Hawái.


203. Leyfðu Ljósinu
agosto 1, 2012, 2:20 pm
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HILDUR GUÐNADÓTTIR
»Leyfðu Ljósinu«
TOUCH. 2012

Y se hizo la luz. Muchas formas hay de sorprender, pero una de ellas ha llegado a mí de manera inesperada. Un día cualquiera, una semana cualquiera, sin que me lo esperara apareció ante mí una carpeta que una vez entré en ella no pude salir. Las maravillas de lo imprevisto. Hildur Ingveldardóttir Guðnadóttir es una músico islandesa nacida en 1982, chelista y compositora, mayormente reconocida por ayudar a otros artistas como múm, Pan Sonic, Angel (Ilpo Väisänen + Dirk Dresslehaus), BJ Nilsen, y varios más. Hace tan solo seis años se estrena en solitario con “Mount A” (12 Tónar, 2006), bajo el nombre de Lost In Hildurness ‎. De ahí en más ha seguido colaborando, y eventualmente entregando obras encerrada en su soledad, siempre con un punto de vista luminoso, pero de esa luz apreciable solo en el norte del mundo.

El nuevo trabajo de la islandesa fue grabado en vivo en el Centro de Investigación Musical de la Universidad de York, en enero de 2012 usando un micrófono SoundField ST450 Ambisonic y dos micrófonos Neumann U87. Sin embargo, en el ambiente no hubo publico alguno, no es este un registro de una presentación como si fuese un concierto. Nada de gente más que ella, sus instrumentos y aquello con que dejar una huella de ello. “Para ser fieles a tiempo y el espacio –los elementos vitales para el movimiento del sonido– este disco fue grabado íntegramente en vivo, sin ninguna manipulación posterior a la del sentido propio de la ocasión de la grabación”. Un preludio y una pieza central que no suman más de cuarenta minutos en los que Hildur despliega su arsenal reducido en materiales que sin embargo producen una alegría enorme. No se si sea la mejor manera de describirlo, pero ese efecto ha producido en mí. Reposado a ratos, inquietante en otros, en cada instante percibo un gozo al escuchar cada una de sus notas. Chello, electrónica y voz son los componentes por medio de los cuales construye una música exquisita. Atenta un instante, furiosa en otro. “Prelude” da un comienzo sugestivo, segundos en los que abre el camino que desarrollará ampliamente más adelante. Tranquilidad evocadora de una pureza infinita, que apenas llega a su fin, el segundo once del minuto cuatro da paso a “Leyfðu Ljósinu”, y la manera que lo hace es sencillamente devastadora. En un ritmo muy reposado, en un volumen muy bajo, comienza a advertirse la voz de Hildur, multiplicada por efectos, repetida hasta la eternidad. Parece que para provocar no es necesario hacerlo en voz alta, y eso es lo que ha hecho: en esos instantes iniciales cantando una especie de oración que se niega a partir. Tocando el cielo desde el silencio y lo que se acerca a el. Los monumentos más gloriosos y que más he disfrutado en estos meses. Pasado ese masaje a los oídos, casi en la mitad del trayecto, empieza a atacar con el chelo, a generar el contrapunto a tan balsámico sonido. Poco a poco, muy lentamente una atmósfera oscura se apodera de la sala –me da la impresión que esto fue grabado a oscuras–, como cuando la sombra se apodera de la sol, emergiendo una luz oscura, pero luz al fin. Ya no esta su voz, pero la magia sigue presente. Parecería que su ausencia podría echarse de menos, pero la gloria no se ha ido. Avanzando a escondidas, sus trazos dibujados con finura alrededor de las cuerdas van hilando unas redes finas y muy bien delineadas que forman una sola masa, repitiendo patrones hasta el cansancio inagotable, perturbadoramente atractivos. Esto parecen drones dibujados con cuerdas delgadas. Ya por el final, el ambiente se torna gris oscuro, cada vez más fascinante, cada vez más agitado, terminando por desmembrar la tranquilidad, siempre desde su óptica del orden. Es el minuto número treinta y cinco, y he terminado absorto, felizmente agotado.

Ejecutado con una perfección sorprendente, en la soledad, y combinando el dosis justas los elementos vocales con los instrumentales, “Leyfðu Ljósinu” es un trabajo asombroso, una sorpresa inesperada que llego como del cielo. Si bien se un trabajo relativamente corto, en distancia como en medios, es un disco lleno de matices, con desarrollos largos y prolongados, aumentos progresivos de un encanto extenuante que en cada instante sirven  de reflejo de una luz tenue pero incandescente. Por cierto “Leyfðu Ljósinu” es una frase en su islandés, su lengua de nacimiento, y su traducción es ‘permite que la luz’. Y la luz ha entrado.

www.touchmusic.org.uk, www.hildurness.com

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