiene una mayor proximidad con este lado de la Tierra, justo cuando las horas de luz en el día parecen excesivas, es que las yemas de los dedos de un hombre que vino desde el norte se despliegan sobre las teclas, extendiendo su suave impulso hasta las cuerdas y toda la materialidad de un mueble que emite sonidos tersos. Si bien hace más de un mes que estas piezas están junto a mi, no había querido sino hasta hoy abrir las armonías que ellas encierran. Solo al pasar miraba como la tranquilidad se iba generando alrededor de estos instantes de sobrecogedora introspección, como queriendo reservar el momento para cuando el calor se convierte en agonía y no en abrigo. No obstante ser este el primer trabajo del músico escandinavo, su arte ya nos era, en cierta manera, familiar. Otto A Totland ha formado parte de dos entidades auditivas que son ampliamente conocidas, particularmente una de ellas, dentro de ciertos círculos donde las texturas opacas cubren de oscuridad unas notas que parecen gritos en mitad de una noche cubierta de neblina. Junto a Erik K Skodvin forma Deaf Center, quienes desde “Neon City” (Type, 2004) vienen creando atmósferas densas y espesas, pasando por “Pale Ravine” (Type, 2005), su primera obra extensa, y terminando, hasta ahora, en “Owl Splinters” (Type, 2011). El sonido que ambos crean, muy incrustado dentro de los márgenes de Type, parece una aproximación en cámara lenta a un ruido metálico muerto expulsado subliminalmente. Por otro lado, junto a Huw Roberts forma Nest, un proyecto más sutil que el anterior, con dos trabajos especialmente destacables, “Retold” (Serein, 2010) y “Body Pilot” (Serein, 2011), dentro del label que el mismo Roberts dirige. Todo esto conforma el cuerpo artístico de Totland. Sin embargo, existía la incertidumbre de ver como resultarían los planos trazados por el músico noruego en la soledad de una habitación. La duda razonable que existía previamente se disipa, y lo que se presumía podría ser una buena obra resulta ampliada exponencialmente hacia el interior, comprimiendo las emociones, tensando la circulación y los movimientos de la sangre.

Si bien estas piezas estaban almacenadas, esperando a ser descubiertas, ya existían indicios claros de las sonoridades expuestas por Totland, en una referencia que resulta del todo pertinente revisar en este momento. Hace unos catorce meses atrás, dentro de la serie ‘Seven Pieces’, una serie de 7” publicados por Sonic Pieces, es que nos vimos enfrentados a las primeras composiciones de este artista, dentro de un vinilo compartido precisamente con su anterior compañero en Deaf Center. “Harmony From The Past” mostraba el presente, desde la separación, de ambos amigos. La cara opuesta presenta a Erik Knive Skodvin con una pieza de cinco minutos donde extrae sollozos al rasgar una instrumentación acústica. Solamente percusión y una guitarra electroacústica, junto al feedback que de ella surge, conforman los elementos para construir un inquietante puzzle donde a cada instante el aire se quiebra, donde el filo de las cuerdas corta la respiración, asfixiada por las heridas del delgado metal. Como “Black Tie” (Miasmah, 2013) [251],, pero condensando la aflicción en un espacio reducido. En el vértice opuesto, Totland nos entregaba tres breves piezas en las cuales las notas que emergían del piano nos llevaban a territorios solitarios, con la mirada fija hacia un pasado borroso, una mirada con lágrimas cayendo desde los ojos, disipándose en la mejilla. El sonido de las cuerdas convive igualmente con la respiración y con las vigas que sostienen el suelo que habla con el calor. La expansión de células vegetales muertas tiene tanta relevancia como las armonías que se dibujan en el ambiente, como los espacios sin llenar. “Avé”, “Lys” y “Ro”, los tres hermosísimos rastros abandonados en los bosques dentro de una Europa fría y helada, ya son materia suficiente para rendirse ante la lírica instrumental del artista de Langesund. No obstante, la generosidad nos permite poder ampliar el efecto reparador de su delicado ruido hasta esta orilla de la vida. Al igual que en su anterior trabajo, es la editorial berlinesa quien publica estas canciones. “Pinô” aparece a través de Sonic Pieces en una preciosa presentación (LP / CD), con una ilustración de Skodvin, con el diseño habitual de Torsten Posselt (FELD) que presenta por fuera las letras grabadas con tinta dorada sobre una tela color verde (olive/forest) hecha a mano, como es costumbre, por Monique Recknagel. Dieciocho piezas breves que tan pronto suenan se fugan hacia otro lugar. La escasez temporal parece ser la medida necesaria para que sus notas se desarrollen. Bastan pocos segundos, instantes en el tiempo que, sin embargo, provocan que los sentimientos resguardados con mayor celo afloren. Notas frágiles que impulsan la memoria emotiva, movimientos dentro de la corteza cerebral que queda más expuesta a las impresiones que afectan nuestra vida. “Open”, dos minutos y treinta segundos donde es posible escuchar como el ruido se convierte en fibras de algodón deslizándose sobre la piel, mientras las manos de Otto comienzan a esparcir notas entre el silencio, a decorar el vacío texturado. Todo forma parte de esta música minúscula, lo que esta delante como lo que se ubica en segundo plano. Y es a veces eso que se encuentra relegado detrás lo que sobresale, y el piano queda entonces como sonido de fondo, entre la frugalidad. Y esto se puede aplicar al resto de las composiciones, aunque cada una es distinta, cada una es una diminuta obra mayor. Bosquejos de asombrosa belleza que no dejan de interrumpirse. Sin que uno se pueda percatar, como bien señala la hoja de prensa, uno pasa desde el final de una pieza al comienzo de la siguiente imperceptiblemente, y el tiempo se consume a si mismo. Entonces el vacío no está dentro de uno sino que allá, afuera. La llama de “Open” todavía no se extingue y los cuidadosos pasos que guían el trayecto de “Steps” empiezan a movilizarse, entre el murmullo constante de la madera que parece ser una extensión más de sus manos. Y, nuevamente, las melodías apenas alcanzan a percibirse antes que el fuego encerrado irradie calor que si es abrigo. “Oana” es un lago de calma, un tranque con las aguas aquietadas que trae una pausa de las horas inquietas, lo mismo que “Solêr”, que incluso recoge la lluvia exterior que cubrió el techo cuando estos esbozos tomaron forma –“Pinô” fue grabado, mezclado y masterizado entre mayo y noviembre de 2012, en el Durton Studio, por Nils Frahm, bajo el cielo soleado de Berlín, bajo su humedad. La marca de Frahm, presente a lo largo de todo el catálogo de Sonic Pieces, sigue intacta–. El carácter acuático incluso irá más lejos en “Aquet”, con una fuerte presencia del legado vivo de Harold Budd. Cada progresión en el tiempo, cada inmersión dentro de los rastros que se suceden uno tras otro, indiscerniblemente, es una ocasión para viajar hacia el interior y para recogerse en uno mismo, encontrando el alivio, al menos temporal, pero alivio al fin. La respiración que acompaña el ritmo en “Weltz”, o el triste lirismo de “Pinô”, una de las más maravillosas piezas, una de tantas, que envuelve este trabajo. El vigor encerrado de “North Way” que lentamente acomete hasta eclosionar para, finalmente, terminar descansando en el piso, los ecos reducidos de “Seveen”, la profunda claridad de “Ro To” y el mágico puente vacuo entre su final falso y el renacimiento. Todo esto acontece en tan solo un poco más de la mitad de esta obra. Aún quedan las aves revoloteando en “Julie”, los quiebres inesperados de “Frost”, el brillo glorioso de “Bluss”, los silencios cómodos de “Flomé”, con el murmullo posterior transfigurándose en melodías estáticas, “Âust” o el sonido de una cocina llena de la luz del amor, la agilidad de “Run”, la alegría espectral de “Jonas”, y “Closer”, el término que nunca debió llegar. Las notas finales, colmadas de suavidad, expresan una emotividad única, exponiendo a piel descubierta los músculos de un corazón que impulsa sangre triste, la sangre de un poema enmudecido.

“No tengo ningún consejo, pero quiero estar ahí junto a ti, dándote un abrazo silencioso”. Lo que se podía presumir con los tres bocetos que se adjuntaban con la acústica quebrada de Erik Knive Skodvin se confirma con esta estremecedora obra. Otto Andreas Totland destruye la belleza triste en fragmentos de sobrecogedora emoción. La tersidad de “Pinô” –‘Recommended played on ‘soft’ volume!’– exhibe trozos efímeros de consuelo temporal, estrellas fugaces que se convierten en el remanso necesario para las noches vacías. Las notas que se ubican en medio de los silencios y la textura del ruido se vuelven un hogar del cual no se quiere huir en los días agotados.

www.sonicpieces.com, www.miasmah.com

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