Hawái.


124. Casiotone For The Painfully Alone + Answering Machine Music + Pocket Symphonies For Lonesome Subway Cars
diciembre 1, 2010, 12:30 pm
Filed under: Uncategorized


CASIOTONE FOR THE PAINFULLY ALONE
»Casiotone For The Painfully Alone«
TRAIN BRIDGE RECORDINGS. 1998
»Answering Machine Music«
CASSINGLE USA. 1999
»Pocket Symphonies For Lonesome Subway Cars«
TOMLAB. 2001

“Ustedes ya deberán haber escuchado que he decidido terminar Casiotone For The Painfully Alone”. Con esa frase me topo al ver una entrada, la del 26 de julio de este año, en la sección de noticias del sitio cftpa.org. Así comienza una breve declaración que pone término a trece años, los mismos que tiene de vida Casiotone For The Painfully Alone, proyecto personal de Owen Ashworth. Ashworth es un norteamericano nacido en San Francisco en 1979 y que se inició musicalizando un film cuando estaba en el college. A lo largo de ese tiempo llego a expandir su paletada colores en discos muy bien logrados, como “Etiquette” (Tomlab, 2006) y “Vs Children” (Tomlab, 2009), pero el encanto que tiene sus primeras obras no tiene precio.

Las primeras noticias de él nos llegaron recién el 2001, pero antes de eso hubieron dos cosas previas, single y un disco.  Fue 1998 cuando aparece “Casiotone For The Painfully Alone”, un 7” de tres temas que anticipan todo lo que se vendría por delante. Grabado en enero, “Hotel Huntington Sign”, “It’s Winter And You Don’t Love Me Anymore” y “Seattle Wash” hurgan en los sentimientos de las personas que pueblan su mundo, que es también el nuestro. Hoteles en la oscuridad, inviernos eternos y ciudades lluviosas que lavan el corazón. “& I don’t understand/ Why we’ve stopped holding hands”.  Llega 1999 cuando edita en su propio sello, Cassingle Usa, “Answering Machine Music”, su primer largo, que es también una oda a los mensajes tristes envueltos en sonido barato. La música de las contestadotas fue hecha, precisamente, a base de contestadotas, teclados a pilas y radio casetes en San Francisco y Red Word City, entre 1997 y 1999. Y el sonido es de esa electrónica en baja fidelidad cercana mezclado con pop casero inspirado, fruto de la rutina y el desgano, la pena y la desidia. Canciones desde una habitación fría y teléfonos solitarios. Amistades que irremediablemente pasan al olvido (“Casiotone For The Painfully Alone Joins The Foreign Legion”: “Debería haber sabido que esto terminaría/Dejaste de ser mi amiga/ Algunas cosas no vale la pena enmendarlas…/ Puedes enviar mi correo al estado/ Me uní a la legión extranjera”), arrepentimientos, culpas y hombros fríos (“Cold Shoulder”: “Recién me bajé del tren y no dormí nada/ No he estado en este pueblo en semanas/ Y las únicas cosas que me mantienen con vida/ Son tu foto en mi bolsillo y un dólar con 45/ Y espero con ansias que tu estés allí/ Y ahora vuelvo a ti/ Sin afeitar, sin dormir y triste”), la soledad como enfermedad y un postre como alivio (“Rice Dream Girl”: “Oh, con tus ojos de tristeza/ Quiero beber arroz con leche contigo/ Seré tu único chico/ Así que no estaremos tan solos”), llamadas al vacío que no tienen respuesta (“You Never Call”: “Tal vez te gustaría ir a ver un show/ Por favor solo llámame y déjame saber/ Cuando llegues a casa/ Estaré esperando junto al teléfono/ Tal vez te debe parecer un poco obsceno/ Todas esas llamadas en tu máquina/ Pero me has dejado sin alternativa/ Y todas tus parejas conocen mi voz”), y, en el último track, la peor despedida posible, la que nunca se hizo (“I Should Have Kissed You When I Had The Chance”: “Recuerdo verte partir/ Y el largo camino a casa/ Pasaste la luz que parpadeaba en el club de strip y Carl’s Jr/ Y me recuerdo rozando tus manos/ Y como me hizo sentir tan triste/ Quise tanto sostener tu mano/ Este es el bus que te alejará/ Espero que disfrutes tu estancia/ No habría trabajado de todas maneras/ Debí haberte besado cuando tuve la oportunidad”). Pop triste de menos de dos minutos por canción comprimido a lo más básico, un melodía desde un teclado de segunda mano y una voz de un chico cualquiera relatando historias ordinarias de vidas suburbanas.

El año 2003 “Answering Machine Music” fue rescatado desde el sótano de los discos perdidos –con material extra– por Tomlab. Un año antes, el sello de Colonia publicaba el segundo trabajo de Ashworth , el igualmente maravilloso “Pocket Symphonies For Lonesome Subway Cars”. De nuevo Owen, el personaje que parece habitar en sus propias canciones, entrega confidencias cotidianas casi solo –lo acompañan en puntuales momentos Cass McCombs, Jason Quever y Charity Coleman–, grabadas en “varias habitaciones californianas entre 1998 y 2001”. El segundo largo deja los teléfonos de lado, aunque no del todo, y se enfoca en el transporte público. Aviones, trenes, buses, taxis, metros, un recorrido por la ciudad en el tranvía del drama humano del día a día. Ratones como únicos compañeros de la soledad,  llamadas que nunca llegan (“We Have Mice”: “A veces por la noche miro los ratones por el piso de la cocina/ Solía pensar que venían de un incendio/ Pero vienen de debajo de la despensa…/ El casero pregunta si los hemos visto/ Y ella coloca trampas que yo solo salto/ Los compañeros de habitación dicen que deberíamos matarlos/ Pero ellos permanecen conmigo en las noches en que nunca llamas/ Y algunas noches tu nunca llamas”), lagrimas en el asiento de un auto junto a Sinatra (“Tonight Was A Disaster”: “Saliste con tu mejor sweater puesto/ Con todas la intención de bailar hasta el amanecer/ Pero cuando el DJ puso esa canción todo fue mal/ Y llorando en la cabina del auto camino a casa/ Con Frank Sinatra en la radio/ Pero podría haber sido Lil Kim/ Cuando cada canción que escuchas te recuerda a él…/ Dirás que no es gran cosa/ Pero son las lágrimas en su cara la que demuestran como se siente/ Dicen que esta noche fue un desastre”), canciones frías con baterías bajas (“Dying Batteries”: “Sé que estás mintiendo/ cuando comienzas a hablar como si tu batería estuviera muerta/ Las palabras suenan lentas/ Cuando hay cosas que no quieres que sepa/ Pero antes que el cuarto se convierta en hielo/ Te recuerdo que la canción en la radio es hielo/ Así que solo escuchémosla”), más y más despedidas amargas en las puertas de un aeropuerto(“Airport Samba”: “Esperé contigo hasta que la mujer dijo tu vuelo/ Y cuando te desee un buen vuelo tu no podías mirarme a los ojos…/ Desearía que tu pudieras mirarme pero no quiero verte llorar/ Desearía que te dieras la vuelta y ni siquiera dijeras adiós”).

“Desearía dejar claro que esto no significa que deje la música. Espero hacer muchos más discos en mi vida”. Antes de dar u paso mayor quedaría otra gran obra del sonido de un dólar con 45, “Twinkle Echo” (Tomlab, 2003), pero esa es otra historia. Su comienzo, su pop de baja fidelidad y de alta emotividad quedó perfectamente plasmado en los discos de su primera etapa, una etapa que ya debemos verla como pasada. Atrás quedan los viajes a realidades polares, atrás quedan las sinfonías de bolsillo para personas solas. Del futuro solo queda esperar lo mejor, del pasado solo recordar lo mejor.

www.tomlab.de, www.cftpa.org

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