Hawái.


228. Vanishing Mirror
enero 1, 2013, 12:10 pm
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PILL–OH
»Vanishing Mirror«
KITCHEN. LABEL. 2012

Solo dos años separan a dos personas que, envueltos en sí, desfragmentan este mundo en pequeños trozos, en un instante, solo cuarenta y cuatro minutos separan la realidad de la ficción, el mundo destruido y reestructurado en un lugar mejor, aparte. Trece episodios son los nuevos sitios donde estar por un lapso, alejado del ruido exterior, lejos de la realidad, cerca de uno mismo. Un soplo de ilusión. Estos nuevos capítulos para sentirse acogido nuevamente vienen acompañados de una de las sorpresas de la temporada, al menos a nivel personal. Hace poco más de un mes que descubrimos físicamente a Kitchen. Label, sello ubicado muy lejos de nuestros hogares, pero ya convertido en una casa próxima a nuestros corazones. Desde Singapur, Ricks y April se empeñan que cada producto no sea un objeto más a acumular entre el resto de objetos. Cada edición es más que una simple colección de canciones, que ya es mucho, y esta no es la excepción. Rodeado de un hermoso diseño, el número diez del catálogo es otro más a atesorar en una caja especial.

Pill–Oh es, son, dos músicos nacidos en Atenas, Grecia. Ella es Zinovia Arvanitidi, nacida en 1976. El es Hior Chronik, nacido en 1974. Ese último comenzó a relacionarse con la música cuando ejercía de productor para una radio de jazz en los años noventa y como columnista para varias revistas. Más tarde, hace unos siete años ya, es que inició a crear su propia música, no solo a hablar de ella. Ambient de raíces nostálgicas, melodías con fuerte carga emotiva. Una carrera corta, que aún esta en sus primeros pasos –aunque todos sabemos que no importa la cantidad–. Este trayecto ha deparado dos trabajos, “I’m A Tree” (Enregistrements Variables, 2010) y “Unspoken Words” (Mü–Nest, 2011), este con participación de Akira Kosemura, Roger Doering (Dictaphone: una banda con la que comparte mucho) y Zinovia. Así llegamos a ella. Sus primeras lecciones de piano las tomó a los ocho años, y ya a los quince escribió sus primeras composiciones. Una vez acabados sus estudios comenzó a colaborar con diversos proyectos, de diversas formas, así como componer para obras de teatro y cine. Año 2009: Hior y Zinovia se unen, el hundiéndose en las armonías que ella crea con sus delicadas manos, ella hundiéndose en las texturas que el tiernamente fabrica, ambos sumergiéndose entre sí en un mar de sonidos firmes entre paisajes que se desvanecen. Pill–Oh nace. Año 2012, “Vanishing Miror” nace. “I can disengage everything from my mind, so I can imprint them in a few pages”. Comienzo a oír, sin mucho conocimiento, tan solo con la confianza. Al final, todo se trata de fe. No hay mejor modo de iniciar un viaje, de invitar a alguien a seguir caminando que hacerlo con el sonido de las aves –si una pequeña ave suena al comenzar un disco, una canción, de inmediato querré oír más–. Esas aves son las que dan la bienvenida, entre el murmullo enredado de luces sintéticas, entre el follaje artificial haciendo de mesa sobre la cual se apoyan las notas de piano sueltas sobre el mantel movido por el viento, cajas de música, y una orquesta de bolsillo. Todo suena en su lugar, nada escapa a su tamaño necesario, cada cosa en la medida justa. Parece sencillo, así suena, pero es el trabajo cuidado al extremo, producido durante ocho estaciones, albergado en la mente un largo rato hasta desembocar en esto, tres minutos y cuarenta segundos que inician un futuro mucho más brillante. “February Tale” es el comienzo, tan solo eso. “Notebook” se mueve con agilidad, entre surcos invadidos por cuerdas y cuerdas, lo opuesto a “Stolen Moment”. Zianova arremete son suavidad en un espacio cerrado, con vistas a la infancia, y más adelante la instrumentación más opulenta comprime más y más el recuerdo. Si antes hablaba de futuro brillante, es por piezas como esta, “Fields Of Yellow Leaves”: piano, piano de juguete en un juego de sonidos que lleva los momentos más felices de la vida, la alegría que se acrecienta con la entrada del acordeón, Nils Frahm y Yann Tiersen en el mismo cuarto. “Melodico”, mil notas de tamaño diminuto concentradas en un conducto pequeño, levemente la electrónica de Hior aparece, casi sin quererlo. A escondidas emergen ruiditos en medio del acordeón, marcando un tono más triste que la pieza que le antecedía, más o menos, el mismo ánimo de “Memory”, un tanto más agitada y, otra vez, con las apariciones de clicks diseminados y borrosos. “Nightstill” y “Floating Feather” vuelven la mirada hacia adentro, muy adentro, hacia un ambient acústico de interiores. En realidad, muchas de los momentos se desplazan por ese terreno, de dirigirse hacia ese lugar en la intimidad de la memoria. “No Regret”, por ejemplo, pese a los adornos de electrónica de juguete, sigue siendo una visita hacia uno. Los paisajes serán más ocupados, pero el ánimo será el mismo. La melancolía vuelve a llenar el lugar que tiene reservado. “Waking Up To A Dream” y “Movements Of Duality” reafirman ese estado de añoranza. “I Wake Up And You Smile” es la primera y única pieza de todas en que la voz de un ser viviente aparece. Una desconocida nanaye, al menos para mí, cuando ya pensaba que todo se había dicho, surge entre el sobrio tejido. Su voz, difusa, aletargada, cercana, profundiza las sensaciones que se generan al escuchar las ambientaciones producidas por Zinovia y Hior. La belleza gris se vuelve belleza en colores débiles. Antes era desconocía, ahora es un familiar más. La despedida es con los pies en suelo y los ojos en las estrellas. “Promise”, con la ayuda en el cello de Aaron Martin, encierra la tristeza que pudo haber ocupado alguno de sus espacios en un pequeño sobre y la envía al cielo. Su carácter nocturno, en el medio de la noche, se ve iluminado por un cuerpo celeste que irradia luz y esperanza al final de la noche.

En un paisaje donde el sol acuchilla a la memoria. Una frase que se lee alrededor de una imagen en la página tres de un precioso libro de dieciocho por catorce centímetros. Un increíble diseño, otro más de Kitchen. Dieciséis hojas, once de ellas fotografías de la artista radicada en Francia Aëla Labbé, donde la luz del sol quema los recuerdos. Los colores se dispersan entre figuras que pierden sus contornos y se vuelven una con el fondo. Personas reales son captadas y entregadas como si fuesen fantasmas, el reflejo de una infancia espectral. Lo que se encuentra detrás del lente se desvanece en imágenes de perturbadora belleza. Al otro lado del espejo, los sonidos se reflejan de forma casi mágica. La estructura de estas piezas breves se halla en las armonías que Zinovia arma finamente, trazando delgadas líneas de cuerdas, pero principalmente, suaves tejidos de hilos con su piano. Hior se inmiscuye de manera furtiva, escurridiza, cada vez asomándose más a medida que avanza al ritmo de las canciones, inmerso en los arreglos. “Vanishing Mirror” es un soplo de ilusión evaporada, un sueño que absorbe la oscuridad, amparado en los recuerdos.

www.kitchen-label.com
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