Hawái.


254. The Sad Truth
junio 1, 2013, 2:00 pm
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The Sad Truth

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»The Sad Truth«
COTTON GOODS. 2013

Siempre desde los bordes, siempre desde los márgenes menos visibles, tapados bajo un manto de misterio que no hace más que despertar el interés y la curiosidad, envueltos en pliegos de papel y cartón, materiales que esconden información textual, solo revelando lo suficiente para diferenciarlos del resto. Eso es Cotton Goods, un sello ubicado en la distancia, hogar de sonidos distantes que, sin embargo, se aproximan y se sienten cercanos. Hace varios meses, ya más de un año, que en estas otras páginas no sabíamos nada de ellos. Más bien, nada de ellos había sido cubierto por nosotros, aunque sus ediciones no suelen ser muchas. Por fortuna, acá están de nuevo, una aparición fugaz en medio del estruendo habitual.

Un sobre de cartón encierra los sonidos de un proyecto esporádico del cual no se sabe mucho. Cottongoods Folio File 001lp es el número de catálogo de este trabajo, un CDR, como es la norma, con música manipulada por espectros sin cuerpo, como suele ser. “The Sad Truth” es la segunda obra de Upward Arrows. La primera fue “Upward Artows” (Under The Spire, 2010), tres temporadas atrás. Hoy regresa bajo ese nombre, ahora simplemente como ^^^^. ¿Y quién se oculta bajo esos cuatro signos? Pues esas flechas son, es John McCaffrey, músico más conocido no por su nombre, sino por otros dos proyectos más. Part Timer es quizás el más fácil de recordar –trabajos como “Real To Reel” (Lost Tribe Sound, 2010), o su disco a medias con Aaron Martin–; el otro es Scissors And Sellotape, igualmente recomendable como el anterior –dos excelentes discos, uno homónimo para Cotton Goods en 2010 y “For The Tired And Ill At Ease” (Facture, 2011)–. Esta vía alternativa comparte inevitablemente sonoridades con las restantes. Sin embargo, hay algo común a los demás colaboradores de la etiqueta de Craig Tattersall que también está presente acá, una espectralidad compartida. Sus otros trabajos, pese a acercarse igualmente a ese lado, tienen una claridad mayor, más amplia. En ellos las notas suenan, en algún sentido, más limpias, más nítidas, permitiendo distinguir las melodías de mejor forma. Aquí, mucha de esa tersidad se extravía, o finge no estar, frente a las demás que parecen ser más visibles. Dentro de las hojas simulando ser un libro antiguo se refugian los sonidos manchados. Entrar en “The Sad Truth”, así como entrar en Cotton Goods es como internarse en una biblioteca abandonada, donde el bibliotecario es un fantasma que prefiere seguir catalogando libros en lugar de dejar este mundo. John solo se dedica a escudriñar en los sonidos como si estuviera hojeando enciclopedias de siglos pasados, pasando sus manos por las páginas y desde ahí descubriendo la música que emerge de sus letras muertas. Y como esa es la manera en que esa música es extraída del pasado, todo el polvo acumulado durante décadas de abandono permanece con ella, intacto, inamovible pese a su movimiento ocasional. Veintiocho minutos y cincuenta y un segundos, un instante breve pero suficiente para arrastrarlo a uno hacia los recuerdos de una vida que no le pertenece pero siente como propia. El ruido suave consume como un incendio incorruptible las notas que lo rodean, sus llamas bajas lentamente van llevándolas hacia el olvido, quedando reducidos a restos. Y la fotografía de esos restos queda impresa en una página olvidada, rescatada de un incendio posterior, convertida en un hermoso canto a la memoria. Los casi once minutos de “The Sad Truth About Good Intentions” son el fruto de la labor restauradora de John, recomponiendo viejos instrumentos dañados. No son más que dos notas las que suenan durante un largo rato, tapadas bajo una lluvia de polución que no hace más que destacar y resaltar su belleza imborrable. Y bajo esa lluvia comienza surgir la instrumentación oxidada, extenuada, alargada hasta más allá de su extensión natural. La belleza de lo imperfecto, de la pulcritud ausente. Se pueden percibir los sonidos alterados por el tiempo y su decoloración. Y, aún así, las melodías no se han extinguido, perseverando en su intento de reflejar el mundo. Imposible no sentirse abstraído ante este ruido remoto. “Why The Eyes Don’t See” parte de donde quedó la anterior, pero su naturaleza es distinta. Las notas tiemblan en la noche como estrellas lejanas, estertores ralentizados que sirven de velo a luces distantes. Algo que parece ser un órgano da destellos en la obscuridad mientras tiritan las texturas donde su brillo se recuesta. Cuando se apagan sus luces, los insectos que devoran las páginas no logran impedir oír, surgiendo desde más allá, un piano y sus notas tristes, sublimando la herencia raída. “My Hands Stopped…, My Mind Let Go”, loops desintegrados, máquinas de escribir fantasmales. “The Dim Realistion That We Got Nowhere” se sobrepone a la suciedad, una pieza breve en donde la melodía por vez primera queda ubicada por encima de la capa de ruido, aunque sea por un instante pequeño, pero el tono general no se quiebra, solo los artefactos manipulados.

Al interior del disco viene una lámina, con el sello de agua de Cotton Goods impreso, que muestra un plano arrugado, doblado múltiples veces, tiznado. La música es así, hojas reconstruidas del olvido, un eco y una mancha, páginas enterradas bajo capas de murmullos estancados, bosquejos encuadernados de electrónica manual y ambient orgánico.

www.tape-dust.tumblr.com/cottongoods

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