Hawái.


176. Seven Stars + Flumina
enero 1, 2012, 2:30 pm
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FENNESZ
»Seven Stars«
FENNESZ SAKAMOTO
»Flumina«
TOUCH. 2011

Mientras las notas del piano recorrían el espacio perturbado por una electrónica sucia a la vez que hermosa, se había formado un abismo entre el cierre de esa caja llena de cenizas y esta caja llena de luz. Hace cuatro años nos quedamos asombrados por la unión entre el japonés Ryuichi Sakamoto y el austríaco Christian Fennesz. En el caso del primero, ya había dado muestras de lo bien que se acoplaban sus creaciones junto a las ambientaciones de carácter más sintético, en particular sus colaboraciones con el alemán Carsten Nicolai. El poder subyugador de “Insen” (raster-noton, 2005) se niega a desaparecer. En el caso del segundo, los rastros de su música, entre el canción experimental y el ruido pop, tampoco parecen borrarse aún con los años, sin perder sorpresa ni fascinación: el legado de “Endless Summer” (Mego, 2001), a pesar de ser un disco muy propio de un momento particular sigue vigente, uno que acercaba tanto a quien tiene acostumbrado los oídos a sonidos más difíciles como al que necesita una melodía que seguir. Pero con lo que acá tenemos no vamos a descubrir recién ahora de lo que ambos pueden lograr y las pruebas irrefutables de ello son “Sala Santa Cecilia” (Touch, 2005) y “Cendre” (Touch, 2007) [055], el primero una actuación en vivo en Italia, el segundo una obra profunda, intensa y delicada, la luz del sol emergiendo sobre un bosque de sonidos.

Hoy, diciembre de 2011, al fin el encuentro que ahora nos parece lejano se acerca a nosotros. “Flumina”, un trabajo largo y minucioso, que en sus dos discos, como para compensar la distancia, nos cae sobre los oídos para purificar cualquier suciedad, justo a tiempo, cuando el curso de un año y sus desaciertos os viene a la memoria. El proceso de aquel trabajo era de una interacción mayor, envío de pistas por correo, creación en ambas direcciones, encuentros furtivos. El proceso actual es una tanto diferente, mucho más simple que el anterior. ‘Las 24 piezas de ‘Flumina’ se basan en composiciones/improvisaciones para piano que Ryuichi Sakamoto había grabado mientras estaba de gira por Japón. En esa gira Ryuichi tocó una pieza de piano en una clave distinta al comienzo de cada espectáculo, siempre con un proyecto ‘Fennesz Sakamoto’ en mente. Después de 24 espectáculos tenía 24 pistas en 24 claves diferentes, que abarcan los 24 claves tonales del sistema tonal occidental. Sakamoto envió las pistas a Christian Fennesz y él trabajó en ellas usando electrónica, guitarras y sintetizadores. Se reunieron en Nueva York y luego mezclaron el álbum junto con Fernando Aponte en los estudios KAB’. Una metodología que se ve sencilla, que parece serlo y que se exhibe de la misma manera, pero que en el momento en que cada uno se enfrenta con su tarea saca a relucir un algo especial, quizás talento, quizás inspiración, algo que nace de manera casi mágica. Quien pudiera entrar en la mente de Sakamoto en el instante preciso en que se enfrenta solo ante una multitud. Pareciese que en ese segundo todo se apaga, el ruido queda fuera, y solo es él y su piano. Segundos de calma infinita que se propagan una eternidad, un desvío de la realidad trágica hacia lugares llenos de gracia. Esas piezas en tonalidades diferentes pasa a manos de Fennesz, alguien no menos dotado. Lo suyo son las texturas, trabajar la canción desde  elementos ajenos a ella, tejiendo redes de sonidos orgánicos y otros no tanto, puliendo el entramado que propone el japonés por la sumando moléculas de crujidos molestos tratados de forma que más bien acarician, nunca de manera fácil, sino recorriendo el camino inverso. Dos horas de música para el descanso del mundo en que cada componente esta ubicado en el sitio correcto, en el lugar adecuado, y en el que no sobra nada, ningún gesto. La minuciosidad de la que hablaba no se encuentra en un hacer demasiado estudiado, sino en una forma que se vuelve casi costumbre, como un artesano lo es con su obra, solo que acá el resultado es siempre inesperado. Que ello se repita en el tiempo no le resta en lo absoluto su valor. “Flumina”, veinticuatro ríos de aguas purificadoras.

El disco de la pareja estrella de Touch se suma a otro trabajo de tan solo meses de vida. “Summvs” (raster-noton, 2011) [148] es el orto gran trabajo de Sakamoto haciendo de este un año perfecto para el maestro venido desde Japón. Y como el espigado austríaco no podía quedarse atrás, a mediados de este 2011 que ya se nos escapa publica nuevas canciones en la (casi) soledad. Grabado en Viena en enero de 2011, con un proceso, incluyendo mezclas, bastante breve, tan solo tres semanas. Originalmente se editó en un 10” –en septiembre llegaría en CD–, el mini álbum llamado “Seven Stars” es otro de esos que crecen y crecen hasta alcanzar el cielo, llegando a explotar como una estrella en el espacio, partiéndose en millones de partículas. Tal y como sucede con “Endless Summer”, o como sucedía en “plus forty seven degrees 56’’37” minus sixteen degrees 51’08”” (Touch, 1999), o en “Transition” (Touch, 2008), Fennesz convierte el ruido en canción. Partiendo de desechos más allá de la exósfera construye una melodía a través de la superposición de capas más capas. Guitarras acústicas y eléctricas, bajo, sintetizador y computador son las herramientas con las que reconstruye el espectro más formal de la música. Cuatro temas: la cara A la ocupan “Liminal” y “July”, “piezas existentes que he vuelto a trabajar”. La segunda es pura materia oscura suspendida en el aire turbio, la primera todo lo contrario, belleza cristalina en fricción con magma volcánico, choque constante de fuerzas tratando de vencer cuando los vencidos somos nosotros. La cara B, “Shift”, la más ambiental de todas, aunque contaminada un tanto en su centro; “Seven Stars” cuenta con la batería de Steven Hess (Haptic, Dropp Ensemble, On) –“pasó por Viena en el momento de las sesiones, así que lo invité a unirse a mí en el estudio”¬– quien le otorga una impronta más jazz, sumado a loops acuáticos, quiebres sorpresivos, mareas asfixiantes, destellos para no dejar de soñar. Pese a ser una obra breve no es menor en ningún sentido más que el temporal. Un acompañante al mismo nivel que “Flumina”, que se ve coronado por un artwork, a cargo de Jon Wozencroft, de esos a los que a uno de le dan ganas de observar por horas  –en el caso del disco con el japonés es igual de extraordinario: una fotografía de las olas de un océano aún con vida en colores azul grisáceo–, arriba el título y el número de catálogo en colores blanco y gris sobre un fondo azul de prusia, abajo una imagen sobre un fondo oscuro de una luz incandescente que se propaga inagotablemente sobre un círculo otra vez de colores azulados. La veo y no me canso de hacerlo. Por otro lado, es un complemento impecable para lo que en ella se contiene: se ve y se siente como la el aliento agónico y final de una estrella en su ocaso.

www.touchmusic.org.uk, www.fennesz.com, www.sitesakamoto.com


175. Sol Sketches
enero 1, 2012, 2:20 pm
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MACHINEFABRIEK
»Sol Sketches«
CHAMPION VERSION. 2011

A pesar de que seguirle la pista no es tarea fácil, y a más de alguno a causa de eso mismo opta por dejarlo un tanto abandonado, lo cierto es que de un tiempo a esta parte, cada vez más siento la necesidad de prestarle una cuidada atención a las muchas publicaciones que aparecen bajo el nombre de Machinefabriek. Este año solamente ya casi le he perdido la cuenta, pero nunca es tarde si la escucha nos depara buenas sensaciones. Ya lo hemos percibido este años con varios trabajos suyos, como “Bad Fortune” (Champion Version, 2011) [144], “Grower” (Sonic Pieces, 2011) [133], a medias con Gareth Davis, o “Patina” (Low Point, 2011) [157], acá junto a Tim Catlin. Y ahora es que tenemos otra ocasión más de intentar captar lo que se esconde tras ese nombre.

“Sol Sketches”, aparecido otra vez por Champion Versión en una edición que incluye cuatro 10”, son veitiun composiciones de Rutger Zuydervelt para un documental acerca de Sol LeWitt, artista norteamericano ligado al minimalismo y al arte conceptual a través de la pintura, dibujo, fotografía y ‘estructuras’, un artista desconocido para mí como para el mismo Rutger. “Era mayo de 2010, cuando el cineasta Chris Teerink me pidió que hiciera la banda sonora de su documental sobre el Sol LeWitt Voy a ser honesto y decir que yo ni siquiera sabía que Sol LeWitt existía hasta que vi a algo de su arte. Había visto unos walldrawings antes, pero nunca supo el nombre del artista. Nunca se es demasiado viejo para aprender”. Piezas breves al piano teniendo en mente al desenlace de Morton Feldman y la serie ‘virus’  de Alva Noto + Ryuchi Sakamoto, es decir, palabras mayores. Un proceso de composición que iría de un lado a otro, una retroalimentación de sonido e imagen. “Chris y yo acordamos de inmediato de que el trabajo debe comenzar en la música y filmar al mismo tiempo. Hice estas miniaturas musicales para ver si encaja con la visión de Chris antes de ver cualquiera de los materiales filmados. Tal vez hasta le inspire durante el proceso de filmación”. La mayoría de estos bosquejos son motivos muy sencillos, a volumen bajo, en el que el holandés se explaya y deja fluir entre una electrónica mínima y sutil las notas para que se recuesten sobre sus mantos. Está el legado de Morton Feldman, por cierto, y también el de otros compositores que han sabido leer su enorme y preciado legado, como es el caso de Kenneth Kirschner –ahí está su enorme catálogo para quien quiera entrar libremente, tanto como sus discos con Taylor Deupree, la serie ‘Post_Piano’–. La suya, la de este disco, es una música de fragmentos por donde se infiltra el arte experimental, donde se entrelaza lo electrónico, lo acústico y el diseño casual. La mayoría de esta surgieron fruto de la improvisación: “Así que fui a la biblioteca pública, estudié algunos libros acerca de LeWitt y comencé a improvisar en el piano. Con los libros abiertos delante de mí, presioné grabar  y toqué todo lo que vino a la mente”. Con lo que finalmente Machinefabriek se encontró fueron unas horas de materia prima en estado bruto luego editadas en forma más pequeña, seleccionando 21 de ellos, que quizás se utilicen o no en la cinta, pero que como un documento previo incluso a la aparición del documental –“El material más reciente que he visto se ve increíble”– se muestran ya atrayentes. Como el mismo lo define, un work in porgress, que resulta y aparece del todo definitivo.

Aún con su descontrol, hay que hacerse un espacio para dejarse impresionar por lo que Rutger Zuydervelt viene haciendo desde hace unos años. Estos Bosquejos para Sol, divididos en estos cuatro vinilos de 10 pulgadas, son precisamente unos borradores de un proceso artístico aún en desarrollo, pero que pese a ese  carácter son igualmente disfrutable, tal vez por eso mismo. Unas piezas para piano fugaz que, como suele suceder con todo lo que rodea su obra, viene acompañada de un esplendido artwork, lleno de imaginación colorista.

www.championversion.com, www.machinefabriek.nu


174. Shizuku
enero 1, 2012, 2:10 pm
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ILLUHA
»Shizuku«
12K. 2011

Una especie de ruido de fondo que fluye por debajo del enorme bullicio de la ciudad. Por los espacios delgados, en ellos surgen las más pequeñas rendijas, por las que emerge entre la enormidad el sonido, un manto imperecedero ajeno a corrientes externas, queriendo sin más dejar una huella que alcanzará no a todos sino a muy pocos. Pero una huella al fin es, imborrable en la memoria del que este dispuesto a escarbar un poco más. Este, como tantos otros discos, me temo quedará arrinconado en una esquina deshabitada, pero acá no estamos tan solo para fijarnos en lo indiscutible, sino también en lo menos obvio. Y esta es una obra de aquellas, fruto de dos personas con una ciudad en común, Tokio. Una de sus mitades es Tomoyoshi Date quien nació y creció en Sao Paulo hasta los tres años para volver a Japón. La otra es Corey Fuller, nacido en Washington y criado en la capital nipona, donde ahora vive. El primero tiene dos discos a su haber, de manera solitaria, siendo “Human Being” (FlyRec, 2008) el más antiguo. El segundo se estreno con “Seas Between” (Dragon’s Eye Recordings, 2009). Tomoyoshi comparte dúo con Chihei Hatakeyama, Opitope. Esa banda invita en 2006 a Corey a tocar juntos en Tokio, y desde ese momento nace la amistad, pero no es hasta 2008 cuando el japonés visita el noreste norteamericano, instante en que comienza la colaboración.

Illuha, una especie de mala traducción de playa del portugués, es este dúo que hace su estreno a través de 12k, con un trabajo que es todo calma y relajo. De hecho se grabó en una iglesia de más de 100 años en Bellingham, Washington. Así que no podía ser otra forma en la que se desarrollaran estos temas, tan solo seis en tan solo cincuenta minutos. Y en los vastos campos de arena es en donde se explayan Corey y Tomoyoshi en unos sonidos que tienen como imagen perfecta un jardín japonés. Un patio en el que se ubican las islas, rocas dispuestas en medio del recinto en el que se ubican. Y como ellas, forman trazos ondulantes cual arena desde la que se contempla la tranquilidad. En dos de ellas adorna el cello de John Friesen, en una la voz de Tadahito Ichinoseki. “Shizuku” es, desde principio a fin, apacible, con guitarras, vibráfonos, acordeones, pianos, ninguno de ellos estorbando al otro sino que esperando el momento justo para entrar en escena, como si de unos instrumentos muy respetuosos se tratase. “Rokku” es buen ejemplo de ello, cuando el piano espera a unas field recordings de oleajes en la orilla, cuando las cuerdas de la guitarra esperan tranquilas al piano para no interrumpirlo, y así. Lo mismo puede decirse de “Aikou”, lo mismo de “Saika”, y así, hasta llegar a “Kie”, cuando sutiles notas envueltas en seda se difuminan en ambientes de texturas orilladas.

También no importan las listas, pero tanto o más nos interesan aquello que se queda fuera de ellas. Muy probablemente este sea un caso, pero a veces es más interesante quedarse al margen. Lo que Fuller y Date han hecho, en  el siempre lluvioso Evergreen State, pero con la mirada puesta en Occidente, a más de 7 mil kilómetros, es un descanso, una parada en el constante movimiento.  “Shikuzu” es una llovizna en el calor de los días, o como dice su título, una gota de agua, siempre aviso de cosas buenas.

www.12k.com, www.illuha.com


173. Wonders + Juno + Old Time / Solace In Gala
enero 1, 2012, 2:00 pm
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OLIVERAY
»Wonders«
COTE LABO. 2011
PETER BRODERICK
»Old Time / Solace In Gala«
NILS FRAHM
»Juno«
ERASED TAPES. 2011

“¡Estoy super emocionado de anunciar el lanzamiento debut de un proyecto muy querido para mí!” Así abría una entrada en el blog de la página de Peter Broderick. Entusiasmo y excitación por o que es un nuevo proyecto que reúne en un mismo disco a dos jóvenes que desde hacía ya unos buenos años que llevaban colaborando, y que los tiene ahora por vez primera compartiendo créditos por igual, cada uno responsable de su 50%. Es además la excusa para poder oír de pasada un par de obras breves de los dos buenos  amigos.

“Oliveray consiste en mí, Peter Ray Broderick, y uno de mis mejores amigos del mundo, el increíble músico / productor Nils Oliver Frahm. Hemos estado colaborando en muchos sentidos, estos últimos dos años y viajando mucho juntos”. De la unión de sus segundos nombres nace el nombre de Oliveray, la suma del ya conocido Nils Frahm, uno de los pianistas que ha entregado los mejores trabajos en ese plano, el de la instrumentación sentida y alegre, una alegría gris, y a Peter Broderick (Efterklang, Norfolk & Wesrtern), compositor que se ha colado en circuitos antes ajenos a su tipo, con una especial inclinación para musicalizar escenas. Todo partió cuando a Peter le pidieron un cover de Efterklang, e invitó a Nils –“Los dos estábamos realmente muy contentos e inspirados con lo fácil y divertido que este proceso era”–. Esa canción, “Harmonics”, fue el inicio y una vía más por donde encausar su amistad en el terreno musical, que terminaría en “Wonders”. De una se paso a ocho canciones donde, por medio de pianos, violines, guitarras y voces, se recrea el ambiente relajado, tanto como  lo puede ser una reunión de un sábado para compartir discos. Un clima distendido para sonidos ajenos a presiones. “Yo y Nils reservamos un par de días para grabar música de una manera similar. Sin muchas ideas preconcebidas solo colocamos los micrófonos y comenzamos a grabar, con el objetivo de crear un álbum corto con la mitad de instrumentales, la mitad de las canciones basadas en la voz”. Alternando ambas formas, de la autosuficiencia de sus manos y pies a la riqueza de la voz humana, entre las dos s tejen armonías no tan detalladas pero si lo suficiente como pueden ser las hechas por alguien quien domina muy bien su arte. Del mutismo mecido sobre cuerdas de “Growing Waterwings” al folk de la época de secesión de “The Book She Wrote And In The”, del ambient y la electrónica frágil de “Piano In The Pond!” al folk de interiores de “Harmonics”, de recoger el legado de Labradford en “Hiding Hydration” a reivindicar a Palace Brothers en “Dreamers”. Pequeñas ambiciones para un disco que no cambiará nada, pero que llegó en el momento justo, ahora que el verano agobia y el calor aturde, y por tanto sirve para traer una ola de calma en el fin de ciclo, el del 2011.

El disco anterior era uno que se diluía en forma rápida. Los dos que sigue también lo hacen, y aún de forma más acelerada. “Old Time / Solace In Gala” es un 7” de Broderick que reúne dos piezas aparecidas en bandas sonoras. La primera para “Music For Confluence” (Erased Tapes, 2011) de un film de Jennifer Anderson y Vernon Lott, una pieza cantada en la estela de un cantautor folk recurriendo a más elementos que solo una guitarra, muy parecido a lo que hacía recién en “Wonders”. Un fondo acústico en el que su voz suena verdadera, sin nada de aflicción, como constatando un pasado cuya memoria no muere. “Solace In Gala” –incluida en “Music For Grace And Mercy” (Erased Tapes, 2011), para una cinta de Luis Peña–, es el reverso en clave post-rock de guitarras que nunca explotan, más paisajístico que apocalíptico, dejando un ver un entramado de cuerdas sin perder el horizonte ni desviarse en efectismos. Por su lado, Nils Frahm entrega un single, otro 7”, en el que a diferencia del sobresaliente “Felt” (Erased Tapes, 2011) [167], no es el piano la estrella sino que un viejo sintetizador. “Esta sesión fue grabada en una sola noche en algún momento de principios de 2010. Peter Broderick amaba tanto el sonido de este sintetizador, que me pidió que registrara algunos bocetos con él. Esto es lo que me salió. No usé nada de overdubs. Véanlo como una presentación de un solo de sintetizador”. Evanescencias ambientales con ecos de ficción científica en dos piezas en las que vemos volar el sonido, mantenerse en el aire y dejarnos con los pies sobre el suelo. Ruido atmosférico que recrea paisajes que se evaporan en una noche, fruto de un evento muy simple, cual es un hombre y un sintetizador, un Juno, sentados frente a frente. Parece una máquina arcaica ahora en pleno siglo 21, pero crea espacios para el futuro. Tres discos de sonidos fraternales, en los que Peter Ray y Nils Oliver, juntos y por separado, arman, desde la sencillez, melodías para traer tranquilidad a nuestras almas, calmantes para nuestros oídos.

www.cotelabo.com, www.erasedtapes.com, www.peterbroderick.net, www.nilsfrahm.de