Hawái.


198. Moon Ate The Dark
julio 1, 2012, 2:10 pm
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MOON ATE THE DARK
»Moon Ate The Dark«
SONIC PIECES. 2012

Los barcos negros se comieron el cielo, decía David. Y la luna se comió la oscuridad, dicen Anna y Christopher. Desde las oficinas de Sonic Pieces en Alemania, el sello que mejor ha tratado, y de manera artesanal y siempre a mano, una nueva vieja  música respetuosa de unos sonidos anclados en el pasado, en particular por la utilización de una instrumentación que hasta no hace mucho era más bien decorativa, acompañante de otros que se acostumbran a llevarse el protagonismo, pero que gracias a labor de empresas como estas, invierten los papeles, otorgándoles un rol estelar. Eso sucede en muchos de los trabajos que vienen desde la calle Lychener en Berlín, trabajos como “Pantone” (Sonic Pieces, 2011) de la pareja formada por Hauschka & Hildur Guðnadóttir,  “Until The Point Of Hushed Support” (Sonic Pieces, 2010) [121], de Greg Haines y, muy especialmente, “Wintermusik” (Sonic Pieces, 2009) de Nils Frahm. Parte de esa corriente restauradora es de la que forma parte este disco, debut de una pareja con una historia más o menos reciente.

Moon Ate The Dark son Anna Rose Carter y Christopher Bailey. Ella una pianista galesa radicada en Londres. Él un productor canadiense radicado en Londres. Ambos son forjadores de un proyecto que juega a trazar líneas en  la oscuridad. “Moon Ate The Dark”, su primera obra, fue grabada en tan solo dos días de agosto de 2011, posteriormente masterizada por Nils Frahm en Durton. La habilidad de Anna sosteniendo las notas con delicadeza en el piano salta a la vista, a los que se suma la habilidad para trabajar en las sombras de Christopher, creando una perfecta dualidad de personalidades musicales, que buscan la creación en la contraposición. El nombre de este proyecto posee además unas connotaciones noctámbulas, y es precisamente a las horas bajas del día es a las que se remiten sus sonoridades, emparentándose con la oscuridad, no en un sentido oscurantista, sino de una cierta tranquilidad algo perturbadora, en la que, como ocurre en la noche, el silencio reina más que en su opuesto lumínico. Es en la madrugada cuando la única luz es la de nuestro único cuerpo celeste, y es en ella cuando todo se hace más lento, donde las estridencias interrumpen la quietud natural. Las canciones de “Moon Ate The Dark” son en gran medida igualmente respetuosas, considerando que esos son las horas de descanso del mundo. Como lo hacía Frahm en “Felt” (Erased Tapes, 2011) [167], donde para no molestar a sus vecinos colocaba un paño de fieltro sobre las teclas, acá en ocasiones parece que hiciera los mismo, aunque sin llegar al mutismo del alemán. En ese extremo de la percepción comienza el disco (“Explosions In A Four Chambered Heart”), que paso a paso da cuenta del avance de las explosiones a las que hace referencia el título –así ocurrirá a lo largo de sus siete piezas–. Luego de esos diez minutos, viene más melodías reposadas con “Bellés Jar”, anticipo de “Capsules 11” en  que la progresión de ruido llega a un punto en que se hace ensordecedor, todo esto siempre dentro de sus límites: parecen diez pianos ardiendo. “In Fiction” se asemeja a un ataque tenebroso de noise controlado, lo más oscuro del disco, demasiado en tan poco tiempo, lo necesario para motivar un retomo la tranquilidad, primero con la preciosa “She/Swimming” y luego con la no menos bella “Messy Hearts”, distorsionada pero solo en sus instantes finales. El cierre, “Sleepwalk”, viene marcado por lo que es el itinerario recorrido por todo el álbum, la calma insomne de ella intervenida por la suciedad de él. Cada vez me convenzo más que ella es la luna y él la oscuridad.

Los cuidados tratamientos de Anna Rose, perfectos y precisos se enfrentan a los tratamientos  de Christopher, quien jugando con los micrófonos, pedales y amplificadores devuelve el sonido nocturno de las cuerdas del piano en tintes más opacos, en ocasiones de un negro profundo. Es en esos momentos en que la luz oscura parece imperar en “Moon Ate The Dark”, cuando Bailey vence a Carter en su campo que es como una habitación de reverberaciones. Pero en el resto de las piezas, cuando la sensibilidad en lo absoluto ordinaria reina es Carter quien vence a Bailey. Al final, todos resultamos vencidos ante el poder seductor de las sombras y la belleza que descansa entre los silencios.

www.sonicpieces.com, www.moonatethedark.com

2 comentarios so far
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Increíble la cita del Señor Tibet, gran reseña amigo.

Comentario por esquimal

»I had already seen
Black Ships ate the sky«

Comentario por Hawái.




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