Hawái.


061. Magnolia
septiembre 1, 2009, 2:10 pm
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THE WOODEN BIRDS
»Magnolia«
MORR MUSIC. 2009

Una vez disueltos American Analog Set, surgía la natural duda de hacia donde se dirigiría, que camino tomaría esta vez su voz principal, Andrew Kenny. Podría ser la de su último disco con su anterior banda, ese tesoro un poco oculto que fue, que es “Set Free” (Morr Music, 2005), o bien podría ser el de la simpleza y la soledad acústica de él y su guitarra, la aquella simpleza de “Home: Volume V” (Post-Parlo, 2003), EP compartido con Benjamin Gibbard (Death Cab For Cutie, The Postal Service). En un principio, esta última pareció ser la vía a escoger, cuando “en la primavera del 2006 American Analog Set había tocado su último show, y estaba solo en Brooklyn. Fue la primera vez que estaba sin un proyecto musical desde que tenía 20. Tan frustrante como era, comencé a juntar canciones para lo que sería Magnolia”. Sin embargo, con el tiempo, al trabajar en las canciones, y al unírsele mas gente, el disco fue tomando la forma de aquel “Set Free”, quedando en algún punto intermedio.

Así, Kenney junto a la guitarrista de su anterior banda Leslie Sisson, Chris Michaels y David Wingo (Ola Podrida) grabaron “Magnolia”, el primer disco de su nuevo proyecto The Wooden Birds. Este trabajo significa además, para Kenny, un regreso, una vuelta a su cuidad natal, Austin (Texas), luego de más de seis años de vivir en Broolkyn (Nueva York), y esa tranquilidad que da a veces el hogar se respira durante todos los minutos de “Magnolia”. Musicalmente, el disco se construye a partir de tres pilares muy marcados. Por un lado esta las percusiones (maracas, tamborines, etc.), casi imperceptibles, que ayudan a darle esa tranquilidad hogareña. Por otro lado esta el bajo, guiando y dándole una sólida estructura a las composiciones –“ comencé a tocar el bajo para la banda de David Wingo, Ola Podrida. El bajo figura muy fuertemente en el sonido de Magnolia. Este es el instrumento que une la sección rítmica con las guitarras”–. Por último, como no, está la voz de Andrew, susurrada y lejana a la vez, con esa indescriptible manera en que pareciese flotar, o más bien, estar rodeada por un aura gaseosa, insisto, no muy fácil de trasladar a palabras. Tal vez sirva si digo que se asemeja, en cierto sentido, a la de Sam Beam –canciones como “Believe In Love” o, sobre todo “Hailey” no desentonarían en absoluto en el “The Shepherd’s Dog” (Sub Pop, 2007) del de Florida–, o incluso a la del mismo Gibbard. Estos tres puntos marcan lo que es “Magnolia” –título que, por fortuna, siempre nos recordará al film de Paul Thomas Anderson–, y sus maquetas, en el buen sentido de la palabra, de un músico que sin mucha bulla, sin tanto reconocimiento, ni de público ni de prensa, solo se preocupa de hacer buenas canciones, canciones sin terminar en este caso, y las adorna de la manera mas simple posible, todas con la misma humildad, todas muy cohesionadas, desde “False Alarm” hasta “Bad”.  La belleza en los detalles simples.

www.morrmusic.com, www.thewoodenbirds.com
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