Hawái.


180. Ballads Of The Research Department
febrero 1, 2012, 2:30 pm
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THE BOATS
»Ballads Of The Research Department«
12K. 2012

El 2011 es solo ayer, pero ya nos parece tan lejano. Es ya 2012, una nueva temporada que contrario a lo que antes sucedía, no nos ha entregado tanto – de seguro, apenas escribo esto, las tiendas ya se hallarán inundadas de nuevos discos–, pero alegrémonos de que sea así y no vernos agobiados por exceso de publicaciones. Y como es nuevo año, nuevas canciones, en este caso, nuevas baladas, acompañadas de la fiel marca 12k, quien referencia tras referencia se confirma como una de la cimas entre los sellos que combinan la electrónica con lo acústico. Habiendo dicho esto, lo que ahora me dispongo a oír no es del todo ajeno. El “12k Sampler 002”, el segundo muestrario del sello, ya nos anticipaba, entre otras cosas, unos minutos escasos que presagiaban lo mejor. Solo seis que ahora se transforman en tres cuartos de hora que saben a gloria.

“Ballads Of The Research Department” es ya el décimo trabajo extenso de The Boats, una banda que ha transitado por las líneas que corren bajo la Inglaterra más popular,  el vehículo que han encontrado dos músicos inquietos, incapaces de saciar sus angustias por una sola vía. The Boats son principalmente Craig Tattersall y Andrew Hargreaves. Este último edita también como Beppu y Tape Loop Orchestra, además de codirigir el sello Lacies, mientras que el primero es uno de esos personajes, que como un pequeño insecto volador, cuesta mucho seguirle la pista: antiguo miembro de Hood, publica bajo los nombres de The Remote Viewer, The Archivist, The Humble Bee, etc., codirige las etiquetas Moteer y Mobeer, además de ser el hombre detrás de esa exquisitez de sello llamado Cotton Goods. Para esta ocasión, como desde hace un tiempo, colaboran con Danny Norbury (cello), junto a las voces de Chris Stewart y Elaine Reynolds. Cuatro piezas largas en que se desarrolla una nueva forma de balada, entre ecos del pasado y rastros del futuro vivido. Se podría considerar esto, alguien podría hacerlo, como folktronica, pero hacer eso es quedarse corto. En esto hallamos folk y electrónica, pero también dub, música de cámara, pop, contemporánea, ambient, loops impuros. Forman parte de esa tradición que también integraban Hood, la que conforman esas mismas editoriales a las que se encuentran ligados, unos sonidos que parecen extraídos de unas cintas que alguien grabó hace muchos años atrás, con herramientas del futuro y luego escondió bajo el suelo, posteriormente rescatadas en ese mismo estado, pero derruidas por el paso del tiempo. Una pequeña caja negra canciones bajo un mar oceánico, ruidos cubiertos de musgo que han alcanzado el color perfecto, confundiendo naturaleza con artificialidad. Siempre han trabajado desde lo pequeño, manipulando pequeñas melodías en pequeños objetos, pero para su estreno en 12k han optado por el camino contrario: piezas amplias con inserciones minúsculas, desarrollos prolongados dejando que el tiempo fluya, el ritmo se explaye y sin que uno se dé cuenta nos encontramos perdidos en un bosque de sonidos dentro de un salón abandonado, habitado con huéspedes fantasmas. “Queríamos presentar la balada en una nueva forma empleando tanto sonidos como palabras para contar nuestras historias. Estas historias no son tan liricas como la forma de una balada en el pasado y están abiertas a la interpretación del oyente. Estas son baladas de nuestro tiempo conscientes del pasado. Son investigaciones sobre la incertidumbre de nuestro tiempo, el amor y la esperanza”. “The Ballad For Achievement” comienza como una lluvia de ruido, un manto de fría tristeza que da paso a tratamientos de cintas añejas, el cello aún más triste de Danny, y terminando en una suerte de click-hop. “The Ballad Of Failure” es la que nos venía desde fines del pasado año en aquel sampler. Probablemente sea pronto para decir esto, pero qué importa: esta es desde ya una de las canciones del año que no acaba de empezar. Una balada mecida entre tonalidades acústicas, baños de electrónica sutil, voces nubladas baterías cercanas, guitarras que sedan la piel que atraviesa por un lapso de ruidos microscópicos y regresa más etérea de lo que comenzó, tres canciones que son una, una canción que son tres, las tres mejores del año hasta ahora y por mucho más. “The Ballad For The Girl On The Moon” es la más espaciosa, más lineal si se quiere, con el cello de Norbury como eje central desde donde se insertan pianos, cadencias casi jazz, ondulaciones por las que se mueve un mismo tiempo y lugar. “The Ballad Of Indecision”, con la voz de Cuushe da el toque final con ritmos escondidos, primero como ambient pop, luego como música de cámara entrelazada con música para dormir niños en cuna hasta que esa voz en un japonés indescifrable pero siempre apacible desaparece en sí misma, se ahoga en su propio lago de susurros tímidos.

Han pasado solo cuarenta y seis minutos, los barcos se han ido y han dejado una sensación de que buenas cosas pueden pasar. Las Baladas del Departamento de Investigación han descubierto que una canción, del tiempo que sea, del lugar que sea, si está bien armada puede deparar un gran  momento para descubrirse uno mismo, no solo para alejarse. Y si esa canción se encuentra arreglada, se recubre de la manera en que Craig, Andrew y cía. lo han hecho, pues ese momento se transforma en glorioso. Mi fe estaba depositada de antemano, desde que miré aquel extracto. Ahora que he visto el cuadro completo mi fe se ve reafirmada. He creído y seguiré creyendo en el poder curativo de la canción.

www.12k.com, www.oursmallideas.tumblr.com


179. Eastside + Youyoume
febrero 1, 2012, 2:20 pm
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ISAN
»Eastside«
KESH. 2011
HAUSCHKA
»Youyoume«
SEREIN. 2012

Normalmente hablo de lo rápido que aparecen nuevos trabajos, de lo incesante que esto se ha convertido, semana a semana, día a día, que esto ya parece una queja, pero no lo es para nada. Sin embargo, esto tiene efectos negativos, y una de sus consecuencias más comunes es que cada vez más muchos de ellos se nos cuelan por las manos sin que tan siquiera podamos palparlos. Pues, de entre los muchos que sufrieron tal efecto son estos dos, referencias en formato reducido, formato que agrada demasiado, que entre fin de año uno, y un poco más lejano el otro, se nos escaparon sin que tuvieran mayor repercusión, al menos acá, sin merecer en lo absoluto esa falta de respuesta. Y acá y ahora estamos, para hacer algo de justicia.

Hace un año y poco más ISAN regresaban del silencio con “Glow In The Dark Safari Set” (Morr Music, 2010), una vuelta del dúo de magos analógicos que entregaba, como siempre, un puñado de canciones de de electrónica pop tan adorables como siempre lo han hecho. Sus redes análogas de sistemas integrados de nuevo extendían sus hilos en pequeños cuadros de belleza inmarchitable, con un sonido mirando al pasado pero sin perder vigencia – de entre eso que se dio en llamar indietrónica ellos sobresalían, un lugar al que llegaron por sorpresa, pues lo suyo venía desde antes–. El track que cerraba ese disco era precisamente “Eastside”, el mismo que ahora sirve para que de artistas se sirvan de él para armar un disco que a partir de una pista arma un disco entero y completamente nuevo, de un modo similar a como el mini-LP de múm “Please Smile My Nose Bleed” (Morr Music, 2001) [082] lo es: de unos pocos sonidos se arman varios sin sonar repetitivo sino todo lo contrario. “Eastside” es un 12” (más tres temas en forma de descarga) publicado e instigado por Simon Scott y su label personal, Kesh. El tema principal, “Eastside (Original)” es una versión extendida de a que terminaba su anterior trabajo: quince minutos en el corazón de un robot que también puede sentir. El tema ocupa toda la cara A del 12”, y lenta y levemente va desarrollando las ideas, haciendo del sonido vaporoso una marca ya propia en y casi intransferible de Ryan & Saville, unos ecos que se suspenden como brumas de aire frío en el espacio, una melodía eterna y eterna a la vez, la que parece que toda su vida han buscado y que muchas veces han hallado –como complemento está “Eastside (Dub Remix)” más sigilosa que la anterior–. Poco hay que hacer con ella, pues el momento de magia ya ha ocurrido apenas empieza a girar el disco. Pero, sin embargo, hay una tropa de valientes que pretenden remozar la pintura original. El primero de ellos es SIMON SCOTT, el incitador, quien lo lleva a su terreno de mantras ambientales, como en sus discos para Low Point, y un poco más lejos de “Bunny” (Miasmah, 2011) [165], cargando y espesando la original. Llega el turno de TAYLOR DEUPREE quien traslada a ISAN al campo de las microscopías acústicas y a la electrónica a campo abierto, uno donde las casualidades se convierten en aciertos, donde los sonidos inesperados se hacen encantadores, donde los detalles pasan a primer plano y los ruidos se convierten en insectos que deshacen la canción.  STEINBRÜCHEL, cerrando el vinilo, hace algo parecido, pero en tonalidades más bajas, siendo el reverso con algo menos de luz –salvo el final– que el anterior remix. THE SIGHT BELOW (Rafael Anton Irisarri) le imprime más ritmo, pero conservando bastante de su carácter retraído: es como si metiera el track en una lavadora a velocidad  muy baja, mezclando colores fuertes con otros suaves. AUTISTICI vuelve a la calma, introduciendo partículas de polvo y sumándole algo de suciedad a las limpias melodías. “Eastside” es un disco que es una sola pieza multiplicada por siete, una misma en siete coloraciones diferentes que lo son todo menos monótono. Antony, Robin & cía. exprimiendo al máximo las posibilidades que tiene una melodía perfecta.

Es ahora turno de cruzar el Canal de la Mancha y llegar hasta Alemania. Volker Bertelmann es el nombre real bajo el cual se refugia ese hogar de ruidos atrayentes  generados por un piano llamado Hauschka. De ese hogar han salido varios trabajos, teniendo solo este año uno en FatCat y otro en Sonic Pieces, junto a Hildur Guðnadóttir. Para la ocasión tenemos el último de sus vástagos, un 10” para Serein aparecido en el umbral entre el fin del pasado año y el comienzo del actual. “Youyoume” supone un acercamiento en dimensiones pequeñas a los mundos plagados de notas tenues que salen de la casa de Volker. La pieza central la ocupa la cara A, con “So Close”, doce minutos en los que se supone se manifiesta su interés por el house, reflejado y transformado a sus maneras de ver la música de baile, con sus herramientas y sus técnicas. Es esta una pieza que atraviesa por varios estados, de la tranquilidad a la euforia –en eso se acerca a la dance music, como a cualquier baile tribal–, manejando los sonidos como ritmos que van y vienen, se aproximan y toman distancia, mientras al frente juega con distintos timbres, notas que más bien parecen pulsaciones y pequeños despuntes entre las cadencias tensas hasta el apacible final. Ese tono último es el característico de la cara opuesta: “So Far” pasa, como dice el título, de la cercanía a la lejanía, pero aquellas distancias acercan las emociones al punto en que parecen llorar, como una buena escena de cine en donde la música no exacerba el momento, sino que a través de la ligereza aumenta la sensibilidad. “Paige And Jane” va por caminos parecidos (con la ayuda del cello), recorriendo los trayectos de la tristeza que son dignos de convertirse en postales de recuerdos llenos de angustias necesarias. You, you & me. Tan cerca, tan lejos.

www.keshhhhhh.com, www.serein.co.uk, www.isan.co.uk, www.hauschka-net.de


178. Devoción indómita
febrero 1, 2012, 2:10 pm
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Atrio Serenade
»Devoción indómita«
ORGANIC ACOUSTIC. 2012

De entre los muchos netlabels que han surgido en la red, muchos de ellos se orientan hacia aquella música para las tardes heladas con vista al horizonte llamado ambient. Y uno de ellos ha nacido en Chile, el vehículo a través del cual un músico pretenda dar cabida a músicos que en este lado de la esfera desarrollan ideas más o menos comunes, con la misma mirada puesta en parajes similares. Y, como no podía ser de otra forma, para publicar sus propios trabajos, llenos de tranquilidad ensordecedora. La primera referencia fue el interesante recopilatorio “Tierra desnuda” (2011), lo que parece ser el árbol desde donde derivaran muchas de sus ramas. El que tenemos ahora tiene por número OAN04 y corresponde a quien está a cargo de tan loable  la idea.

Para aquellos que no lo conocen, pueden hacerse una idea de lo que es Atrio Serenade yendo a ese resumen editado el año pasado, pero si quieren hacerse una idea más completa, deben ir a “Siempre y para siempre”, el  primer disco autoeditado a principios de 2011, que fue el que oí al poco tiempo de conocerle. De hecho, un tiempo atrás ya había tenido la posibilidad de escuchar algunos de sus temas, muchos  de los cuales colgaba en su soundcloud y su bandcamp y que renacen ahora en este disco. ¿Y quién es Atrio Serenade? Bajo ese nombre se oculta Gerardo Astete, un músico joven con un pasado ligado a la electrónica más extática, pero que para su nueva vida escoge desviarse hacia la conformación de atmósferas calmas, con pequeñas desviaciones hacia el dub congelado (el legado de Basic Chanell–Chain Reaction se niega a desaparecer) y hacia la ciencia ficción estelar. “Devoción indómita” es el segundo disco largo, previo a la edición por Murmur (Japón) de “El ritmo del durmiente”, y viene a ser una ‘recopilación del trabajo grabado desde el año 2005 hasta la fecha’, en dónde aquello de larga duración lo entiende en su sentido más amplio: noventa y nueve minutos repartidos en tan solo cuatro tracks –siguiendo la estela de Brock van Wey, con quien comparte más de una idea–, en los que es fácil perderse, y que pese a tener ese carácter, de recopilación, conserva una profunda unidad a lo largo de sus amplias y vastas planicies, más de lo que cabría esperar en un principio. Lo que ya se anunciaba en “Siempre y por siempre” se mantiene y refuerza acá. De hecho, el comienzo de este trabajo es por medio de “Vientos eternos (versión extendida)”, ampliación de una pieza aparecida en aquel disco, acá en su duración primera: veintisiete minutos –el resto anda por ahí– en que desde una tranquilidad sacada casi de un santuario budista se da paso a unos fríos ambientes propios de los montes tibetanos. Para mi gusto, la mejor de todas. “No hay tiempo, no hay espacio, solo tú” es más reposada, donde un manto de texturas de electrónica sutil descansan inmóviles, primero más oscuro, hasta tomar un color claro: las variaciones, como en general en el resto, no está dispuesta de forma evidente, sino que más bien escondida entre los lineamientos básicos y, dentro de ellos, subidas y bajadas leves de tonalidad, como una marea muy lenta. Los otros dos tracks conforman lo que vendría a ser un segundo hipotético, en el que grabaciones humanas roban algo el protagonismo, primero en “El reflejo de tus ojos”, algo así como Robert Henke de visita al campo y desprovisto de cualquier beat –maravilloso su final rodeado de aves silvestres–, y finalmente en “Ensueño, calma, reposo, paz”, a la caza del drone infinito. “Se encienden las primeras estrellas. Dulce ensueño, ensueño…”. Calma hipnótica, profundidad marina de un calor abrasador que a partir del cuarto de hora contiene los diez mejores minutos del disco: la herencia alemana de la que hablaba antes cobra vida en su final de ambient pop  áspero y techno-dub bajo cero y reducido a su esqueleto.

“La línea madre de Atrio Serenade es lograr un mar de atmosferas profundas llenas de paz, belleza y sencillez”. Tres de esas palabras son las que resumen lo que es “Devoción indómita”, profundidad, paz y sencillez. Serenidad estacionada en un segundo paso largo que me parece es el inicio de algo que puede ser aún mejor, cuando se vuelva todavía más repetitiva, cuando el loop llegue a un punto de no retorno y cuando los sonidos que emanan al comienzo del disco se encuentren con los brillan en su final. Contemplando la tranquilidad, esperando la gloria.

www.organicacoustic.bandcamp.com, www.atrioserenade.bandcamp.com


177. There’s No Need For Us To Be Alone + Panic Amigo: Piano Magic Remixed
febrero 1, 2012, 2:00 pm
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PIANO MAGIC
»There’s No Need For Us To Be Alone«
ROCKET GIRL. 1999
»Panic Amigo: Piano Magic Remixed«
MORR MUSIC. 2000

En sus inicios, Piano Magic era un proyecto que funcionaba como un colectivo abierto, una especie de puerta giratoria, donde tan pronto entraba un miembro y posteriormente salía, volvía a entrar otro, pero siempre con una figura central, el inglés Glen A. Johnson. De hecho, podíamos ver Piano Magic como una especie de club con muchos socios, y a Glen como su socio fundador. Esa promiscuidad se veía y se ve también desde el punto de vista editorial. Muchos sellos han tenido en su portada el nombre de este club (i, Wurlitzer Jukebox, Darla, Bad Jazz, Piao!, Acetone, etc.), y muchos han sido sus discos, LP’s, EP’s, singles, splits.

Por esta época, el fin de siglo, ya habían editado los álbumes “Popular Mechanics” (i, 1997) y “Low Birth Weight” (Rocket Girl, 1999) –este, para muchos, y me incluyo, una de sus primeras cumbres¬–. Ese año, 1999, también fue el año en que apareció un 7” de color rojo que llevaba por nombre “There’s No Need For Us To Be Alone” por el sello que los cobijaba esos años, Rocket Girl. Para ese entonces la banda la integraban, además de Johnson, Gabe McDonough, Miguel Marín y John Cheves, y como socio honorario Darren Hayman, el entonces líder de los extintos Hefner. La cara A venía con ese tema que le da el título, con letra escrita por Hayman, y que recurría a los temas habituales de Hefner: las mujeres, el amor desesperado y el alcohol: “I can’t believe she said that/ Can’t believe it’s true/ Can’t believe she’s faithful…/ When Spring turned to Summer, I swapped her for another/ She drank herself stupid/ Threw herself down the stairs/ She put whiskey with her aspirin/ My records in the dustbin…/ She wanted without needing/ She loved without leaning/ She held without clinging/ But she suffocates, she suffocates/ There’s no need for us to be alone anymore…”. El tema, además, descubría el lado más pop del conglomerado inglés, así como el uso de una electrónica de juguete ya usada en su primer LP, y unas guitarras de ensueño. Glen sobre Darren: “Es uno de los modernos románticos. En sus letras se preocupa por los problemas de la gente en general y consigue que la gente se preocupe por los suyos en particular”. El lado B, que también es A, viene acompañado de “The Canadian Brought Us Snow”, esta vez con letra y voz de Johnson, la lírica del recuerdo brumoso y melancólico: “El canadiense nos trajo nieve y Lucky Strikes para fumar para John / Una noche de martes concortes de luz, en calcetines de montaña, quemando libros/ Miramos los Supersonicos por demasiado, vimos robots en nuestros sueños/ Luces navales desde Amsterdam a través del vapor de la caldera/ El brillo de Jesús de Calor Gas ilumina el vidrio cubierto de escarcha/ La repisa, una escena de batalla de Airfix y Reinas de Disney/ Nacimos demasiado temprano, despertamos demasiado tarde/ Mentes de Chomsky pero con bajo peso de nacimiento/ Durmiendo al lado, trátanos como huevos/ Avispas de mar; piernas de oropel”. Palabras que remiten al pasado y a amigos de por vida, a jóvenes no aptos para vivir en el mundo real y si para imaginar sus propios mundos, lugares por los que habitaríamos de por vida si no fuera porque la realidad nos golpea de frente. El canadiense trajo nieve y nos la trajo con guitarras que mirabam al suelo y de reojo al cielo, con ciertos tintes post-rock al que se acercarían prontamente con “Artists’ Rifles” (Rocket Girl, 2000), y que acertadamente los ligaba con Godspeed You Black Emperor!, pero en formato reducido y en tan solo siete minutos. Pero el canadiense trajo más sorpresas. Ese 2000, y antes de los Rifles de Artistas, vino otro trabajo, directamente emparentado con el anterior. Piano Magic ya sabemos que van donde los inviten, y en la casa de Thomas Morr ya sabemos que son muy amistosos. Y sin esperar más se apuró a sacar “Panic Amigo: Piano Magic Remixed”. Este, la referencia número ocho de Morr Music, es un 12” con los temas de este single pero para la ocasión remezclados por habituales a la etiqueta berlinesa. El primero de ellos es FUTURE 3, la superbanda danesa que no toca instrumentos, y que se encarga del lado A. Resaltan la parte inicial y dejan la voz de lado, salvo cuando Darren canta con esa desgana querible  “Don’t suffocate”. El resto es pura electrónica filtrada por beats tenues, pero lo suficientemente marcados para dejar huella y de esta otra gran canción. El turno siguiente corre por cuenta de Robin Saville y Antony Ryan: ISAN. Estos son otros de los  socios de Johnson, y para ello no hay más que recordar su aportación a “Low Birth Weight”. Aquellos ruiditos al tema estrella del disco, “Bad Patient”. Robin y Antony, como es habitual, hacen de la “The Canadian Brought Us Snow” una nana de electrónica análoga, con la voz sumergida en olas de sintetizadores. De vuelta al lado A, que es el B de este 12”, tenemos al dúo franco inglés ENSEMBLE –un solo disco de pop electrónico como si lo hicieran Richard D. James, editado precisamente por  Rephlex ese 2000 (“Sketh Proposals”)– quienes, y tal como dice el subtítulo, decomponen y recomponen el tema, sacan partes y las vuelven a armar como si fueran unos hábiles técnicos reparando un viejo y usado PC, y efectivamente hacen otro tema a partir de las bases ya sentadas: electrónica reconstructiva. El final viene con OPIATE, es decir, Thomas Knak, un tercio de Future 3. A pesar de su historial, lo que tenemos acá es la guitarra original, más bien un solo acorde, las cuerdas de Glen como antes no las habíamos oído, y todo recubierto de un drum and bass particular, uno que no agrede, como si fuera hecho en Morr. Otro tema más que no solo remoza la matriz, sino que aporta mucho a las ya de por sí buenas composiciones y el buen haber de Piano Magic.

“There’s No Need For Us To Be Alone” y “Panic Amigo: Piano Magic Remixed” son otras buenas muestras de las muchas que hay de este proyecto de pop (con varias desviaciones), quizá el mejor de las islas británicas, y que además los muestra en una de sus mejores épocas. Hace case quince años que llegaron y no estamos solos. No hay necesidad para nosotros para estar solos, ya no más.

www.rocketgirl.co.uk, www.morrmusic.com, www.piano-magic.co.uk