Hawái.


164. Marissa Nadler
octubre 1, 2011, 2:30 pm
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MARISSA NADLER
»Marissa Nadler«
BOX OF CEDAR. 2011

Hay días en que siento que algo está realmente a mi lado en mis brazos. Y dentro de la habitación un viento frío se funde. Hay dos que estamos aquí, que yo sepa. Marissa Nadler, una de las voces más privilegiadas que la música, siempre generosa con nosotros los mortales, nos ha regalado, una de la más únicas de entre las más recientes generaciones, no solo en el apartado de sonidos tradicionales, quien forma junto a Josephine Foster y Meg Baird la santísima trinidad del folk. Al contrario de sus reversos masculinos, no ha gozado la notoriedad que si se merece, pero eso no es algo que realmente importe. Marissa, alguien quien tener entre los brazos.

Entre las “Ballads Of Living And Dying” (Eclipse, 2004) y este disco homónimo se han sucedido una serie de discos, varios, todos rozando un estado de gloria terrenal, que sin embargo casi se queda sin continuación. A falta de interés de un sello que lo publicara, la buena de Marissa hizo lo que buenamente pudo para poder hacerlo realidad por ella misma. Una campaña en Kickstarter para reunir fondos, la edición de “Various Covers Over The Years” (2010) con las mismas finalidades, todo para que hoy podamos disfrutar de esto. “Tengo un nuevo disco en el que trabajo y cada CD que compras ayuda a que eso sea posible. Muchas gracias por su apoyo. xo marissa”. Como en sus otras obras, como en “Songs III: BirdOn The Water” (Kemado, 2007), el disco producido por Greg Weeks, las atmósferas no son las que solemos oír en un disco cualquiera, ni las de uno de hoy ni las del genero en el que se desenvuelve, sino que parecen sacadas de un lugar perdido entre el sueño, el campo y la vigilia, canciones que son árboles cubiertos de ceda que suenan como lobos en la inmensidad de la noche. “Oh, ¿de dónde vas?/ Cuando la nieve cayó ese año/ Te encontrabas dentro de estas paredes de madera/ Como un oso/ Niño ansioso por el final en su guarida/ Para el final del año/ Y el miedo viejo y conocido/ Se arrastra a tus pequeños brazos/ Y corre por tus venas/ Como la sangre a través de tus canciones”. Desde el primer verso hasta el final, esto es pura realidad envuelta de manera que no hiere, y que se deja caer hacia una color negro, un color triste. “Definitivamente soy una persona que es propensa la melancolía. Más que eso, sin embargo, sólo creo que tengo una tendencia hacia la empatía con el lado menos glamoroso de las cosas”. No obstante, como dije, nada de esto nos hace sentir mal por dentro sino todo lo contrario. Producido por Brian McTear y ayudada por unos cuantos músicos (Carter Tanton, Helena Espvall, Jim Callal, Orion Rigel Dommisse, Ben McConnell) Nadler arma un cuadro de folk sin pasado ni futuro, tan siquiera presente. “Marissa Nadler” es un disco no solo sin tiempo, sino fuera de él, en el que el revival del folk ya no interesa, solo interesa que estas once canciones están dentro de uno. Es un disco que se apega al género, pero eso no importa, solo vale por el simple hecho de poseer lo que posee, esa magia oscura que no invoca a ningún muerto, cuando más recuerdos apenas lejanos. Es también un disco personal, singular, en primera persona universal. Es sencillo, de sonidos puros, naturales, nada artificiosos, bien decorado, nada recargado. Tan pronto suena “In Your Lair, Bear” ya estamos embrujados, entre sus referencias climáticas y la sangre entre las canciones, entre la acústica tenue, aún cuando le dice alguien algo como esto: “So I took you home and I crashed you/  A hurricane in your veins”. La vigilia sigue por senderos más delicados, tales como “Alabaster Queen”. Luego de eso es cuando aparece el primer single, y aviso de que estas canciones podrían sonar en cualquier radio –soñar no cuesta nada–, como tantas canciones de amor, como esta que pide olvidar (“Es un hermoso día/ Y fuimos a dar un paseo/ Pero vi el viejo camino de tierra/ Donde solíamos hablar/ ¿Dónde está la lluvia?/ Porque algunos amantes de la primavera/ Me están trayendo de nuevo/ Los años han venido/ Y sus manos han pasado/ Pero tu tierra es algo/ Perdido en una canción/ ¿Por qué el sol siempre me recuerdan a ti/ Sí, lo hace/ Espero que un nuevo día vendrá/ Y ocultar lo que he hecho”). Una pieza de ritmo flojo, “Mr. John Lee Revisited”, da paso al otro single, nueva confirmación de que esto sería un lugar mejor de oír programada de sorpresa cosas como esta: “Baby I Hill Leave You In The Morning”, con las guitarras lánguidas como una mañana perezosa, con el precioso giro de una estrofa a otra, por decir California en ella, por la manera en que la región de las naranjas se menciona –“California drank till I could sleep right”–, por decir que se equivocó, por decir song dentro de ella dos veces, primero en esta parte, “Promise I will hold you in my palm/ Every night I dream you sleeping next to me/ Sing a song and keep you like a balm”, luego en esta otra, “I am getting higher by the moment/ Days too long and nights too cold in song”. Todas esos momentos la hacen merecedora de un lugar en el corazón de la canción. Pero aún hay más: referencias a sitios donde desearía estar (“Siempre fui una maleta en la oscuridad/ En mi mente una carretera al oeste de la chispa/ Sólo un paso a desnivel/ Sobre las colinas de hierba de polvo/ Podemos beber whisky o sentarnos en el coche/ Y escuchar el silencio de las estrellas/ Sólo un paso a desnivel/ Surgido desde las colinas de los cristales rotos”), esperas en aeropuertos, distancias y anillos de bodas (“Wedding”), “el tiempo  que drenó el color de tu piel” (“In A Magazine”), frases que llevan abrazar, con las que partió esto, esas de “Daisy, Where Did You Go?”.

“Ya no me estoy escondiendo. El misterio aún existe en la música como una herramienta estética”. Ciertamente, the mistery still exists, y ese misterio en su voz tiene un poder embriagador, el que Marissa hábilmente despliega para que tu, para que yo nos sintamos atrapados sin querer partir, el que llama a dejarse caer a la deriva entre sus brumas de folk entre sus vestimentas rasgadas por sentimientos sinceros, directos, con un ojo en la melancolía y otro en la ilusión de sentirse fascinantemente atrapado en el corazón de la canción.

www.boxofcedarrecords.tumblr.com, www.marissanadler.com

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