Hawái.


150. Eight Studies For Automatic Piano
julio 1, 2011, 2:10 pm
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SETH HORVITZ
»Eight Studies For Automatic Piano«
LINE. 2011

Este trabajo, el primero de quien se esconde tras el alias de Sutekh con su nombre verdadero, nos recuerda de nuevo aquello de si la música que no es interpretada en un sentido tradicional puede tener la misma fuerza emotiva que una que si lo es. Se pregunta el mismo “¿Puede una construcción matemática, realizada por una máquina, transmitir emociones?” La respuesta ya es por todos conocida y no necesita de una nueva prueba para ser reafirmada, pero aún así una nueva demostración no esta de más. Como lo mencioné antes, Seth Horvitz es más conocido como Sutekh, pivotando alrededor de la música electrónica y sus diversos aspectos (techno, ambient, dub, clicks&cuts…). Miembro de la activa escena que se da en la Bay Area en Calfornia, miembro activo desde comienzos de la década de los noventa, desde San Francisco al mundo a través de Force Inc, The Leaf Label, Plug Research, Background, Context y unos cuantos sellos más, Seth no ha mostrado tan claramente su lado ‘académico’ como lo hace acá, pero es gracias al entusiasmo de Richard Chartier que puede llegar a otros oídos.

En 2010 obtuvo un Master en Bellas Artes en Música Electrónica y Medios de Grabación en el Mills College, y fruto de eso es que presenta “Eight Studies For Automatic Piano”. En palabras de su autor, este disco esta “inspirado en la obra de James Tenney, György Ligeti, Charlemagne Palestine, y Conlon Nancarrow, ‘Eight Studies For Automatic Piano’ hace uso de lo simple, procesos de composición asistidos por ordenador para poner a prueba los límites de la percepción humana y la precisión de la máquina. Se basa en un mínimo de medios técnicos para explorar las nociones de la distorsión temporal, un proceso iterativo, y la complejidad elegante. Presentado en un entorno de un concierto inmersivo sin la presencia de un intérprete humano, ‘Eight Studies For Automatic Piano’ pone en duda las nociones tradicionales de actuaciones en directo y ‘la vida’ musical”. Ocho piezas para piano, estudiadas y diseñadas por un hombre, interpretadas por una máquina. Horvitz creó una serie de algoritmos, reglas predeterminadas sobre las que este interprete artificial (un Yamaha Disklavier C7 Mark III) no hace más que cumplir las sus órdenes: fórmulas matemáticas simples, ningunas ecuaciones ‘para evitar que la música quede demasiado lejos de mi oído’. Teorías y conceptos aparte, el disco funciona como una obra abierta en donde las notas rara vez convergen (notorio en “Study No. 4: Sixteen Diatonic Glissandi Moving at Harmonic Rates”, en contraposición a “Study No. 13: Echoes”), en trayectos mayormente cortos (la excepción, los doce minutos de “Study No. 99: Strumming Machine”, quizás la mejor) donde los sonidos se reflejan unos con otros mientras un patrón rítmico se repite sin que nos demos cuenta de aquello.

Inesperadamente, Seth Horvitz nos sorprende con una actualización de los postulados de gente como John Cage y otros. Parece desconcertante en un principio, pero con una segunda o tercera escucha gana en esa emotividad calculada. Sobre la pregunta que se formulaba al comienzo, la respuesta es sí. El sonido aritmético, las cuerdas computarizadas si producen emociones. Quien diría, pero este disco nos viene a demostrar que en el interior de un ordenador vive encerrado un pianista que puede sentir y expresar emociones.

www.lineimprint.com, www.context.fm
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