Hawái.


112. Have One On Me
septiembre 1, 2010, 2:30 pm
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JOANNA NEWSOM
»Have One On Me«
DRAG CITY. 2010

Parecía que después de escuchar los primeros temas de esta ave rara tendríamos frente a nosotros esto. Después de esos primeros discos autoeditados vendría “The Milk-Eyed Mender” (Drag City, 2004), un álbum y una voz que no te podías quitar de la cabeza, como el de alguna hada encantada, o el de un fantasma ancestral emergido de las profundidades de los montes Apalaches. Además, para hacerlo todo más raro aún, el instrumento principal que usaba era el arpa, nada más alejado del pop. Pero Joanna no quería quedarse ahí, como uno más de los muchos tantos proyectos que rescataban el folk más raro de la profunda Norteamérica, no quería ser otra más de eso que se llamó weird folk. Lo suyo iba más allá, y sus ambiciones apenas le caían en su joven cuerpo. Grandes ambiciones eran las que ella tenía, y a grandes resultados llegaría. La primera manifestación de ello fue “Ys” (Drag City, 2006), un disco grandioso: cinco piezas en una hora de música, hecho con la ayuda de Van Dyke Parks, Jim O’Rourke y Steve Albini. Esa era y es una de las obras esenciales de nuestro tiempo, y de cualquier otro tiempo. Pero cuando cualquiera pensaba que aquello no podía ser superado, viene Joanna y nos sorprende a todos, y de que forma. Esas mismas ambiciones la llevarían tanto o más lejos que antes. Tres parece ser el número: “Have One On Me”, su tercer disco, es a la vez un disco triple.

Si “Ys” era una obra extensa, este parece ser un disco inabarcable. En sus tres discos, y en sus más de dos horas, solo hay seis canciones por cada uno de ellos. Pareciera que no puede contar todo lo que quiere contar en no menos de siete minutos –la titular llega hasta los once–. El disco es, por otro lado, un carnaval de sonidos y timbres de lo más variado. En él encontramos cello, batería, flauta, trombón, trompeta, doble bajo, viola, violín, oboe, corno, tarhu, tímpano, tambura, kaval, guitarra acústica, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, hammond, clarinete, banjo, mandolina, kora, corneta, clavicordio, además del piano, y por supuesto que su arpa. Ese carácter inabarcable quizás a muchos les parece difícil de escuchar de una tirada, pero una vez que ya se ha asimilado su anterior álbum, que también era un disco difícil, oírlo por completo no resulta complicado, y eso es lo recomendable, para como dice ella, no separar estos capítulos unos de otros y escuchar el libro por completo. Sin embargo, este disco se puede oír por partes, coger cualquiera de las tres partes. Se puede empezar por el final, o por el medio, o por otra parte. Y siendo cualquiera de ellas la escogida, cualquiera tiene ese poder cautivador. Su voz, sus palabras, el sonido de las palabras, el modo en que estas parecen historias de lugares que a la vez son imaginarios, y a la vez son más reales que ninguno. Su lírica es sencilla pero no vulgar, sus relatos río destilan naturalidad. Rara vez se repite, solo habla y habla. Y los arreglos sí que son de otra época, aunque eso ya lo sabíamos desde antes, pero no obstante parece que nunca nos cansarán. Estas canciones de antes que se llamaran canciones son inagotables, no solo preciosas, que lo son, viven en la belleza, aún cuando sean a veces tristes. Y son todas parte de una gran canción sin fin, una canción que nace de la profunda tierra, profunda y ancestral. Detenerse en un momento sería injusto para el resto, pero solo por hacerlo me detengo en “Easy”, el comienzo de este idilio, un amor dulce y caritativo: “Easy / My man and me / We could rest and remain here easily… / Or how I am warmed to the bone by the river / And in the river, made a life/ I’m your little life-giver / I will give my life… / I was born to love / And I intend to love you / Down in the valley, where the fields of green / Watch my luck turn full into love / Paralyzed daisy, cling ’til only I may love you / I am easy / Easy to keep / Honey, you please me / Even in your sleep / But my arms want to carry / My heart wants to hold / Tell me your worries: I want to be told”. Si ella es la que da vida, si ella daría su vida, si nació par amar, quien es uno para decirle que no. Si su corazón quiere contener, no seré yo quien se lo impida. Ya desde mucho antes, años atrás ya Joanna nos había conquistado. Antes de este trabajo estabamos enamorados de ella. Ahora, con “Have One On Me”, solo logra que el amor hacia ella se reafirme.

www.dragcity.com
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