Hawái.


274. Botvid Grenlunds Park
septiembre 1, 2013, 2:20 pm
Filed under: Uncategorized

Botvid Grenlunds Park

SAGOR & SWING
»Botvid Grenlunds Park«
HÄPNA. 2013

Existe algo único, especial, que exclusivamente poseen las ediciones del label sueco Häpna. Y esa característica no solo se encuentra en los sonidos que además comparten su nacionalidad, sino que se propaga hasta más allá de sus fronteras, alcanzando a las melodías que son bienvenidas desde otros estados o reinos, cercanos o lejanos. Está presente tanto en trabajos de Tape, Hans Appelqvist, Anders Dahl, David Stackenäs o Rüdiger Carl & Sven–Åke Johansson, como en obras de Tenniscoats, Stephan Mathieu, Loren Connors & David Grubbs, Giuseppe Ielasi o Marcus Schmickler with Hayden Chisholm. A veces parecen sonidos sacados de museo, otras de una biblioteca, y otras de una juguetería. En todos los casos, sus piezas poseen el aroma que circula por antiguas habitaciones, adornadas con antiguos cuadros. Siempre que escucho alguna de sus ediciones es como estar dentro de un salón cuyas paredes, cubiertas de colores suaves pero vivos, sostienen pinturas que sobreviven a la historia, entre un mobiliario de madera noble. De sus inicios ya va medio centenar de referencias, y esa especial sensación sigue vigente.

Sagor & Swing es una de las marcas más estables dentro de la compañía ubicada en la calle Pipersgatan en Estocolmo. Este es su cuarto trabajo ya para Häpna, el número cincuenta de su impecable catálogo. ¿Y qué se esconde bajo este nombre? Pues, básicamente, este es ahora el proyecto de Eric Malmberg –también existen otros dos trabajos suyos, con su propio nombre, en estas estanterías–, uno que, acompañado de tan solo otro músico más, ha venido envolviendo de dulces melodías el mundo que le rodea desde fines de la antepasada década. Lo primero fue “S&S” (1998), un cassette autoeditado. Luego vendría “Sagor & Swing” (Rocket Number Nine, 1999), un pequeño 7”, hasta llegar a “Orgelfärger” (Häpna, 2001), el primer encuentro con el sello de Augustsson & Berthling. De ahí en adelante estas melodías han continuado esparciéndose a lo largo de los años. Toda esta etapa previa su compañero de juegos fue Ulf Möller. Todo acabó el 2004, hasta que inesperadamente se publica “Botvid Grenlunds Park”, treinta y cinco minutos y diez piezas que reconfortan tanto como siempre lo han hecho. “Cualquier nueva grabación de Eric Malmberg y su grupo único Sagor & Swing es motivo de celebración. Si tuviera un programa de radio estaría apuntando en este mismo instante “Landet Bortom Landet Bortom”, esperando encender las líneas telefónicas. Podría tocarla cinco veces seguidas. Fuí atraído por primera vez hacia Sagor & Swing por los remolinos de melodías tonales que hacen que el órgano Hammond suene como el más antiguo de los instrumentos musicales. En “Botvid Grenlunds Park”, el Hammond de Eric queda envuelto en fogosos diálogos con su infinitamente más rebotador y burbujeante colega el sintetizador, todo en un espejo inesperadamente luminoso. Todavía oigo la hermosa solemnidad de los antiguos trabajos de Sagor & Swing, pero algo más está comenzando a hervir”. Obviamente, las comillas indican que la autoría de estas palabras no me pertenece. Son de abril de este año, y quien las escribió fue nada menos que David Grubbs, un ferviente admirador de la obra de Malmberg, algo que no es reciente. Ya en 2002, en su lista de lo más destacado de esa temporada figuraba, entre discos de Workshop, Derek Bailey, Eliane Radigue, Morton Feldman y Maher Shalal Hash Baz, el segundo álbum de Sagor & Swing, “Melodier Och Fåglar” (Häpna, 2002). Ahora, acompañado de Fredrik Björling en la batería, Eric se dispone a construir nuevas y deliciosas armonías junto a su órgano y un sintetizador. Cuando nada más comienzan a sonar las primeras notas, aparece esa sensación de haber entrado a una mágica tienda de juguetes, una donde las leyes de la física no tienen cabida. “In I Rymden” de inmediato nos transporta hacia lugares de extraordinaria comodidad. Sobre el ritmo incansable y agitado de la percusión, la cual pareciera hasta descuidada, pero siempre introduciendo algún elemento extraño, muy pendiente de la atmósfera creada, Eric va armando esta pieza que se mueve constantemente, desde un lado hacia el otro, ondeando los sonidos, moldeándolos a su arbitrio, transmitiendo un agrado inconmensurable. Así es su música, siempre viva, siempre un recreo, enormemente vitalista. “Ingen Vals Om Inget Alls” reduce la velocidad levemente con respecto a la obertura. Pero las notas se esparcen igual de vigorosas, ilustrando alegres paisajes de ciudades llenas de color. Como un enorme y complejo puzzle de pequeñas piezas que muestra la diversidad de tonos y materiales en un pueblo a orillas de un lago cerca del Mar Báltico. Las melodías dibujadas por Malmberg y sus manos encuentran la forma de acomodarse una a continuación de la otra, como si fuese verdaderamente un rompecabezas. La reunión de sonidos puede ser la misma, jazz, música electrónica, folklore escandinavo, pero la unión de piezas nunca es igual, algo diferente surge entre los surcos, y siempre resulta extrañamente familiar. “Landet Bortom Landet Bortom” y “Bortom Landet Bortom Landet Bortom”, dos extractos unidos que parecen más un juego de palabras mantienen la mágica familiaridad en sus extraños sonidos, la segunda de ellas con una confortable tranquilidad. El escenario es ahora una cabaña ubicada en la profundidad de los bosques, al calor de leños quemados, viendo las nubes atravesar las frías montañas. El paisajismo cubre el ruido amable. “Livet Nere På Jorden”, junto con “16–Bitarspolskan”, retoman la rítmica acelerada del comienzo: volvemos al patio de recreo. Lo mismo que “Ingen Fanns Finns Ingenstans”, tras el breve descanso de “Mire Mare”. Ahora es una antigua habitación real la que sirve de escenario para los capítulos finales. “Botvid Grenlunds Visa” es entretención en una vieja corte con sonidos que remiten a antiguas músicas provenientes de las provincias interiores de la península. La batería emitiendo ritmos cercanos, con pocos elementos pero llenando cada espacio, y el órgano cubriendo la sala imperial de armonías llenas de luz, construyendo otro mundo posible de inquietas notas que reverberan hasta más allá del borde de sus paredes. Por último, “Fugan Som Förlorade Sin Orgelstämma” devuelve la calma, entre dóciles notas que cubren de serenidad, tibia luz de sol que entra tímida, lentamente descubriendo los colores ya perdidos pero aún con vida del viejo cuadro que adorna la habitación.

Otra muestra de como manejar las emociones con tan solo dos elementos a la mano, otra muestra de los hermosos parajes ilustrados por Häpna. Malmberg & Björling, confeccionan pequeños retratos de la vida en los fríos campos del ruido natural, decorando los muros de una acogedora sala de estar. “Botvid Grenlunds Park”, paisajismo natural y ruido vital.

www.hapna.com

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: