Hawái.


267. Cloud Room, Glass Room
agosto 1, 2013, 2:10 pm
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Cloud Room, Glass Room

PAN•AMERICAN
»Cloud Room, Glass Room«
KRANKY. 2013

La distancia que separan las últimas grabaciones del anterior proyecto en que Mark Nelson estuvo involucrado y el presente aún parece enorme. Cuesta creer como solo tres músicos, creando esas densas atmósferas casi impenetrables pudieron calar tan hondo. El ambiente que circula alrededor de toda la obra de Labradford aún permanece con su misterio intacto, un cuarto cerrado, difícil de ingresar en él. Cuando uno logra entrar por uno de los pequeños espacios libres es difícil que aprecie los demás sonidos de la misma manera que lo hacía antes. Un puñado de trabajos que al día de hoy resultan insondables, y esa sensación de agobio y a la vez de refugio para el fin de los tiempos, sigue intacta. Como las pinturas oscuras de Rothko, llenas de trazos que a lo lejos parecen manchas de una sola tonalidad, pero que encierran historias inexploradas. Cuando todavía la llama estaba encendida, Mark se embarcó en una nave que navegaba por aguas similares. “Pan•American” (Kranky, 1997) fue ese primer intento por crear su propio universo, aún con referencias a la banda de Richmond, pero con una notoria inclinación hacia texturas electrónicas, lo que finalmente terminaría desembocando en la nave madre. “360 Business / 360 Bypass” (Kranky, 1999) abriría nuevas vías hacia un nuevo terreno, ya desarrollado de forma más integra en “The River Made No Sound” (Kranky, 2002). Con los años la separación entre un trabajo y el siguiente sería mayor. Ya han pasado cuatro desde el último. Sin embargo, la espera merece la pena.

En la actualidad, a Mark Nelson se suma la batería de Steven Hess como integrante estable. No obstante, la sorpresa viene con la inclusión en este disco, aunque de forma parcial, de Robert Donne, antiguo compañero de Mark en la añorada banda. Solo faltaría Carter Brown para tener la formación completa –no mucho se sabe de él. Ojalá que te encuentres bien Carter, donde quiera que estés–. Estas siete piezas nacieron y fueron desarrolladas durante una serie de presentaciones en el sur de Europa, entre finales de 2011 y comienzos de 2012, una gira que permitió que el sonido avanzara en directo, en el acto mismo de ser interpretadas. Uno logra percatarse cómo las notas se van expandiendo casi por si mismas, como si tuvieran autonomía propia. Se desprenden de la persona que las ejecuta y se adueñan de todo cuanto las rodea. Notas que se desvanecen y que van deformando el ambiente. La descripción es exacta: una habitación nublada. “The Cloud Room”, el recuerdo de la música que vino después de la música. Un ritmo lánguido sostenido por cuerdas que de vez en cuando quiebran la monotonía, y los platillos pulsados con ligereza, con aires de aquel dub siempre presente en todos los álbumes de este proyecto, de una forma u otra, aires fríos de efectos y espaciosidad. En el lado opuesto, la guitarra de Mark, volátil, vaporosa, perdiéndose en medio de la espesa bruma generada, entre las nubes que cubren la habitación. Cuando no termina de evadirse, los quiebres de electrónica microscópica se infiltran en este cuarto cerrado. “Fifth Avenue 1960”. Las notas se ausentan por un instante, y serán pequeños ruidos, insectos que trabajan en las sombras los que producen el sonido, carcomiendo las paredes. El ritmo se acelera, pero su intensidad es tan baja que no se percibe su velocidad. Con “Relays” y con “Glass Room At The Airport” sucede algo parecido, en el mismo orden: la segunda tiene una estructura geométrica similar a Radian. Pero cuando nos adentramos en “Laurel South” es cuando la presencia, como un fantasma, esta más latente. Los primeros instantes recuerdan de sobremanera a Labradford. La sensación de estar nadando en un mar negro mientras el ruido te distrae, y terminas ahogándote en sus oscuras aguas. Luminosidad opaca en la mitad de una noche vacía, viaje al final de la ciudad. Difícil salir indemne. “Cloud Room, Glass Room” crece y crece, pese a comprimir el entorno. Los insectos continúan corrompiendo las paredes que apenas sostienen el cielo. “Project For An Apartment Building” es invadida nuevamente por el murmullo microscópico, antes de las ondas expansivas de “Virginia Waveform”, un punto que se enlaza con el inicio. Pese al vigor con que retumba, la sutileza siempre ha estado de su lado. Las notas son sugeridas, trazadas para que lo que falte se complete por si solo. La estructura es simple, pero en las esquinas del sonido se esconden los detalles infinitos, un pequeño movimiento inesperado que altera el esquema desde su interior. Son estas piezas autónomas que se desarrollan solas. Poseen vida propia que se apodera del espacio, y que terminan envolviendo todo, cubriendo con su inquietante misterio.

Las partículas se desintegran al instante que son expulsadas hacia el exterior, consumiendo la atmósfera, dando forma a un nuevo espacio que consume todo a su alrededor. “Cloud Room, Glass Room” es una obra que introduce nuevas grietas en el cuerpo creativo de Pan•American. Un sistema que se destroza y se vuelve a reconstruir, un ambiente edificado sobre un ruido que se genera a si mismo. Las nubes desaparecen entre el cielo opaco en los bordes de una ciudad y su transfiguración.

www.kranky.net
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