Hawái.


289. In St Cuthbert’s Time. The Sounds Of Lindisfarne And The Gospels
diciembre 1, 2013, 12:20 pm
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In St Cuthbert's Time

CHRIS WATSON
»In St Cuthbert’s Time. The Sounds Of Lindisfarne And The Gospels«
TOUCH. 2013

Bastan unos pocos minutos para abstraerse de la realidad impuesta y sumergirse en el paisaje ambiental que rodea los sonidos de la vida silvestre, unos segundos para adentrarse en un paraje completamente opuesto. Cuando solo transcurren unos instantes, el ruido de la flora y fauna inmaculada inunda las mareas con sus sonidos salvajes, formando una preciosa panorámica de naturalismo prístino. El oleaje cubre las costas con sus frías aguas, y sus habitantes originarios interpretan melodías imposibles de transcribir, asombrosamente impredecibles, pasmosamente hermosas. La obra del inglés Christopher Richard Watson, desde que inicia su trabajo más personal, ha estado siempre ligada al registro de los sonidos que surgen de la naturaleza, capturando la música que nos es imposible poder escuchar, internándose en los espacios más recónditos e inexplorados de la vida aún virgen. Esa exploración cruza todo su cuerpo artístico, en obras como “Outside The Circle Of Fire” (Touch, 1998), “Weather Report” (Touch, 2003) o, las más recientes, “El tren fantasma” (Touch, 2011) y “Cross–Pollination” (Touch, 2011) [170], este último junto a Marcus Davidson.

“Para celebrar la exhibición de los Evangelios de Lindisfarne en la Catedral de Durham, Chris Watson ha investigado en el ambiente sonoro de la Isla Sagrada como debió ser experimentado por San Cuthbert en el año 700 D.C.”. La Isla de Lindisfarne, o The Holy Island, es una isla de mareas a dos millas de las costas de Northumbria, en el norte de Inglaterra, lugar donde en siglo VII un hombre decidió aislarse del mundo y dedicarse a la búsqueda divina, en un entorno maravilloso. “Cuthbert fue un monje anglosajón, un obispo y ermitaño que se convirtió en prior de Lindisfarne en el año 665. En su vida tardía Cuthbert se sintió llamado para ser un ermitaño y trasladarse a la cercana isla del interior de las Farnes para luchar contra las fuerzas espirituales del demonio en la soledad. Cuthbert se convirtió en un socio de las aves y otros animales, y le dio especial protección al pato Eider, el que aún es conocido localmente como pato Cuddy”. En este contexto de soledad y separación del mundo es que se crean estos evangelios, y en ese mismo sitio Watson se ubica para registrar los sonidos que circundaron su estancia y su aislamiento. “A través de la historia humana artistas han sido influenciados por sus alrededores y los sonidos del paisaje que habitan. Cuando Eadfrith, obispo de Lindisfarne, estaba escribiendo e ilustrando los Evangelios de Lindisfarne en esa isla a fines del siglo VII y principios del siglo VIII, el se pudo haber sumergido en los sonidos de la Isla Sagrada mientras creaba este extraordinario trabajo”, señala Chris Watson. “Esta producción intenta reflexionar sobre los aspectos diarios y temporales de una envolvente variedad de sonidos ambientales que acompañaron la vida y trabajo durante este período de excepcional pensamiento y creatividad”. Durante las cuatro estaciones del año, Watson se internó en la geografía de la isla, en los territorios baldíos y la vegetación húmeda. A pesar de que la fisonomía ha sufrido cambios durante los más de mil años que han transcurrido, de todas maneras podemos introducirnos en la historia y, más aún, sentir cómo el paisaje se filtra por los poros de la piel, atravesando las barreras artificiales. Y eso es algo que este artista sabe muy bien hacer. Su técnica consiste en dejar los sonidos que espontáneamente se producen de forma inalterada, conservando la esencia más radical de los mismos. Watson es más un documentalista que exhibe las imágenes tal cual como él las percibe, trasladando la panorámica silvestre de forma inmutable desde su origen hasta la belleza del plástico. La presencia humana se reduce a quien sostiene el micrófono y capta todo lo que le circunda. El resto, ruido realista que emerge de las mareas indecisas y la multiplicidad de organismos que la habitan. La tierra convertida en granos gruesos se funde con los vientos que soplan como un aliento frío, mientras las aguas limpian las riberas que separan el suelo del mar y los pájaros sobrevuelan la playa. La lluvia invernal trae consigo el clima más duro, un temporal de lluvia que humedece las plantas enraizadas a pocos metros del nivel del mar. El terreno recostado permite una visibilidad completa de la isla, una linealidad que contrasta con la variedad de sonidos que surgen en ella. “La marea se retira alrededor de la isla hacia un horizonte distante marcado por una línea de olas rompientes y los profundos tonos del envolvente oleaje sobre las lejanas arenas”. Es invierno en el norte de Inglaterra. “Winter” es el primer movimiento de esta impresionante obra, donde la lluvia convive con los muchos animales que reciben su baño. Patos, cisnes, cuervos y un zorro, entre otros, una fauna que crea una sonoridad abismante, múltiples tonalidades que confluyen en un mismo cauce inestable. “En las aguas altas en la línea de la ribera una reunión de tierra y aves de mar se mezclan en la lenta marea”. Es primavera, la luz entrando por la divisoria del sol. “Lencten”, con el estruendo marino como una constante y sus movimientos acuáticos, además permite oír por primera vez al pato Eider y su extraño canto, una voz muy similar al de una joven mujer. Quizás por eso de la relación estrecha de estas aves con San Cuthbert, quizás con ellos podía establecer un diálogo en la inmensidad de su vacío, en la soledad más allá de las paredes de su monasterio. “Ostreros dan la alarma bajo una ventisca de golondrinas árticas defendiendo sus nidos situados en la playa”. Verano y calor relativo. “Sumor” y la brisa meciendo suavemente el mar, generando tiernas olas que llegan y se retiran de la arena gris, al mismo tiempo que algunos pájaros trazan sus líneas de vuelo, mientras otros se ven “atraídos por una hueste de insectos”. La agitación que fue “Winter”, el alboroto de la estación helada tiene su claro contrapunto en este instante de la rotación, cuando el sol se acerca más próximamente a nuestros rostros. La tranquilidad del océano permite que el sonido silvestre fluya de forma relajada. “En el cielo patrones de estorninos cambian de forma rápidamente sobre sus gallineros situados sobre el silbido de los juncos”. Otoño, última temporada. “Haerfest” y el retorno de las fuertes brisas marinas entre focas y permanente movilidad acuática. A veces parecen voces de fantasmas quienes hablan a través de sus gargantas. Finalmente, poderosas olas cubren el terreno frágil, y la delgada hierba se oculta bajo el horizonte que se confunde con el suelo. Las grandes planicies de tierra líquida detienen su sonido, pero continuarán siendo el escenario para esta asombrosa vida salvaje.

El hermoso canto de las aves, el gemido de los animales, el susurro de las plantas y sus hojas al encontrarse entre sí, la hierba balanceándose conforme se delinean los vientos, el estruendo minúsculo de los insectos. “In St Cuthbert’s Time. The Sounds Of Lindisfarne And The Gospels” es una impecable obra de música espontánea, exquisitamente presentada –libreto de 24 páginas con fotografías de Maggie Watson, con diseño y dirección de arte de Jon Wozencroft–, que traduce el sonido de un momento único. Chris Watson y sus grabaciones en los campos abiertos crea una espectacular vista sobre las islas en la soledad del mundo, a través de su paisajismo geográfico y el ruido natural que brota de la flora y fauna silvestre.

www.touchmusic.org.uk, www.chriswatson.net

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