Hawái.


220. Stroomtoon Vervolg + Colour Tones + Ontrafelde Tonen + Elastiek
noviembre 1, 2012, 2:20 pm
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MACHINEFABRIEK
»Stroomtoon Vervolg«
SUPERIOR STANDARDS. 2012
»Colour Tones«
FANG BOMB. 2012
»Ontrafelde Tonen«
VINTERMUSIK. 2012
»Elastiek«
ENTROPY. 2012

En todo el tiempo transcurrido en estos casi diez meses que, dicho sea de paso, son casi un año entero –aunque todavía faltan un par de semanas para el fin de temporada–, el holandés Rutger Zuydervelt ha publicado cerca de veinte referencias, mitad en solitario, mitad en colaboración. Aunque de su carácter inquieto, y de su ritmo editorial acelerado ya teníamos conocimiento, de todas maneras sorprende su capacidad para, entre en día y otro, sacar partido a su tiempo y su creatividad y generar nuevos sonidos. Su incontinencia es ya una de sus características, pero eso mismo le ha ayudado a mejorar sus técnicas e impedir que aquello que edita sean meros ensayos en tiempos muertos. Al contrario, con el pasar de los años, sus rastros, difíciles de seguir, han proporcionado discos cada vez mas interesantes, de modo que ellos han constituido una música siempre fascinante, dispuesta a ser descubierta, música movediza e intrigante. Lo que sigue es un intento por seguirle la pista nunca estancada, todas en su labor más personal.

“Stroomtoon Vervolg” forma parte de una serie de diez singles en siete pulgadas publicados en un tirada (muy) limitada de tan solo diez copias por el sello Superior Standards, parte de Eat, Sleap, Repeat –otras instantaneas corresponden a Kenneth Kirschner, Pinkcourtesyphone, Lawrence English–, acompañado con un impecable diseño –otra vez, el continente a la altura del contenido– de Rutger. Generador eléctrico de tonos, radio, sampler, pedales, Korg monotron, mezclador y computador para originar dos piezas breves que en total suman poco más de ocho minutos –existe una versión más extendida en CD en “Stroomtoon” (Nuun, 2012)–. El ‘sonido de la electricidad’ nace de unos experimentos con estos viejos aparatos, sometido a un tratamiento con efectos que producen una especie de radiografía del ruido. El lado A, “Stroomtoon Zes” deja en evidencia como estas ondas de estática viajan dentro de un espacio pequeño, mientras que el procesamiento hecho a mano y de manera digital intenta cubrir el rastro tenue de luz interior. Surge entonces una superficie inestable de ruido algo molesto, pero de una manera extraña, dentro de todo el caos sutil aparece una capa de belleza eléctrica. Asoman manchas cubiertas de brillo blanco. “Stroomtoon Zeven” por cierto que mantiene el tono, pero en cierto sentido esta mas ubicada sobre el aire a diferencia de la anterior, de aspecto mas subterráneo.

En un color, el tono representa la cantidad de luz en él, pudiendo ser más blanco o más negro. Mientras mayor sea el tono, mayor también será la cantidad de luz en un color, es decir, más color blanco posee. Esos opuestos, blanco y negro, no se pueden considerar como colores puesto que el blanco es la presencia de todos los colores y el negro es su ausencia total. No obstante, al combinarlos estos forman el gris, el cual también se marca en escalas, lo que forma un círculo propio, el círculo cromático en escala de grises. De esa misma tonalidad grisácea es la portada y todo el artwork de “Colour Tones” -de nuevo haciendo uso de la tipografía creada por H. Berthold hace un siglo, la misma presente en casi todos sus publicaciones-, un trabajo largo en el que, haciendo uso de sus herramientas habituales, muchas presentes en el single antes comentado, sumadas a otras, logra fabricar uno de esos discos en donde cada componente esta colocado en su lugar justo. La paleta de sonidos se amplia alcanzando cotas de belleza sin medida. En cierto modo, su marca sonora característica permanece presente, a pesar de existir muchos lugares a partir de los cuales esta se configura, pero además se ve expandida a través de desarrollos armónicos que no siempre son fáciles de encontrar. Cada ruido es tratado minuciosamente, cada espacio es llenado de la manera que este requiere, sin sobrecargar demasiado, sino que silenciando los escondites donde se ocultan sus partes. “Colour Tones” es la banda sonora para ‘Colour Tales’, un proyecto de la diseñadora Leslie Moore, donde cinco cuentos eran traducidos a composiciones, y donde los asistentes eran invitados a escuchar la música mientras leían las historias. Desprovistas de los textos que originalmente acompañaban, las piezas incluidas en el CD igualmente tienen poder evocador para estos relatos no acontecidos, momentos sin voz en los cuales no se dice nada sino que se observa. Su electrónica quebrada, su acústica espaciosa sirven como fondo para instantes de paz frente a un mirador con dirección al vacío. “Green” comienza como un zumbido que lentamente comienza a apagarse y a derivar en el ruido de los restos de un algo incierto, y mientras todo decae surgen (vía sample) los vientos purificadores de Gareth Davis –como olvidar “Grower” (Sonic Pieces, 2011) [133]– y el saxofón de Espen Reinertsen, imprimiendo un tono melancólico a la atmósfera paisajista. Sin que uno se de cuenta se abre un puente a “Red”, con diminutos ritmos que vibran de manera baja y que llegan a una zona mas agreste. “Green” se sucede como un murmullo de estática decorada sobriamente, mientras que “Brown” queda suspendida en algún lugar a punto de iniciar un viaje libre hacia el jazz helado, el momento justo anterior a que el cielo sea el único limite para “Blue”. Un teclado ligero y unas simples notas llenas de luz cegadora, una pieza que de tan simple llega a conmover, algo inusual en Rutger, radiante y tierna. “Mosaic”, versión de su presentación en el estreno de la exhibición: samples de instrumentación acústica –el cello de Aaron Martin– flotando entre una sonidos análogos que destellan y tiritan como una estrella distante, crujidos que arrastran, ruido friccionado -similar a los soundscapes de Giuseppe Ielasi, responsable de la masterización-, la sutileza de Davis rodeada por un manto de electrónica de texturas múltiples y accidentes que sirven de adorno, y que, por si fuera poco, se ve embellecida por una guitarra crepuscular que respira un campo natural. Acordes precisos que remiten a un paisaje orgánico, cuerdas eléctricas con olor a madera sintética, que poco a poco permiten el abandono de la grata suciedad y la llegada del crepitar suave de capas en tonalidades suaves. Escasos treinta y dos minutos de un campo cromático reducido, del gris al azul, y el maravilloso espectro que queda entre ellos.

Finalmente, luego de un interludio un poco más estirado, otras dos referencias pequeñas. ‘Ontrafelde Tonen’ fue un instalación para el Festival StreetCanvas en octubre 7 de 2010, consistente en tres pequeños parlantes encerrados en cajas de madera, a la manera de casas de pájaros, montadas sobre los árboles de la Plaza Oude Groenmarkt en el centro de Haarlem (Holanda), cada una transmitiendo un loop diferente, inspirado en un relato (basado en la historia del cuadrado), escrito por Jetske de Boer. La música que emanaba de esas cajitas es ahora emitida por un disco también pequeño de un sello aun más diminuto. Vintermuzik, desde Suecia, lanza su primer numero que consiste en cien copias de “Ontrafelde Tonen”, un siete pulgadas de aquella banda sonora de la madera muerta arrimada a la madera viva en un espacio publico. Y es acá y en este momento en que mi amor por aquellas realizaciones breves vuelve a tomar valor. Unos minutos que se escurren como el agua en las manos pero que deja impregnada su humedad por mucho tiempo más. Un instante reducido en la historia de la música que, sin embargo, se amplia en la mente. “Ontrafelde Tonen 3” ocupa el lado opuesto del vinilo, con sonidos que se desvanecen como humo, ruidos que van, vienen y desaparecen, y electrónica porosa. Glitches despojados de su dinámica rítmica, elementos sonoros acarreados por una superficie de metal, sobrepuestos encima de otros, que producen un hermoso roce de ruidos y que generan una revestimiento asombrosamente desgastado. “Ontrafelde Tonen 2” es otra cosa. Un cúmulo de voces extraídas quien sabe donde, música coral, que al igual que sucedía anteriormente, se esconde y se asoma de manera furtiva. Encerrado en un pequeño espacio, cubierto por un arca de materiales nobles, las ondas se mueven con una flexibilidad abismante, gloriosa. Las melodías celestiales, colocadas una al lado de la otra llegan a nublar la visión, aun más al ser afectadas por Rutger, quien las reordena de modo que llegan a aturdir, no a confundir, aumentando aun más su esplendor. Cuatro minutos que rozan lo sublime. Si eso lo multiplicamos por cinco, y lo dejamos detenido un buen rato, tendremos una aproximación a “Elastiek”, CD de tres pulgadas el cual se focaliza en un prolongado track de drone mas o menos quieto. “Había estado pensando en hacer una larga pieza de forma de drone estático durante bastante tiempo, pero no era lo suficientemente paciente para hacerlo realmente. Se necesita un poco de esfuerzo para dejar ser al sonido, y no caer en la tentación de manipularlo. Y creo que lo mejor es escucharla no como una pieza musical, sino más bien como un proceso de estado continuo. Obviamente, no hay mucha acción en la composición, pero todo está en los detalles. El foco gradualmente cambia de una frecuencia a otra, provocando movimientos lentos y apenas perceptibles”. Como algo que esta y no esta, durante el transcurso de los casi veinte permanecen velados pequeñas diferencias en el tono, el volumen y la intensidad, pero son tan minúsculas que se requiere una atención desmesurada para poder captarlos. Solo se observa como una gran nota es dilatada hasta que uno entra en un estado donde no se sabe distinguir fácilmente el tiempo. Pero los detalles están ahí, justo cuando se pierde la noción del ahora. Entre sus tres fases, distinguibles solo en la distancia, se esconden los lentos movimientos bajo la superficie de estática contenida, sutiles variaciones que hacen de su hipnótico avance un sitio en el que entramparse.

En estos cuatro trabajos se puede intentar observar el rostro de Rutger Zuydervelt, tratar de tomarle una fotografía. Pero si uno desea repetir la escena lo más probable es que su rostro ya se encuentre fuera de foco. Aquí hemos tratado de mirarlo desde distintos ángulos -pueden ver también sus recientes colaboraciones con Celer [188] + [208]- su escurridizo perfil, percatándonos de que sus movimientos logran dejar una huella personal, huella que se encuentra sujeta al constante cambio, a veces apreciable y a veces no. Pero es igualmente interesante ese desplazamiento, de la misma manera que lo son sus momentos de quietud previos a sus escapes. Ha llegado un punto en que cada sonido que pasa por sus manos es devuelto como un mosaico elástico de sonidos poliédricos, fascinantes y únicos.

www.eatsleeprepeat.com/superiorstandards, www.fangbomb.com, www.vintermusik.com, www.entropy-records.com, www.machinefabriek.nu
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