Hawái.


202. Morning / Evening, Not Night
agosto 1, 2012, 2:10 pm
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JOHN FAHEY
»Morning / Evening, Not Night«
PERFECT. 1996

Hace un poco tiempo atrás revisamos lo que fue “Red Cross Disciple Of Christ Today” (Revenant, 2003) [063], el que a la larga fuera el testamento final de una de las más grandes leyendas de la música norteamericana más profunda y más enraizada. Ese disco póstumo, grabado en el crepúsculo de sus días, eran las últimas notas de un artista que ya había vivido todo, el adiós antes de volver a la tierra que lo engendró en el lejano 1939 en Takoma, Maryland. Pero ese trabajo, el que cerraba su más tardía etapa tuvo un especial comienzo. Era 1986 cuando contrajo el virus de Epstein-Barr que lo llevo casi al retiro y, unido a otras razones, al más triste de los castigos: el olvido. Pero una persona como él no podía quedar desterrada en el abandono por siempre. No lo merecía. Llega el año 1994 cuando un artículo de Byron Coley aparecido en la revista ‘Spin’ –precedido por citas de gente como Jim O’Rourke y Thurston Moore– lo sacan de ese lugar en el que nunca debió estar.

Fahey se encontraba viviendo por esos años en Salem, Oregon, alejado del mundo. Pero con el citado artículo se abre una salida. Uno de quienes lo lee es Dean Blackwood, un fanático del guitarrista, quien trabajaba a medio tiempo para las oficinas de Boston de Sub Pop. Blackwood, un devoto de los discos de 78 r.p.m., le solicita a Conley que le de el número telefónico de John, para pedirle a este si quisiera grabar un disco, obviamente de 78, para el sello que el mismo regentaba, Perfect. Fahey accede, sobre todo por lo absurdo de la anacrónica idea. El resultado es un disco doble de solo cuatro temas, uno por cada cara de cada vinilo, que significa el más feliz de los retornos posibles. El mentor realiza otra llamada, por segunda vez ya, a Scott Colburn para que grabe el disco. Arrienda un auto y viaja hasta Salem, hasta un cuarto de hotel donde vive John para registrarlo a él y su guitarra por dos horas, con su micrófono en mano recorriendo la habitación. Dos horas fueron las que bastaron para dar vida a “Morning / Evening, Not Night”, una obra que no sobrepasa los veinte minutos, pero que en su brevedad exhibe en toda su plenitud el genio incombustible de una figura que vive en el otoño de sus días. Como dije, fueron solo él y su fiel guitarra, elementos inseparables, los que suficientes para dotar de magia a unas composiciones sencillas como ninguna otra lo pueden ser, y que con lo más mínimo dicen todo sobre él, su personalidad y su pasado. Muchos tienen una muy buena técnica –aunque yo diría que nadie como él–, pero solo algunos con esa técnica logran finalmente decir algo. Ya desde sus inicios tenía esa capacidad, cuando le devolvió al folk sin voz su capacidad expresiva, así como le imprimió un carácter experimental, para ese entonces impensado. Y ese talento se mantuvo intacto, y este disco en particular muestra esas capacidades. Jugando en los campos del folk que lindan cercanamente con el blues, los dos discos optan por ese lado tradicional en lugar del vanguardista. El primero, llamado ‘Solo Guitar – Alap’ trae el despertar de la música: “Morning Pt, 1” y “Morning Pt. 2”. Las cuerdas de John suenan como una capa de luz de día rociando campos de grandes extensiones de maíz. Arpegios más abiertas que los que siguen para recrear la belleza de esa América idílica. El disco dos, ‘Solo Guitar – Cathexis’, contiene por su lado “Evening, Not Night Pt. 1” y “Evening, Not Night Pt.2”, o cuando la tarde se hace noche. Unas notas levemente más oscuras, y que, no obstante mirar a la tradición del pasado, son un poco más libres, lo que nos recuerda que él fue el principal renovador de una historia algo anclada, haciéndola más vigente y viva que ninguna otra, manteniendo una sonoridad y unas tesituras campestres. Curiosamente ese toque de rejuvenecimiento lo logró por medio de unas notas complejas –sus manos y sus dedos se mueven con una destreza por las cuerdas que parece que él y su instrumento fueran uno solo– que suenan fáciles, como estas. La fecha dice 1996, pero si  el sonido fuera más rústico, cualquiera pensaría que corresponden a las grabaciones que Harry Smith realizara de algún bluesman desconocido, pero impulsado por aires expansivos, trazos pintados con un fingerpicking expresionista. Alap y cathexis, el retorno de la auténtica guitarra americana primitiva.

La mañana. La tarde, no la noche. La tradición que se hizo nueva, y que luego volvió a ser lo que era. Eso vino y lo trajo John Fahey. “Morning / Evening, Not Night”, el comienzo de una despedida a una manera de hacer música, que fluye más que se interpreta. En sus cuatro partes, evoca parajes habitados por cantos de la naturaleza en todo su esplendor. El sonido más prístino que puede salir de un hombre y su guitarra. Dicen que los árboles, como por ejemplo el roble, son los únicos seres vivos que pueden a pesar de haber muerto seguir manteniendo vida por fuera. El viejo John, como esos arboles, como el roble, murió hace casi una década, pero sigue y seguirá con vida por mucho tiempo más. “Morning / Evening, Not Night”, una rareza a 78 r.p.m. hace cortar de raíz al olvido que nunca debió ser. El hombre, su guitarra, sus manos y sus dedos de adobe, y la austeridad hecha música siempre estarán. La leyenda de John A. Fahey siempre estará.

www.johnfahey.com

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