Hawái.


103. Fugue
julio 1, 2010, 2:20 pm
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TAPE & BILL WELLS
»Fugue«
IMMUNE. 2010

No hace mucho, tan solo dos años atrás el trío sueco Tape entregaba su sexto disco, aquel excelente “Luminarium” (Häpna). Ese trabajo, que nos dejaba con un más que agradable sabor de boca, resumía una serie de músicas en pos de algo que brillaba por todos lados, lo describíamos como “folk naturalista y natural, ligero, y veraniego” [022]. Unos kilómetros más al este, en Falkirk nacía hace un buen tiempo Bill Wells, músico autodidacta que ya en 1989 forma el Bill Wells Octet. Tocando con una mano el jazz y con la otra el pop, este escocés tiene una vasta carrera, normalmente acompañado de otra gente: The Pastels, Future Pilot AKA, Stefan Schneider, Annie Whitehead, Maher Halal Hash Baz, Kevin Ayers, Richard Youngs, Jens Lekman y muchos otros.

Amigo escocés conoce amigos suecos. Fue hace unos años, cuando Bill se encontraba tocando con este Lekman y con The Concretes, en Estocolmo, cuando se conocieron por primera vez, y ya hablaron de poder colaborar algún soleado día. Un año después, Bill invita a Tape a que lo acompañen en un festival en Escocia, tiempo en el que aprovecharon para grabar algo. Es 2008 y esta vez se invierten los papeles: viaja Bill a la capital sueca, hogar de Tape. Algunas presentaciones, para luego, lo importante, pasar una semana en el Summa Studio. Esa corta  semana se convirtió en el corto “Fugue”. Publicado por Immune, un pequeño sello con sede en Chicago, este disco, un mini LP en cuatro movimientos en los que las sonoridades de ambas personalidades se entremezclan al mismo tiempo que se confunden, a pesar de que tan distantes no estaban los unos del otro. Lo que los hermanos Andreas y Johan Berthling, Tomas Hallonsten y Bill Wells (más Andreas Werliin) hacen es acariciar los instrumentos, tratarlos con la máxima delicadeza. Guitarra, bajo, órgano, sintetizador, piano, un Fender Rhodes, melódica (más baterías) y un poco de electrónica. Ese mismo tratamiento lo aplican a las melodías, las cuidan y las miman hasta que en algún momento aparece el detalle y se hace el milagro. Así lo hacen en “Fugue 1”, mientras un motivo de guitarra se repite durante largos ocho minutos. Así lo hacen también en “Fugue 2”, otro motivo que se repite, pero en esta ocasión con percusión y la siempre adorable melódica. Ojo que el resto de sonidos no son solo adornos sino parte de la pieza. “Fugue 3”, por su lado, parte del piano y poco a poco deja que la luminosidad haga su entrada. “Fugue 4” contiene unas guitarras crepusculares, un órgano expansivo y unos ruidos que hace estallar luces.

La suma de Wells con Tape, se inclina hacia estos últimos, por una razón obvia, su mayor presencia en número. Pero aún así la presencia del amigo escocés no pasa inadvertida, vertiendo todo su talento hacia y para la canción, aprovechando y sirviéndose de la habilidad de Tape para iluminar los ambientes. Lo que sucede es que a veces se confunden, algo que pudiese llevar a errores. Pero eso, creo, es algo que hace que una unión sea buena o no, cuando cuesta distinguir quien hace que, algo que ocurre acá. Se oculta el uno en los otros. Tape y Wells, ubicados en lugares distintos, pero prácticamente en el mismo paralelo, afortunadamente coinciden, geográfica y musicalmente, y pese a venir del norte, crean atmósferas rebosantes de luz, texturas acústicas mezcla de pop y minimalismo con olor a madera húmeda. Música simple, llena de claridad y calor.


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