Hawái.


075. The Visitor
diciembre 1, 2009, 2:20 pm
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JIM O’ROURKE
»The Visitor«
DRAG CITY. 2009

Bastante tiempo ha pasado desde el último trabajo en solitario del norteamericano Jim O’Rourke. Demasiado tiempo, demasiado para alguien como él. Hace casi una década publicó conjuntamente, el año 2001, “I’m Happy, And I’m Singing, And A 1,2,3,4” (Mego) e “Insignificance” (Drag City). Durante este tiempo ha realizado colaboraciones con músicos experimentales, hecho música para películas (Werner Herzog, Koji Wakamatsu), filmado algunos cortometrajes, ha sido temporalmente el quinto miembro de Sonic Youth, producido discos de estos últimos como de Wilco, Beth Orton y otros, formado una banda –Loose Fur, junto a Jeff Tweedy y Glenn Kotche, ambos parte del grupo del ex Uncle Tupelo–, reeditado y sacado del baúl viejas cintas. Pues como se ve, el hombre no ha estado desocupado. Ha hecho muchas cosas, pero hablar de un disco solo y exclusivo de él nada. Eso hasta ahora. La pregunta razonable era como sería este, su nuevo hijo. ¿Estaría o no a la altura del resto?. ¿Cumpliría o no con las expectativas que su propia trayectoria ha generado?. Existen algunas personas en las que se puede confiar casi ciegamente, que siempre están ahí y que contadas veces o nunca llegaran a defraudar. Jim es una de esas personas, y “The Visitor” es uno de los muchos casos que confirma esa regla.

El disco está grabado en la lejana Tokio, ciudad a la que se ha trasladado a vivir a vivir, problemas devisa incluidos, en un pequeño departamento, desde el 2005, muy apartada de su residencia anterior, Nueva York. Y en este nuevo trabajo encontramos guitarras, pianos, órganos Hammonds, sintetizadores, trompetas, cuerdas, banjos, cellos, baterías. Una larga lista de instrumentos. Todos y cada uno de ellos tocados por las manos mágicas de O’Rourke. Se habla que en momentos hay cerca de doscientas pistas, armadas y ensambladas por él mismo –por él también pasaron las cintas del “Ys” de Joanna Newsom (Drag City, 2006)–, con su talento habitual –“Debido a que tenía que tocarlo todo yo en lugar de grabar a un par de interpretes, tuve que grabar cada parte. Un par de ellas, solo grabando la sección de vientos, fueron como treinta pistas, porque tenía que tocar esa parte treinta veces”–. Se nombra mucho como referente a su disco “Bad Timing” (Drag City, 1997), que igual que este es un disco instrumental, nada de palabras –“es solo que no quiero escribir letras más” ha dicho. “No tengo nada sobre lo que cantar”–.  Pero, del mismo modo, se puede hablar y citar a sus discos pop, hablo de “Eureka” (Drag City, 1999), “Halfway To A Threeway” (Drag City, 1999) e “Insignificance”. A pesar de lo variado de su discografía, logra verse un hilo que une estos discos, en especial los citados, un hilo que sabe bordarlos a la manera clásica. “The Visitor”, cuyo título hace referencia al disco de Jerome Newton, personaje interpretado por David Bowie en el film “The Man Who Fell The Earth” de Nicolas Roeg, es una verdadera sinfonía folk en variados movimientos. La guitarra acústica dando inicio y marcando la pauta de esta obra. Un corte. Silencio. Cerca del minuto quince la tranquilidad del piano nos invita al sueño, pero al minuto diecinueve entra el banjo, los vientos, unas baterías como las de “Life Goes Off”. En este punto se percibe lo meticuloso que puede llegar a ser. “Hay un par de partes de trombón, y yo no sé tocarlo. Por cerca de un año y medio estaba buscando por otro color de instrumento que pudiera funcionar. Y finalmente fue como ‘tiene que ser un trombón’. Así que compré uno, y practiqué por un par de meses, y llegué al punto en que podía tocar esa parte correctamente. Creo que fueron como diez segundos de trombón allí, pero pasé seis meses en esos diez segundos”. Enseguida aparecen flautas, unos clarinetes por allá. Percusiones unos momentos después. Guitarra, una pedal steel, arreglos de viento, piano. La calma otra vez. Un órgano Hammond y el despertar. Distintos climas para una obra en la que adentrarse con demasiada facilidad, compleja en su interior pero simple en la cobertura, tan simple como para que lo entienda y la disfrute un niño. Por sus características podría llamárselo a esto americana. Si es así, la etiqueta cobraría un nuevo significado. Son muchos los colores que hay dentro de este álbum, muchos los olores, muchas las texturas, mirando siempre a la tradición y menos a la modernidad. Sé que la comparación no le gustará, pero es como un “Eureka” sin voces.

Es de esperar que en el futuro no tengamos que esperar tanto par tener que oír de él. Entre la vorágine actual, con producciones siendo editadas cada día, siempre es necesario volver a los clásicos, y O’Rourke ya es uno de ellos. “The Visitor”, su hijo, también lo es, y lo es además de esa música que desde hace mucho que existe, hijo de ese folklore del norte tan rico y variado, tan lleno de matices. Una travesía de treinta y ocho minutos por Norteamérica de la mano del noble Jim. Nuestro amigo fiel, ese que no defrauda, ya sabemos que nunca se ha ido, que siempre ha estado allí, pero de todas formas agradezcamos que, en cierta manera, lo tenemos de vuelta con nosotros.

www.dragcity.com, www.tisue.net/orourke
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