Hawái.


276. Machine Rooms + Sol Sketches Supplement
octubre 1, 2013, 12:10 pm
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Machine Rooms + Sol Sketches Supplement 03

MACHINEFABRIEK & SANJA HARRIS
»Machine Rooms«
KESH. 2013
MACHINEFABRIEK
»Sol Sketches Supplement«
2013

El ruido industrial se sumerge entre el suave ruido ambiental. El sonido que transcurre debajo de una fábrica se convierte en el trayecto que se desplaza con frío y misterio, recorriendo sigilosamente las notas que permanecen intactas. Esto es solo un intento de describir lo que es uno de los tantos proyectos recientes del holandés Rutger Zuydervelt, y que también puede servir para ilustrar de forma tangencial varias de las obras de este inquieto artista sonoro. Desde que comenzó a publicar sus innumerables trabajos, Rutger siempre se ha sentido vinculado al espacio que se concentra a su alrededor. Son muchos las piezas que utilizan el ambiente situado fuera de él, dándole un significado nuevo al espacio público y privado. Por otro lado, existe un cierto planteamiento formal que recorre su música, adaptando estos límites a algunas de sus obras. Siempre me ha parecido interesante las restricciones y el someterse a normas autoimpuestas, fijando uno sus propios límites e intentando sobrepasarlos sin tocar los bordes. Este es, a mi parecer, el trasfondo de otra de sus más recientes piezas, un añadido a un trabajo ya existente.

“En el año 2007 la imprenta Trouw trasladó sus instalaciones a Wibautstraat en Amsterdam. Después de eso, el edificio construido por Van der Broek se convirtió en un restaurante y sala de eventos”. Uno de esos eventos, ‘Hear It! #2’, organizado por el Museo Stedelijk, invitó al artista en abril del año pasado a “hacer algo” con una sala de máquinas del sótano. El resultado, ‘Kamermuziek’, una pieza que los visitantes podían escuchar mientras paseaban por sus calderas. “El sonido de las máquinas se mezclaba y entraba en un diálogo con la banda sonora reproducida a través de sus audífonos”. Otra oportunidad de poder intervenir la materialidad física más allá de su uso habitual. Rutger se introduce entre los metales por los que circula el aire acondicionado, extrayendo la música que circula por sus tuberías. Sin embargo, esa experiencia alejada de quien no tuvo acceso a las instalaciones reformadas, pudo ser extendida a los oídos de quien se encuentre a kilómetros de distancia. “Cuando visité por primera vez TrouwAmsterdam (como ahora se llama), tuve acceso a dos salas de máquinas conectadas. Debido a restricciones de seguridad, solo pude utilizar una de ellas. A pesar de mi gran interés entre los visitantes, muchos no fueron capaces de experimentar ese tour. La fotógrafa Sanja Harris fue una de ellas… Inspirados por el evento, Sanja y yo desarrollamos nuevas ideas para traducir la experiencia de la instalación ‘Kamermuziek’ a un trabajo que no estuviera restringido a la actual sala se máquinas. Amablemente, tuvimos permiso para hacer nuevas grabaciones de sonido y fotografías, lo cual resultó en un proyecto audiovisual”. La versión física, publicada por Kesh, consiste en un CD con dos tracks y un set de tarjetas con las imágenes tomadas por Sanja. Además, una serie de descargas que le agregan valor a este impresionante trabajo: dos remixes unidos a dos vídeos en Quicktime y un PDF con 34 páginas con aquellas impresiones captadas por el lente. Con la versión digital, podemos intentar ingresar en los pasillos subterráneos y recorrer las vías auditivas que subyacen en el calor artificial. El sonido que desde las maquinarias traspasa sus fronteras posee una naturaleza lineal. Un largo plano de electrónica transparente repleta de puntos microscópicos, que parecen manchas de óxido de un blanco quirúrgico. El ruido permanece estático la mayor parte del tiempo, pero intervenido por esos minúsculos enlaces unidos de forma invisible a lo largo de su prolongado desarrollo. “Machine Room 1” se inmiscuye en las habitaciones enterradas bajo el suelo, primero asomándose sutilmente, bajo un manto que cubre cualquier atisbo de estridencia. Lentamente, comienzan a surgir pequeños rastros de tonos más altos que aquellos que imperan en su inicio. El sonido envasado al vacío pronto deja ver como algunas manchas más visibles atraviesan su estructura minimalista. Las gotas de agua sirven para posicionar las notas inmóviles. Nada sucede desde lejos, millones de eventos surgen desde la cercanía, apreciables a corta distancia. Incluso, una melodía que parecía inapreciable se vuelve tangible, oculta tras el ruido sigiloso, escondida en el silencio bullicioso. Quince minutos al interior de los circuitos que sostienen el aire manipulado. “Machine Room 2” parte de las mismas premisas, pero notoriamente menos callado. Un proceso industrial distinto, dejando escapar las partículas de oxígeno de manera más violenta, aunque conservando la sutileza. El sonido es expulsado fuera de la cavidad que lo contiene, y pronto adquiere vida propia, siguiendo un trayecto por los reductos más inextricables. Las texturas de electrónica delgada ven como el espacio exterior a ellas contamina sus partículas que antes parecían inalterables. Lo que era ruido translúcido adquiere formas materiales, dejando de ser notas inasibles, pasando a ser melodías inestables con una ligera carga eléctrica. Son distintas variaciones de la electrónica horizontal, siempre con las manchas microscópicas de óxido de tonalidades clínicas. Las sensaciones auditivas pueden ser experimentadas visualmente: ambos archivos de vídeo contienen las mismas piezas, acompañadas de las hermosas fotografías de Sanja Harris, que introduce su cámara entre las paredes gastadas y el metal deteriorado. El norteamericano MARCUS FISCHER no hace mas que sumergir aún más las notas inmateriales de la primera pieza, cubriendo con una capa adicional de quietud y (neutralizando el movimiento pausado de los rastros originales. STEVE RODEN, por su parte, en un principio decide realizar una labor similar y destacar el perfil de silencio de “Machine Room 2”, inclinándose hacia los sonidos menos perceptibles. Toma sus sonidos y le borra los márgenes, quedándose con su núcleo más radical. Lo sorpresivo llega casi al final, transformando su pureza en movilidad electroacústica. El sonido se estanca en el vacío. La sala de máquinas sigue operando en las sombras.

A mediados de 2011 apareció un set de cuatro 10” con el título de “Sol Sketches” (Champion Version, 2010) [175], veintiún piezas que serían la banda sonora para un documental sobre el artista norteamericano Sol LeWitt –existe, además de su versión análoga, también una en CD publicada por el mismo Machinefabriek–, inspirada musicalmente por las composiciones de Morton Feldman y Alva Noto + Ryuichi Sakamoto. Ese precioso trabajo de minimalismo contemporáneo se coló entre lo más destacado de aquella temporada para nosotros. Sus esbozos quedan todavía repitiéndose infinitamente. Y de los muchos bosquejos que quedaron de ese momento de pasividad, ahora son expulsados otros veinticinco minutos, “un collage de música previamente no publicada… Un suplemento de ‘Sol Sketches’”. Cualquier excusa es suficiente para regresar a cualquiera de esos breves ensayos alrededor del piano, más aún si estos sonidos nos eran desconocidos y recién ahora ven la luz blanca. El arte minimalista de LeWitt tiene en “Sol Sketches Supplement” su complemento perfecto. Electrónica acústica y clasicismo digital, las notas pulsadas sobre el piano transmiten una purificadora sensación de tranquilidad. Una vez más, es el sonido limpio el que recorre los segundos y las armonías que se mueven a su arbitrio. Pareciera que son ellas las intérpretes, manipulando el tiempo y el espacio que queda entre los instantes vacíos, y no al revés. Un ejercicio ejecutado por Rutger con una sobriedad que abruma. Levemente estas notas ven alterado su orden, destrozando los instantes de sosiego. Pero, además de esa pureza acústica, fragmentos diminutos de electrónica microscópica se filtran por los poros orgánicos, estallidos ínfimos entrelazados en medio de las rendijas invisibles. Las semejanzas con la obra de la pareja estelar de raster–noton son evidentes, así como a las composiciones interminables de Kenneth Kirschner + Taylor Deupree. Sin embargo, eso no le resta valor en ningún caso. Son formas singulares, a veces repetidas, el arte como reflejo de la vida. Las notas saltan de un punto a otro, moviéndose incansablemente sobre un ritmo complejo de patrones indescifrables. Un sistema asentado sobre moldes que cambian constantemente y, en cada transfiguración, encuentran la emoción. Su tejido de fibra óptica traspasa su lugar geográfico, alcanzando la fibra celular. Un suplemento que extiende la vida más allá de los márgenes que conocíamos, los cuales de todos modos seguían viajando incansablemente. El desplazamiento permanente de Rutger Zuydervelt a veces no deja que se pueda apreciar con detención cada uno de sus pasos. Es necesario detenerse a observar con cuidado como, desde la distancia, se forma una panorámica despejada, de los cuales “Machine Rooms” y “Sol Sketches Supplement” son dos puntos ínfimos del paisaje. Sea como ruido industrial silencioso o como diseños abiertos de electrónica abstracta cubriendo notas de acústica inestable, se está formando una gran obra de arte transparente.

www.keshhhhhh.comwww.machinefabriek.nu, www.sanjaharris.com

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