Hawái.


153. Vessel
agosto 1, 2011, 2:00 pm
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ESTHER VENROOY
»Vessel«
ENTR’ACTE. 2011

Una de los principales atractivos de estar en una ciudad como esta, quizás su principal atractivo, sea no tanto el valor histórico, ni el valor de la gente que en ella habita, sino algo mucho más simple, algo que tampoco es tan exclusivo. Ese algo es el simple hecho de estar a un lado de mar, y mejor si ese es un océano. No hay nada como encontrarse en una parte más o menos alta y poder contemplar el horizonte. Si a eso se le suman unos cuantos barcos mercantes tenemos una postal, mi postal perfecta. ¿Y todo esto a que viene? A que tenemos la oportunidad de oír el sonido de las naves, y también de entrar en el catálogo de Entr’acte, el pequeño gran sello londinense envuelto en plástico y dirigido por Allon Kaye, con (casi) todas sus referencias con el mismo tipo de letra monoespaciado. Sobre la artista, Esther Venrooy, compositora nacida en Rosmalen, Holanda, que pasó del saxo clásico a emplear técnicas digitales e interesarse por la música electrónica, esa que busca el sonido puro.

Lo último de Esther fue “Mock Interiors” (Entr’acte, 2008), en compañía de Heleen Van Haegenborgh. Ese mismo año, en octubre más precisamente, presenta en la Galería Diapasón, en Brooklyn, ‘Vessel’, una instalación sonora multi-canal para un sitio específico. La composición, concebida así de esa manera, consistía en grabaciones de los buques de carga en el río Waal en las proximidades de Zaltbommel, un pequeño pueblo en el corazón de los Países Bajos. De la galería de arte a un CD, que en sí es arte. Veintinueve minutos en el motor de un buque cargando y descargando cosas quien sabe donde. “Vessel”, el disco –sobre la instalación solo podemos imaginárnosla–, encaja perfectamente en el resto de otros trabajos que integran Entr’acte, como en su propia discografía. Ya se sabía algo, habiendo oído sus dos últimos LP’s, y en ellos el movimiento es largo y prolongado. Acá las variaciones provienen del sonido, las field recordings de las embarcaciones, que en ocasiones parecen venir más de bajo el mar que de la superficie. Esther transforma el deambular de las máquinas en música submarina. Eso hasta cierto punto, uno en que la electrónica se cruza con el drone oscuro, en un sentido no perverso sino más bien nocturno. Pero para percibir todo eso se hace necesario oírlo a un volumen más bien alto, lo que me recuerda la obra de otro que juega con las magnitudes bajas. Es en esos parámetros y en esos espectros en los que juega la artista holandesa. Texturas ambientales en voz baja, ruidos de mar industrial, tonos horizontales interrumpidos por oleadas de aguas tranquilas.

Las condiciones geográficas entre esta ciudad y Zaltbommel son diferentes, una inclinada y la otra recostada, pero aún esas distancias no quitan que el mirar el mar y los barcos mientras se van sea una postal ideal, ni quitan poder disfrutar de el sonido callado de “Vessel”, ni sus latidos pausados. “Cuando yo era joven, en la noche, si el viento soplaba en la dirección de nuestra casa podía escuchar los latidos lentos de los motores de los barcos”.

www.entracte.co.uk, www.esthervenrooy.net
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