Hawái.


197. Gramercy
julio 1, 2012, 2:00 pm
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GARETH DAVIS & FRANCES–MARIE UITTI
»Gramercy«
MIASMAH. 2012

Quizás haya más de alguien a quien estos nombres le sonaran conocidos, de algún sitio, algún privilegiado que ha dirigido de buena manera su atención. Para mí, al menos, solo uno de sus vértices me es familiar, aunque no tanto de la manera como quisiera. Sobre el otro, es recién ahora que vengo a descubrir, algo tardíamente, pero al menos he tenido la suerte de cruzarme con ella. Gareth Davis es un músico quien a través de la exploración de una sola herramienta ha enriquecido el lenguaje musical, con un pie en el jazz frío y el otro en una experimentación libre, siempre con el horizonte limpio y claro. Su obra es amplia y muchas veces difícil de encontrar, muchas de ellas vinilos de diferentes formatos en pequeñas firmas y en ediciones limitadas. Varios han sido los que se han beneficiado de su maestría para dibujar líneas nunca imaginadas, músicos como Steven R. Smith, Elliot Sharp, Ian Hawgood o Machinefabriek. Precisamente con este último es que le conocimos cuando publicó su segunda colaboración, el excelente “Grower” (Sonic Pieces, 2011) [133]. Sin embargo, queda mucho por descubrir. El otro pie es Frances-Marie Uitti, chelista quien, ignorante yo, ya viene trabajando desde hace más de tres décadas. “The Second Bow” (Cramps, 1980) es su primer álbum y hoy la tenemos por fin cerca nuestro. Aún queda mucho por descubrir.

Gracias al impulso de Erik K. Skodvin y Miasmah, Gareth y Frances-Marie forman una nueva sociedad efímera con posibilidades de sobrevivir más allá de un trabajo. El itinerario de “Gramercy”, a pesar de empezar de madrugada, va decreciendo en intensidad sonora, lo que implica a su vez un incremento de su carácter sombrío. A medida que va avanzando se va volviendo más y más opaco, como un reflejo de su cubierta, gris sobre negro con rayos de luz. Por un lado Davis ocupa una técnica en la que va delineando figuras sin dirección aparente, a veces confusas, pero que desde el exterior parecen muy bien formadas. Estructurado por fuera, complejo por dentro. Además esas figuras no son lisas, sino que muy por el contrario punzantes, con las esquinas muy afiladas. Uitti, por su lado, parece ir por un trayecto similar, armando sus melodías a contracorriente, utilizando un método propio que consiste en utilizar un par de arcos gemelos, que le permite alcanzar otros sonidos y llegar a varias zonas de su mástil a la vez. Dos arcos, un millón de sonidos, doce dedos, y un fuego cruzado de sonidos encontrados y enfrentados en el caos organizado. Las maneras de contraponer sus ideas, que en mucho tienen en común, dan de si un tejido de redes cortantes, no en el extremo de lacerar los tímpanos, pero si de hacer de su escucha un viaje algo agitado.  “2AM” es un titulo que puede llevar a confusión, pues su inicio poco tiene que ver con el sosiego nocturno. Esa, como las tres piezas que le siguen, marcan esa tendencia a la intranquilidad que de ahí en adelante insistirá en resaltar esa inquietud pero de una manera más profunda, no tanto en las formas como si en el fondo. Poco a poco, el color negro se irá apoderando del clima. Desde el final de “Smoke” hasta el comienzo de “Cold Call” el ambiente toma un giro sin retorno hacia las nieblas soterradas. Davis pareciera que soplara a la distancia hacia el clarinete y Uitti se ve como oculta en el mutismo. Pero el descenso definitivo llega con los veinte minutos de “Detour”, la cual contiene todo a lo que me he referido, con Gareth representando una especie de mar de drones suspendidos por medio de su aliento y Frances-Marie cortando el aire, tanto cuando su rol es estelar como cuando no lo es. “Razor” camina descalza por su discreción de ruido y “Stained” parte igual pero por en mitad de su viaje, cuando uno se ha adormecido, le da por seccionar la brisa helada e interrumpir la calma como una guillotina, hasta disolverse en el más profundo silencio, dentro del murmullo de la noche, en el negro al que evoca.

Siguiendo la política que parece imperar en Miasmah, todo lo que proviene desde la marca berlinesa parece teñido del color de las tinieblas. “Gramercy” no es la excepción. El disco de Gareth Davis y Frances-Marie Uitti es también un descenso lento y progresivo a las profundidades más densas por donde el sol no llega a atravesar, y en el que por medio de alientos agónicos y movimientos cruzados hacen de las sombras el lugar donde uno desearía perderse.

www.miasmah.com, www.klangtint.com, www.uitti.org
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