Hawái.


268. Twosomeness
agosto 1, 2013, 2:20 pm
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Twosomeness

PASCAL PINON
»Twosomeness«
MORR MUSIC. 2013

“It’s never sunny but I don’t even need the sun. I don’t need anything. I just make something beautiful”. Aún en las edades tiernas, los sonidos que emanan desde las tierras más aisladas del calor poseen un encanto mágico casi único, casi exclusivo. Desde el arribo de la Reina Polar hemos tenido la posibilidad de acceder a los distintos rincones que se ocultan en las islas. Es algo que escapa a lo real, un mundo inaprensible para la mayoría, que se refugia en lo soledad y crea universos propios. Ya han pasado muchos años y, aún así, siguen floreciendo esos sonidos abrigados por el frío nórdico, continúan creciendo de forma natural, espontánea, como el musgo sobre las rocas heladas. Pascal Pinon son dos gemelas, Jófríður y Ásthildur, dos jovencísimas muchachas islandesas de Reykiavik que con solo catorce años formaron una banda con dos de sus amigas. Muy pronto aparecería su primer trabajo, cuando todavía eran unas adolescentes. “Pascal Pinon” (Morr Music, 2010) fue y sigue siendo un hermoso disco pequeño, plagado de canciones frágiles que habitan en el sueño de la juventud. Han pasado poco más de dos años, y su encanto permanece intacto. Aún son unas adolescentes y, afortunadamente, aún siguen imaginando mundos propios.

“Con el álbum #2 a punto de aparecer, Pascal Pinon se aproximan a entrar en la vida adulta, un punto usualmente asociado a olvidar los sueños. Ellas, sin embargo, parecen ir justo en la dirección opuesta”. Este segundo trabajo, publicado en enero de este año y, de nuevo por el label de Thomas Morr, otra vez nos adentra en las vidas interiores de Jófríður y Ásthildur. Producido por Alex Somers, “Twosomeness” contiene doce piezas de pop minúsculo, piezas breves que parecen más susurradas que cantadas. Sueños vivos plasmados hacia el exterior tal y como fueron representados en el interior. Existen ciertas explosiones pequeñas, pero el aura general es tímida, como envuelta por una tela que hace que desde fuera todo se vea borroso, difuminado, en particular la voz. El ruido que emana de estas canciones esta recubierto de un halo entre fantasmal y angelical, y las notas suenan con nitidez y claridad, pero rodeadas de una cierta confusión. Capas de esplendor acústico flotando sobre capas de calor sintético. Electricidad desperdigada sobre el suelo orgánico, los sonidos se acuestan a descansar, presos de las imágenes que surgen libres en la mente que descansa de la lógica habitual. No siempre logro recordar lo que sucede en mis sueños, que normalmente se desvían hacia formas y lugares extraños. Algunos de ellos son sueños hermosos, situaciones que nunca se podrían dar el mundo real. Cuando despierto y consigo recomponer lo que hace minutos sucedió, y caigo en la cuenta que fue uno de aquellos, la sensación es indescriptible. Y cada vez que un trozo de el es rescatado, la felicidad es mayor, aún cuando no distinga las figuras completamente, quizás por eso mismo. Una sensación parecida produce escuchar “Twosomeness”, como recordar partes de un buen sueño. “Ekki Vanmeta” es una de esas pequeñas explosiones, una melodía inolvidable mecida sobre una caja de ritmos y un teclado sencillo, pero no por eso menos hermoso, uno de los singles de esta temporada. La pasividad comienza lentamente a invadir los espacios inexplorados que se desenvuelven tan calmos en estas piezas. “Þerney (One Thing)”, una tierna canción sobre emociones que quiebran el cuerpo, que rompen el corazón por dentro. Otra vez está ese teclado, y también un piano, y unas cuerdas de nylon y su guitarra. “I’ll just make something beautiful of all the ugliness I’ve done… / I’m lying in my bed / Counting the cracks in the ceiling / And I can almost hear my heart beating…”. La timidez es expuesta, pero sigue siendo timidez. “With a tiny heart beating as quietly as it can I stand, I surrender / I guess happiness is only for the innocent / And you are the one throwing me in the sea / With my hands tied to my back / Swimming in the stormy sea”. Más melodías de azúcar siguen esparciéndose, cubriendo la tristeza con sabores dulces que la hagan más digerible. “We should have left our hearts in the forest / Where they first met / We take them back but now they are broken / And start to slowly forget”. Como sacada de una caja de música aparece “Somewhere”, otra hermosa pieza comprimida en poco más de tres minutos repletos de voces multiplicadas, tapadas por los mismos mantos que cubren “Evgeny Kissin”, casi una canción de navidad. “I remind myself when I’m in the darkness / That half the world is awake / And when I can’t sleep / I imagine I’m without”. Justo cuando hablaba de sueños, una canción que estalla levemente, cuando la mitad del mundo esta despierto. “Annar Logi” es una instantánea de voces aún más fantasmales, “Kertið” queda atrapada en el umbral, “Sumarmál” se escapa cuando por un instante aquella caja de música que reside en este mundo vuelve a abrirse. “It came with the sunlight and dispelled the gloom / Wordlessly we were captured in the cunning bloom / It felt like forever but in a glimpse was lost / The sunshine and the spring smell makes me think it’s not”. En un jardín lleno de flores a punto de brotar, despunta las notas de clasicismo orquestado en una habitación iluminada por el sol de invierno. “Whispering to the stars reliving the bloom”. Dulcitone y glockenspiel revelando la magia interior con una voz frágil. Luego de “Fernando”, otro poema musicado, ”Good And Bad Things”, folk ancestral adornado con sonidos domésticos, con las voces dobladas, perdidas en el bosque húmedo. Ese sonido doméstico se reitera en “Rifrildi”, delicado ruido suave con palabras que invitan a descansar, a seguir durmiendo entre las notas recogidas como frutos caídos de una fantasía imaginada en las horas muertas, cuando medio mundo reposa.

“Nunca está soleado, pero ni siquiera necesito el sol. No necesito nada. Solo haré algo hermoso de toda la fealdad que he hecho”. Los sonidos minúsculos se asientan sobre un fondo borroso. Encima de ellos unas voces florecen desde un mundo fantástico y cruel, hermoso y único, un mundo cubierto por una tela que dispersa las notas que surgen de forma silvestre, como la hierba en invierno, tímidamente atacada por rayos de sol tibio. Jófríður y Ásthildur, dos niñas que aún no abandonan la juventud nos muestran su universo, un sueño que nunca acaba. Estoy despierto, pero su ruido frágil invade la realidad con sus oníricas melodías.

www.morrmusic.com, www.pascalpinon.com

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