Hawái.


225. Charcoal
diciembre 1, 2012, 2:10 pm
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BRAMBLES
»Charcoal«
SEREIN. 2012

No hace mucho hablábamos de los parecidos estéticos –y también substanciales– que existían entre una determinada música y cierto mineral. Este disco, también de opaca portada, comparte no solo desde su título una referencia y una cercanía con el carbón, sino que además lo hace también en un plano sonoro, pero en un nivel diferente a aquel inmenso trabajo que hace casi recién comentábamos. Es este un disco que posee una cierto registro rocoso, como sacado de las profundidades de una montaña seca, pero con una tonalidad distinta. Es, en cierto sentido, de un sustrato más orgánico. Aunque habrá quien de seguro lo verá de otra manera. Estas piezas fosilizadas son obra de Brambles. Brambles es, a su vez, el nombre escogido por Mark Dawson, músico nacido en Gran Bretaña, actualmente radicado en Australia –aunque por el momento transita por Berlín–, y que ahora recala Serein, sobre las húmedas tierras galesas.

Originalmente pensado para ser un EP, “Charcoal” finalmente se transformó en un disco integro, no obstante ser de una duración no tan extensa. Grabado entre muchos lugares, lo que prolongó el tiempo de gestación, pero también el de maduración, este disco responde a un ánimo especial, a una intención que pese al paso del tiempo permanece de manera regular en el transcurso de sus casi cuarenta minutos. Muchos de sus escondites se gestaron en ‘The Painted Palace’, una casa comunal en Melbourne, lugar abierto a todo tipo de personas e intereses. “Los dos primeros tracks de ‘Charcoal’ fueron creados al mismo tiempo viviendo en Brisbane. Allí pasé un montón de tiempo a solas con el piano debajo de mi casa, creando canciones muy sutiles y contenidas. En un capricho, decidí mudarme a Melbourne, y mientras estaba ‘entre hogares’, tuve la oportunidad de explorar una variedad de diferentes sub-culturas y espacios de vida. Una experiencia particularmente inolvidable fue vivir en un squat en un edificio de oficinas abandonado con un grupo de anarquistas. Debido a este combate de vida efímera (a veces sin electricidad), debo haber mezclado el álbum en al menos diez lugares diferentes, que a menudo era muy problemático y hacía que el progreso fuera lento. Finalmente, encontré mi lugar en una casa donde las paredes vibraban. Había llegado a ‘The Painted Palace’, y se convertiría en mi puesta en escena para el resto de mi álbum. Tal vez podría llamar el tiempo que pasé allí, mi ‘Belle Époque’. Un lugar poco esperado para dar los resultados que emergen de este trabajo. “Charcoal” es un trabajo, como dije antes, opaco, y resulta además ser una estancia muy quieta. Habiendo producido anteriormente muy pocas cosas, sorprende la forma en que enlaza los sonidos, que hacen ver como si lo viniera haciendo desde hace muchos años, como si esos mismos sonidos los hubiese estado trenzando desde hace mucho tiempo. Música para las horas pequeñas, para los momentos en que la tranquilidad reina en las tierras del movimiento perpetuo. Piano, cello, guitarra acústica, saxo y melódica, field recordings y samples de registros de música concreta. Todo para un disco de naturaleza ambivalente, de tratamiento sintético pero de raíces acústicas. Puede parecer a muchas cosas, a los pianos de fieltro de Nils Frahm, a las mareas azules de Kane Ikin/Solo Andata, a los bosques de folk nórdico de Tape… Restos de madera húmeda, residuos de electrónica rugosa, timbres de luminosidad oscura, un conjunto de sonidos que se dirigen a una misma zona, esplendorosa, entre la vegetación muerta y los arbustos florescientes. El comienzo no puede resultar mejor. Ante la duda de a que sabrá, mejor dejarse arrastrar por sus levedades. “To Speak Of Solitude”, mientras se introduce de un modo especial, con el revoloteo de algún ave y una guitarra arqueada, pronto da paso a unos acordes de acústica sencilla, tierna, que sirven como segundo fondo para que sobre ella se replieguen notas de piano tocadas esporádicamente, sonidos de cuerdas en las espaldas del muro suave, una melódica que se aproxima de la misma manera, intentando tapar una capa de electrónica artesanal, mientras se siguen lamentando los ruidos flexionados. Cuatro minutos, veintiún segundos, nada más que un instante en el mundo, pero resuelto de le mejor manera posible. Ante eso no queda otra opción más que la rendición. Yo, al menos, he sido vencido. “Duch Owls As You” contiene cierto aroma de jazz muy ligero, escondido entre el follaje, todo en un ritmo muy lento, cansino. “In The Androgynous Dark” es aquel que más se asemeja a aquello que hacen los tres paisajistas de Häpna: el uso de la percusión, otra vez con emanaciones de jazz, el uso de las melodías, el piano acometiendo de manera respetuosa, ese tono de folk pastoral, más en la esencia que en las formas. Recreando vistas de naturaleza campestre. Otro instante para seguir entregándose. “Salt Photographs” vuelve al estado inicial, pero esta vez notoriamente más saturado de ruido, terminando de manera poco pacifica, dentro de los términos que este disco propone. “Pink And Golden Pillows” retoma la situación creada con anterioridad –todo este trabajo fluye con una naturalidad que hace que uno pase de un track al otro sin darse cuenta, casi de manera imperceptible–. Después de “Arête”, piano más cuerdas explosivas más ruido, viene “Deep Corridor”, una pieza de ambient que parte en las profundidades más insondables del océano, emerge como chasquidos en la superficie del mar, se estrella contra ríos de arena sin filtrar, y culmina como un canto que se desvanece en las estrellas. Extraño lugar al que ha llegado, en este momento del álbum, que sin embargo tiene perfecto sentido. Luego de llegar al cielo, “Unsayable” baja un poco, a la superficie lunar. Las cuerdas de acero flexible se mecen con un aire noctámbulo, observando el horizonte blanco y negro. Menos de tres minutos de apuntes en los bordes de los ojos a punto de lagrimear. Si en general, casi en su totalidad, estas piezas transitan por un espacio relajado y pausado, su conclusión no hace más que retardar aún más el tiempo. Su imagen, vista desde en su totalidad, se asemeja a una pintura de un paisaje quieto que se mueve con el viento de otoño.

“Charcoal” es un trabajo que ha sido sembrado y cosechado durante un buen tiempo, lo que ha ayudado a que sus pequeñas canciones logren empaparse de una atmósfera bañada por la llovizna de la mañana, oscurecida y abrigada por el calor de sus carbones orgánicos. Sus canciones en tonos grises logran transmitir una sensación de confort, de paz, de amparo. “Charcoal” es un refugio contra la inclemencia de la tempestad de la vida, piezas de carácter transitorio que transforman las mareas de viento y lluvia en pequeñas gotas de agua fría, que no dañan sino que traen un aire de pureza y consuelo.

www.serein.co.uk, www.iambrambles.com

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