Hawái.


244. Ghost Tropic
abril 1, 2013, 12:20 pm
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SONGS: OHIA
»Ghost Tropic«
SECRETLY CANADIAN. 2000

“Still no guides. It’s not a generous world. It is a separate world”. Ciertas canciones poseen un poder único, te transportan a un lugar físico diferente, al sitio en donde fueron concebidas, al suelo donde fueron imaginadas. Puedes estar a kilómetros de distancia, pero aún así la tierra que pisas deja de ser tu tierra. Y existen otras canciones que, además de eso, te transmiten el estado de ánimo que ese suelo imprime a su autor, envolviéndolo en su clima. Jason Molina estaba sobrado de ellas. Nunca escuchar sus canciones era un hecho cualquiera, como tampoco el lo era. Y nunca volverá a ser lo mismo. Esto porque el pasado sábado 16 de marzo su alma se ha alejado del mundo, de la tierra que lo forjó. La causa, una falla en uno de sus órganos, probablemente debido a su alcoholismo que lo tuvo ausente varios años. Su muerte no fue consciente. Sin embargo, quizás esa adicción era una forma de alejarse, inconscientemente tal vez. El mundo es un lugar separado y, quién sabe, quizás esta era su manera de separarse.

Como seguramente saben, Songs: Ohia era el vehículo a través del cual Molina encaminaba su creación. Luego vendrían trabajos bajo el nombre de Magnolia Electric Co., el último de los cuales sería “Josephine” (Secretly Canadian, 2009) [067]. Pero antes estuvieron Songs: Ohia. Lo primero fue el 7” “Nor Cease Thou Never Know” (Palace, 1997), y prontamente “Songs: Ohia” (Secretly Canadian, 1997), y así cuatro más, hasta llegar a este punto de la historia, su historia, nuestra historia. Aunque quedarían dos episodios más por venir, este tiene algo que me cautiva de una manera que no puedo entender del todo bien. “Ghost Tropic” posee un aura especial, extraña, lo que no es privativo de este trabajo. Todos, a su manera, poseen esa aura. Pero acá es diferente. Quizás por su portada, nada más que su título en letras blancas sobre un fondo negro. Quizás por su nombre, Trópico Fantasma. Quizás por su sonido. Muy probablemente, por la tristeza impregnada hasta el último rincón. Y las canciones de Jason Molina nunca podían escapar de ella. En medio de su lírica ascética, siempre se escondía la pena. Muchas veces uno intenta ocultarla, taparla con ramas. Y el también debe haber intentado hacer lo mismo. Pero una vez que se enfrentaba a sus canciones, no podía huir de ella, no podía enterrarla. Su carne ya estaba despellejada, y ya era visible la sangre y el dolor. “Ghost Tropic” fue grabado en el Dead Space Recording Studio, en Nebraska, junto al escocés Alasdair Roberts (Appendix Out) y Shane Aspegren y Mike Mogis (Lullaby For The Working Class). “Ninguno de los músicos que me ayudaron en ‘Ghost Tropic’ habían oído las canciones que íbamos a grabar. Creo que éste fue otro punto clave, una nueva forma de trabajar que otorgo al álbum unos ambientes más espontáneos sin que ello le restara ningún grado de profundidad. La mayoría de los arreglos fueron improvisados, y tanto las voces como los demás instrumentos fueron grabados en directo, tocando todos juntos. De hecho siempre grabo las voces en directo, a la primera toma, porque, aunque no quede perfecta, posee un sentimiento muy especial”. Un proceso que, efectivamente, no resta profundidad, sino que parece que la acrecienta. “Still no guides. It’s not a generous world. It is a separate world. The bad luck taste of the dark. The broad luck of blood on the water”. Esas son las primeras palabras pronunciadas por Jason en el disco, sobre un fondo austero: una par de guitarras y una percusión de herramientas encontradas. A medida que se avanza el cuerpo se vuelve más y más pesado, solo con un par de líneas y un solo acorde. La parquedad atrae hacia su pozo de abismos intensos. No hay luz, pero si hay sombras. El terreno es vasto pero la vida ausente, y la naturaleza severa, las aves anuncian la muerte y los lobos se comen sus restos. La percusión vuelve a ser gris, suenan campanas, la eléctrica suena parca y la acústica dibuja lienzos de belleza rural, y el piano distante es quien marca el ritmo. “The Body Burned Away” posee la mayor cantidad de notas y, aún así, la sobriedad permanece intacta. “Dijiste que soy una página vacía para ti. Me diste tu mano, me diste tu sangre. No me malentiendas. Una vez tuve todas las palabras. Olvidé todas las palabras”. Siempre me cautivo su forma de escribir, repitiendo incansablemente una palabra, una frase –como no olvidar aquella ‘endless’ cantada hasta seis veces antes de la siguiente palabra, ‘depression’, en la pista final de “Didn’t It Rain” (Secretly Canadian, 2002)–. Pero ahora las palabras duelen: “Comencé a consumirme, comenzamos a consumirnos. El cuerpo se consume”. Otros dos simples acordes son la estructura sobre la cual se sostiene de manera firme el lento paso siguiente. “No Limits On The Words”. Jason estira las sensaciones hasta el límite, introduciendo el polvo por los oídos. “I will say nothing. I can tell that the shadow likes you still like the memory. My heart keeps remembering that simply to live that was my plan. And I will say nothing”. Las sombras aún les gusta la memoria, y el espacio comienza a comprimirse cada vez más, encerrado en un lugar pequeño, el cuerpo se hace pequeño, la nada misma, frente a la inmensidad deshabitada que rodean sus piezas habitadas por fantasmas. Y los pájaros del trópico que atraviesa el desierto por dentro suenan en “Ghost Tropic”, el primero de dos instrumentales que recrean un paisaje de desoladora belleza, de una hermosura de campos áridos e indómitos, donde el hombre cubre su corazón para que este no se queme, para poder sobrevivir. “Drag myself in a long line, in a long line. In a lonely line”. La música continúa su tránsito por la fría noche, entre juegos de cuerdas, cuando aún cantan aves. En horas bajas el calor se transforma en hielo, y el único abrigo es la voz de él, a pesar que con ello descubra sus heridas. Y mientras el ruido se desvanece, aparece un murmullo, electrónica de fidelidad baja, tras un piano preciso, absoluto, tras el ruido, bajo esos dos acordes de siempre. “Not Just A Ghost’s Heart”. El tiempo se detiene. “Cómo pudo ella leer el mapa mostrando solo el mar, solo casas vacías. ¿Somos todavía capaces de mirar de noche con un corazón humano? Ella todavía puede mirar de noche con un corazón humano, no solo con el corazón de un fantasma”. Ante eso solo se puede guardar silencio y callar. Los seis minutos siguientes son solo sonidos. La voz, muda. Los únicos que cantan son los pájaros. Piano y vibráfono, “Ghost Tropic” y el descanso al amparo del único árbol. Remanso que continúa con “Incantation”, canción de despedida de este trabajo, reposada sobre el suelo, el mismo que describe de una forma única, el espacio y las vidas compartidas en este mundo separado. “El sonido de nuestros pies contra el suelo se extiende por la noche. Y el final de la ciudad. Dime si estamos cerca del final. Descúbrelo conmigo”. El ritmo se esparce lento, las frases se reiteran, solo queda el eco y el vacío. “Se extiende por la noche hasta donde termina la ciudad… Una estrella ausente”.

“Ghost Tropic” se extiende por la tierra a paso lento, derramando el corazón y la sangre para liberar la angustia, o al menos intentar quitar un poco de peso de la espalda. El dolor por la pérdida puede aumentar el valor de las cosas. No ocurre así con la obra del músico de Lorain County (Ohio), no ocurre así con este puñado de canciones sobre la desolación, sobre no ser más que la estela de un fantasma. Jason Molina es ahora una estrella ausente que seguirá resplandeciendo.

www.secretlycanadian.com, www.magnoliaelectricco.com

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