Hawái.


178. Devoción indómita
febrero 1, 2012, 2:10 pm
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Atrio Serenade
»Devoción indómita«
ORGANIC ACOUSTIC. 2012

De entre los muchos netlabels que han surgido en la red, muchos de ellos se orientan hacia aquella música para las tardes heladas con vista al horizonte llamado ambient. Y uno de ellos ha nacido en Chile, el vehículo a través del cual un músico pretenda dar cabida a músicos que en este lado de la esfera desarrollan ideas más o menos comunes, con la misma mirada puesta en parajes similares. Y, como no podía ser de otra forma, para publicar sus propios trabajos, llenos de tranquilidad ensordecedora. La primera referencia fue el interesante recopilatorio “Tierra desnuda” (2011), lo que parece ser el árbol desde donde derivaran muchas de sus ramas. El que tenemos ahora tiene por número OAN04 y corresponde a quien está a cargo de tan loable  la idea.

Para aquellos que no lo conocen, pueden hacerse una idea de lo que es Atrio Serenade yendo a ese resumen editado el año pasado, pero si quieren hacerse una idea más completa, deben ir a “Siempre y para siempre”, el  primer disco autoeditado a principios de 2011, que fue el que oí al poco tiempo de conocerle. De hecho, un tiempo atrás ya había tenido la posibilidad de escuchar algunos de sus temas, muchos  de los cuales colgaba en su soundcloud y su bandcamp y que renacen ahora en este disco. ¿Y quién es Atrio Serenade? Bajo ese nombre se oculta Gerardo Astete, un músico joven con un pasado ligado a la electrónica más extática, pero que para su nueva vida escoge desviarse hacia la conformación de atmósferas calmas, con pequeñas desviaciones hacia el dub congelado (el legado de Basic Chanell–Chain Reaction se niega a desaparecer) y hacia la ciencia ficción estelar. “Devoción indómita” es el segundo disco largo, previo a la edición por Murmur (Japón) de “El ritmo del durmiente”, y viene a ser una ‘recopilación del trabajo grabado desde el año 2005 hasta la fecha’, en dónde aquello de larga duración lo entiende en su sentido más amplio: noventa y nueve minutos repartidos en tan solo cuatro tracks –siguiendo la estela de Brock van Wey, con quien comparte más de una idea–, en los que es fácil perderse, y que pese a tener ese carácter, de recopilación, conserva una profunda unidad a lo largo de sus amplias y vastas planicies, más de lo que cabría esperar en un principio. Lo que ya se anunciaba en “Siempre y por siempre” se mantiene y refuerza acá. De hecho, el comienzo de este trabajo es por medio de “Vientos eternos (versión extendida)”, ampliación de una pieza aparecida en aquel disco, acá en su duración primera: veintisiete minutos –el resto anda por ahí– en que desde una tranquilidad sacada casi de un santuario budista se da paso a unos fríos ambientes propios de los montes tibetanos. Para mi gusto, la mejor de todas. “No hay tiempo, no hay espacio, solo tú” es más reposada, donde un manto de texturas de electrónica sutil descansan inmóviles, primero más oscuro, hasta tomar un color claro: las variaciones, como en general en el resto, no está dispuesta de forma evidente, sino que más bien escondida entre los lineamientos básicos y, dentro de ellos, subidas y bajadas leves de tonalidad, como una marea muy lenta. Los otros dos tracks conforman lo que vendría a ser un segundo hipotético, en el que grabaciones humanas roban algo el protagonismo, primero en “El reflejo de tus ojos”, algo así como Robert Henke de visita al campo y desprovisto de cualquier beat –maravilloso su final rodeado de aves silvestres–, y finalmente en “Ensueño, calma, reposo, paz”, a la caza del drone infinito. “Se encienden las primeras estrellas. Dulce ensueño, ensueño…”. Calma hipnótica, profundidad marina de un calor abrasador que a partir del cuarto de hora contiene los diez mejores minutos del disco: la herencia alemana de la que hablaba antes cobra vida en su final de ambient pop  áspero y techno-dub bajo cero y reducido a su esqueleto.

“La línea madre de Atrio Serenade es lograr un mar de atmosferas profundas llenas de paz, belleza y sencillez”. Tres de esas palabras son las que resumen lo que es “Devoción indómita”, profundidad, paz y sencillez. Serenidad estacionada en un segundo paso largo que me parece es el inicio de algo que puede ser aún mejor, cuando se vuelva todavía más repetitiva, cuando el loop llegue a un punto de no retorno y cuando los sonidos que emanan al comienzo del disco se encuentren con los brillan en su final. Contemplando la tranquilidad, esperando la gloria.

www.organicacoustic.bandcamp.com, www.atrioserenade.bandcamp.com
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2 comentarios so far
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es un hermoso review .. muchas gracias primero que nada por darse el tiempo de escuchar todo ese trabajo y por las palabras tan alentadoras !

Best !

G.A

Comentario por http://atrioserenade.bandcamp.com

De nada.
Ha sido un placer oírlo.
Y de verdad, como dice al final, espero lo mejor para el futuro. Saludos.

best, p.

Comentario por Hawái.




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