Hawái.


294. Eye Of The Microphone
enero 1, 2014, 12:10 pm
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Eye Of The Microphone

BJ NILSEN
»Eye Of The Microphone«
TOUCH. 2013

“A microphone is both a lark and a night owl”. Capturando el sonido que subyace en un punto geográfico determinado, Benny Jonas Nilsen intenta con este trabajo, como en buena parte de su obra, atrapar la realidad y plasmarla en fragmentos de audio. Sin embargo, en ese proceso, naturalmente, lo que se supone es una representación objetiva de la misma se transforma en una interpretación de lo que subjetivamente entendemos por realidad. Pero esa transformación de un estado a otro no es distinta a la que uno mismo como oyente realiza. Al fin y al cabo, todo esta sujeto a decisiones que actúan casi de manera inconsciente, tanto en este campo como en cualquier otro. La determinación de que escuchamos no siempre se puede precisar, lo que no quita que su representación, finalmente, sea realmente aquello que intenta capturar. Esa labor de trasladar un ruido desde un punto a otro ha sido la labor de BJ Nilsen desde hace más de dos décadas, siendo visible desde horizontes más lejanos desde aproximadamente unos quince años, primero como Hazard, bajo el amparo de Ash International y, desde el 2004, utilizando su propio nombre, principalmente publicando a través de Touch. Nilsen, nacido en Suecia en 1975, es un artista sonoro cuyo trabajo esta “basado en el sonido de la naturaleza y su efecto en los humanos, usando principalmente grabaciones de campo y composición electrónica como método de trabajo”. Esas obras incluyen “Fade To White” (Touch, 2004), “Storm” (Touch, 2006), junto a Chris Watson, y “Invisible City” (Touch, 2010) [098], su último álbum extenso hasta hoy, en que regresa a atrapar la ciudad invisible.

“En el 2012 recibí una beca de Leverhulme Trust para una residencia artística de un año en el UCL Urban Laboratory en Londres, para introducir el sonido como un ejercicio artístico a estudiantes y becarios urbanos. Como parte de mi búsqueda, decidí derivarlo a la ciudad”. Grabado y mezclado en Londres entre el 2012 y el 2013, “Eye Of The Microphone” recoge los sonidos que emergen de una ciudad, los múltiples tonos que surgen y forman parte de su paisaje, como sus edificios, su vegetación y sus calles. La imagen que refleja una urbe no es solo la arquitectura y sus personas, sino también el ruido que se genera entre ambos, que es finalmente la forma cómo se comunica y cómo estos se comunican. El estruendo, mayor o menor, es inherente a cada espacio físico, y su presencia es todavía mayor en una capital. “A city without sound does not exist”. La variedad de tonos que se pueden apreciar en ella son infinitos, gran parte de ellos plasmados en esta obra. “Pasé días enteros y a veces noches barriendo las calles y sus interiores por sonidos, caminando y escuchando sin ruta alguna o intención… Cada locación, pasaje, etc., contiene su propio mundo de patrones y eventos sonoros aislados: el sonido de una bolsa de compra atrapada por el viento en el asfalto de una calle de mucho tráfico mientras un bus pasa junto a ella. Lo que parece ser simplemente un bus es además una cacofonía de sonidos, un mundo sonoro en sí mismo: hidráulicas, quiebres, etc. Nadie parece escucharlos. ¿Están ahí? La elección de sonidos varía, es una selección personal, algunos sonidos son parte de esta composición, muchas horas de grabación no”. La forma de estas grabaciones dista de, por ejemplo, la obra del inglés Chris Watson, con quien Nilsen también ha colaborado en más de un proyecto. La palabra clave es, como el mismo lo dice, ‘composición’. Si bien ambos pueden considerarse como compositores, en el caso de Nilsen esto es aún más evidente. La estructura de estas piezas hacen pensar más claramente en ellas como elaboraciones construidas a partir de sonidos recogidos, sin alterar su esencia última, y sin simplemente sumar factores. Si bien no existe una partitura visible, parece que tras todo hubiera una escondida. De inmediato, el motor de algún artefacto lejano se mezcla con voces indescifrables. Una suerte de murmullo constante que yace bajo la vida en la ciudad comienza a abrirse, permaneciendo durante cada segundo, variable pero estable. A veces se confunde con la vibración del micrófono, pero es ese sonido permanente el que viaja entre el concreto y sus ramificaciones. “Londinium” desdobla el ruido de la ciudad y su movimiento, desde la vereda hacia el mar. La primera de las tres piezas pasa de puntos divergentes en cuestión de minutos, solo apreciable desde lejos, cruzando las calles, uniendo ingeniería con estructuras acuáticas. “Parado en la calle Francis detrás de la estación Victoria, es una soleada mañana de primavera y el aire está crispado… Londres te empuja hacia el agua… En una gris y brumosa mañana. Llego hasta la ribera del Río Támesis, durante la marea baja. Allí la arena, las algas, el fango y los bloques de edificios aíslan la acústica, revelando grandes detalles”. Un complejo sistema de ruidos que confluyen en una composición electrónica, donde las partículas que brotan desde dentro de ella parecieran ser generadas digitalmente, y al mismo tiempo conservando su raíz inmaculada y silvestre. Aquel murmullo ahora pasa a ser la ola contra la orilla del río, luego acero contra acero. “Coins And Bones”, la segunda parte, se aísla con mayor fuerza de su realidad, aún perteneciendo a ella. La materia recopilada posee un carácter extraño, impropio. “Nadie parece escucharlos. ¿Están ahí?”. Lo que son field recordings de pronto no lo son. Lo que es un registro documental es de pronto una asombrosa y fascinante pieza de electroacústica, descubriendo un campo interior que se oculta detrás de la traslación visible. “Sin las impresiones multisensoriales y la sincronización visual del momento preciso de grabación, ciertos recuerdos y percepciones parecen crecer con más fuerza”. Solo la presencia humana por medio de sus voces nos permite acercarnos. “¿Dónde comienza la ciudad?” se pregunta. “Twenty Four Seven” se adentra en los campos y la fauna que aún permanece con vida, libre de la depredación, sujeta a la suya propia, “en una vasta área de agua, hierba, un lecho de juncos, y pantanos, y mucha vida salvaje. El clima es perfecto, un claro y caluroso día de verano. Aquí el sonido de trenes lejanos regresando a la ciudad sirve como fondo, junto con los aeroplanos en lo alto”. Patos y cisnes conviven con estruendos aquietados que se extiende como grandes líneas horizontales, movimientos largos. Una dinámica fija que se altera levemente, como notas suspendidas que se quiebran al encontrarse con el aire puro. Ahora esta obra pasa a ser amplios instantes de estática natural.

“La composición sonora puede alterar el espacio y el tiempo”, señala. O tal vez sea justo lo contrario. La relación entre la realidad y su representación es aún incierta, todavía más por la naturaleza de estas grabaciones. “Tal vez una grabación de campo pura no sea la más exacta representación de un lugar”. Quizás ninguna lo sea, quizás todas lo sean. Las dudas siguen estando presente, y las preguntas abiertas. “Eye Of The Microphone”, y su preciosa presentación –otra vez más, impecable el trabajo de Jon Wozencroft– nos deja un maravilloso universo que revelar. El ruido de la ciudad cada vez más se va encerrando en si mismo, un aislamiento que con los minutos se vuelve un plano interior donde BJ Nilsen despliega los sonidos recogidos entre el paisaje de una ciudad y su heterogénea arquitectura.

www.touch33.net, www.bjnilsen.com

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