Hawái.


140. Revelationes
abril 1, 2011, 2:30 pm
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TAPE
»Revelationes«
HÄPNA. 2011

Dust and light. Polvo y luz, sobre todo luz. Puede parecer obvio, sobre todo tomando en cuenta el nombre que lleva uno de sus discos, pero a mí el sonido del trío sueco Tape siempre me ha parecido, entre muchas otras cosas, un sonido luminoso, luminosidad que a su vez lleva a significar otra cosa, una música viva y vitalista. El año 2008 editaron “Luminarium” (Häpna) [022], su quinto disco y que vino a ser el epítome y también el punto más alto de lo que han sido años de búsqueda, sin que ello implique perder su identidad en ningún momento. El talento y la habilidad para manejar las melodías siempre lo han tenido, y en el camino no han hecho más que simplemente deshacerse de los sobrantes, quitar aquello que excede y sacar las impurezas. Limpiar y simplificar. De todas maneras, con los resultados de ese trabajo, son todos sus discos, incluida su colaboración con Minamo, “Birds Of A Feather” (Headz, 2007), obras recomendables de principio a fin. Sin hacer mucho ruido, más bien casi nada, Tape han construido una de las carreras más sólidas, destacables y recomendables de lo que llevamos de siglo.

En su séptimo disco –contado como uno de ellos al mini LP “Fugue” junto al escocés Bill Wells (Immune, 2010) [103]– los hermanos Andreas y Johan Berthling y Thomas Hallonsten vuelven a sus estudios en Estocolmo, el Summa, y en un período de un año crean y graban las nuevas piezas, siete en total, que suman poco más de treinta minutos, una media hora que para algunos quizás se hagan cortos –personalmente cada vez más prefiero las obras sintetizadas y de duración no muy extensa– y que encierra en su relativa brevedad todo lo esta banda venida de Suecia ha hecho por años: tejer una melodía, acariciarla, decorarla y entregarla envuelta en papel de regalo. Así, descrito de una manera muy simple, son las canciones de Tape, canciones que dan ganas de regalar, esas que uno quiere incluir en un CDR y dárselas a un amigo. Desde “Dust And Light” hasta “Gone Gone”, cada uno de los temas de este disco transmite ese espíritu que ha cruzado todos los tracks, ahora con un ambiente más cercano al jazz ligero, y con los mismos elementos de siempre, unas guitarras que son toda delicadeza, casi como la de Frank Schültge Blumm, la batería que es golpeada con suavidad, los teclados que se pierden en el aire y que reverberan mucho después de pulsar la tecla, pianos, xilófonos, marimbas, y algo de electrónica colándose por las notas. Todo manejado de una forma natural, casi obvia, y de nuevo rozando el pop, pero luego de atravesar muchos caminos. Hay, como dije, jazz pero también folk, pero un folk que flota y se suspende, cierto tipo de post-rock, uno que se perdió allá por 1998, ambient extrovertido, algo de la cósmica alemana, minimalismo clásico de las praderas, etc. Unas veces, como en “Companions” están más encerrados en sí mismos, otras como “The Wild Palms” salen a jugar al patio de los instrumentos. En otra ocasión, “Byhalia”, los pillamos inmersos en sintetizadores que vuelan en el espacio exterior, para acto seguido, “In Valleys”, tocar alrededor de un piano en un bar de la vieja Berlín, vacío y bombardeado en la Segunda Guerra. El faro de luz finalmente se apaga luego de “Gone Gone”, una pieza que contiene varios de los elementos antes citados, siendo un epítome, otro más, que resume en siete minutos otros treinta y dos que se nos han ido como si nada, los treinta minutos más reconfortantes de lo que va de este año.

“Revelationes”, de nuevo usando el latín, es de esos discos que probablemente no descubran cosas, que no revelen, pero que en su sencillez nos descubren una forma, una manera de afrontar el arte que devuelve optimismo. En esas canciones, coloreadas en tonos crepusculares, miramos la luz, desde el amanecer hasta el anochecer. Aún cuando a veces tenga un carácter más sombrío, más triste, hay siempre un destello. Pero es entonces cuando recuerdo la letra de una antigua canción: “When the night has come/ And the land is dark/ And the moon is the only light we see”. Por más oscuro que este, siempre algo iluminará, y si es de noche, será la luna. En “Revelationes” siempre hay un resplandor, y también siempre hay una naturalidad que brota por cada rincón. Es este uno de esos discos que no solo suenan, sino que además respiran, un álbum en donde se puede oír no solo lo que tocan sino la forma como lo tocan. Un disco de siete piezas reposadas en un lago, crujiendo como la madera de viejo olmo, respirando como una flor gemela aun con vida. ¿Cómo lo definiría si fuera de las mismas tierras que Tape y hablará en su mismo idioma? Pues muy simple. Härlig.

www.hapna.com, www.tape.se

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