Hawái.


226. A Little Fable
diciembre 1, 2012, 2:20 pm
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Aspidistrafly

ASPIDISTRAFLY
»A Little Fable«
KITCHEN. LABEL. 2011

“Una atmósfera inmensa, estancada, rebosante de secretos, de sombras”. Hojas de papel de las cuales brotan sombras, secretos teñidos de colores que han perdido su rostro pero que conservan su esencia. Hace casi exactamente un año apareció un trabajo del cual solo me vengo a enterar hace poco más de unas semanas, días tan siquiera. Pero existe, queda algo de justicia, al menos poética, en este mundo, mi pequeño mundo. Sin casi esperarlo, sin expectativa alguna, me he topado con un puñado de canciones pequeñas, frágiles, inmensamente minúsculas. El desconocimiento de lo que acontece más allá de las fronteras que nosotros mismos nos fijamos, a veces, muchas veces, impide conocer algo que nos puede salvar el día, que ya es mucho. A pocos días de que todo acabe me puedo ir tranquilo.

Aspidistrafly es un dúo que nace cuando se conocen April Lee con Ricks Ang. Ella y él. Una pareja con un especial gusto por las imágenes. De ese encuentro nace “The Ghosts Of Things” (Kitchen. Label, 2004) y, un buen tiempo más tarde, “I Hold A Wish For You” (Kitchen. Label, 2008). Conjuntamente con ello, y quizás como una necesidad, es que crean Kitchen. Studio, una empresa de diseño con un especial cuidado por todo aquello que produce. Uno de esos productos, el principal, es su sello, el cual cuida hasta el detalle más mínimo cada una de sus ediciones, prestando especial atención a las texturas del papel y del sonido. Tres años después de aquel primer trabajo largo, y otro más que tardo en que mis humildes manos lo pudieran palpar, aparece “A Little Fable”, otra vez un encanto al oído, tacto y vista. En algún lugar entre el folk y una electrónica que aparece a ratos, este disco crece intempestivamente como la flora silvestre. Los paisajes recreados son de tonalidades bucólicas, de naturaleza a campo abierto, al mismo tiempo que de interiores deshabitados. Aunque si bien existen moradores, no son más que fantasmas. Baladas acústicas espectrales en medio del campo, en la mitad de la noche. El uso de los recursos sintéticos, como dije antes, se encuentra ubicado muy por detrás, por debajo de las imágenes, que se traslucen aunque cueste ver sus siluetas. Como antes, como ayer, pero mucho más que antes, mucho más que ayer. El ruido sobre el cual se desenvuelven las canciones esta construido principalmente de madera, madera que cruje, herramientas fabricadas a mano, tocadas a mano. Lo primero que se vislumbra al entrar en contacto con “A Little Fable” es, como suele ser, una apariencia exquisita: un pequeño libro en dirección horizontal de tono verde musgo, con un círculo al centro que permite apreciar un collage con dos manos cruzadas sobre un fondo florido. Al interior, otras catorce páginas con fotografías, textos de sus catorce capítulos, con diseño de la propia April –más la ayuda de Rika M. Orrery y Miu Nozaka–, y al final otras nueve páginas más de fotografías. Un precioso trabajo, hermoso hasta más no poder, alcanzando esta belleza estética incluso a olor de sus hojas. Pero esta belleza no se queda solo en lo formal. Cada uno de sus sonidos, de sus voces, de sus aromas irradia belleza de luces tenues, mañanas quebradizas. Pequeños instantes de delicadeza y fragilidad en un mundo nada delicado, sino tosco y poco amable. “Then a black-necked swan rose from the intoxicated mass, edging toward the glistening splendor of the forbidden shoreline”. Dos frases quse pueden leer en el lado opuesto de aquella página que detalla la información acerca de “A Black-Necked Swan”: harmonio, glockenspiel y programaciones por parte de April y el cello de Seigen Tokuzawa. Setenta y seis segundos, la nada misma que, sin embargo, es capaz de detener el universo y congelar el tiempo, y a su vez permite redirigir la atención hacia aquello que comenzará a suceder, que es aún más esplendoroso. Y ese esplendor emerge de inmediato. “Landscape With A Fairy”, guitarras eléctricas y acústicas, cello, violín, viola y piano. El sonido de un ave y las cuerdas del piano que parecen imitar su canto, arreglos de cuerda que me recuerdan a “Chelsea Girl”, y la voz de April Lee, que transporta a un estado de pureza otoñal, cuando las primeras lluvias limpian las heridas. “Waking from a dream / The sun floods her eyes / To unravel such a scene / Of scarlet splendor” canta ella, mientras el sol inunda los ojos. Su voz se mece ligera, dócil, acercando las palabras al oído, rodeada por adornos dispuestos de manera elegante. “So where do you go when the day is closed. Only the forest knows”. ¿Adónde irse cuando acabas de presenciar un milagro ante tus ojos, cuando acabas de presenciar tal maravilla? Pues al bosque, entre zorro, ardillas, brujas y árboles. “Homeward Waltz” es otra gema de folk campestre, mullido, ornamentado por pequeños ruiditos cotidianos, bocinas de juguete, cuerdas de reloj y alarmas, y lo principal, una melodía que en su boca se vuelve cercana. Esos ruiditos de andar por casa se convierten en el centro de “Cocina”: flautas, utensilios, platos, cristales y el piano de Honagayoko. Una breve pieza instrumental, que no lo es tanto, unida a otra que si lo es. “Sea Of Glass”, Ricks haciendo ambient con guitarra ‘como si fuese un mar de cristal’: dos guitarras en distintos niveles, cada una dibujando líneas –el timbre de estas notas casi inconscientemente me dirige hacia ese espacio reservado para Loren MazzaCane Connors. Por la eternidad permanecerá, y siempre que pueda lo recordaré, aún cuando afortunadamente todavía le tenemos con nosotros–. “Growing bright / The moon in shades of white / Path of stars / Drowing down / Past my eyes”. ”Countless White Moons”: por vez primera, ya en el séptimo capítulo, juntos en el cuarto mágico Ricks y April, a quienes se les une el piano sosegado de Akira Kosemura. Acordes de guitarra tocados con ternura, respaldada por las figuras de ruido suave y Akira colocando las notas como puntos resplandecientes, como esferas doradas en un árbol de navidad, formando un hermoso contrapunto –igualmente hermoso es la manera como incrusta la palabra ‘twilight’ en la línea número siete de la canción–. Kosemura hace abandono y deja que ambos, solos en la habitación, ahonden en los interiores del alma. Primero es “Language Of Flowers”, similar a la anterior, recreando atmósferas cargadas, nubladas. Luego “Wooden Room”, parecida a los eventos que se sucedían en “Cocina”, pero de carácter más secreto. El cuarto de madera es la puerta de entrada a otro jardín secreto. “Gensei” es su nombre, el que cuenta con la participación en piano y coros de Janis Crunch. Otra melodía para conciliar el sueño y no querer salir de ese lugar nunca más. “See me run away / But these imprints will remain”. Escucho y leo esto y, mientras lo hago, repaso las fotografías que permanecerán aún mucho después que el papel pierda su color. Algo muy similar ocurre con las canciones: éstas parece que se destiñen, que en el instante mismo en que son reproducidas su tonalidad se desvanece, pero es precisamente esa una de las cualidades que más fascina y envuelve. “Blue Bonnet Of The Seven Stars”, setenta segundos de sonidos cazados casi al azar, en el patio de recreo, junto a los recuerdos olvidados.

“Where are you going… Dear Sylvan”. ¿Y hacia dónde va el viento? ¿Y hacia dónde van las canciones? No lo sé. Ni lo uno ni lo otro. La única certeza es que el tiempo ya ha transcurrido lo suyo, y solo resta una canción más. “Twinkling Fall”, poema infantil para irse a acostar. “And then a shower of stars came down / In shades of red, yellow, brown / Twinkle twinkle little star”. Estrellas amarillas atrapadas en libros, guardadas entre una hoja y otra, destempladas, guardadas en un sitio oculto de la memoria. “A Little Fable” es un libro que en su interior contiene catorce estrellas que resplandecen con un brillo tenue cada vez que uno lo abre. Acabo de cerrar el libro, el viento ha dejado de soplar, y es entonces cuando la magia aparece ante mis ojos. El sonido se ha aquietado y, sin embargo, sus estrellas siguen tiritando. April y Ricks permanecen por un buen rato más, centelleando, floreciendo, bañando, arrullando el oído con sus diminutos soles del bosque.

www.kitchen-label.com, www.aspidistrafly.com

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