Hawái.


132. Walking Far From Home + Kiss Each Other Clean
febrero 1, 2011, 2:30 pm
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IRON AND WINE
»Walking Far From Home« (2010)
»Kiss Each Other Clean« (2011)
4AD-WARNER BROS.

Hace poco más de un año Sam Beam realizaba una recopilación de viejas cintas, versiones desperdigadas por el aire y archivos provenientes de las sesiones para su último disco. Un paréntesis necesario para poder seguir avanzando, un trayecto que se inició hace casi una década en la calurosa Florida. Ese disco, titulado “Around The Well” (Sub Pop, 2009) [071], si bien no contenía material nuevo, era suficiente para hacernos dar cuenta del potencial que tenía en sus comienzos, así como para poder apreciar su evolución de su dormitorio al gran estudio, del cantautor folk al compositor folk, lleno de arreglos casi barrocos. De nuevas canciones, nada. Y las dudas acerca del sucesor del inmenso “The Shepherd’s Dog” (Sub Pop, 2007) crecían. Y tomando en cuenta esto, las diferencias de ese disco con los primeros, las dudas eran grandes. ¿Cómo superar tamaño álbum? ¿Es necesario hacerlo, siquiera intentarlo? ¿Una vuelta a las raíces o una simple continuación? Pues ni lo uno ni lo otro, sino más bien un nuevo escape. Parecía que su camino era claro, pero el rumbo que ha tomado ha sido el más inesperado. Quizás tenga algo de “The Shepherd’s Dog”, pero de una manera exagerada. Y ese nuevo camino, como ha pasado con otros, lo ha llevado directamente hacia un pop radiante de sol.

Lo más viejo de lo nuevo es “Walking Far From Home”, un single de noviembre del año pasado editado con motivo del Black Friday dentro del Día de la Tienda de Discos. Efectivamente, si su casa es “The Creek Drank The Cradle” (Sub Pop, 2002), ha caminado muy lejos de ella. Sus palabras parecen las de alguien que solo ve en colores negros. “I was walking far from home/ But I carried your letters all the while/ I saw lovers in a window/ Whisper want me like time, want me like time…/ I saw sickness bloom in fruit trees/ I saw blood and a bit of it was mine/ I saw children in a river/ But their lips were still dry, lips were still dry…/ I saw sunlight on the water/ Saw a bird fall/ like a hammer from the sky/ An old woman on a speed train/ She was closing her eyes, closing her eyes…/ I saw kindness and an angel / Crying ‘take me back home, take me back home’”. Una mirada tristísima. El resto del single contiene dos piezas dignas ocupar el lado A. “Summer In Savannah”, como lo hizo anteriormente, abraza la música africana tal como en “The Shepherd’s Dog”, siendo una pieza digna de ese disco, con el añadido de un solo de saxo digno tanto de John Coltrane como de Supertramp. Pero la novedad viene con “Biting Your Tail”, donde escuchamos sintetizadores y cajas de ritmo. Quien antes de esto lo único que conocía era, por ejemplo, “Naked As We Came”, se llevará una gran sorpresa. Más se parece (y mucho) a “Too Much” –“The Of Adz (Asthmatic Kitty, 2009)– de Sufjan Stevens. Pero esto era solo un aperitivo, un buen aperitivo. La prueba de fuego era el disco. Más pronto que tarde aparece “Kiss Each Other Clean”, ya fuera de Sub Pop. Respecto al sonido que buscaba y que se plasma el el álbum, Sam lo tenía claro. “Esta más enfocado como un disco pop. Suena como la música que la gente escuchaba en el auto de sus padres a principios y mediados de los setenta”. De nuevo con el productor Brian Desk, y con una banda de siete miembros, varios provenientes de Califone e incluido Chad Taylor, el disco se grabo dentro de nueve meses entre su actual Austin y Chicago, con una paleta que mezcla folk, country, rock, jazz, ritmos africanos, reggae, dub, soul, todo con una óptica pop, y con un luz muy brillante. Si bien comienza con el citado single, al siguiente tema descubre a Jamaica de una manera delicada, con vientos parece que grabados en la misma isla. Lo que sigue, “Tree By The River” trae por fin el color del sol, como nunca lo hizo, de la mano de recuerdos contados de la manera más sencilla (“Mary Anne, do you remember the tree by the river when we were seventeen?…/ Dark canyon road, I was coy in the half-moon/ happy just to be with you, and you were happy for me”). “Monkeys Uptown” y “Rabbit Will Run” insisten con ritmos de raíces negras, la primera a base de caja de ritmos, bajo sacado de un grupo de funk perdido en la historia y guitarras eléctricas de una época cuando los solos no aburrían. Pero la segunda es la que más destaca, un triunfo para Sam Beam. Sonidos de otro planeta movidos por una simple melodía, unos arreglos preciosos, y unas flautas que tocan el cielo. “Half Moon” y “Godless Brother In Love” son lo más cercano que pudiera estar a sus inicios, y aún así se apartan bastante. “Big Burned Hand” nos lleva a esa época que el mismo citaba. Oyendo sus vientos, esos bajos, nos transportamos al coche de los padres de Sam. Finalmente “Your Fake Name Is Good Enough for Me”, el epilogo de siete minutos en una orgía de sonidos que parecen comprimir el disco en su extensa brevedad, con una letra muy propia de él. “Apuesto a que estás viendo todos los niños felices/ Cada beso otra limpieza/ Ellos estaban cantando algo/ Tal vez ellos estaban cantando: Conviértete en la maleza, nos convertiremos en ella. Conviértete en el mar, nos convertiremos en él”.

Queda difícil superar su discografía sin manchas, pero sus ambiciones siguen creciendo y afortunadamente sigue estando a la altura de ellas. Experimentando dentro de los límites del pop, Sam Beam es un artista que ha crecido como nadie se lo esperaba. Este disco, a pesar de lo radio friendly que es, no es fácil, pero una vez oída la última canción dan ganas de repetir la experiencia varias veces más. “Kiss Each Other Clean”, la salida por la tangente de un artista, Sam Beam, que parece no conocer límites y que solo ve, por ahora, el brillo del sol. “Me he convertido en un hombre feliz cantando una canción” (“Glad Man Singing”.

www.4ad.com,www.warnerbrosrecords.com, www.ironandwine.com

Abandonando la mayor parte del tiempo el uso de tecnologías modernas, y valiéndose de herramientas que hoy parecen arcaicas, “Twin Radiant Flux”, o el ‘flujo radiante doble’ se anticipa a ciertas corrientes de guitarristas actuales, así como lleva al extremo del silencio las visiones del pop de ensueño que se encontró con ciertos enfoques de tonalidades mínimas, dando lugar a melodías e imperceptibles, la mayor de las veces escondidas, ocultas bajo capas y capas de texturas sonoras dibujadas con trazos delicados. La verdadera música discreta de fin de siglo.

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