Hawái.


322. Flame
junio 1, 2014, 2:20 pm
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Erik K Skodvin ©Monique Recknagel

Flame

ERIK K SKODVIN
»Flame«
SONIC PIECES. 2014

“Awash in its own destructive concept of light”. Inundado por las sombras cuyas dimensiones exceden al espacio que su antítesis ocupa. Es extraña la fascinación que la oscuridad provoca, un atractivo misterioso que hace preguntarse qué hay detrás de aquella presencia de tonalidades opacas. Quizás sea la incertidumbre de lo que no es conocido, la duda de lo que apenas es visible, el miedo a una presencia invisible que puede volverse una materialidad absorbente. La intriga del lado opuesto al resplandor permanece como algo cautivante, una belleza indescriptible que asola los pensamientos escondidos. Existen y han existido diversas formas fe aproximarse a ella, desde las más explícitas a las más sutiles, generando una estética de lo oscuro que es todavía más fascinante. Las expresiones del arte hacia ella crean un interés inusitado, y las diversas gradaciones del color negro son una forma de creación en si misma. “Inundado en su propio concepto destructivo de luz”. La luz siempre ha estado presente en la obra de Erik Knive Skodvin, o más bien la ausencia de la misma. Utilizando mayormente el nombre de Svarte Greiner, sus obras para Type, Digitalis, SMTG Limited, Experimedia o Miasmah, su propio sello, han teñido de negro profundo una música elaborada desde las sombras, armada desde sonidos que hieren dejando cicatrices que, de la misma manera, provocan una extraña atracción. Tal vez sea a causa de la variedad de tonos, a veces más manifiesto, otras más ambiguo. Esto se extiende a trabajos como “Knive” (Type, 2006), “Penpals Forever” (Digitalis, 2008), “Kappe” (Type, 2009) o “Black Tie” (Miasmah, 2013) [251], así como a su.empresa particular Miasmah o a Deaf Center, su proyecto con Otto Andreas Totland. Solo en dos ocasiones ha utilizado su nombre de nacimiento, ambos para Sonic Pieces, ambos formando un díptico que indaga en las raíces de la música americana.

“Erik K Skodvin finaliza con ‘Flame’ su par de álbumes inspirados por una Americana nocturna, el continuador de ‘Flare’ de 2010. Los rescoldos de ‘Flare’ arden pacientemente, buscando para encender la rama viva que se convertirá en la ‘Flame’. Dentro de unos minutos, todo en tu entorno cambia, todo lo que pensaste sería, no es”. La inspiración inicial queda reducida a las cenizas de un cadáver que logra mover su cuerpo dando latigazos como un muerto viviente. Lo que fue, y sigue siendo, ese maravilloso trabajo, “Flare” (Sonic Pieces, 2010), tiene acá su esperada continuación. Pasaron cuatro años para desempolvar su identidad verdadera y enfrentarse nuevamente a composiciones breves que utilizan múltiples recursos esparcidos como desechos en el suelo petrificado. No está demás señalar que, como aquel, esta reciente obra del músico noruego es presentada impecablemente. Diseño de Torsten Posselt (FELD) –precisa elección de los colores y el tipo–, imagen del mismo Erik y cubierta de tela hecha a mano por Monique Recknagel. Grabado en diversos estudios en Berlín entre el 2012 y el 2013, “Flame” contiene nueve piezas que en total apenas pasan la media hora, suficiente para asentar una atmósfera de sonidos en decoloración. “Erik K Skodvin es un amo de envolver al oyente en un mundo que es tanto monumental como misterioso. ‘Flame’ así lo hace sutilmente remendando influencias musicales de todas partes del mapa, centrado alrededor de un montón de instrumentación”. Con una sonoridad que permite acariciar sus formas con la mano como si fuese aún más real –en esto repite la habilidad con las cintas de Nils Frahm y su artesanía en la masterización en su estudio Durton–, el golpe efímero de este disco se construye de trozos desperdigados: solo a ratos las notas se extienden, mientras que el resto serán esbozos a medio terminar que parecen recoger melodías inacabadas. “Passing sun. Days and nights. Reflecting beams. Melting strings. Silence and screams. Reverberating cans. Street corners in dusk”. La belleza inmaculada del piano introduce los ambientes que pronto se irán destiñendo, dibujando una estructura sincopada que comienza a quedar oculta detrás de los ritmos quebrados de la percusión: el estruendo contenido del metal juega al límite, sugiriendo esas atmósferas nocturnas de la América Profunda, un país debajo de otro país, en las cavidades impenetrables de la sociedad moderna. Ritmo y precisión rota, el piano y los hilos de acero sobre minerales delgados, notas que insinúan interrogantes no resueltas. “Shining, Burning”, canción que comienza pero que no parece terminar. El último golpe desaparece. Silencio. Nada. Una aparición, un acorde que nace de una reverberación. Es Erik K Skodvin –“instruments, sounds & objects”– que multiplica sus extremidades para acariciar los elementos de sus composiciones, cada uno de ellos. Y es también Anne Müller (cello) y Mika Posen (violín) quienes contribuyen a aumentar la gama de sonidos, añadiendo cuerdas sobre el metal. “Moving Mistake” persiste en la destrucción de un jazz nocturno. Una intensidad comprimida que tiene desahogo en “Reflecting”, solo en la superficie. De forma más subliminal, esta pieza descansa su oscuridad en espacios sin llenar: las notas quedan más distanciadas una de la otra, quedando los surcos intermedios sujetos a otro tipo de intensidad, una tensión sombría, con un aliento que emerge desde ese vacío, el soplo siempre sugerente de Gareth Davis (clarinete). “Flames”, el aullido de un blues austero, un minuto, un solo de cuerdas eléctricas que conducen otra vez a ningún lugar. Parte de su eco queda como una repetición acompañada de patrones rústicos. “Red Box Curves”, música americana primitiva. “Burned out memory. Hidden bars. Silver smoke. Rural insanity. Blues”. “Corrin Den”, folk fantasmal de pocos acordes y ruidos subterráneos. “Black & Bronze”, otro fascinante acercamiento a una música rural desde el misterio y armonías susurradas: el ritmo quebrado e impredecible, las cuerdas que parecen desvanecerse y un viento que evoca un frío misterio. la senda hacia un territorio olvidado continúa a través de “Cypress Reverb”, el rastro más prolongado de todos, donde confluyen los sonidos desplegados en cada instante de este trabajo con mayor calma, dejando que estos se acumulen lentamente, pasando por diversas etapas hasta descender en un pozo sin fondo, una senda sin retorno. Música clásica destemplada, electrónica análoga y murmullos que insinúan una lírica silenciosa, la recreación de un paisaje desértico y polvoriento. “Cypress Reverb” aparenta ser un epílogo que no es, pero que está pronto a arribar. “Drowning, Whistling” despoja laals rítmicas enrevesadas para quedarse con la opacidad y las imágenes vagas de una escena extraviada en la mitad de la noche nebulosa. Las notas están marcadas nada más que por la distorsión de un metal oxidado transitando por el pentagrama. De nuevo, el silencio.

“Windy yards. Shade. Rapture. Backyard star. Horse tales. Mirrors and confusion. Blue painted leaves. Unknown places. New shirt in paradise”. Historias sin voz de una tierra oculta en la misma historia. “Flame” es América vista a través de los ojos de una Europa nocturna. Erik K Skodvin crea un paisaje oscurecido de timbres resquebrajados y ruido velado que traduce ambientes de luz sombría en notas que escapan del resplandor hacia su reverso opaco.

www.sonicpieces.com, www.miasmah.com/eks


321. Drowning In The Sky
junio 1, 2014, 2:10 pm
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Drowning In The Sky

PJUSK / SLEEP ORCHESTRA
»Drowning In The Sky«
DRONARIVM. 2014

Debajo de una piel suave y delicada se esconde el ruido de una naturaleza inhóspita y cruda. La distancia del calor provoca que la soledad sea la mejor compañía para unos sonidos que avanzan con la letanía con que se mueven las horas marcadas por el sol, un astro que solo acompaña con su brillo tibio. El clima es quien determina el comportamiento, un comportamiento que se decanta por notas de enorme espaciosidad, separadas entre una y otra por la ausencia de ardor que las haga acercarse más. La naturaleza agreste genera esta música amplia y prístina, mientras la luz decae y los silencios ocupan el vacío. El ruido del hielo al resquebrajarse surge bajo las capas se mar comprimido. El aislamiento ha sido el hogar en el que las composiciones de una de las dos secciones de este trabajo tienen lugar. Pjusk es, más bien son Rune Sagevik y Jostein Dahl Gjelsvik, “desde la costa occidental de Noruega –ambos de pequeños pueblos cerca de la naturaleza–. El sonido de Pjusk está inspirado por el áspero clima noruego y el paisaje salvaje. En el punto central de la colaboración entre los dos está una vieja cabina en lo alto de las montañas. Aquí es donde la mayor parte de la música de Pjusk es hecha –enmarcada por picos nevosos y el sonido de las corrientes frías–”. Ambos tienen su historia particular que se cruza para dar forma a este proyecto estable que disgrega las armonías a través de espacios de tiempo prolongado, considerando como se desarrollan hoy día las biografías. Primero “Sart” (12k, 2007), luego “Sval” (12k, 2010) y finalmente “Tele” (Glacial Movements, 2012) conforman lo que es la obra del dúo que vino desde los fríos suelos de Noruega. La otra mitad, el otro tercio en realidad, es Sleep Orchestra, músico inglés de quien hasta ahora poco (nada) sabía, aunque sus creaciones todavía son recientes y aún a la espera de desarrollarse mayormente. Sleep Orchestra es Christopher Pegg, “productor de música electrónica y experimental inspirado por tales artistas como Murcof, Saffronkeira, Loscil, Biosphere, Christopher Bissonnette, Pjusk y otros dentro del género del minimalismo ambiental. Así como sus artistas más influyentes, Sleep Orchestra también esta inspirado por la ciencia ficción, la naturaleza y las bandas sonoras”. Estas dos entidades finalmente confluirían gracias al entusiasmo de un tercero cuya vida quedaría enterrada por siempre, y cuyo recuerdo permanece todavía.

“Drowning In The Sky” es la primera colaboración entre Pjusk y Pegg, el primero también de ambos que es publicado por Dronarivm, seguramente instigado por Bartosz Dziadosz, curador del label establecido en Moscú. Y su origen está, como señalé anteriormente, en la inquietud de alguien quien creyó que de la unión de ambas estructuras podría surgir algo interesante. “El proyecto ocurrió después de que un amigo le recomendó a Sleep Orchestra escuchar algo. Después de escuchar a Pjusk durante muchos meses, él averiguó que ellos se presentarían en el Festival Storung en Barcelona el próximo año. Pjusk y Sleep Orchestra se conocieron en el festival y después de una buena charla y escuchar cada uno el material del otro, ambos estuvieron de acuerdo que querían trabajar juntos en un álbum de colaboración. Chris ha dicho que, “Si no fuera por mi amigo que me recomendó escuchar el álbum “Tele” de Pjusk este proyecto nunca podría haber pasado”. Aquel amigo era Juan Diego Burillo (1974–2012). El álbum “Drowning In The Sky” está dedicado a su memoria”. La idea inicial continuó después de la muerte, plasmada en un álbum donde se pueden apreciar distintas capas de sonidos que a su vez conforman los distintos niveles que yacen bajo la lejanía congelada. Existen melodías que tienden a desaparecer entre el fuerte viento, ritmos estancados en un lago de susurros detenidos, patrones de una música que parecía olvidada, rescatada desde un pasado y convertida en una sombra alargada. Pareciera que estas piezas hubiesen sido interpretadas mucho antes de este presente, quedando el eco esparcido entre las corrientes de aire y la temperatura cercana a cero, las reminiscencias que podemos escuchar luego de atravesados muchas estaciones. El soplo del invierno comienza a fluir por una superficie de agua cristalizada, al mismo tiempo que melodías estáticas y el timbre del metal va formando una nube de electricidad gris. La partitura carece de anotaciones, las líneas quedan sugeridas por sonidos que se desvanecen en la extensa panorámica recreada. Rastros sobre el terreno, la estela de un acorde inmaterial, la sensación del frío traspasando la piel, una sensación de libertad y despojo. “Donitsk”, el aliento ambiental sobrepasando los cielos claros. Nueve minutos que introducen la geografía apartada en los oídos lejanos. Esa sonoridad que restalla en las cavidades genera pequeñas explosiones, estallidos minúsculos al interior de la extensión sintética. “Daithn” contiene esas explosiones. “Skdiv” es otra cosa. Sigue la síntesis ínfima, los disturbios de audio comprimido, pero en medio un pulso hipnótico de aire condensado. El flujo de notas desvanecidas va armando la melodía extraviada, cuando surge la respiración de la voz hecha bronce, imprimiéndole una atmósfera misteriosa al mismo tiempo que una melancolía nocturna. El canto de los bosques escandinavos, con la participación de Kare Nymark Jr. (trompeta) y Taylor Deupree (kyma), el ritmo oculto de los campos interiores con el vapor que emana de afluentes inexplorados. Mucho más rústico es “Aoleeingal”, adentrándose en la espesura profunda, con el misterio latente aún. La brisa helada desde los mares invade “Rionzemef”, con atisbos de aquel ambient frío, al igual que “Vansunbarth”, solo que menos expresivo. “Rionzemef (Remix By Pleq)”, el epílogo, es una continuación de un instante atrás, en la versión de Bartosz Dziadosz (Pleq), conservando la raíz pero igualmente distanciada en las formas, añadiendo el violín de Tomasz Mreńca y capas adicionales de tonalidades brumosas. Electrónica contemporánea y clasicismo analógico.

Resulta inevitable no desviar la mente hacia una determinada geografía al visitar las piezas contenidas en esta obra. “Este es el tipo de música para escuchar cuando solamente quieres irte a la deriva hacia otro mundo” dice la hoja de prensa. Aunque no es tanto una elección. Inconscientemente el escuchar este trabajo lleva a perderse en un paisaje de bosques escarchados y costas cubiertas de hielo, tanto la estética de las imágenes –los rastros sobre un plano congelado en la preciosa fotografía de Erika Tizen– como la estética del sonido. Cuando el calor global provoca el derretimiento de grandes bloques de hielo genera un ruido en medio de la niebla y los murmullos microscópicos. Al interior de “Drowning In The Sky”, las composiciones compartidas entre Pjusk y Sleep Orchestra, se logra oír ese ruido del hielo agrietado.

www.dronarivm.com, www.pjusk.no, www.sleeporchestra.com


320. Alone By The Sea
junio 1, 2014, 2:00 pm
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Alone By The Sea

CHIHEI HATAKEYAMA
»Alone By The Sea«
WHITE PADDY MOUNTAIN. 2013

Solo junto al mar. El título de la obra de Chihei Hatakeyama me lleva a pensar inmediatamente en una interrogante que siempre me ha perseguido. ¿Cómo será estar alguna vez aislado en medio del océano? Desde hace mucho que me ha intrigado el saber que se siente estar en mitad del mar, solo, rodeado de kilómetros de superficie líquida, un desierto de agua circundante que invita a la muerte. Imagino que la sensación de vértigo es inconmensurable, y el temor todavía más, una sensación de ser nada, de insignificancia frente a la naturaleza que en cualquier momento te traga y arrastra hasta el fondo de su vientre. Quizás algún día sabré qué es estar en ese estado. Lo de este músico japonés tiene más que ver con una calma infinita, aunque también una rendición absoluta. Chihei Hatakeyama, músico nacido en 1978 quien reside en las afueras de Tokio. Primero fue con su guitarra que acompañó a algunas bandas de rock en su juventud. Luego el laptop reemplazaría a las cuerdas, siendo la herramienta a través de la cual construir sus piezas de electrónica acústica, empleando además otras fuentes como el vibráfono y el piano, filtradas luego por la vía de la tecnología digital. Primero fue “Minima Moralia” (Kranky, 2006), el inicio de una historia desarrollada ampliamente a través de plataformas como Hibernate, Room40, taâlem, Soundscaping, Whereabouts, Under The Spire, Own. Uno de aquellos trabajos se escapó, logrando alcanzar una distancia que lo llevaría hasta nuestros oídos perezosos. “A Long Journey” (Home Normal, 2010) [097] aparece al mismo tiempo que crea su propia empresa, White Paddy Mountain, hogar de sus propias realizaciones como también de artistas cercanos, el mismo por el cual este trabajo aparece, en diciembre pasado y rescatado recién hoy.

“Alone By The Sea”. Casi una hora junto al mar, con la tranquilidad que poseen sus extensiones infinitas, con la soledad como acompañante en las planicies de agua pura. Como en otros trabajos, el artista japonés inclina la mirada y su punto de atención queda detenido en un horizonte que parece no acabar jamás nunca. Antes por supuesto que las piezas reclinadas y las notas que alargan su existencia estaban ya presentes. No obstante, acá cobran especial intensidad, pero una intensidad que se detiene en el tiempo. “Chihei Hatakeyama está inflluenciado por el Fudaraku-tokai. Esto es una forma de la práctica ascética de sacrificio realizado en el Japón medieval. Un monje que emprende esta práctica se embarca hacia el mar solo de ida en un pequeño barco (pero sin remos y sin timón) con la esperanza de llegar al paraíso del sur del Bodhisattva of Compassion (Avalokitesvara; Guanyin; Kannon). El fudaraku tokai fue realizado más de veinte veces entre los siglos XII y XII”. Sacrificio y esperanza en un viaje hacia un paraíso intuído. Chihei se adentra en los mares por medio de una música que insiste sobre notas que vuelven una y otra vez sobre un mismo punto pero en un lugar diferente. Cuatro pistas de audio, tres de ellas enlazadas formando un cuerpo unificado de sonidos extraídos a partir de ritmos desgastados, prolongando el efecto de su coro anónimo sobre el límite de lo posible, más allá de lo imaginado. Como en la serie “The Disintegration Loops” (2062, 2002–2003) de William Basinski, los orígenes están en viejas cintas deterioradas por los años, estaciones que no logran borrar su belleza inherente. Incluso pareciera que gracias a ello su poder de atracción aumenta. En ese caso, material propio. En este, fuentes externas, aunque poco importa si el fin, este CD de tinte azul claro, justifica los medios. Atmósferas de calma inquebrantable, lo que logra crearse a través de una música que avanza de manera pausada, sin atender a perturbaciones exteriores. Una orquesta destemplada que interpreta unas partituras lentamente, dejando atrás un rastro de sonidos cansados. Repetición e insistencia, paciencia y reflexión, los faros que parecen guiar estas composiciones extendidas como un océano y el vacío que lo rodea. Cintas de segunda mano sometidas a una ralentización que incrementa la hipnosis que permanece escondida en cada segundo de sus surcos. “Chihei Hatakeyama usó sólo un archivo sonoro para hacer este álbum. Este provino de un viejo vinilo. Chihei Hatakeyama lo compró en una pequeña tienda de discos en una venta de saldos”. Las tres primeras partes conforman una suite de casi media hora grabada en su estudio (WPM) en octubre de 2011. Los diez minutos iniciales corresponden a “Alone By The Sea”, o cómo se desintegran trozos de audio de su matriz y se vuelven a integrar en una pieza que parece tener el cielo como único límite. Absorbiendo el espacio y el tiempo, una energía contenida y aletargada fluye a través de unos acordes que se reiteran hasta agotar la superficie de su origen. Quizás así sea estar en el mar profundo. Una melodía incansable, como puesta sobre un enorme papel calco, uno encima del otro, y cuya velocidad esta en el lado opuesto a su intensa vehemencia emocional. “Alone By The Sea II” tiene la misma estructura en la que recién nos ahogamos, solo que pueden percibirse más detalles e imperfecciones provenientes de aquel vinilo ya gastado de tanto girar. Pero la belleza sigue todavía intacta, descansando en la insistencia de los sonidos que aparecen y luego se pierden en un desvanecimiento sutil. Los acordes de guitarra se escuchan detrás de los archivos borrados. “Alone By The Sea III”, la más breve, se sitúa en un lugar más decaído, con las cuerdas dibujando arpegios y sobre ellos las anotaciones que no pierden valor ni su tristeza infinita. La segunda mitad fue registrada en el mismo estudio, en enero de 2013. “Then I fall asleep to dream my dreams of you”, decía una antigua canción. “In Dreams”, casi treinta minutos donde el ruido reverbera de forma más clara, donde todo suena más nítido y el canto de las sirenas se envuelve en un aura de nubosidad que permite igualmente distinguir las tonalidades del azul del mar que refleja el cielo. La niebla misteriosa y el estruendo de aguas que congelan la piel. “Let’s defrost in a romantic mist”. Perdidos en la masa de aire fría y las notas de sueños hipnóticos, subyugados en las cuerdas y un loop abrasivo de acordes y romanticismo fracturado.

El viaje sin retorno junto al mar. “Alone By The Sea”. Paisajes ambientales de sonido desgastado convergen en estas piezas que Chihei Hatakeyama construye a partir de la fragmentación de trozos de audio análogo extraviados en una caja de grabaciones olvidadas, rescatado en la manera más bella posible, como un incansable ruido de melodías interminables.

www.whitepaddymountain.tumblr.com, www.chihei.org


319. Lost & Compiled
junio 1, 2014, 12:20 pm
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Taylor Deupree

Lost & Compiled

TAYLOR DEUPREE
»Lost & Compiled«
12K. 2014

Esbozos, elaboraciones iniciales de una obra de arte, ideas o conceptos vagos, imprecisos. Definiciones que apuntan a un mismo lugar, un mismo estado, un instante previo de algo que aún no se desarrolla, cuando esa impresión en la mente todavía está lejos de adquirir la forma ideal. Los primeros trazos ya apuntan las formas definitivas, pero la indecisión lleva a que el camino desvíe su curso dejando atrás un rastro de ruido impreciso, una belleza imperfecta que queda escondida entre los escombros de archivos acumulados en carpetas y datos comprimidos. Su cubierta indeterminada permite apreciar eventos imprevisibles, puntos de tonos diferentes sobre el lienzo blanco que permanece aún con tramos vacíos, quedando las notas expuestas en su cruda pureza y su melancólica indefinición. La última obra del norteamericano, en muchos sentidos, no es una obra definitiva, en la forma cómo fue concebida, en la forma en que fue presentada. Sin embargo, desde cierta óptica perfectamente se puede plantear como una colección de piezas que forman un cuadro unificado, y un trabajo que posee una autonomía propia, dado el carácter de las mismas y dado el desarrollo de su cuerpo creativo. El sonido de Taylor Deupree ya tiene, desde hace algún tiempo, una fisonomía muy asentada, y cada una de sus composiciones tienen rasgos de imperfección que quedan a la luz, en ese mismo estado, una rugosidad explícita que deja visible la belleza del error y los eventos inesperados. Este trabajo más reciente, y que recupera rastros olvidados, puede ser tanto un resumen como una reunión de piezas que cobran nueva vida, nuevas aproximaciones que generan una obra en cierto punto inédita.

Recientemente, es decir el pasado año, las huellas dejaron en la vereda álbumes compartidos, creaciones a partir de la unión de ideas conjuntas. Fue el caso de “Origin” (12k, 2013), junto a Savvas Ysatis, “Wood, Winter, Hollow” (12k, 2013) [264], junto a Seaworthy y, finalmente, “Disappearance” (12k, 2013) [280], la enorme colaboración que reunió a Taylor con Ryuichi Sakamoto, una obra que aún es necesario dilucidar, de la que todavía quedan aspectos por descubrir. Del mismo modo, “Faint” (12k, 2012) [229], el último creado en la soledad de su estudio, conserva rincones de su interior sin ser explorados. Su continuación, este que se mueve en mis manos, expone esos rincones y los ángulos de la canción para adaptarse al clima exterior. “Lost & Compiled” surge como un disco de viaje, como material fabricado para ser entregado en la excursión en tierras extranjeras. Su estreno ocurrió durante una exposición de sus fotografías en la galería Il Solito en Ebisu, Tokio, como también en la gira que por varias ciudades japonesas efectuó junto a Illuha, Stephan Mathieu y Federico Durand recientemente, en abril pasado. Lo que quede estará disponible a través de la tienda virtual de 12k, lo que indica el carácter casual de esta recopilación, además de aparecer en las ‘Limited Series’ de 12k, aquella serie de lanzamientos únicos y de edición limitada bajo el radar. ‘Lost & Compiled’ es una colección de mezclas tempranas de canciones mías del pasado reciente así como trabajos previamente no publicados. El concepto de este lanzamiento viene de la idea que las canciones que compongo atraviesan tantas permutaciones que al tiempo que son lanzadas han dejado tras suyo un rastro de fantasmas. A veces cuando regreso a las mezclas ásperas y tempranas escucho algo más relajado, libre y menos perfecto… Un punto en la vida de la canción donde la tensión de terminarla o pulirla para una mezcla ‘final’ aún no tiene lugar”. En total son ocho piezas las que son recogidas desde ese lugar extraño, extraviadas en algún hardware y ahora restauradas en su estado natural, música recolectada directamente desde el campo que rodea al estudio de Taylor Deupree en Pound Ridge, muy dentro del estado de Nueva York. Hay en él bosquejos, versiones alternativas, materia aún en desarrollo y una excepción a estas reglas impuestas. El murmullo del bosque próximo traspasa la barrera de la distancia, logrando pasar desde su hábitat propio hasta la superficie del sonido. Es la naturaleza el lugar donde crecen estos instantes de electrónica orgánica, como se puede apreciar en ese fondo que se transforma en parte integral de la estructura variable. Las texturas saturadas comienzan a formar un terreno esponjoso sobre el cual crecerán ramas acústicas: “July 032013”, el primer fruto inmaduro cosechado desde el plano no fijado, cuerdas de nylon que dibujan un cuadro primigenio encima de las formas abruptas, borrador de nuevo material grabado en el verano del anterior año, y que se conecta con su pasado reciente. Folk entrelazado con paisajes de electricidad desgastada y estruendos microscópicos generando enlaces de luz natural. “Field”, la última fracción de “Landing” (Room40, 2007) [041] sufre un tratamiento similar, ahogando las brisas aéreas en un mar de sonidos desenfocados. Su versión alternativa, “Field (Beta)”, queda absorbida por el paso del tiempo que oculta las armonías originales, quedando en un eco de la memoria. “Live In Osaka” es la única que es incorporada en su forma final, antes disponible en el recopilatorio (libro + CD) “Extract – Portraits Of Soundartists” (Non Visual Objects, 2007): el remanente de la pureza electrónica de etapas previas unido a las eventualidades que suceden en tiempo real, las que luego se traspasarían a las grabaciones más procesadas, tendiendo puentes entre el ayer y el presente, ya vislumbrado en “Sea Last” (12k, 2009) ), parte de esa serie de obras breves que servirían de base para desarrollos posteriores y más extensos. Un EP “inspirado por la calma y la pérdida del sentido del tiempo del océano” que en “Sea Last (06.05.08)” se presenta en una versión previa: ambient acuático interrumpido por el brillo del sol en el mar, una delicada capa sintética movilizada creando olas amplias mientras detalles ínfimos la cubren. Catorce minutos que luego serían diecinueve y que bien podrían ser horas. El pulso ambiental y atemporal permanece con “Sleepover (Alt)” versión alternativa de la aparecida en “Lost In The Humming Air (Music Inspired By Harold Budd)” (Oktaf, 2012), donde similares capas sintéticas sobresalen por sobre los detalles, salvo un resplandor y una resonancia distante. Las tonalidades indecisas serán de nuevo el suelo sobre el que aferrar melodías que parecen borrarse apenas dejan de emitir su última onda expansiva. “So Sleepy”, versión primera que culminaría en “For A Morning When” para otra recopilación, “For Nihon” (Unseen Music, 2011), no deja que veamos su configuración: solo nos quedamos con una impresión de lo que fue, una sensación agradable de pausa constante. Otro bosquejo, otra vez los contornos desiguales y las armonías en construcción en mitad del campo y la hierba creciente. “Sketch For February”, febrero de 2012, la noche y su canto suave integrado en los tonos de acústica belleza rural, tonos desintegrados en trozos que se esparcen en esta pieza minúscula que se adentra en la piel con su humedad. Para el final queda una mezcla previa de la cara principal de “Journal” (Champion Version, 2011) [144], aquel maravilloso single en formato siete pulgadas de hace tres temporadas atrás. “Journal (Rough)” es precisamente eso, una interpretación más áspera, una versión fantasma que cubre de arena y ruido la gloriosa melodía de enorme sencillez, un loop hecho a mano que deja en su agonía la voz del mismo Deupree, la única vez que se ha oído, ahora una cinta de sonidos fragmentados.

“Las canciones sobre este álbum son solamente esto; pistas en estados más tempranos de terminación o versiones completamente diferentes que nunca llegaron al corte final. Esto es una mirada interesante en lo que queda olvidado y enterrado que no es menos poderoso, y bastante más vulnerable, que los cortes finales”. Las pistas exhibidas en su forma menos refinada permiten escuchar el rastro de imperfecciones, esa vulnerabilidad que menciona. “Lost & Compiled” reúne piezas segmentadas, exponiendo las rendijas que quedan entre una corteza y otra –preciosa fotografía de la portada: un árbol cubierto de tintura celeste. “Fue un descubrimiento agradable un día caminando en un parque… estos árboles con pintura sobre ellos…”–, y así poder escuchar el ruido de las partículas de audio y las manchas que quedan como esbozos imprecisos, los restos de una melodía olvidada.

www.12k.com, www.taylordeupree.com


318. Not Knowing
junio 1, 2014, 12:10 pm
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Not Knowing

NICHOLAS SZCZEPANIK
»Not Knowing«
DESIRE PATH. 2014

“… All sorts of thoughts continue to preoccupy me, since, when I’m out walking, many notions, flashes of light, and lightning flashes quite of their own accord intrude and interrupt, to be carefully pondered upon…”, Robert Walser (1878–1956). Entregado a la lentitud y a la languidez de una vida que parece transcurrir sin más sentido que el de avanzar por el hecho de simplemente hacerlo, las notas cuyas dimensiones no tienen límite ni borde se arrastran dejando detrás suyo una huella de energía desgastada, una energía que al mismo tiempo posee una enorme fuerza que absorbe el ambiente, generando un campo de extraño atractivo. En diversas formas, desde distintos caminos, muchos confluyen en ciertas editoriales, las mismas que a su vez hacen converger a otros tantos artistas perdidos en la fascinante repetición del ruido. Desire Path es un sello que en sus hasta ahora escasas pero muy escogidas referencias persigue el soplo de vida aletargada que insiste en propagarse por los surcos del tiempo. Hasta hoy solo siete impresiones, todas en vinilo: Solo Andata, Kyle Bobby Dunn, Benoît Honoré Pioulard, Charlemagne Palestine & Janek Schaefer, Nite Lite, Mary Lattimore y Federico Durand. El último en agregarse a la lista es Nicholas Szczepanik, músico norteamericano radicado en Chicago con más de treinta trabajos publicados, entre obras extensas y otras más breves, por plataformas como Streamline, Small Doses, Test Tube, 200mg, WéMè, Basses Frequences o Ruralfaune, así como por su propio espacio. Diversidad de formas que ahora culminan en una obra extensa y profunda, una descomunal pieza de monotonía infinita.

Como antes señalé, hasta el momento esta editorial solo estaba enfocada en lanzar trabajos en forma de LP, doce pulgadas de sonido físico. Sin embargo, las formas excluían otras dimensiones que ahora tienen cabida gracias a una nueva colección que recoge trabajos antes no posibles de realizar en la materia oscura. Para ello precisamente se crea Tangent, “una serie en desarrollo en formato CD con la intención de presentar trabajos de larga duración no apropiados para el formato vinilo. De vez en cuando nos viramos de nuestros caminos escogidos, esperamos que estos trabajos extendidos mantengan a flote su corazón y mente en las largas caminatas, en reflexiones sin restricciones o en la absorción de la vida. Aunque el formato de vinilo es nuestro foco y pasión, creemos que estos trabajos merecen ver la luz del día, o la oscuridad de la noche”. La luz y la oscuridad, una dualidad que puede percibirse en estos sonidos arrastrados. La nueva serie del label con sede en Buffalo, Nueva York, y dirigido por Michael Vitrano se inaugura con este trabajo, una dilación de una composición anteriormente publicada pero que, ahora y en esta forma, alcanza unas dimensiones más próximas a la idealización de la mente y el cuerpo del artista. La limitación original multiplica hasta por tres veces su tamaño, resultando en una obra grandiosa en muchos sentidos, inabarcable y, posiblemente, aún inacabada. El desarrollo retoma una línea temporal desde un lugar inexplorado desde la superficie, circulando por corrientes alternas, y lo extiende en un terreno amplio que asciende hasta un plano estelar. ‘Not Knowing’ originalmente tomó forma como un bosquejo más corto lanzado como parte de la serie ‘Ante algo azul’ en 2011. Después de mucha deliberación entre 2010 y 2013, la versión presentada aquí es lo más cerca de algo terminado de lo que podría alcanzar. La pieza fue formada como una respuesta directa al asilo no buscado pero encontrado en la música de Éliane Radigue. En particular, ‘L’Île Re-Sonante’ me ayudó a pasar un parche necesariamente áspero de lo que tendemos a llamar vida”. Lo que eran dieciocho minutos, “Not Knowing (For Eliane Radigue)” (2011) ahora son casi cincuenta y cuatro. “Not Knowing” es una sola pieza de música interminable que a partir de un simple bosquejo que ya tenía una determinada estructura ahora se impulsa hacia algo todavía mayor. Si bien hay una cierta linealidad, a medida que avanza se pueden apreciar variaciones dentro de ese desarrollo monocorde. De hecho, hay varias etapas distinguibles, pero la pausa prolongada del sonido lleva a la confusión, una agradable confusión. El motor del universo comienza a emitir ondas de radiación a través del entorno. Un zumbido que parece mover algo de origen indeterminado, fascinantemente desconocido, como observar la creación en tiempo real de algo que no se puede distinguir. La oscuridad del vacío se vuelve lentamente luz radiante, mientras la energía se desplaza en medio de la horizontalidad del espacio y su crecimiento desbordado en más direcciones, diagonales comprimidas. El ritmo agotado hace que las diferencias parezcan inexistentes, y su presencia sean espejismos reales que desintegran la realidad, deformándola. El quiebre emerge desde un leve destello que permanece sobre la capa de energía principal: notas que viajan paulatinamente, con la velocidad detenida, formando melodías subliminales que yacen bajo un suelo de drones cansados. La belleza infinita de esta melodía permanece en las horas (minutos), generando un ambiente de insondable luminosidad opaca, apagándose luego de su maravillosa aparición fantasmal, convertida en una estela de armonías en el fondo, regenerada en otra forma de ruido. Su faceta más espectral estira su vida, persistiendo solo en su estado aún menos corpóreo, solo como una nube de notas sin figura, sin fisonomía. El punto que era el primero comienza a tener relación con el tramo final, una forma circular que se enlaza con los sonidos iniciales. Ahora no quedan más que rastros de aquella luz, no más que una repetición constante de timbres y pulsos metálicos segmentados que se confunden con aquel zumbido desconocido. La electrónica material ya se ha esparcido dejando detrás recuerdos de melodías ralentizadas.

“Many notions, flashes of light, and lightning flashes”. Instantes brevísimos que parecen eternos, momentos extensos que no parecen acabarse jamás. “Not Knowing”, este impresionante trabajo creado por Nicholas Szczepanik, y dedicado a la compositora francesa –“For Éliane Radigue” se lee en el interior de la carpeta–, se pierde en las notas dilatadas, y logra que uno también se pierda en ellas, en el ruido y en las melodías que se disuelven con la lentitud del tiempo abandonado.

www.desirepathrecordings.com, www.nszcz.com


317. Reminiscences
junio 1, 2014, 12:00 pm
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Reminiscences

ANNE CHRIS BAKKER
»Reminiscences«
DRONARIVM. 2014

Recuerdo de cosas o momentos que parecen haber quedado casi olvidados. La memoria inconstante elimina pasajes de nuestra vida, queriendo ocultar el pasado, intentando borrar la historia muchas veces triste que nubla los días. No obstante, de una forma misteriosa algo enciende una imagen que hace que los cuadros se muevan hasta lograr que la emoción enterrada vuelva a salir a la luz, entre las nubes, como un rayo de sol estrecho pero radiante. Recuerdo, entonces siento. “Después de tocar por algunos años en una banda slowcore decidí que era tiempo de moverme hacia algo diferente. La música comenzó orientada al post-rock y slowcore pero lentamente evolucionó hacia una música más abstracta y minimalista. En búsqueda de posibilidades de la guitarra comencé a tocarla con un arco de violín más y más a menudo. Después de pasar dos años experimentando con sonidos, comencé a colaborar con el guitarrista experimental Romke Kleefstra y el poeta Jan Kleefstrra. Esta colaboración resultó en unas cuantas presentaciones y en un disco llamado ‘Wink’ el cual fue lanzado en 2009 por Apollolaan Recordings”. Parte de la biografía del músico holandés Anne Chris Bakker que, a partir de ese trabajo, “Wink”, comenzaría a desarrollarse hasta desembocar en su obra particular. Con posterioridad vendría su participación en “Mort aux vaches” (Mort Aux Vaches, 2011) [157], el disco de Peter Broderick y Machinefabriek. Luego aparecerían el cassette “Live March 2012” (Northern Twilights, 2012) y el LP “Griis” (Low Point, 2012) [219], ambos acreditados a Kleefstra | Bakker | Kleefstra. “En 2010 decidí hacer algo completamente por mi cuenta”. Fruto de esa inquietud es que resultan “Weerzien” (Somehow Recordings, 2012) y “Tussenlicht” (Somehow Recordings, 2013), un proceso que culmina, de momento, en este reciente álbum para Dronarivm, el label de Dmitry Taldykin con sede en Moscú.

El que podría considerarse en cierta forma el primer álbum largo de Anne Chris Bakker, luego de muchas relaciones colaborativas, es un punto aparte en su avance a través de los sonidos en cambio permanente. “Reminiscences” nace en la soledad, fuera de la cercanía con el resto de las personas, acompañado más que de las imágenes personales. De igual modo, las sensaciones que produce escuchar son las mismas de contemplar un paisaje desolado, una planicie cubierta por el frío y cruzada por vientos helados que vienen desde la costa borrascosa. Aislamiento escoltado por notas evocadoras y espaciadas: entre cada punto y cada variación en la partitura suceden espacios sin rellenar, una cuenca despoblada que sirve para que circulen las corrientes de aire cristalizado. Reminiscences’ existió sin un plan detallado. Esto es más el resultado de una interpretación y grabación espontánea durante un período de 5 meses usando guitarra, pedales y un arco de violín. Al tiempo que tocaba muchas imágenes llegaron a mi mente, bastante similar al estado de ánimo de duermevela donde las imágenes y situaciones fluyen y se atan de un modo no estructurado. Mientras tocaba y escuchaba al material esto me abrió un mapa de memorias perdidas. Así es como recuerdo. Reminiscencias”. Tres cuartos de hora y seis piezas de duración desigual, entre la prolongación mayor y un suspiro transitorio. Música contemporánea y silencios que ocupan un lugar junto al ruido de fondo, unas composiciones donde importa tanto las estructuras sonoras más comunes como aquello que las envuelve, formando un entramado delicado de materialidad inasible, la impresión de oír algo que no se puede aprehender. Las cuerdas de la guitarra generan un lamento cortante, un sollozo triste que pronto deriva en esa sensación indeterminada. Hay apuntes sobre el mástil, pero resultan reducidos a cenizas que se esparcen en el terreno recostado. De su presencia real queda solo una resonancia irreal, solo la idea de un sonido desparramado en la tierra que se ve lejano, a kilómetros de donde surgieron sus ondas. Los casi once minutos de “Between The Garden And The Lake” crean ese estado mental incierto, y los siguientes dieciséis minutos igualmente permanecerán en una vigilia callada. “I Thought My Heart Was Calm”, voz emitiendo sonidos más que palabras, grabaciones de campo y cuerdas eléctricas trazando vistas crepusculares a punto de estallar: una intensidad latente sujeta a unos brazos que contienen su fuerza directa, dejando que el volumen se exprese de otro modo, más sutil. Hay en ella diversas etapas, todas comprimidas en explosiones sin culminar. Luego de esos episodios amplios, la inmaculada brevedad de “Paths (For Robert)”, pieza inaugural ya estrenada en “15 Shades Of White” (Dronarivm, 2013) [306], que anteriormente comentamos, “una forma inmejorable de comenzar los tonos sobre el color ausente, una hermosa y diminuta obra de Anne Chris Bakker”. Ciento sesenta segundos de un piano y el vacío intermedio, de texturas táctiles y acordes aquietados, la belleza contenida en líneas de una partitura distanciada. Las formas dúctiles continúan bajo la superficie para el clasicismo minimalista de “Norge Svømmer” y las cuerdas que se repiten su efecto de manera incansable, hasta desgastarse por el transcurso de los minutos. “This Garden” es otro interludio de hermosas notas al piano entre el cantar de las aves, entreacto de necesaria tranquilidad y calor ante el hielo estepario. Las hechuras ambientales con terminaciones sin determinar nuevamente crean ese estado de duda, de no percibir estructuras ni figuras ciertas, sino solo saber que se está ya dentro de la canción, habitando en el frío y la neblina de murmullos que tienen como única ancla notas de piano enterradas en un lago de ruido abrasivo, a su vez tapado con una capa de tonalidades mínimas. Serán de nuevo las aves las que recuerden que esto es real.

Mientras tocaba y escuchaba el material este me abrió un mapa de memorias perdidas. Así es como recuerdo”. El proceder de los sonidos genera esa sensación de no saber bien cómo acontecen las horas. Están las armonías, están los acordes, pero lo que queda adherido a la piel son más bien impresiones vagas de melodías. “Reminiscences”, la obra de Anne Chris Bakker, tal como su fotografía –capturada por el mismo y por Luis Alejandro Bernal Romero–, son manchas borrosas de ruido a partir de un paisaje congelado, una sensación de recuerdo debilitado.

www.dronarivm.com, www.annechrisbakker.blogspot.nl