Hawái.


211. Palimpsest
octubre 1, 2012, 12:20 pm
Filed under: Uncategorized

SYLVAIN CHAUVEAU & STEPHAN MATHIEU
» Palimpsest«
SCHWEBUNG. 2012

Uno. Un palimpsesto es un manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie, pero que ha sido borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe. En geología, el mismo término se refiere a un cauce cuyo patrón de drenaje ha sido modificado súbitamente, en relación al tiempo geológico, pudiendo evidenciarse ambos patrones como resultado del proceso, una facción geográfica compuesta de estructuras superpuestas. Una capa por sobre una capa, la escritura por sobre la escritura, la letra por sobre la letra, que bien podría servir como modo de intentar expresar lo que entre manos tenemos. No obstante, si me preguntan, este puñado de piezas presenta un notorio parecido con lo que en arqueología se conoce como palimpsesto, esto es, un yacimiento que presenta mezcla de estratos, contaminaciones de restos de diferentes época, que impide determinar cuál es el superior y cuál el inferior. En el fondo, todos indican más o menos lo mismo, una mezcla de materiales de mas o menos las mismas características, uno encima del otro, una letra sobre una letra, un mineral sobre un mineral, un cauce sobre un cauce, una canción sobre una canción, un sonido por sobre otro sonido. Aún así, como una primera aproximación, estas piezas brillantes me parecen como hechas de un material fosilizado miles de años atrás, estratos auditivos sobrepuestos los unos a los otros, donde las futuras capas impiden distinguir a las antiguas, donde en los residuos se genera un territorio nuevo, un suelo fresco surgido de remanentes. Dos. “Palimpsest” es también una canción, la que daba inicio a “The River Ain’t Too Much To Love” (Drag City, 2005) –una debilidad personal–, a su vez, el último disco de Smog, el artista que desde entonces será conocido por su nombre propio, Bill Callahan. William Rahr Callahan es un personaje esquivo, nacido en Maryland en 1966, que desde hace unos veinte años, más o menos, ha ido desperdigando semillas en forma de canciones –siempre amparadas por la etiqueta de Chicago–, donde combina una instrumentación de estructura simple, sobria, a veces un tanto descuidada, con una lírica particular, críptica a ratos, muy personal, y muy real –“no es que mis letras sean duras; es que hablan de cosas verdaderas”–, con unas referencias que se transforman en constantes inquietantes, como el agua, los caballos y las aves. Bill es dueño de un cancionero inimitable, extraño, donde a veces es difícil distinguir cuando es humor y cuando llanto, más aún con su canto y su característica voz apartada y aparentemente indiferente. Tres. Schwebung, en su traducción del alemán al castellano, es el fenómeno acústico que se genera al interferirse entre sí dos ondas sinusoidales con frecuencias ligeramente distintas. Schwebung, una nueva plataforma artística creada por el músico de Saarbrücken Stephan Mathieu, un espacio para dar cabida a material propio, en la soledad o en la colaboración, y solo enfocado a la publicación y celebración del vinilo -y archivos de audio de alta calidad-, acompañado con un estupendo diseño a cargo de la argentina Caro Mikalef. Hasta acá tenemos unos cuantos elementos que unidos, así como se ven, podrían dar vida a un puzzle indescifrable. Eso porque aún falta algo para tener la visión completa, y esa parte faltante es el músico Sylvain Chauveau, quien se une a Mathieu en “Palimpsest” para dar vida a una obra, la piedra fundacional del label del alemán, donde el manuscrito por sobre el que escriben es parte de la obra viva de B. Callahan.

Ahora bien, hay que tener precaución, pues si uno tan solo presta atención a algunos de los detalles antes indicados, sin precisamente fijarse bien en las características que esos mismos detalles poseen, podría confundirse, y fácilmente vislumbrar de manera apresurada esto como un disco más de versiones, otro más de los muchos dedicados a cubrir material ajeno, como una suerte de homenaje, un tributo y nada menos ni nada más que eso. Pero si uno toma cada elemento y lo une de la manera correcta, se da puede dar cuenta que no hay nada más apartado de la realidad que esto. “No creo que las canciones tengan propietario: al cantar algo que tú no has compuesto o incluso al escuchar un disco, ya se convierte en algo tuyo”, dijo una vez Will Oldham, compañero de ruta de Callahan. “Palimpsest” es un una construcción completamente inédita, que parte de la recuperación de una materia que no es propia, pero que en el instante mismo en que empieza a sonar nos damos cuenta que ya ha dejado de pertenecer a su autor y pasa a ser parte integral de estos arqueólogos, lista para ser descubierta como una sustancia viva y nueva, incandescente, abrasadora y fresca al mismo tiempo. Callahan se convierte así en un personaje que mira como su creación ya deja de pertenecerle, como un padre que ve que su familia ya no es la suya. Sylvain Chauveau se encarga de ejercer el rol de cantante, cubriendo cada palabra con la sobriedad y elegancia que ya distinguía y resaltaba en sus trabajos anteriores, muy especialmente en el imperecedero –solo son dos años hasta acá, no obstante, me permito usar tan fuerte calificativo– “Singular Forms (Sometimos Repeated)” (Type, 2010) [101]. Sus palabras no son solo interpretadas, son expuestas con una claridad vítrea. Por su parte, Mathieu será el responsable único de dar vida a todo el resto del entramado sonoro, utilizando para ello una serie de instrumentos, muchos de ellos descontinuados: virginales, ebowed phonoharp, viola da gamba, piano, corno francés, timbales, órgano farfisa, radio y processing. Electrónica acústica de naturaleza antigua entrelazada con el sonido de seda de una voz inmaculada. “Sylvain y yo estábamos discutiendo un álbum instrumental desde que nos reunimos por primera vez en 2009. Durante el año 2010 hice grabaciones para este proyecto, utilizando los instrumentos que tengo en casa. Este material fue arreglado y luego reprocesado usando mis herramientas habituales, lo que resulta en mis paisajes sonoros habituales. Para mi sorpresa, una vez Sylvain escucho las pistas vino con la propuesta de añadir la letra de algunas de las canciones clásicas de Smog/Bill Callahan, en lugar de otras voces instrumentales. Todavía estoy sorprendido por como había vislumbrado ese potencial en mis obras, por la forma en que coloca la letras de Bill allí, sobre todo desde que mi material original es utilizado para el álbum tal cual, sin cambios ni ediciones adicionales”. Ese sistema regenerativo que Stephan entrega, que nace de la manipulación pero que es finalmente ofrecido como carne hirviendo en su estado natural, circula por el aire como habitualmente suele circular, deformando la atmósfera, transformando el espacio físico y otorgándole un aura especial, a veces más amplia, muchas veces más comprimida. Cuesta a veces intentar explicarlo literalmente. Imaginen que las herramientas que el utiliza son como vegetales, un trozo de madera, un ave muerta, residuos de vida. Imaginen a su estudio como una laguna, un pantano. Imaginen a los primeros acumulados en el fondo de las cuencas del estudio. Pues bien, Mathieu es como una agente del tiempo, una pequeña bacteria que, lejos del oxigeno, lenta y progresivamente comienza a descomponer los sonidos, a enriquecer de carbono el ruido primario, a convertir el murmullo muerto en materia oscura, que no obstante ello brilla con el impacto de la luz del sol. Suena “Palimpsest” y el ave está todavia con vida. “Like I’m a southern bird/ That stayed north too long/ Winter exposes the nest/ Then I’m gone”. La voz de Chauveau hace suya las frases, exponiendo el nido, sustrayendo el polvo, elevando la luz infinita que ya poseen los sonidos hasta un nivel tan profundo, tan claro, a un sitio en que el aire tiene una pureza que impide inhalar y exhalar con fluidez, que corta la respiración como un cuchillo recién afilado. “Well you’re a wild horse/ On a collision course with the sun”. Las líneas de voz continúan circulando, espaciadas, distribuyéndose con una dinámica reservada, transmitiendo una sensación de asfixia. Cada frase tiene una intención imponente, congelada, cada palabra es separada en sus distintas silabas de manera precisa. Sylvain rompe las letras como quien quiebra un trozo de hielo con una distinción inusitada. Y mientras tanto, un piano alejado de todo interviene en la escena, unas cuerdas atacan en direcciones opuestas, las líneas de sonido se cruzan unas con otras. Más tarde, el ruido se vuelve turbio, aun más tarde las cuerdas vocales se aproximan entre medio de la distorsión –a la altura de “Your Wedding” aparece fugazmente Jeff Witscher (Rene Hell)–. “And their wandering hearts are gone”. Y entonces los latidos brotan como puntos inexactos de ritmo pesado, de color espeso, continuando con la línea marcada desde un inicio, con desviaciones tangenciales. Segmentos de estruendos unidos a mano, pliegues en los que los textos se acomodan infiltrándose como un virus al interior de las capas de fragor fosilizado. Los rastros de su origen permanecen irreconocibles. “Chosen One” y “Wild Love” estremecen como si nunca las hubiésemos oído antes, “Prince Alone In The Studio” agita el ambiente como un espectro atormentado. Entre medio, “Soaking The Pages In Tea” y “The Floating World”, dos piezas sin voz que no hacen más que cubrir con un manto de tela inmemorial las ráfagas de electricidad adulterada. Música virginal impresa piedras de una rugosidad preciosa en conjunción con una lírica robada que adquiere otro significado: new skin for the old ceremony. La prueba más palpable es el tránsito de “The Floating World” a “Your Wedding” –cuando canta, en un nivel superior al del suelo, “so drunk”, la sensación es espeluznante–, el paso de una ceremonia ambiental ensordecedora al rumor hierático e intimo. Sus piezas de química orgánica ya han traspasado la piel.

“Es emocionante para mí escuchar mi sonido en este contexto, la manera como las cosas de repente comienzan a caer en su lugar. En lugar de ser versiones clásicas, Palimpsest esta mucho más arraigada a la tradición del cadáver exquisito”. Palabras que acarician a la vez que hieren, en las profundidades superficiales del mar, en un bosque de ruidos sumergido en transgresiones marinas, una canción erosionada por el lento paso del tiempo implacable. Curiosamente, todas estas referencias sedimentarias se me vinieron a la mente aun conociendo el increíble artwork que Caro Mikalef ha diseñado para este trabajo, en tonalidades grisáceas y verde fluorescente, con rocas grises en aguas destempladas. Pero, de alguna forma, llegaron sin pensar en ellas, sin tenerlas a la vista en mi cabeza. Supongo que es una coincidencia, o quizás no sea yo el único que lo ve así, quizás esta sea la única manera en que se pueden trasladar a imágenes estos sonidos inextinguibles. Puede ser que estas pequeñas grandes piezas sí sean como carbones resplandecientes, oscuros, adornados con diamantes virales cristalinos, inalterables, ajenos a impurezas. “Palimpsest” es una obra nueva, personal, totalmente separada de todo. El autor ha pasado a segundo plano. El tejido de luz y calor, de materia muerta y sustancia orgánica, constituye algo, en cierto sentido, inexplicable, adquiriendo una entidad propia. Son verdaderas estructuras moleculares por donde estos poemas electroacústicos de núcleo oscuro y corteza translúcida circulan como la electricidad a través de partículas invisibles. El sonido tiembla, destella, en una enorme superficie de drones y estática irregular, la palabra se desplaza con un atractivo subyugante. Mientras que Mathieu fabrica una red carbónica de ruido sintético radiante, Chauveau hilvana enlaces de voz de una fluorescencia incandescente y opaca: mientras más fuerte es la luz, mayor lo es también la sombra que genera. “Palimpsest” es tan oscuro como el vientre de una estrella, tan denso como un metal pesado, tan absorbente como un agujero negro, tan prístino como un vegetal extinto que ahora tenemos convertido en ocho piezas de carbón. A estas alturas, la piel ya ha sido contaminada, y los tejidos infectados, producto del efecto inexorable de estos fragmentos de acústica erosionada.

www.schwebung.com, www.sylvainchauveau.com, www.bitsteam.de
Anuncios

Dejar un comentario so far
Deja un comentario



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s



A %d blogueros les gusta esto: