Hawái.


252. Vora
junio 1, 2013, 12:10 pm
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Vora

RAUELSSON
»Vora«
SONIC PIECES. 2013

Estos últimos días el clima nos ha favorecido con grandes masas de agua cayendo desde el cielo hacia nuestros cuerpos. Han sido días de lluvia estos últimos que han pasado, frío y lluvia. Horas de mirar millones de gotas descender desde el aire, golpearse contra el suelo, desparramarse junto a las otras, humedecer la tierra. Cristales empavonados alterando las siluetas. Y es justo en estos días que en mis manos se disuelven las últimas piezas que nos llegan desde el hogar/oficina del label berlinés Sonic Pieces, a cargo de un artista que con este disco hace su estreno integral en este sello, algo habitual en él –las puertas siempre abiertas para albergar a huéspedes de dónde sea que estos provengan–.

Nacido en España, Rauelsson pronto se mudaría a Portland, Oregon, cambiando las cálidas panorámicas del Mediterráneo por los verdes pastos del noroeste norteamericano. Precisamente en un trabajo que recopilaba los sonidos propios de esa ciudad, “Portland Stories” (Sonic Pieces, 2009), es que Rauelsson hacía una aparición tangencial y fugaz en la etiqueta alemana. La persona encargada de hacer la labor de reunir los trozos sueltos fue Heather Woods Broderick, hermana de Peter, músico con quien posteriormente compartiría un álbum, “Réplica” (Hush, 2011), álbum con el cual lo llegaría a conocer. Sin embargo, dichas canciones se caracterizaban por sus formas basadas en una suerte de folk apartado, solo voz y guitarra como elementos sobre los que se se edificaban sus historias. “Vora comes as a surprise in a grandeur way”. Y así es. La sorpresa es mayor al escuchar estas nuevas composiciones suyas, donde los protagonistas son otros. Órganos ambientales, sintetizadores etéreos, cuerdas clásicas y, principalmente, solos de piano tristes y afligidos, lluviosos y fríos, como los días que me rodean mientras los escucho. Concebido mientras se mudaba desde Portland hacia su tierra natal, “Vora” posee toda la melancolía que se encuentra en los rincones más hermosos del invierno. Este es un disco para resaltar aún más las tardes heladas iluminadas por los tibios rayos de sol cruzando las nubes. Son nueve fragmentos incrustados en el suelo verde, cubierto de flora silvestre. La primera aproximación hacia sus costas golpeadas por el viento es “Wave In”, tres minutos y cuarenta y seis segundos de notas esparcidas a lo largo de una habitación desprotegida, con las ventanas rotas y las paredes brotando agua. Las manos se mueven sobre el piano con delicadeza, los dedos se acomodan sobre las teclas con sutileza, impulsando las cuerdas hacia recuerdos, momentos que ya nunca más serán. Puede sonar extraño, pero así ocurre. Ya cuando la memoria ha tomado su curso, las notas se escapan hacia lugares más lejanos, difuminándose hacia el corazón de la lluvia. Las cuerdas se desvanecen, borrando la figura original, anticipando otros momentos de gloria húmeda. “Fluvial” persiste en las tonalidades grises, esta vez incorporando la instrumentación más ligera al piano, creciendo más allá de sus propios bordes. “Split” incorpora retazos de electrónica y sintetizadores espaciales en una pieza que no alcanza a expandirse como las anteriores, o que lo hace de otra forma, partiendo de sonidos distintos, que terminan flotando en el aire. Luego de ese viaje, un retorno hacia los escondites del alma abatida: “Almadrava”, un minúsculo instante en el que el piano suena a ratos, dejando que los sonidos se apaguen solos, ellos mismos sirviendo de soporte de una música extremadamente hermosa. Y entre esos sonidos, silencios que no son tales. El ruido ambiente acompaña la soledad. “Hourglass I” y “Hourglass II” son las únicas dos piezas que contienen voces. La primera de ellas más oculta, más tímida, la segunda igual de tímida, pero un tanto más expansiva, propagando el ruido hasta el infinito (“Windy & Carl performing in an empty hallway”): una pequeña joya de shoegaze/skygaze más ligero que el aire mismo. Otro regreso al suelo mojado: “Dusk, Gravel, Dawn” es una especie de caminata por esa tierra tapada de musgo, adornada finamente con guitarra acústica, electrónica microscópica y otros sonidos. Más o menos similar es “Parasol” pero con un ritmo diferente, acompañada de ruido de ciudad: la lluvia como diversión, el agua como un juguete. “Wave Out” vuelve sobre las costas lluviosas: la tranquilidad del mar después de la inclemencia del clima, las olas del mar retomando su movimiento habitual. Del gris profundo pasamos a nubes dispersas, convertidas en manchas del cielo. Otra hermosa pieza recostada plácidamente sobre notas alargadas hasta acallarse en el silencio ambiental.

Raúl Pastor Medall sorprende con una obra que se aleja de sus otros trabajos, y que lo aproxima a las melodías nostálgicas que nacen de un hombre sentado frente a un piano, en una habitación con vista a los días nublados. Finaliza “Vora” y, curiosamente, ha dejado de llover en Valparaíso. Solo queda el frío y la humedad emergiendo de las murallas y la pintura desteñida, solo quedan unas notas repitiendo ya solo como recuerdos.

www.sonicpieces.com, www.rauelsson.com

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