Hawái.


238. Wandermüde
febrero 1, 2013, 2:20 pm
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STEPHAN MATHIEU AND DAVID SYLVIAN
»Wandermüde«
SAMADHISOUND. 2013

Muchas veces el hecho de intentar trasmitir la sensación que un determinado sonido produce por medio de palabras unidas una tras otra no siempre es fácil. Habitualmente estas surgen de manera espontánea, casi automática, conectando a los órganos auditivos con quien sabe que zona del cuerpo. A veces logro encontrarles sentido, y a veces ni siquiera yo mismo las puedo descifrar. Su interpretación quedará para el tiempo posterior. Pero hay algo que hace que esas palabras queden tal y como espontáneamente aparecen, y las deje en ese mismo estado. Vuelvo sobre algunas líneas a propósito de “Palimpsest” ( Schwebung, 2012) [211]: “Puede ser que estas pequeñas grandes piezas sí sean como carbones resplandecientes, oscuros, adornados con diamantes virales cristalinos, inalterables, ajenos a impurezas. ‘Palimpsest’ es una obra nueva, personal, totalmente separada de todo. El autor ha pasado a segundo plano. El tejido de luz y calor, de materia muerta y sustancia orgánica, constituye algo, en cierto sentido, inexplicable, adquiriendo una entidad propia. Son verdaderas estructuras moleculares por donde estos poemas electroacústicos de núcleo oscuro y corteza translúcida circulan como la electricidad a través de partículas invisibles. El sonido tiembla, destella, en una enorme superficie de drones y estática irregular, la palabra se desplaza con un atractivo subyugante”. Curiosamente, ese trabajo era también una transcripción de la obra de Bill Callahan/ Smog, la reinterpretación de material ajeno, descifrando unas piezas de raíz folk en baladas electroacústicas que aún hoy me parecen como enormes trozos de carbón brillante. Ese trabajo, el mejor para nuestro sitio el pasado año todavía me sigue cautivando como el primer día que tuve contacto con uno de sus primeros adelantos.

Retrocedo diez años atrás. Luego de un silencio prolongado más de lo necesario, David Sylvian lanza su propia compañía, y junto con ella “Blemish” (Samadhisound, 2003), obra no fácil de desentrañar, un espejismo de poesía eléctrica extraña, disonante, ruidosa, cristalina, resquebrajada, limpia por fuera pero con heridas internas. Por debajo de su estructura sencilla se ocultaban los desastres de su separación con Ingrid Chavez. Sigue siendo un disco extraño. “I’d fall outside of her / She does’t notice at all / And mine is an empty bed”. Año 2011, Punkt Festival (Kristiansand, Noruega), Mathieu realiza un remix en vivo de una antigua canción de Sylvian, ‘Plight And Premonition’. Este piensa en aquel para que cree una banda sonora para una aplicación de Iphone con sus fotografías digitales usando material de ‘Blemish’. “He vivido con el trabajo de Stephan por muchos años. Después de escuchar su remix en Punkt decidí que el sería la persona indicada para pedirle que volviera a trabajar el material de ‘Blemish’. Originalmente planeé hacerlo yo mismo pero una vez que Stephan había plantado su firma ambiental en mi mente me pareció la mejor opción que él le echara una mirada a los archivos”. Y de nuevo nos topamos con el mismo tema, la interpretación de algo que nos llega del exterior. Stephan Mathieu vuelve a trabajar con materia prima impropia, como antes hiciera con “Remain” (Line, 2011) [138], sobre un disco de Janek Schaeffer, y como en sus discos propios. Y al igual que uno mismo, la fascinación por el trabajo del inglés estaba intacta. “Estaba bastante asombrado por el álbum, su oscura belleza Cuando Davis me envió los archivos de las sesiones un año atrás, fueron una piscina de maravilloso material para mí, distanciadas de las canciones y el álbum original, mientras que bastante conectadas a David al mismo tiempo”. Desprovistas del aspecto vocal, solo quedan los restos de una relación y el sonido que la acompaña. Y Mathieu vuelve a trazar líneas imaginarias en el espacio. Los haces de luz infinitamente delgados viajan a través de la oscuridad, armando una intrincada red de ruido que se alimenta a si mismo. En todo el disco hay una sensación de inestabilidad, las melodías dibujadas con la guitarra, a pesar de su poca movilidad, nunca dejan de temblar, y ese ir y venir es el que hace que su imagen sea borrosa. Constantemente suspendidas sobre una cuerda floja, las notas deambulan como partículas inconstantes sobre su núcleo, átomos orbitando en direcciones impredecibles quietas en un plano estático. Al mismo tiempo, ese ambiente generado por los archivos transmutados va lentamente absorbiendo las melodías, contaminando con las impurezas que nacen de su propia interacción al resto de sonidos. Cada elemento se coloca al centro de su universo y, a su vez, ese mismo elemento va rodeando al resto, formando una edificación con una distribución asistémica. Y aún así, en su fondo y en si forma, atraviesa de un límite al otro su belleza imperecedera. Aquellas manchas imborrables que estaban en las piezas originales se traspasan a estos nuevos edificios, sobreviviendo al proceso de infección artificial. “Mi trabajo con el computador es siempre en vivo. Alimento materiales seleccionados en un proceso de software y grabo el resultado, el cual o lo tomo como está, o lo descarto completamente. No hago multi tracks, ediciones o re-arreglos. Estoy interesado en la auto evolución del sonido con toda su áspera y a veces defectuosa calidad. Nunca uso efectos como reverb artificial en mi música, así lo que escuchas es más una pila de espacios que rodean las entradas individuales usadas en mis procesos… Con las grabaciones de David las fundí luego con mis instrumentos, grabé muchas tomas y escogí las mejores. Mientras que primero procesé las grabaciones bastante fuertemente, me tomó un tiempo darme cuenta que llegaba a mejores resultados cuando la interpretación de David brillaba a través de mucha mayor claridad. Por ejemplo, con la guitarra original de ‘Blemish’ solo apliqué un suave tratamiento e hice una grabación en el cuarto tocando esta versión a través de dos amplificadores Fender”. Son siete piezas, pero fácilmente podría ser una sola. El tránsito de “Saffron Laudanum” a “Deceleration” sucede de manera imperceptible, y los silencios se tornan en ruido. En aquel primer acercamiento resuenan los ritmos anémicos de ‘The Only Daughter’. “Please be gone by morning” decía en ese entonces. Hoy solo quedan vacíos espaciados. El eco de “The Heart Knows Better” continúa en “Velvet Revolution”, pero sus cuerdas metálicas se ven impregnadas de humedad que corroe la superficie. “Trauma Ward” encierra el tiempo en una cámara cerrada, sin oxígeno, mientras los acordes intentan respirar y fallecen dando rasguños en las paredes. Hasta acá de alguna manera se podía reconocer las fuentes originales, aunque escondidas. Sin embargo, es en la mitad del trayecto cuando la curva toma un giro hacia lo sobrenatural. “The Farther Away I Am (Minus 30 Degrees)” es donde la absorción que comúnmente el alemán hace de todo lo que circunda un punto determinado tiene lugar. El proceso de evolución interna que se produce en el sonido comienza a suceder progresivamente, y los archivos de audio sufren una transformación en su centro mismo, difuminándose en sí, derritiéndose con el calor. “Dark Pastoral”, con el piano de John Tilbury, continúa el camino planificado. Lo sobrenatural convierte en fantasmagórico, ahogado en gritos de silencio. “Telegraphed Mistakes” deconstruye ‘Blemish’, la canción, aumentando la distorsión, amplificando sus ecos, pero de una forma casi subliminal, haciendo transitar sus notas por vías que subyacen en el fondo, difuminando sus acordes, derritiéndolos en el intenso calor. Y ese calor, al mismo tiempo, produce una humedad que impregna las superficies más alejadas, corrompiéndolas y cubriéndolas de corrosión. ‘Fire In The Forest’, al igual que su gemela ‘Transit’ en el álbum de Fennesz ‘Venice’ son para mí los perfectos modelos para lo que una canción del siglo XXI debiera ser. Ya que el tuvo solo un par de días para trabajar en esto, llegó con esta áspera y muy hermosa grabación de su guitarra tocada en el último momento. Fue amor a primera vista para mí”. Los cinco minutos finales cuentan con la participación del austríaco de verano eterno. Christian Fennesz, ya presente en el disco original hace su aparición en el fin del viaje, que es también un punto abierto. “Deceleration” exhibe su guitarra en su esplendor máximo: infinita, clara radiante, áspera, suave, todo a la vez, envuelta por la electrónica lumínica del alemán. Todos estos sonidos fueron procesados en tiempo real, mismo tiempo que pierde su significado cuando sus espacios acaban siendo consumidos por su vorágine impetuosa.

‘Blemish’ es una obra extraña, brillante, oscura, triste en la exhibición del desmembramiento emocional. “Wandermüde” es su exaltación. Cansado de deambular, su traducción literal, la reinterpretación de Stephan Mathieu del trabajo de Sylvian abre la herida. El ruido se extiende sobre una tela con finas líneas de luz auditiva, entrelazadas con los sonidos primarios, los cuales ingresan de una forma y emergen de otra. El sistema de Mathieu actúa como un virus que se propaga por cada lugar por el que avanza, contaminando hasta el corazón de sus moléculas, hasta la célula más ínfima. Las manchas conservan su oscuro atractivo. “Wandermüde”, su transcripción, extenúa las notas y eleva aún más su indescifrable belleza.

www.samadhisound.com, www.bitsteam.de, www.davidsylvian.com

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