Hawái.


304. Lay-by Lullaby
marzo 1, 2014, 12:20 pm
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Lay-by Lullaby

JANEK SCHAEFER
»Lay-by Lullaby«
12K. 2014

La melodía que se oculta bajo una neblina de ruido en una mañana intangible. Puede que aquello que se superpone a las notas entrelazadas no logre borrar los rastros que se posicionan en un segundo plano siempre presente. No obstante, tienen una forma algo inmaterial, aparecen y desaparecen sin que sea claro el momento en que eso sucede. Quizás sea tanta su energía que terminan por consumirse a si mismas, una fuerza demasiado atrayente que acaba por anularlas. Por otro lado, aquellas notas de polvo dorado y concreto gris son un espectro inextinguible que se desplaza durante todo el trayecto de sonidos rugosos y severos, aún desde mucho antes, aún mucho después. Pareciera que estas piezas áureas siguen sonando a pesar que la electricidad se ha interrumpido y el lector se ha detenido, quedando en el ambiente como una presencia invisible. Esto es aplicable a varias de las obras de Janek Schaefer, pero muy particularmente a esta, la más reciente, impresa en este año 2014, pero cuya fecha real carece de temporalidad determinada. Schaefer es un artista inglés nacido en 1970, de padres polacos y canadienses, cuya historia musical fue fracturada cuando, de joven, su voz se rompió mientras era el corista principal en su colegio. Una década después, mientras estudiaba arquitectura en el Royal College of Art, los ruidos fragmentados de un sonido activaron el magnetófono que viaja de la noche a la mañana por el sistema británico postal terminaron por reestablecer su carrera musical. Eso culminaría en ‘Recorded Delivery’, el comienzo de un trayecto de investigación auditiva y exploración del sonido, que daría lugar a embriagadoras obras como “Migration” (BiP HOp, 2005), “In The Last Hour” (Room40, 2006) y, especialmente, “Extended Play [Triptych For The Child Survivors Of War And Conflict]” (LINE, 2008), un trabajo cubierto tangencialmente en este sitio a través de “Remain” (LINE, 2011) [138] , su reconstrucción en manos de Stephan Mathieu. En ese trabajo es posible apreciar la fuerte carga que poseen sus composiciones, las cuales no son solo pistas aisladas sino que tienen un contexto que se traspasa a los archivos de audio comprimido.

“El próximo CD de Janek Schaefer es absolutamente lo mejor que he escuchado de él, y no lo digo solamente porque esta en 12k”. Como él mismo advierte, estas palabras pudieran ser parte de la campaña de promoción. Sin embargo, rara vez he escuchado a Taylor Deupree lanzar una sentencia de este tipo. Y si lo dice es por que ese debe ser su sentir. Palabras honestas que, si bien son la impresión de una sola persona, tienen mucho significado, sobre todo teniendo en cuenta desde donde provienen. Este trabajo es el primero del artista británico para 12k, uno que forma parte de una historia amplia que se inicia a fines del siglo pasado y, como varios de ellos, traslada una instalación desde una galería de arte hasta un álbum que transforma las paredes en espacios infinitos. Personalmente no me atrevería a aseverar que este sea lo mejor de Schaefer, pero sin duda que su poder es arrebatador. “Lay-by Lullaby” es un sonido imperecedero de acordes que poseen un extraño misterio oculto entre sus rendijas, un viaje al borde de la ciudad, en las afueras de esta, con la extrañeza que yace dentro suyo. “La composición es su más calmada hasta la fecha, y está basada en grabaciones hechas en el medio de la noche sobre la carretera M3, justo en el final del camino donde JG Ballard vivió, a un par de millas del estudio de Schaefer, en la lejana zona oeste de Londres. Ballard escribió sus seminales obras sobre la cultura de los automóviles mientras la carretera estaba siendo construida en frente de su casa en 1973: ‘Crash’ (1973) y ‘Concrete Island’ (1974)”. El sonido de los automóviles, un motor distante, el ruido expulsado desde el asfalto, el vacío. Doce piezas trenzadas, unidas una tras de la otra, y que acaban al llegar el minuto setenta y tres, pero que permanecen todavía más allá. ‘Lay-by Lullaby’ fue creada en 2013 como una instalación para la presentación en solitario ‘Collecting Connections’ de Schaefer en Londres, en la Galería Agency. Un par de conos de tránsito-parlantes reclinados reproducían los paisajes sonoros desde una radio instalada en una pequeña maleta de cuero en un loop infinito”. Primero, la nada. Después, el vacío. El sonido del petróleo en movimiento, el desplazamiento del metal en dirección hacia un destino sin sentido, efecto doppler que desgasta las almas que los mueven. La sensación de perderse delante de un curso que conduce hacia delante sin entender el motivo de seguir conduciendo. La velocidad es imperceptible dentro de una estructura que aparenta fortaleza pero que se destruye al enfrentarse contra otra alma muerta. El significado pierde su valor. Sobre el ruido de las vías horizontales se arrastran los acordes que se disuelven como mineral líquido, escondidos tras el estruendo acallado. Son acordes cuyas terminaciones no están completamente determinadas, o tal vez sus bordes quedan imprecisos a causa de la niebla. Una música distante se logra percibir, una presencia que decora las horas desperdiciadas y la memoria voluble. Una música emerge. Luego desaparece. ¿Está realmente ahí, o sólo es un espejismo? La verdad poco interesa, solo importa el hecho que esos tonos subyacentes adormecen el oído, efecto hipnótico que esta dentro de su naturaleza y se exterioriza como una mirada extraviada. “Radio 101 FM”, un zumbido constante entre armonías inconstantes. “Radio 102 FM”, el zumbido permanece, y una triste melodía se desliza como una mancha de aceite y suciedad en el suelo. “Radio 103 FM”, notas que se extienden hasta formar un plano inmóvil. “Radio 104 FM”, una fantasmagórica orquesta parece haber registrado una balada de luz estática que se repite hasta subyugar por completo, balada triste que se desvía en la ingeniería de un gramófono descatalogado, automóviles y sonidos que pierden su intensidad. “Radio 105 FM”, una ráfaga de partículas contaminadas y calor ensordecedor transmutadas en calma y sosiego, luego decoloración de la belleza. “Radio 106 FM” y aquella orquesta, “Radio 107 FM” y una voz que apenas alcanza a escucharse en medio de una transmisión interrumpida, “Radio 108 FM”… Los trazos de estruendo delineado persisten, los rastros borrosos se niegan a ser un recuerdo extinguido entre el desorden múltiple. “Radio 112 FM”, nueve minutos como pueden ser nueve mil, sonidos dispuestos en consonancia continuando después que la energía se apaga, a la inversa que sus notas desfallecidas arrojadas al pavimento desolado.

Sonidos encontrados, field recordings, acústica manipulada. “Lay-by Lullabye”, un lugar lleno de estática agotada. Las melodías se filtran en medio del ruido estable que ejerce de sonido de fondo para hermosas armonías extinguidas que se desintegran, notas destempladas y tonalidades que pierden su color, confundiéndose con el paisaje, una panorámica extendida de electrónica análoga viajando en medio de una corriente invisible, fragmentada en arrobadoras piezas de melodías debilitadas. La belleza de la decadencia inconsistente que permanece con sus formas espectrales inextinguibles.

www.12k.com, www.audioh.com
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