Hawái.


135. Ravedeath, 1972
marzo 1, 2011, 2:20 pm
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TIM HECKER
»Ravedeath, 1972«
KRANKY. 2011

Han pasado solo dos años desde “An Imaginary Country” (Kranky, 2009), pero viendo en el terreno en que este músico se mueve, y viendo a algunos de sus compañeros de generación, ese tiempo parece una eternidad. Sin embargo, esa corta distancia es necesaria para poder apreciar y valorar mejor una obra, pues la mayoría de las veces un disco termina perdido y olvidado entre el exceso de material que cada semana inunda las tiendas. Pero Hecker ha tenido la suerte de tener una cobertura más o menos importante, cobertura por cierto que merecida, y eso se debe en gran parte a que cuenta con el respaldo de una gran marca tras él, y con ello me refiero a Kranky.

Continuando la travesía iniciada con “Harmony In Ultraviolet” (Kranky, 2006), este disco, el tercero para el sello de la Windy City, ahonda en la búsqueda de as profundidades del sonido molesto, que al mismo tiempo también se puede disfrutar sin dañar demasiado los oídos. El 1972 del titulo hace referencia a una fotografía, la de la portada, que a su vez da muestra de una tradición estudiantil nacida ese año, ‘La gota de piano’, o sea, lanzar un piano desde la parte más alta del edificio hasta el suelo, con su consiguiente destrucción. “Ravedeath, 1972” no nace de destrozar nada, sino que de construir piezas que evocan eso sí la degradación de algo, un algo que tal vez sea la música, pero que paradójicamente se refleja en ese mismo objeto maltrecho. Originalmente compuesto en el invierno del 2010, fue grabado en julio de ese mismo año, concretamente el miércoles 21, y en lugar muy especial, en la iglesia Fríkirkjan, en Reykiavik, la capital islandesa, con la ayuda del también músico Ben Frost. Si bien hay guitarras y sintetizadores, lo que más destaca, la materia principal proviene de un órgano a tubos. Luego de pasar ese día grabando, volvió a su estudio a mezclar las cintas, dando origen a una combinación entre un disco en estudio y otro en vivo, entre un disco de electrónica y otro de música religiosa. Quizás sea esto último lo que mejor refleje el sonido, pues lo religioso esta unido a algo que describe muy bien al álbum, cual es la solemnidad. Ese tono sobrio, profundo del disco, que invita a que el silencio sea su mejor compañero hace parecer esto una ceremonia, una en la que los asistentes sean esos rostros sin nombre que poblaban la portada de “Harmony In Ultraviolet”. La distorsión de las guitarras, el feedback sin retorno de “Hatred Of Music I” se funde con los pianos tétricos de “No Drums”, los órganos litúrgicos de “In The Fog II” con el silicio roto en la misma pieza. A veces es ruido más blanco que la nieve polar, a veces es ambient más denso que el petróleo de Irak.

Hablando sobre la otra parte del título. “Me acuerdo de ver sangre en la cara de alguien en alguna rave sobre el apocalipsis que se informó el año pasado”. Para cuando ese fin llegue, sea el año que viene, o más adelante, o incluso mañana, al menos ya tenemos la música que sonará de fondo en el  ritual de la despedida final. “Ravedeath, 1972”. La fiesta de la muerte, 2011.

www.kranky.net, www.sunblind.net
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