Hawái.


201. Novaya Zemlya
agosto 1, 2012, 2:00 pm
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THOMAS KÖNER
»Novaya Zemlya«
TOUCH. 2012

Hacia una geografía metafísica. Ese es el título de un ensayo escrito por Thierry Charollais que acompaña la edición de un nuevo trabajo del alemán Thomas Köner. Köner es un músico nacido en 1965 interesado en diversas formas de arte, y en lo que respecta a lo sonoro, ya lleva más de veinte años produciendo trabajos inclinados a una electrónica fría y fuertemente cargada. Su primer disco “Nunatak Gongamur” (Barooni) data de 1990, el primero de una serie de trabajos publicados de manera regular a lo largo de todos estos años. Sin embargo, quizás por lo que más se le ha conocido es por haber formado parte, junto a Andy Mellwig, del dúo Porter Ricks, figura clave en la formación del ambient con desvíos al dub, junto a sus padres, von Oswald y Ernestus. Precisamente en su escudería entregaron una pieza esencial del género, “Biokinetics” (Chain Reaction, 1996), aunque se debe decir que su interés por esos ambientes venía de un tiempo atrás, misma época en que Mauricio creaban escuela. Luego de “Nunatak • Teimo • Permafrost” (Type, 2010), reedición de sus primeras obras por parte del sello de John Twells, regresa con su primer disco para Touch.

Una de las formas de conocer o intentar predecir como suena un álbum es recurriendo a su material pasado. Otra es más simple aún, mirando su portada. Y haciendo eso, en este caso, uno se da con una perfecta descripción en imagen de los sonidos contenidos en “Novaya Zemlya”, una muestra más del excelente trabajo de Jon Wozencroft como director artístico de Touch. Vemos una especie de bosque helado con una imagen que parece superpuesta que muestra la lluvia sobre el lente, todo en tonos verdes y grises. Reproducción en fotografía de un disco congelado, más autista incluso que otras obras suyas. “Novaya Zemlya” de un archipiélago en el océano Ártico en el norte de Rusia, en el extremo noreste de Europa, el punto más oriental de Europa, situada en el Cabo Flissingsky en la isla norte, traducido literalmente del ruso como nueva tierra. El archipiélago se encuentra prácticamente deshabitado, con una de sus islas a tan solo 450 kilometros del Círculo Polar Ártico. Inviernos largos, temperaturas polares, lluvia permanente. Además, en 1954 la Unión Soviética creó el Sitio de pruebas nucleares de Nueva Zembla, realizando pruebas nucleares hasta 1990. Hasta, esto que parece una mera descripción geográfica, también lo es respecto de la música. Todo lo que se ha dicho de sus islas, climas y experimentos es perfectamente aplicable a los sonidos que manan de sus largas piezas. Extensos sonidos de ambientes glaciares, que parecen una suerte de soplidos en el fin del mundo, al menos donde la vida humana es casi imposible que exista, por temperatura, por razones nucleares además. Ecos de dub pero a cero grado Fahrenheit, ambient más frío que el lado opuesto de la luna. En sus tres track se puede sentir el vaho de nuestra exhalación al respirar cada uno de sus sonidos, partiendo por “Novaya Zemlya 1”, que se inicia como con una explosión submarina, pasando por “Novaya Zemlya 2” con una suerte de comunicación por radio, hasta “Novaya Zemlya 3”. En los tres casos el espectro por donde circula el ruido es muy bajo, y hace falta poner mucha atención para percibir sus cambios. Elimina cualquier estridencia,y cuando ella se presenta lo hace enterrada bajo el sedimento.

Hacia una geografía metafísica, hacia la nueva tierra. “Novaya Zemlya” nos lo pone difícil, pues sus múltiples variaciones ocurren por debajo del oído humano, escondidos en la frialdad de unos paisajes próximos a la nada, a la vida en su expresión más simple. El último trabajo de Köner reduce la electrónica a pequeños destellos por bajo el mar ártico, encontrando la profundidad de los mares del norte en su superficie. “En su música, Köner desea construir un espacio sonoro tan abierto como sea posible sin colapsar. Este espacio es una invitación para nuestra sensibilidad; la música parece meditar entre el oyente y los lejanos, probablemente fríos y desérticos paisajes… Escuchando “Novaya Zemlya” es como descubrir y explorar territorios inexplorados; al moverse por el escenario más íntimo y tu propio cuerpo”, Thierry Charollais sobre este disco, el ruido aminorado por la fuerza inclemente del hielo.

www.touchmusic.org.uk, www.koener.de
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